Hola:

Paso a dejar el tercer capítulo de esta historia. Espero que alguien lo lea y lo disfrute.

Saludos

Yaem Gy.

Capítulo 3: El infierno… se hace realidad.

Draco palideció y tuvo que apoyarse en la puerta para no caer de la impresión. De inmediato a su brazo llegó la fuerte sensación de quemadura y el aire se le escapaba de los pulmones.

-Muchacho… nosotros tenemos una conversación pendiente.

Cuanto había rogado a Merlín que demorara lo más posible el inevitable encuentro. El miedo le araño el alma en ese instante y solo atinó a alejarse de la puerta dando unos torpes pasos hacia atrás.

-Veo que aún estas débil mi querido amigo- susurró el amo con un brillo horrendo en los ojos.

-Yo…-

-Te pedí hacer un pequeño trabajo. Algo simple si se consideraba la diferencia de edad entre tú y a "víctima"- empezó Voldemort- Pero… que sorpresa… NO lo hiciste- Draco cayó al suelo arrodillado con un solo movimiento de la varita del oscuro mago- tenía todas mis esperanzas en ti, Draco- El chico se convulsionó quedando con la cabeza hundida en el estómago- Tu familia tenía todas sus esperanzas en ti… Que lamentable-

-¡Ahhh!-

-Oh, lo siento… ¿Fui muy brusco?-

-¡Ahhhhhhh!-Draco sentía que las venas se le fundían en llamas-

-Te di la oportunidad de resaltar entre mis subordinados. Te di la oportunidad de levantar a los Malfoy de su deshonra-

-Ayyyy… Mi… mi se… ñor… yo… yo abrí el arma… rio… yo…-

-Sí, es verdad. Pero… no lo hiciste por el deseo propio de agradarme-

-¡Ahhhhhhh!- la manos le temblaban cuando trató de llevarlas al pecho. Sentía que un cuchillo frío y grueso se le clavaba.

-Todo lo hiciste en nombre de tu gorrión… No en nombre de tu señor- Draco gemía y sudaba- Eso fue un error muchacho-

-Lo… lo hice… eso… es lo... que im… porta-

-Pero no cumpliste tu promesa… ahora ¿por qué yo tendría que cumplir la mía?-

-Mi… se… ñor… Yo… abrí… Aahhh… abrí la pu… puerta a su do… minio. Sin mí… na…da… se hubie…ra logra…do-

-Pero no hiciste lo principal… eso… no lo olvidaré muchacho. Tendrás que hacer mucho para que te perdone. Los débiles no me sirven, yo necesito aliados fuertes… no cobardes-

-Ahhh-

- Lloras como una niñita pequeña… de seguro tu varita no paró de temblar en tu mano esa noche… Razón tuvo Snape en terminar tu trabajo… Ni por proteger a tu gorrión fuiste capaz de vencer el miedo… deshonras a tu linaje-

-Mi señor- dijo el muchacho con mucho esfuerzo- No soy…-

-Nada de lo que me digas me convencerá. Pero de todos modos me servirás para doblegar a los que cometan errores. No serás tan inútil después de todo. Agradece el hecho que no me guste derramar sangre pura, el por qué aún conservas la vida. Pero eso no me impide mostrar mi poder sobre ti-

-¡Aaahhhh!-

-Bienvenido a casa, Draco. Vamos a entretenernos mucho los dos ahora que estás de vuelta- Dicho esto Voldemort movió la varita y Draco salió despedido hacia un muro, azotando su cuerpo contra éste- Buenas noches, muchacho-

El señor tenebroso salió haciendo un sonido parecido al cascabeleo de una serpiente y cerró la puerta dejando al muchacho acurrucado junto al muro.

Draco sudaba. De su frente un hilo de sangre le recorría el rostro. El joven se tocó la herida con una mano temblorosa y vio la sangre roja que no se diferenciaría en nada a la de un hijo de Muggles. Roja, roja como la de ella, roja como la de Potter, roja como la de la comadreja. Voldemort intentaba pasar por alto algo que para Draco ya era obvio. El color de la sangre no podría cambiarlo jamás. Ni siquiera una guerra podría hacerlo.

-Gorrión… ayúdame amor… ayúdame a resistir- Dijo apretando el anillo con devoción.

Su padre le llamó una hora antes. Era preferible llegar temprano a la cita. Voldemort odiaba los retrasos. Narcissa se le aferraba al brazo, mientras su padre caminaba un paso adelante tratando de controlar el temblor de las manos. Cualquiera que los viera pensaría que eran tres condenados a muerte que caminaban hacia el patíbulo.

Al llegar al gran comedor, pudieron ver que Bella ya estaba allí dando órdenes para dejar todo perfecto.

-Mueve esa copa a la derecha. Tú, cuidado con el vino, a mi señor no le gusta beberlo agitado-

-Mi ama ¿dónde se sentará el amo Malfoy? Necesito poner su silla- el pequeño elfo junto a un compañero cargaban la rica y bien trabajada silla principal del comedor.

-Esa es la silla de mi Señor-

-Pero si es la silla del amo Malfoy, siempre se sien…-

-Lucius ya no es el amo de esta casa. Esa silla la pones en la cabecera de la mesa. Ahora el amo de esta casa es Mi señor- y sus ojos oscuros brillaron como dos carbones.

Draco contempló la atribulada cara de los dos elfos, que luego de mirar a su padre, se apresuraron a poner la silla en el lugar en donde Bellatrix les indicaba.

-Vaya, han llegado con antelación. No pensarás que con eso ganarás méritos, Lucius; mucho menos tú, Draco- Dijo la mujer con una cruda sonrisa- Se sentarán los tres en este lugar, pero aún no. Nadie se sienta primero que el gran señor de las tinieblas-

-Pareces muy satisfecha de atenderlo en todos sus caprichos, Bella. Casi pareces su esposa- intervino Narcissa- . Es una lástima que nunca lo vayas a ser ¿no lo crees? Ni a tu marido lo atiendes con tanto celo- aparentaba fragilidad e inocencia, pero Draco sabía que su madre lo que buscaba era herir. El truco pareció funcionar ya que Bella se puso roja de furia.

-No necesito ser la esposa de nuestro amo para atenderlo como corresponde. Tú deberías estar aquí conmigo, ayudándome, en vez de estar pendiente de un esposo y un hijo buenos para nada que solo han arruinado tu estirpe-

-Vamos mujer- susurró Lucius- no discutas con ella-

Pero Narcissa nunca obedecía del todo a su marido. Mucho menos ahora que su simiente había sido insultada.

-Que yo recuerde, fue tu idea unirme a los Malfoy, Bella. Por lo cual la causante de mi supuesta ruina eres tú. En todo caso, yo atiendo a los que son míos. Tú te desvives por alguien que jamás podrás alcanzar- Los ojos azules de Cissy bramaban en olas de rabia.

-No te atrevas a enfrentarte a mí, Cissy. Si aún respiras, tú y tu "familia", es por qué yo he conseguido el beneplácito de nuestro señor. Puedo hacer que en cualquier momento él te pulverice, o peor aún… que mate sin piedad a tu pequeño príncipe-y Bella sonrió con crueldad.

Draco percibió el temblor de su madre y le apretó el brazo con su mano. Bella al ver como el rostro de su hermana palidecía se sintió recompensada y se giró, continuando los preparativos de tan importante ocasión.

-Te dije que no la enfrentaras- susurró Lucius- Por Merlín, aunque sea una vez, escucha mis advertencias, mujer.- su voz destilaba impotencia y temor- ahora el chico está más expuesto por tu culpa-

-Ella insultó a mi familia- se defendió la señora Malfoy- insultó a los míos-

-Madre…-

-Atacarla es estúpido. Aunque estés defendiendo a tu hijo. Olvida que alguna vez ella fue tu hermana. Ahora es tú casi soberana y debes cuidarte y cuidar al muchacho de ella. No la contradigas. Obedéceme aunque sea una vez- volvió a susurrar.

-¿Bajar la cabeza ante ella mientras humilla a mi familia?- le miró ella a los ojos- ¿Tú permitirás que humillen a los tuyos?-

-Si con eso mantengo al chico vivo, no me importa que de mi hagan leña. Además, a pesar de todo tú eres su hermana, ella no permitirá que te humillen, pues sería como humillarla a ella. Son la misma sangre. Los que en verdad estamos en peligro somos Draco y yo. Y yo me dejaré mancillar todo lo necesario si con ello lo protejo- dicho esto le dio la espalda y se alejó unos pasos.

-Lucius- susurró Narcissa.

-Madre, mi padre tiene razón. Tenemos que mantenernos distantes y quietos. Bella ha pasado a ser la dueña de esta mansión, como el maldito, a ser el amo de todo. Es mejor estar silenciosos y esperar- le dijo oído para que nadie más que ella le escuchara.

-Esperar… ¿la muerte hijo mío? No veo otro destino-

Draco iba a contestar cuando una congregación de personas asomó por la puerta principal del comedor. Varios magos y brujas saludaron a Bella con los más grandes honores y a Narcissa con un leve movimiento de cabeza. A Lucius casi no lo miraron. Bella los organizó en la amplia mesa y con un gesto brusco ordenó a los Malfoy a tomar su lugar.

De pronto el sonido de algo que se arrastraba llegó a los oídos del rubio y al girarse vio con espanto que una enorme serpiente se aproximaba hasta treparse a la alta silla principal. Detrás de ella, un ser de piel casi nacarada, alto, de ojos rojos, orificios nasales como rendijas y esbozando una horrenda sonrisa en su boca sin labios, llegaba saludando con un gesto ostentoso de varita.

-Queridos invitados, qué alegría verlos en tan importante ocasión. Han sido puntuales y eso me agrada. Vaya, la mesa está bellamente arreglada ¿a quién se le debe agradecer el gesto?- y miró a las hermanas Black, que estaban paradas una al lado de la otra. Narcissa se quedó inmóvil mirando al muro, pero Bella se giró para tratar de mirar a su señor.

-He sido yo mi señor. Pero mi hermana ha dispuesto que se haga todo según sus deseos-

-Muy bien, muy bien.-Se sentó el mago tenebroso, mientras Nagini se arremolinaba en sus hombros- Pero por favor, amigos míos, tomen asiento. Los últimos invitados están por llegar-

Draco observaba los rostros de todos los comensales y no podía evitar la nausea al verlos tan solícitos y arrastrados ante los deseos de Voldemort.

Él se había sentado hacia la izquierda de su padre y su madre a la derecha. No le importaba nadie más en ese lugar.

Voldemort dirigía la conversación, mientras uno que otro mago tomaba un poco de agua o vino para, quizás, así poder enfrentar de mejor manera ese difícil momento. Draco, en cambio, casi no se movía.

De pronto, Voldemort agitó su varita y una visión terrible llegó ante la vista de todos. Un ser humano, inmóvil y silencioso, se balanceó en el aire hasta llegar casi sobre la cabeza del Slytherin. Draco abrió los ojos con pánico, pero solo su mente produjo palabras.

"Profesora Burbage"

El cuerpo de la maestra comenzó a dar vueltas sobre sí misma, estando de cabeza; y Draco no podía evitar mirarla cada tanto.

La respuesta a la pregunta que le había hecho a su madre, estaba ante sus ojos. Burbage era la mujer encerrada en las mazmorras. No necesitaba saber porque ella estaba allí. Un elfo le había llevado el profeta en donde la profesora había abogado por los derechos de los muggles y su crítica a los ideales tan intransigentes de algunas de las familias más antiguas de sangre pura.

La garganta del muchacho se le puso seca, la lengua pastosa. Deseaba beber agua, pero la impresión de ver a aquella mujer sobre su cabeza le impedía el movimiento.

Repentinamente, el sonido de la manilla de la puerta le hizo mover ligeramente la cabeza y vio a dos figuras aparecer por ella. Uno, un hombre de gesto desaliñado y tosco, sin un ápice de elegancia. El otro, un hombre de piel cetrina, cabello negro como su capa, de aire místico y sombrío. A los dos los odiaba pero al hombre de la capa negra lo odiaba mucho más.

-Yaxley, Snape- dijoVoldemort, con voz potente y clara- , casi llegan tarde.

Ambos hombres se movieron a paso lento por la estancia. Los ojos de Draco y Severus se encontraron por un segundo.

-Aquí, Severus- Dijo Voldemort, señalando el asiento que tenía a su derecha- , Yaxley, al lado de Dolohov.

Draco dio una fugaz mirada a los recién llegados. Yaxley se mostraba temeroso pero al mismo tiempo vulgar. Y el muchacho notaba la envidia que sentía al ver a Snape sentado tan cerca del amo. Así era Yaxley, siempre envidiando y deseando lo que otros tenían o se habían ganado por derecho propio. El joven no pudo evitar el fastidio al verlo mirar con asqueroso morbo a sus padres. Su sangre hirvió al verlo mirar lujuriosamente a su madre.

Quitó su mirada del tipo. Y la posó en Snape. El ex profesor de pociones hablaba con Voldemort y Draco contempló lo opuesto de su comportamiento. Snape se mostraba resuelto, firme, decidido. Le estaba diciendo al Amo que Potter sería trasladado el sábado próximo y luego de una feroz mirada de su parte, Snape se había mantenido en calma.

Yaxley trató de refutar la información de Snape, pero Severus le contradijo con solemnidad y aplomo, confirmando sus dichos, asegurando que la Orden no confiaba en el Ministerio y que se moverían por su cuenta.

Muchos rieron cuando se hizo el comentario de que el ministerio estaba infiltrado. Yaxley insistió en su información de que Harry sería escoltado por un escuadrón de Aurores, pero Voldemort le detuvo con una mano, para escuchar lo que Snape tenía que decir. Draco vio como sus ojos reflejaban un resentimiento profundo.

-¿Donde piensan esconder al chico?-

-En la casa de un miembro de la Orden-contestó Snape-

Aunque Draco seguía escuchando como Snape explicaba la salvaguarda que tendría el cara rajada una vez llegado a su refugio, y que solo serían burlada una vez que se tomaran el ministerio, el miedo le embargo. ¿Y si el refugio de Potter era la casa de la comadreja? ¿Y si ella estaba con ellos allí?

-"¿Lo dudas, Draco?- se dijo a sí mismo- Claro que estará con ellos allí. Es lo bastante terca como para alejarse del peligro. Maldición, espero, Comadreja, que la cuides bien; de lo contrario, te mato"- pensaba.

Al retomar el hilo de la conversación descubrió que alguien del ministerio estaba bajo el maleficio Imperius y que por ello todos miraban con asombro al imbécil de Yaxley.

Voldemort no parecía demasiado convencido del plan de Yaxley. Y temía algún fracaso antes de matar al ministro y apoderarse del ministerio. Yaxley insistía que tenía todos los flancos cubiertos y que destruir a Scrimgeour no sería complicado.

-… En todo caso, sigue siendo poco probable que haya conquistado el ministerio antes del próximo sábado. Si no es posible capturar al chico una vez que haya llegado a su destino, tendremos que hacerlo durante su traslado-

-En eso jugamos con ventaja, mi señor- afirmó Yaxley, que parecía decidido a obtener cierta aprobación por parte de Voldemort- , puesto que tenemos algunos hombres infiltrados en el departamento de Transportes Mágicos. Si Potter se aparece o utiliza la Red Flu. Lo sabremos de inmediato-

-No habrá ninguna de esas cosas-terció Snape-. La Orden evita cualquier forma de transporte controlada o regulada por el ministerio; desconfían de todo lo que tenga que ver con la institución-

-Mucho mejor -repuso Voldemort-. Porque tendrá que salir a campo abierto, y así será más fácil atraparlo-

Un golpe en el estómago hizo estremecer al muchacho. Si en verdad Snape tenía razón, Harry estaba en terrible peligro. Sería imposible escapar de la emboscada si el Gryffindor salía a campo abierto para trasladarse. Draco solo rogaba que entre los que escoltaran al muchacho no estuvieran ni el gorrión ni la comadreja. A ella porque no podría soportar que algo le pasase, a él porque tenía que cuidarla. Pero luego desechó esa idea. La Orden no permitiría que dos chicos tan jóvenes participaran de algo tan peligroso. Eso le calmó un poco. Fue entonces que escuchó la última frase que Voldemort lanzó a sus subalternos.

-… El hecho de que Potter siga con vida se debe más a mis fallas que a sus aciertos-

Al igual que todos, Draco lo miró con aprensión. Más de alguno en alguna medida había colaborado sin querer para que Potter aún se mantuviera con vida.

Voldemort siguió cavilando en voz alta, sin prestar atención a los temores evidentes en las caras de todos, hasta que un gemido se escuchó desde las mazmorras. Entonces, tras la leve reprimenda del señor tenebroso, Colagusano se escabulló de la sala para mantener al prisionero en silencio.

Draco seguía desviando su mirada al cuerpo que se movía sobre él cada cierto tiempo y se le congeló la sangre cuando escuchó a Voldemort decir una frase funesta.

-… para matar a Potter necesitaré que alguno de ustedes me preste su varita-

"Me va a quitar la varita… me va a quitar la varita" esa frase le perforaba el cerebro. Estaba acabado, luego de todo lo ocurrido y después de la horrenda visita a su habitación, era lógico que Voldemort le terminara de hundir quitándole la varita.

-¿No hay ningún voluntario?- Veamos… Lucius, no sé para qué necesitas ya una varita mágica-

Lucius Malfoy levantó la cabeza. Tenía los ojos hundidos y con ojeras, y el resplandor de la chimenea daba un tono amarillento y aspecto céreo a su cutis. Cuando habló, lo hizo con voz ronca:

-¡Mi señor!-

-La varita, Lucius. Quiero tu varita-

-Yo…-

Draco vio a su padre mirar a su madre de soslayo. Ella solo miraba al frente con el semblante pálido. El chico pudo ver que ella apretaba ligeramente la muñeca de su padre con los dedos y ante este gesto Lucius sacó su varita y la presentó a su señor.

Voldemort contempló la varita y luego de inquirir los detalles sobre ella, Draco vio como sus ojos relampagueaban cuando su padre, en un acto reflejo, movió la mano como esperando recibir la varita de Voldemort a cambio de la suya.

-¿Darte mi varita Lucius? ¿Mi varita, precisamente?- Algunos rieron por lo bajo- Te he regalado la libertad, Lucius ¿Acaso no tienes suficiente con eso? Sí… es cierto, me he dado cuenta de que últimamente ni tú ni tu familia parecen felices… ¿tal vez les desagrada mi presencia en su casa, Lucius?-

-¡No, mi señor! ¡En absoluto!-

-Mientes Lucius…-

Draco se estremeció. Voldemort estaba hundiendo a su padre sin piedad y delante de todos. Tu padre temblaba y aunque ahora el chico se había aterrado por la irrupción de Nagini en la mesa, apoyada en los hombros de su amo, apretó con los dedos la otra muñeca de su padre para que supiera que él estaba ahí para apoyarlo.

Voldemort seguía diciendo frases hirientes sobre la presunción de los Malfoy sobre su retorno y aunque Lucius afirmaba su lealtad y Narcissa le apoyaba con un rígido gesto de cabeza, el Amo de seguro lo dudaba. Draco le dio una fugaz mirada pero la desvió para evitar el contacto visual.

Fue entonces que Bellatrix se desvivió nuevamente en complacer a su señor. Intervino para aclarar el profundo honor de tener al Amo como huésped de la mansión. La bruja casi se arrastraba por la mesa para llegar lo más cerca posible del objeto de su deseo.

El mago repitió su última frase y para Draco, Bella casi se lanzaba a los pies del maldito para besarlos.

"Das asco Bella"- se dijo- "tanta altivez para terminar humillándote como una elfa"

-Nada podría complacernos más…- Volvió a repetir Voldemort- ¿Ni siquiera lo compararías con el feliz acontecimiento que, según tengo entendido, se ha producido esta semana en el seno de tu familia?-

Bella miró perpleja a su señor. Draco también quedó desconcertado con esas palabras.

-No sé a qué se refiere, mi señor-

-Me refiero a tu sobrina, Bellatrix. Y también de ustedes, Lucius y Narcissa. Acaba de casarse con Remus Lupin, el hombre lobo. Deben estar muy orgullosos-

Eso fue inesperado. Draco escuchó las risas de todos y el horrendo silbido de Nagini. También escuchó el alegato de Bella renegando de Nynphadora y Andrómeda. Pero Draco solo pensaba en la valentía de su prima. Ella acababa de darle una lección tremenda. Pero también pensaba que con esa loca acción se había lanzado encima su propia sentencia.

-¿Que dices tú, Draco?-Escuchó de pronto el muchacho- ¿Te ocuparás de los cachorritos?-

Las palabras le habían tomado por sorpresa. Miró a su padre pero éste estaba encogido en sí mismo. Luego miró a su madre y ella negó con la cabeza casi imperceptiblemente. Entonces Draco se mordió la lengua. Y volvió la mirada hacia la mesa. Por él le hubiera gritado en la cara a Voldemort que no solo se hubiera encargado de los hijos de su prima, sino que él mismo amaba a una hija de muggles y que se casaría con ella si pudiera, sin importarle que su tía y todos los que allí estaban se retorcieran de espanto. Pero no podía… si decía la más mínima palabra en referencia a Hermione, la condenaría a muerte.

Entonces el Amo lanzó una arenga sobre la pureza de la sangre y de matar el cáncer que mancillaba a muchas honorables familias, dándole el permiso a Bellatrix de exterminar el que amenazaba a su propio linaje. Draco supo entonces que a Tonks le quedaba poco tiempo de vida.

Voldemort levantó la varita de Lucius y el cuerpo que giraba sobre Draco volvió a cobrar vida, agitándose en el aire.

-¿Reconoces a nuestra invitada, Severus?- preguntó.

-¡Ah, sí! - replicó Snape mientras la prisionera seguía girando despacio.

-Y tú Draco, ¿sabes quién es?- inquirió Voldemort, acariciándole el hocico a la serpiente con la mano libre. Draco negó enérgicamente con la cabeza. Ahora que la mujer había despertado, el joven se sentía incapaz de seguir mirándola - Claro, tú no asistías a sus clases. Para los que no lo saben, les comunico que esta noche nos acompaña Charity Burbage, quien hasta hace poco enseñaba en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería-

Mientras Voldemort comunicaba a su audiencia los ideales y reflexiones de la maestra Burbage con repulsión y desprecio, Draco recordaba como su propio padre la hablaba de igual modo sobre ella. "¿Cómo pretende que nosotros, los sangre pura, aprendamos sobre esos asquerosos muggles? ¿Cómo pretende corromper las mentes de nuestros hijos con sus aberraciones?"

Draco pensaba ahora que hubiera sido muy útil asistir a esas clases. Allí hubiera aprendido mucho más sobre la vida de Hermione antes de arribar a su mundo. Él sabía que Ron no asistía a esas clases por flojera, no por compartir las doctrinas de pureza de sangre. Pero Hermione si asistía. Era una hora que se le presentaba en ese momento valiosa y que en la cual hubiera podido compartir con su chica sin esconderse y tenerla para sí. Una hora, una hora más cada lunes y jueves… unas horas que él hubiera aprovechado al máximo.

-… Si por ella fuera, nos emparejaríamos todos con muggles o, ¿por qué no?, con hombres lobo-

Todos enmudecieron ante esas palabras, Voldemort las decía con rabia y desprecio. La profesora Burbage suplicaba clemencia a Snape y éste la miraba impertérrito. Draco sabía que en el corazón de ese brujo la palabra clemencia no existía.

-¡Avada Kedabra!-

La luz atravesó a estancia y pegó de lleno en la mujer levitante. Ésta cayó sobre la mesa provocando un sonido fuerte y seco con un crujido que la estremeció. Draco, al ver el cuerpo caer casi sobre él, se movió hacía atrás con brusquedad, terminando en el suelo.

-A cenar, Nagini- dijo Voldemort en voz baja.

Y entonces la horrenda criatura se deslizó por el pulido piso hasta llegar al cuerpo inerte. La bestia abrió las mandíbulas, pero antes de engullir a la asesinada mujer, se giró un momento para mirar a Draco, a los ojos. Cerró su hocico y le sacó la lengua como queriendo saborear al muchacho. Draco se estremeció de miedo y se alejó otro poco, usando sus codos. Nagini movió la cabeza como burlándose del movimiento del chico y luego volvió a abrir sus fauces para disfrutar de su cena al fin.

El espectáculo fue algo insoportable para él. Bajó la cabeza y se dedicó a mirar un punto inexistente para no vomitar. Era inevitable, era concreto. Mientras escuchaba al animal tragarse el cuerpo de la maestra, Draco tuvo que aceptar que el infierno se había apoderado del lugar y de todo su mundo. Era real, era tangible, y él había colaborado para que eso pasara. Ahora, el horror invadiría a todo el mundo mágico en busca de Harry Potter y Draco suplicaba que cuando lo encontrase, porque lo iba a encontrar, a su lado no estuviera su bella amada, pues… Como lo había recién comprobado, con ella el horror se ensañaría solo por el hecho de haber nacido entre los muggles.