Royal-P se dirigió al auditorio dando zancadas en el aire. Esa maldita coneja… ¿de verdad se cree que puede decirme cual es mi futuro? Algún día me haré con ella una paella… En el fondo, Royal-P sabía más acerca del destino de lo que él quería admitir. Al fin y al cabo, había cruzado medio mundo, abandonado a su familia, a sus amigos, al amor de su vida… todo por seguir la voz en su cabeza. Aquella que decía que en París le esperaba algo más grande, más incluso que la amistad o el amor. Aquella voz le dio instrucciones detalladas de cómo hacerse con el broche que lo había escogido desde el primer momento en que Leon abrió los ojos al mundo. Cuando lo tuvo en sus manos, la voz tomó la forma física de un ser. Un ser llamado Panya.

"Yo jamás lucharé contra mi destino" se juró a sí mismo entonces "Pero mi destino no lo decide nadie más que yo"

Las puertas del auditorio se abrieron de golpe, dando lugar a una pared de zarzas. Los gritos de terror de los rehenes se escuchaban al otro lado. Aquel era el momento perfecto para realizar un pequeño truco que había perfeccionado con su entrenamiento. Arrancó lo que parecía ser una pluma de escarcha de su capa y le susurró durante un par de minutos. Tras explicar detalladamente su plan, dejó que la pluma, convertida en una mota de luz, se colara entre las espinas y llegara a los oídos de Ladybug, repitiéndole el mensaje como un secreto guardado entre buenos amigos.

En el escenario, Bella y Bestia se abrazaban con tristeza.

-¿Por qué no nos dejan estar juntos, Bella?

-Oh, Bestia. Deberían entender que el eco de nuestros nombres suena al amor más eterno.

-Em… no lo discuto, tortolitos – dijo Chloe – Pero se supone que esa iba a ser yo!

-Tiene razón, Bella – dijo Ladybug, viendo la oportunidad perfecta para poner el plan en marcha – Tu no vales para este papel, deberías haber sido la suplente y Chloe la protagonista.

-Eso! ¿Lo ves? Ladybug me apoya, ¿aunque quien no? Por algo soy la mejor de todas las aquí presentes para mi Adriencito…

Bestia gruñó con ira, pero Bella le detuvo con un gesto. Ella misma quería encargarse de Chloe. Con un chasquido de sus dedos, acudieron a ella todas las espinas, lo que según el plan, abrió el paso a Royal-P. Se miraron, y el vínculo de confianza entre ellos se restableció de repente.

-Yo me ocupo de Bella – dijo Ladybug – Te dejo a Adrian. No… no creo que sea capaz de luchar contra él.

-Tranquila – le sonrió su compañero – Por todos es sabido que la música amansa a las fieras.

Bestia se lanzó hacia él, haciendo aparecer unas garras. Royal- P se limitó a sacar su violín con agilidad mientras corría hacia su objetivo. Chocaron en una onda de blanco y negro.

Ladybug, por su parte, se quedó mirando las tijeras que su Lucky Charm había invocado. Se limitó a lanzarlas como boomerangs hacia las zarzas, abriendo su camino hacia la princesa egoísta. Trató de imitar los movimientos que había visto de Chat Noir en otras ocasiones, utilizándolas también como garras, y le resultó más sencillo.

"Chat Noir… Creo que le debo una disculpa…"

Con movimientos ágiles, Bestia y Royal-P se bañaban en la luz de los focos mientras intentaban alcanzar al otro.

"Mierda" pensaba Royal-P mientras blandía el arco de su violín "Parece que no soy el único bueno aquí con la esgrima"

Utilizó entonces un movimiento espadachín arriesgado, en el que lanzas todo tu cuerpo contra el oponente, de manera que el golpe es letal. No obstante, si se falla, te deja desarmado, indefenso e incapaz de reaccionar ante el ataque del enemigo. Chat Noir… esquivó con maestría el arco, que impactó contra el suelo, y justo cuando creía estar a salvo…

El espantoso crujido sonó a lo ancho del escenario. Todos aguantaron un grito de compasión por Bestia. Debe de doler que lo aticen a uno en la cabeza con un violín.

-Os dije que la música amansa a las fieras…

-Royal-P! Te dije que lo salvaras, no que lo dejaras tonto! – se quejó Ladybug, quien ya había apresado a Bella - Ya no harás más daño, pequeño akuma! Yo… nosotros… te liberamos del mal!

(...)

Una semana después, los aplausos del público ensordecieron a los agradecidos actores. Marinette, Leon y todos los demás que trabajaban entre bastidores salieron también a saludar.

-Me encanta este traje, Marinette – le sonrió Adrien – Es tan cómodo, casi parece hecho para luchar.

"Si tu supieras…" pensó ella, aunque sonrió por el cumplido.

Entonces vio a dos rostros conocidos entre el público y saltó del escenario hacia ellos.

-Ming-Ming! Mei-Lan! Habeis venido!

-¿Qué esperabas, primita? ¿Perdernos la ocasión de ver tu talento de diseñadora?

-Como nos divierten estos cuentos de occidente! Hay princesas por todos lados!

Eran los primos gemelos de Marinette, que habían venido desde China a estudiar durante un año. Supuestamente llegaban por navidad, pero al parecer habían logrado adelantar el vuelo lo suficiente como para ver la estelar actuación de su querida prima. Cheng Ming-Ming era alto y serio, pero muy inteligente. Cheng Mei-Lan, por su parte, era astuta y atractiva. Aunque no lo pareciera, ambos eran veloces y atléticos. Y por supuesto, querían mucho a Marinette, quien era tres años menor que ellos dos.

-¿Te gusta tu sorpresa, cielo? – Dijo la señora duPain-Cheng – Ya tienen su propio piso, pero los verás muy a menudo.

-Me encanta, mamá! Te odio por no habérmelo dicho antes! – contestó feliz y regresó al escenario donde el resto aun saludaba, no sin antes añadir – Es mentira, no te odio.

Su madre sonrió, y aplaudió con todos los actores.

(...)

Chloe Bourgeois avanzaba feliz por el solitario pasillo de la escuela. No había salido en la obra, pero había podido abrazar a Adrien en el escenario y besar su mejilla. Al girar una esquina se chocó con alguien. Iba a protestar, pero se quedó muda al ver quien era. Su actitud altiva y descarada desapareció de golpe. El otro se limitó a alzar la mano y cruzarle la cara de un guantazo. Chloe se llevó la mano a la mejilla dolorida.

-Eso es por ponernos a todos en peligro – dijo Leon – Me da igual quien seas o lo que hagas fuera de tu casa, como si quieres ser una asesina serial, me da igual. Pero el mal es más fuerte cada vez. ¿Te has parado a pensar que la mitad de akumatizados en esta escuela los has creado tú con tu egoísmo? ¿Por qué si no crees que esta clase es afectada cada dos por tres?

-Vaya – contestó ella con una sonrisa forzada en su asustado rostro – Menudo momento has escogido para mostrarte tal y como eres. ¿Vas a darme normas a mi sobre cómo debo comportarme? No soy yo quien va diciendo mentiras por ahí.

-¿Mentiras?

-¿Acaso crees que alguien se ha tragado tu historia? Tu acento inglés no puede ser más falso. Naciste en Francia y se te nota… William.

-No vuelvas a llamarme así – susurró "Leon" con una mirada que hacia estremecerse. Pero una vez recuperada del susto, Chloe ya no tenía miedo.

-Si vuelves a ser descortés conmigo, tal vez se me escape la verdad acerca de ti – entonces cambió su expresión a una que nadie había visto jamás en Chloe, tierna y tímida a la vez – William… ¿Por qué no vuelves a casa? Pensé que, como habías vuelto a Francia… Y yo te he… echado de menos.

-Tengo cosas que hacer, mantente alejada de esto, Chloe. No quiero que te involucres.

-Si estás metido en algún problema, es razón de más para ayudarte!

-Déjame tranquilo – se limitó a decir el chico, mientras se alejaba por el pasillo.

El rostro de Chloe se volvió rojo de ira, una ira que escondía una amarga tristeza.

-Como desees, entonces. Ya nos veremos… William Bourgeois. Mi dulce y adorado… hermanito…

(...)

Nathanael se paseaba de un lado a otro de su cuarto, poniendo orden a las ideas en su cabeza.

"No… no puede ser… que alguien me explique por favor lo que he visto en el almacén"

Dio una patada a su mochila, incapaz de comprender lo que pasaba.

"Leon… estaba en frente de mí y entonces…"

Dirigió la mirada a su portátil, en el cual el blog de Alya mostraba una nueva galería de fotos de Ladybug, Chat Noir y…

"No puede ser"

(...)

-Miss Kaito, que decepción más grande. Me apena tu incompetencia.

-No es justo, señor! Soy una buena luchadora, pero mire por donde lo mire… son tres contra uno!

-Lo sé, querida. Es por eso que te voy a contar una historia. Érase una vez… un viejo granjero chino que tenía un conejo a su cuidado, un conejo irresponsable que tendía a meterse en líos. Entonces, para evitar que los otros animales dañaran a su mascota, puso alrededor de la jaula a un gallo y una serpiente.

-¿Nos llamaba, maestro?

Hicieron su aparición en la sala dos figuras. Una de ellas era masculina, de mirada fría y venenosa y colmillos que solo dejaba ver cuando sonreía, por lo que de normal era serio.

La otra figura era femenina, y vestía una larga capa de plumaje blanco sobre un ceñido trajecillo rojo que no dejaba mucho a la imaginación. Era hermosa al ojo humano y animal.

-¿Me has puesto dos guardaespaldas, Papillon?

-¿No ha acabado de contarle el cuento, amo? - dijo el gallo (que era una mujer) – Ambos animales tenían dos funciones importantes.

-Sí, debían proteger al conejo de todo mal – concluyó la serpiente (que era un hombre) – Pero el viejo granjero tenía la sospecha de que el conejo quería huir de su hermosa jaula. Por eso ambos guardianes están allí. Si el conejo intenta escapar…

Fue entonces cuando acercó su bífida lengua a la oreja de la coneja y le susurró las dos palabras que le hicieron pedir socorro en su mente, aunque nadie la oiría jamás.

-Lo matarán.