Buen domingo:

Luego e varios meses, dejo por aquí un nuevo capítulo. Espero que lo lean y lo disfruten

Muchos saludos

Yaem Gy.

Capítulo 5: Compartida maldición

Voldemort salió del gran comedor y casi todos salieron detrás de él alabándolo y saltando a su alrededor como monos a la espera de la recompensa. Casi todos, menos cinco.

Lucius se levantó pesadamente y cuando Narcissa quiso tomar su mano él la retiró en un brusco gesto. Ella, al quedar con la mano en el aire, solo atinó a tomársela con la otra y volvió a bajarlas esperando que todos la dejaran sola. Su hijo cambió de lugar y, sentándose en el lugar recientemente ocupado por su padre, tomó con las suyas las manos de su madre.

Está alterado y herido… compréndelo- Le susurró para luego besarle la mejilla.

Bella escena familiar- escucharon una odiosa voz- Pero creo que su belleza sería mejor recibida en el gran salón junto a su hermana mi querida Narcissa.

Si usted no lo ha notado, Yaxley, es mi hermana quién ahora dirige esta casa. Yo no soy necesaria- Y diciendo esto la bella mujer se levantó de su asiento y seguida por la protectora presencia de Draco intentó retirarse a su habitación.

Tenemos una conversación pendiente, Draco- Se escuchó la otra voz que el chico odiaba- Hay cosas que debemos terminar de aclarar.

Draco miró a la cara a su ex maestro de pociones, quién se había escusado de acompañar al oscuro mago, y lanzándole su mejor mirada de desprecio se volteó para seguir los pasos de su madre.

Snape caminó el poco espacio que los separaba y tomó al muchacho fuertemente del brazo. Yaxley a mirar la escena sonrió placenteramente y con mayor rapidez aún esquivó a ambos para alcanzar a la señora Malfoy que ya avanzaba por el pasillo.

Tenemos que hablar.

Déjame, ¿No ves que ese condenado quiere molestar a mi madre?

Narcissa sabe defenderse. Es una Black y los Black se caracterizan por ser indomables. Sirius Black era imposible de controlar.

No quiero saber de ti. ¿Qué? ¿Quieres que te bese los pies por qué me salvaste el trasero? Hubiera preferido morir en esa torre que vivir lo que ahora vivo.

Sigues comportándote como un niño… Aún no ves la gravedad del asunto.

La veo mejor de lo que crees. Veo que este mundo se cae a pedazos y que no puedo hacer nada para impedirlo. Pero tú en cambio no podías estar mejor. Vaya, te sentaste a la diestra del amo. Debes sentirte muy honrado.

Mira muchacho, la posición en la que me encuentro no es para vanagloriarme, pero es necesaria para cumplir mi cometido.

Sí, el honorable cometido de matar a Harry Potter. Muy honorable matar a un chico que aún no alcanza la mayoría de edad. Tú y ese maldito no tienen moral. Mientras tú mataste a un anciano, él intenta aún matar a un niño.

Cuando estemos en terreno seguro podrás despotricar todo lo que quieras, pero ahora no. Aún no. Lo que quiero decirte es que ambos volveremos a Hogwarts. Ya casi he conseguido que el Innombrable me designe Nuevo Director apenas Grimgeor sea derrotado. Y los dos retornaremos. Es necesario.

Draco le miró con estupefacción. El volver a Hogwarts era algo que el muchacho no tenía previsto. Después de todo lo sucedido era inconcebible que el volviera a aquel lugar vistiendo un uniforme que ya le sentaba ridículo, Volver a estudiar era una tontería.

¿Volver? ¡Nos podemos volver! Ni tú ni yo. Estamos marcados. Ambos abrimos la puerta del infierno.

Y te gustaría intentar cerrarla ¿cierto?- le dijo Snape al oído- Ya tengo todo casi listo. Ambos volveremos y te entrenarás como corresponde. Necesitas aprender todo lo que puedas en muy poco tiempo. Potter y Weasley te llevan ventaja.

No volveré. No para aprender a matar.

Lo harás. ¿O prefieres seguir disfrutando la compañía del Innombrable? Yo preferiría alejarme de su presencia.

No puedo volver Snape. Ella… ella no me perdonará…

Eres un cobarde, te asustas por lo que pueda decir una chica.

¿Cómo lo podrías tú comprender? Tienes el corazón seco y peludo. Nunca has sabido lo que es amar y lo que duele que quién amas te desprecie por ser un miserable. Por ser un traidor.

Snape le miró largamente. Luego le soltó el brazo y se arregló la capa. Caminó hasta la puerta y se volteó para mirar al muchacho por última vez antes de marcharse.

El 1 de Septiembre quiero que tengas tu baúl listo. Tomarás el último curso y aprenderás a matar si es necesario. La Guerra ya comenzó chiquillo. Quizás más pronto de lo que crees seas uno más de los combatientes.

Snape le dejó en medio del Comedor y por un par de minutos Draco quedó sumergido en las palabras de Severus. Él no quería ser parte de esa Guerra. No quería pelear en contra del cara rajada, ni siquiera en contra de la Comadreja; mucho menos en contra de ella. Porque si de algo estaba seguro era que llegado el momento, Hermione estaría peleando codo a codo al lado de Potter.

No quiero… no quiero- susurró- No en tu contra.

De pronto un sonido seco se escuchó de entre los pasillos y el muchacho despertó del trance recordando que su madre estaba a merced de un mal nacido. Corrió rápidamente y tropezó de lleno con un Yaxley rojo de furia que cojeaba y se frotaba la cabeza y el brazo derecho.

¡Muévete mocoso!- Le gritó empujándolo sin miramientos- ¡Todos ustedes son iguales! ¡Ni siquiera la deshonra los amilana!

¡¿Que le hiciste a mi madre?!- pregunto él con la varita en la mano

Para mi mala suerte, la estúpida no se deja hacer nada. Es inaudito seguir fiel a ese remedo que es tu padre. Yo ahora tengo el poder que él se pavoneaba ¡Ella debería complacerme en vez de atacarme!

Draco bajó la varita y sonrió de oreja a oreja. Snape tenía razón. "Narcissa sabe defenderse. Es una Black y los Black se caracterizan por ser indomables"

Bueno, ahora te ha quedado claro en donde están las lealtades de mi madre.

Esas lealtades la hundirán. A ella, a ti y a tu dichoso papito- Yaxley se arregló la túnica- Ella prefirió ser humillada a convertirse en mi reina. A Yaxley eso no se le hace. Te aseguro que su arrogancia la pagará muy cara… y tú recibirás el castigo- Apartó al muchacho y rengueando se escurrió por una de las puertas.

Draco se puso en marcha nuevamente y al doblar una esquina encontró a Lucius dándole la espalda a su esposa mientras ella le tenía tomado de ambas muñecas.

Lucius, háblame por favor.

Eres estúpida mujer. Yaxley te ofrecía la salvación.

Yo no quiero ir con él.

Tú nunca quieres hacer lo que te obligan…

No podría soportar que él me tocara. No podría Lucius.

¿Tanto como no soportabas que yo lo hiciera?- diciendo esto el mago dio la vuelta- Nada te ata a mí, mujer, si es eso lo que te atormenta. Solo el muchacho nos une y para colmo en tu soberbia en rechazar al desgraciado ese, lo pusiste en su mira.

Lucius…

Nada es suficiente para ti. Ningún hombre puede llenar tus expectativas. Ni el dinero ni el poder. Nada. Pues, te digo que aquí solo encontrarás humillación…

No dig…- mientras intentaba terminar la frase, Narcissa intentó acariciar el rostro de su marido.

No- y dicho esto Lucius apartó su mano-. Ahora soy yo el que no soporta que me puedes estar satisfecha. Puedes regocijarte de mi desgracia. Ya no soy nada, hasta mi varita la he perdido…

Lucius…

Solo termina de irte de mi vida. Eres libre, mujer. Déjame en paz.

Draco vio como su padre se alejaba casi tambaleante. Le siguió con la mirada y sintió una infinita tristeza. El mundo de Lucius Malfoy se desmoronaba y él mismo lanzaba por la borda el último pilar que aún lo sostenía. Pero no pudo seguir cavilando sobre aquello, pues con alarma vio como su madre iba resbalando por el muro. Sus movimientos fueron rápidos por lo cual Narcissa no llegó a tocar el suelo.

Madre.

No puede…no puede después de tantos años… no puede echarme de su vida.

Draco la sentó en el suelo y le tomó las manos. Las tenía frías y temblorosas. Narcissa le miró a los ojos y el muchacho supo que lo que ella buscaba era encontrar a Lucius en él.

Me obligó a amarlo… yo no quería… me obligó a sus caricias… y yo me resistía…-lloraba- . Y me fui convirtiendo en un pájaro que se acostumbró a su jaula. Un pájaro que odió a su carcelero… pero que ahora no puede vivir sin su cuidado- y su llanto se incrementó.

¿Qué dices, Narcissa?- Draco se sintió alterado.

El ya no me ama… ni mi nombre quiere pronunciar… me dice mujer, con rabia. Ya no me mira. Ya solo puedo ver sus ojos al ver los tuyos.

Madre…

No quiso dejarme en libertad en años… y ahora… justo ahora me abre la jaula y quiere echarme de su vida; justo ahora… justo ahora que no puedo vivir si él-gimió

¿Le amas?

Te amo a ti… y tú eres él.

El joven le tomó del mentón y la obligó a mirarlo.

Mírame, Narcissa Malfoy ¿Le amas?

Sí- sollozo la madre-. Cuando empezó a dejarme sola, cuando ya no me buscó más, me di cuenta que comenzaba a extrañarlo. De pronto una tarde dejó de mirarme con esa pasión que siempre sus ojos le delataban, y un miedo empezó a crecer en mi pecho. Ya no quiso dormir más en nuestra habitación y solo me hablaba cuando era necesario. Ya no volvió a tomar mi mano y robarme un beso, pero yo pensé que era por todo lo que estaba pasando; que estaba asustado y nervioso… y luego pasó lo del ministerio y Azkaban… Solo me escribía para saber si estabas cumpliendo tu misión. Sus cartas nunca hablaban de él ni preguntaban por mí; y cuando llegó, salí a su encuentro y me esquivó y vino directamente hasta ti. Y ahora, ahora me dice que me quiere lejos de él… y… yo le amo.

Demonios- susurró el chico- , ¿Por qué? ¿Por qué tenemos que vivir esta maldición? ¿Por qué tenemos que sufrir tanto por amar, madre? Yo no quiero verte así. No quiero verlo amargado a él.

estamos condenados, hijo mío… No sabemos cómo amar.

Yo si sé amar, madre. Mi gorrión me enseño; y yo te voy a enseñar-Narcissa lo miró como si se mirara a un loco- .Tienes que decirle lo que sientes. Tienes que decirle que lo amas.

Ya es muy tarde cariño.

No… nunca es tarde, madre. Si lo amas siquiera la mitad de cómo yo la amo a ella, entonces aún nos queda tiempo.

Vio los preparativos toda esa semana. Snape había proporcionado las coordenadas y se había seleccionado a los perseguidores. Draco observaba como se entrenaban y como hasta el mismísimo Innombrable participaba de cada detalle del plan. Ese sábado, antes de las diez de la noche, un escuadrón de Mortífagos daría caza a Harry Potter apenas cruzara los encantamientos protectores que protegían su hogar.

Tanto aspaviento comenzó a atemorizar en demasía al Slytherin. Era tanta la envergadura de ataque que Potter no tenía salvación y su escolta también estaba sentenciada.

Draco sintió esa sensación de terror cuando vio llegar a Severus la mañana del ataque. Su corazón le gritaba que hiciera lo que fuera por salir de la mansión y que estuviera en el lugar. Pero el anillo nada le anticipaba. Solo se sentía ese calorcito débil que ya había descubierto que era más intenso si giraba su mano al sur.

Gorrión, te lo ruego, ponte el Dije… déjame saber que estas bien. Déjame saber que no participarás de esta carnicería- Nada. El anillo no le mostraba nada.

Entonces decidió ofrecerse para tomar parte del ataque. Así mataría varios pájaros de una vez. Daría la impresión que quería congraciarse con su señor ofreciéndose como voluntario. También estaría en medio de la acción por si Hermione tenía la descabellada idea de escoltar a Harry. Así se convertiría en su escudo, si el imbécil de la comadreja no había podido controlarla. O, en el mejor de los casos, al ver que ella no estaba en peligro, intentaría escapar.

Practicó su mejor discurso persuasivo para intentar convencer a su señor, pero Draco no previó dos cosas. Primero, que Voldemort no estaba interesado en agregar más hombres y segundo que Snape alegara que era un chiquillo, y que lo que se necesitaba esa noche eran hombres. Voldemort le encontró toda la razón a su mano derecha y Draco prácticamente fue expulsado de la sala en donde los demás se preparaban.

Humillado, el muchacho solo sentía el constante latir de su corazón que no le dejaba en paz. ¿Qué podía hacer ahora? Esperar y rogar a Merlín que ella no estuviera con Potter.

La tarde le pareció eterna y al verse olvidado por todos, prefirió encerrarse en su cuarto, mirando el atardecer.

Todo parecía inquietamente calmado a su alrededor. No había ruido y ni su madre había ido a verlo. Vanamente intentaba convencerse que ella no estaría allí con el pelinegro, que esta era una misión demasiado importante como para que le permitieran acompañarlo, y ya casi estaba tranquilo cuando algo sorpresivo ocurrió. El anillo de un momento a otro dejó de emitir calor. Hermione se había separado del Dije.

Solo bastó eso para que el pecho del muchacho se comprimiera y retumbara por el cabalgar aterrado del corazón. Peor se sintió cuando al asomarse por la ventana, viera que la comitiva se elevaba en sus escobas para cumplir con el encargo.

Un silencio pesado y frenético cayó sobre la casona y Draco se encogió de piernas recostado en la gran cama. Se abrazó a sus piernas y apretaba el inerte anillo que ya nada le decía sobre ella.

Condenado Snape, otra vez me quita la oportunidad de hacer algo. Yo tendría que estar allí.

Escondió la cabeza detrás de los brazos y se quedó inmóvil, esperando. ¿Esperando que? ¿La muerte de Potter y el ascenso del terror?… ¿el milagro de que Potter se salvara? No, esperando realmente que el Dije volviera a dar calor.

Fueron dos horas eternas en las que el muchacho solo atinaba a abrazarse a sí mismo. Dos horas que le destruyeron los nervios y le consumieron las energías. A las Doce de la noche Draco estaba despeinado, sudoroso y demasiado pálido. La oscuridad lo cubría por completo. El calor del verano no llegaba a sus huesos. Una y otra vez miraba el inanimado objeto y suplicaba.

Y de pronto… el calor volvió. Draco lo percibió como una pequeña corriente que recorría su brazo derecho y le cruzaba el pecho hasta dar un golpecito en su corazón. Ella había vuelto al Dije. Ella estaba viva.

De inmediato se levantó de la cama y movió su mano hacia los cuatro puntos cardinales para saber en donde se encontraba.

Seguía en el sur. De seguro en el mismo escondite. Pero Draco no conseguía entender por qué la chica se había alejado tanto del Dije. Puso su mano sobre el pecho y la abrazó con la otra.

Regresaste, gorrión… regresaste.

Pero no pudo disfrutar mucho de su alivio, pues de pronto toda a mansión retumbaba y crujía. Miró otra vez por la ventana y descubrió que los atacantes retronaban. Entre ellos… su tía.

Salió de la habitación y corrió por los pasillos hasta llegar al saloncito favorito de su tía. Allí ya estaba su madre y Bella lanzaba hechizos a jarrones y ventanas, enfurecida.

¡Maldita mocosa! ¡Maldita, mil veces maldita!- y un silloncito saltó por los cielos

Por favor Bella… intenta calmarte.

¡Calmarme! ¡¿Qué no me escuchas, Cissy?! ¡La malnacida se escapó! ¡Se Escapó!

-¡Pero mi casa no tiene la culpa!

¡Al demonio tu casa! ¡En vez de preocuparte por eso deberías estar tan furiosa como yo! ¡La hija de Andrómeda sigue con vida! ¡Y sigue revolcándose con un asqueroso lobo!

-Pero no entiendo ¿Cómo la chica se te pudo haber escapado? Tú eres una Mortífaga implacable.

La perra sabe usar la varita… Hirió a Rodophus

Es lógico, es una auror. Potter estuvo rodeado de los mejores de seguro.

Bellatrix echaba chispas de los ojos. Draco por un momento temió que le lanzara un hechizo a su madre por decir tal cosa, pero la morena solo atinó a tomar una botella de licor, la cual lanzó por la ventana.

Esa desgraciada. Maldita zorra. Te juro Cissy que no volverá a escapar. No dejaré que siga deshonrando el noble apellido de los Black.

¿Y qué pasó con Potter? ¿Lo atraparon?

No. Los muy imbéciles usaron señuelos ¡Señuelos! De esa casa de muggles salieron siete Potters. Debieron tomar poción mutijugos. Todos vestían igual.

¿Siete?- preguntó Narcissa asombrada.

Sí, lo tenían muy bien planeado. Cada Potter llevó una escolta. La hija de Andrómeda era una de ellos. Y el maldito sabía usar la escoba. Sí. Se escurría como el agua. condenado muchacho.

Draco se aproximó más al resquicio de la puerta. Quería que Bella relatara todo con detalles.

Cuatro los persiguieron. Rodophus entre ellos. Y esquivaron todos los tiros. Pronto me percaté que ella estaba en esa escoba y volé rauda para alcanzarlos. En el intertanto el desgraciado burló a dos de los nuestros que chocaron entre ellos y cayeron. Fue allí donde les alcancé. Éramos tres contra dos y yo solo la atacaba a ella. Pronto mi marido apuntó al mismo objetivo que yo. ¡Pero el condenado nos esquivaba y la protegía! Yo estaba furiosa. Yo… yo estaba segura que ese era Potter.

Me dije, fantástico Bella, matarás dos pájaros de un tiro. Aniquilarás a la mestiza y le entregarás el botín a tu señor. Era tan lógico que ese era Potter ¡defendía con saña a esa!

Draco imaginó lucha. Casi podía ver a Harry contestando a todos los tiros y poniéndose en frente para proteger la vida de Nynphadora. De seguro el cara rajada sabía que a él solo le podía matar el señor tenebroso y se ponía como escudo humano para salvar a su escolta de la locura de Bella.

¡Ahhhh!- grito llena de odio la mortífaga- Ese idiota maniobraba la escoba con tanta precisión que nunca dudé. Y cuando el Amo llegó y le apuntó con la varita casi salté de mi escoba del puro gusto. Todo estaba saliendo perfecto. El Amo tendría a Potter y yo mi venganza. Pero no. Ese no era Potter.

¿Y cómo lo supiste? ¿Quién era?

La estúpida de Nynphadora lo llamó por su nombre en el preciso instante en que mi señor iba a disparar. La tarada le descubrió- ella hijo una breve pausa. .Era el hijo de Weasley. Era uno de esos pobretones pelirrojos. Yaxley me dijo que Arthur y otro de sus bastardos eran escoltas ¡quizás todos los hijos de la comadreja eran Potter falsos!

El pecho de Draco volvió a saltar desaforadamente. Los Weasley en pleno quizás habían participado de esa escaramuza. El rubio se apegó más a la pared.

¡Ron! ¡Muévete a la izquierda! Chilló la desgraciada. ¡Ron! ¡Muévete a la izquierda!- dijo la mortífaga haciendo un ademán burlesco- Con eso lo desenmascaró… y mi Señor rugió de furia.

Ron… Ron Weasley había estado allí. Se había transformado en Harry. El hielo se apoderó de Draco y las manos le temblaron.

Y entonces la respuesta al repentino alejamiento de Hermione del Dije llegó a su cerebro. Ella, Ron y otros si habían participado del traslado del elegido. Ella había sido quizás una escota… o peor… pudo ser uno de los falsos Potter.

Esos dos escapaban como locos. Yo siempre iba detrás pero el pobretón me esquivaba. El maldito disparó a Dolohov justo en el rostro. Casi lo mata. Mientras ella le disparó a Rodolphus en el pecho. Al final terminé persiguiéndolos sola. Estaba a solo unos metros… unos pocos metros… ¡pero el malnacido aceleró la escoba y traspasaron el escudo que protegía su escondite! Y cuando volvieron a salir ese infeliz se burló de mi… ¡Me engaño! ¡Volvieron a acelerar su escoba hasta que ya no los pude alcanzar… ¡se me escaparon los dos!

El Slytherin aspiró el aire profundamente. Se incorporó y salió de allí de prisa. Subió los escalones de dos en dos y a grandes zancadas se enclaustró en su cuarto. Cuando se quedó inmóvil cayó sobre la cama y se abrazó a la almohada. El pecho subía y bajaba dolorosamente y los nervios le estremecían el cuerpo sin control.

Condenada Comadreja ¡Voy a matarte! ¡Te estrangularé como a un muggle! ¿Cómo dejaste que ella se arriesgara así? ¡Inepto! ¡Inútil!- mascullaba mientras se descargaba con la almohada- ¡Me juraste que no la dejarías sola! ¡Y estabas arriesgando tu trasero lejos de ella!-La almohada saltó lejos- ¡¿Eres imbécil?! Si algo te pasa… ¿Quién la cuidará?

Estaba furioso y asustado. Sabía que Hermione era lo suficientemente voluntariosa como para salírsele de las manos a la comadreja. Estaba seguro que el Gryffindor no había podido controlarla. Eso tenía que terminar.

Espero que ahora que Potter está con ellos, él si pueda dominarla. O que lo hagan entre los dos. Ella no puede seguir arriesgándose. La matarán sin demora si llega a caer en manos de cualquiera de estos mortífagos. Ella no puede seguir a lado de ellos. No al lado de Potter.

Pero en su fuero interno, Draco Malfoy sabía que la mujer que amaba era ingobernable. Tan indomable como lo había sido siempre su madre. Y sabía que la chica haría su voluntad aunque la comadreja la amarrara. Así era ella. Decidida, valiente, arrebatada. Altiva como una sangre pura. Fiera como lo que era, una leona. Así le había conocido, así la había enfrentado por años. Así la amaba con adoración.

Mujeres tercas, indomables y hermosas. Nos hacen perder la cabeza. Nos hacen amarlas y desearlas al extremo de la locura. Son la maldición de los Malfoy- se dijo mirando al techo.

Y esta maldición es compartida. Porque Weasley y yo compartimos la misma locura por ella.