Mudanza

—Hace tanto calor que ya no puedo moverme.

Mimi Tachikawa se había recostado frente al ventilador, con la camisa atada arriba del ombligo y las manos sobre su cabeza. Las suaves gotas de sudor que caían de su frente se perdían en el castaño de sus cabellos y su respiración se volvía cada vez más profunda. Aquel ventilador, blanco y pequeño, giraba su cabezal de izquierda a derecha en un ritmo tan lento y con una brisa tan leve que parecía que ni siquiera estaba encendido.

—Fue un día muy largo —declaró Daisuke, a su lado, con la mejilla pegada al suelo y la suave brisa del ventilador despegando a duras penas su camiseta de su espalda.

Habían estado todo el día descargando pesadas cajas y entrándolas al nuevo departamento del muchacho, con el sol sobre sus cabezas y el ascensor del edificio descompuesto.

Subiendo y bajando las escaleras, una y otra vez, caja tras caja, en un día caluroso, acabaron casi desmayados. Y lo primero que hicieron fue conectar el pequeño ventilador de Daisuke, que lo que menos hacía era ventilar.

—Quiero un baño de burbujas —murmuró Mimi, soñando despierta.

Daisuke quiso reír, pero estaba demasiado cansado.

—Sólo puedo ofrecerte una botella de agua mineral gasificada y una esponja.

Ella lanzó un lánguido suspiro al aire viciado.

— ¿Todavía no arreglaron las cañerías?

—Sólo la electricidad. No hay agua, no hay gas, no hay teléfono.

Las cejas de Mimi se fruncieron, Daisuke lo supo tan sólo con oírla suspirar, y, de haber tenido las fuerzas, habría estirado su brazo y colocado su dedo índice en la arruga hasta que ella la hiciera desaparecer con una risa.

—Te pasa por pagar un alquiler tan barato.

Fue un regaño, Daisuke lo sabía.

—Era mi única forma de venir a Estados Unidos —dijo, intentando encogerse de hombros.

Mimi giró el rostro, Daisuke permanecía con los ojos cerrados.

—Hoy pasarás la noche en departamento —sentenció—. Esto es un chiquero.

Los labios de Daisuke se entreabrieron para dejar escapar una suave risa. Y es que Mimi, como siempre, llevaba la razón.

—No lo voy a negar. Todavía hay mucho que hacer para que quede presentable.

Daisuke abrió los ojos, Mimi aún lo observaba. Le sonrió despacio.

—No te saldrá gratis mi ayuda —expuso ella, con su sonrisa tomando colores atrevidos.

—Pagaré con gusto.


Mimi, Daisuke and the crinkle... algún día escribiré más sobre eso.

¡Gracias a todos por leer!