Con ese salto lleno de decisión de Ladybug, la batalla comenzó. La heroína se encontró con su rival, la cual no dudo en atacar a sangre fría a la joven del yo-yo. Rose se iba defendiendo con sus rosas. La batalla entre las chicas era intensa pero ninguna iba a ceder ante la otra.
-Protegeré a mi amor - dijo Rose acariciando sus rosas delicadamente. Matando a su rival con su mirada oscura por la rabia. Esta aun así no perdía su belleza.
-Salvare a Adrien. Es una promesa - le respondió con toda su alma al mismo tiempo, que apretaba su yo-yo. Preparada para deshacerse de ella.
Mientras, Royal-P ya creía pillar el truco a su nueva apariencia, la cual le había sido poco oportuna. Entonces un ruido retumbo en sus oídos y se extendió por toda la sala, era el rugido de la Bestia akumatizada, Adrien Agreste, quien al ver a su amada ser atacada por Ladybug se lanzó al rescate. Nuestro héroe sabía que no tenía tiempo, tenía que actuar. Empezó a patinar hacia el monstruoso akuma. Lo bueno es que esos patines le deban ventaja en la velocidad, y fácilmente llamo su atención al colisionar con él, para desviar su ataque de la pelinegra. El golpe los empujo afuera, atravesando la ventana. Los dos se volvieron a levantar inmediatamente. Sus miradas se cruzaron, la mirada que le dirigió Adrien le puso los pelos de punta. Lo veía analizarlo mientras se preparaba a saltar sobre él, cual cazador por su presa. Ese violín tenía que servir para algo, pues ese era el momento de averiguarlo. Cruzo los dedos y empezó a tocarlo. Rezando porque tuviera razón. De este empezó a salir una suave melodía dulce e hipnótica que hizo que su enemigo se tapara los oídos mientras iba agitando su cabeza. Nuestro protagonista se alegró al ver que (no sabía como) su plan estaba funcionando. Descubrió su nueva habilidad cuando vio al enemigo caer de rodillas contra el suelo.
-Por favor, escuchame... - dijo el akuma dolido entre gruñidos antes de dejar de moverse. El silencio resonó en la solitaria calle, la cual fue un segundo pero para él fue una eternidad. Se quedó tenso intentando saber que le hizo hasta que lo oyó roncar. Soltó un suspiro aliviado al saber que estaba bien. Antes de ir a ayudar a Ladybug cogió su capa y la enrollo de forma que Adrien quedara enrollado como un sushi. Asegurándose de que a este le fuera difícil escaparse de la improvisada trampa.
-Aguanta, señor Agreste, la ayuda pronto estará en camino.
Algo dentro de León le hacía sentirse inquieto mientras se alejaba de su compañero de clase. Pero no entendía que el que le provocaba ese sentimiento. Puede que fuera que se sintiera incomodo ante su compañero de clase. Quiere decir siempre se ha preguntado que hacia el Miraculous de Panya en la casa de los Agreste. Sea lo que sea era mejor ser cauteloso con Adrien. ¿Puede que Adrien supiera sobre Panya y sus poderes? ¿Cómo termino en sus manos? ¿Sabía que él era quien tenía el miraculous?...Muchas preguntas se le formaban cuando pensaba en ese tema. Pero en ese momento la prioridad era volver con Ladybug y derrotar al último akuma. Empezó a correr hacia el teatro. Maldita sea! Por el ruido que se escuchaba, la cosa estaba difícil dentro y encima Chat Noir no daba señales de vida.
-Espera León. Creo sentir alguien entre los arboles - le advirtió Panya.
-Panya, no tenemos tiempo. Hay que derrotar el akuma.
-Pero es que siento que es raro, desde hace rato la siento y hay algo en ella que me es familiar pero no sé de qué. Además, sea lo que sea parece ser que nos está observando - intentaba explicarle Panya.
-¿No sera Chat Noir?
-No, Por favor León, confía en mí.
El castaño al notar la preocupación del kwami no pudo ignorarlo. - Un vistazo rápido y volvemos - fue su respuesta. Era raro para él que Panya le pidiera algo. Si lo hacía es que debía ser algo verdaderamente importante. Lo que él no sabía es que iba en dirección hacia algo que podía ser mucho peor de lo que se había encontrado hasta ahora.
La coneja andaba absorta en sus pensamientos. Desde que su maestro le había pedido su nuevo encargo, para disgusto de ella, la recolección de sus amadas obras de arte quedo pausada. Dios, qué ganas tenia de volver a su rutina. Ya tenía desde hace tiempo echado el ojo a unos cuantos cuadros del Louvre cuya obtención ya había planeado. Lamentablemente, conocía lo suficiente al maestro Lepidóptero como para saber que les hace a los que no le toman en serio o no cumplían con sus tratos. También había visto demasiados compañeros suyos verse tan cegados por su codicia como para olvidar que ese poder que tienen gracias a él, también se lo puede arrebatar. Ese pensamiento le ponía las orejas de punta y le recorría un escalofrió. Bueno, actualmente puede que él tuviera poder sobre ella y lo necesitara, pero el día que encontrase la oportunidad o la forma de alejarse de aquel misterioso hombre, no se lo pensaría dos veces. Aunque fuera su creador eso no significaba que le agradara o importase. Ni mucho menos, aunque eso no quitaba que lo respetara. Su relación se basaba simplemente en que se usaran mutuamente. Él le daba su poder y le permitía en su tiempo libre hacer lo que quisiera sin aburridas restricciones morales. Ella al cambio estaba a sus órdenes para cualquier encargo que tuviera. Pero era mejor cuidarse de que este no averiguara lo que pasaba por la cabeza de la maga. No tenía ganas de que le lavara el cerebro. Además ya tenía bastantes dolores de cabeza entre el encargo y eso, que no tenía otro nombre que darle. Últimamente estaba esa molesta sensación, la cual empeoraba cada vez que se marchaba a descansar. Le recordaba al día que nació. Ese recuerdo lo tenía tan grabado y nítido en su mente, como si hubiera sido ayer…
Las emociones bullendo dentro de ella, acompañadas de ese pitido que aunque se tapara las orejas no paraba de retumbar dentro de ella haciéndole tanto daño que la hizo doblarse de dolor. No sabía que era, pero solo deseaba que se fuera. Estuvo así unos minutos que le parecieron eternos... hasta que lo escucho a él. Este tenía una voz que claramente no le inspiraba confianza, pero para su sorpresa el dolor disminuía progresivamente conforme lo escuchaba. Incluso se empezó a sentir poderosa. Esa misteriosa voz se presentó como su creador el cual vio en la chica potencial para poder cumplir todo lo que ella deseara. Solo al cambio le pedía como pago que estuviera a su servicio. La verdad, no quería trabajar para nadie, pero sabía que no podría encontrar negocio mejor que ese. Por lo menos temporalmente. Desde ese día fue haciendo extraños encargos para el maestro. Ganándose su confianza poco a poco.
Pero no era momento a ponerse a mirar al pasado como un anciano rememorando sus batallitas. Era mejor centrarse en su nuevo objetivo, el cual, a diferencia de sus queridos cuadros iba ser más difícil de capturar y eso que no contaba con los miraculous de este grupito de superhéroes. Su primer plan era de arrebatárselos cuando se detransformaran. Pero pasaron semanas, y no había forma. Estos eran muy precavidos cuando lo hacían. Por eso supo que tenía que hacer que se separaran. Sabía que con los tres no podría pero de uno en uno, tendría una pequeña posibilidad de vencerles. Por eso desde las sombras fue intentando crear pequeñas discordias. Y le salió demasiado bien. Quien diría que el gatito caería fácilmente en la trampa de las anillas mágicas. O peor aún que la santa de Ladybug sería tan cruel e injusta con su compañero. Incluso le llego a dar pena. Cuando vio eso la verdad se sorprendió bastante aunque no sabía decir que le hizo sorprenderse tanto como para que el novato se quedara con la mirada fija en su dirección.
Se escondió por los pelos. Maldición, ¿es que ese pavo no bajaba la guardia ni un segundo? Después del incidente procuró estar lejos de ellos, para completar la última parte de su plan. Esta, la verdad, fue tan fácil que casi le provoco un bostezo. Capturar dos mariposas del maestro a sus espaldas guardarlas en su sombrero. Colocar una serie de trampas distintas (ella los llamaba "trucos de magia") por la sala disimuladamente y hacerlas estallar en un ensayo de un teatro. Ahora solo tenía que esperar a que sus tres voluntarios aparecieran para que pudiera empezar su actuación. Estuvo escondida viendo como estos daban todo en la pelea. Era raro pero el gato aún no había aparecido, pero mejor para ella. Vio como Royal-P empezaba a ir hacia el teatro. Este tenía una apariencia distinta. Esto se salía demasiado del guion y eso no le gustaba. Ella había analizado las habilidades del antiguo Royal-P, pero esta era desconocida para ella. Y la cosa aun podía empeorar. Royal-P se quedó quieto en silencio ¿Qué demonios estaba haciendo? Lo vio girar en dirección a ella y empezar a caminar. Tenía que hacer algo o su plan se iría al traste. Sabía que el castaño a diferencia del resto no tenía un patrón muy definido. Aunque, tendría que rezar por que su poca experiencia le diera una ventaja. Saco un pañuelo de su manga y lo lanzo haciendo distraerse al chico para poder tirar unas pelotas de humo. Hacerlo le dió la oportunidad de poder atraparle con su cuerda antes de que corriera.
-¡No lo hagas!- no supo decir de donde vino el grito solo que el dolor había vuelto. Y no recordaba ninguna vez que le hubiera dolido tanto. Vio como el humo se difuminaba y la voz seguía hablando.
-Te estás haciendo daño a ti misma. Tienes que dejar de escucharle. Eres más que todo esto.
Tenía que hacerla callar. Intento ignorarla, si se centraba en esa voz sabía que iría a más y no se lo podía permitir.
-¿Quien anda ahí?- preguntó el héroe azul mientras se tapaba la nariz y boca con su guante buscando tanto a su enemigo como una salida a la trampa de humo. La coneja sabía que no tenía remedio. Salió poniéndose una máscara convincente de arrogancia mientras salía de entre el humo y lo saludaba teatralmente.
-¿Hay un tercer akuma?- Se preguntaba a si mismo incrédulo.
-Oh, que grosero, así no se le habla a una señorita. Para tu información mi nombre es Miss Kaito...
-¿Que quieres?- le interrumpió desafiante. La verdad, era una akuma muy extraña. Parece ser que había permanecido escondida todo este tiempo. No sabía el qué, pero sentía que si le quitaba los ojos de encima, la perdería de vista. Aunque la verdad se sentía muy cansado. Y sabía que eso significaba que Panya no tardaría en agotar su energía volviendo a estar León frente al enemigo, pero solo.
-Normalmente te diría que son secretos de oficio, pero es estúpido ocultártelo cuando pronto vas a ver lo que quiero. Pero en resumen, quiero vuestros miraculous y a ti - le dijo guiñándole un ojo mientras lo señalaba.
-Lo siento, pero no me interesan las lobas con piel de conejo. - le respondió mientras daba pequeños pasos atrás.
Esta solo frunció el ceño furiosa.
-No te lo creas tanto, pavito. Solo eres un trabajo. Pero basta de cháchara, mi cliente dice que quiere algo lo robaste de vuelta...un accesorio. ¿Te suena de algo?
Royal-P se quedó de piedra al ver que esa muchacha sabia sobre Panya y él. De un salto la chica llego hasta él, pero este pudo defenderse con sus patines de la patada. Los dos empezaron a atacarse con ímpetu. La cosa estaba muy igualada. Sabían que no aguantarían mucho, pero se negaban a irse sin cumplir su trabajo.
-No sé de qué me hablas, pero no pienso dejarte escapar de aquí, liebrecilla - empezó a hacer sonar el violín mientras esquivaba las cartas afiladas.
-No te hagas el inocente, sabes perfectamente de lo que hablo. Además, eres un hipócrita al decir eso cuando ese poder lo has conseguido con un método que tu críticas. Yo como mínimo tengo la decencia de avisar antes de hacerlo y no por la espalda a traición - atacaba a Royal-P tanto física como psíquicamente mientras Royal-P perdía más terreno cada vez. Necesitaba encontrar una apertura y para eso tenía que conseguir alterarla… y ya sabía cómo.
-¿Dices eso pero solo eres una marioneta más de Lepidóptero? ¿En serio crees que todo esto termina contigo saliéndote con la tuya? Sabes que cuando tenga lo que desea te desechara igual que ha hecho con el resto y si fallas te seguirá tirando a la basura.
Empezó a provocarla lo cual funcionaba muy bien, y dejó una apertura que supo aprovechar. Cogió una tira de pañuelos y con sus patines empezó a dar vueltas hasta que ella quedo atrapada con su propia arma. Y se acercabó a ella para que no escapara. Extrañamente se le veía tranquila.
-Ahora me vas a decir quien es tu jefe - le ordeno muy serio.
-¿Sabes que los magos podemos ver el futuro? - le hablaba como si no le hubiera escuchado. Mientras ,cierra los ojos y respira profundamente
-Responde a la pregunta - pero ella no dice nada y se mantiene quieta.
-Por ejemplo… veo veo tu futuro...una explosión. Parece que viene del teatro. Pero cuando llegas, ves cómo crecen las rosas por toda la sala, las cuales tienen a una Ladybug sangrando mientras se le clavan las espinas. Y no solo a ella sino también a los actores que había en la sala. Parece tan doloroso - termina de explicar muy seria para abrir los ojos con una sonrisa en su rostro.
Leon Fue a decir lo patético que era ese intento desesperado de confundirlo. Cuando escuchó...una explosión. Venia de sus espaldas pero tras el solo podía haber...el teatro. Una pequeña parte dentro de él estaba preocupado por sus compañeros.
-Sabes, una cosa curiosa del destino es que depende de tus acciones que se cumpla o cambie. Asi que gran héroe, dime... ¿Vas a enfrentar a tu destino o lo seguirás como un corderito que va al matadero?
Royal-P la fulmino con la mirada. Hasta que se giró y salió corriendo. Cuando estuvo lo suficientemente lejos, sacó la daga de la manga y cortó los pañuelos. Cogió su sombrero para colocárselo bien e intentar poner el peso del pie sobre una pierna para no hacerse más daño en hay que tener un plan de escape para emergencias pero para cuando él vuelva ella ya estará bien lejos.
"Aunque tengo que admitir que ha sido una caja de sorpresas. Hacía tiempo que no me sentía que hacia algo tan emocionante. Hoy tendrás tregua pero la próxima vez que te encuentre no tendré piedad contigo"
