Después de décadas sin actualizar File, aquí estoy.


Capítulo Diez


La espesura selvática volvió a cubrirme y debía decir que estaba un tanto aliviada. El Centro Abandonado era un nicho de ruinas peligrosas y criaturas extrañas como esa suerte de centauro que estaba allí rondado. Suspiré y miré hacia adelante, donde un montón de árboles se alzaban ante nosotros en los cuales podríamos subirnos al menor indicio de peligro. Tai abría la marcha e Izzy la cerraba. Yo estaba en medio, estorbando.

—Debieron quedarse en el Centro —indicó Tai mientras avanzaba por esa tierra inhóspita, quitando el exceso de follaje que entorpecía el camino. Me reí por lo bajo, no me sentía segura allá y claramente estaría prácticamente sola. Palmon estaría pisándome los talones, Tentomon engullendo energía eléctrica del cableado roto e Izzy estaría simplemente ignorándome. Teclear esto, tecleando aquello. Tecléate esto… —. ¿Mimi?

—Aquí —indiqué asustada, había hablado tan despacio que me pareció que el peligro asechaba y debía ocultarme detrás de una roca.

—Has estado muy callada, ¿realmente quieres seguir? Podemos volver.

—¡No, no! Estoy bien, solo necesito descansar —mentí.

—No me detendré. Si quieres descansas con Izzy y yo sigo. Todavía debo encontrar a Agumon.

—Estoy bien —¿cuál era razón de querer abandonarme? Debía odiarme todavía por lo de Kari y el avión estrellado. Amansé la cabeza y miré de soslayo hacia el pelirrojo que estaba detrás de mí. Tenía la cara golpeada por los puños del sueño y se detuvo de pronto para suspirar y quejarse del cansancio físico, pero no se le notaba tecleando, ¿no es así? —. Izzy está mal, ¿no podríamos ir a dejarlo al Centro?

—Nadie se debe quedar sin compañía.

—Tú, sin embargo, quieres irte solo —indiqué con la acidez en mi lengua. Me crucé de brazos y alcé una ceja para enfatizar mi comentario. Tai sonrió y creo que notó el enojo creciente que tenía contra el científico y hacia él.

—Yo ya he estado solo por aquí —dijo con una sonrisa y siguió caminando por la espesura del bosque, no sintiéndose para nada ofendido por mi comentario. El que sí lo estaba era el que iba detrás de mí, cuando sentí que se acercaba, tomé a Palmon en mis brazos y seguí caminando. Pero entre tanto alboroto mental, Tai ya había desaparecido. Me aterré.

—¿Dejarme en el Centro? —dijo con un tono molesto y cansado, quizás más cansado que molesto. Me miró con sus ojos negros por unos segundos y siguió el camino que había abierto Tai en la maleza. Me quedé en una pieza.

—Palmon —dijo Palmon. Había abierto los brazos y, con ellos, me rodeó el cuello en un abrazo cariñoso. Como si quisiera que la recordase también a ella y robar un poco de mi atención. La ignoré, ahora mi enojo había incrementado y estaba lista para gritar.

—Izzy —gruñí y atravesé el portal herbario que se formó. Había sido tan lindo al rescatarme del endemoniado centauro cíclope, guiarme por el conducto de respiración, abrazarme y decirme que jamás me alejara de él. Michael había quedado pequeño ante eso. Es más, ya no recordaba al rubio y su cinco por ciento de tierras. ¿Y para qué? Para seguir ignorándome con ese estúpido tecleo que retumbaba en mi cabeza y me desesperaba. Toc, toc, toc—. ¿Qué crees que haces?

—Busco a Tai —dijo con su voz de nada, siguió el rastro de hierba y arbustos rotos—. Luego buscaremos a Kari y volveremos al Centro —al mencionar la última palabra, sus ojos se posaron en mí por fracción de segundos. ¿De qué estaba molesto? Estaba entretenido en su constante tecleo. En el Centro estaría mejor que acá. He dicho.

—No, lo otro —le dije con un tono molesto y haciendo rodar mis ojos.

—No hay otra cosa.

—Claro que sí —fruncí la boca y seguí—. Primero eres lindo y luego no. ¡Eres lo peor!

—Solo trataba de sacarte de aquí.

—¡Pues, buen trabajo! —grité, pateé un pedazo de hierba muerta que Tai dejó a su paso. Mi gran puntería hizo que le diera justo en la cara y me reí con la boca abierta. Izzy no se rió, no movió ningún músculo.

—Estás siendo infantil.

—Siempre lo he sido —respondí pero él me ignoró y se fue. Para eso era asquerosamente bueno, para eso y para teclear.

—¿Mimi? —la voz gangosa volvió a hablar ya que había notado que me sentía mal. No podía evitar ser mala con él.

—¿No me ignorarás nunca, Palmon? —la planta animada negó con la cabeza.

—¡Oye, Mimi! —finalmente Tai apareció en escena y seguí su llamado, intentando que mi cara no demostrara que estaba molesta. Me adentré en el camino de destrucción por donde la humanidad había pasado por primera vez en mucho tiempo. Las ramas bajas me arañaron la piel y las hojas grandes se azotaban en mi cara. Cuando por fin llegué al final del camino, la destrucción era máxima. Las ramas, la maleza, incluso los árboles de buen tamaño parecían estar arrancados de raíz o cortados por la mitad. Tai e Izzy estaban de pie admirando algo que no había sido humano.

—¿Qué pasó aquí? —indagué casi sin voz. Palmon, que caminaba detrás de mí, no salió de la seguridad del bosque que todavía seguía en pie. Tuve el impulso de seguirla pero mis pies estaban clavados en la tierra—. No deberíamos estar aquí.

—Tranquila, debió ser Agumon. Seguramente creció —me tranquilizó Tai y posó una de sus manos grandes sobre mi hombro. Miré a Izzy, sabía que el líder estaba mintiendo por la expresión en su rostro. Asentí vagamente con la cabeza y volví a mirar el campo abierto. Las ramas y árboles pisoteados llegaban hasta donde la vista alcanzaba a llegar. Claramente no era de Agumon, cuando nos asechó en las cercanías del avión hecho trizas, no era tan grande para causar tanto destrozo. Cuando nos pilló desprevenidos en la mitad de la noche, apenas vimos rastros destrucción. Nada que yo recuerde, ¿es que acaso era de la misma criatura que atacó el Centro? Estaba cerca, lo temía.

Izzy se hincó y con sus manos tocó un trozo destrozado de tronco para luego frotárselos. Puso mala cara, lo sé. Me había dicho que de niño no era muy activo por lo que no podría saber rastrear, pero por alguna razón, me hinqué frente a él buscando respuestas.

—Sabes algo —empecé entre susurros. Quizás Tai no era un líder en que podíamos confiar plenamente. En su afán de cuidar al grupo omitiendo las pistas que dejaba ese enorme monstro, quizás nos llevaría directo hasta su boca—. Dime.

—Estas ramas —dijo inseguro—. No sé mucho del tema, pero debió ser hace poco. Siguen húmedas y hace horas que el sol está sobre nosotros.

—¡Tai! —grité y me levanté al instante. Lo encontré abriendo un nuevo trecho por la vegetación del bosque. No se detuvo a mirarme pero sabía que me había escuchado—. Debemos irnos, esa cosa que causó este desastre debe seguir estando cerca.

—Sin Agumon no me iré.

—Bien, no nos arrastrarás contigo —le dije tan segura como insegura, en el tono de voz se había notado, un temblor en mis cuerdas vocales. Miré a Izzy, a Palmon y a Tentomon. Éramos tan indefensos como tres hormigas esperando el pisotón. El bicho podía haber crecido una vez, pero fue al comer la electricidad y entre los árboles no había electricidad. Palmon jamás lo había hecho y habíamos estado varias veces en problemas y no creció ninguna vez. Comenzaba a creer que me seguía una plantita incapaz de hacerlo. Era una planta y en todos lados abundaban los rayos de sol, ¿por qué no crecía? Era la única respuesta coherente. Tai finalmente se detuvo y me miró—. Te quedas solo.

—¿Irán al Centro Abandonado?

—No —dije con seguridad.

—¿Dónde entonces?

—Lejos de acá, no dejaré que me coma lo que sea que hizo esto —apunté con el dedo el desastre que Tai no quería ver—. Buscaremos a Kari.

—Adelántense.

No hubo mucho silencio después que tomamos caminos distintos. Palmon canturreaba su nombre a un lado mío y Tentomon zumbaba sobre nuestras cabezas. Cuando atravesamos el largo trecho de ruinas del bosque, me sentí más segura, evitando la idea de que moriría tempranamente.

—Sabes que la cosa que hizo todo ese desastre no estaba aquí cuando pasamos por primera vez, ¿verdad? —la voz cortante de Izzy se hizo notar entre el canturreo y el zumbido. Todos nos detuvimos. El científico estaba en lo cierto—. Creo que ampliamos su territorio.

—¿Dices… que nos está siguiendo?

—Correcto —indicó y mis rodillas se hicieron gelatina. Palmon, que me estaba observando atentamente, leyó mi lenguaje corporal y me imitó—. Tai debe saberlo, hay algo que oculta.

—¿Qué crees que sepa?

—No lo sé, puede ser… —y se detuvo, puso su mano en el mentón y soltó una sonrisa luego, no era divertida, solo desesperanzada—. La primera vez que vine al Centro Abandonado, existía una aldea.

—¡La que nos tuvo cautivos!

—No, era de seres más amigables. Estos no eran de aquí; cuando lo que sea que nos está siguiendo se acercaba, debió alterar la fauna del lugar. Quizás tomaron la aldea desierta cuando vinieron desde el sur, huyendo de eso.

Silencié, lo único que quería era irme a mi hogar pero allí ya no había nada parecido. Así que caminé, mientras más rápido encontrara a Kari, nos reuniéramos con Matt y Sora, estaríamos más cerca del único Centro funcional del planeta. Y que, con suerte, nos resguardaría hasta que el primer transbordador nos llevara a la Tierra por el agujero de gusano. Si Izzy estaba en lo correcto, esa cosa nos seguiría hasta allá. De cualquier forma que lo pensara, todo podía terminar mal.

—La cosa, ¿cuándo debe medir?

—Mucho —me dijo él, su tono me daba a entender que no pensara más en ello. Era demasiado para comenzar a preocuparse. Demasiado como para morir.

—¿Debe estar destrozando todo lo humano a su paso porque se sentirá amenazado? —pero Izzy no me respondió. Eso debía ser, solo aparecía destruyendo Centros de Control de metal que resplandecían con el sol y las estrellas. Metal que debía extraer de una parte y, tanto como se necesitaba para construir solo un Centro, debieron destruir enormes territorios. Quizás excavar en la tierra había liberado un enorme demonio que amaba el metal y lo quería de vuelta—. ¿Cómo dices que Tai supo que estaba su hermana atrapada?

—Llegó una transmisión de su avión estrellado. Joe hablaba de un derrumbe a causa de movimientos telúricos.

—No ha habido nada de eso.

—Eso es lo que me ha estado molestando —indicó y me ayudó a trepar un enorme árbol caído para seguir avanzando—. Debió ser lo que nos ha estado siguiendo.

—Debe ser lento.

—Con ese tamaño, no lo dudo —indicó con una sonrisa y seguimos caminando. Al fin Izzy había vuelto a ser como antes. Toda esa tecnología lo transformaba. Le sonreí y el bosque ya no me parecía tan tenebroso. Las hojas estaban medio podridas por lo que pasar por ellas era resbaladizo, enormes lianas caían de las ramas más altas de los árboles y nos tocaban con sus dedos helados a medida que caminábamos, y casi no nos llegaban los rayos del sol, que a esta hora debía estar sobre nosotros, a causa de sus frondosas copas, pero aun así ya no era tan horrible caminar por allí—. Mimi.

—¿Si? —respondí en un suspiro. Finalmente estaba teniendo el amorío de otro planeta, literalmente. Me tomó de los hombros y me guió hasta apoyarme en un árbol nudoso.

—Algo nos ha estado siguiendo —abrí la boca para gritar pero él me la cubrió con su mano—. Es amarillo y pequeño.

—¿Qué?

—Mira hacia allá —murmuró y señaló hacia la dirección opuesta, así que tuve que espiar a través del árbol nos cubría. En efecto, un gran y amarillento animal colgaba de una rama con uno de sus largos brazos. Parecía un montón de estiércol.

—Está mirando hacia acá —dije con una mezcla de asco y miedo—. ¿Nos querrá atacar?

—Hasta ahora solo nos ha seguido —reconoció y supe que lo tenía en la mira hace tiempo y no me había dicho—. Si quisiera atacarnos, ya lo habría hecho.

—Pues sigamos —le dije y me salí de la protección del árbol—. Ya nos hemos librado de este tipo de problemas —me hinqué en busca de piedras o palos para poder tirarle pero mis manos solo encontraron las hojas podridas que pronto humedecieron mis dedos y los embarraron.

—No, Mimi, dejemos que nos siga. No perturbemos más el ambiente aquí.

—No permitiré que un pedazo de estiércol me siga —resoplé y finalmente encontré algo que lanzar. Me di impulso llevando mi brazo hacia atrás y lancé. La roca rozó la rama en la que estaba sujeto y hábilmente el estiércol amarillo se fue del lugar como si corriera, colgando de ambos brazos largos. Desapareció rápidamente—. ¿Ves? Problema solucionado.

Un rugido brotó de la nada.

—Corre, busca un árbol alto.

—Fue solo una roca —me excusé y tomé a Palmon en mis brazos para obedecer al científico. Unas pisadas cercanas hicieron crujir las hojas y ramas del suelto, tanto que no podía ser de nuestro tamaño. Izzy hizo que nos detuviéramos y volvió a ocultarnos detrás de un árbol grueso y nuboso—. ¿Qué es?

—Calla, pronto lo sabremos.

Un enorme dinosaurio rojo salió por entre los árboles. Sus ojos eran redondos y azules, tenía placas verdosas en su espalda y cola, y garras blancas, casi del tamaño de Agumon cuando crecía descomunalmente. Definitivamente no era la cosa gigantesca que nos seguía por todo el planeta destruyendo los Centros a su paso, pero nos podía devorar igualmente. El dinosaurio rojo olfateó la roca que había lanzado y que ahora reposaba en el suelo para luego olfatear la rama donde estaba el estiércol amarillo. Gruñó un par de veces y volvió a olfatear.

—Sabe que estamos cerca —susurré al borde de las lágrimas—. Si llegamos a morir aquí, te debo decir algo.

—No moriremos aquí —resopló mientras miraba hacia arriba y una rama demasiado alta nos decía que no podíamos trepar por ella. No era el árbol indicado. Miró el árbol de al lado pero tampoco era seguro arriesgarse. El dinosaurio se acercaba y yo ya veía el fin.

—Izzy, yo debo decírtelo.

Un gruñido demasiado cerca me hizo callar y nos quedamos paralizados. Izzy calculando y yo llorando. Me rodeó con sus brazos y me estrujó con tal fuerza que estuve a punto de soltar todo el aire de mis pulmones. Luego de eso, me obligó a rodear el árbol grueso intentando escapar de las fauces del monstro. Una vez del otro lado, el dinosaurio se dedicó a olfatear donde habíamos estado hace unos segundos. Gruñó y sus dientes afilados aparecieron ante nosotros. Su aliento cálido y apestoso a carne nos llegó al instante y cerré los ojos ladeando la cabeza hacia el otro lado. Izzy volvió a arrastrarme con él, esta vez hasta el suelo y reptamos por él, las hojas podridas no me facilitaba para nada el trabajo. El dinosaurio rugió al vernos cuando rodeo el árbol y finalmente dio con nosotros en el suelo. Sus ojos azules nos comieron primero y abrió la boca para comenzar a repartir dentelladas.

Grité y como pude me levanté el suelo. A tropezones, Izzy lo logró y me tomó de la mano para echarnos a correr. Las pisabas retumbantes del dinosaurio comenzaron su palpitar, primero calmado y luego parecía que estaba pisándonos los talones. Mordiendo el aire que nos rosaba.

De pronto, Izzy se detuvo y choqué contra él. Un segundo dinosaurio rojo se alzaba frente a nosotros y los dientes afilados nos rodeaban. Uno para cada uno, pensé.

—Crece, Palmon —supliqué pero ella no entendió. Miraba atentamente hacia el primer reptil rojizo.

El segundo dinosaurio abrió su boca para tragarse a Izzy pero un tercer rugido nos alertó. Pisadas rápidas y enormes se dirigían a alta velocidad hacia nosotros. Una boca anaranjada cerró las fauces del rojizo y se interpuso entre nosotros.

—¿Agumon? —me dije y retrocedimos. Tres grandes dinosaurios repartían mordiscos entre sí, los rojizos más pequeños contra el gran anaranjado. Uno se le abalanzó por el costado, cerrando su boca entre sus costillas y el otro lo mordisqueaba en uno de sus enormes cuernos café. Agumon derribó al que tenía enfrente y siguió por el que tenía en las costillas. Gruñeron y se embistieron.

Izzy me tomó de la mano y corrimos por donde salió el dinosaurio naranjo.

—Les dije que volvieran al Centro Abandonado —resopló Tai cuando lo encontramos.


Se que el capítulo quedó corto, pero es lo que pensé y déjenme decirles que ya estoy volviendo a pensar en esta historia y pronto tendré más imaginación para volcar en ella :D Me encantó cómo está desarrollado el cap y fue entretenido escribirlo.

Gracias a mis queridxs: Asondomar, SoraTakenouchii, CieloCriss, Gypsy Unicorn, Sopho, kazeminami, mimi weasley, May-chi y dos veces Digific. Woo, tantos adeptos xD ¡Muchos besos y mil disculpas!

Y una cosa más, ¿nadie notó que el "científico mutante" que atacó a Mimi en el cap 9 era nada más y nada menos que Centarumon? Atacó a Mimi y a Izzy en el laberinto y ese lado del Centro Abandonado, cruzando el conducto, era una versión loca del mismo laberinto. Jaja, quizás nadie lo notó :(