Disculpen la demora, pero ese es el capítulo que más me ha gustado porque he incluído tantas cosas que me pareció más cercano a la serie de mi infancia. Gracias a la gente que está a punto de comenzar a leer este cap(:

Capítulo ocho.


Desperté una vez más sobre un árbol, una brisa cálida me abrazó y me sentí extasiada por primera vez en mucho tiempo acá en File. Simplemente era un clima enrarecido; cuando analicé lo que nos rodeaba, estaba de noche por lo que me sorprendí de sobremanera y me apresuré en despertar a mi acompañante quien dormía plácidamente apoyado sobre el tronco del grueso árbol, y yo apoyada en él.

—Izzy, dormimos demasiado, ¡anocheció! —exclamé delicadamente, intentado no despertar más acompañantes en los vecinos árboles. Él despertó de golpe y se quedó mudo cuando dio con las estrellas sobre nuestras cabezas. Me miró con los ojos abiertos a más no poder y alargó una m.

—Debemos avanzar sea como sea. El centro debe estar a un día o dos. —resolvió después de un breve cálculo mental observando el preciado mapa holográfico. Asentí, miedosa de la idea.

—Palmon y Tentomon nos protegerán. —aseguré, observando a nuestros pequeños acompañantes, y pronto los imaginé a un lado del reptil anaranjado y concluí que le harían un par de cosquillas antes de terminar en su estómago del porte de un transbordador terrestre.

—¡Mimi! —exclamó la gangosa, con sus bracitos al cielo. Corrió hasta mis brazos y me envolvió en los suyos con rebosante clorofila. Fue tanto el escándalo que comenzó un temblor tan grande que el árbol se movió como si diera zancadas.

—¡Algo se acerca! —exclamé y me abracé del físico. Él se aferró al árbol y esperó a que movimiento cesara, lo cual no ocurrió muy pronto, encendiendo la mente crítica del pelirrojo.

—No es la tierra que se mueve, es el árbol. —expresó el científico y juré que había perdido la cabeza. Abrí mis ojos sellados por el miedo a que me tragasen y lo que vi fue un continuo cambio de paisaje, como si frente a nosotros hubiese una película desplegada.

—Qué significa esto. —dije.

—Que el árbol es una forma de vida inteligente, tal cual Palmon. —miré a la aludida y me sonreía contenta al oír su nombre, siendo participe de nuestro mundo. No parecía asustada y si ella no lo hacía, lo mejor era no tenerlo yo. Suspiré un par de veces y me acurruqué a un lado del científico, lo más apegada que podía estar, y esperé a que el movimiento del andar del árbol cesase.

Izzy encendió una vez más el mapa holográfico y se sonrió.

—Nos acercamos al centro más rápido que si caminásemos nosotros. —reproduje la misma sonrisa en mi rostro y contemplé con más detención el punto luminoso que indicaba nuestro destino.

—Nunca pensé que nos transportara un árbol. Buena elección fue la tuya, desde entonces sólo tú escogerás donde dormiremos. —anuncié y me acomodé sobre su pecho y Palmon sobre el mío. Supe que él se incomodó por su largo silencio, quizás hace cuantas lunas en File debió soportar sin una compañía femenina. Quizás cómo fue en la Tierra que quisiese cambiarlo por la frialdad interpersonal que habitaba en File. —Oye, Izzy, dime por qué ese centro está abandonado.

Esa pregunta le cayó como si pegaran un golpe en el estómago. Silenció por varios segundos y resolvió que estaría cometiendo una tontería si tratara de omitir la verdad, puesto a que ya no tenía Centro de Comandos colmado de colonos que necesitaban escuchar un par de necedades para dejar de preocuparse.

—Mimi, ese centro estaba en funcionamiento mucho antes de que yo llegara, era el Centro de Investigación inicial. —comentó vagamente. —Buen lugar, cerca tiene una rica biodiversidad que favorecía al departamento de Biología y excelentes condiciones atmosféricas para observar el espacio, aunque muchas veces la luminosidad de File nos jugaba en contra. —divagó, sonriendo un poco, tal vez por los buenos momentos que pasó en ese centro, o quizás porque le producía rechazo hablar de lo que les había prohibido antes de mi llegada.

—Izzy, dime, ya no hay nada en File que no me haga pensar en lo peor. —murmuré y él entró en razón.

—El Centro de Comandos fue el Centro de Inteligencia militar, pero al destruirse el Centro de Investigación, ambos tuvieron que restablecerse en el Centro de Comandos y el Centro de Inteligencia militar tuvo que ser rediseñado para la llegada de los colonos. No podían llegar y compartir espacio con los científicos y los militares, hablaría muy mal del proyecto ya que se decía que era una colonización avanzada. Pero hablar de lo que realmente había pasado sería alimentar la histeria colectiva. —terminó y yo sólo podía pensar en el símbolo que había visto cuando subimos por las instalaciones del centro con Michael. Esa zona prohibida fue lo que no rediseñaron del Centro de Inteligencia militar, por lo que se cerraron e inhabilitaron.


Ese día Matt llegó a su puerta, habló rápido, le dijo que debía presentarse sin demora al hangar principal. El rubio se esfumó y decidió acatar las órdenes. Claro que no estaba acostumbrado a recibir instrucciones de ese tipo, su formación era todo menos militar, y si algo debía hacerse con rapidez, sólo su cabeza podía hacerlo más que su cuerpo.

Al llegar, el capitán rubio, Tai y el impulsor del proyecto File estaban reunidos. Izzy bajó su velocidad y los analizó como pudo, y aunque no logró entender por qué el viejo Genai llamó a los más jóvenes de sus especialidades, su curiosidad alimentó sus entrañas.

Buen día. —el joven científico anunció su llegada y el viejo sonrió en demasía.

Doctor Izumi, me alegra mucho verlo, ¿cómo están avanzando las nuevas instalaciones para su especialidad?

No me quejo, mientras haya una computadora, un lápiz y un papel, la descripción del agujero de gusano seguirá avanzando. —repuso el pelirrojo, complaciendo al viejo.

Esa es la ventaja de Izzy, su cabeza cabe en cualquier lugar, no así la nave de Matt o los cientos de colonos que llegaran en el próximo ciclo estelar. —bromeó Tai, golpeándole la espalda al más bajo de los tres jóvenes. Izzy simplemente sonrió, usualmente no entendía los trasfondos de las ocurrencias del jefe administrativo, pero esta última resonó en su cabeza más de lo que hubiese querido. Todavía era urgente el poco espacio que quedó después de lo que la gente de File hablaba como el gran desastre de todos los tiempos pero ningún otro detalle. Aunque el arreglo no le pareció del todo acertado, fue lo más lógico que pudieron hacer.

Es exactamente por lo que los llamé. —expresó solemnemente el viejo Genai, y todos los sentidos del pelirrojo se alertaron, vio que Tai también estaba sorprendido, pero el rubio se mantenía estoico ante el comentario. Como capitán, ya se le había informado de todo. —Koushiro, necesito que vayas allá y copies todos los archivos que encuentres. No podemos dejar que pase más tiempo.

¿Allá? —indagó casi al segundo después de terminado de hablar.

Había olvidado el porqué de que el Doctor Takenouchi insistiera tanto en que debíamos incluirte en el proyecto. —Genai posó una mano sobre su hombro y continuó. —Eres más inteligente que muchos de File, me alegra tenerte acá y que estés dispuesto a colaborar. —divagó y Tai aclaró la garganta como si reiterara la pregunta sin respuesta que había planteado el científico instantes antes. —Claro, irás al Centro de Investigación con el capitán.

¿Qué hay de mí? También me mandó a llamar. —intervino Tai.

Me temo que nuestro capitán aquí presente no tiene muchas habilidades para dirigir una misión de rescate de información, y como queremos tener buenas recomendaciones del proyecto en el futuro, creo sensato mandarte a ti como líder del grupo. Necesitas estar al tanto de todo lo que pasa aquí en File. —a Matt no le pareció lo que se dijo de él en un principio pero se mantuvo silencioso hasta que hubo terminado todo. Por otro lado, Tai silenció por otro motivo, se sentía extremadamente halagado y tenía el pecho inflado.

Entonces son dos personas que deben transportarse, debo pedir permiso para usar a otro piloto a mi cargo. —habló el capitán, fuerte y claro.

Seguro. —terminó el viejo, posó una mano sobre el hombro de rubio serio y partió del lugar diciendo sus últimas palabras: —Lleva a la hija del Doctor Takenouchi, he visto sus archivos. Buena chica.

Izzy vio el cambio en la expresión de ambos jefes, el rubio bajó la cabeza como si tuviera algo que esconder y el castaño no cabía más en su felicidad.

¿Por qué nosotros? Ni siquiera estuvimos en el gran desastre, sería más sensato mandar a gente que si estuvo allí y con más experiencia. —habló el pelirrojo, pero Tai rió de su creciente paranoia.

No te preocupes, seguramente no quieren que los viejos se rompan una pierna o inhalen mucho hollín del centro. Jóvenes e intrépidos, ¿no es verdad, Matt? —pero el capitán no respondió la sandez que había dicho el nuevo líder.

¿Cómo estás seguro de que fue un incendio en que destruyó el Centro? —volvió a preguntar el pelirrojo.

Izzy, no preguntes tanto. Llegas a marear a la gente a veces. —golpeó una vez más su espalda y se fue a alistar para su misión.


Me estiré como pude sobre la rama e Izzy me sujetó de las piernas para que no cayera al suelo. El árbol no había dejado de caminar en toda la noche y cuando Izzy y yo dejamos de sentir nauseas por la caminata extenuante de nuestro transporte, llegó el hambre. Después de un rato escuchando la sinfonía que armaron nuestros jugos gástricos, algo llamo nuestra atención: un fruto redondo y brillante colgaba sobre nuestras cabezas. El árbol era más que útil, nos brindaba el transporte que nuestras piernas no lograban darnos, y ahora nos entregaba comida, aunque difícil de conseguir.

—Izzy, súbeme un poco más. —pero rápidamente recibí una negativa por parte de él. Me resigné a observar la tentación del fruto y me dejé caer sobre el científico. No me gustaba la dureza de la corteza, prefería quedarme en el suave pecho del pelirrojo, cosa que parecía no molestarle. —Creo que moriré de hambre y este árbol será mi tumba. —sentencié, y aunque no lo encontré gracioso, Izzy rió suavemente.

—No seas tan dramática, alguna vez ese fruto caerá y lo comeremos. —explicó. —Los frutos siempre debe caer. —suspiré y Palmon necesitó atención.

Mimi. —llamó ybusqué al insecto que también nos acompañaba: estaba adherido sobre la corteza del árbol y no llamaba a Izzy tanto como Palmon me llamaba a mí. Comencé a desesperarme de la necesidad de la plantita en abrazarme.

—Palmon, necesito ese fruto, ¿podrías traérmelo? —dije y la plantita empezó a buscar el objeto de interés.

—¿Mimi? —preguntó apuntando el fruto con uno de sus bracitos fibrosos, a lo cual yo asentí. Palmon sonrió muy contenta, y extendió sus bracitos para alcanzarlo, lo cual me dio risa porque era mucho más baja que yo y ni siquiera yo pude alcanzarlo. De pronto, lo que yo decía que eran sus dedos, se extendieron como lianas o enredaderas y tomaron el fruto, tirando de él pero sin tener mucho efecto.

—Tú puedes, Palmon. —animé a mi plantita y ella siguió tironeando del fruto. —Vamos, Izzy, sujétame de la cintura y hala.

—Qué. —se alarmó de mi propuesta y yo recordé que estaba tratando con un científico sin mucha experiencia social.

—Sólo hazlo. —y así lo hizo, cuando tomé a Palmon de su cintura logró entender a lo que me refería. Ambos tiramos de la verdosa hasta que el fruto cedió y terminó estando en nuestra posesión. —Es muy pequeño. —dije con decepción. El árbol se detuvo de golpe al sentir el tironeo de una de sus ramas y comenzó a sacudirse como si tratara de sacarse la pulgas de encima. —¡Palmon!

La pequeña aludida gritó conmigo, y como si fuera su modo de defensa, se sujetó de un árbol próximo e inanimado con sus manitos de liana y se lanzó al vacío con seguridad absoluta. Quedamos colgando de la rama de otro árbol sujetándonos de Palmon y ella se soltó tan pronto se sintió fuera de peligro, así, Izzy y yo caímos de bruces al suelo. El pelirrojo detuvo mi caída, por lo que él recibió todo el golpe.

—Siempre termino sobre ti. —dije sin pensar mucho en lo que quise decir. —A lo que me refiero, es decir, gracias. —reiteré.

—De nada. —resolvió con inmenso pesar. Tan pronto me levanté, lo ayudé a levantarse también, y el zumbido molesto del escarabajo que se decía llamar Tentomon apareció a nuestras espaldas. —Qué sucede. —preguntó al bicho que lo seguía como abeja a la miel.

¡Mimi! —gritó la plantita y apuntó a lo que fue nuestro transporte. El gran árbol nos observaba con lo que parecía ser su rostro. Admito que me asusté y me fui a aparar detrás del científico con la espalda adolorida.

—Izzy, ahora qué hacemos. —susurré y él negó con la cabeza dándome a entender que tampoco sabía. Correr podría ser inútil ya que estaba demostrado que se desplazaba más rápido que nosotros. —Sólo nos observa.

—Podríamos esperar quietos. Así le demostraríamos que no somos una amenaza.

—Me parece bien. —respondí dispuesta a hacer lo que se había dicho. Pero Palmon tenía otra idea: se paró frente a nosotros son los bracitos extendidos como si nos protegiera y con sus dedos intentó golpear al gran árbol que nos amenazaba. Poco efecto causó en el enemigo, puesto a que no se movió ni un centímetro ante los insistentes golpes de la plantita. —Detente, Palmon. —ordené asustada y el árbol finalmente se movió y tiró su defensa: arrojó de su copa miles de frutos idénticos al que habíamos arrancado y nos golpeó hasta que nos retiramos corriendo hasta donde sus misiles no nos alcanzaban.

Terminado su ataque, siguió su camino.

—No fue tan malo. —concluyó el científico y yo fui corriendo a recolectar los frutos que nos había aventado.

—¡Esto es excelente! Tenemos comida para toda una temporada. —grité extasiada y vi que Palmon recogía frutos, imitándome. —Eres una genio, Palmon. —la plantita se contentó con mi aprobación, y aunque sabía que se alimentaba inyectando sus brazos en la tierra húmeda, juntaba los frutos como si fuera otra muerta de hambre. —Izzy, ven a comer.

—Claro. —resolvió y comenzó a juntar frutos a mi lado. Le sonreí y él bajó la cabeza con una pequeña sonrisa adornando sus labios. Desde esa noche supe que el científico se le revolvía las entrañas cada vez que me veía.


Teniente, siga el curso. —se oyó desde el transmisor de la nave, ella, con la mano enguantada, presionó un botón y respondió enseguida al capitán en la otra nave.

Entendido. —expresó y dejó de presionar el botón. Izzy se mantuvo callado desde que abordaron las naves y supo que se iría con la hija del Doctor Takenouchi. Se sorprendió bastante del parecido entre ambos, pero lo que más lo dejó anonadado fue la decepción de Tai cuando tuvo que irse en la nave de su amigo, inventando todo tipo de excusas que lo transportaran a la nave de la teniente. —Eres muy callado.

Eso dicen. —resolvió el pelirrojo. —Disculpa, soy Koushiro Izumi y trabajo para el departamento de física.

Lo sé, leí tu archivo. —indicó la teniente con una sonrisa en los labios. —Mi padre habla demasiado bien de ti, al parecer eres todo lo que quiso ser a tu edad.

Me halaga, pero creo que es demasiado para mí. —replicó humilde, cosa que hizo que Sora abriese de par en par sus ojos .No imaginaba que alguien tan respetado en el mundo de la ciencia era tan egocéntrico como una piedra.

Eso dicen. —terminó la teniente y volvió toda su concentración al frente. A un lado, volaba su capitán a cargo junto con Tai, ese simple dato le traía bastante curiosidad. No sabía cómo reaccionaría su respetado capitán con ese torbellino castaño; ella sabía que le tenía un tipo de afecto que al rubio no le parecería tan placentero, por lo que no le pareció extraño estar transportando al físico más importante del proyecto File, aunque fuese responsabilidad netamente de capitán. Matt debió poner cartas en el asunto.

¿Esto es un radar? —escuchó decir al científico, apuntaba uno de los aparatos de la nave, y sin mucho interés, ella asintió con la cabeza, con su mente puesta en el rubio capitán. —¿Estas lecturas deberían estar así? —indagó nuevamente, curioso, eso debía darle su inteligencia máxima.

Deberían…—comenzó la pelirroja, dispuesta a explicarle al científico cada función del radar en la nave, pero algo anómalo llamó su atención. Lo que había visto el físico le había salvado la vida. —Capitán, el radar muestra algo acercándose. —habló, activando el transmisor.

Negativo, teniente. Confirme la información. —oyó la respuesta de capitán. Arrugó la nariz y volvió a revisar el radar: la anomalía seguía ahí.

Capitán, repito, hay algo acercándose a la nave. —volvió a decir por el transmisor, el capitán a cargo silenció por lo que Sora supuso que estaba revisando el radar por la anomalía .Miró al científico y le ajustó el cinturón. —¿Te da miedo volar?

Creo que no. —repuso casi sin habla, y posó sus manos en el asiento para asegurarse de una posible caída.

Me parece, porque caeremos en picada. —dijo Sora, mostrando sus dientes perfectamente blancos en una sonrisa. —Porque confirmaremos lo que muestra el radar. —apretó el botón del transmisor. —Capitán, permiso para romper el curso.

Concedido. Salgan de ahí. —ordenó y Sora apagó los motores de la nave.


Se sonrió mirando el mapa holográfico, y yo sin saber qué era lo que realmente miraba, comencé a reír a carcajadas. Eso despertó su curiosidad sin límites y me miró incrédulo. Musitó un qué y yo seguí riéndome.

—Tú empezaste. —dije cubriéndome la boca y tomé un fruto que se asomaba de mi bolsillo para sacarle el polvo que tenía impregnado, ver mi reflejo en su brillo y estamparle un mordisco. Llevábamos horas caminando y cada cierto tiempo comíamos lo que habíamos recolectado.

—Estamos cerca, bastante. —explicó y me mostró el pequeño mapa y el luminoso punto que indicaba nuestro destino. Asentí con la cabeza.

—Lo sé. —repliqué y me detuve de golpe. Me mantuve alerta y sentí que Palmon chocaba con mis piernas al no caer en cuenta de mi posición tan próxima y sin movimiento.

—Qué te sucede. —resolvió el científico, asustado con la nueva actitud que había adquirido.

—Fuego, ¿no sientes ese olor? —dije. —No creo que sea incendio, debe ser otra cosa.

—¿Cómo qué?

—Civilización, ¿no lo ves? No puede haber un incendio acá, tiene que ser fuego de alguna cocinilla o algo. —divagué esperanzada, pensé en algún biólogo que, sin conocer las nuevas noticias del Centro de Comandos, se había adentrado más de lo que debía en el bosque y ahora cocinaba su cena en el medio de la nada. Nos salvaríamos con algo más de tecnología que sólo un mapa holográfico que nos mostrara el camino. Imaginaba una tienda de campaña, un trasbordador terrestre y algún hermano de Yolei.

—Mimi, no debe haber más personas que en los centros. Nadie puede entrar en File a menos que entre en el proyecto.

—Debe ser una persona. —refuté, casi gritando y me eché a correr a la civilización. Izzy trató de detenerme al sujetarme del brazo, pero mi fuerza había vuelto tras llenar mi sistema con frutos del árbol andante. Salí corriendo por el bosque con el científico detrás.

—Detente, por favor. —lo escuché hablar, pero sólo pensaba en alguna silla metálica o plástica en la cual sentarme, era una amante de la civilización y tanta fauna y vida salvaje me volvían loca. Necesitaba estar rodeada de máquinas, e incluso de androides.

Cuando vi la luminosidad enrarecida entre los árboles, me detuve y el pelirrojo llegó a mi lado. Guardé silencio, atesorando el momento y pensando en el saludo que le daría a la persona responsable del fuego. Llegaría y le explicaría quien era, lo que le había pasado al maldito Centro para emprender camino rápidamente a nuestro destino en su transbordador.

—Mimi, no estamos seguros de lo que es. —susurró el físico, lo mandé a callar con un gesto y asomé mi cabeza entre la hierba del bosque. Lo que vi me quitó el aliento; era algo así como una pequeña aldea, pero lo que más me llamó la atención fueron las dimensiones pequeñas de las casas de los aldeanos de File.

—¿Acaso son pigmeos? —solté como una burla y sentí como algo puntiagudo me pinchaba el trasero. Me alarmé por la confianza que había adquirido el científico y el momento en que había decidido liberar sus más profundos deseos, al frente de nuestro descubrimiento de la aldea. Me sonrojé —Izzy, no es el momento.

—Mimi. —me llamó desde el otro extremo, por lo que lo puntiagudo no provenía de él. Me enderecé y lentamente me volví a mirarlo: Estaba con las manos arriba, Palmon se abrazaba de su pierna y el bicho estaba sobre su cabeza, y los pigmeos de la aldea lo apuntaban con sus lanzas. No eran grandes ni intimidantes, más bien eran tiernos y parecían como los muñecos que tuve de niña sobre mi cama. Lo que nos obligaba no correr era la cantidad que nos apuntaba y sus respectivas lanzas.

—Esto es algo que a Yolei le interesaría. —dije para alivianar la tensión que había entre nosotros los humanos. Izzy rió, pero nuestros captores se alarmaron y lo aprisionaron más entre las lanzas. —Lo siento. —resoplé, y vi cada uno de sus cuerpecitos: eran completamente redondos y sus manos parecían orejas.

—No te preocupes. —respondió con una sonrisa, no estábamos asustados, fácilmente podríamos salir corriendo en cualquier momento. Me pincharon una vez más el trasero y estuve a punto de reprenderlos con un grito pero el pelirrojo me indicó con un gesto que mejor guardara silencio. —Sigámoslos, no debe ser tan malo.

—Claro que no. —resolví, mirando esos cuerpecitos gris tan hostiles como un pequeño perro.

Nos llevaron hasta la aldea, cual prisioneros en una tribu caníbal. Imaginé que nos llevarían a una enorme olla negra con agua hirviendo y trozos de verduras para darnos un poco de sabor, pero al llegar a una tienda lo suficientemente grande como para que entráramos ambos intrusos humanos y nuestros acompañantes, nos dejaron allí, quizás para analizar nuestro final.

—¿Ahora qué? —dije cuando el silencio comenzó a molestarme, habían amarrado nuestras manos al poste principal que sostenía la construcción rústica de la tienda. Las amarras no eran de buen material por lo que con un tiempo de paciencia podría romperlas y liberarme pero las ganas no me acompañaban. Izzy sonrió y miró hacia la puerta del lugar, la tela que cubría la entrada dejaba ver un pedazo de cielo y éste estaba perdiendo la tenue tonalidad del celeste característico del día y pasaba a ser del oscuro de la noche.

—Podríamos dormir aquí, se ve seguro. —resolvió cálido. —Estaremos protegidos del frío, mañana seguiremos caminando.

—No me gusta estar amarrada mientras duermo. —resoplé y vi cómo el bicho masticaba sus amarras y comenzaba a masticar las de Izzy al haberse liberado. Observé con escalofríos surcándome la espalda pero aun así dejé que el acompañante silencioso del científico me liberase y luego a Palmon. —Y qué con nuestros captores.

—Trataban de proteger su aldea. —justificó y se dirigió a la entrada de la tienda para analizar lo que sucedía allá afuera. —No se ven peligrosos.

—Y no lo son. —terminé su frase casi riéndome de su comentario, acaricié mis muñecas una vez liberadas, miré al bicho, no eran tan malo ni tan feo como lo pensé. Le di un par de golpes suaves sobre su cabeza como si le agradeciese y me le acerqué al pelirrojo para observar la situación: habían varios aldeanos grises merodeando las proximidades de nuestra tienda.

—Deben descansar a alguna hora, nos iremos cuando pase eso. —comentó el pelirrojo y cerró la tienda con sumo cuidado para no despertar sospechas. Él era lógico por lo que todo lo que él decía se hacía.

Me eché sobre el piso luego de varios minutos esperando a que los aldeanos desistieran de sus tareas cotidianas para ir a dormir, pero mi sueño llegó más rápido que a ellos. Parecía que fuesen nocturnos.


Qué fue lo que pasó allá arriba. —indagó capitán. Sora se turbó y miró al otro par: Estando en el centro la curiosidad de uno lo obligó a pasearse por cada centímetro del lugar y al otro, lo invadió un deseo de explotar infinito. —Sora, apagaste los motores sólo para reiniciar sus aparatos; pusiste en riesgo tu vida y la del científico más importante del proyecto.

Tú me dijiste que saliera de ahí. —intervino ella, con la seguridad de que con esa idea la indignación del capitán disminuyera.

Volando. —expresó casi con un tono sarcástico que molestó a la piloto en sobremanera. Se cruzó de brazos y miró hacia otro lado. Matt cambió su expresión enseguida y volvió a hablar: —Pediré que te cambien de nave, esos aparatos no deben mostrar lecturas erróneas.

Están bien. —repuso Sora. —Lo que me mostraba existe. —capitán alzó una ceja a modo de pedir una explicación. —Apagué los motores para caer y ver lo que había debajo de nosotros, además de reiniciar los instrumentos.

Qué viste. —habló incrédulo.

Un pájaro, uno más grande que mi nave. Era anaranjado y no lo podía ver porque se escondía entre las copas de los árboles como si se sumergiera en el mar. —dijo la pelirroja con una sonrisa, estaba más que satisfecha por el día. —Nos mintieron, Matt, hay criaturas más grandes que esos Koromon de la aldea.

¿Izzy lo vio? —pero Sora negó con la cabeza. —Cómo podrías confirmar lo que viste.

Él cerró sus ojos. —respondió ella. —Sólo tendrás que confiar en mí.

No es difícil. —siguió él, con una sonrisa plantada en sus labios. Con una de sus manos acarició el rostro terso y joven de la piloto.

¡Oigan, pilotos! —se escuchó decir desde el interior del centro destruido recientemente. Tai e Izzy emergían desde las instalaciones. —¿Vamos a continuar con la misión? —el castaño se veía inquieto.

Vamos enseguida. —expresó capitán. Se hizo a un lado para darle el paso a la pelirroja.—Teniente, después de usted.


Desperté de repente, Izzy dormía sentado a un lado de la puerta de la tienda. La curiosidad me invadió y asomé mi cabeza entre los pliegues de la tela de la tienda, ya era entrada la noche y me sonreí al verme sola en la pequeña aldea. Gateé y me escabullí fuera de la tienda, me estiré e inhalé aire limpio del exterior, ya estaba aburrida del aire viciado dentro.

—Esto no puede ser tan malo. —murmuré con la esperanza que el pelirrojo despertara y me acompañara a observar qué tenía de bueno esta aldea en la que estábamos cautivos. De los aldeanos no había rastro. Suspiré sonoramente y sentí que me volvían a pinchar el trasero. —¡Oye! —saqué de un manotazo la punta de lanza que estaba enterrada en mi piel y di con un aldeano pequeño grisáceo. —No puedes amenazarme cada vez que me ves.

El pequeño se sobresaltó, e incluso se intimidó, sacó la lanza y me miró confundido. Miró de un lado a otro como si buscara ayuda pero no había nadie más.

—No eres tan grosero si estás solo. —puntualicé con burla y seguí caminando con el aldeano detrás. Miré de reojo varias veces, la criatura saltaba para desplazarse a falta de extremidades, me pareció graciosa esa forma de vida e imaginé que habían evolucionado así porque su cerebro se llevó toda la atención, lograron armar una pequeña aldea y lanzas para defenderse. Imaginé que eran las contrapartes de Izzy en File. —¿Cómo te llamas? —pregunté cuando me di vuelta bruscamente y me hinqué para estar más o menos a su altura. Si se parecían al pelirrojo, me caerían excelente.

La criatura se sobresaltó y se devolvió unos saltos más atrás. Extendí mi mano como si se tratara de un perrito y esperé a que me oliera para que entrara en confianza. Pero nada de eso resultó, se fue a esconder detrás de una de las tantas tiendas de la aldea. Puse mala cara y me levanté para seguir explorando en busca de agua caliente para refrescarme, la criatura volvió a seguirme de cerca.

—No hagas eso. —resolví después de un tiempo, pero la criatura no me escuchó, o quizás sólo no me entendió. Me reí internamente y me alisté para mi asalto: salté sobre la criatura y la tomé en mis manos, el gris chilló como pudo y yo le tapé la boca. Estaba dispuesta a examinarlo y hacerme bióloga por un día, pero no estaba muy segura de qué era lo que hacían realmente. Di vuelta al muñeco hasta que vi todo lo visible, y sentí pena por el aldeano y recurrí a hacerle cosquillas para entrar en confianza. El pequeño rió y pidió más cosquillas cuando me detuve. —Eres gracioso. —le dije y luego de unos momentos en silencio, saltó de mis brazos y me guió hasta otra tienda más grande en la que se distinguía un olor fuerte a plantas aromáticas.

—Pagumon. —expresó y supe su nombre finalmente.


—¡Mimi! —escuché que gritaban afuera de la tienda de baño, pero con el chapoteo continuo del agua saliendo de la canaleta que la direccionaba hasta el cuarto, supuse que era mi imaginación ocasionada por los vapores calientes que respiré por mucho tiempo. Seguí jugando con el agua caliente con Pagumon quien rió a carcajadas cuando sintió el agua sobre sus orejas. Finalmente estuve en la civilización que tanto anhelada y olvidé por completo a Izzy y a Palmon. —¡Mimi!

—¿Izzy? —resolví, definitivamente dos veces era tendencia y mi imaginación no debía ser la causante de mi nombre resonando por toda la aldea. Pagumon me tiró agua a la cara bruscamente y mi visión tardó en volver después de ser atrozmente remojada. —¡Pagumon! Eso es mala educación. Discúlpate inmediatamente.

—Pagumon. —dijo con fingida inocencia y me preocupé.

—¡Mimi! —los llamados estaban más cerca y desconfiada de la criatura que me acompañaba, deslicé mi cuerpo por el agua y me acerqué lo más cerca que pude de la puerta para gritar.

—¡Estoy aquí! —hablé y Pagumon desesperó, se arrojó sobre mi cabeza e intentó hacerme callar sumergiéndome en el agua.

—Mimi. —oí debajo del agua, el agua se perturbó bruscamente de pronto y sentí que Palmon me abrazaba para sacar mi cabeza del agua. Cuando recuperé el aire, vi que Izzy arrojaba lejos a Pagumon del agua, fue como ver una pelota desaparecer de la tienda después de ser pateada a un arco.

—Izzy, Palmon, lo siento. No sabía lo que hacía hasta que intentó ahogarme. —resolví asustada, ahora esa tropa de aldeanos me intimidaba más de lo que había imaginado jamás. Izzy se volteó a mirarme y su rostro se sonrojó de golpe, salió del agua y se mantuvo de espaldas hasta que hube captado el porqué de su actitud. Usé a Palmon para cubrirme y ella, gustosa, me abrazó lo más fuerte que pudo.

—No debemos retrasarnos más, debemos seguir y no confiaremos más en nadie, ¿entendido? —dijo el científico y sólo asentí con la cabeza sin importar que no estuviese mirándome.

Algo se acercó corriendo a la tienda, lo cual me pareció extraño porque ningún aldeano poseía piernas como para producir ese sonido. Nos mantuvimos silenciosos hasta que la tela que cubría la tienda se abrió y mostró a un castaño desaparecido.

—¡Tai! —grité sorprendida.

—Mimi, Izzy, están aquí. —murmuró analizando la situación, miró con burla y dijo: —Creí escucharlos hablar, estaba en lo correcto; pero creo que debí anunciarme antes de entrar.


...

..

.

No sé si lo habrán notado, pero el árbol caminante es el que alguna vez intento persuadir a Matt, pero no recuerdo el porqué. Espero no se molesten si se lo arrebaté al rubio y lo hice aparecer en presencia del Mishiro(: Luego, aparecieron los Pagumon, que por cierto recuerdo su nombre sólo porque vi el capítulo ayer en la noche, lo de Mimi bañandose y Tai e Izzy viendola si pasó(: Siento que mi escritura e imaginación van avanzando rápidamente hacia el mundo digimon y me siento feliz por eso.

Gracias a mi lectora hermosa que siempre me tiene fe: SoraTakenouchii.

¡Nos leemos en un par de semanas!