Capítulo seis.
Mis pies sólo reaccionaban por inercia, no quería quedarme atrás del grupo así que me aguanté las ganas de gritar cada vez que daba un paso. Si hubiese sabido que el Centro explotaría, esa mañana del accidente le habría robado los bototos del Mayor como último crimen en el que participaría como una colona más. Vi los zapatos que usaba Koushiro y eran, al menos, más cómodos que los míos, y ni hablar los de Sora, imaginaba que le dolería andar por cualquier instalación de File siendo sus bototos perfectos para caminar por todo el planeta.
—Izzy. —lo llamé de pronto, era el único que mantenía mi paso lento. Se podía decir que ambos éramos los peores viajeros de todo el grupo. Él estaba acostumbrado a permanecer sentado usando sólo sus manos y cerebro, mientras que yo estaba habituada al calor hogareño de la cocina y poder comer exquisiteces cada cierto tiempo. La buena vida. —Dile a Sora que necesitas descansar.
—Pero no es así. —se mostró contrariado, no había entendido lo temerosa de demandar algo así.
—Claro que sí. —insistí y recién en ese momento pareció comprender mis intenciones con él. Iba a replicar algo pero Sora se le adelantó.
—Estamos muy cerca. —indicó, al momento en que cerraba su mapa holográfico en donde mostraba la exacta ubicación de su nave gemela. Me contenté y quise saltar de la emoción, pero no tenía las suficientes fuerzas de hacerlo.
—¡Excelente! —exclamó la castaña y abrazó a Tk. El optimismo volvió al grupo y tuve la necesidad de unírmeles. —Podré ver a mi hermano otra vez.
—Podremos salir de este bosque. —partió diciendo el médico, riendo de felicidad contagiosa. Me mordí los labios conteniendo una carcajada y me volteé a ver a Izzy, le estrujé el brazo para continuar la celebración.
Sin embargo, la expresión de Sora no era muy alentadora, no había comentado más y sólo desvió la mirada al terreno para echarse a andar otra vez por el paisaje selvático, me contrarié. Izzy, asintió con la cabeza para responder mi abrazo, lo cual me extrañó más.
—Koushiro, ¿qué sucede?
—Nada, debemos seguir avanzando, todavía no hemos salido del bosque. —contempló él, bastante más pesimista de lo que Joe estaba siendo.
—No es razón para no estar feliz. —volví a decir, disgustada por su escepticismo propio de un científico.
—Mimí, no has considerado las demás variables. —indicó casi en susurro. —¿No te has preguntado por qué el transmisor de Sora no ha captado ninguna señal? Estamos cerca, como lo dijo, pero debería captar algo.
—Podría habérseles roto en el aterrizaje. —continué con mi fe enceguecida. Pero él siguió su análisis.
—Al llegar, no lo haremos en una instalación nueva, sino que en la misma selva junto a una nave. Lo más probable es que esté descompuesta, como la de Sora. —lo golpeé mientras deshacía el abrazo que le había dado y me dirigí hasta la pelirroja. —¡Mimí!
— Ya no me agradas. —concluí y seguí caminando. Sora se volteó a verme y se sorprendió lo cerca que estaba, durante todo el viaje me mantuve última en la expedición y cada cierto rato brotaba una queja de mis labios.
—¿Sucede algo, Mimí? Qué pasó con Koushiro. —la pelirroja miraba alternadamente a mí y al científico.
—Nada importante. —expliqué cruzándome de brazos, y de manera hostil le pedí que me aclarara ciertas cosas que me inquietaban. —Cuándo vendrán los demás a rescatarnos, encuentro ridículo que sólo tengan dos naves en el hangar del Centro de Investigación. Estoy segura de que vi bastantes cuando fui.
—No estoy informada de eso. —y me pareció que mentía, puesto que pasó a otro tema al segundo en que tuvo la oportunidad. —En unas dos horas estaremos en el monte, prepárate para caminar.
—Sora. —intenté que volviera a escucharme, pero fue en vano. Volvió al grupo que estaba envuelto en risas y éxtasis para anunciar las nuevas reglas de juego en este último tramo de viaje.
—Comeremos algo aquí, procuren no prender fuego para que nuestra presencia permanezca desapercibida. —habló en voz alta, y del bolso de campaña que traía al hombro comenzó a sacar barras nutritivas que empezó a repartir a cada miembro del grupo.
Recibí el mío con total acidez y me senté sobre un desnivel en la tierra para comenzar a tragar. Odiaba el paisaje con todo mi ser, cada hoja azulina y cada forma de vida que se me hacía parecido a un asqueroso insecto. La barra se me terminó pronto, y como debía seguir las ordenes, guardé el envoltorio del dulce en uno de mis bolsillos del delantal que todavía tenía puesto.
Mis dedos rozaron otro papel dentro y con la poca curiosidad que me iba quedando, con un arrebato lo saqué. Era el sobre, doblado a la mitad, que estaba dedicado a mí. Quise llorar con el único recuerdo que me quedaba del rubio y decidida a leer todo su contenido, lo abrí echa un manojo de nervios.
"Mimí, veo que te has vuelto a escapar del Centro y espero que ésta vez no te atrapen como lo hicieron anteriormente. No es correcto que lo hagas, así que deberías dejar el hábito. Más por el miedo a que Ken te encuentre, es por lo que oculta el bosque de File. Como Yolei dice, sólo se muestran cuando ellos quieren, pero ella jamás pisó este lugar la primera vez que el hombre lo hizo, o aquel intento fallido.
Sé que hay muchas cosas que ocultan, pero es por tu propio bien. Espero que cuando termine tu ciclo allá estés dispuesta a no seguir con otro y volver a la Tierra para volver a vernos.
Y con respecto al asunto de la tormenta de arena, tenías razón, no pude sacarte esa idea de la cabeza con ninguna de mis hazañas. Michael"
No podía cerrar los ojos de la impresión, leí una y otra vez la pequeña carta, y comprobé que nada de eso era mi imaginación. De soslayo, miré al resto de la gente: Joe hablaba animadamente con Kari y Tk de lo que harían una vez que volvieran al Centro de Investigación en espera de que el transbordador al agujero estuviese listo. Izzy estaba concentrado en el paisaje, solo en un extremo y Sora estaba mirando su mapa en el otro. Estos últimos dos no eran los más optimistas, por lo que se me hizo que ambos sabían a lo que Michael se refería con esta primera vez que el hombre pisó File.
Me sentí sobrepasada con la información que tenía entre manos, y sigilosamente me dispuse a doblar la carta finamente y echármela nuevamente al bolsillo, permaneciendo inmóvil hasta que alguien me dijera que debía seguir avanzando. Miré mis pies por enésima vez, los sentía palpitantes y más allá, el paisaje pareció modificarse un poco.
—Quién anda ahí. —susurré asustada, y la perturbación que tuvieron las plantas alrededor volvió a apreciarse. Contuve mi aliento.
—Bien, sigamos. —anunció la piloto, y me apresuré en seguir al grupo.
—Izzy. —lo llamé por milésima vez y él pareció salir de su trance. —Necesito hablar contigo.
—Claro, Mimí, ¿qué necesitas saber? —respondió con su sonrisa amena, no supe si creerme esa expresión de androide humanizado. Sabía que él estaba detrás de la tormenta de arena que nos hicieron hacer creer, aunque esa excusa había sido refutada certeramente por la mente brillante de Yolei al decirme las razones que afirmaban la estupidez que trataban de hacernos creer; sé que Izzy habría salido con cosas más inteligentes que esa.
—Háblame de cómo hicieron el Centro de Comandos, del porqué lo hicieron tan alejado del Centro de Investigación. —empecé y supuse que comenzaría a tartamudear pronto. Kari lo salvó.
—¡Hermano! —gritó de la nada y se echó a correr a tropezones hacia el monte. ¡Habíamos llegado! Si un pariente mío estuviese dentro de esta selva, seguramente me habrían entrado las ganas de correr también. Aguanté la respiración con cada paso que daba, lo primero que vi fue una nave con la punta abollada y el piloto estaba tratando de arreglar lo que parecía ser el motor.
—¡Kari! —devolvió el castaño mayor. Ella saltó a sus brazos y ambos se embarcaron en un saludo que no parecía tener fin. Sora se acercó a paso rápido al piloto rubio y me pareció que al fin había encontrado al apuesto compañero que imaginaba que la pelirroja tenía. Sin embargo, ambos estaban envueltos en un ambiente de formalidades militares, por lo que su saludo fue menos efusivo que el otro par de hermanos: constó en un abrazo firme pero corto y ella le indicó algo a él que lo echó a andar al grupo sin demora.
—Tk. —llamó y recién supe el parecido entre piloto y escritor.
Pateando piedras me alejé del grupo, Izzy tenía razón, al llegar sólo encontramos la nave en pésimas condiciones y que sólo serviría para echarse a dormir un buen rato para recordar la buena vida que teníamos en la civilización: reconfortantes sillas de piloto, mullidas y perfectas para la espalda de un humano.
Mi análisis no llegó hasta la negativa visión de la nave estrellada, juzgando los estrechos lazos sanguíneos, esto no era un rescate de los posibles sobrevivientes del accidente del Centro de Comandos, sino, un rescate de los posibles hermanos sobrevivientes del jefe de las fuerzas armadas y el de administración, y Sora estaba allí para ayudarlos. A nadie le importaba si el jefe médico, la jefe de la cocina principal y el físico estuviesen vivos; fue por eso que dejé de ver a la piloto como mi mejor amiga del lugar. Además, era por nosotros que los hermanos de ambos estuviesen vivos, nosotros limpiamos las heridas del escritor con el agua que fuimos a buscar de la huerta.
Suspiré contrariada, File seguía siendo el peor lugar de mis pesadillas, deseaba que Michael estuviese allí para reconfortarme y decirme que todo estaría bien. Saqué la carta de mi bolsillo y la admiré como si eso me sacara del mundo azulino.
—Mimí. —me llamaron de los arbustos, levanté la cabeza con bastante curiosidad.
—Palmon. —expresé y me dediqué a mirar todas las hojas rosas que habían, eran bastantes y comencé a imaginar de que estaba con toda su familia de plantas, pero todas eran inanimadas. —¿Dónde estás?
—Mimí. —volvió a decir, esta vez con el sonido más adentro de la vegetación. Estaba un poco reacia a entrar al bosque sin autorización de los uniformados, pero ¿cuándo eso me detuvo? Todos estaban planeando y replanteando lo que haríamos más tarde cuando nos envolviera la noche.
—Más lento, por favor. —supliqué, casi corriendo detrás de la voz gangosa que me guiaba por los lugares inhóspitos de File. —¿Palmon? —dejé de escucharla de pronto. Miré hacia todas partes y comprobé que estaba bastante alejada del resto, y como supuse que había desaparecido mi pequeña planta, me dispuse a volver por mis pasos, si es que los encontraba.
—¡Mimí! —me contenté, la escuché otra vez y di otro paso dentro del bosque, mi pie tocó un desnivel, y caí por una barranco como si se tratara de rampa en donde los niños juegan. Grité con todo el aire que tenía en mis pulmones. Al llegar al suelo, caí sobre mis muslos y con el golpe y el impulso, que pareció como si fuera un resorte, mi cara se estampó en la tierra húmeda del lugar.
—Palmon. —dije dispuesta a gritarle y regañarla, pero cuando la vi, sostenía un tubérculo que cultivábamos en la huerta, y en todo ese lugar habían cosas comestibles. Mi cara pasó del enojo a la felicidad, y mi estómago pronto comenzó a hacer sonidos extraños. Hace tiempo que no comía algo de verdad, sólo una barra nutritiva y la comida del día del accidente. —Comida.
—¡Mimí! —oí al científico desde la lejanía del improvisado campamento. Tal vez había sido el primero en notar mi ausencia, antes de mi grito que adornó mi caída.
—¡Aquí estoy! —grité de vuelta, a lo que la pequeña planta puso mala cara. Notaba que quería estar conmigo, pero tampoco podía dejar a los demás y salir a caminar con Palmon como si nada malo hubiese en los bosques de File. Realmente ella se creía mi amiga, y yo estaba agradecida de eso, Sora me había decepcionado. —Tengo que irme con ellos, son de mi especie. —me excusé, y la planta verdosa se puso a llorar, al menos así parecía, porque no emitía ningún sonido. —No, por favor, no lo dije para herir tus sentimientos.
—Mimí. —expresó el pelirrojo al llegar, estaba mirando a Palmon desconcertado ¿Cómo había llegado tan rápido sin resbalarse por la pendiente?—No te muevas. —dijo y se inclinó lentamente para tomar un palo entre sus manos y probablemente apalear a la planta hasta que dejara de seguirme y arrimarse a mi espalda como lo hizo en las ruinas de la cocina principal.
—¡No! Es una amiga. —expliqué asustada y tomé ese palo para evitar el homicidio de una planta.
—¿Amiga? Cómo sabes su sexo. Ni siquiera se sabe si lo tienen. —preguntó, aun estando asustado podía salir con conclusiones bastante inteligentes. Pensé por unos instantes y miré a Palmon, no tenía nada a la vista que me lo indicara, sólo su voz que, aunque gangosa, tenía un toque femenino.
—Creo que lo decidí así. Concordarías conmigo si escucharas su voz. —concluí pero Izzy pareció abrir más sus ojos.
—¿Habla?
—Imita bastante bien. —y noté algo extraño, hace unos momentos se había puesto a llorar por mi respuesta algo discriminatoria: me iría con los de mi especie, y, como ella no tenía ningún parecido, la dejaría sola. —Y me entiende.
—Interesante. —volvió a decir, casi sin habla, y observó a la plantita mientras ella se calmaba y caminaba hacia nosotros. La tomé en mis brazos y me volteé al científico petrificado, y en su espalda escuché un zumbido intermitente tal cual al que había oído en el tejado del Centro junto a Michael, claro que muchas veces minimizado. Había un insecto mutante observando, parecía un escarabajo. —Demuestran algún tipo de inteligencia.
—¡No te muevas! —expresé dramáticamente y tomé el palo mientras que dejaba a Palmon nuevamente en el suelo. —Mataré a ese insecto gigante. —un escalofrío de asco recorrió mi espalda, odiaba demasiado a los insectos. Izzy se volteó lentamente y vio al bicho directamente a los ojos. Me abalancé con el palo en alto.
—¡Espera! No puedes hacer eso, dijiste que eran tus amigos. —dijo el pelirrojo tomándome los brazos para detener al palo asesino.
—No soy amiga de un insecto. —volví a decir y él me alejó del escarabajo.
—Estoy seguro de que no hará nada. Debe ser como la planta que tienes al lado. —analizó y esta vez su razonamiento no me terminó por satisfacer, con cara de asco miré al insecto a su lado, aleteando sus alitas como si nada pasara.
—Pero ¡Izzy! —reclamé y el insecto me imitó como Palmon lo hizo en la huerta.
—Izzy. —repitió, y supe que esta forma de vida había decidido aparecerse en frente del científico. Su voz no me pareció de lo más simpática pero traté de verlo como si se tratara de mi pequeña amiga verdosa.
—Fascinante. —sonrió el científico, alucinando por su nuevo descubrimiento.
—¡Mimí, Izzy! —exclamaron desde el bosque. Reconocí la voz de Tai en el llamado, y estaba bastante cerca. Ambos nativos de File desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos, a lo que Izzy pareció cuestionar inmediatamente, pero como yo ya estaba acostumbrada a aquel acto, no le tomé mucha importancia.
—¡Aquí abajo! —grité de vuelta. Pronto, vi su figura de pie sobre el barranco, extendí el tubérculo que Palmon me había dado hace un rato y expliqué nuestra desaparición. —Encontramos comida.
—No se vayan sin avisar, no es seguro. —expresó el castaño, con un poco de picardía en la voz. —¡Acá están!
—No te burles de mí, Tai. Sabes que no haría algo así. —le dije a lo que sólo recibí una risa. Estaba ofendida, no porque se tratara de el pelirrojo específicamente, sino porque se trataba de una de las personas que sabían todo lo que había ocurrido antes de la llegada de los colonos a File. Seguía enojada por el contenido de la carta, pero Izzy quizás no lo vio así. No me habló más por el resto del día, lo cual me extrañó, sino quería preguntarme por lo ocurrido en el barranco para satisfacer su curiosidad, me hablaría para preguntarme por mi estado anímico.
Se encendió una fogata en el lugar después de la comida que había preparado, y Sora pronto se apartó del calor que ésta ofrecía. Me entró la curiosidad y me armé de valor para encaminarme hacia donde ella se encontraba; la pelirroja decidió esconderse detrás de la nave estrellada y allí ocultarse de todo el campamento que se había formado al caer la noche. Cuando llegué, la piloto estaba sentada en la tierra, con su mapa holográfico encendido.
—Ven a la fiesta. —ironicé, ella sonrió y me miró con cansancio en los ojos.
—No me gustan mucho, gracias. —continuo mis dichos y yo sólo me senté a su lado. El holograma mostraba ambas naves y otros tres puntos que, supuse, dos de ellos eran el Centro de Comandos y de Investigación, el tercero ni idea. Sora apagó el aparato y se lo guardó al bolsillo, dispuesta a no escuchar mis posibles preguntas. —Mañana caminaremos hacia el Centro de Investigación, tienes que ir a descansar.
—No hay mucho espacio dentro de la nave, Joe ya se tomó el lugar. —indiqué al cuerpo inconsciente del médico en uno de los asientos acolchados y Sora comprendió, asintiendo con la cabeza. —Tendré que dormir en la tierra.
—Tai armará una carpa para su hermana, puedes entrar tú también, no creo que deje entra a alguien del sexo opuesto. —verbalizó y reí por sus dichos, al parecer, el castaño era un hermano sobreprotector, pero era un ciego si no veía lo que pasaba entre ella y el escritor. No podía evitar algo que pudo suceder varias veces caminando por las instalaciones de File, y como dije una vez, la habitación de Kari parecía desierta todo el tiempo.
—Bien, dormiremos las tres. —enfaticé emocionada.
—No puedo, tendré que hacer turno esta noche. —dijo y yo me quedé callada, no iba a reclamarle los derechos que teníamos como mujeres, ya que la veía muy metida en su rol militar y dormir en una tienda de campaña mientras sus compañeros vigilaban le parecería un acto machista de su parte.
—Entiendo. —dije con un tono decepcionado a lo que ella rio enternecida. Deduje que era el momento perfecto para hablarle, o más bien, preguntarle sobre aquel otro piloto. —Oye, Sora, ¿puedo hacerte una pregunta?
—Claro.
—Oye, Sora. —llamó desde la nada, el piloto rubio, era como si no quisiera que yo supiese la verdad. —Empezaremos a asignar los turnos.
—Entendido. —y dicho esto, la pelirroja se fue rauda. Matt se me quedó mirando en silencio un par de segundos para luego seguir su camino. Nunca había conocido a alguien tan hermético como él, ninguna expresión corporal que leer para predecir lo que pensaba de mí, pero claro, era seguro de que me odiaba.
Desde donde estaba, la nave y el bosque eran lo que me rodeaba, y pronto corrí hasta la fogata para resguardarme también. Allá, Tai y Tk armaban la tienda mientras que la castaña Yagami los observaba desde la fogata con expresión perdida pero suspirando. Izzy estaba junto a ella, pero miraba al fuego como si buscara la respuesta de algo allí, me senté junto a él puesto a que parecía el más aterrizado en este mundo.
—Dime, ¿Sora y el capitán Matt? —le dije al pelirrojo que poco entendió. Sí, estaban juntos, según él, pero más allá conversando de los turnos nocturnos. —Claro que sí, pero siento que algo ocurre ahí, es evidente. Es como si tuvieras una relación clandestina con una científico del Centro, siempre sucede en el trabajo. Es como la ley natural de las cosas.
—¿Estás tú con tu asistente, Davis? —maquinó dentro de su cabeza, a lo que me escandalicé por el comentario y, para mi suerte, Kari pareció interesarse por el tema y llevó toda su atención a nuestra conversación. Davis me mataría si se llegara a enterar.
—Claro que no, ¿de dónde sacas esas ideas?
—Sólo seguía tu lógica. —y volvió a fuego en donde encontraba fascinación.
—Soy la excepción a la regla, Davis no es para mí. —me excusé y miré de reojo a la castaña, ella pronto lanzó un dardo.
—¿Por qué? Se llevaban bastante bien en la cocina, además, tú misma dijiste que era un buen chico. —explicó la hermana menor de Tai, y a Izzy le entró la curiosidad en mi supuesto romance y volvió a mirarme intrigado.
—Porque no es mi tipo, me gustan de otra forma. —ella asintió comprensiva para luego hablarle a Izzy.
—¿Y tu hermosa cientifico?
—No existen en el departamento de física. —expresó riendose de la pregunta inocente y simpática de la chica. Había sonado como una niña, realmente era encantadora por lo que supe del porqué Davis estaba loco por ella, además del escritor.
—¿Y Yolei? —preguntó otra vez.
—No, ella es biologa, además está con el Mayor. —excusé al pelirrojo, quien me quedó mirando por unos instantes.
—Kari, ven a dormir. —la llamó su hermano desde la tienda lista, ella se disculpó y corrió al llamado.
—Deberías ir tú también. —puntualizó en científico. Yo asentí poco convencida, Kari era simpática pero me sentía más agusto con el pelirrojo. Él sabía de los seres que a Yolei tanto le fascinaban, además de conocer a Palmon y a su insecto, con él había pasado la espantosa noche sobre el árbol y me ido a verme al Centro de Comandos el día del accidente.
—Sí, probablemente debería hacer eso. —contemplé y pensé en las próximas palabras que diría enseguida. —Gracias por ir a buscarme al barranco, lo más seguro es que fuiste el primero que te diste cuenta que no estaba.
—De nada. —sonrió y supe que había arreglado las diferencias con el personaje que todavía me ocultaba la verdad de File.
Kari me tapó la boca con la mano y me indicó que me callada con un dedo sobre sus labios. Me pareció extraño ese comportamiento mientras se suponía que estabamos durmiendo plácidamente en la tienda que habían armado su hermano y Tk. Me soltó y se dirigió a la luz que teníamos prendida.
—¿Qué sucede? —susurré asustada. La castaña no quería hablarme y cortó la iluminación que teníamos cerca, la teníamos por el calor y la seguridad que nos proporcionaba. Oí un gruñido y quise gritar, sonó de algo grande, incluso más grande que la nave descompuesta del piloto.
—No estoy segura. —comentó con el mismo susurro. —Lo he oído hace unos minutos. Está acercándose.
—Ay, no. —respondí al borde de las lágrimas. Me tapé la boca para evitar que algún ruido de mis sollozos se escapara y eventualmente llamara a la criatura que rondaba al campamento. Nadie emitía ruidos, por lo que supuse que, o todos seguían durmiendo y Sora estaba en otro lugar alejado por lo que no estaba informada del gruñido, o ya estaban dentro del estómago de la criatura. —¿Dónde están los demás?
—No lo sé. —dijo mientras miraba por los pliegues de la tienda para mirar al exterior. Me sorprendió de lo temeraria que podía llegar a ser la hermana de Tai.
—No lo hagas. —supliqué a lo que ella me tranquilizó poniendo una mano sobre mi hombro.
—No te preocupes. —expresó la castaña. —Quiero saber dónde está el resto.
—Se los comió. —respondí atacada y ella me mandó a callar otra vez. Era menor que yo, pero claramente tenía más valentía. Oímos que unos pasos se acercaban a la tienda y aguanté la respiración. Tk apareció entre los pliegues y entró sigiloso.
—Kari, necesito que vengas. —la había tomado de la mano al segundo que entró, yo me sentí como si me hubiesen pintado allí y me crucé de brazos. —Hay algo cerca, debemos irnos sin despertar sospechas. Iremos hasta el bosque y subiremos alto.
—Entendido. —expresó la castaña. —¿Y Mimí?
—Vendrás con nosotros. —expresó el rubio, mirándome. —Tai, Matt y Sora están afuera, cuidando que no se nos acerque mientras salimos de aquí.
Asentí incrédula de salir, estaba cómoda en la tienda y me sentía más segura ahí que en el bosque. Ambos salieron antes y corrieron sigilosos por el campamento. Llegaron a la nave estrellada y me indicaron que corriese hasta donde ellos se encontraban. Tardé unos segundos en obedecer, y tapándome la boca para ahogar un grito, me dirigí a la nave.
—Espera. —dije cuando al rubio se le ocurrió seguir al bosque. —¿Dónde están Izzy y Joe?
—No lo sé. —y negó con la cabeza. —Debemos seguir.
Ellos corrieron y apoyé mi cabeza en la nave en la espera de que me indicaran que los siguiera. Me dediqué a buscar a la pelirroja por el campamento, pero este se veía completamente desierto. Seguí mi vista panorámica por el bosque y di con ella: estaba apoyada sobre un árbol con una pesada arma que había sacado de la nave estrellada. Me di cuenta de la gravedad del asunto y me eché a llorar.
—Esto no puede estar pasando. —resoplé y me golpeé la cabeza tres veces con el metal de la nave para comprobar que se trataba de un sueño y despertar, pero el resultado no fue el que esperaba.
—Mimí. —susurró Tk desde el bosque, pero estaba petrificada y no pude correr hacia allí. —¡Mimí!
Las copas de los árboles se perturbaron ante el susurro y de allí salió una gran cabeza que admiró el campamento con curiosidad, tenía pequeños ojos, grandes colmillos y escamas por todas partes, todo un reptil gigante. Abrí los ojos como platos, y acto seguido gateé hasta el lado opuesto de la nave para resguardarme. No parecía muy efectivo pero el reptil no cayó en cuenta de mi presencia y optó por detenerse en lo que fue la fogata en donde reposaba todos los restos de la comida que había preparado.
—Mimí. —susurró Izzy del bosque, sonreí cuando lo vi y estuve dispuesta a gatear hasta él pero con la criatura a cinco metros de mi posición se me hizo imposible despegarme de la nave. —Ven.
—No. —expresé con un hilo de voz, negando la cabeza para que si no me lograba escuchar, entendiera mi lenguaje corporal.
—Ven. —ordenó una vez más y yo me puse a gatear hacia él en respuesta. —Corre.
—No puedo. —alcé la voz imperceptiblemente, pero bastó para que el reptil levantara la cabeza dispuesto a tragarme por la curiosidad.
—¡Corre! —gritó Tai desde el bosque y dio un paso al frente para que la atención de la criatura pasara de mí hacia él. Sólo tenía la valentía entre manos. —Sora. —llamó a la pelirroja, quien acudió enseguida a su lado. —Ve al antiguo Centro y comunícate con el Centro de Investigación, sabes donde queda.
—Pero, Tai. —el aludido no respondió y se echó a correr dentro del bosque llamando la atención del reptil gigante y llevándoselo con él. Sora nos miró a mí y al científico, hurgó en sus bolsillos y lanzó el mapa holográfico al pelirrojo. —Vayan, pidan ayuda, digan que estamos esparcidos por el bosque.
—¡Sora! —bramó el piloto, la tomó del brazo y la intentó hacer entrar en razón. —No dejaré que vayas, es peligroso.
—Para Tai es igual de peligroso, debemos ir. —pero el rubio negó con la cabeza. —Iré con o sin ti. —y se echó a correr en la espesa frondosidad azulina. Matt dudó unos segundos, miró a su hermano y corrió tras Sora.
Izzy se levantó y me obligó a pararme para echarnos a andar lo antes posible, yo seguía paralizada y sólo me dejé llevar por el agarre del pelirrojo. Lo último que vi fue a Kari llorando descontrolada por su hermano mayor.
Ok, esto me salió extraño, pero hablaré por mi colapso mental después de escribir tanto xD. Quise separarlos otra vez, en la serie les gustaba hacer eso, y con esto podré rehacer la escena que siempre he querido hacer para el mishiro, una en la que terminaban caminando juntos y solos, wii. Ya vendrá el Sorato, no te preocupes, mi lectora preferida.
Agradezco profundamente a Sora Takenouchii por sus hermosos reviews(:
