¡Atención! El fin de una era está por finalizar.


Capítulo Trece:


Un golpe certero en el rostro del pelirrojo con el puño de Tai hizo que se me escapara un grito. La brutalidad era excesiva dentro del camión de suplementos médicos, y fuera de él, a través de la pequeña ventanilla que daba a la cabina del piloto, se veía cómo la batalla estaba viviendo su apogeo; explosiones que eliminaban de raíz bosques enteros y levantaban tierra y cenizas en columnas espesas de humo negro, y que sin dudas no causaban ningún efecto en el verdadero enemigo. Un segundo golpe en su mejilla hizo que por fin el científico abriera sus ojos.

—¡Al fin! —dije yo como si estuviera aliviada ya que significaba que no lo golpearían más. Aún estaba atenta a la posible pérdida de piezas dentales pero Izzy seguramente no iría a escupir dientes de una manera escandalosa, sino solo los botaría ocultándolos en una manga sucia y arruinada.

—¡No está respondiendo! —increpó el médico, quien, como yo, no estaba de acuerdo con despertarlo a golpes—. Te dije que es inútil golpearlo, ya ha perdido mucha sangre. Fue una suerte que pude reponerle parte, no vayas a sacársela por la nariz.

—Ya se la repondrás —dijo con una expresión despreocupada, pero yo sabía que estaba muriendo de nerviosismo por dentro.

—¿Qué vamos a hacer? —preguntó entonces la hermana de Tai. No parecía muy convencida con el trato del líder pero tampoco estaba haciendo algo al respecto. En este punto, ninguno parecía distinguir qué lo correcto, y claramente Kari iba a tomar partido por su querido hermano.

Todos estábamos agrupados en la parte trasera del camión, mirándonos las caras.

—No lo sé aún —explicó Tai—, él es el de las buenas ideas, sabría qué hacer en estos momentos…

Sí, seguramente lo habría sabido. Más aun, habría sido el que encendiera la chispa para que Tai supiera que hacer ahora que estábamos todos juntos y dispuestos a hacer algo para destruir al demonio colosal que se empeñaba a destruir todo lo que el humano construía en este mundo. Me mordí el labio inferior y me paré para llevar mi atención nerviosa a cualquier otra cosa dentro del camión. Vi toda clase de botiquines y camillas, cuellos ortopédicos y demases, pero nada calma mi ansiedad; me llevo algunos a las manos y otros los apreto para enterrar las uñas y así liberar tensión. Era como si estuviera a punto de explotar. A mis espaldas oigo discutir al médico y al escritor, intentando entrar en razón: debíamos permanecer juntos y volver a unirnos a las fuerzas humanas. Tai piensa en silencio con las fosas nasales abriéndose con cada respiración profunda y Kari lo observa con el ceño fruncido. Es un grupo que está a segundos de quebrarse.

—¡Debemos irnos de aquí! —grita Joe, perdiendo la paciencia.

—No es tan sencillo, Joe —dice Tai con palabras tranquilizadoras—, debemos tener un plan de acción. Esta cosa debe ser destruida y para eso debemos hacer que la milicia deje de atacar a los nuestros.

—Es más fácil manipular colonos —opinó Tk con voz baja—. La fuerza militar siempre ha tenido el control.

—Debe estar detrás del Centro de Investigación, debemos tratar —intervino Kari.

—Es verdad; si lo ataca, es el fin de todos nosotros.

—Entonces…

Pierdo la paciencia, si Izzy estuviese despierto, nada de esto estaría ocurriendo. Me doy la vuelta y, con una agilidad impropia de una cocinera como yo, soy capaz de esquivar a mis pares para darle un certero golpe en la mejilla que retumbó en las paredes metálicas del camión. Todos los demás guardaron silencio y el científico gimoteó en medio de su inconciencia. Al menos lo había intentado y como muestra de ello mi mano picaba en un hormigueo molesto.

Joe aclaró la garganta como si el golpe lo hubiese recibido él y hecho entrar en razón, y dio una sugerencia cuerda.

—¿Y si lo inyecto con adrenalina?

—Podríamos tratar —dijo Tai, hicieron que pareciera la única violenta del grupo pero no me importó.

Nada importaba ya porque el mundo se volvió silencioso de pronto y la curiosidad se coló dentro de cada uno de nosotros. Un rumor lejano tal vez, una vibración sorda en la tierra, era como si la batalla se detuviera de pronto.

—¿Qué sucedió?

Takeru y Hikari se abalanzaron a la ventanilla que daba hacia los asientos del piloto y copiloto. Se oyó un siseo de algo grande rompiendo el aire que detonó a unos cuantos kilómetros de donde estábamos estacionados. La tierra tembló a nuestros pies por tanto tiempo que pensé que se abriría y nos tragaría de un momento a otro. Sin embargo, el camión solo se tambaleó.

—Lo inyectaré.

—Yo conduciré —respondió el líder al médico y ambos corrieron a hacer sus respectivas labores.

Tai corrió hacia afuera del camión y Kari, seguida por el escritor, bajó con su ayuda, para luego cerrar entre los tres las pesadas puertas del vehículo. Allí dentro se hizo la oscuridad y sentí ganas de gritar por los segundos anteriores a que las luces auxiliares se encendieran en la cabina. Pude soltar el aire dentro de los pulmones y corrí a la ventanilla apenas los oí entrar en el vehículo nuevamente.

—¡Aguanten! —gritó el líder del grupo a la par con el sonido del motor encendiéndose.

—¡Ay… no! —dije exaltada, con una mezcla de susurro y grito extraña. Joe que revolvía los estantes buscando algodón, alcohol y jeringas; botando varias cosas de paso con la torpeza propia de él y su nerviosismo, hizo un alto para mirarme alarmado.

—¡Se está acercando, se está acercando! —se oyó a Kari y Taichi le devolvió un grito aún más potente a medida que se ponía en marcha atrás.

Desde la ventanilla, vi cómo Destructor caía en cuenta de nuestra presencia y alargaba una de sus horrendas manos para aplastarnos, sin importar cuánto cargaran nuestros compañeros alienígenas, que solo retrasaban nuestro inminente aplastamiento.

Cuando la mano eclipsó la luz del sol de este planeta, aguanté la respiración y cerré con firmeza los ojos.

Dos naves de guerra nos adelantaron a la velocidad del sonido con su eco de propulsión ensordecedor para encestarle toda su artillería en la palma de la mano, que pronto retiró envuelta en llamas y humo.

Salgan de aquí —apremió Sora.

No podremos contenerlo mucho más.

Tai pasó el cambio y empezó a descender colina abajo con una velocidad tan alta que de seguro iría a matarnos al instante si volcábamos o chocábamos, pero de todas formas iríamos a morir si esa cosa nos alcanzaba. Oí que las naves de guerra se alejaban probablemente para devolverse y volver a cargar sobre Demoledor. Junté las manos dispuesta a rezarle a cualquier dios que estuviera escuchando para mantenernos vivos, totalmente inútil como para ayudar. Pensaba repetidas veces que debí haber traído un tanque en vez de un camión de suplementos, pero Izzy no habría tenido nada más de suerte.

Intenté calmarme y tomé asiento como pude en los asientos plegables del vehículo para luego ajustarme el cinturón. Tomé la mano pálida y venosa del científico para consolarlo mientras dormía. Podía notar que estaba respirando con un rostro bastante calmado y ni siquiera se inmutó cuando Joe se le acercó justo en ese momento con la jeringa ya cargada de adrenalina para apuñalarlo certeramente arriba de la rodilla.

Me retorcí de dolor, llevándome una mano a una rodilla como si a mí me hubiesen mancillado la pierna.

—A él le gustas, ¿sabes? —murmuró el médico, tomando asiento frente a mí, le habían ajustado unas correas al científico a una camilla portátil que a su vez tenía correas por todo el lugar. Todo ese acondicionamiento fue para asegurar su estabilidad, y luego habían empezado los golpes. La confesión de Joe no me tomó para nada por sorpresa, yo ya lo sabía—. Fuimos al Centro de Comandos ese día porque quiso verte.

No sabía si estaba culpándome por su estadía en ese camión de suplementos médicos, pero no pude evitar sonreír ante sus palabras. Casi ya no recordaba a Michael, había quemado su carta allá en el Centro Abandonado para hacer la fogata junto a Izzy; luego él me había sujetado entre sus brazos y abrazado fuertemente para cerciorarse que estaba bien y me hizo prometerle que no me volviera a separar de él. Eso era lo que estaba buscando en una relación de otro mundo, no lo que tenía con el rubio que otrora poseía el cinco por ciento de las acciones en File, que, por su puesto, en un par de horas terrestres, a unos cuantos miles parsecs de distancia, valdrían ni un peso cuando se supiera lo que estaba ocurriendo. Y que, de los miles de colonos que habitaban las instalaciones del Centro de Comandos un fatídico día, solo quedaban ocho personas. Sin contar con los que se ausentaron ese día como mi asistente Davis.

Tai hizo que todo el camión saltara cuando por fin llegó a tierras planas y dejaba atrás el enorme macizo de roca. Gritó una disculpa mientras golpeaba el techo de la cabina para cerciorarse de que llamaba nuestra atención. Sin embargo, yo ya era ajena a todo lo que ocurría a nuestro alrededor. Como ya estábamos en terrenos lisos, me saqué el cinturón de seguridad bajo los reclamos del médico, a quien solo mandé a callar mostrándole la palma de mi mano.

Pensé en que el planeta estaba alterándome las hormonas otra vez, como cuando Michael apareció por primera vez en medio de una simulación con la voz de Kari, previniéndonos de los peligros a los nuevos colonos como yo. Me hubiese gustado que quien se hubiese aparecido entremedio de las estrellas de la simulación hubiese sido el científico; además del que me hubiese mostrado todas las instalaciones y haberme escabullido en su habitación en el Centro de Investigación de noche con las mismas intenciones que tenía con el rubio en su momento. Su color había vuelto un poco a sus mejillas y se quejaba un poco más entre sueños.

Junté suavemente mis labios con los suyos, estaban secos en un principio, pero a medida que tomaban vida, se lubricaban y respondían el beso.

Abrió los ojos confundido, no sabiendo en qué mundo tenía puesto los pies: si aún estaba vivo, muerto o en el limbo; si estaba en la Tierra o en File. De lo único que podía estar seguro es que era yo la que lo había despertado del letargo.

—¡La adrenalina funcionó!

—¡Bien! —gritó Tai de vuelta al grito que había pegado Joe.

El camión se detuvo de golpe y todos bajaron de la cabina del piloto para reunirse con nosotros en una cuestión de segundos, Kari y Tk siguiendo a un hiperventilado líder.

—Espero que hayas dormido bien, porque te toca usar el cerebro —dijo Tai, desabrochando las amarras que él mismo había hecho. Izzy frunció el ceño, estaba confundido y su mirada oscura pasaba de él, hacia mí, a Joe, hacia Kari y Tk y a mí nuevamente—. ¡A trabajar!

—¿No dejarás que descanse al menos unos segundos? —reclamé en su defensa.

—¿De verdad me estás preguntando eso, princesita? —preguntó incrédulo—. ¿Podrías voltearte y mirar de nuevo cuál es nuestro problema?

—¡Solo decía!

Sacadas todas las amarras, el líder castaño le reiteró la misión que tenía con una sonrisa, resaltando el poder de su cerebro, y con una sonrisa le ofreció su mano que Izzy aceptó luego de unos cuantos segundos para procesar la información.

Tai lo ayudó a levantarse con ese apretón de manos y juntos bajaron del camión, yo los seguí de cerca, al igual que el resto.

—¡Piensa! —dijo Tai, apuntando a Destructor, apareciendo de una nube de polvo, humo y cenizas; luego de que cayera sobre él una enorme cantidad de artillería tanto humana como no. Si estaba cansado, no parecía.

Izzy arrugó la nariz, eso era una mala señal.

—¿Quieres que me infiltre en la red militar?

—No esperaba menos de ti —respondió feliz y lo palmeó en la espalda.

—Necesito más que un camión de suministros médicos, ¿lo sabes? —murmuró después, volteándose a verlo a la cara, pero sus ojos se posaron brevemente en mí.

—¿Debemos ir al Centro? —preguntó pasmada, Kari, debía conocer muy bien las redes de comunicación del planeta, ya que no solo debía recitar las órdenes de los colonos, sino que seguramente también de los militares—. Todo el equipo está allá.

—Solo necesito una red móvil —indicó.

—¿Otro camión?

—Creo de debe de haber uno similar a este, un poco más blindado.

—¡Sora debe saber! —dije contenta. Todas las miradas se posaron en mí y Joe salió corriendo a buscar el intercomunicador al camión.

—Tenemos otro problema… —dijo el científico—, Gennai no querrá que desviemos en ataque y lo concentremos. No será creíble si solo cambio las coordenadas de ataque y manipule los grandes tanques.

—El viejo estará de nuestro lado —repuso el líder a lo que yo me sentí perdida. ¿Estaban hablando de la misma persona? Recordaba que ese nombre le pertenecía al anciano de mayor rango, lo había escuchado más de una vez mientras Tai intentaba reclutarme en la Tierra, y millones de veces con Michael.

—Él intentará bloquearme, está a cargo de todas las comunicaciones, ¿verdad, Kari?

El holograma viviente asintió con pesar.

—Nada se le escapa a él, lo controla todo. Debe estar viéndolo todo desde el Centro de Investigación en estos momentos, dirigiendo el ataque indirectamente.

—Él quería que pasara esto desde el principio —opinó entonces el escritor—, desde que estoy aquí reporteando, todo parece indicar que planeaba destruir cualquier forma viviente de este planeta en cada momento que pudiera. Está claro desde que supimos que había animales más grandes que los de la aldea de los Koromon.

—¿De qué están hablando? —dije entonces, interrumpiendo la conversación—, ¿estás reporteando? ¿no vienes solo a documentar la vida de los colonos?

—Escucha, princesa. El viejo Gennai cree en la colonización sin la intervención destructiva del hombre, necesitamos otro planeta similar al nuestro para existir…, y él quiere que nuestra presencia no altere en demasía a los que ya estaban aquí antes de nosotros.

—Sin embargo, su nieto no cree como él —continuó Kari—, apenas esta cosa atacó el primer centro, aprovechó la instancia para que los militares tomaran el mando en su totalidad y no parcialmente como era en sus inicios.

—¿Estás diciendo que ese destructor ya había aparecido antes? —pregunté al borde de las lágrimas, ¡sabían que podría atacar otra vez y aun así la engatusaron para venir!

—Sí, destruyó parcialmente el Centro de Comandos —respondió Tai—, que en ese entonces era el Centro Militar. —Recordé los símbolos que vi cuando con Michael subimos las escaleras hacia el techo del Centro. En esa oportunidad ya me parecía que algo ocultaban—. Aparentemente aparece solo cuando el planeta se siente amenazado, al menos eso han teorizado en el primer equipo del departamento de Biología. Los nuevos no saben lo ocurrido aquí y se la pasan acampando en la selva como si no hubiese peligro alguno.

Estaba pasmada, todo este tiempo había estado conviviendo con el bando bueno sin saberlo, y pensado cosas horribles de Sora e Izzy. Claro que ocultaban cosas, pero no del calibre del que me imaginaba… Pronto, me pregunté si Michael y su padre habrían perdido el cinco por ciento por algún encuentro infortunito con el nieto Gennai. Tuve que preguntar.

—¿Michael?

—Estuvo cerca de descubrir la verdad y mantenía conversaciones con Yolei, una bióloga prodigio que también estaba acercándose mucho.

¿Estarían mandándola a ella también por el agujero de gusano?

—¡Tengan! Aquí está el intercomunicador —dijo un Joe optimista y sudoroso, más nervioso que cansado, ya que el aparato debió caerse debajo de los asientos y perderse en la oscuridad durante las maniobras de Tai por salir de la tierra alta—. Venga, tómenlo.

—Necesito saber dónde está el camión que recepta las señales de comunicación —explicó el científico y Tai habló por el intercomunicador—. Será un mensaje simple que no parezca un complot, por eso grabaremos a Kari como si fuese un comunicado oficial. Tk, tú estás familiarizado con el tipo de texto que ella lee, así que te diremos qué debe decir ella y tú lo harás más real.

Ambos asintieron.

—Sora y Matt, liderarán el ataque apenas establezca las nuevas coordenadas —dijo y el líder retransmitió el mensaje con una sonrisa—, y necesito que tú, Tai, como la mano derecha del viejo Gennai, seas mi aliado visible.

—Tú debes cuidar a Izzy, Joe —indicó el líder.

—¿Qué hay de mí? —pregunté yo, aunque haya sido la última en saberlo todo, y aunque estaba segura de que el médico no sabía ni había escuchado ni una palabra de aquello; además de ser una simple cocinera con el arte culinario como mi mejor arma, quería ser parte de ello—. No dijiste lo que haría yo.

—Ven, tú me ayudarás —dijo el científico con una sonrisa tímida.


—El convoy que le da la comunicación a todas las tropas está en ese lugar —dijo Tai sobre el mapa improvisado en la tierra—. Es un buen lugar porque queda lejos de la zona de batalla en sí.

—Seguro está resguardado. No podremos ni siquiera acercarnos sin que se den cuenta —objetó el escritor. Garabateó un par de cosas más con el dedo y siguió hablando—. Gennai siempre dispone a sus guardaespaldas de esta forma, no veo por qué no lo haría con el convoy.

—Básicamente, rodea los extremos y los flancos —dijo Tai un poco cansado.

—Podríamos suponer que solo debemos preocuparnos de la retaguardia. Pero, ¿cómo nos enfrentaremos a la artillería pesada?

—¡Yo tengo una idea! —dije yo, haciendo que saltaran del susto todos. Izzy me miró como si temiera lo que estaba pensando. No se equivocaba.

—No creo que sea una buena idea.

—Déjala, Izzy, se nos está acabando el tiempo y no tenemos una mejor idea.

Se encogió de hombros. Nos alistamos para salir, los ataques hacia Destructor se estaban haciendo constantes, como si solo estuvieran intentando contenerlo más que destruirlo. Intenté en vano ver a Palmon desde tan lejos, y me preocupaba que no estuviese del todo bien. Trataba de ayudarla, aunque fuese para que Izzy entrara en las comunicaciones de las fuerzas militares y manipulara todo.

Distraer era una de las misiones más importantes en este punto.

—¡Soy Mimi Tachikawa y ahora cantaré! —dije saliendo de los arbustos corriendo.

—La colona sobreviviente está con evidente demencia espacial —replicó el mismo soldado con exoesqueleto que me había reubicado en el camión de suplementos médicos—. Permiso para bloquearla.

—¡Al cielo pido un favor…! —canté sonrojada. Siempre ganaba los concursos de karaoke en la Tierra, pero acá era estábamos en medio de un campo de guerra. El resto de los soldados me miró con una sonrisa socarrona. Los conté como si contara los tiempos de la canción: —. ¡Uno, dos, tres, cuatro!

Permiso concedido. —replicó un intercomunicador en su brazo del exoesqueleto. Asintió con la cabeza y se levantó para hacerme entender de que debía permanecer en el camión de suministros médicos hasta que el asalto del destructor terminara.

—Deja que termine —sugirió uno de sus compañeros, respondiendo a un guiño que le di con mi ojo—. Podríamos morir hoy.

—No moriremos —replicó el del exoesqueleto.

—¡No! —grité para detenerlo. Comencé a bailar como un intento de que no se me viera mi cuerpo temblar—. ¡Que tú me quieras a mí, deseo a morir…!

—Es tan linda —replicó otro con una sonrisa y me dio las fuerzas para menear mi trasero.

—¡Todos juntos! —dije entonces, aunque nadie se supiera la letra de esa canción tan vieja—. ¡…Que algún día estés por siempre conmigo!

—Colona, sé que has vivido momentos traumáticos, pero este no es el momento de que pierdas la cabeza —dijo el del exoesqueleto.

—¡Quiero saber!

—¡Suficiente! —gritó el soldado, tratando de cumplir su trabajo. Yo solo bailé moviendo los hombros de un lado a otro—. Este no es lugar para un colono.

—¡Yo no sé por qué te niegas a creer!

Corrí por la selva apenas supe que iban a atraparme. Estaba tratando de recordar dónde era que se encontraba el punto de encuentro que habían dibujado en la tierra y repetido mil veces más para que no se me olvidara. Bueno, la práctica era un poco más compleja que la teoría, ya que traía a la vida todos los elementos que no habían dibujado como los árboles y la naturaleza.

Tropecé y escuché con satisfacción cuando Tai se me acercó con pasos firmes y confiados.

—¡Escuchen! Hay un nuevo líder aquí y seguirán mis órdenes. Primero: dejen sus armas y ríndanse.

Tai no iba armado y nada más su confianza era temible.

Uno de los soldados chasqueó la lengua.

—Es el jefe del Centro de Comandos, otro colono que se volvió demente.

En ese instante, se oyó como se encendían los motores de los aviones de guerra estacionados detrás de nosotros, ocultos entre la hierba espesa; sus luces brillantes destellaron nuestros ojos y el sonido de cómo se acomodaban los brazos de la artillería de cada avión, sugirió que estaban siendo apuntados.


Izzy encendió la supercomputadora que estaba dentro de un camión blindado, Joe y yo estábamos detrás de él. Tai, su hermana y el escritor estaban en el otro extremo, viendo los complicados dispositivos de grabación que allí mismo estaban.

—¿Estás dentro? —preguntó el líder con evidente nerviosismo intentando desenredar un cableado.

—No.

—¡Pues hazlo!

—Es fácil decirlo —dijo Izzy, tecleando un poco como si estuviera tanteando el terreno. La pantalla inmediatamente pidió una clave y todos aguantamos la respiración.

—¡No está resultando! —gritó el médico, perdiendo la cabeza.

—Tranquilos —murmuró el científico tratando de ingresar nuevamente con un tecleo bastante discreto. La encriptación se volvió cada vez más complicada y pude ver cómo resbalaban pequeñas gotas de sudor desde su frente. Apretó la tecla para ingresar y la pantalla se volvió negra y unos números apareciendo en cuenta regresiva—. Esto no me lo esperaba.

El camión tembló cuando algo explotó cerca y todos perdimos la cabeza pensando en que ya era demasiado tarde y que moriríamos sin poder hacer algo al respecto. Tai corrió hacia la supercomputadora y con el pelirrojo empezaron a discutir a gritos lo que podían hacer.

—¡Sé que puedo hacerlo! —le respondió el científico. Se agachó y comenzó a abrir a la máquina y a sacar los cables internos. Arrancó un par cuando solo faltaban unos segundos y pronto, la pantalla volvió a la normalidad.

—¡Hasta yo podría haberlo hecho! —se quejó el líder—. Ahora redirige el ataque.

—Espera, déjame estudiar su anatomía… —dijo Izzy a lo que todos nos acercamos sin entender ni un ápice—. Estas computadoras tienen el ingreso a toda clase de instrumentos, quizás podría ver el método más eficaz si me das unos cuantos minutos.

—¡No tenemos minutos!

—Cariño, solo diles que ataquen al Destructor —intervine con miedo de que Tai comenzara a pegarle nuevamente en la cara y lo dejara inconsciente antes de terminar su tarea.

—Han estado haciendo ataques aleatorios todo este tiempo —respondió ensimismado en la pantalla. Era como si volviéramos a estar dentro del Centro Abandonado, quise golpearlo yo misma así que dejé que otro se acercara a intentar hacerlo entrar en razón. Joe solo le gritó que moriríamos—. Solo piénselo, la artillería debiese ser suficiente para acabarlo. No quieren hacerlo. Si tan solo encontrara su punto débil…

—¡Su corazón! —le grité como si fuera obvio.

—Solo si corazón estuviera en el mismo sitio que en los humanos…

—¡No sabía que fueses biólogo también! —replicó Tai un tanto desesperado.

—Esto es demencia espacial —secundó Joe, fue en búsqueda de los instrumentos médicos que tenía en una bolsa traída desde el camión de suplementos médicos. Para cuando se le acercó, estaba armado con una aguja y lo que parecía un termómetro, aunque no estaba segura si cumplía esa función.

Antes de ser apuñalado por la espalda, Izzy reaccionó.

—¡Eso es! Ahora redireccionaré el ataque hacia la entrepierna —comentó feliz, se volteó y frunció el ceño cuando vio a Joe.

—¿Eso es? —preguntó el líder, protegiéndose discretamente la entrepierna con sus manos cruzadas sobre ella—. Hasta yo podría haberlo sabido.

—¡Kari, enviaremos el mensaje en treinta segundos! —mandó a decir volviendo al mando de la supercomputadora.

—De acuerdo. —Se paró en la plataforma que solo parecía servir enviar mensajes holográficos hacia el Gennai malo en el Centro de Investigación. Tk había escrito en el reverso de hojas de papel que había encontrado dentro del camión.

—Listo, he cambiado el códex. Gennai tratará de sacarme de aquí, así que… En tres, dos, uno… —dijo y todos guardamos silencio para que el holograma humano comenzara el discurso. En todo el planeta, en los paneles de toda la infantería y artillería, el rostro angelical de la hermana de Tai aparecería cubierta de estrellas para cambiar la táctica de ataque.

—Nos encontramos frente a un cambio de planes en el ataque —dijo ella y desvié la mirada hacia la pantalla donde se mostraba el ataque desde todas las perspectivas posibles, me sentía completamente ahogada; si esto no funcionaba, nada lo haría. Miré a Izzy, estaba concentrado en el discurso, como todo el resto. Tímidamente, tomé su mano con la mía y se la apreté. No tardó en hacer lo mismo—. Es preciso que sigan las nuevas instrucciones que se les indica —dijo y alzó una mano para que apareciera la simulación del mapa junto a su rostro y que pronto la simulación avanzara por él hasta llegar a la criatura—. El punto indicado es la zona de ataque.

—Está tratando de bloquearme —murmuró el científico y se precipitó nuevamente al teclado para evitarlo.

Miré confundida a la pantalla y el rostro joven del nieto de Gennai apareció por un segundo, reemplazando al de Kari, pero todo volvió a la normalidad bajo la insistencia del pelirrojo.

—Les deseo suerte —dijo Kari terminando la transmisión.

Ahora solo faltaba que sucediera.

Todos se precipitaron a la pantalla donde empezó un ataque continuo que no le daba ni un segundo para recuperarse a Destructor. Comprendí que, inicialmente, nunca había estado dentro de sus planes atacar para destruir, sino que alejarlo, probablemente para su utilización posterior y lo necesitaban vivo. No quería seguir viendo lo que estaba pasando en la pantalla y me retiré hacia la puerta del camión, donde un poco de luz exterior se filtraba al interior. Quería taparme los oídos y cerrar los ojos. Si no resultaba, no estaba lista para volver a la selva para intentar sobrevivir. No era buena en eso. Debería estar metida dentro de un baño de burbujas luego de un intenso día en la cocina, allá en la Tierra. Habría ido de compras y tomado un helado de fresas con mi madre en el centro de la ciudad, pero estaba aquí; sucia, lastimada y quebrada.

—Mimi —llamó Izzy con voz queda—. ¿Estás bien?

—No —repliqué.

—Resultará, ya verás… —intentó sonreír, pero ya no tenía tantas fuerzas—, estaremos entrando en el agujero de gusano en poco tiempo.

La tierra bajo nuestros pies tembló justo en el momento en que la pantalla se iluminó al transmitir una gran explosión, todos allí dentro aguantaron la respiración ya que la imagen tardó varios segundos en volver. Se me tensaron los músculos, debió notarse: en mi expresión o quizás lo intuyó, dejando atrás esa careta de androide que lo creí la primera vez que lo vi, porque cerró sus manos en mis brazos, estrujándolos para darme ánimos. Volví la vista hacia sus ojos negros y todo el aire se me fue de los pulmones. Si moría, tenía que hacerlo así.

Cerré mis ojos, deseosa de que este final de existencia fuese terminado con el beso romántico que aparecía en cada una de las películas que veía en la Tierra; pero File no lo quiso así, y todos rompieron en exclamaciones y risas. Destructor había sido presuntamente derrotado luego del último ataque.

—¿Qué pasará ahora? —pregunté casi en un susurro. En la pantalla se mostraba un colosal monstro caído y los aviones de guerra parecían festejar volviendo hacia su posición en medio de piruetas.

—Supongo que volver a la Tierra…, juntos.

Me sonreí y salté a sus brazos para besarlo.

Objetivo terminado, repito, objetivo terminado.

—¡Lo hiciste, estúpido, lo hiciste! —gritó Tai en éxtasis—. ¡Lograste ganarle a Gennai! El viejo debe estar contento… ¿Izzy?


—Tai Yagami, se te imputa por conspiración, desacato de órdenes y golpear a oficiales. Izzy Izumi, por conspiración e infiltración, Kari Yagami y Tk Takaishi por ayuda a esa infiltración. Sora Takenouchi y Matt Ishida, secuestro de naves de guerra y desacato reiterado. Joe Kido, por conspiración y utilizar tu licencia de médico indebidamente —leyó el Mayor Ichijouji en medio de una sala pequeña, junto a Gennai abuelo y Gennai nieto. Obviamente este último estaba detrás de todas esas acusaciones, ya que el viejo se veía dichoso con una sonrisa estampada en el rostro.

Gennai nieto mandó a callar a su abuelo con una mirada de reproche que me dejó helada. No me molestaba ser echada a patadas de ese planeta, lo único que me molestaba era no haber visto más a Palmon desde que Destructor fue derrotado. Todos los animales que pelearon allí desaparecieron apenas el enemigo cayó al suelo.

Fue en medio de ese torrente de pensamientos que Mayor me miró y esperé mi sentencia.

—Mimi Tachikawa… —dijo entonces con un suspiro, dejó caer un eterno acordeón de papel escrito—: a ti se te imputa por desacato de primer grado en la Tierra, desacato de primer grado en File; hurto de propiedad privada militar.

—¿Los transbordadores? Por favor, ¡lo devolví!

—Daño de propiedad privada militar —siguió y yo puse los ojos en blanco, pensando en que no podrían probar que los rayé o algo por el estilo ya que todo estaba hecho añicos en el Centro de Comandos, y que ya no tenía caso—. Adentrarse sin autorización alguna a la selva, reiterar el hurto y la huida…, ingresar al edificio antiguo sin autorización, poniendo en riesgo su propia vida; incitar al escándalo y al pánico colectivo con acusaciones sin fundamento en contra de administración. Y un sinfín de cargos… —dijo mostrando el acordeón escrito de principio a fin con letra diminuta—. Por todos estos cargos que se les imputa, quedan expulsados del planeta File.

Salir de esa sala fue liberador, incluso con el Mayor Ichijouji y un grupo de militares nos escoltaran hacia el hangar de File, donde por primera vez conocí a Sora y sus botas militares. Los colonos sobrevivientes que ese fatídico día se encontraban en el Centro de Investigación, científicos y militares se agolpaban en la plataforma de despegue para ver el desfile de los ocho colonos sobrevivientes del Centro de Comandos expulsados. Entre la gente vi al padre de Sora, intentando llamar su atención y atravesar el muro de gente que los separaba. Tai me dijo luego que ninguno de los dos se hablaba para protegerse mutuamente de Gennai. Más tarde se despidieron en frente de la puerta del transbordador que nos llevaría al agujero de gusano.

—¡Mimi! —gritó mi asistente Davis, desde la multitud—. ¡Qué bueno que estás viva!

—Davis —dije con genuina felicidad—, me iré pronto. Estás listo en el arte culinario, puedes seguir sin mí. Ahora eres el jefe, ¡estás ascendido!

—No puedes irte, Mimi.

—Es un hecho… Eres la próxima generación.

Ya sentados en el transbordador, Joe comenzó a sudar como dictaba su norma y habló de todos los peligros del espacio causando alarma en Tai.

—Cállate, no pasan esas cosas —gruñó Matt, quien no parecía muy contento de no poder pilotear la nave. Mi mente gritaba problemas de control.

Las luces se atenuaron y comenzaron las indicaciones del viaje, las chicas hicieron ingreso con las jeringas que nos mantendrían en un sueño profundo durante los cinco meses en que nos encontraríamos en medio del espacio. Inmediatamente mi cuello comenzó a sufrir, miré hacia un lado y ahí estaba el científico sonriéndome.

—¿Nos vemos en cinco meses?

—Sí, tranquila.

—No puedo esperar, ya quiero verte en un trabajo normal. —Sonrió nervioso, el trabajo de su vida era el agujero de gusano. Ya nada parecía esperarnos en la Tierra, incluso a mí, experta en el arte culinario. No sabía lo que pasaría con nosotros, ya estábamos rotos y cambiados. Tomé su mano y él respondió de igual forma.

Gennai viejo entró para despedirse. Estaba lleno de risa, palmeó el hombro de Izzy y aclaró la garganta.

—Bueno, no puedo decir que lamento esta situación —dijo causando una sonrisa generalizada—, sé que no puedo pedirles más ya que han sacado de un desastre, el mejor de los escenarios. Tai, fuiste el líder que siempre pensé que serías, y no pudiste conseguir a un mejor grupo. Izzy…, fuiste brillante.

Por el rabillo del ojo, capté un aleteo de hada cruzar la ventanilla con un vidrio de cinco centímetros de grosor. Mi corazón dio un vuelco y quise romper en llanto. Palmon estaba ahí, de eso estaba segura, y no sería capaz de abrazarla por última vez, ni pasar tiempo juntas en medio de la huerta de la cocina. La voz de Gennai pasó a ser un eco que adornaba la triste despedida que tenía con la amiga que me hice en este extraño planeta. Le dediqué unas palabras silenciosas y esperé que comprendiera, ya era demasiado tarde para nosotras.

—… Esperaba enviarlos como equipo a una nueva colonia, se llama Server.

Desperté de mi ensueño con Palmon y grité.

—¡Vamos, ponme a dormir, azafata!


Estaba frente a una vitrina mirando flores. La vida ordinaria estaba pasándome la cuenta y las flores llamaban mi atención solo si se parecían a Palmon; con pétalos rosados o amarillos y un pistilo grande. Sin embargo, las flores terrestres no podían darme una remota alegría, pero siendo la obstinada que fui siempre, insistía en volver a la misma vitrina todos los días y buscar la flor perfecta.

—Disculpa.

Alguien apareció tímido entre el mar de gente que transitaba por esa calle. No me volteé inmediatamente, no estaba al cien por ciento esa mañana. Reconocí el cabello rubio y los ojos soñadores del hijo del ex dueño del cinco por ciento de las acciones del planeta File. Estaba más delgado y ojeroso, imaginé que se trataba de la escandalosa noticia del asentamiento militar en medio del espacio que había circulado por los último tres años. Nadie sabía mucho, solo lo que Gennai nieto dejaba que se liberara a los medios de comunicación y aquello normalmente estaba intervenido. Los ocho lo sabíamos.

—¿Sí?

—Qué bueno verte aquí, no pensé si habías sobrevivido o no… Estuve intentado contactarte allá en File, pero ninguno de mis esfuerzos daban resultados —rió fatigado—, ya sabes, la correspondencia es un poco difícil en el espacio.

—¿Cómo sabías que estaba acá? —indagué, Gennai viejo se aseguró de cambiarnos la identidad antes de ingresar a la Tierra para evitar así los hostigamientos de la prensa y preservar, de cierto modo, la poca reputación que quedaba de su planeta.

—No sabía —explicó casi sin habla—, simplemente te vi.

—Es bueno verte bien, Michael —dije a modo de despedida.

Izzy, quien era Koushiro ahora, estaba caminando hacia la vitrina de flores a paso apresurado. Caminé hacia él y lo tomé del brazo para así seguirle el paso. Desde que estaba en la Tierra, había adoptado esa rapidez frenética.

—¿Los tienes?

—Sí, viajamos a File el próximo mes.

—¡No puedo esperar! —grité emocionada—. ¿Les dijiste al resto?

—Se los diremos hoy, en la cena.


Fin


No puedo creer que esto haya terminado, estoy flipando. Cuando armé esta historia estaba aburrida en medio de la catástrofe en mi ciudad luego del terremoto.. Literalmente no había mucho que hacer y estaba movida por el desastre y la ciencia ficción. Recuerdo que alguien me preguntó que qué me había fumado porque recientemente había terminado Lunática y no era para nada mi línea creativa. Bueno, amo la ciencia ficción y espero que en este cap haya quedado demostrado.

En cuanto al fic, recuerdo cuánto lo amaba, hoy lo amo mucho porque disfruté escribirlo (incluso si quedé atascada en el final por casi un año), releerlo (gracias generala SkuAg) y finalmente finalizarlo (?). ¡Fueron siete años! Se siente extraño D:

Seguí con las referencias de la serie en este cap (lo notaron?) y también puse una escena de Digimon Tri (no habría pensado jamás que la serie volvería allá en el 2010 xD el tiempo pasa taaan rápido a veces). Mimi cantando para llamar la atención y distraer fue justo y necesario. También hacer incapié en la segunda generación (trollei, ¡devuelvelos ya!), una despedida lejana con Palmon y que quieran volver a toda costa fueron cosas que amé y espero que también amen uds.

Gracias por llegar hasta acá. Los amo.

Y algo importante: no seguiré la historia, el final abierto es mi trolleo (?)

Nos leemos en otra historia jaja, espero terminarla.

Syb out.