50. Almas entrelazadas

Días después de que partieran desde Nortinka, pusieron pie en las provincias del reino y un día más tarde, llegaron a la Ciudadela de Hyrule.

El ambiente en esas fechas era festivo, en plena celebración de las Fiestas Bienales Sagradas.

Las calles, viviendas y comercios estaban engalanadas por diversos adornos y luces, que transmitían calidez a la estación invernal en la que se encontraban. Afortunadamente, ese frío era más soportable que el que se sentía en las montañas donde se asentaba Nortinka.

Era además una época que tradicionalmente se aprovechaba para estar con los seres más queridos, no simplemente para divertirse, por lo que familiares, amigos y parejas celebraban en compañía durante esos días.

Link recibió una gran sorpresa, en relación a este aspecto. Tras reunirse con Zelda y relatarle todo lo acaecido, descubrió que su abuelo Smith había venido desde Sakado para, creyendo que se encontraría en la ciudadela durante esas fechas, pasar las Fiestas Bienales Sagradas con él. Y para mayor asombro del espadachín, dado que él se había ausentado y desconocía cuando volvería, su abuelo decidió traer a los aldeanos de Ordon a la ciudad y celebrar con todos ellos, a quienes consideraba la segunda familia de Link. Él les pagaría sus gastos durante su estancia allí, además de costear lo que se organizaría en la taberna de Telma, pues ella misma se ofreció a hacerlo al enterarse de la llegada de los ordonianos, hablando previamente con el burgués.

Aunque su prioridad había sido Nagahim, el guerrero no pudo evitar que tantas distracciones acaparasen su atención. Mas también era cierto que necesitaba descanso, por lo que prefirió pensar en que el hechicero no actuaría durante un tiempo y se dejó llevar por la festividad.

Por insistencia de su abuelo, durante las Fiestas Bienales Sagradas se alojaría en su casa ubicada en el barrio pudiente de la ciudadela. No era tan grande como la residencia habitual en Sakado de éste, pero igualmente era espaciosa y acorde de lo que se esperaría de un miembro de la burguesía. En aquella zona residencial, limitaba a ambos lados con las propiedades de otros acaudalados y daba a una amplia vía, cuyo otro lado estaba ocupado también por otra hilera de pequeños y singulares palacetes. La parte frontal estaba protegida por un muro y puertas decoradas elegantemente, que daba primero a un terreno ajardinado que conectaba luego a la edificación de dos pisos de alto, excluyendo la planta baja y el desván, y a un establo adyacente a ésta. El número de habitaciones era limitado con respecto a la mansión de Sakado, siendo suficientes para acoger a una familia no demasiado extensa, un cuarto para invitados, otro para empleados, un recibidor, un espacioso salón, un estudio, una cocina, un comedor, un sótano, un desván y varios baños.

A Link le embargó un poco la melancolía cuando se enteró de que la vivienda había sido la de sus padres, y por ende, también habría sido la suya propia. Ese sentimiento no duró mucho, pues curiosamente, no estaría solo con su abuelo mientras permaneciera allí. Midna también se quedaría. Fue la generosidad del propio Smith quien la invitó a permanecer en dicha vivienda, al conocer la buena amistad que mantenía con su nieto. La decisión de Midna de aceptar su proposición fue impulsada principalmente para no comprometer a Zelda, pues era una extraña para el resto de los que hacían su vida en el castillo y no podía tampoco justificar su presencia allí indefinidamente. Otro motivo estuvo relacionado con el propio Link, pero ése no lo nombró.

XOXOXOXOXOXOXO

Ese día, nada más caer el sol, comenzaría una celebración importante, en conmemoración a lo que los creyentes definían como aquella que precedió la llegada de las Diosas de Luz y la creación del mundo. Se haría una gran cena en la taberna, a la que asistirían también Ashei, Shad y Auru, aparte de los que estaba previsto que viniesen.

Pero horas antes de que cayese la noche, Zelda y Midna se reunieron a solas en castillo, en aquel salón en el que habían discutido antes de la marcha a Nortinka. Tenían asuntos de los que conversar, principalmente relacionados con Link y la fiesta en el establecimiento de Telma.

-Y…-Midna sorbió un poco de chocolate caliente de su taza, antes de continuar-¿Vas a venir tú también a la fiesta que se hará en el local de esa tabernera?

-Por supuesto, asistiré.-contestó, bebiendo también de su taza de té.

-¡Vaya! ¿Quién lo diría?-exclamó, ciertamente sorprendida-Pensé que te negarías o que dudarías al responder.

-¿Por qué habría de haberlo hecho?

-Más que nada, porque tú no es eres de aquellos a los que les agrada festejar las ocasiones especiales…-hizo una corta pausa, mirándola con entendimiento-Y menos esta época.

-Bueno…-vaciló, pensándoselo-Tienes razón. Hace tiempo que dejé de verme atraída por tales divertimentos, más que nada por la educación que he recibido y lo que ha conllevado. Pero sí, aunque me muestre indiferente ante otros eventos festivos, siento cierto rechazo a involucrarme en algo relacionado con las Fiestas Bienales Sagradas. Tú deberías saber perfectamente el motivo.

-¡Sí! ¡Lo sé! ¿Qué otro remedio me queda?-le dio la razón, rememorando las vivencias de Zelda que quedaron grabadas en su memoria cuando sus almas cohabitaron-Lo que te desagrada es recodar los tiempos en los que eras niña y tu padre, que adoraba esta fiesta sobre todas las demás, celebraba por todo lo...

-Ya basta.-le ordenó, mostrándose reacia a que siguiera-No es necesario que me des detalles que yo perfectamente conozco.

-Está bien…-suspiró-¿Y por qué, conociendo esto, pareces tan dispuesta a asistir?

-Sólo lo hago por Link. No le encuentro significado alguno a celebrar estas fechas en soledad, por algo me he negado a hacerlo durante todos estos años. Estás serán las primeras Fiestas Bienales Sagradas que pueda pasar con él y…-suspiró, entristecida-también las últimas.

-¡Ah! ¡Claro! ¿Y yo no cuento? ¿Verdad?-exclamó, falsamente ofendida.

-¡Oh! Siento haberte ofendido, Midna.-esbozó una leve sonrisa-Por ti también vale la pena que acuda a la fiesta.

-¡Pero qué ingenua eres! ¡Si yo sabía que lo ibas anteponer a mí!-aclaró, riéndose-¡Ni que me fuera a ofender, mujer!

-Ya me lo suponía, pero me disculpé por si acaso. Además, has logrado que por un instante olvide la última frase que pronuncié, así que te lo agradezco.

-¡No hay de qué!-le guiñó un ojo-¡Ey, ahora me acuerdo! Esta no será la primera vez que celebres algo con Link.

-Estás en lo cierto, supongo que él te lo habrá contado. Fui a Ordon, para acompañarle en el día de su cumpleaños.

-Y está claro que no es lo mismo desplazarte a una taberna dentro de la ciudadela, que realizar todo el recorrido hasta Ordon. ¿Acaso no lo dudaste? Es mucho más fácil que te descubrieran haciendo esto último.

-Sí que lo hice, a diferencia de ahora. Entre otros múltiples factores estaba, como dices, la distancia y el tiempo que me ausentaría por ello. Es más, no tenía pensado ir a Ordon, pero una fiel criada mía, amiga de él, me lo sugirió. Mas no fue hasta el último momento cuando me decidí. Y recibiendo la ayuda de Telma, me llevó a Ordon y me regresó a la ciudadela al día siguiente de la fiesta.

-¡Mucho cariño tendrías por Link en ese tiempo si te atreviste a realizar tal viaje!

-No sabría decirte, pero he de admitir que no fue sólo por él que fuera a Ordon.

-¿En serio? ¿Y qué más te influyó?

-Tuve motivos, por así decirlo, más "egoístas". Aquella escapada a Ordon era una oportunidad única para conocer dicha localidad y a sus habitantes. Fue un acto de rebeldía, contra mis ministros principalmente, pues antes de eso no había pisado tierras más allá de la provincia de Lanayru en años. ¡Y me disfruté bastante el haberlo hecho! ¡Casi como con la otra salida que hice con Link al Lago Hylia!

Después de su pequeña confesión, ambas pasaron unos minutos en silencio, deleitándose con él té, las pastas y el chocolate caliente que les había traído una sirvienta, un rato antes.

-¿Sabes? Noto que en ti ha habido un cambio, en lo relacionado con cómo estás manejando los asuntos que os conciernen a ti y a Link.

-Es porque desde nuestra última conversación, he tenido tiempo para reflexionar.

-¿Nuestra última conversación? Uhm…-forzó su memoria, incómoda al recordar-Te dije bastantes cosas, muchas de ellas no muy buenas.

-Y todo en relación a Link. Y debo admitir…que tenías razón.

-¿Razón? ¿En qué, exactamente?

-En todo. Básicamente te estoy reconociendo que cuando me llamaste "amargada", estabas en lo cierto. Pese a mis circunstancias y a mis dramas personales, ellos no eran motivo para que siguiera encerrándome en mí misma y tratara de apartar a Link de mi lado. Eso sólo es fruto de un temor que aún hoy sigue atormentándome, que es el miedo al dolor que supone la pérdida. No puedo decir que a estas alturas se haya ido, pero hago mi mayor esfuerzo por superarlo.

-¡Qué gran avance por tu parte! Y lo que más me gusta, sin duda, es que me hayas dado la razón.

-Gracias, aunque no va a impedir que el resultado final…siga siendo el mismo.

-Ya volvemos a sacar el tema…-soltó en un suspiro, incómoda-¿Quieres un consejo? ¡Deja de pensar en el futuro! ¡Céntrate en el presente! Que entre tú y Link, me vais a terminar exasperando repitiendo una y otra vez lo mismo.

-Sí, es cierto. Ambos te hemos puesto como nuestra confidente, sin pensar o darnos cuenta, de que tú eres la que menos debería verse involucrada en todo esto.

-Qué me vas a contar…-murmuró, asqueada con el asunto-Ni siquiera yo sé porque lo hago.

-¿Puedo formularte una pregunta un tanto…delicada?-Midna asintió, aunque sospechando-¿Link te preguntó, durante vuestro viaje, sobre lo que habíamos hablado?

Esa pregunta fue demasiado certera y en su opinión, condenadamente comprometedora. Midna no supo qué contestar, pues la respuesta implicaba decir mucho más aparte de que el espadachín estaba enterado. Estaría revelando el incidente entre ellos dos.

-¿Y a qué viene esa pregunta?-se puso a la defensiva, molesta-¿No decías que soy tu confidente? ¿No es una tarea que implica guardárselo todo?

-Llámalo intuición o como quieras, pero supuse que ibas a reaccionar así.-aseguró, mostrándose seria e intrigada-Mas el que me hayas negado de tal manera una respuesta, implica que hay algo más que quieres ocultarme.

-¡Tonterías! ¡No te las des tanto de pitonisa, Zelda!-difirió, comenzando a exteriorizar su nerviosismo-¿Por qué no te he respondido? ¡Simple! ¡Porque si preguntó, le mentí!

-Eso también lo intuí. Pero resulta que lo que me interesa ahora no es la respuesta a esa cuestión, sino la que aclare el porqué de tu extraño comportamiento. Dime, Midna…-la miró fijamente, serena, apelando a su sinceridad-¿Algo ocurrió, en relación a Link, que no quieras contarme?

-¡Vale! ¡Está bien! ¡Tú ganas!-se rindió, tapándose el rostro con las manos, avergonzada-¡Mas quiero que sepas que todo fue culpa mía! ¡Link no hizo nada! ¡Al contrario! ¡Deberías estar orgullosa de la fidelidad que profesa por ti!

-Midna… ¿De qué estás hablando?

Tranquilizándose un poco previamente, Midna se dispuso a explicarle lo sucedido entre ella y Link. Se excusó principalmente en una pócima de Ghirahim, pero sabía que no podría redimirse ante Zelda con eso, pues el incidente y las consecuencias que había tenido eran graves.

-¡Es culpa mía que ahora pueda sentirse confundido conmigo y puede que hasta con vuestra relación! ¡Aunque haya dejado de mostrarlo abiertamente!-admitió, arrepentida-Te pido que no lo pagues con él, porque no tiene culpa alguna.

Zelda permaneció pensativa durante un rato, tiempo que se le hizo eterno a la Twili. Odiaba ese semblante neutral que solía demostrar, pues le impedía percibir en qué estaría pensando y cómo se habría tomado todo lo que le había reconocido.

-Siéndote sincera…-se pronunció finalmente, extremadamente tranquila-Esto que me has contado me ha trastornado mucho. Y al mismo tiempo…como que ya me lo había podido imaginar.

-¿Cómo? Explícate, por favor. ¡No me dejes con la duda!

-Digo, que puede que yo también haya tenido parte de culpa. Al fin y al cabo, fui yo quien te dio, conociendo además tus sentimientos por él, esperanzas en que cuando ya no estemos juntos, tú ocupes mi lugar.

-¿Eh? Uhm… ¿Tiene truco, verdad?-era incapaz de creerse que ella le estuviera hablando de tal manera-¿No estás ni un ápice enfadada conmigo? ¿Y con Link?

-¿Enfado?-reflexionó un instante-No, molestia tal vez, pero es natural tras haber escuchado todo lo que has contado.

-Vale…-mirando de reojo a Zelda, Midna levantó la tapa de la tetera de que había en la mesilla frente a ellas-¿Qué hierbas lleva esto?

-Midna, por favor, no intentes hacer bromas sobre esto. ¿Qué es lo que te cuesta tanto creer de lo que he dicho?

-¡¿Todo, quizás?! ¡Ey! ¡Midna llamando a Zelda!-agitó la mano frente a ella, que seguía mostrándose neutral-Cualquier mujer en esta situación mostraría, al menos, un "poquito" más de sentimientos negativos hacia otra de su confianza que prácticamente le ha confesado que casi logra que su amante cometa una infidelidad con ella. ¡Bueno, si no consideramos el besar como un acto desleal! ¡Y no digo más!

-Prefería que te hubieras ahorrado esas últimas palabras…-en ese punto, al fin pudo notarla verdaderamente mosqueada-¿Ocurrió algo más? Veo que no, porque entonces a ti sí que se te estaría cayendo la cara de vergüenza. Y no lo digo apelando únicamente a tu moral…

-¡Ahora sí! ¡Eso ha sonado a amenaza!-un escalofrío le recorrió la espalda-Lo que no sé es si debería tomármelo bien o mal.

-Puedes estar tranquila.-le aseguró, mirándola sin emoción alguna-Nada grave pasó, no habrá consecuencias. Y si realmente actuaste bajo los efectos de una insólita pócima, puedo excusarte con mayor facilidad. Considero, además, que ya has pagado tu osadía al haber sido rechazada por Link.

-¡Lo sabía! Ahí residía ese toque de malicia que notaba que faltaba…-apretó los puños y los dientes, le había dado de lleno donde más le dolía-De todas formas, quisiera saber una cosa. ¿No sientes ni el más mínimo resentimiento hacia Link? Lo digo porque, bueno…

-Estimo saber a lo que te refieres… ¿Piensas que tomó en cuenta la posibilidad de marcharse contigo al Crepúsculo cuando nos separemos y por ello debería estar decepcionada con él? Es curioso que tú, quien supo dejar atrás a Link cuando creía que jamás lo volvería a ver, consideres que yo pudiera sentirme mal con ello. Fui yo quien lo propuso, en primer lugar. Y deberías acordarte de que he aprendido por las malas a no aferrarme a nada, que todo es fugaz, y por tanto no sufrir por ello. Aunque esta afirmación que hago es un tanto paradójica, porque sí llevo arrastrando sentimientos y miedos desde hace años. Los mismos que me obligan a tratar de cumplir lo anteriormente dicho.

Midna se quedó pensando en lo que le había dicho. No podía negarle que eso era cierto, pero seguía impresionada con la filosofía con la que Zelda se había tomado aquel incidente. Ella, en su mente, se la había imaginado más dolida y furiosa con ella. Estaba claro que ambas eran muy diferentes.

-Cambiemos de temática...-pidió Zelda, decidida a zanjar el asunto-Quisiera que me hablases del estado de Link… ¿Cómo se encuentra?

-Más o menos, Fi dice que las heridas provocadas por la Espada Maestra tardan en curarse y más una que hubiera sido mortal si la magia no hubiese intervenido.

-¿Y el señor Smith y los demás? ¿Cómo se han tomado que haya regresado en tales condiciones?

-Ha costado darles una versión que no les escandalizara. Imagínate, si esa guerrera y el estudioso se quedaron de piedra cuando les revelé lo que me contaste sobre Dark Link… ¿Cómo se hubieran puesto ellos, que no lo vieron en persona?

-Y pensar que llegué a confiar en que el poder del Pez del Viento había sido suficiente para eliminarlo…-suspiró-Al menos, Fi nos ha dado la garantía de que, tras una radical resolución de los hechos, esa contraparte suya ha desaparecido definitivamente.

-Yo también espero que sea así…-expresó, con cierta intranquilidad-Ahora lo que más me preocupa es el propio Link. Y no lo digo únicamente porque se encuentre débil, sino porque, como pudiste darte cuenta cuando regresamos, apenas habla. Nunca ha sido de dar grandes discursos, eso está claro, pero he notado cómo si estuviese todo el día pensando en algo.

-Sí, me di cuenta de ello. ¿Qué crees que le pasa? ¿Fi te ha comentado algo?

-Nada, y él tampoco ha querido decírnoslo. Se ha recluido en la habitación que su abuelo le dejó, más que nada por sus heridas, prefiriendo que no le hagan visitas, aun cuando sean de gente a la que aprecia.

-No he podido verle después de que regresara, por lo que trataré de hablar con él esta noche, quizás logre sonsacarle algo.-miró entonces a Midna, concretamente a sus manos-A todo esto… ¿Tú cómo te sientes? ¿Siguen incomodándote?

-Bueno…-ella se miró las manos, observando sus cicatrices-Cada vez me duelen menos. ¡Supongo que será cuestión de tiempo que sanen o acostumbrarse!

-Asumiste un gran riesgo al empuñar la Espada Maestra, tanto por ti como por Link.-suspiró, cerrando los ojos-Y he de agradecerte de todo corazón que le salvaras la vida. Tú, al contrario que yo, sí has sido capaz de protegerle, con éxito, de un peligro.

-¡No digas eso, mujer!-con ella se recriminándose eso, prefirió cambiar a otro asunto-¡Ah, por cierto! ¡Tengo una duda! ¿Le regalarás algo a Link?

-¿Uhm? Pues…sí.-se ruborizó un poco, apenas era perceptible-¿Y tú? Sé que tu pregunta deriva de que, igual que aquí, en el Crepúsculo también estáis familiarizados con la costumbre de entregar regalos durante una fiesta similar a ésta.

-¡Verdad! ¡Aunque nosotros somos más inteligentes y la celebramos cada año! No como aquí, que es bienalmente.

-Nosotros lo hacemos de esta forma, porque de ese modo se simboliza el periodo de oscuridad que antecedió a las Diosas, representado en el año que no se celebra; y a cuando ellas crearon el mundo, en el año donde se festejan las Fiestas Bienales Sagradas. Celebrándose bienalmente, además, se logra que caiga en uno que venere a una diosa distinta. Esta vez, se hará en el año de la diosa Nayru. Y el día de mañana se considera aquel cuando las diosas descendieron y se formó todo lo existente, mientras que esta noche se recuerda el preludio a su llegada.

-¡Mira que os complicáis los del Mundo de la Luz!-rió Midna-Y respecto al regalo… ¿No te importará, no?

-¡Por las Diosas, Midna! Todos se los darán esta noche o los recibirán por la mañana.

-Es verdad, pero todavía me siento incómoda por lo que hablamos antes…-suspiró, armándose de valor-¡En fin! ¡Al grano! ¿Podrías prestarme dinero?-juntó las manos, suplicante-¿Por favor?

-¿Por qué no me sorprende que me lo pidas?-disimuló una risa, se lo había esperado-Aunque a estas alturas dudo que puedas comprarle nada. ¿Por qué no me viniste con esa misma petición un día antes, al menos?

-¡Mierda! ¡¿Y ahora qué hago?!-al final, Zelda no pudo evitar reírse-¡No te rías! ¡Que también pensaba regalarte algo a ti también!

XOXOXOXOXOXOXO

Oculta bajo su manto oscuro, la princesa Zelda se dirigió a la taberna nada más caer la noche.

Mas antes había quedado en reunirse con Midna cerca de la entrada al callejón donde se ubicaba el local, y ésta se estaba demorando. Ella se había ido apresuradamente en cuanto le dejó algo de dinero, sin más explicaciones salvo quedar ahí al anochecer, por lo que desconocía en dónde estaría y si habría conseguido algo.

Ya impacientándose, escuchó un ruido proveniente de los tejados de las casas colindantes.

-¡Ya estoy aquí! ¿He tardado mucho?-soltó en una exhalación, tras haber bajado de un salto, cargando además con dos sacos de distinto tamaño.

-Un poco más de lo que me hubiera gustado, pero eso es lo de menos.-la miró, con una expresión de reproche-¿Qué hacías correteando por las alturas? ¿Y qué llevas ahí?

-¿Esto? ¡Aquí llevo los regalos! Y lo de andarme por ahí arriba era porque regresaba de mis compras.-entonces, le entregó una pequeña bolsa-Aquí tienes lo que me sobró… ¡Y gracias nuevamente por prestarme dinero!

-Midna…-sospechó, apenas quedaba dinero dentro-¿Qué se supone que has comprado?

-¡Bah! ¡Unos detallitos! ¿Por qué lo preguntas?

-Porque te cedí una cantidad considerable de rupias y apenas me has devuelto calderilla. ¿Qué has hecho con ellas? Y algo creo que más importante… ¿A qué establecimientos has acudido que abran más allá de la mañana, en este día?

-¡Je! Digamos que fue en ese "detalle" por el que se me ha ido una parte del presupuesto…-vaciló, notándosela un tanto nerviosa-Como las tiendas estaban cerradas, tuve que entrar y rebuscar en ellas por "otros métodos". Y posiblemente se me fuera la mano en algunas ocasiones, por lo que para compensar los daños, dejé cierta cantidad que pensé que podría cubrirlos. Luego está el precio de lo que compré, claro.

-Por las Diosas, Midna…-suspiró, incrédula-¿Te das cuentas del ejemplo que das, siendo además la reina que eres?

-¡Oh! ¡Ya me vino ésta con su ética!-se quejó, arrogante-¿Pues sabes qué? ¡Da gracias porque te pidiera dinero y adquiriera legalmente estos presentes! ¡Los hubiera robado de no haber sido así! Al fin y al cabo, tampoco iba a llevarme una fortuna.

-Mil perdones, reina Midna…-se inclinó ante ella, sarcástica-¡Gracias por no tambalear los cimientos de la economía capitalista y las leyes de mi reino!

-¿Lo ves? ¡Todos contentos!-exclamó Midna, aguantándose la risa ante aquellas palabras-Y ahora dejémonos de chácharas y vayamos a la taberna. ¡Que también me esperan allí!

Una vez que estuvieron frente a la entrada, vieron colgado en la puerta un cartel que informaba de que ese sitio estaba reservado esa noche. Con el ruido de fondo que se escuchaba tras la puerta, Midna la abrió y ni se molestó en advertir de su llegada o la de su acompañante.

La taberna estaba decorada con vistosos y coloridos adornos, donde un pequeño árbol en su maceta igualmente engalanado para la ocasión, destacaba sobre el resto de la decoración. La temática de todo aquello era festiva y a su vez religiosa, con diversas figuras de las Diosas y otros símbolos distribuidos por todo el local.

Abundaban la comida y la bebida, repartidas por la barra del bar y las mesas. Éstas últimas habían sido recolocadas de manera que se pudiera acceder más fácilmente al festín que se ofrecía y se pudieran sentar todos para cenar en compañía.

Y en lo referente a la gente, todos festejaban animados esa noche. Los niños de Ordon eran los que más estaban disfrutando esa velada, aunque los adultos tampoco se quedaban atrás.

En esos momentos, cada uno iba un poco a lo suyo. Smith y Auru charlaban animadamente con Bono y el matrimonio de Rusl y Uli; Telma mimaba a su gata Louise y hablaba a su vez con Ilia; los niños jugaban entre ellos; Shad estaba enfrascado en una conversación con Fi, a quien todos parecían haber aceptado pese a su misteriosa naturaleza; la tendera Otilia se llenaba el estómago, mientras su marido Hanch la miraba con desilusión; y Ashei competía contra el artesano Sancho y el cabrero Braulio por ver quién podría beber más, a la vez que Petra, mujer de Sancho, les recriminaba que estuvieran haciendo eso en una noche como aquella.

Y apartado de todo ese revuelo, estaba Link, solo, sentado en un banco de madera. Curiosamente, iba elegantemente vestido, con lo que Zelda creyó que era el traje que le había regalado sus amigos del castillo por su cumpleaños, habiendo sufrido varias modificaciones.

A Midna se le mezclaron diversas emociones al verlo, entre ellas la risa y el asombro. No se había esperado verlo de esa manera.

-¡Bienvenida, señorita Midna!-le saludó de pronto Smith, quien también iba bien vestido-¿Qué le ha hecho demorarme? ¡La esperábamos con impaciencia!

-Tenía…asuntos que resolver.-contestó vagamente, mirando cómo iba vestido-Vale que esta noche se hayan vestido todos con un mínimo de decencia… ¡Mas no esperaba que obligase a Link a ir como usted!

-Sé que mi nieto aprecia mucho ese atuendo verde que suele llevar, pero necesitaban unos arreglos más minuciosos de los que en un principio se le dieron para…bueno, arreglar los desperfectos que dejó ese incidente que sufrió.

-Veo que tampoco ha perdido el tiempo en modificar ese atavío, dejándolo a gusto de lo que un burgués de su categoría llevaría.-habló Zelda, oculta aún bajo la capa-¡No puede negar que también deseaba ver a su nieto así!

-¿Eh? ¿Sois vos, princesa Zelda?-preguntó, ciertamente sorprendido, reconociendo esa voz al instante-Perdonadme por esta indiscreción, pero… ¿Qué hacéis esta noche en un sitio como éste?

-¿No lo sabía? Tanto Link como yo, guardamos una buena amistad con la princesa Zelda.-le explicó Midna-Los aldeanos de Ordon también la conocen y no creo que les impresione demasiado verla esta noche aquí.

-¡Oh! ¡De acuerdo! Aunque…-él aún dudaba-Me parece, cuanto menos curioso, que la soberana de este reino nos honre con su presencia.

-Tiene razón, es evidente que no es la clase de lugares que suela frecuentar la alta nobleza. Mas su propietaria, la señora Telma, es una mujer de confianza, como ya sabrá, que hizo una gran labor por el reino durante la invasión. Así que más allá de los convencionalismos existentes, venir aquí en una noche como hoy no es en absoluto algo que me incomode.

Zelda y Midna cruzaron pocas palabras más con Smith antes de irse a hablar con Link, dejando al hombre confundido y buscando consejo de su amigo Auru.

-Auru…-se acercó a él, dudando-¿Esto es normal? Digo, que la princesa Zelda haga estas cosas.

-No, todo lo contrario. Yo también estoy impresionado de que haya venido, aunque supongo que habrá sido por el muchacho y puede que también por esa peculiar mujer amiga de ambos.

-Sí, esa joven llamada Midna es un tanto misteriosa…-la miró un instante, enseguida retomando el tema-Pero volviendo al asunto de la princesa… ¿En el castillo no se darán cuenta de su ausencia?

-Si no tiene obligaciones pendientes y ha dado órdenes de que no la importunen, ni siquiera para comer, te aseguro que no lo harán. Además, estamos en fiestas, por lo que salvo la vigilancia exterior, nadie sabrá de sus salidas.

-¿Y qué pasa con esos soldados? ¿No hacen preguntas o qué?

-Delante de nuestra soberana guardan silencio, aunque no quiere decir que luego ellos sean los primeros en propagar rumores.

-Ya...-suspiró-Como aquel fin de semana que estuvieron solos en el Lago Hylia, cotilleo que llegó incluso a las colonias.

-También se habló del viaje que hizo a Ordon por el cumpleaños del joven, aunque parece que eso no lo sabías.

-¡Espera! ¿A Ordon? ¡Auru! ¿Tú ves bien eso? ¡Y no lo digo por la princesa solamente!

-Bueno…si no hubiera venido aquel día y por tanto lo le hubiéramos dado ese medallón, a día de hoy usted probablemente no se hubiera reencontrado con su nieto, señor Smith.-apareció de pronto Uli, acompañada de Rusl.

-¡Oh, sois vosotros!-exclamó sorprendido-¿Habéis estado escuchándonos?

-Nos dimos cuenta de que algo estaba pasando, cuando vimos a una mujer aparecer junto a Midna y que hablaba con usted.-habló Rusl, mirando hacia donde Zelda se encontraba-¿Quién diría que, nuevamente, la princesa Zelda celebraría una fecha señalada junto a nuestro muchacho?

-Me asombra que todos os estéis tomando un asunto así tan a la ligera… ¿Es que no conocéis a las malas lengua? Mucho dicen y poco suele ser bueno, sea cierto o no. Y todo lo que guarde relación con nuestra futura reina, se puede volver asunto de estado.

-¡Opino que estás exagerando, viejo amigo!-rió Auru-¡Son jóvenes! ¡Y no están haciendo nada malo! De lo contrario, ten por seguro que yo actuaría de inmediato. Ambos son sensatos y no cometerían nunca un acto que pudiera dejarles en entredicho.

-¿Una escapada en solitario al Lago Hylia y un traslado a Ordon por un simple cumpleaños te parecen poca cosa? ¡Qué abierto de mente eres! ¡No puedo decir lo mismo de otros muchos!

-¿Podrían explicarnos el porqué de tanto revuelo?-preguntó cordialmente Uli-Más allá de evitar chismorreos sobre la princesa Zelda, no veo por qué parecéis tan inquietos por la relación que mantiene con nuestro Link.

-Y teniendo en cuenta que él es su protector, es lo más normal del mundo que pasen mucho tiempo juntos.-añadió Rusl-Y durante el cual, se ha formado esa estrecha amistad que guardan.

Los dos ancianos aclararon sus gargantas, incómodos con tal afirmación. Era obvio que eran los únicos que conocían los verdaderos sentimientos que se procesaban los jóvenes.

XOXOXOXOXOXOXO

Ambas monarcas se aproximaron a Link, quien estaba distraído y con la mirada perdida, hasta el punto de no percatarse de que ellas estaban frente a él.

-¡Espabila, hombre!-Midna chasqueó los dedos delante de él, sacándolo de su ensoñación-¿Ni siquiera vas a saludarnos?

Link se sorprendió enormemente cuando vio a Zelda, que se sentó a su lado y luego Midna junto a ella.

-¡Pero di algo de una vez!-insistió la Twili, pues no había pronunciado palabra alguna-¿O es que la gata de Telma te ha comida la lengua?

-Eh…-dudó unos instantes-No pensé que fueras a venir, Zelda. Me alegro de que estés aquí.

-Elocuencia pura…-Midna suspiró, llevándose la mano a la cabeza-¿Eso es todo?

-Déjalo ya, Midna…-le pidió por lo bajo, pasando a centrarse en Link-¿Cómo te encuentras esta noche?

Él respondió con un mero sonido de conformidad. Aunque era evidente, por mucho que tratase de ocultarlo, que no estaba en su mejor momento.

-¿Has comido ya algo?-preguntó con interés Midna-¡Quisiera alguna recomendación antes de empezar con el festín! ¡Me muero de hambre!

Él simplemente negó con la cabeza, dando a entender que no había comido nada en lo que llevaba de noche. Zelda comenzó a temer por su actitud, era tal y cómo se la había descrito Midna.

Ésta última en cambio, viendo el panorama, pensó en que lo mejor sería dejarlo a solas con Zelda, aunque fuese un momento, esperando que ella lograra sonsacarle algo. Y de paso, probaría algo de la comida que abundaba esa noche.

-¿Qué te pasa, Link? Nunca has sido tan parco en palabras, salvo que estuvieras molesto con algo o alguien. ¿Es eso?

-¿Uhm?-la miró confundido-No estoy enfadado.

-¿Entonces? ¿Por qué demuestras esa actitud? Tienes preocupados a todos, incluida yo.

-Sólo estoy cansado. Aún me estoy recuperando de la herida que me infringió la Espada Maestra.

-¿Únicamente eso?-ella lo dudaba-¿Seguro?

Él asintió, aunque apenas se le veía convencido. Y de pronto, llegaron los niños de Ordon, quienes venían buscándole para que mediase en sus asuntos triviales.

-¡Oye, Link! ¿A qué son hadas las que vendrán esta noche?-preguntó emocionado Talo.

-¡Qué dices! ¡Las hadas no dan regalos de ese tipo!-difirió Colin, pensativo-Estoy seguro de que tienen que ser otras criaturas.

-¡Bah! ¡Qué críos!-rió Beth, mostrándose superior-Todo el mundo sabe que es un cuento para que los niños vayan a dormirse temprano esta noche.

-Otra discusión inútil…-suspiró Lalo-Si da igual que sea unos u otros, una leyenda o no. El resultado será el mismo, con suerte.

-Tranquilizaos, niños.-les pidió calmadamente Zelda-Link no se encuentra demasiado bien y lo mejor sería no atosigarlo.

-¡Anda! ¡Si es la princesa Zelda!-exclamaron al unísono-¿Qué hace aquí?

-Bueno…-les ofreció una sonrisa complaciente-He venido para pasar la velada en compañía de leales amigos.

-¡Ji, ji! ¡Entonces ha venido a ver a Link!-comentó ilusionada Beth-A lo mejor usted logra animarle un poco. Ha estado un poco pachucho últimamente.

-¿Y esa Midna?-preguntó Talo, ojeando-¿No es también amiga suya?

-¿Alguien ha preguntado por mí?

Midna regresó cargada con unos cuantos aperitivos y vasos llenos, posándose nuevamente sobre el banco.

-¡A ver! ¡Decidme!-habló la Twili, llenándose la boca-¿De qué estabais hablando?

-¡Ah, sí! ¡Casi se nos olvidaba!-exclamó Colin-¿Quién tiene razón? ¿Talo o yo? ¿Son hadas u otras criaturas las que nos dejarán regalos esta noche?

-¡Si ya os lo he dicho! ¡Son los adultos!-insistió Beth-¿No veis que ellos siempre se los entregan la noche anterior y delante de nosotros? ¡Es obvio que son ellos!

-¡Nos digas esas cosas, Beth!-le recriminó Colin, tapándole los oídos a su hermana pequeña-Y si es verdad… ¡Tampoco tienes que arruinarnos la ilusión! ¡Piensa en Lalo y en mi hermanita Alice!

-A mí me da igual…-murmuró Lalo-Y ella es muy pequeña para entender de lo que estáis hablando.

-¿Hadas? ¿Regalos?-Midna no seguía el hilo de la conversación-¿A qué os referís?

-Creo que debe ser a la leyenda que da origen a que en el día de mañana, los niños reciban regalos, colocados tradicionalmente bajo un árbol.

-Princesa Zelda, usted parece conocer bien todo sobre las Fiestas Bienales Sagradas…-a Talo le avergonzaba un poco hablar con ella-¿Podría contarnos esa historia?

-Si me lo pides así, estaré encantada de relatárosla.-miró entonces a Midna-¿Por qué nos les explicas tú también las tradiciones de tu pueblo?

-¡Espera! ¡¿Qué?!-exclamó, casi cayéndosele el vaso del cual bebía-Pero yo…

-¡Por favor, Midna!-suplicaron los niños-¡Queremos saber más del sitio de donde viene!

Al principio, ella se negó. Mas cuando vio la expresión triste de la hermana pequeña de Colin, tuvo que resignarse y aceptar.

-Todavía queda una duda…-sospechó Lalo-¿De dónde eres originaria?

-Eh… ¡De muy lejos! ¡Y soy de una comunidad muy reducida!-mintió con lo primero que le vino-¡No hay necesidad de marcar su ubicación en ningún mapa!

-¿Y a qué raza perteneces?-intervino Beth-No pareces una hyliana o una humana… ¡Pero igualmente eres hermosa! ¡Ojalá mi pelo fuera tan bonito como el tuyo!

-¡Basta ya de preguntas!-ordenó, incomodada por ese último comentario-¿No queríais que Zelda y yo ejerciéramos como cuentacuentos?

XOXOXOXOXOXOXO

Mientras ellas narraban sus historias, Shad tomaba apuntes de todo lo que le decía Fi.

Estaba entusiasmado con toda la nueva información que estaba recopilando sobre los Ucas y contrastando con ella la que le dio la matriarca Impa. Tan absorto estaba, que apenas se percató de la llegada de Ashei.

-Pero, tío… ¡Hip!-eran apreciables sus signos de embriaguez-¡Llevas desde que llegamos a la ciudadela sumergido en libros y documentos! ¡Hip! ¿Y ahora estás aquí, apartado, charlando con esa biblioteca andante? ¡Hip! ¡Eres un aburrido!

-¡¿Y a ti qué te ha pasado?!-preguntó pasmado, ajeno a lo que había acontecido hasta el momento en la fiesta-¿Por qué has bebido tanto? ¡Y tan pronto!

-¡No estoy borracha!-negó con el dedo, tambaleándose-¡Yo gané al pastor y al artesano porque no estoy borracha! ¡Hip!

-¿En serio tenías que meterte en algo semejante, en una noche como esta?

-¡Oh, papi! ¡Perdóname! ¡No lo volveré a hacer!-se sentó a su lado bruscamente, casi cayéndose sobre él, recostando su cabeza sobre la mesa-¡No quiero que me dejen sin nada esta noche! ¡Hip!

-No sé si estás muy mal o te estás burlando de mí…-suspiró, irritado con su actitud.

-¡Yo dejé de ser una niña hace mucho tiempo! ¡Hip! ¿Me vas a castigar o algo?

-Afortunadamente, prácticamente he terminado de dialogar con Fi sobre tratados etnológicos y otras cuestiones relacionadas con los Ucas. Así que apenas tengo motivos para enfadarme contigo por tu reprochable comportamiento.

-¡Me acabo de acordar de algo!-de pronto, se levantó-¿Sabíais que la princesa Zelda está aquí?

-¡¿De verdad?! ¡Pues yo no me había dado cuenta!-Shad rebuscó con la mirada, hasta encontrarla-¡Es cierto! Curioso, supongo que habrá venido por Link y Midna.

-Yo supe de su llegada antes incluso de que entrara a la taberna.-habló Fi-Es un hecho que no reporta ninguna novedad.

-¡Tienes toda la razón! ¡Hip!-golpeó la mesa, dándole su aprobación-Y Link ha estado raro últimamente… ¡Aburrido, como alguien que yo me sé! ¡Hip! ¡Si ella no lo anima, no sé qué otra cosa lo hará!

-Ciertamente, el amo Link muestra un temperamento inusual en él. Mis hipótesis apuntan a que debe ser consecuencia de la debilidad que padece, a causa de su confrontación con Dark Link y la herida provocada por la Espada Maestra.

-¡Ya se le pasará! ¡Hip! ¡Dejémosle tranquilo!-descansó la cabeza sobre un brazo y éste encima de la mesa, mirando a Shad-¿Qué tan interesante es lo que has estado haciendo para no prestarle atención a otra cosa?

-¡Reconstruyendo el pasado! ¡Eso es lo que he hecho!-expresó emocionado-¡La historia de los Ucas es más compleja de lo que me esperaba!

Sin que ella pudiera objetarle, él empezó a resumirle lo que había descubierto recientemente.

Mucho antes de la fundación de Hyrule, existió un pequeño reino consagrado a una deidad femenina conocida como Hylia, cuyo nombre luego inspiró el de la nación. En aquella época, las fuerzas del mal devastaron y aniquilaron todo a su paso. Antes de que una raza, siendo éstos los antecesores de todos los hylianos, fuera completamente exterminada, ascendieron al cielo junto con pedazos de terreno arrancados de la superficie. Todo ello fue obra de Hylia, preservando así sus vidas, mientras combatía junto con otras razas a los demonios que habían invadido el mundo.

Crearon toda una civilización asentada en islas flotantes que se repartían por lo que actualmente era conocido como Celestia, anteriormente llamada Celéstea. Construían, cultivaban y comerciaban como cualquier otro colectivo; veneraban a la diosa Hylia, en contrapuesta a la fe actual en las diosas Din, Nayru y Farore; y se desplazaban sobre enormes aves llamadas pelícaros, cuya influencia en su cultura era tal, que también era el símbolo de la diosa Hylia y que posteriormente se modificó, resultando en el escudo de la Familia Real de Hyrule.

Milenios después, se reencontraron con la tierra que había sido su hogar siglos atrás, tras mucho tiempo ignorando su existencia bajo las nubes. Se fundó así el reino de Hyrule.

Repitiéndose la misma historia, muchos se olvidaron de su antigua morada en los cielos. Salvo una pequeña comunidad, conocida como la Tribu de los Vientos, diestros en la magia y por encima de todo, en controlar con ella al elemento del viento. Mantuvieron mucho contacto con la Familia Real de Hyrule, incluso cuando decidieron abandonar el reino y colonizar nuevamente las nubes.

Shad estaba convencido de que esa tribu, eran los antepasados de los actuales Ucas. Y al mismo tiempo, ellos eran descendientes de quienes habían sido los ancestros de toda la raza hylian. Comenzó a atar cabos y darse cuenta de que las leyendas eran ciertas, aunque el paso del tiempo hubiera distorsionado u olvidado la historia original.

-Ahora la duda que me corroe es… ¿Qué fue lo que les pasó? ¿Cómo acabaron siendo lo que son actualmente? Pareciera como si, de la noche a la mañana, hubieran pasado de su antigua forma antropomórfica, a esa apariencia galliforme. Tengo que seguir investigando…-asintió convencido, cruzado de brazos-¿Y tú qué opinas, Ashei?

-Uhm… ¿Qué?-ella estaba somnolienta, apenas le había prestado atención-¡Shad! ¡Hip! ¿Pretendes que, con algunas copas de más, te haya estado escuchando todo este tiempo?

-Si es que lo sabía…-suspiró, recolocándose los lentes-¡La culpa es mía! ¡Ni sobria te interesas por siquiera la mitad de las cosas de las que te hablo!

-En eso… ¡Tengo que darte parte de razón! ¡Hip!-le propinó leves toques en la espalda, apoyándolo-Por otro lado… ¡Hip! ¡Qué mala opinión tienes de mí!

-¿Acaso no es cierto?-le reprochó, decepcionado-Por poner un ejemplo, en todo el tiempo que he estado metido en mis investigaciones, jamás te has interesado por lo que hacía.

-¡Qué mentiroso! ¡Hip!-rió ella.

-¿Eh? ¿Mentiroso? ¿Yo?-se señaló, incrédulo.

-¡Pobrecito Shad!-le dio unas palmadas en la mejilla, vacilante-¡Se ha sentido muy solo porque no le prestaba atención! Se nota que no puedes vivir sin mí.

-¡A-Ashei! ¡E-Ese no es el punto!-se apartó, extremadamente nervioso-¿Y a qué ha venido ese comentario?

-Porque es verdad…-le cogió de la chaqueta, acercándolo a ella-¿O negarás que quien se me declaró fue otra persona?

-Je, je, je…-desvió la vista, avergonzado-En eso tienes razón.

-¿Entonces? ¡Hip! ¿Por qué, de repente, te importa tanto que no me meta en tus asuntos? ¡Siempre he sido así!

XOXOXOXOXOXOXO

Los niños de Ordon quedaron maravillados con los relatos de Zelda y Midna, sentándose en el suelo, alrededor de ellas, para escucharlas.

La princesa hyruliana les narró cómo el origen de que los niños recibieran obsequios, provenía de muchos siglos atrás.

Primero, les habló de unas criaturas llamadas Minish o Picori, según distintas fuentes, seres tan diminutos que no sobrepasaban el tamaño de un pulgar medio. Éstas eran completamente invisibles para los adultos, de modo que solamente los niños podían verlos, contribuyendo aún más a su leyenda. Se decía que esa raza salvó una vez al reino de la desolación que provocaron las fuerzas del mal en una época lejana y que por generaciones estuvieron ayudando discretamente a los pobladores de Hyrule en algunas de sus tareas. Ya fuera una espada mágica la que entregaron y que con ella se derrotase a la oscuridad, como con sus modestas acciones posteriores, todo eran "presentes" dejados por los Minish. Y como los niños eran los únicos capaces de verlos, se contaba también éstos que les obsequiaban directamente.

Sin embargo, la verdadera tradición de recibir regalos en un día específico no veía de los Minish. En realidad, tenía su razón de ser en otra raza extinta, los Kokiri. Niños eternos, vivían ocultos en una aldea en lo profundo del Bosque de Farone, por esa época denominado y dividido en dos áreas principales: el Bosque Kokiri y los Bosques Perdidos. Un gran árbol consciente se asentaba en dicha aldea, conocido como el Gran Árbol Deku, quien protegía los bosques y a los Kokiri. Cada uno de ellos, además, tenía un hada guardiana que los acompañaba fielmente. Se sabía que una vez al año, organizaban un festival entorno al Gran Árbol Deku, donde a éste le hacían ofrendas, y entre ellos y las hadas se obsequiaban mutuamente. Curiosamente, desde que los Kokiri desaparecieron, niños de diversos rincones de Hyrule han afirmado atisbar hadas revoloteando alrededor de sus casas durante una noche concreta, coincidiendo siempre con las Fiestas Bienales Sagradas. Aunque estos hechos eran aislados, pues se decía que tampoco aparecían todos los años.

Así pues, tanto por la influencia de los Minish como por los Kokiri, se acabó adoptando la costumbre de regalar en fechas señaladas durante las Fiestas Bienales Sagradas. Ello tenía relación con el significado religioso de la misma, pues sería un recordatorio del gran regalo, su mundo, el cual recibieron de las Diosas. Los adultos se los darían esa noche, con la excusa de que no obtendrían nada por parte de tales criaturas; mientras que los niños esperarían pacientemente a la mañana siguiente, pues éstos, según la creencia, sí tendrían algo de ellos y estaría colocado bajo un árbol u otra planta que lo sustituyera. Si habían sido buenos, claro.

En contraposición, la tradición del pueblo de Midna era diferente, pero su origen era el mismo que el del Mundo de la Luz.

Ella les contó que un criminal desterrado de Hyrule llegó a su tierra, en clara referencia a que fue condenado a vagar en la dimensión del Crepúsculo. Para expiar sus pecados, dedicó el resto de su vida a la caridad y a realizar buenos actos, cuyos principales beneficiarios fueron los niños. Él trajo dicha costumbre de Hyrule y ésta se propagó entre sus gentes, con algunas modificaciones. No eran hadas o Minish, sino el fantasma de aquel hombre, que entraba a los hogares y escondía los regalos para que los niños jugasen a encontrarlos.

-¡Mola! ¡Yo tenía razón! ¡Yo tenía razón!-se mofó Talo, señalando a Colin-¡Son hadas las que dejan los regalos!

-¿Y los Minish?-refunfuñó, derrotado-Al menos acerté al sospechar que había algo más.

-Pues yo sigo diciendo que los adultos tienen más que ver que las hadas o los Minish.-siguió en sus trece la joven Beth, empeñada en no creer nada de eso.

-Hadas y Minish…-meditó Lalo-Tal vez me quede despierto esta noche.

Los infantes, en mayor o menor medida, se mostraban ilusionados. Aunque una de ellos estaba más entretenida en subirse sobre Link y agarrarle de las orejas. Era Alice, la hermana pequeña de Colin. Pronto se aburrió, cuando vio que Link no reaccionaba, y se fue a molestar a Zelda.

-¡Qué obsesión le tiene a las orejas puntiagudas!-comentó Midna, mientras disimuladamente escondía las suyas bajo mechones de pelo.

-No las escondas tan rápido mientras dices eso…-le sugirió suspicazmente Zelda-A lo mejor te la encargo.

Ellas pasaron a centrar su atención en la pequeña, obviando que Link seguía ahí. Poco le importó, pues no se había pronunciado desde que habían llegado los niños. Eso acabó llamando la atención de Colin.

-Oye, Link…-le tiró de la manga, atrayendo su atención-¿Por qué estás tan callado y desanimado? A ti siempre te han encantado las Fiestas Bienales Sagradas.

-Estoy un poco cansado, Colin.

Al niño no le convenció una respuesta tan escueta y apagada. Zelda estuvo atenta a todo, mientras Midna se ocupaba de la niña, inquietada por el frío comportamiento de Link hacia los niños.

XOXOXOXOXOXOXO

Un rato después, Telma llamó a todos a la mesa para la gran cena. Todo trascurrió amenamente, aceptando la presencia de Zelda como a una más. Brindaron y comieron hasta el hartazgo, mientras cada uno contaba sus propias anécdotas. Link fue el único que no pareció disfrutarlo, apenas probando bocado y sin decir ni una sola palabra, salvo que fuera estrictamente necesario. Todos se habían dado cuenta de ello, pero evitaron las preguntas y con ello estropear el ambiente festivo y alegre que se respiraba en su mayoría.

Cuando la cena acabó, los adultos comenzaron a prepararse para entregar sus respectivos regalos. El abuelo Smith fue el primer en acercarse a Link tras el banquete, dispuesto a darle el suyo y hablar con él.

-¿Qué te pasa, muchacho? Pareces afligido… ¡Y no debería ser así!

-Es sólo por mi estado físico, abuelo.-suspiró, desganado-Quizás hubiera sido mejor no haber venido.

-¡Tonterías! ¡Necesitabas salir y relacionarte! Comprendo que necesites descansar, pero si hiciste un viaje tan largo desde Nortinka hasta la Ciudadela de Hyrule, supuse que también podrías venir hasta esta taberna.

Smith le colgó dos medallones al cuello. Habían sido restaurados y modificados, mas siendo en esencia eran los mismos que, cuando nació, él hizo para él en conmemoración a sus dos líneas de sangre. Los Gallagher, familia burguesa; y los RedLine, saga de Caballeros Reales.

-¡Puede que no sea mucho, pero desconozco aún tus gustos! Cambiando de asunto, debes saber que dentro de unos meses empezaré a pasar más tiempo contigo…pues voy a dejar mi puesto como alcalde y mudarme a la Ciudadela de Hyrule.

-¿Y eso? ¿Por qué?

-¡Por lo que te he dicho antes, hombre!-rió alegre, abrazándome-Quiero vivir mis últimos años disfrutando de tu compañía, y como sé que tienes tu vida hecha aquí, seré yo quien se traslade. Por ello, no me presentaré candidato a la reelección cuando sean las próximas elecciones, que se adelantarán al año que viene.

-¿Y por qué se adelantarán? ¿Porque dejas el cargo?

-No es eso, es porque…-no le gustaba recordárselo-La princesa Zelda deberá contraer matrimonio este año que está por venir y será coronada reina cuando eso suceda. Siempre hay un relevo en el gobierno de todas las provincias y colonias cuando un nuevo monarca sube al trono.

Link sintió un dolor agudo en el pecho, y no fue a causa de la cicatriz. Smith sabía que había tocado un tema delicado y que él no estaba en las mejores condiciones como para afrontarlo.

Él se volvió a separarse de la mayoría y se confinó nuevamente en aquel banco. Su abuelo prefirió dejarlo solo, aunque apenas lo estuvo pues estuvieron colmándole de regalos de toda índole que agradeció lo mejor que pudo. Él, debido a su estado, lo único que había tenido tiempo de preparar fueron pequeñas bolsas con rupias en su interior, cortesía además de su abuelo, por lo que se sentía mal por ello. Ellos le comprendieron y no le dieron importancia.

Las últimas en darles algo fueron Midna y Zelda, sorprendido, pues de ellas no se había esperado nada.

-¡Qué envidia! ¡Mira cuánto te han regalado!-exclamó Midna-¿No te puedes quejar, eh?

Él asintió modestamente, recolocando esos paquetes para que no estorbasen, varios de los cuáles no había tenido tiempo ni de abrir.

Rápidamente, Midna se lanzó a darles lo suyo a Link y a Zelda. A ella le entregó un collar de oro, con el símbolo de la Trifuerza en él. Link recibió, en cambio, unos aretes azules semejantes a los suyos, pero más elegantes y con un diminuto símbolo de la Trifuerza grabado en ellos.

-Sinceramente, si hubiera podido ir al Crepúsculo…-suspiró, añorando su tierra-Os podría haber traído mejores cosas. Hubiera sido más original traeros artículos fabricados por los Twili… ¡¿Pero a que he dado en el clavo?!

-Más bien has metido un poco el dedo en la llaga…-le comentó en broma, aunque no sin razón-Nosotros hemos perdido nuestros fragmentos de la Trifuerza, ¿y tú nos regalas cosas que nos evocan claramente a ella?

-¡Lo admito! Soy un poquito puñetera…-gesticuló con los dedos, riéndose-¡Ya me conocéis!

-Reconozco que tienes buen gusto…-le alabó, observando el collar que le había regalado-Aunque ahora sé cómo pudiste gastarte casi todo el dinero que te di.

-Como el dinero no era mío…-se rió osadamente-¡Podía hacerlo!

Link agradeció también lo que le había dado, sustituyendo los aros azules que siempre había llevado, por los que ella le había regalado. Midna se sintió feliz cuando lo hizo, entendiendo que le habían gustado.

Zelda les dio entonces sus regalos a él y a Midna. A ella le había dado un pequeño y negro espejo circular decorado con distintos grabados, recodándole éste al Espejo del Crepúsculo. Él recibió una bufanda azul, con extremos y bordados anaranjados, representándose el símbolo de la Familia Real de Hyrule en ella.

-Esa bufanda es más que una simple prenda. La tejió mi madre mientras estaba embarazada de mí y habría sido para mí, cuando cumpliese más edad…-le comentó Zelda, tocándola con mimo-Es una de las pocas cosas que conservo de ella.

-No puedo aceptarlo.-le devolvió la bufanda, incómodo-Es algo demasiado valioso para ti.

-Por eso mismo quiero dártela…-se la enrolló alrededor del cuello, viendo cómo le quedaba-¡Está claro que con esa vestimenta burguesa no te queda bien! Pero pienso que, con tus ropajes verdes, sí que destacaría.

Link agradeció de corazón ese detalle y Midna también hizo lo mismo por el suyo. Mas el joven espadachín se veía en una encrucijada…no había traído a la fiesta algo para Zelda, pues no se había esperado que viniese.

-Yo…-avergonzado, le entregó una bolsa con rupias a Midna-Lo siento. No he podido buscar regalos para nadie y sólo he podido darles algunas rupias, que ni siquiera son mías. Tampoco esperaba que vinieses, Zelda, por lo que no tengo nada para darte en estos momentos.

-No importa, Link. Sé que no has salido de la vivienda del señor Smith desde que llegaste, pues has estado reponiéndote de tus heridas. Los objetos no son importantes, lo primordial es que tú estés bien.

-¡Sí, no te preocupes tanto! Y de todos modo… ¡Je, je!-Midna le cedió la bolsa a Zelda-Le debo dinero, prácticamente es como si le hubieras dado a ella.

En esas horas de la noche la celebración continuó en auge, aunque quedarían pocas antes de que los niños fueran obligados a dormirse, a la espera de seres mágicos que dejarían sus obsequios para ellos.

Midna y Zelda estuvieron congeniando más con el resto de invitados, dejando durante un rato solo a Link. Éste estuvo revisando los presentes que le dieron, aunque en realidad se pasó más tiempo tocándose su propio traje. Llevaba minutos palpándose cierta zona de la chaqueta, dudando, y sin quitarle ojo a Zelda. Cuando ésta se quedó sola, aprovechó para levantarse del banco y acercársele.

-Sal afuera…-le susurró al pasar a su lado-Quiero enseñarte algo.

Él no se detuvo a darle explicaciones y salió de la taberna. Ella se quedó unos instantes parada, analizando lo que había sucedido, no pasando más que unos segundos antes de que le siguiera.

Lo que no sabían es que todo aquello había sido visto por otra persona. En concreto, Ilia. Lo que tampoco ella supo es que, a su vez, alguien había visto lo mismo y la reacción de ésta cuando ellos salieron del local. Era Midna, quien la veía con cierto entendimiento.

-¿Sabes que no está bien estar tan atenta a los asuntos de los demás, verdad?-le preguntó Midna, sorprendiéndola.

-¡Oh! ¡Midna! Eh…-no sabía cómo excusarse-¿Por qué me dice eso?

-He visto cómo mirabas a Link y a la princesa Zelda, sobre todo la expresión que se te dibujó en el rostro cuando salieron.

-Yo…-se sentía incómoda por que la hubiera descubierto-Bueno…

-No hace falta que te expliques…-suspiró-No soy la más indicada para interrogarte.

-¿Tú?-preguntó confundida, dándose cuenta más tarde-Oh…

-¿Qué? ¿A qué viene ese tono lastimero?-expresó con enfado-¿En qué estabas pensado?

-¡E-En nada!-su sola presencia la intimidaba-Esto… ¿Podría hacerte una pregunta?

-¿Sobre qué?

-Pues…-levantó tímidamente la vista-¿Tú ayudaste a Link durante la Invasión del Crepúsculo?

-Uhm…-apartó la mirada-Mentiría si dijese que no. ¿Pero cómo sabes eso? ¿Él te habló de mí?

-No…-difirió-Nunca lo hizo. Durante las obras de reconstrucción del Castillo de Hyrule, estuvimos unos meses en la ciudadela y compartimos cuarto. Él algunas veces hablaba en sueños, mencionando tu nombre y más cosas relacionadas contigo. Es más, una de las razones que por las que aceptó ser el protector de la princesa Zelda, fue una promesa que supuestamente te hizo.

-Sí…-asintió-Yo le hice prometer aquello. Ahora no sabría decirte si es fue bueno o malo.

XOXOXOXOXOXOXO

En la plazoleta que daba al bar de Telma, junto a unas cajas de madera vacías, estaba esperándole Link. El frió era acuciante y sus exhalaciones se convertían en vaho al instante. La capa de ella le protegía un poco y era evidente que Link agradecía llevar puesta aquella bufanda.

-¿Por qué hemos debido salir, con este frío?-se ajustó su manto, sintiendo una heladora brisa nocturna recorrer el lugar-¿Qué es lo que querías mostrarme?

-Te dije que no tenía nada para ti…-habló, mientras manoseaba una pequeña caja-En realidad, llevo guardando algo celosamente desde lo conseguí, hace ya algún tiempo. No había encontrado el momento, pero dadas las circunstancias y porque dudo que tengo otra buena oportunidad, quiero dártelo ahora.

Él le entregó lo que tanta expectativa había creado, quedándose de piedra cuando descubrió su contenido. Era un gran anillo, de oro macizo y numerosas piedras preciosas incrustadas en él, coronado con un pedrusco singular. Algunos rayos de luz lunar se proyectaron sobre el anillo, reflejando un misterioso halo plateado.

-Este es…-Zelda apenas tenía palabras para describirlo-¡El Anillo Real de la Princesa! ¿Dónde lo has encontrado?

-Me lo dio el príncipe Richard, antes de que nos fuéramos de la Isla Koholint. Decía que lo más probable fuera que su tío Onkled, de alguna manera, lo consiguiese durante su corto mandato, pues antes jamás lo había visto.

-¿Y por qué te lo otorgó a ti, siendo éste un tesoro de la Familia Real de Hyrule? ¿Acaso fue un acto de agradecimiento por lo que hiciste por él y su reino?

-No…-negó con la cabeza, algo avergonzado-Él quería que llegase a tus manos, pero le parecía gracioso que fuese yo quien te lo diese.

Ella sonrió, sintiéndose inmensamente dichosa. Tanto por haber recobrado una reliquia familiar, como por la persona que se lo había dado.

-Gracias…-se apoyó contra él-No imaginas lo mucho que significa para mí.

Él la abrazó, extrañando a Zelda cuando sintió un agarre más fuerte de lo que ella pudo esperarse.

-¿Ocurre algo?

-¿Eh? No, nada…-enseguida la soltó-¿Entramos?

Apenas dio unos pasos, antes de ser detenido por Zelda.

-Ahora estamos solos…-le miró a los ojos, decidida-Quisiera que habláramos abiertamente sobre cómo te estás comportando.

-No te entiendo…-desvió la mirada-¿De qué quieres hablar? A mí no me pasa nada. Salvando lo de mi herida, claro.

-No eres tú mismo. Estás demasiado callado, triste y meditabundo. Intuyo que hay algo que te perturba y de lo cual no quieres hablarle a nadie.

-Sólo estoy cansado, Zelda…-suspiró-Cansado…de todo.

Esa pequeña declaración le llamó la atención, sabiendo que algo más se avecinaba cuando lo vio posarse sobre la pared y dejarse caer lentamente hasta quedar sentado en el suelo. Link se llevó las manos al rosto, conteniéndose, para luego quedar mirando a la nada indefinidamente. Ella se colocó a su lado, esperando que finalmente soltara todo lo parecía haber estado guardándose.

-No voy a poner detener a Nagahim…-soltó de pronto, entristecido-Sé que no voy a ser capaz de impedir nada de lo que pueda tener planeado.

-¿Y eso? Link…-puso una mano sobre su brazo-¿Por qué dices eso?

-¡Porque es verdad!-se tiró del cabello, frustrado-¡No he podido impedir nada de lo que ha hecho!

-¡Link, tranquilízate!-le pidió, preocupada-¿Qué es lo que te pone tan nervioso?

-¡Todo! ¡Siempre pareció saber en qué momento y lugar para atacarnos! ¿Y sabes por qué? Las primeras veces, antes de convertirme en lobo, actuó en espacios y fechas donde habría sido muy probable habernos encontrado. Pero… ¿Y el resto? Te envenenó, cuando yo no estaba contigo en el castillo para advertirte; te condujo al recinto secreto donde se celebraban peleas ilegales, en las que me vi obligado a participar; los sucesos antes, durante y después del viaje a la Isla Koholint, que no fueron casualidad; y por último, el incidente en Nortinka. ¿No te parecen demasiadas coincidencias?

-¿A dónde quieres llegar?

-¡Todo ha sido culpa mía!-se lamentó, ocultando su rostro-¡Me utilizó para seguirnos el rastro!

-Pero…-ella no le entendía-¿Cómo? ¿No estás exagerando?

-¡No! ¡No lo estoy!-rechazó furioso, golpeando el suelo con el puño-¡Fue por acción suya que Dark Link apareciera de la nada y tratase de adueñarse de mi cuerpo! La magia negra de Nagahim y la esencia oscura de Dark Link estuvieron conectadas desde el momento en el que, por culpa de ese hechicero, me transformé en lobo. Desde entonces, adquirió cierta capacidad para localizarme.

-¿Y cómo sabes todo eso?

-¡Dark Link me lo contó! ¡Durante nuestra última disputa por el control de este cuerpo!

-Bueno…-le cogió una mano-Al menos, Nagahim ya no podrá seguirte tras tus pasos. Dark Link se ha ido, y esta vez, con la garantía de que no volverá.

-Tal vez…-suspiró, soltando su mano-Mas todo lo que ha ocurrido con Dark Link…me ha servido para darme cuenta de una cosa.

-¿El qué?

-De que me llaman "héroe"…-observó sus manos, en especial la izquierda, donde debería estar la Trifuerza-Y sin embargo, todo lo que he hecho hasta ahora, no podría haberlo conseguido sin ayuda. ¿Qué tiene de heroico alguien que ha estado recibiendo ayuda constantemente para lograr sus propósitos? ¡Nada! ¡Sólo soy una farsa! ¡Alguien a quien le ha llovido la suerte del cielo!

-Eso no es cierto, Link.-desmintió ella, completamente convencida-Sí, claro que muchos te han ayuda en el camino. ¿Pero quién podría haber hecho todo lo que tú has hecho, sin al menos algo de apoyo?

-¡No lo entiendes, Zelda!-se apartó de ella, molesto consigo mismo-Tú tienes un poder que va más allá de ser una elegida de la Trifuerza… ¡Y Ganondorf también lo tenía! ¡Y Midna! ¡Y Nagahim! ¡Y todos mis amigos! Ninguno habéis necesitado de una fuerza externa para demostrar vuestra valía. Yo en cambio… ¿Qué he hecho? ¿Ser el único que puede portar la Espada Maestra? ¡Ese no es un poder que provenga de mí! ¿Acaso es un arma, que ha pasado antes por otras manos, la que me confiere toda mi valía?

-Tú posees algo que los demás no tenemos. Valor y un corazón puro, capaz de enfrentarse a las tinieblas y salir victorioso.

-¡Ja! ¿Valor? ¿Un corazón puro? ¡Menudas tonterías! De nada sirve el valor, si no se posee la fuerza o los medios necesarios como para lograr algo significativo. ¿Y un corazón puro? ¡Por favor! ¡La mera existencia de Dark Link demuestra que no lo es! ¡A mi espíritu, en un tiempo lejano, se le fue extirpada esa esencia corruptible que todas poseen! ¡También me lo dijo Dark Link!

-Opino que estás dándole demasiado valor a las palabras de un ser tan vil y engañoso como sabes que es él.

-¡Pero es cierto! ¡Algo dentro de mí me lo dice! Queda pues que soy un individuo incompleto…con un alma rota.

-¡Ya basta, Link! ¡Todo eso es mentira!-le pidió, desesperada-¿Por qué te estás torturando tanto?

-¡Porque me he dado cuenta de que no valgo nada! ¡Todos los encuentros con Nagahim y su banda lo han demostrado! Derrota tras derrota… ¡Y si he salido medianamente bien parado, nuevamente ha sido porque tuve ayuda!

-¡Estás negando la realidad, Link! Sí, no hemos podido parar del todo a Nagahim… ¡Mas no es motivo para ponerse en lo peor!

-¿Qué yo soy quien niega la realidad? ¡Zelda!-le agarró de los hombros, mirándola a los ojos-Si no hubiera sido por Midna, Fi y todos quienes colaboraron para librarme de Dark Link… ¡Yo habría muerto!

Ella se quedó paralizada a oírle, horrorizada con esa idea. Hubiera sido mejor que no la hubiese obligado a planteárselo, pues estaba enmudecida.

-Desde que Dark Link desapareció, no ha habido una sola noche que haya podido conciliar bien el sueño…-comentó, examinando el suelo-Me despierto alterado por un pesadilla recurrente que he estado teniendo, una que la siento demasiado realista. Devastación y muerte, cerniéndose por Hyrule, viendo cómo caen mis seres queridos…sin poder hacer nada para salvarlos.

-Link, es un sueño…-asió su barbilla, alzándole-Es sólo un producto de tu mente.

-Es curioso que lo digas tú, quien ha tenido sueños proféticos…-de pronto, hundió la cabeza en su hombro-Tengo miedo, Zelda. Pero no a enfrentarme a un oscuro porvenir o a un poderoso enemigo...sino a mí mismo, a mis propias capacidades.

-Antes te dije que tú poseías un gran coraje y un corazón puro…-trató de consolarlo, acariciándole el pelo-Pero hay algo que se me olvidó mencionar. Y es que tú, Link, infundes ese mismo valor y la esperanza en quienes te rodean. Es por eso que pudiste hacerle frente a innumerables peligros, derrocar a Zant, vencer a Ganondorf y traer la paz a Hyrule.

-Esperanza…-repitió, dudoso-Es fácil decirlo… ¿Cómo van a tener confianza o esperanza en mí, si yo no me veo con fuerzas para afrontar tal desafío?

-Porque ya lo hiciste, y no es necesario que demuestres nada para saber que tú podrás con ello.

-¿Qué hace que tengas tanta fe en mí?-levantó la cabeza, mirándola directamente a los ojos-Cuando Zant invadió Hyrule, tú esperaste a que un héroe descrito en una vieja leyenda llegase para salvar a este reino. Sinceramente, no comprendo cómo pudiste, aunque al final todo resultó bien. Ahora conoces a ese héroe y también sus debilidades… ¿Todavía sigues creyendo, de verdad, que podré manteneros a todos a salvo?

-Sé que sobre ti ha caído una pesada carga, algo que no optaste ser. El héroe elegido por las Diosas…-suspiró, cerrando los ojos-Creo en ti, porque yo también soporto el peso de cargar con un destino que no escogí, que me fue concedido desde antes de mi propio nacimiento. Por eso, comprendo lo que estás sufriendo. Sé mejor que nadie lo que es tener el deber de proteger a su gente…y no saber si será siempre capaz de hacerlo.

El silencio se impuso entre ellos, mas no se les hizo incómodo. Un profundo beso se convirtió en un alivio para ambos, elegidos de las Diosas. Ellos, quienes en ocasiones pudieron sentirse superados por todo, únicamente podían confiar en que no estarían solos cuando llegasen nuevamente tiempo difíciles.

XOXOXOXOXOXOXO

Aquella madrugada, cuando los adultos dormían plácidamente y los niños soñaban con los regalos que abrirían al amanecer, Link se despertó nuevamente perturbado por esa pesadilla reiterante.

El sudor recorría su cuerpo, a pesar del frío del invierno; y sus ritmos vitales tardaron minutos en volver a la normalidad. Se tapó la cara con las manos, agobiado y rendido.

-"Amo Link, ¿puedo ayudarle en algo?"-preguntó Fi, desde la Espada Maestra-"Lleva demasiadas noches padeciendo repetidos malos sueños. ¿Cuál es su contenido, que le altera tanto?"

-No es nada, Fi…-le quitó importancia, mintiéndole-Ni siquiera me acuerdo de lo que sueño al despertar.

-"¿Está seguro, amo Link? ¿O requiere de alguien con mayores conocimientos en el campo onírico que yo?"

-No hace falta preocupar a nadie, en serio…-insistió, sonrojándose-Además…hablé antes con Zelda.

-"Ello explica porque se muestra con tanta predisposición al diálogo. El resto de noches había optado por ignorarme."

Él se disculpó por su distante temperamento, aunque obviamente a ella le perdonó. Sólo le importaba el bienestar de su amo.

Más tranquilo y habiéndose aclarado con Fi, se dispuso a dormir de nuevo.

Esa vez, soñó con algo bastante distinto.

XOXOXOXOXOXOXO

"Caminaba por las calles de la Ciudadela de Hyrule, vacías por la tardía hora que era y el implacable invierno. Pero veía desde una perspectiva más baja de lo habitual, con un ojo atrofiado y con un tenue brillo áureo que lo envolvía. En un momento dado, bajó la vista…tenía patas de lobo, cuyo pelaje que las cubría era dorado y blanco.

Quiso asegurar que lo que estaba viendo no era un sueño, sino que se encontraba en la mente del espíritu del Héroe del Tiempo, que vagabundeaba esa noche con su apariencia de espectro lobuno. Éste parecía desconocer que estaba ahí, observándolo todo.

Siguió paseando por la ciudadela tranquilamente, hasta que en cierto punto, vio revolotear algunas hadas por los alrededores. Progresivamente, su número fue aumentando y se dispersaban por otros rincones de la ciudad. Entraban a las casas o esperaban fuera de ellas a que, discretamente, diminutas criaturas salieran de sus escondrijos y les cediesen pequeños paquetes envueltos en telas, hojas o lo que hubiesen tenido a mano. Cargadas con lo que les habían dado aquellos seres, comenzaron a rebuscar por los distintos barrios hasta encontrar viviendas adecuadas donde dejar su mercancía.

Link no salía de su asombro mientras veía todo eso. La creencia sobre hadas y Minish que entregaban regalos era cierta.

De pronto, notó cómo el cuerpo del lobo se volvía rígido. Sucedió nada más ver a un hada de mayor tamaño y resplandor azulado, un Gran Hada quizás, que estaba dirigiendo al resto.

-¡Hey! ¡Escúchenme!-alzó su chillona voz, pero nadie le atendía-¿Hola? ¿Qué pasa con ustedes?-entonces, se volvió hacia una que no conseguía colarse por una ventana-¡Cuidado! ¡Mira ahí! ¡Puedes entrar por esa chimenea!-resopló-¡Ag! ¡Tenéis suerte de que sólo los niños y algunas personas especiales puedan vernos o escucharnos! ¡Menudo desastre!

El hada azul se fijó en él, o lo que era lo mismo, en el lobo, acercándosele.

-¡Hey! ¿Quién eres tú?-le preguntó, curiosa-¿Qué hace un ánima vagando por estos lares y en una noche así?

Notó cómo una lágrima vagaba del ojo bueno del lobo, que le transmitía una mezcla de emociones entre la alegría y la tristeza.

-Navi…-pronunció con voz grave, entre sollozos-¿Dónde has estado hasta ahora?

-¿Uhm? ¿Cómo sabes mi nombre? Creo que no nos habíamos visto antes y tampoco reconozco tu voz.

-Después de tanto tiempo…-era incapaz de contener sus lágrimas-¡Por fin te he encontrado!

-¿Quién eres?-sospechó-¿Y por qué afirmas haberme estado buscando? ¿Para qué?

-Soy yo, Navi… ¡Soy Link! ¡El niño de los Bosques Kokiri que luego se convirtió en un héroe!

El hada se echó las manos a la boca, ahogando su estupor. Ella se aproximó más a él, observándolo más detenidamente, anonadada.

-¿Link?-todavía no podía creérselo-¿De verdad eres tú?

Se lanzó sobre ella, agitando la cola y llorando de felicidad. Al hada también se le humedecieron los ojos, correspondiendo a su amigo con un emotivo abrazo.

-Has crecido mucho… ¡Ya no eres esa pequeña hada que me seguía a todos lados!

-¡Pues no soy la única que ha cambiado! ¡Mírate! ¡Eres un fantasma peludo!

-Sí, ha transcurrido mucho tiempo desde la última vez que nos vimos…-reconoció tristemente-¿Por qué te fuiste? ¿Y por qué lo hiciste sin despedirte?

-Link, yo…

-¡¿Por qué?!-gruñó ferozmente-¡Te busqué por todas partes! ¡Hasta en una dimensión alterna! ¡Y morí sin saber qué habría sido de ti! ¡Dime al menos una razón por la que te marchaste!

-Debo confesarte algo, Link…-agachó la cabeza, afligida-Cuando el Gran Árbol Deku me escogió para acompañarte, no fue casualidad. Él conocía el destino al que te enfrentarías y necesitabas de alguien especial para seguirte en tu periplo. Yo era la indicada, y nuestras aventuras, además de suponerte a ti una prueba, también lo fueron para mí. Y no me refiero al esfuerzo que conllevó superar todos esos peligros, sino que esas hazañas me permitieron ser candidata para ascender en la jerarquía de poder de las hadas…convirtiéndome en lo que ahora soy, un Gran Hada.

-Yo…-le dolía oírlo-¿Fui un medio para un fin? ¿Para que llegases a ser un Gran Hada?

-¡No! ¡Claro que no! ¡Tú fuiste mi amigo! ¡Y sigues siéndolo! ¡Lo que ves sólo fue una recompensa por ayudarte a convertirte en un héroe!

-¡¿Y entonces por qué me abandonaste?!-le rugió enajenado-¡No mientas! ¡Una vez que acabó mi viaje, te marchaste para alardear de los logros que yo había conseguido y adquirir tu actual condición de Gran Hada!

-¡Hey! ¡Escúchame! ¡Eso no es verdad! Si me fui…fue por obligación. Al no ser un Kokiri, mi deber no era permanecer a tu lado. Debía irme y comenzar mi adiestramiento para alcanzar el rango de Gran Hada, algo que no podía posponer una vez cumplieses tu misión, impidiéndome estar más tiempo contigo.

-¡¿Por qué no me lo dijiste?! ¡Podrías al menos habérmelo explicado! ¡Y no hubiera tenido que llevarme ese resquicio a la tumba!

-¡No podía decírtelo! ¡Está prohibido!-declaró, dolida-Es un proceso muy íntimo y secreto, me refiero al paso de un hada común a un Gran Hada. No podía relacionarme siquiera con otras de mis compañeras hadas durante ese tiempo, únicamente con mis mentoras. El entrenamiento duró décadas, por lo que supuse que para cuando fuera un Gran Hada, tú serías muy anciano o estarías muerto.

-Maldita sea…-se derrumbó sobre el suelo, lamentándose-¡¿Por qué tenía que ser así?!

Sólo le quedaba recibir consuelo de su amiga Navi. Después de varios siglos y siendo él un espíritu…al fin la había encontrado."

XOXOXOXOXOXOXO

Link abrió los ojos, pensando en lo que acababa de vislumbrar a través de su sueño. Respiró profundamente, aliviado y feliz por el alma del Héroe del Tiempo, quien al fin se había reencontrado con su preciada amiga.

Cerró los ojos, satisfecho y somnoliento, adentrándose nuevamente en el desconcertante mundo de los sueños.

XOXOXOXOXOXOXO

A la mañana siguiente, todos volvieron a reunirse en el bar de Telma. Era el momento de que los niños abriesen sus regalos, y muchos se sorprendieron cuando los vieron jugando con lo que parecían ser monedas de distintos colores, buscando emparejar las mitades en las que estaban divididas, con las otras que poseían cada uno de los niños.

Talo y Colin lucían orgullos las mitades de sus respectivas monedas, aunque éstas no encajasen; Beth miraba las suyas, dudando; Alice se divertía simplemente chocándolas entre sí; y a Lalo se le veía el más ansioso de todos, desesperado por salir y hablar con otros niños acerca de las mitades de sus respectivas monedas, esperando que encajasen con las suyas.

Ninguno de los adultos entendía o sabía de dónde las habrían sacado, salvo Link. Él esperaba ser el único que conocía su origen, impresionándose al descubrir que Zelda también lo sabía.

Ella le contó que, años atrás y siendo una infante, una noche durante unas Fiestas Bienales Sagradas, vio entrar a un hada a su dormitorio. Ésta le dejó un minúsculo muñeco de paja. Aseguraba seguir conservándolo, aunque bastante deteriorado debido al paso del tiempo, sirviéndole de separador de páginas durante sus lecturas.

Instó a Link a hacer memoria, memorando que de niño también recibió lo mismo durante unas Fiestas Bienales Sagradas, el mismo año que Zelda mencionó. Pero en su caso, esa figura había acabado en el estómago de Epona años atrás. Él bromeó entonces con el espantapájaros que había construido al lado de su residencia en Ordon, con el que practicaba el arte de la esgrima, y que le recordaba a ese juguete.

XOXOXOXOXOXOXO

Los siguientes días fueron de jolgorio para muchos, salvo para Link. Debió seguir confinado en la propiedad de su abuelo, restableciéndose. Durante ese tiempo, agradeció las visitas de sus amigos y también de Zelda, por lo que no estuvo solo.

El último día del año decidió salir nuevamente a la calle y disfrutarlo al máximo, aun cuando seguía necesitando descanso. Se vistió con su indumentaria verde y se enrolló aquella bufanda azul al cuello, y cuando Zelda lo vio, no pudo más que corroborar lo que ya sabía, que conjuntaban perfectamente. También cargó con la Espada Maestra y su escudo, por seguridad y porque estaba demasiado acostumbrado a llevarlos.

Estuvieron todo el día paseando entre los puestos de los feriantes, comerciantes y cocineros que vendían sus productos a las masas. No estuvieron solos la mayoría del tiempo, pues Midna les acompañó durante largos trayectos. Aunque ésta, no estaba muy segura si le gustaba seguirles.

-¿Por qué me siento como si fuese su carabina?-resopló, sintiendo celos de ellos dos, que se divertían por su cuenta-¡Porque los soy! ¡Ag! ¡Esto sólo se te ocurre a ti, Midna! ¡Masoquista!

Ella no podía evitar que eso sucediese y debía aceptarlo, mas estaba empezando a cansarse de aparentar siempre que aquello no le importaba.

XOXOXOXOXOXOXO

A medianoche, mucha gente se reunió en la plaza central para despedir el año, atentos al viejo reloj de la torre del mirador. Link y Zelda no fueron la excepción, quienes guardaban su intimidad apartados de la muchedumbre principal.

La cuenta atrás comenzó y todos se sumaron a ella. Las campanas retumbaron una y otra vez cuando ésta terminó, anunciando la llegada del Año Nuevo.

-¡Feliz Año Nuevo! ¡Feliz Año de la Diosa Din!-clamaron muchos, festejándolo por todo lo alto.

La música comenzó a sonar en la plaza y un espectáculo de fuegos artificiales iluminó el firmamento.

Todo era alegría en esos momentos…o casi.

-Feliz Año Nuevo, Zelda…-le felicitó tiernamente, abrazándola por la espalda y besándole detrás de una oreja.

La reacción que vio en ella fue totalmente opuesta a la que se esperó. Una lágrima brotó de uno de sus ojos, deslizándose por la mejilla. Ella se volteó y lo abrazó, reprimiendo un tenue llanto en la bufanda que le había regalado. Link no entendió el por qué se había puesto de esa manera, limitándose a reconfortarla. Separándose posteriormente, estuvieron un largo rato en silencio. El espadachín siguió dándole vueltas a lo que había pasado, pero ella no mostraba querer hablar de ello y no la importunó con preguntas.

Por otro lado, aunque era Año Nuevo y se solía trasnochar, él estaba a esas alturas exhausto, después de todo un día yendo de un lado para otro.

-Estoy agotado, Zelda.-le comentó, rompiendo ese sosiego-Quisiera regresar a la casa de mi abuelo para descansar. ¿Me harías el favor de acompañarme hasta allí?

Misteriosamente, ella estuvo pensándolo antes de responderle, lo cual le llamó la atención.

-Sí…-contestó finalmente, con un extraño tono-Vámonos.

XOXOXOXOXOXOXO

En aquel barrio apenas paseaba gente, apreciándose una fuerte sensación de soledad. Quizás la gente adinerada soliese celebrar el Año Nuevo de una manera más recatada y confinados en sus ostentosos palacetes.

Los dos jóvenes llegaron a las puertas exteriores de la residencia, momento en el cual habrían de separarse esa noche.

-Me ha encantado pasar este día contigo…-la besó tiernamente, despidiéndose-¿No veremos mañana?

-Link…-lo llamó, observando la vivienda-¿Podría quedarme un rato más? Adentro, claro.

A él le pareció inusual que le hiciera tal petición, pues aunque los empleados del hogar librasen ese día y el siguiente, no era apropiado que les vieran esas horas juntos y en un lugar así.

-Eh…-dudó, pensándoselo-Primero, comprobaré si mi abuelo no está. ¿Te parece bien?

-Claro…-ella no puso ninguna objeción-Esperaré.

No tardó demasiado en revisar la vivienda y darse cuenta de que no había nadie. Supuso que su abuelo todavía estaría por ahí, con Auru u otros amigos. Midna tampoco estaba, aunque era más comprensible en su caso y tampoco le hubiera importado que ella estuviese allí.

Siendo esa la situación, estando completamente solos, volvió con Zelda y le permitió entrar.

Antes que nada, Link fue a la cocina y cogió algunos leños, con la intención llevárselos a su habitación y quemarlos en la chimenea que había en el mismo.

-Ya que todavía no voy a dormirme, aprovecharé para calentar mi cuarto.-un escalofrío le recorrió el cuerpo, debido a una leve corriente de aire-¡Esta noche se nota el frío! ¿Eh?

-Es cierto…-afirmó, aunque parecía atenta a otras cosas-Aunque es soportable.

Subió a la última planta, donde se encontraba su dormitorio. Abrió la puerta y dejó los troncos junto a la chimenea, mientras encendía un candil para prender la madera y una lámpara de aceite en una mesa de noche, para alumbrar un poco la estancia.

Mientras él se mantuvo entretenido avivando el fuego, oyó cómo la puerta se cerraba por completo.

-¿Por qué la has cerrado?-le preguntó, al percatarse de que había sido Zelda.

-No sé…-dudó, reflejando cierta picardía-¿Para evitar que se escape el calor, quizás?

Nuevamente, le chocó su contestación. Mas no le dio demasiada importancia y cuando acabó lo que hacía, dejó la Espada Maestra y su escudo cerca de la única ventana que había ahí, oculta bajo unas largas cortinas. Luego se tiró sobre su cama sin ningún complejo. Era una bastante grande, de matrimonio en realidad, disfrutando de poder estirarse por completo en ella. Mientras, Zelda lo observaba detenidamente, sentada al borde de la misma.

-¿Te lo había dicho ya?-se reincorporó, colocándose a su lado y contemplando la sala-Este alcoba fue, en su día, la de mis padres.

-Uhm…-se acercó a él, posando una mano en su mejilla-Interesante…

Ella lo besó apasionadamente, acción que no se esperó Link, y no dudó en corresponderle de igual manera.

-¡Zelda!-rió, alegre con ese detalle-¿A qué ha venido eso?

-¿Acaso no te ha gustado?-le susurró al oído, preguntándoselo en tono atrayente.

Link se quedó sin palabras, ella no estaba actuando normalmente. Sus dudas se convirtiendo en pura tensión cuando ella, de pronto, se colocó sobre sus piernas, quedando ambos en una postura demasiado sugerente.

-Ze-Zelda…-le costaba vocalizar, más viendo cómo ella lo miraba-¿Qué estás haciendo?

-Curioso…-jugó con su gorro y bufanda-Yo, en el fondo, también me hago la misma pregunta.

-Por las Diosas, Zelda…-apartó la mirada, completamente ruborizado-¿Qué dirían si nos viesen?

-Por algo he cerrado la puerta…-sonrió, con cierta malicia-¿No?

-¡¿Qué qui-quieres decir?!-esa rotunda afirmación lo había puesto en alerta y ella no hacía otra cosa más que incitarlo-¡Zelda!

-¿Te estoy incomodando?-le preguntó con atrevimiento-¿Es eso? ¿O es que te sientes inquieto?

-Yo…-le costaba reconocerlo, pero no era lo primero-No sabes… ¿Que esto está mal?

El semblante de ella, de pronto, se tornó serio y guardó silencio, hincando la cabeza en su cuello.

-¿Zelda?-la llamó, pasados unos minutos-¿Qué te ocurre?

Ella alzó la vista y se recolocó sobre él, apoyando las manos sobre sus hombros. Suspiró profundamente, parecía que iba a sincerársele y le era difícil explicarse.

-¿Sabes por qué me entristecí tanto cuando anunciaron la llegada de este nuevo año?

-No…-negó con la cabeza, colocando las manos en su cintura-¿Por qué?

-El motivo es…-lo miró a los ojos, triste-Porque apenas me quedan unos meses para poder estar contigo y verme luego obligada a contraer matrimonio con ese indeseable de Facade.

-Es verdad…-recordó, disgustado-Este año…

-Por muchos que lleve tratando de mentalizarme para ese día, en éste me ha sido imposible. Antes, no tenía mucho que perder…-subió las manos, hasta ponerlas a ambos lados de su rostro-Ahora es diferente, porque tú estás conmigo.

-¿Eso es lo que te preocupa?-tomó una de sus manos, acariciándola-¿El que yo me vaya?

-No es sólo eso…-un escalofrío cruzó por su espalda-Me repugna, y hasta cierto punto me aterra, el tener que comprometerme con Facade.-Link notó cómo temblaba ligeramente-Creo que sabes a lo que me refiero.

-Puedo imaginármelo…-su fuero interno ardía, revolviéndose-¿Y tiene algo que ver con la situación en la que ahora estamos?

-En efecto…-bajó la mirada, apretando los dientes-No quiero hacerlo. No voy a darle el gusto de entregarle mi virginidad y que sea con él con el que descubra los entresijos de la sexualidad. Para él, eso no sería más que una conquista, una victoria más sobre la que pisotear mi dignidad.

-Entonces… ¿Ahí es donde entro yo?

-Sí…-se esforzó por sonreírle-Te quiero, Link. Sé que hasta ahora no te lo había dicho con palabras, pero es así. Y cuando me sugeriste acompañarte, aunque fuese con intenciones de lo más inocentes, algo dentro de mí despertó. Había tomado una decisión.

-Y qué casualidad que estemos totalmente solos…-manoseaba sus caderas, cada vez viéndosele más dispuesto-¿No te parece?

-Está claro…-se sentía feliz, viendo que él la comprendía-Si alguna vez hemos tenido una oportunidad para estarlo, es ahora. Quiero que seas tú el hombre al que entregarme en cuerpo y alma, que sólo nosotros seamos los únicos que sepan realmente lo que ocurra esta noche. Me dan igual los rumores que pudiesen circular sobre nosotros, estoy harta de habladurías. Tampoco dispondrán de ninguna prueba o testigo que pueda incriminarnos…nadie podrá vernos u oírnos aquí.

Sobraron las palabras a partir de ese momento. Sólo el chisporroteo de las llamas y el sonido de sus respiraciones perturbaban la quietud del lugar. Los dos atendían únicamente al deseo que surgía de sus propios cuerpos, manifestado en un profundo y apasionado beso.

Sus manos comenzaron a moverse, casi por sí mismas, explorando el cuerpo del otro. Pronto, se dieron cuenta de que sus ropas eran un impedimento para ello.

Él la liberó primero de su largo y pesado manto, que se deslizó por ella hasta el suelo. Zelda apartó el gorro y la bufanda de éste, dejándolos a un lado. Luego vino el calzado, que cada uno se quitó, sin abandonar la postura en la que se encontraban. Ambos también se quitaron los guantes, ansiosos por un contacto mucho más cercano. Ella ayudó a Link a quitarse su primera capa de ropa, la túnica verde. Rápidamente, él se deshizo de su cota de malla, quedando con sólo una camisa blanca.

Comenzó a besar una de las orejas de Zelda, descendiendo progresivamente por su rostro y cuello, llegando a los hombros. Ayudándose de sus manos y boca, fue bajando su vestido hasta dejarlo a la altura de la cadera, sacando ella los brazos de sus mangas antes de que llegase a esa posición. Quedando su torso únicamente cubierto por una pieza de ropa interior, decidió que Link se despojara de una vez de la camisa. Estando en igualdad de condiciones, se quedaron unos minutos observándose y tocándose, con una mezcla de fascinación e impaciencia.

Link deseó ver lo que ocultaba aquella inconveniente prenda que aún cubría parte del torso de ella, quitándosela e incomodándola un poco al principio, dejando sus virtudes a la vista. No era la primera vez que las veía, pero sí la más cercana y no furtivamente. También era la única vez que había podido rozarlas, estremeciéndola al hacerlo. Su forma y tacto le eran inigualables, aunque su tamaño entrase en la media. Por supuesto, no le importó ese detalle y siguió deleitándose con su visión y contacto. Zelda también se maravillaba de la constitución que poseía el espadachín, pasando sus manos por cada uno de sus músculos, llegando hasta la cicatriz que le había infringido la Espada Maestra. Apenas la rozó, mas no gustó nada a Link, quien apartó su mano. Él se tomó la justicia por su mano, dejando salir un impulso que llegaba rato reprimiendo. Agarró con suavidad sus senos, y no se cortó al dejar deslizar su lengua por ellos y entretenerse con sus pezones, provocando en ella una placentera sensación después de un instante de molestia y agitación, logrando que arquease su espalda.

Ávidos de más, decidieron desnudar la parte inferior de sus cuerpos. El vestido de Zelda cayó por acción de la gravedad, siendo ayudada mínimamente por Link. Éste, en cambio, tuvo que efectuar un mayor esfuerzo para desabrocharse el cinturón y quitarse los pantalones. Finalmente, les quedó una única tela que cubría la misma zona en ambos. En Link, se apreciaba claramente lo que había debajo, algo que no pasó desapercibido por Zelda. Mutuamente, terminaron por liberarse de lo último que todavía les podía hacerles sentirse mínimamente cohibidos el uno con el otro.

Expuestos completamente a su amante, experimentaron una emoción repentina por dicha visión, expresándose en un nuevo y singular beso. Tal era el empeño y la pasión que habían depositado en él, que acabaron tumbados sobre la cama, ella encima de él.

-¿Sabes?-le sonrió con picardía, acariciando su pelo-Siento curiosidad por lo próximo que vendrá.

-Dímelo a mí…-él no le quitaba ojo, su excitación era palpable, sentándola a ella en la cama y reincorporándose él también. Principalmente, para que ella no ejerciera presión sobre su dolorido pecho.

-He de reconocer que siempre había tenido intriga por lo que ahora estoy viendo…-afirmó eso mientras ponía su vista en cierto lugar-Me pregunto si recordarás alguna vez en la que, con cierto descaro, te lancé una clara indirecta.

-¿En serio debo esmerarme por acordarme? ¿Ahora?-se quejó, aunque viniéndole luego una imagen a la cabeza-No… ¿De verdad? ¿Aquella vez que…?

XOXOXOXOXOXOXO

"Fue cuando conoció a Gustaf. Él había hecho un comentario que no le gustó nada, en relación a la longitud y forma de una espada, y lo que ello hacía suponerse de su portador.

Zelda trató de calmarlo, una vez se hubo ido el aristócrata…aunque a su manera.

-Venga, fue sólo una broma. Y respecto a eso, no te preocupes. Yo no pongo en duda tus…habilidades.-y dejó aquel comentario en el aire.

Link se quedó paralizado, balbuceando, y su cara adquirió la tonalidad de rojo más intensa que podía existir.

-¡Pe-pero majestad!-no esperaba que estuviera refiriéndose a cierta cuestión-¡¿Qué está diciendo?!

-Sólo he dicho que no pongo en duda tus habilidades con la espada, nada más.-le respondió, aparentando no saber a lo que se refería-Un momento… ¿En qué estabas pensando?-le preguntó, mostrando un abierto interés."

XOXOXOXOXOXOXO

-Aquello quedó grabado a fuego en mi memoria, por lo bochornoso que fue…-la miró con suspicacia, juntándose con ella-¡Y yo pensaba que el mal pensado había sido yo! ¿Qué tienes que decir en tu defensa? ¿No te da vergüenza que, en aquel tiempo, te planteases esa clase de cuestiones sobre mí?

-Quizás trataron de educarme en ciertos valores y restricciones…-aseguró, besándole y dejándose caer con él encima-Pero sigo siendo una mujer y siempre he tenido mis propios deseos. Además, ese comentario me dejó en bandeja el poder insinuártelo, aunque sólo fuese por ver la cara que ponías al decírtelo.

Él únicamente pudo volver a besarla, cada vez más encendido, sabiendo que estaba retozando con ella. Era algo con lo que había imaginado y en lo que en sus más húmedos sueños o ciertos momentos de soledad, había aspirado alcanzar. Ahora, estaba ante ella y se mostraba totalmente dispuesta. Y a pesar de su inexperiencia, las posibilidades se le hacían infinitas.

Una de ellas era explorar un, hasta ahora, territorio completamente desconocido para él. Se fijó en su sexo, el cual le llamaba mucho la atención. Sintió curiosidad por rozarlo con sus dedos y observar la reacción que provocaba en Zelda. Percibió un leve estremecimiento en ella, que se intensificó cuando tocó cierto punto. Quiso seguir experimentando al descubrirlo, logrando que emitiese algunos gemidos. Notó un extraño intento de ella por reprimirlos, por lo que siguió insistiendo y aumentó la presión que ejercían sus dedos, intensificando el goce que ella experimentaba. Poco después, ella lo detuvo.

-¿Qué ocurre?-le preguntó, viendo que algo iba mal-¿No te gusta?

-No es eso. Es sólo…-suspiró, retrayéndose y sintiéndose mal consigo misma-He podido manejar las emociones que sentía hasta ahora, pero estamos llegando a un punto que es totalmente novedoso para mí.

-Pero…-se colocó tras ella, besándole en la oreja-Tú fuiste quien quería que todo esto pasara desde un principio.

-¡Lo sé! Pero…-no lo estaba llevando nada bien-Llevo demasiado tiempo reprimiendo mis emociones. Y llegados a esto…-aprisionó con fuerza una de sus manos-Me asusta perder el control, el dejarme llevar sin ataduras por el placer. Siento un bloqueo en el pecho y cómo la respiración se me corta por eso mismo. Lo que más me acongoja es que puede ser un impedimento para todo lo que estamos haciendo.

-¿Quieres que paremos aquí?-él no quería, y tampoco podía forzarla-Yo también estoy nervioso, y me es difícil continuar si me dices que no te sientes del todo a gusto.

-¡No! No estoy te pidiendo eso…-se sentía en una encrucijada, pero estaba decidida a continuar-Quiero hacerlo. Mas entiende que llevo arrastrando ciertos condicionamientos por bastante tiempo y me estoy esforzando por que ahora no supongan un obstáculo entre nosotros.

Dada la situación, lo poco que podía intentar era relajarla y conseguir que se sintiese más receptiva a todo lo nuevo que estaba experimentando. Todo ello, mientras también buscaba aumentar su libido, empleando suaves besos y caricias que recorrieron enteramente su cuerpo.

Cuando creyó haber conseguido su objetivo, prefirió quedarse en un segundo plano, cediéndole el turno a Zelda para que interactuase con su cuerpo como ella quisiera. Ésta, al igual que él, se sintió atraída por lo diferentes que eran, con respecto a ella, sus órganos sexuales. Jamás había visto a un individuo del género opuesto desnudo, al contrario de la picardía que había demostrado Link. Casi como una pequeña venganza, ella comenzó a palparle dicha zona. No tuvo que obrar mucho para que Link exhalase profundos gemidos e incluso la incitó a que siguiera haciéndolo, con mayor intensidad. Sorprendida y un poco avergonzada por su petición, ella continuó masturbándole.

La ansiedad, el deseo y la excitación de Link llegaron a tales extremos mientras se lo trabajaba, que no pudo soportarlo más y se colocó sobre ella. Él estaba más que preparado para consumar aquella unión, dudando si ella lo estaría.

-Está bien, Link…-le rodeó el cuello con sus brazos, ofreciéndole un tierno beso-Hazlo.

Separó un poco sus piernas antes de entrarle, sintiendo cierto estrés previo. Aquel primer roce, sin llegar a introducirse en su interior, lo obnubiló e incluso logró que ambos gozasen por dicho contacto. Un efímero juego entre sus caderas fue el preámbulo antes de que, finalmente, lo hiciera.

No esperó sentirse tan incómodo, sintiendo una humedad, calor y presión tales sobre su miembro. Pero la peor parte se le estaba llevando ella, en quien veía una expresión de dolor que lo asustó, básicamente porque no se esperó que eso ocurriera. Apenas se había introducido en ella, y ya se estaba debatiendo entre su ferviente deseo y el malestar que ambos estaban padeciendo.

-No quiero hacerte daño, Zelda…-le habló, preocupado-¿Me retiro?

-Hemos llegado demasiado lejos…-le negó, ahogando un quejido de dolor-No quiero que paremos ahora.

-Pero, y si yo…-él dudaba, tenso-No sé si lo estoy haciendo bien y temo que pueda salir mal.

-Sólo ve despacio…-le pidió, mostrándose serena-Creo que eso bastará por ahora.

Retomando los ánimos, él prosiguió lentamente con la penetración. Casi al final, notó que algo estaba mostrándole resistencia y no le permitía acomodarse. Empujó un poco y lo único que consiguió fue que Zelda soltase un grito de dolor que intentó sofocar lo más que pudo, pero que no evitó que él volviera a ponerse nervioso. Se le hizo un nudo en la garganta cuando vio un hilo de sangre brotar de ese mismo lugar.

-¿Qué haces?-Zelda lo sujetó, antes de que se separara de ella-¿A dónde vas?

-¡Lo siento, Zelda!-pidió disculpas, avergonzado-¡Solamente estoy consiguiendo lastimarte!

-Cálmate, Link…-lo besó, sonriéndole luego-¿No se suponía que era yo quien estaba asustada?

-Pues ya ves…-suspiró, decepcionado consigo mismo-He aquí…al antiguo e indigno portador de la Trifuerza del Coraje.

-No digas eso, por favor…-volvió a besarlo-Continuemos, en algún momento este dolor tendrá que irse.

Aunque cada vez más desilusionado, obedeció la petición de Zelda y prosiguieron en donde lo habían dejado. Se dedicó a ejecutar un ligero vaivén entre sus caderas, guiado por su instinto. Comenzó a sentirse extrañamente más relajado y a la vez enardecido, sensación que aumentaba progresivamente. No sólo era él, también Zelda estaba disfrutándolo. Lentamente, el dolor fue sustituido por el placer, dejándose llevar enteramente por él.

Apoyó sus manos a los lados de la cabeza de Zelda, agarrando las sábanas, mientras ella ceñía los brazos a su cuello. Se agachó lo suficiente como para juntar sus frentes y narices, fusionado también sus labios cortas y repetidas veces. La intensidad del coito aumentó gradualmente, a medida que ellos crecían en su gozo y se perdían en un mar de sensaciones. Zelda ya no era capaz de contener sus ruidosos gemidos y poco le importaba, pronunciando gustosamente el nombre de su amado entre ellos e incitándole a que fuera a más. Link estaba en la misma situación y adoraba poder escuchar esa estimulante melodía proveniente de su boca, cuando ésta no era silenciada por apasionados besos.

Minutos después, él se sintió como si estuviese a punto de reventar. Adelantándosele Zelda, que llegó antes a ese esperado clímax, su orgasmo acabó siendo el detonante para que él alcanzara el suyo.

Desfallecido, se tiró a un lado de la cama, intentando recuperar las fuerzas. Descansaron durante un rato, escuchando únicamente la acelerada respiración del otro y los latidos de su propio corazón. Zelda se aproximó a él y lo abrazó, siendo correspondida igualmente.

-Ha sido… ¿Cómo describirlo? Fascinante, nuevo, agradable…-su sonrisa de satisfacción era incapaz de borrársele del rostro-Aunque también ha resultado doloroso y ejecutado con algo de torpeza.

-¿No podrías haberte ahorrado eso último? ¡Me hace sentir mal! ¿Sabes?-quiso bromear él, aunque lo decía bastante en serio.

-Supongo que habrá sido consecuencia por ser ésta nuestra primera vez. En cualquier caso…-se aproximó a sus labios, besándole-Gracias, Link…por todo.

XOXOXOXOXOXOXO

En la mañana siguiente, Midna se levantó temprano. No tenía demasiadas ganas de seguir durmiendo, aunque se hubiese acostado tarde esa noche.

Bajó a la cocina, en la que no se esperó que hubiera alguien a esas horas. Pero sorprendentemente, sí que lo había. Era el señor Smith, quien estaba preparándose el desayuno.

-¡Oh! ¡Buenos días, señorita Midna! ¡Y feliz año!-le saludó el anciano, sirviéndole una taza de té-¿Quiere un poco?

-Bueno…-no tenía muchas ganas, aceptándola igualmente-Gracias.

-No esperaba que tú o Link os despertarais tan pronto.-le comentó, revolviendo su té con una cucharilla-¡Qué vitalidad!

-¿Y usted? Se ha levantado antes que yo e incluso ha preparado el desayuno.

-Lo mío no tiene mérito… ¡Cuanto mayor es uno, menos horas acaba durmiendo! ¡Ja, ja, ja!

Midna vio cómo colocaba algunas viandas en una bandeja, preguntándose para qué.

-¿Qué hará con esa bandeja?-le preguntó, sospechando-No serán para Link… ¿Verdad?

-¿Acaso hay alguien más en la casa?-respondió con obviedad-Los empleados no volverán hasta mañana. ¡Y es evidente que mi nieto es un dormilón! Por eso le subiré esta bandeja a su dormitorio, para que coma algo en cuanto se despierte.

-Yo le sugeriría que no lo hiciera…-le comentó con cierto retintín y hastío-Si valora su salud cardíaca, claro.

-¿Y eso?-no entendió bien su indirecta-¿Por qué lo dices, jovencita?

-Digamos…-jugó con su taza de té-Que tendría que llevar dos raciones.

-¿Có-Cómo dices?-el hombre se sentó en una silla, anonadado-Mi nieto… ¿Ha traído compañía esta noche?

-Sí…-asintió, entristecida-¿Le sorprende?

-Pues sí, no me esperaba que fuera esa clase de muchacho…-habló con una mezcla de asombro y decepción en sus palabras-¿Y es una completa desconocida? ¿O una mujer a la ya que conoce?

-Lo segundo, lo segundo…-aclaró molesta, le desagradaba dar más detalles-¿Quién se cree que es Link?

-¡Vale! ¡Perdóname! Es sólo que…-aún no lo asimilaba-Y por curiosidad… ¿Quién es? ¿Es esa amiga de Ordon llamada Ilia?

-¡¿Qué?!-escupió lo que estaba bebiendo, asombrada con la ingenuidad del viejo-¡Por favor! ¡¿En serio no es capaz de imaginarse quién puede ser?!

-No… ¡No, no y no!-rechazó rotundamente, alterado-¡No puede ser! ¿Es ella? ¡Dime que no lo es, por favor!

-¿Usted me ve con ánimos para mentirle?

-Por las Diosas…-se tapó la cara con las manos-¡Mi nieto ha terminado acostándose con la futura reina! ¡Es un desastre!

-¡Qué escandaloso es usted! ¡Tampoco es para tanto!

-¿No lo entiendes, joven? ¡Únicamente puede ocasionarle problemas! El primero, que alguien aparte de nosotros se entere de lo sucedido. Y el segundo es que, tarde o temprano, se descubrirá que ella ha perdido toda su honra con quien habrá ser su marido y próximo rey de Hyrule.

-Qué rígidos y clasistas sois aquí en el Mundo de la Luz…-murmuró, esperando que no le oyese.

-Y recemos porque todo esto no desemboque en un embarazo...-miró al techo, rogándoles a las Diosas-¡Hacedme ese favor!

-¡Ya basta! ¡Exagerado! ¡Se está poniendo usted en lo peor!-se envalentonó con él, cansada de escucharle-¡Y deje en paz a Link! ¡Ellos sabrán lo que han hecho! ¿No?

-Vaya…-estaba sin palabras, alucinado por su arrebato-Joven… ¿Usted siente algo por mi nieto?

-¿Y eso qué importa ahora?-le dio la espalda, entristecida-Me voy a dar una vuelta.

Dejando al señor Smith meditando sobre todo aquello, ella no pudo evitar que le vinieran a la mente los recuerdos de esa noche.

XOXOXOXOXOXOXO

"Regresando al palacete del señor Smith en la madrugada, no le costó mucho saltar el muro que lo protegía y entrar en ella, a pesar de que no tenía llave. Subió al segundo piso, donde estaba su habitación, dispuesta a descansar después de un largo día.

-Ya me estaba aburriendo de todo, y con las calles llenas de borrachos…-comentó despectivamente en alto, cruzando los brazos tras su cabeza-¿Y dónde se habrán metido Link y Zelda? Desde un poco antes de las campanadas, no los he vuelto a ver.-suspiró, decepcionada-¡En fin! ¡Ellos a lo suyo!

Pasó al lado de cuarto de Link, que también estaba en esa planta, deteniéndose frente a él cuando escuchó ruidos provenientes de su interior. No tuvo que acercarse mucho a la puerta, para darse cuenta de lo que estaba pasando.

Oía el meneo de la cama, los gemidos de dos personas y cómo éstas pronunciaban algunas veces el nombre del otro. Estaba claro…eran ellos dos, Zelda y Link, haciendo el amor.

Midna se marchó lo más rápida y discretamente que pudo, sintiendo cómo se le rompía el corazón. Se lo había imaginado y hasta esperado. La realidad era que aun así, no estaba preparada para soportarlo."

XOXOXOXOXOXOXO

Era mediodía cuando Link se despertó, aunque no lo sabía, pues apenas se filtraba luz por aquellas tupidas cortinas. Se desperezó un poco y miró lo que tenía a su lado. Era la espalda de Zelda, quien seguía durmiendo plácidamente.

Sonrió, deslizando los dedos de una mano a través de sus curvas y juntándose con ella. Le besó con ternura y suavidad detrás de la oreja, intentando no desvelarla.

-¿Ni siquiera dormida puedo librarme de tus impulsos otofílicos?-musitó ella, notando cómo jugaba con su oreja.

-Perdón, no quise despertarte…-le besó entonces en la mejilla-¿Y qué es lo que me acabas de llamar?

-Otofilia, dícese de la atracción sexual por las orejas.-le contestó, dándose la vuelta para mirarlo-Lo leí en una enciclopedia de medicina y psicología.

-Eres muy cruel conmigo…-rezongó, centrándose en su cuello-¿Acaso no pueden gustarme?

-Sí, pero me veo en un día en el que me falte un trozo…-exageró ella, dejándole a lo suyo.

A modo de buenos días, se besaron y se abrazaron bajo las sábanas, aprovechando esos momentos de intimidad y disfrute juntos.

-¿Sabes?-acarició su melena-Esta ha sido la única noche desde que llegué, en la que no he tenido esa pesadilla.

-Se ve que has dormido bien…-se recostó más junto a él-¿Es lo que ha hecho que estés despierto antes que yo?

-No creo…-inspiró profundamente, deleitándose con el aroma de su cuello-Supongo que habrá sido porque he dormido con buena compañía esta noche.

-Pues no te acostumbres, no siempre me tendrás a tu disposición.-bromeó ella, separándole-Tendrás que encontrar otra distracción.

-Créeme que la hay…-le confesó, insinuante-Pero me gusta más tenerte físicamente presente.

-¡Vaya, Link!-exclamó, sorprendida-Entre ese comentario y lo de anoche, me has mostrado una faceta tuya que desconocía.

-¿Y qué me dices de ti? ¿Quién se esperaría que la futura reina fuese tan lasciva?

Luego de reírse alegremente por aquel cruce de acusaciones, estuvieron un rato en silencio, regocijándose con el tacto del cuerpo desnudo del otro. Entonces, Zelda se levantó y se sentó al borde de la cama, cubierta por las sábanas.

-Debo volver al castillo, Link.-le recordó, tristemente-Puede que no hayan sospechado de mi ausencia ayer, pero no puedo postergar más mi regreso.

-¿Por qué? Quédate un rato más…-se aferró a ella, tumbándola de nuevo-Hazlo, por favor.

-Bueno…-cedió fácilmente, no podía negársele-Quizás pueda quedarme un poco más.

Embriagados de pura felicidad y optimismo, los dos amantes ignoraban el destino que tendrían por delante, haciéndolos más vulnerables que nunca.

No imaginaban a lo que se enfrentarían…en un futuro cercano.

Continuará…

XOXOXOXOXOXOXO

Nota de Alfax: ¡Buenas a todos! ¡Aquí el nuevo capítulo! Espero que os haya resultado…fascinante. Y por este capítulo…se justifica la calificación M de este fanfic.

Creo que ha tenido un poco de muchas cosas, aunque me imagino que en los comentarios hablaréis de la parte más "interesante". Quisiera que supieseis que este capítulo iba a incluir una escena más, muy reveladora por cierto, pero me dije: "Se me está siendo largo, tiene contenido de sobra y quiero publicar esto… ¡Al carajo! ¡Lo dejaré para el próximo capítulo! ¡Ya tienen bastante! ¡Si no, los volveré locos!"

Escribir este capítulo ha sido una mezcla entre querer hacerlo y a la vez dudar en cómo hacerlo, principalmente lo que muchos os estaréis imaginado.

Os lo resumiré: Across the Stars y Careless Whisper escuchándose de fondo; y documentación para redactar sobre algo que, salvo un OneShot que tengo, no me he arrojado a escribir demasiado. Aparte de lo romántico o erótico que pueda haber quedado, espero que haya resultado más o menos realista y sobre todo acorde con los personajes y su contexto.

Y por si alguien se ha dado cuenta, sí…este es el capítulo 50. Este número y que en dicho capítulo salga "esto"… ¡Juro que no lo había planeado! ¡Todo llevaba planteado desde hacía tiempo! ¡Es más! ¡Si hubiera incluido aquella escena, probablemente esta hubiese terminado en el capítulo 51!

Así pues, sólo me queda deciros… ¡No estáis leyendo "50 Sombras de Link"! Y sí, él también tiene unos gustos…peculiares.

¡En fin! ¡Ya basta de cachondeo! ¡Chao! ¡Y hasta la próxima!

P.D:

1. Ni me he leído el libro ni visto la película. Así que, por favor, no me pregunten.

2. ¿Alguien se ha fijado en la clara referencia a Hyrule Warriors en este capítulo?

3. ¿También os habéis dado cuenta de que la Espada Maestra estuvo todo el tiempo en la habitación y lo que ello implica? En la escena eliminada, y que pondré en el siguiente capítulo, se alude esa cuestión.