Capítulo cinco.
—Este. —indiqué al llegar a un árbol bastante grueso y alto para sostener mi peso y el de alguien más. Izzy lo analizó y me dio la luz verde para que comenzara a escalar, lo cual me asustó más de lo que creí en algún momento; de niña no solía escalar, ni mucho menos ensuciarme, no era una niña normal, así que no tenía ninguna especie de entrenamiento en el tema.
—Qué sucede. —indagó el científico y me dio mucha vergüenza revelar mis motivos. Joe se nos acercó por detrás, en nuestro pequeño debate en busca de mi nueva habitación de descanso.
—Tk ya está en un árbol cercano, yo y Kari iremos por el agua que quedó para limpiarle la herida más tarde. —anunció y él y la chica hermosa desaparecieron por el follaje espeso y azulino. Me impresionaba la determinación con la que el médico se pronunciaba cuando el asunto era de su terreno, y en lo cobarde que se volvía cuando era de otra índole.
—Bien, señor Izumi, creo que debemos subir nosotros también. —y me hice a un lado para que él lo hiciera primero. —Cuando estés arriba me ayudarás a subir.
—Será difícil. —expresó y le dio una vuelta alrededor del tronco por alguna depresión en su corteza en el que pudiese treparse. —Debo confesar que jamás había subido un árbol en mi vida. No era un niño muy activo en los temas deportivos.
—Tampoco sé cómo hacerlo. —me sumé a su análisis en busca de las imperfecciones en la corteza pero nada encontré. Me crucé de brazos y pude ver los pequeños haces de luz que se alcanzaban a filtrar entre las hojas de la copa. —Pero debemos intentarlo, Tk pudo hacerlo con una herida que inmovilizaba su pierna, no debe ser tan difícil. —opiné y el pelirrojo sólo sonrió.
—Deberíamos. —finalizó mi pensamiento y con una mano acarició al árbol, si las imperfecciones no estaban a la vista, debían estar al tacto.
—Oye, Izzy…—comencé a sincerarme, aunque tenía una vaga idea de qué decirle, no tenía las palabras exactas. Quería decirle lo feliz que estaba al tenerlo allí, puesto a que si sólo estuviera con el médico y la pareja optimista, estaría más que aterrada. El científico me miró atendiendo a mi llamado, pero no logré que su concentración estuviera todo el tiempo puesta en mí, ya que la tierra comenzó a temblar suavemente. —Ahora qué.
—Algo pasa. —respondió a mi pregunta, y luego el temblor se empezó a intensificar.
—Es como lo que pasó en el Centro. —lloriqueé, abrazándome al árbol grueso.
—No, no es igual. —expresó el científico, al momento en que se oyó algo así como un rugido que resonó por todo el bosque. Se volvió pálido de un momento a otro, y yo tan roja del espanto que pareció que me estuviese ahogando. —Sube.
—Qué hay de Kari y Joe. —quise llorar pensando en su suerte si el dueño de ese sonido espantoso los llegase a encontrar con la olla con agua.
—Subirán, te lo aseguro. —y me empujó hacia arriba, obligándome a escalar por las callosidades invisibles del árbol. Trepé como pude, aguantándome el llanto provocado por el miedo que sentía a esas alturas y por el ambiente inhóspito al que nos fuimos a meter. La Tierra era perfecta para una forma de vida como la nuestra.
Me detuve en una rama lo suficientemente gruesa para contenernos, y le extendí una mano al científico para que subiera más rápido. Jadeé en silencio para luego pararme sobre nuestro soporte, esperando encontrar a los otros tres sobre un árbol vecino y dejar de preocuparme hasta el punto de las lágrimas.
—Dónde están. —pasé mi vista incontables veces por el paisaje hasta que di con la cabeza rubia del enfermo, quien estaba en la misma situación que yo: buscaba desesperadamente a la hermana menor de Tai. —¡Tk! Dónde están Kari y Joe.
—Mimí. —exclamó cuando me vio sobre el árbol. —No lo sé. —y volvió en su búsqueda, ésta vez gritando. —¡Kari, sube a un árbol!
—Él puede atraer a lo que rugió. —murmuró el pelirrojo, pensativo. Le encontré la razón, pero cómo le diría que se callara sin gritar y no llamar depredadores en el intento, esa era la mayor interrogante. El escritor volvió a llamarla, y desesperé. —Hay que detenerlo.
—¡Tk, detente! —grité sin remedio, cubriéndome la boca luego del alarido. El aludido se volteó a vernos e Izzy se dedicó a hacerle un gesto, bastó con un dedo sobre los labios del pelirrojo para que el mensaje fuera captado por Tk. —¿Ahora qué haremos? —susurré, y me giré para ver los oscuros ojos del científico por una respuesta.
—Mira. —murmuró mientras tenía toda su atención en la tierra, y silenciosamente se enderezó sobre la rama para ocultarse en ella. Una figura gigantesca y verdosa corrió por el bosque, no reconociendo nuestra presencia allí. Era espeluznante, pero no era del tamaño suficiente como para destruir el Centro, nada más me doblaba la altura.
—No, por favor. —dije, asustada a más no poder. Sentí que las fuerzas me abandonaban a ratos, y me senté en la rama mientras me abrazaba del tronco, sólo para evitarme llegar al suelo de un momento a otro. La tierra volvió a remecerse levemente y fue entonces cuando el científico volvió a tener la palabra.
—Los temblores debieron asustarlo. —analizó, y fue a tomar asiento a un lado de mí para prevenir mi mismo temor. El temblor se hizo más intenso e intentó sujetarse del tronco pero yo estorbaba en el camino. Optó por sujetarse de mí lo que duró el remezón pero evité que dejara de hacerlo hasta que me quedé dormida.
—¡Tk! —exclamó la castaña cuando llegó al lugar junto al médico, estaba contenta puesto a que el aludido bajó como pudo al instante que la oyó. Ambos se abrazaron largamente, y él se dedicó a besar su cabeza repetidas veces. —Te oí y subimos enseguida. Así supe que estabas bien.
—Me tenías preocupado. —dijo él. Desde la copa del árbol, yo suspiraba ante esa escena tierna. Por tanto movimiento allá abajo, Izzy se había despertado y comenzó a idear algún medio por el cual bajar con cuidado, puesto a que con lo rápido que habíamos subido, no sabíamos a ciencia cierta cómo lo habíamos hecho.
—Tienes el sueño ligero. —le dije, uniéndome a la búsqueda de la salida. Yo no me habría despertado ni con otro rugido o temblor, sólo lo hice por la desesperación del pelirrojo por encontrar una respuesta a su interrogante.
—Lo normal. —expresó, por simple cortesía, no había cambiado ni un milímetro la expresión estampada en el rostro, y recordé que, la primera vez que lo vi, pensé que era un androide bastante humanizado. Intenté no molestarme y seguí buscando. —Vamos, por aquí es más seguro.
—Si tú lo dices. —y me alisté en bajar, me alisé el pelo con los dedos para que no cayera sobre mi cara cuando estuviese bajando, además de estirarme un poco, no quería quedarme inmóvil en la mitad del árbol. Y con tanto preámbulo, Izzy ya estaba en el suelo y yo no capté ningún sendero en el tronco que él hubiese utilizado.
—Ven, Mimí.
—No puedo. —quedándome blanca, aferré mis uñas a la corteza del árbol y miré hacia abajo. Joe me veía con preocupación, y la pareja recién se dio cuenta de mi posición.
—Subieron muy alto. —comentó Kari, siendo el soporte del herido para que se pudiese mantener en pie por tiempo más prolongado.
—Fue el miedo. —respondió el científico, un tanto entretenido por la situación.
—¡Claro que no! —repliqué ofendida y me abracé del árbol con más determinación. La copa frondosa del árbol comenzó a agitarse fuertemente, como si alguien de otro plano se hubiese disgustado con mi actitud y le urgiera que hiciera caso y bajara. El viento causante, tuvo la fuerza para comenzar a despegarme lentamente de la corteza del árbol y mis gritos empezaron a inundar el lugar.
—¡Mimí, baja ahora! —ordenó el médico, más temeroso a lo que sea que fuera. Supe que quería salir corriendo nuevamente, los árboles ya no eran lo más seguro en este momento.
—¿Qué puedes ver? —exclamó el científico, me ofendí más con esa orden que en su comentario anterior. Revolví mirar hacia arriba y di con dos naves sobrevolando en círculos todo lo que fue el Centro. Me contenté.
—¡Es Sora!
—¿Estás segura? —Kari empezó a brincar de alegría, mis dichos ya eran un hecho para ella. Me apresuré en bajar torpemente, mis pies resbalaban cada vez que el viento me azotaba. Tardé interminables minutos y aterricé sobre el pelirrojo que me esperaba concentrado en cada uno de mis movimientos, guiándome en lo que debía hacer y qué dirección tomar en mi travesía hasta el suelo.
—Lo siento. —expresé y me levanté enseguida. Echándome a correr al instante que pude. Sora debía venir a rescatarnos, y si su nave se encontraba en perfecto estado, el Centro de Investigación también, por lo tanto, no quedaremos varados por mucho tiempo. Quizás por algunos meses, hasta que Izzy diga que el agujero está en perfectas condiciones para viajar.
—Mimí, espera. —suplicó el medico anteojudo, puesto a que Tk no estaba en buen estado y no podía correr.
—Llegaré antes para que nos vean, no te preocupes. —y seguí corriendo explotando en risas. Todo fue feliz hasta que pasé por el límite del bosque y pude ver los escombros de las instalaciones. Sora no había venido expresamente a buscar sobrevivientes, o si vino a eso, no era su prioridad en primera instancia. Con la otra nave giraban en círculos hasta que en otro punto más alejado pasó su objetivo y los misiles, que Sora me decía no eran necesarios, comenzaron a explotar. —Pero por qué nos pasa esto.
—Mimí, aléjate de aquí. —ordenó Izzy desde atrás y me jaló desde atrás para volver a la presunta seguridad del bosque. —No debemos estar aquí.
—¡Y dónde debemos estar entonces! —exclamé soltándome de su agarre. —A nadie parece importarle que estamos aquí, vivos pero no por mucho tiempo. Necesitamos agua y comida, y todo lo que teníamos lo están rematando con esos misiles. —lloriqueé y me arrodillé en la tierra humedecida por el frescor de la mañana.
—Seguramente están alejando cualquier amenaza que vieron desde allá arriba. —intentó animarme pero no tuvo mucho éxito.
—Somos personas que no deberían estar en este lugar. —una rama frágil crujió y notamos que se nos acercaban. Me levanté con sorpresa, pero la calma volvió a mí cuando vi a los demás sobrevivientes del accidente del Centro aparecían en el frondoso paisaje.
—Es Matt. —comentó Tk con emoción al reconocer a la otra nave que acompañaba a la de Sora.
—Hay algo más. —confesó el pelirrojo cuando los recién llegados notaron que algo andaba mal con los movimientos que ambas naves hacían: Estaban casi todo el tiempo estáticas, como si reconocieran un punto específico del paisaje, lanzando misiles explosivos cada cierto tiempo intervalo de tiempo.
—¿Qué creas que sea? —habló temerosamente el médico.
—Algo grande. —respondió Kari casi muda. Ambas naves desaparecieron de nuestra vista, al irse más adentro de las ruinas del Centro. Sin embargo, aún oíamos todo el alboroto que armaban.
Me levanté desde mi posición cuando oí que una nave sobrevolaba cerca, pero su sonido estaba enrarecido. Kari me siguió de cerca y ambas nos asomamos por entre los árboles para ver qué era lo que había sucedido. Hace ya mucho tiempo, los misiles se habían alejado hasta el punto en que no se escuchan con claridad, como si se hubiesen ido al otro lado del planeta, a ese que siempre supuse no explorado puesto a que el Centro de Comandos era lo último que se conocía.
—No se vayan muchos lejos, chicas. —expresó Joe cuando nos vio salir de lo que habíamos montado como campamento: Estábamos sentados en círculo en espera de que algo pasara con las naves.
—No iremos muy lejos. —Kari contagió el lugar de optimismo con una cándida sonrisa y el médico sólo pudo sonreírle de vuelta y volvió a revisar la pierna herida de Tk. —Tú cuídalo bien.
—Ven, Kari, apresúrate. —la llamé al verla que no se movía más, estaba determinada a salir de allí, atraería a Sora de alguna forma, aunque fuese gritar y extender mi brazos. Salimos del límite del bosque y dimos con una estela de humo surcando el cielo, por la nave supe que era Sora apunto de estrellarse o algo parecido. —¡Sora!
—Qué sucede. —intervino Izzy, que corrió ante mi grito. Joe y Tk eran los que siempre quedarían atrás por la herida del último.
—Sora se está estrellando. —informó la hermana menor de Tai. —Tenemos que ir a ayudarla.
Seguimos la estela en el cielo y Joe divisó la nave pulverizada de Sora, sin embargo, sin Sora abordo. Me estaba poniendo nerviosa de la desaparición de la piloto, imaginando miles de explicaciones para el suceso; como que si a la cosa que le disparaban había tomado la nave en sus garras, la había devorado para luego lanzar la nave vacía hasta donde estábamos. Pero tampoco me parecía cuerdo.
—Debió salir eyectada cuando supo que se estrellaría, debió caer en paracaídas. —explicó Izzy en una de sus tantas ocurrencias inteligentes. Eso sí parecía cuerdo, y me acerqué a él sólo para dedicarle una gran sonrisa, puesto a que al fin me estaban devolviendo la esperanza.
—Si realmente pasó eso, debemos buscarla, no es bueno que alguien ande solo por éste bosque. —analizó Tk.
—Qué esperamos. Vamos a buscar. —dije optimista, Sora se me hacía la única persona que podía sacarnos de éste planeta.
—No es tan fácil, Mimí, no sabemos en dónde cayó. —expresó Joe con pesar, de todo el grupo, él se me hacía el más pesimista de todos.
—Siguiendo la dirección de la estela de humo, podría ser. —refutó el científico, mirándome como si me estuviese dando la razón a mí y no al médico. —Debió salir antes de estrellarse, y si el viento no varió mucho, deberíamos seguir la estela.
—Bien dicho, Izzy. —expresé y lo jalé de la manga para que me siguiera. —Vendrás conmigo, me siento segura con tus razonamientos. —él no dijo nada más, miró hacia abajo como si mi comentario lo hubiese incomodado un poco y sólo se dispuso a adornar su rostro con una sonrisa. —¡Sora!
—Mimí, puedes atraer animales si gritas. —cambió de expresión rápidamente y con eso alertó al resto.
—Relájate, con tanto ruido de los misiles y las explosiones que hubo en el Centro ayer, no creo que siga habiendo vida cerca. —y mi razonamiento dejó mucho que desear.
—Además de lo que derribó a Sora. —resolvió Joe y con eso, todo el color de mi cara me abandonó. Hasta mis fuerzas me abandonaron.
—Está bien. —terminé susurrando y ocultándome entre Izzy y Joe como una cobarde. Seguimos caminando por unos minutos, mientras que el resto analizaba el lugar completamente como si estuviesen escaneando, yo seguía el paso cabizbaja y con grandes deseos de comenzar a quejarme del dolor de mis pies, pero estaba tan cansada que ni para eso me alcanzaban las fuerzas.
—¿Oyeron eso? —alertó Kari con lo que todos nos detuvimos en seco. Mi corazón saltaba por la posible amenaza que había conjurado con mi grito alocado de hace un rato. —Suena como un transmisor por radio. Debe ser Sora. —y como si se tratara de mí, se echó a correr hacia lo que oía.
—No otra vez. —se quejó Joe a lo que tomaba a Tk bajo su alero ya que su anterior soporte se había fugado. El rubio sólo la veía alejarse con una gran sonrisa. —Por qué las chicas son tan temerarias.
—Sora. —exclamó Kari a la lejanía, se oía feliz por lo que dio luz verde para que yo e Izzy comenzáramos a trotar a la misma dirección. Yo trotaba porque quería ver a la pelirroja, y él para detenerme y esperar al resto.
Al llegar, vi que Sora colgaba de la copa de un árbol, con todas las amarras de su paracaídas enredadas en las ramas, seguía llevando su casco y sus gafas oscuras. De su pecho, colgaba un transmisor por radio en el que sólo salía el sonido de la interferencia, lo que comprobaba que nadie estaba cerca de nosotros, a kilómetros a la redonda.
—¡Están vivos! —exclamó al vernos salir de la espesura del bosque, y comenzó a reír a carcajadas de felicidad. —Tai y Matt estarán muy felices cuando capte su señal. —indicó, refiriéndose a lo que colgaba de su pecho. —¿Alguien sería tan amable de alcanzarme un cuchillo que tengo en la bota derecha?
—Seguro. —expresó Kari y comenzó a trepar ágilmente, seguramente, de niña era lo que más le gustaba hacer con su hermano Tai. —Dime, Sora, ¿dónde están mi hermano y Matt?
—Ellos están en la cima de ese monte. —e indicó el lugar exacto al cual se refería apuntándolo con un dedo. —Matt tuvo que hacer un aterrizaje de emergencia y lo último que alcanzó a decirme por radio fue eso.
—Entiendo. —indicó la castaña con una sonrisa y le extendió el objeto que segundos antes le había pedido. Sora lo recibió con afecto y comenzó a cortar cada una de las amarras con el cuchillo afilado.
—Esto va a doler. —dijo la pelirroja y cortó la última amarra.
—Sora, puedes decirnos qué fue lo que pasó allá arriba. —indagó el pesimista y desde abajo ella sólo sonrió.
—No, tú no quieres saber lo que hay allá. —y se levantó con pesar del suelo. —Debo ir donde mi nave, debo ver si la puedo reparar.
—Está destrozada. —intervine de pronto. —Estuvimos allí.
Mmmm, quedó corto, pero no contaba con que Sora se apareciera tan luego:D, amo como está quedando, puesto a que, si la persona que lee esto no se ha dado cuenta, la historia plasma escenarios que ya pasaron en la serie. Eso! Byes!
