La mañana llegó fría, pero soleada al deslumbrante París.
Marinette DuPain-Cheng bajó de un salto las escaleras de su casa y se dirigió a la puerta, mochila en mano.
-Cariño, puedes irte sin despedirte si quieres – dijo su madre – pero no sin desayunar.
Marinette le dio a la señora Cheng un beso rápido en la mejilla.
-Lo siento,mamá; hoy llego muy tarde – rebuscó en una cestita – pero me llevo este pan-au-chocolat!
Puso su iPhone en marcha, y salió corriendo al ritmo de Sugar Rush, de AKB48. La melodía pegadiza se iba filtrando en sus oídos a través de unos auriculares rojos y negros. Las calles se sucedían a toda velocidad a través de los ojos de la chica sinofrancesa.
Reparó en que la calle que se disponía a cruzar estaba en obras, y era la ruta más corta al colegio.
"No tengo tiempo para esto" pensó, y viendo que nadie vigilaba la zona, saltó por encima de la valla amarilla apoyándose con una mano. Su agilidad era sorprendente.
-Vaya, Marinette! – exclamó una vocecita desde su bolsillo – estás muy en forma!
Aunque la chica se negaba a admitirlo, Tiki tenía razón. Su nueva vida como superheroina le había sentado bien físicamente.
Divisó el colegio, y aceleró un poco más. Entró en clase como una exhalación, disculpándose varias veces.
-Tranquila, Marinette – se apresuró a calmarla su mejor amiga, Alya – la profesora no ha llegado aún.
Marinette suspiró, pero enseguida se fijó en que media clase parecía estar reunida alrededor de la mesa de un chico rubio llamado Adrien Agreste. El corazón de la chica latió con impaciencia, pero su curiosidad superó a su timidez. Se acercó a Juleka, una chica de su clase que siempre llevaba un atuendo de estilo gótico.
-Juleka, ¿sabes por qué hay tanto alboroto hoy?
-¿No os habeis enterado? – les susurró su compañera en un susurro – Anoche alguien entró en la casa de Adrien, y robaron algo.
-¿En casa de Adrien? ¿Pero quién…?
-No tengo ni idea. Pero lo raro es que su padre no ha querido llamar a la policía.
-Gabriel Agreste es tonto – se escuchaba decir a Sabrina – si no confía en la eficiencia de mi padre…
-Oye, no insultes al padre de Adrien! – le espetó Chloe, la rubita despampanante de la clase.
-No lo entiendo – susurró Marinette - ¿Qué es lo que robaron? ¿A qué viene tanto secretismo?
-Nadie lo sabe. Adrien sospecha que fue una especie de joya que su padre guardaba con recelo, pero nada más se sabe. Me pregunto si tiene algo que ver con Ladyb…
En ese momento la profesora entró en la clase.
-Bueno, clase. Ocupad vuestros asientos y escuchad. Hoy tenemos un alumno nuevo. Viene de Escocia, pero su francés es lo suficientemente bueno para poder comunicaros con él.
Hizo un gesto con la mano a alguien que esperaba fuera. Entró, y todos lo miraron con interés. Entraron unos pétalos de cerezo japonés por la ventana para añadir dramatismo al evento. Era un chico de cabello castaño, que vestía camisa blanca y vaqueros. Llevaba además un colgante con una pequeña clave de sol.
-Hola a todos – dijo haciendo una reverencia – me llamo Leon, y a partir de hoy seremos compañeros. Espero que nos llevemos todos bien.
Plas, plas, plas, plas, plas, plas (esto eran los alumnos aplaudiendo)
-Muy bien, Leon. Te puedes sentar… sí, al lado de Nathanael. Él te ayudará si te pierdes.
Marinette observó cómo Leon subía las escaleras con la timidez propia de un alumno nuevo. Fue entonces cuando reparó en su camisa. Al final de la manga izquierda, haciendo de botón en su muñeca, había un pequeño broche en forma de corazón azul. No, no era un corazón, más bien una figura abstracta. Algo así como… como la cola de un pavo real.
Aquella tarde, Leon invitó a Nathanael a su casa a pasar el rato. Era una habitación en uno de los pisos más altos del mejor hotel de París, el cual dirigía el padre de Chloe. Un chico con gafas llamado Max también se apuntó a la visita. Aquel día, se había hecho de noche dos horas antes, y nadie quería quedarse en la calle jugando.
-Vaya – decía un asombrado Nathanael - ¿Todos estos CDs son tuyos?
-Sí – explicó Leon, mientras ofrecía a sus invitados algo de beber – Durante los años que he pasado en Japón, he formado una especia de dúo de música clásica con la pianista Ritsuko Moto. Logramos sacar cuatro CDs, pero el éxito en el mundo de la música no dura mucho, especialmente si hablamos de Japón. Es por eso que decidí retomar mis estudios para poder estudiar una carrera.
-Ya veo – observó Max – Eres de Escocia, pero has vivido una temporada en Japón. Eso explica por qué tienes tantos videojuegos que no conozco.
-Te los dejo cuando quieras. O puedes venir a jugar si te apetece. Vivo solo, así que no molestarás a nadie.
-¿Vives solo? – se maravilló Nathanael – Pero si este piso es un lujo! Mira, se ve toda la ciudad desde aquí, es como… un arcoíris de neón en la noche. Tengo que dibujar esto ya!
Leon se mordió el labio mirando por la ventana. No es que estuviera anocheciendo; la calle ya era negrura total, si no contabas las luces de los edificios. Una imagen digna de salvapantallas, pero aquella noche tan repentina a las 7 de la tarde tenía algo siniestro.
Antes de que Nathanael pudiera sacar siquiera su bloc de dibujo, Max, que había estado mirando su móvil, dijo:
-Rápido, poned Tf1! Kim dice que está pasando otra vez!
Leon trasteó con el mando de su tele nueva hasta hallar el botón de encender. La pantalla se iluminó y mostró a una mujer de pelo rosa dando una noticia de última hora.
-… causando un anochecer repentino, y esta nueva villana, Mademoiselle Soleil, está causando el caos en la ciudad. Nuestros héroes, Ladybug y Chat Noir, ya se encuentran peleando con todas sus fuerzas. Ánimo, chicos!
-Oh, mira, Leon! Estos son los héroes de los que te hablaba antes. Ellos son los que… ¿Leon?
-Disculpad un momento, chicos. Tengo que ir al baño, volveré enseguida.
-Pero date prisa, te vas a perder la pelea.
Leon se encerró con pestillo en el baño. De la manga de su camisa salió Panya, su recién adquirido Kwami.
-¿Seguro que quieres hacer esto, Leon? Es tu primera vez luchando, y no tienes experiencia con tus armas.
-Bueno, tengo que empezar algún día. Estas preparado, ¿no?
-Sí – contestó Panya dando vueltas en el aire – He estado escuchando la música de tu iPhone durante un rato y ya me siento recargado. Por cierto… ¿los Jonas Brothers? No sabía que aún había gente que los escuchara.
-E-eso no es importante ahora. Rápido, Panya! Plumas… fuera!
Ladybug saltó a tiempo para esquivar un rayo de ardiente luz solar.
-Estáis los dos muy pálidos, Ladybug y Chat Noir. Os sugiero… un buen baño de luz solar!
La conocían. Vaya si la conocían. Era Mireille Caquet, quien hace tiempo ganó como chica del tiempo a Aurore Beauréal, quien a su vez se transformó en Climatika al ser akumatizada. Ahora, convertida en Madmoiselle Soleil, la actual chica del tiempo había oscurecido toda la ciudad con el fín de crear un eclipse y cegar a todos los habitantes de Paris.
-Ladybug, cuidado! – dijo Chat Noir, al ver el haz de luz dirigirse a ella. La golpeó suavemente con su barra de acero para apartarla de su trayectoria.
-Chat Noir, me voy a quedar sin energía! He de retirarme!
-No puedes, Ladybug! A mí me pasa lo mismo, pero no podemos irnos los dos! Ya estamos en penumbra total, si nos vamos, no la podremos encontrar de nuevo antes de que el eclipse tenga lugar!
Ya no se veían el uno al otro. Madmoiselle Soleil dejó de atacar un momento, y sin la luz de los ataques, perdieron su posición. Lo sabían, ella aparecería desde cualquier punto ciego para… bueno, para dejarlos ciegos. Pero entonces, vieron otro tipo de luz, muchas lucecitas… pequeñas… azules… cayendo como plumas, y la sombra de un chico con traje azul neón, posándose en una farola de la ya eclipsada Rue Royale, de París. Una gota de luna que aterrizaba en el reino de las sombras. Tomó aire… lo soltó… y materializó dos megáfonos en sus manos. Con una agilidad increíble, saltó al viento y los manejó, mandando ultrasonidos al aire. Se dejó caer en el suelo y siguió haciéndolos funcionar. Ladybug y Chat Noir se dirigieron al chico de neón como polillas a una farola.
-El enemigo se encuentra a 2 metros por encima de nosotros – susurró el recién llegado – salta a nuestro alrededor describiendo arcos de 35 grados entre los edificios. Ella va siguiendo un eje. Atacad rápido, antes de que os retransforméis.
-Gracias – respondió Chat Noir – Esto… pero ¿quién eres tú?
-Un aliado. Pero dejemos las presentaciones para luego. El eclipse no tardará en finalizar. Si sale el sol, el fogonazo será total y estaremos perdidos.
-Tu… - comenzó a decir Ladybug, acordándose de la última "aliada" que había aparecido.
-No pido que confiéis en mí. Pero en este momento, estáis en las entrañas de la oscuridad. Y en este caso… - tomó aire de nuevo – yo soy vuestra única luz.
