52. Indefensos
Link entreabrió cuidadosamente la puerta de su habitación, oteando los pasillos para saber si era seguro salir. Una vez confirmó que no había nadie pululando, decidió salir con Zelda tras él.
Pusieron mucho cuidado en cada uno de sus pasos, esperando despistar al señor Smith, quien obviamente estaría despierto a esas tardías horas. Se les había ido la mañana entera y no se habían dado cuenta hasta un rato después de despertarse, cuando se percataron de que era mediodía.
Casi habían terminado de bajar las escaleras a la planta baja, cuando los sabuesos de Smith hicieron acto de presencia, abalanzándose sobre ellos ladrando alegremente.
-¡Chiss! ¡Callaos!-les pidió susurrando-No quiero que el abuelo se entere de esto.
Pero sus peores temores se hicieron realidad, pues aunque consiguió calmar a los perros, Smith había escuchado el ajetreo desde la cocina.
-¿Qué hacéis armando ese escándalo en los pasillos?-llamó el dueño a sus perros-¡Venid aquí!
Rápidamente, los animales fueron corriendo a la llamada de su amo, poniendo todavía en tensión a los dos jóvenes amantes. No había puerta trasera, por lo que para poder escabullirse por la principal, deberían pasar enfrente de la cocina. Link intentaría distraer a Smith, mientras Zelda se escapaba. Un último y corto beso fue su despedida antes de ejecutar aquel plan.
-¡Oh! ¡Así que eras tú el causante de la repentina excitación de éstos dos!-exclamó Smith al ver a su nieto aparecer-¿Estuviste de fiesta toda la noche, no?
-Sí…-bostezó, disimulando-¿Ahora toca el almuerzo, no?
-¡Qué buena vida! ¡Juerga, dormir y comer!-río el anciano, dirigiéndose a él-Hoy no están los empleados, así que poco puedo prepararte para comer.
-¡No hace falta! ¡Lo haré yo!-se apresuró a acomodarlo en la mesa, lo más lejos que pudo de la entrada de la cocina-Tú sólo siéntate y juega con los perros, si quieres.
-Ah, bueno…-desistió rápidamente, poniendo su atención en sus mascotas-Recuerda que ellos también tienen que comer.
Mientras él orquestaba todo aquello e intentaba cocinar, Zelda tuvo tiempo para alcanzar la gran puerta principal tras los jardines delanteros, abriéndola con sumo cuidado para no producir algún ruido que alertase a Smith.
Finalmente, consiguió salir. Pero desde la cocina, los perros alzaron sus cabezas en posición de alerta, mirando en la dirección donde estaría la puerta principal. Fue en ese momento, cuando Smith quiso zanjar ese teatro.
-Ya puedes relajarte…-comentó-Acaba de salir.
-¿De qué me estás hablando, abuelo?-logró mantener la calma, a pesar de que no se había esperado que le dijese eso.
-¿De qué va a ser?-siguió insistiendo, percatándose fácilmente de los nervios de su nieto-Estoy hablando de ella…
-¡Ah! ¡Hablas de Midna!-siguió fingiendo, cada vez más nervioso-¡Seguro que ella también se despertó tarde!
-La señorita Mida se fue hace bastantes horas…-su tono se iba poniendo cada vez más serio-Es más, esta mañana ella me salvó de sufrir un infarto.
-¿En serio?-se acercó a él, preocupado-¿Tuviste un infarto? Deberías ir a un médico cuanto antes, a tu edad eso puede dejar graves secuelas.
-Creo que no me has entendido…-de pronto, le agarró de una oreja y empezó a retorcérsela-¡¿Sabes lo que me hubiera podido pasar si Midna no me hubiese impedido que subiera esta mañana a tu habitación para subirte el desayuno?!
-¡¿Pero qué dices, abuelo?!-se quejó de dolor, humillado y nervioso-¡¿Por qué Midna debería haberte impedido eso?!
-¡¿Y todavía sigues tratando de mentirme?!-intensificó la fuerza que aplicaba sobre la oreja, haciendo que Link soltase un quejido agudo-¡¿Cómo has podido?! ¡¿Cómo has podido hacerlo?!
Unos segundos después le soltó, sentándose en una silla y echándose las manos al rostro. Mientras, Link se recuperaba de aquel tirón, esperándose una riña aún mayor al darse cuenta de que sabía lo que había hecho con Zelda.
-¿Por qué? ¡Dime!-le habló, decepcionado-¿Por qué tenías que hacerlo? ¿Acaso no tenías otras opciones?
Link permaneció en silencio y en pie, prefiriendo no discutir con él.
-Pasé por alto muchas cosas, aunque sabía que no era lo correcto. Lo dejé pasar y lo dejé pasar…-suspiró-Y ahora a desembocado en esto. Yo tenía razón, sabía que podría pasar esto si no intervenía. Debería haber sido menos inflexible contigo, chico.
-Hablas como si todavía fuese un niño.-le respondió, molesto-Y no lo soy.
-¡Precisamente si fueses un niño no tendríamos este problema!-gritó, golpeando la mesa con el puño-¡Pensé que sabrías controlarte! ¡¿Cómo se te ocurrió acostarte con la futura gobernante de este reino?!
-Bueno…-no sabía cómo explicarse-Sólo surgió…
-¡¿Sólo surgió?! ¡¿Esa es tu excusa?!-Smith estaba furioso, irreconocible-¡Y todavía no comprendo cómo la princesa Zelda aceptó también cometer un acto tan escandaloso!
-Me importa poco que no lo comprendas, no es asunto tuyo.
-¡¿Qué no es asunto mío?!-se levantó repentinamente, propinándole una bofetada y agarrándole de la camisa para que le mirase a los ojos-¡Eres mi nieto! ¡Claro que es asunto mío! ¡Pero no estoy preocupado por mí, si no por ti! ¿Acaso eres incapaz de imaginar lo que pasaría si alguien más se enterase de esto? ¡Tanto tú como todo el reino estaría en problemas! ¡Tú por ser el hombre que arrebató su honra a nuestra soberana! ¡Y el reino, porque ella ha priorizado sus deseos carnales sobre las necesidades de su pueblo! ¿Qué noble querría casarse con ella después de lo que habéis hecho? ¡Ninguno! ¡La imagen de Hyrule quedaría en entredicho!
-¡Pues que así sea!-se liberó bruscamente de su agarre, enojado-¡Pregónalo por ahí, si es lo que quieres! ¡Ya estoy harto de todos estos malditos condicionamientos! ¡Soy tu nieto y soy un héroe! ¿Eso no basta para ser digno de ella?
-¡¿Pero tú te has oído?! ¡Escucha estas palabras y mentalízate de una vez! ¡Tú nunca podrás ser un rey! ¿Es eso lo que intentas afirmar, no? Sería la única forma de que pudieras continuar estando junto a ella.
-Yo…-quería contestarle con un sí, pero algo se lo impedía-Quizás…
-¿Quizás? ¡Lo ves! ¡Dudas! ¿Dónde está tu coraje? ¡Así es imposible que puedas llegar a ser un rey! Quizás puedas enfrentarte a todo un ejército… ¿Pero podrás luchar contra la sociedad? ¿Los condicionamientos? No puedes, y de hacerlo sólo acabarás muy mal parado.
-¿Y qué quieres que haga?-apretó los puños, frustrado-¡Parece que te esfuerzas en no ver que yo la quiero!
-El amor y la política no se llevan bien, y eso debes aprenderlo desde ya.-suspiró, calmándose-Puede que ahora sufras por ello, pero existen más mujeres y en el futuro terminarás por superarlo casándote con otra.
-¡Déjame en paz! ¡No pienso seguir escuchándote!-exclamó, harto-¡Me marcho!
Smith lo dejó irse, ya no tenía por qué decirle nada. Link subió rápidamente a su habitación y se preparó para salir a cabalgar con Epona, necesitaba alejarse de todo. Su vestimenta verde, su bufanda azul, su escudo y cómo no la Espada Maestra. Fue a las cuadras de la residencia, ensillando a Epona y saliendo rápidamente de allí.
A pesar de ser mediodía, hacía frío y por ello no había mucha gente por las calles. Él siguió sin preocuparse por esos detalles, decidido a llegar a la Pradera de Hyrule. Fuera de eso, estaba tan distraído, que ni se percató que pasó a toda velocidad al lado de Midna, quien sólo pudo mirarlo sorprendida aunque intuyéndose el por qué de aquello.
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Estuvo vagabundeando durante horas por esas nevadas pradera, desquitándose con cualquier criatura que se atreviese a acercársele. Paró a descansar bajo un solitario árbol, tumbándose junto a Epona, quien estaba agotada por el repentino y largo paseo.
Link estuvo pensando en muchas cosas, incapaz de relajarse. Epona intentaba jugar con él, arrebatándole su gorro, pero desistió al ver que no le prestaba atención.
Estuvieron así hasta cercano el atardecer, cuando finalmente Link reaccionó, tras oler por un instante la bufanda que le había regalado Zelda. Y se levantó, mirando en dirección al Castillo de Hyrule.
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Zelda leía tranquilamente en su habitación, previamente antes de la hora de cenar, cuando oyó tocar la puerta. Pensó que sería una criada avisándole de que la cena estaba lista, pero pronto descubrió que se trataba de Link.
-¿Qué haces aquí?-le preguntó mientras le dejaba entrar, ciertamente sorprendida.
-Necesitaba verte…
Sin mediar más palabra, la besó apasionadamente, colocándola contra la pared. Aquella repentina acción desconcertó a Zelda, pero le correspondió con gusto. Cuando finalizó aquel beso, ella quiso preguntarle el motivo de su acción, pero él no le dejó tiempo para hacerlo.
Volvió a la carga y esta vez con más intensidad, llevándola a la cama, casi sin que ella pudiera oponer resistencia.
-¿Qué estás haciendo?-le apartó finalmente, ligeramente molesta con su actitud.
-Repitamos lo de anoche…-él siguió insistiendo, hundiéndose en su cuello.
-¡Espera! ¡¿Qué?!-tras unos segundos, reaccionó separándolo de nuevo-¡¿Estás loco?! ¡Estamos dentro del castillo! ¡Sería imposible hacerlo sin que nos oyesen! ¡Y en cualquier momento puede venir alguien para llamarme para cenar!
-Pues que nos oigan…-la ignoró, acercándose nuevamente-Me da igual.
-¡Link! ¡¿Te estás oyendo a ti mismo?!-Zelda comenzó a preocuparse, lo notaba demasiado ido-¡Reacciona! ¿Se puede saber a qué viene todo esto?
Por fin, Link recuperó la sensatez y se calmó. Sentándose en la calma, se tapó el rostro con las manos, avergonzado.
-¿Qué te ocurre, Link?-le preguntó, preocupada-Nunca antes te habías comportado así.
-Lo sé…-suspiró, aún sin mirarla-Lo siento mucho, Zelda, de verdad.
-No importa, pero cuéntame lo que te pasa.
-No me apetece hablar de eso ni de nada ahora…-se tumbó sobre la cama, cerrando los ojos-Por favor, al menos déjame dormir contigo esta noche.
-¿Dormir aquí? Link…
Ella sabía que era demasiado arriesgado permitírselo, pero le veía ciertamente deprimido por algo y no pudo negarse.
Estuvo a punto de replantárselo cuando escuchó a una sirvienta llamando a su puerta avisándole para que fuese a cenar, pues casi se le salió el corazón del pecho cuando la oyó. En cambio, Link ni se inmutó por ello, mostrando simplemente indiferencia. Le preguntó si tenía hambre, a lo que él contestó que no tenía apetito. Ella se marchó preocupada, volviendo un rato después, apenas habiendo probado bocado.
Cuando regresó, se lo encontró adormilado sobre la cama, habiéndose quitado las botas y demás accesorios molestos para dormir. Ella se cambió y se tumbó junto a él, dispuesta a hablar con él. Pero Link terminó por dormirse, como si la hubiera estado esperando. No le quedaba otra más que esperar a la mañana siguiente.
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Link abrió los ojos, notando un ligero movimiento muy cerca de él. Era claramente Zelda, quien llevaba despierta un rato, regalándole una sonrisa nada más verla.
-Me alegra ver que estás algo más animado esta mañana.-le saludó, dándole un tierno beso.
-¿Tanto se me notaba?-acomodó la cabeza en su cuello, suspirando-Lo siento, no debería haber venido…sólo he conseguido causarte problemas.
-En absoluto lo has hecho, deja de darle vueltas a eso. Ahora explícame el por qué de tus acciones de ayer.
-Sólo fue una mala reacción…-suspiró-Provocada posiblemente por el mismo miedo que te incitó a que acabásemos haciendo el amor hace dos noches.
Ella lo comprendió al instante, aunque seguía desconociendo el motivo que había provocado en él aquel miedo. Creía intuir el por qué, pero prefirió no insistir más en ello.
Se hizo un silencio entre ellos durante unos minutos, aunque no se les hizo incómodo, pues disfrutaban de la compañía del otro.
-"Link…Zelda"-les llamó Fi, tenuemente, desde la Espada Maestra-"¿Podría hablar ahora con vosotros sobre un asunto de gran relevancia para todos?"
Ambos miraron en su dirección, sorprendidos, previamente antes de que ella se materializara ante ellos.
-¿De qué se trata?-preguntó Link, sentándose al borde la cama, junto con Zelda-¿Y por qué nos lo preguntas si de verdad es importante?
-Porque pensé que podría interrumpir algo.-respondió tajante, logrando avergonzar un poco a ambos hylianos-Al fin y al cabo, ayer me abstuve de comentar nada referido a lo próximo que os voy a contar, por circunstancias varias relacionadas con, en parte, este nuevo matiz que ha tomado vuestra relación.
-Eh…-Link estaba impacto, Fi no estaba hablando como de costumbre-¿Te ocurre algo, Fi?
-No, ¿por qué lo preguntas?-preguntó ella, sin entenderle.
-Porque estás hablando de un modo…-dudaba-no sé, más coloquial y hasta comprensible.
-¿Acaso te molesta que lo haga?
-¡No, no, no!-negó rápidamente con las manos-¡Al contrario! Llevaba tiempo intentando que me tratases más cercanamente y sin tantos formalismos. Es más, me has llamado por mi nombre sin que la palabra "amo" vaya delante.
-Bueno, dejando esos detalles a un lado, ¿de qué querías hablarnos?-intervino Zelda.
-Sobre mi encuentro con Ghirahim hace dos noches.
Nuevamente, Fi volvió a impactarles, aunque negativamente en este caso.
Obviamente, Fi no podía alejarse de la Espada Maestra más allá de unos cuantos metros. Contando con eso y que hacía dos noches ellos habían estado retozando en la casa perteneciente al abuelo de Link, acordándose en ese momento que ella y la espada habían estado presentes en todo momento, sólo podían deducir que Ghirahim habría podido estar espiándoles en un momento tan íntimo desde un lugar como el tejado o en los exteriores del palacete.
Se sentían tremendamente abochornados e incómodos, a la vez que preocupados por la repentina reaparición de Ghirahim, después de que este recuperase las memorias de su antiguo yo.
-¿Y por qué no nos avisaste?-preguntó Link, algo molesto-¿Cuánto tiempo estuvo allí?
-Ahorrándome detalles, lo suficiente para que me enterase de una valiosa información concerniente a la profecía que fue descubierta en el Crepúsculo, así como de una advertencia.
Fi comenzó a relatar su reunión con Ghirahim, exponiendo todo lo que había averiguado, excepto por algunas datos que prefirió no mencionar. Ocultar información era impropio de ella, pero aquella fue una decisión más personal que propiamente objetiva.
-Pero…-Zelda estaba sin palabras-¿Por qué? ¿Qué importancia tenía entonces esa profecía, si supuestamente son hechos que ocurrirían en el futuro?
-Yo estoy igual…-suspiró, frustrado-Tanto revuelo por esto, para que resultase que sólo son malas noticias que pasarían en un futuro incierto y lejano.
-Recordad la advertencia que me dejó Ghirahim.-destacó Fi-Es probable que pueda tener algo que ver con lo que me mencionó.
-¿Y qué podría ser?-preguntó Zelda, sin esperar una respuesta-Además, esto es muy extraño… ¿Por qué nos revelaría algo así, si desconociendo dicha información, él tendría ventaja? ¿Y por qué no nos atacó cuando más vulnerables estábamos?
-Bueno…-por primera vez, pudo verse en Fi una clara expresión de duda-Él quizás pensó que así podría infundir el miedo en vuestros corazones. Y respecto a lo segundo, dijo que de hacerlo no hubiese sido "divertido".
-Algo de razón no te falta…-admitió Zelda, preocupada, levantándose y caminando por la habitación-¿Pero qué podría ser lo que podría…?
De repente, el suelo y las paredes comenzaron a temblar, haciendo que Zelda perdiese el equilibrio. Aquello parecía un terremoto, y Link se tiró al suelo para proteger a Zelda con su cuerpo de la caída de algún objeto sobre ellos. Esos temblores cesaron a los pocos segundos, quedándose en tan sólo un susto, aunque el dormitorio quedó hecho un desastre.
-¡¿Qué ha sido eso?!-exclamó Link, ayudando a Zelda a reincorporarse-¿Estás bien?
-Sí, lo estoy…-respondió apenas, con el miedo aún en el cuerpo-No lo entiendo, en la Ciudadela jamás se han sentido esta clase de seísmo ni con tanta intensidad. En Kakariko sí que se suceden ocasionalmente terremotos, al encontrarse en la falda de la Montaña de la Muerte, una zona sismológicamente activa. Pero su intensidad rara vez es lo suficientemente elevada como para que se dejen notar en la ciudad, y jamás a un extremo así. Eso quiere decir que si aquí se ha podido apreciar tanto, en Kakariko…
-Sería mejor que observaseis por la ventana…-comentó Fi, mirando ya a través de ella-Dudo seriamente que el origen del terremoto haya sido la Montaña de la Muerte.
Nadas más hacerlo, se quedaron horrorizados con lo que vieron. Desde la lejanía y extendiéndose hasta donde alcanzaba la vista, se alzaban lo que parecían unas enormes murallas, demasiado similares a aquellas que habían mantenido bajo la sombra del Crepúsculo a las provincias de Hyrule. Aquella oscura época ya había pasado, pero parecía que nuevamente Hyrule se encontraba bajo la amenaza de las tinieblas.
En ese momento comprendieron la advertencia de Ghirahim, sabiendo que esa barrera mágica sólo era el principio de algo más. Zelda y Link se vistieron y prepararon rápidamente, notando la tensión nada más salir del dormitorio, pues todos los que trabajan ahí se encontraban alterados. Dos soldados apenas tardaron unos segundos en toparse con ellos, requiriendo la presencia de la princesa Zelda con urgencia. Ella atendió a sus deberes como soberana y les siguió, con Link tras sus pasos.
Salieron del castillo en dirección a la Plaza Central, donde la magnitud del suceso no era todavía del todo apreciable, pero sí eran evidentes sus primeras consecuencias. La gente había entrado en pánico, muchos rememorando la trágica época de la invasión del Crepúsculo, y el caso reinaba por toda la ciudad. De lo único que podían alegrarse es que el terremoto previo a la aparición del muro apenas había causado daños en la ciudad, pero ello no era un consuelo para los habitantes de la misma.
Por órdenes de Zelda, se mandaron exploradores a investigar la extensión de aquellos muros. Poco tardó en recibir noticias del oeste, pues el acceso a la zona occidental de la Pradera de Hyrule y por ende a la provincia de Eldin, estaban bloqueados por esa barrera, que había derruido el puente con su aparición. Ahora, la entrada oeste a la ciudadela daba sólo a un profundo barranco, con la imponente silueta de la muralla a sólo unos metros.
Mientras esperaban noticias de los soldados enviados a los otros tres puntos cardinales, Zelda convocó una reunión con las autoridades militares y políticas que se encontraban en esos momentos en la ciudad. Aunque debido a la época en la que se encontraban, apenas habiendo finalizado las Fiestas Bienales Sagradas, y a lo repentino de lo ocurrido, sólo recibió a Auru, a unos pocos miembros de su consejo de ministros y a los jefes de los distintos destacamentos que custodiaban la Ciudadela y de la guardia real, entre otras figuras de menor relevancia. Afortunadamente, el general Rusell, quien estaba por esas fechas en la capital, acudió también. Smith, alcalde de Sakado, también se apresuró a reunirse con ella, queriendo ayudar en esa crisis.
Entre tanto, Link se apresuró a comprobar que sus amigos de Ordon y de la Ciudadela se encontrasen a salvo. Pudo dar con todos y asegurarse de que estaban bien, a excepción de Midna. Por mucho que cabalgase por la ciudad, buscándola, no la encontraba.
-¡¿Se puede saber dónde te habías metido?!-oyó gritar a alguien desde un tejado, era Midna, bajando rápidamente y montándose sobre Epona-¡Esta ciudad es un desastre!
-¡¿Y dónde estabas tú?!-respondió él, alterado-¡Llevo buscándote varias horas!
-¡Lo mismo digo! ¡Pero eso ahora no importa!-le señaló al frente, al sur-¡Salgamos por la puerta sur y dirijámonos hacia donde parece alzarse esa barrera!
-¿Quieres investigarla? ¿Tienes idea de lo que puede ser?
-Quiero creer que…-arreó a Epona, incitándola a correr-¡No perdamos tiempo! ¡Vamos!
Durante un par de horas cabalgaron en dirección sur, atravesando la llanura y un estrecho sendero que terminó cortándose abruptamente, habiendo llegado a los límites con la provincia de Farone. Allí, varios soldados que habían sido enviados a investigar la zona sur, se encontraban investigando la barrera y sus alrededores. Uno de ellos intentó tocarla con su espada, temeroso, y éste fue rechazado por ella antes de que Midna tuviera tiempo de advertirle que no lo hiciera.
Ella bajó de Epona y se puso a comprobar la muralla. Miraba hacia arriba, y ésta se perdía en el cielo. Miraba de este a oeste, y no parecía acabarse. Al frente, podía ver con dificultad los terrenos que se encontraban al otro lado, que no parecían estar presos por la barrera. Con su magia, analizó la naturaleza de la misma, percatándose de algo que no le agradó en absoluto.
-Esta cosa…-pronunció, con una mezcla de enfado y preocupación-Está claro que es producto de la magia, pero un poder cualquiera no podría haberla invocado. Y lo peor es que, en parte, ésta debe haberse erigido gracias a la magia del Crepúsculo.
-¡¿El Crepúsculo?!-exclamó asustado el soldado que había osado tocar la barrera-¡No! ¡Ellos otra vez! ¡¿Eso quiere decir que volverán aquellos horribles monstruos?!
Mientas su compañero intentaba tranquilizarle, Fi aportó más información acerca de la barrera.
-"Percibo claros indicios que señalarían al autor de tamaña acción, y es nada menos que Nagahim"-indicó Fi, hablando desde la Espada Maestra.
Aquella era la peor noticia que podían escuchar Midna y Link, y dicha afirmación tampoco fue pasada por alto por los soldados. A pesar de que desconocían dicho nombre, el militar de mayor rango allí presente no tardó en ordenarles que le acompañasen hasta la Ciudadela para informar de lo habían descubierto.
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En la sala donde se reunían Zelda y aquellos altos cargos, reinó el silencio durante unos instantes. La tensión creada por la información que trajo el soldado que escoltó a Link y Midna podía cortarse con un cuchillo. Algunos, porque no sabían de quien se trataba. Otros, como los más veteranos y los ministros, por recordar a ese hombre que creían muerto desde hacía años. Y Zelda, cómo no, era la más afectada por aquel descubrimiento.
-¿Nagahim? ¡Eso es imposible!-negó el general Russel, dando un golpe en la mesa con el puño-¡Él está muerto!
-Lamentablemente debo diferir, general Russel…-admitió Zelda, incómoda-Y debo informar a todos los presentes que, además, esta no es la primera vez que recibo noticias suyas desde que le diese por fallecido.
Zelda tuvo que relacionar a Nagahim con otros incidentes relacionados con ella, como su secuestro durante su viaje a la Isla Koholint, entre otros. No le fue fácil explicar todo eso, recibiendo críticas por no haber informado de aquello antes. Ella se excusó, principalmente, en el voto de silencio que se había creado en torno a ese hombre y en lo que había estado involucrado antes de desaparecer. Auru, Russel y los ministros guardaron silencio, sabían de aquella prohibición. En cambio, Smith y otros se quedaron con las ganas de saber más detalles, pues esa información les había sido vetada a ellos desde el principio.
Fue entonces cuando Zelda, en contra de la opinión de quienes conocían la historia tras Nagahim, les reveló todo. Llevaba demasiado tiempo guardando silencio, y en esas circunstancias, no podía omitir tal información.
Todos los que desconocían los antecedentes de Nagahim se quedaron atónitos, Smith el primero. Pero aun sabiendo aquello, de nada servía para atajar la amenaza que suponía para ellos en esos momentos.
-¿Pero cómo puede ser que haya reunido tanto poder como para haber creado una abominación así?-se preguntó Smith, preocupado.
-Ya les hablé de que sus intenciones en sus múltiples atentados contra mi persona, eran arrebatarme uno de los fragmentos de la Trifuerza que lleva transmitiéndose a algunas mujeres dentro de la Familia Real durante generaciones. Y usted, alcalde Smith, debería poder entender ahora cómo su nieto perdió su "singular marca" en la mano izquierda.
-¡Pero aquella mujer habló del poder del Crepúsculo!-exclamó el soldado que había estado con Midna y Link-¡¿Se puede saber de dónde podría haberlo sacado?!
-Recuerdo que hace muchos años, a ciertos criminales se les aplicaba una condena que distaba de la pena capital.-habló Russel-Era nada menos que el destierro al Crepúsculo, un mundo cubierto por las sombras, que muchos afirmarían que se parecería al mismísimo infierno. En el Desierto Gerudo, en un lugar conocido como el Patíbulo del Desierto, se enviaban a estos proscritos a dicha dimensión. La última vez que se condenó a alguien al Crepúsculo, fue durante el mandato de Harkinian XIV.
-¡Pero ninguno pensó en que los bárbaros que vivirían ahí podrían tomar venganza e invadirnos! ¡¿Verdad?!-intervino entonces Valenzuela, enojado-¡Yo estuve el día que ese lunático de Zant invadió el castillo! ¡Vi con impotencia como uno a uno, mis hombres caían y cómo posteriormente se hizo con el control de todas las provincias!
-Aún me sorprendo y me pregunto cómo, con tu rango, aquellos monstruos no te mataron.-comentó el jefe de los exploradores del sur-¿No te abandonarías tu puesto, no?
Aquella insinuación enfureció a Valenzuela, quien, si no hubiera sido por Russel, se hubiese enzarzado en una pelea con él.
-Calmemos nuestros ánimos, no es momento para vernos envueltos en tales conflictos.-habló Auru, dispuesto a poner orden-Hasta que no regresen los exploradores del enviados al norte y al este de la Ciudadela, no tendremos una idea clara de la magnitud de lo que está pasando. De momento, lo único que podemos hacer es intentar apaciguar a la población y prepararnos para lo que sea que esté por venir.
A partir de ese punto, los allí reunidos se centraron en planes de prevención, evacuación y en cómo proteger a la ciudad y sus habitantes. No volverían a pillarles desprevenidos como cuando el tirano Zant les atacó.
Y finalizada la reunión, cada cual se marchó a cumplir con sus obligaciones. Antes de que Auru se fuese para cumplir con los suyos, Zelda le retuvo para hablar con él.
-¿Cómo te ha afectado la noticia de que Nagahim seguía vivo?-le preguntó Zelda, decepcionada consigo mismo-Te pido disculpas por no haberte informado hasta ahora.
-No lo haga, Alteza, comprendo los motivos por los cuales me omitió dicha información.-aceptó Auru, suspirando-¿Y usted? Supongo que lo asumió hace tiempo, refiriéndome a los desagradables recuerdos que atañen a ese vil sujeto.
-Creo que puede intuirse que sí, dado que hace algún tiempo ambos zanjamos un malentendido creado a raíz de aquel trágico suceso.
-Sí, aunque si no hubiese intervenido cierto joven guerrero, probablemente no estaríamos hablando de esto.-sonrió con complicidad-¿No cree, Su Majestad?
Zelda sonrió levemente por aquel comentario, despidiéndose de Auru poco después. Smith había estado escuchando la conversación a sólo unos metros. Pero al contrario que ellos dos, él no estaba animado, todo lo contrario. Estuvo a punto de querer hablar con la princesa Zelda, pero se retractó y se marchó sin mediar palabra.
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Después de haber regresado a la Ciudadela e informado de lo que ocurría al sur, Zelda le encomendó a Link ir a visitar al guardián de la región, Lanayru. Había estado aquel día yendo de un lado para otro, y aunque terminó llegando al Lago Hylia a medianoche, era necesario contactar en el espíritu de luz.
Aquella barrera mágica también se extendía por esos lares, limitando con el Desierto Gerudo. Se apresuró en llegar al manantial del espíritu, cabalgando sobre Epona por los pequeños islotes y puentes del lago. Al llegar, caminó hacia el interior de la cueva rápidamente, aunque a Midna, quien le había acompañado hasta allí, la vio reacia a entrar, quedándose en la entrada.
-¿No vienes?-le preguntó confundido-¿Entonces para qué has venido?
-¡Para ayudarte, hombre!-le recriminó ella, mirando con desconfianza el lugar desde el exterior-Pero la última vez que estuve aquí no acabé precisamente "bien"…-comentó recordando su experiencia cercana a la muerte, por su contacto con el espíritu-Vete tú, yo te espero aquí afuera.
A él no le quedó más remedio que ir solo, acercándose al borde del manantial y llamando a Lanayru para que se apareciese ante él. Pero, para su sorpresa, éste no lo hizo. Fue en ese momento cuando se percató de que el manantial no estaba como siempre, había perdido su brillo. Esa observación sólo preocupó más a Link.
-¡Lanayru! ¡Por favor! ¡Esto es urgente!-siguió llamándole insistentemente-¡¿Por qué no sales?!
-Link, no percibo la presencia de Lanayru en esta estancia.-habló Fi, mostrándose.
-¡¿Qué?! ¡Pero eso no es posible!-exclamó, nervioso-¿Y qué le ha podido ocurrir? ¡No puede haberse desvanecido! ¡La región hubiera vuelto a verse sumida en las sombras!
Fi se puso a investigar los alrededores, mientras Link seguía sin reponerse de aquella mala noticia. Y ante la tardanza y cierto escándalo que oía adentro, Midna reunió el valor para entrar y comprobar lo que pasaba.
-¿Ya has hablado con ese espíritu? ¿Qué es lo que te ha dicho?
-Nada…-resopló, frustrado-No está aquí.
-¡¿Qué?! ¡Debes estar bromeando! ¡¿Entonces hemos venido hasta aquí para nada?!
-No del todo…-intervino Fi, acercándose a ellos-Analizando el terreno, he encontrado indicios de que algo o alguien pudo haberle sustraído su poder al espíritu Lanayru. Afirmo esto por la visión en el fondo del lago, de una tenue y pequeña esfera de luz, que podría tratarse de la esencia vital de Lanayru.
Midna y Link se asomaron al borde del manantial para intentar ver aquello con sus propios ojos. Y aunque les fue algo difícil, finalmente dieron con dicha esfera de luz, apenas perceptible. Su débil e irregular parpadeo que veían bajo no auguraba nada bueno. Ni siquiera durante la crisis del Crepúsculo habían podido ver a un espíritu de luz tan débil, a pesar de que habiendo sido privados de su luz en aquella época fueron reducidos a poco más que una estela de luz.
Salieron de la cueva, intentando buscar pistas que pudiesen aclarar lo que le habría ocurrido a Lanayru. Pero al no encontrar nada, lo siguiente que hicieron fue buscar posibles testigos.
Primero llamaron a la puerta de una humilde posada propiedad de un matrimonio de ancianos que Link conocía, pero no respondieron. Al parecer, no se encontraban allí.
El siguiente que se les pasó por la mente el propietario de aquel gigantesco cañón flotante. Aunque a este no le hizo ninguna gracia tener que conversar con ellos a esas horas, teniendo además sus propios problemas.
-¡Fuera de aquí! ¡A menudas horas venís a molestar! ¡Y además está cerrado hasta que me dé la gana!-gritó tras la puerta, con una mezcla de enfado y miedo-¡¿No habéis visto la que se ha armado?! ¡En cualquier momento podría ocurrir algo malo! ¡Peor que cuando apareció ese monstruoso muro!
-¿Vio y oyó algo antes de que apareciera la muralla?-insistió Link.
-¡Hubo un terremoto y de pronto apareció esa cosa! ¡¿Qué más esperas que te diga?!
-¿Y sabe qué le puede haberle ocurrido al espíritu de Lanayru?
-¡Y yo que sé! ¡No frecuento ese santuario!-se quejó primero, luego pareció replanteárselo-Aunque…hace un par de noches oí lo que me pareció el grito agonizante de una bestia.
-¡Seguro que era Lanayru!-exclamó Link-¿Puede decirnos algo más?
-¡No sé nada más! ¡Y ahora dejen de atosigarme con tantas preguntas estúpidas! ¡Deberíais largaros y refugiaros en alguna parte si no queréis que algún monstruo venga a por vosotros!
Por mucho que lo intentasen y volvieran a llamar a su puerta, éste no les respondió. No les quedó otra que volver a la Ciudadela con las manos vacías, tan sólo con la duda sobre qué le podría haber pasado al espíritu de luz.
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Los siguientes días fueron poco menos que desmoralizadores. Las patrullas enviadas al norte y al este regresaron, sólo para confirmar lo que ya se llevaba intuyendo, que la provincia de Lanayru había quedado aislada del resto de Hyrule por culpa de esa barrera mágica.
Algunos habitantes de Kakariko fueron también a la muralla a investigarla, únicamente pudiendo entrever la silueta de algunos soldados patrullando tras ellas, incapaces de atravesarla.
La región de los Zora fue afectada de lleno por el suceso, reuniéndose el joven rey Ralis con la princesa Zelda, intentando buscar una solución junto con el resto de aquel improvisado gabinete de crisis.
Pero la peor de las noticias fue traída del límite oriental de la barrera, cuando de pronto un soldado irrumpió en medio de una reunión, completamente alterado.
-¡Un grupo de monstruos ha atravesado la muralla como si nada!-relató el oficial-Nuestros hombres apostados en la zona pudieron vencerles sin demasiados problemas, pero uno de ellos antes de morir nos entregó una carta.
-¿Y de qué hablaba?-preguntó el general Russel, impacientado.
-Perdóneme, mi general, pero con las prisas por informar de este suceso no he podido leerla. Y además, porque va dirigida a Su Majestad, la princesa Zelda.
Todos la miraron, sabiendo que el contenido de la misiva no podía traer nada bueno. Ella dio entonces permiso al militar para que la leyese en alto, para todos los presentes.
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"Saludos, actual regente de Hyrule.
Ya ha pasado algún tiempo desde la última vez que le envié correspondencia. ¿Me ha echado de menos?
¡En fin, vayamos a lo que verdaderamente importa! Deduzco que los hechos recientes que han ocurrido en su reino, y concretamente en la provincia de Lanayru, no han pasado desapercibidos para usted.
Supongo que la Ciudadela estará asumida en el caos, cuyas gentes se ven indefensas y desconocedoras de su destino. Cabezas de ganado, temerosas, a las que usted debe guiar.
¿Y la región de los Zoras? Ellos deben estar pasando penurias, pues son incluso más vulnerables que los habitantes de la capital.
Sé que ahora mismo, os encontráis vos y toda la provincia bajo un aislamiento provocado por la aparición de esas altas y extensas murallas de naturaleza mágica. ¿Os recuerdan en algo a la invasión orquestada por el mundo del Crepúsculo y el tirano Zant?
¿Sabéis? Yo podría librar a vuestro pueblo de ese encierro y prevenir que esa barrera se extendiese al resto de provincias del reino.
Sólo pediría una cosa a cambio, algo minúsculo, que no debería suponeros un problema si de verdad os preocupan vuestros súbditos…que renunciarais al trono y me lo ofrecierais como recompensa por salvar al reino de la debacle que sufriría si no aceptaseis mi propuesta.
Más allá de los limites orientales de la barrera, en el desierto que hay tras ella, un ejército de monstruos esperan poder invadir, primero la región de Lanayru, y después el resto del reino.
Yo podría disuadirles de que lo hicieran, pero sin un aliciente, no sé por qué tendría que molestarle en convencerles.
No estoy del todo seguro si ya ha oído antes estas palabras, pero igualmente se las dejaré para que reflexione al respecto.
Debe elegir: rendirse o morir. ¿Vida? ¿O muerte?
Atentamente, aquel que pronto se convertirá en el soberano absoluto de Hyrule."
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-¡No hagáis caso a ese brujo!-rechazó Russel, el primero de todos en reaccionar-¡No puede rendirse a la exigencias de esa sucia alimaña!
-¡¿Y qué otra cosa podríamos hacer?!-opinó el mensajero-¡Tiene a todo un ejército de criaturas malignas a sus órdenes! ¡Ya hemos pasado por esto! ¡Y si hubiéramos entablado combate contra Zant y sus huestes, ahora estaríamos todos muertos!
Se originó una discusión en torno a lo que deberían hacer, la mayoría partidarios de entrar en combate. Sólo el joven Ralis prefería mantenerse al margen, atento a la reacción de la princesa Zelda, sobre la que recaía la decisión final.
-Princesa Zelda, debe saber que si finalmente decide enfrentarse a Nagahim y a su ejército, los Zora apoyaremos su causa.-se ofreció Ralis, con una mano en el corazón.
-Agradezco su ofrecimiento, rey Ralis, pero aun así estaríamos en desventaja. Nadie conoce el número de efectivos de los que dispone, pero ha de suponerse que son muchos y que probablemente nos lleguen a superar en número. Es muy plausible, dado que ha estado reuniendo suficiente poder como para convocar a un gran número de monstruos. Él mismo representa una grave amenaza, es un hechicero temible, que tiene en su poder dos fragmentos de la Trifuerza y una reliquia que antaño perteneció a los primeros que fueron desterrados al Crepúsculo.
-¿Y qué decidirá entonces?-preguntó Auru, preocupado-¿Lucharemos? ¿O…?
Zelda se mantuvo en silencio, pensativa, manteniendo a todo el mundo expectante ante su decisión.
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Mucha gente se reunión en torno a la Plaza Central, nerviosos. En la torre del mirador, cuyo único balcón daba a la plaza, se encontraban el general Russel y algunos militares, quienes estaban ahí para un comunicado urgente dirigido a toda la población de la ciudad.
Un soldado desplegó un papel y se aclaró la garganta, alzando la voz para que todos en la plaza le escuchasen. Era un mensaje de Su Majestad, la princesa Zelda.
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"Pueblo de Hyrule, ante nosotros se alza una gran amenaza, más allá de esa muralla a la que muchos señalan como el origen de todos nuestros males.
Lo cierto es que un poderoso hechicero es el que ha creado dicha barrera que nos ha aislado del resto de las provincias y tiene preparado un ejército de proporciones aún desconocidas, compuesto por criaturas al servicio del mal y quizás algunos mercenarios.
La identidad de ese brujo no me es desconocida, pues en el pasado, sirvió al reino y a la familia real. Su nombre es Nagahim, del cual algunos es probable que os acordéis, pero aquellos que no, han de saber que hace años cometió un acto de traición imperdonable.
Atentó contra mi propia vida y acabó con la mi padre, el rey Daltus IX, además de las de aquellos de nos acompañaban ese día. Sólo yo y mi en aquel entonces mentor y ahora consejero, Auru Trafalgar, sobrevivimos a aquel fatídico día.
Se había ocultado hasta ahora esta verdad, debido a lo que representaba antaño la figura de Nagahim para nuestro reino. Y al dársele erróneamente se le dio por muerto, se quiso olvidar lo ocurrido, craso error por mi parte y de otros conocedores de lo sucedido.
Y desde hace mucho tiempo lleva actuando en las sombras como líder fundador de una conocida banda de criminales, Los Seguidores. Ahora, ha decidido terminar lo que empezó, amenazando a mi persona y al reino con una inminente invasión.
No dejaré que vuelva a ocurrir algo semejante a lo que el tirano Zant nos hizo. Esta vez, no me rebajaré con una rendición. Hyrule luchará, hasta su último aliento, contra ese mago y su ejército.
Por ello, pido vuestra colaboración, a este orgulloso pueblo, para poder ganar esta guerra.
Se necesitarán caballos, provisiones y armas. Éstos serán exigidos a la población civil y obligados a entregarse a las autoridades militares.
También serán necesarios efectivos, cuyo alistamiento será voluntario, haciendo un llamado a todo individuo mayor de edad y en condiciones para luchar, indiferentemente de su género o raza. No serán necesarios únicamente soldado, también necesitaremos personas que desempeñen diferentes labores ajenas al combate directo, como personal médico, artesanos y otros oficios.
Yo, Zelda XXVIIHigh-Rulen, participaré activamente en la contienda, dirigiéndoos hasta la victoria o hasta mi muerte.
Lamento que éstas hayan tenido que ser mis palabras, pero Hyrule y concretamente la provincia de Lanayru están en peligro. Os necesito, mi amado pueblo, para permanecer unidos y vencer a la amenaza que se ha cernido sobre nosotros."
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La población se mostró dividida ante aquel comunicado. Muchos tenían miedo, pero sabían que tenían que colaborar de alguna forma. Otros, estaban más que dispuestos todo, incluido a alistarse. Algunos, en un menor número, sólo tenían en mente sus propios intereses egoístas y no querían ayudar de ninguna de las formas.
Link no lo dudó, combatiría nuevamente por Hyrule y la princesa Zelda.
Midna se le unió, bromeando que no iba a dejarle todo el mérito a él. El joven guerrero no estuvo demasiado de acuerdo con su decisión, pues ella era una reina y aquella guerra no afectaba a su pueblo. Además, la anciana Impa, mientras se encontraban en Nortinka, le había entregado uno de esos artefactos que usaba su clan para viajar entre dimensiones, enseñándole a manejarlo para ir desde el Mundo de la Luz al Crepúsculo y viceversa. Midna se excusó en que era una forma de compensar lo que el Crepúsculo le había hecho a Hyrule, pero aun así Link no lo veía del todo claro, pese a que ella poseía un gran poder.
Lo que no encajó tan bien fue que varios de sus amigos se ofrecieron a formar partes de las filas que protegerían Hyrule. Ya tenía asumido que Ashei y Rusl se ofrecerían, como antaño fueron miembros de la Resistencia, aunque en el último caso hubiese preferido que se quedase con su familia. También Bono y Telma se apuntaron, siendo que ella tenía previsto ayudar con tareas logísticas y otros servicios dentro de la división encargada de proteger las murallas de la ciudadela. Braulio, Hanch y Sancho se decidieron algo más tarde, ayudarían a los soldados con labores relacionadas con sus respectivos oficios: Braulio atendería a los caballos, Sancho trabajaría elaborando y reparando material militar, y Hanch colaboraría en lo que pudiese. Shad también estuvo a punto de unirse, pero Ashei se lo prohibió terminantemente, aun sabiendo que con sus estudios superiores podría ejercer funciones dentro de la ciudad que no implicasen entrar en combate, como estratega principalmente.
Pero lo que sí que no llegó a tolerar, ni él ni casi nadie, fue que Ilia también quisiera alistarse.
-¡No, no y no! ¡Mi hija no va a unirse a ningún ejército!-le repitió su padre, inamovible-¡Debes quedarte al mando mientras yo no esté!
-¡¿Qué mando, papá?!-replicó-¡No haré nada aquí si sólo me escondo!
-Pero es demasiado arriesgado, Ilia.-insistió Link, preocupado-Tú jamás has peleado ni te has entrenado para ello. Y tu constitución tampoco es que sea muy fuerte.
-¡¿Qué estás diciendo?! ¿Te tengo que recordar que sobreviví al secuestro de unos terribles monstruos y me la apañé sola durante un tiempo, incluso habiendo perdido la memoria? ¡Sé que puedo ayudar! ¡No quiero volver a quedarme simplemente con el papel de víctima!
-¡Anda, dejad a la muchacha alistarse!-le apoyó únicamente Telma, guiñándole un ojo-Estoy segura que podría ser una gran auxiliar de enfermería. Al fin y al cabo, cuando aquel muchacho Zora estuvo enfermo, ella supo cuidarlo muy bien.
-¿Eh? ¿Enfermera?-Ilia no parecía haberse planteado esa posibilidad, había tenido desde el principio otra idea en mente.
-¡Eso! ¡Gracias, Telma!-Bono puso sus manos en los hombros de su hija, mirándola a los ojos-Si tantas ganas quieres de ayudar, que sea cuidando de los heridos… ¿De acuerdo?
A Ilia no le quedó otro remedio que aceptar esa propuesta, pues sabía que de otra forma no la dejarían participar.
Al escuchar que dejarían a Ilia alistarse, Colin y Talo también quisieron hacerlo. Obviamente, no les dejaron, entre otras cosas porque eran menores de edad. Se quejaron por ese detalle, alegando que Ralis tampoco lo era, pero sí que participaría. Él era claramente una excepción, pues era el líder de los Zora, pero ellos siguieron en sus trece, hasta que finalmente no les que quedó otra que resignarse.
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Link y Midna llegaron al castillo, cuya actividad era frenética. El guerrero suspiró medianamente aliviado cuando vio que todas las amistades que había hecho allí no podrían unirse a la milicia dadas sus obligaciones, por lo que tenía menos de lo que preocuparse.
Zelda les estaba esperando, junto al resto de aquel consejo, pues se les encomendaría una tarea que sólo ellos podían hacer. Así lo creía la princesa, aunque no le faltaron algunos detractores.
-¿Y por qué sólo ellos dos?-se quejó un ministro-¡Tenemos a mucha más gente y más preparada para ello!
-¿Más que el héroe que nos salvó de Zant?-dudó Valenzuela-¡No puede existir nadie más capaz que él!
-Estoy de acuerdo con el comandante Valenzuela, aunque también solicitaría que formasen parte de una unidad más grande.-añadió el general Russel, mirando al alcalde Smith-¿No lo crees, Smith? Creo que tu nieto estaría mejor si fuese acompañado por algunos soldados de élite.
-Lo sé y ojalá sea así.-afirmó él, preocupado por Link-Él será un gran espadachín, pero no estoy seguro que sólo la compañía de esa mujer, incluso siendo supuestamente una hechicera, sea suficiente.
-A todo esto, ¿quién es exactamente usted?-le preguntó una ministra, dirigiéndose a Midna-Sé que desde que apareció en el reino, pues decís ser extranjera, ha tenido carta blanca para acceder al castillo, sin que nosotros, sus ministros, supiésemos nada sobre usted.
-Eso no importa ahora.-sentenció Zelda-Ya os comenté que durante la invasión del Crepúsculo, fue una gran aliada que ayudó al joven Link durante su periplo para restaurar la paz en Hyrule. Es lo único que necesitáis saber de ella, que tiene mi plena confianza.
-Aún con eso…-vaciló Auru-¿No cree que haría falta un grupo mayor que fuera el que investigase cómo destruir esa barrera?
-Pero tampoco puede ser mucho mayor, en un menor número se moverán más rápido y pasarán inadvertidos más fácilmente.-consideró ella-Aunque quizás sí sea conveniente que una o dos personas más se unan a este grupo de reconocimiento.
-¿Podría sugerir a una persona?-intervino Link, captando la atención de todos-Es fuerte, domina la espada y otras armas, tiene su propio caballo, y sabe manejarse en cualquier terreno, siendo su especialidad las montañas.
-¿Y de quién se trata?-preguntó interesado el general Russel.
-Su nombre es Ashei Violette, una guerrera criada en las montañas que rodean Nortinka. Formó parte del grupo de resistencia en el que yo también estuve y que permitió la liberación de Hyrule del dominio de las sombras.
-¿Otra mujer?-comentó dudoso el general, intentando hacer memoria de algo-Y ese apellido…me suena de algo, pero ahora mismo no sé de qué.
-Bueno…-Link no estaba seguro si debería decírselo-Supongo que estará enterado que siendo nieto del alcalde Smith, por ende sabrá también soy el último descendiente de los Redline, más conocidos como los Caballeros Reales Rojos.
-¿A dónde quieres llegar, muchacho?
-Pues que no soy el único último descendiente de una línea de Caballeros Reales…-aquello sorprendió bastante a todos los presentes-Ella también lo es, concretamente los Caballeros Reales Púrpuras.
Se hizo un silencio espectral en la sala, algo que Link temió desde el principio. Todos conocían o habían oído hablar del padre de Ashei, y lo que él había significado para Hyrule. Había sido un gran Caballero Real, pero cuyo único y grave error dejó vulnerable al reino, que casi perdió una cruenta batalla contra uno de sus más acérrimos enemigos, Koridai.
-¡¿Entonces es hija de ese hombre?!-exclamó furioso un militar-¡Perdí a un hermano y a varios amigos hace más de veinte años por su culpa! ¡Dejó que aquella espía koridiana hiciera de las suyas y con ello puso en peligro a Hyrule y sus colonias marítimas! ¡Y por supuesta, ella también debe ser hija de esa arpía!
-También perdí a mi padre en aquella lucha, pero no por ello me altero tanto-le recriminó Valenzuela, aunque incómodo al hablar de ello-Aunque desconocía que ese hombre había tenido una hija.
-Yo participé en la contienda, y fue en esa batalla donde perdí mi ojo izquierdo.-comentó el general Russel, señalando su parche-Estuve en primera línea, viendo cómo mis soldados y compañeros caían uno tras otro. No he vuelto a verme involucrado en una masacre como aquella, pero al menos ganamos, aunque fuera a un gran coste.
-Y yo era alcalde de Sakado en aquella época, y pocos saben mejor que yo lo que significó aquel conflicto para esa colina de Hyrule.-intervino Smith, molesto-Pero también lo conocí en persona, y si esa mujer tiene tan sólo una pequeña parte del potencial de su padre, yo la recomendaría para que acompañase a mi nieto y a la señorita Midna.
-¡¿Dejar nuevamente en manos de un miembro de esa familia el destino de Hyrule?!-se quejó un ministro-¡Ni hablar! ¡El rey Harkinian XIV les quitó su título como Caballeros Reales y les prohibió servir nuevamente a Hyrule!
-Pero quien gobierna ahora soy yo, y sólo en mí recae la potestad de seguir manteniendo la prohibición de mi abuelo o no.-le acalló Zelda, cansada de aquellos comentarios-Confío en el buen juicio de Link, y si él la considera apta para este trabajo, permitiré que le acompañe. Además, me parece absurdo que a estas alturas y en estas circunstancias, aún ronden resentimiento por lo ocurrido hace más de dos décadas. Esa mujer, en cualquier caso, no tuvo implicación alguna en lo sucedido.
Las palabras de la princesa fueron tajantes, imposibilitando cualquier tipo de queja. Ashei se uniría al grupo formado por Link y Midna, pero muchos aún consideraban que hacía falta al menos un integrante más.
-¿Tienes alguna sugerencia más?-le preguntó Smith a Link, expectante.
-También había pensado en un hombre llamado Rusl Gordon, quien fuera mi maestro en el arte de la espada y que también formó parte del mismo grupo que Ashei y yo.
-¿Me lo parece a mí, o tu criterio se ha basado, en parte, en tu amistad con esas dos personas?-sospechó el general Russel-No te lo tomes a mal, pero noto cierta falta de objetividad en tus recomendaciones, muchacho.
-¿Por qué debería ser así? La compenetración entre los miembros de una unidad encargada de esta clase de operaciones es crucial, además de que ambos tienen antecedentes que demuestran su capacidad para afrontar y cargar con el peso de una misión de tanta importancia como esta.-difirió Zelda.
-Apoyo a Su Majestad, pues yo mismo soy conocedor de sus habilidades, pues también fueron mis compañeros durante la crisis del Crepúsculo.-le apoyó Auru.
-Está decidido, ellos cuatro formarán una división especial encargada de descubrir cómo destruir la barrera mágica que nos ha aprisionado dentro de los límites de la provincia de Lanayru.-dictó finalmente la princesa.
Sin más que poder discutir, la reunión apenas se alargó. Cuando todos los demás se marcharon, Link y Midna se despidieron de Zelda como medianamente pudieron, aunque al espadachín le hubiese gustado poder hacerlo de una manera más afectuosa.
Pero antes de que ellos pudieran marcharse para prepararlo todo, Smith se acercó a Link, dirigiéndole algunas palabras.
-Ten mucho cuidado, hazme ese favor.-le pidió, viéndosele la preocupación en su mirada-Sé que estamos envueltos en una guerra y que en ella nunca hay garantías de nada, pero no quisiera volverte a perder tan pronto.
-No te preocupes.-le puso una mano en su hombro, intentando animarlo-Lo haré.
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Dos días más tarde, Zelda regresaba pasada la medianoche a su dormitorio, completamente exhausta. Y debido a ello, le estaba costando horrores encajar su llave en la cerradura, cargando además con un pequeño candil en la otra mano.
Había estado ese y los últimos días ocupada con reuniones, papeleo, comprobando todos los preparativos para la inminente guerra, charlando con civiles, atendiendo asuntos internos del castillo, y un largo etcétera.
Algunas sirvientas se habían ofrecido para acompañarla hasta su cuarto, pero ella se había negado, queriendo disfrutar al menos de un corto paseo en soledad por los pasillos del castillo. En esos momento, no había no guardias ni sirvientes en los alrededores, tanto por la hora que era, como porque toda la seguridad se había destinado principalmente a los límites del castillo o como refuerzos para las murallas de la ciudadela.
Aunque eso no pareció garantizar que alguno se colase.
-¿Cansada, verdad?-le habló Link, ayudándola a atinar con la llave.
-No sé si tu presencia debería alegrarme o preocuparme…-sonrió levemente, abriendo la puerta.
-¿Por qué? ¡Ni que me hubiera colado!-se quejó, aunque riéndose-¿Te recuerdo que puedo entrar o salir del castillo cuando me plazca? Aunque últimamente no se haya visto mucho, técnicamente aún sigo siendo tu guardaespaldas.
-¿Ah, sí?-estaba ida, debido al cansancio-Es verdad…-bostezó-Pero lo decía más bien porque a estas horas no deberías tener asuntos que resolver aquí.
-Eso depende del punto de vista con el que se mire…-sonrió, cerrando tras de sí la puerta.
Zelda se dejó caer sobre su cama, agotada, sin ni siquiera despojarse del calzado o incómodos accesorios. Link lo hizo por ella, lo cual agradeció, tumbándose a su lado cuando él se quitó lo suyo.
-Llevo varios días sin verte, y no imaginé que estuvieras tan cansada…-comentó entristecido, acariciando su rostros-Yo también he estado muy ocupado, pero supongo que no habré tenido ni la mitad de trabajo que tú.
-No me lo recuerdes…-con algo de esfuerzo, se juntó con él, abrazándose-A este paso, me quedaré sin fuerzas antes de que comience la propia guerra en sí.
Permanecieron un rato en absoluto silencio, disfrutando de la tranquilidad y la compañía del otro. Link acariciaba con ternura los cabellos de Zelda, relajándola. Llegó a pensar que se había quedado dormida, hasta que le asaltó con una pregunta que ya se había esperado.
-¿Mañana es cuando tú, Midna y tus amigos partiréis para encontrar una solución al problema que acarrea la barrera mágica, no?
-Sí, lo tenemos todo listo…-suspiró, pensando en aquello-¿Y tú en posición estarás cuando lo inevitable llegue?
-Al frente de la protección de las murallas de la ciudad, comandado a todos los que se encargan de su defensa. Creía haberlo dejado claro en el comunicado que se leyó para toda la población.
-¿Y no sería mejor que estuvieses a salvo dentro del castillo?-opinó él, preocupado-Tú eres su principal objetivo, aparte de la conquista de Hyrule.
-Lo sé, pero eso no me asusta.-afirmó firmemente, mirándole a los ojos-Llevo demasiado tiempo cargando con miedo y sufrimiento por su culpa. Y mi pueblo me necesita, no puedo actuar igual a cuando Zant nos atacó. Esta vez, debo luchar.
-Pero…-él no estaba para nada seguro-¿Y si llegase a pasarte algo? Si fuera así, yo no me lo…
-Tranquilo…-le sonrió, acariciándole el rostro-No voy a ponerle las cosas fáciles a Nagahim.
-Aún así…-él seguí dudando-¿No sería mejor que me quedase contigo, protegiéndote? ¿Por qué me asignaste esa misión?
-Porque era necesario, nadie es más apto que tú para la labor que te he encomendado. Y con la ayuda de Midna y tus amigos, confío plenamente en que lo lograréis.
-Si soy tan capaz, ¿por qué no delegas en mí una mayor responsabilidad? Me refiero a que cuando Zant atacó, confiaste en un completo desconocido del cual sólo tenías constancia de su existencia por una leyenda, para salvar a todo el reino. ¿Qué ha cambiado desde ese entonces hasta ahora?
-Precisamente porque las circunstancias han cambiado, en todos los aspectos.-le sonrió, besándole luego-No voy a cargar nuevamente sobre ti todo el peso de salvar a Hyrule, ese es mi deber. Además, deberías estar agradecido porque cuentes con tantos aliados que se distribuyan ahora ese peso.
-Preferiría volver a cargarlo todo, prácticamente solo, si con ello garantizase tu seguridad.
Link le devolvió aquel beso, con una mayor pasión, delatando en él su miedo y preocupación. Zelda le correspondió gustosa, surgiendo en ellos un deseo que sólo en una ocasión reciente habían dejado salir.
-¿No se suponía que estabas agotada?-bromeó él, encantado con la situación-Además, me recriminaste en su momento que se me pasase por la cabeza el que lo hiciéramos en el castillo.
-Digamos que he cambiado de parecer en ambas cuestiones…-le incitó aún más, besándole en el cuello-No sé cuándo podré volver a verte ni en qué condiciones, así que simplemente pasemos esta última noche juntos…descargando todas las tensiones que llevamos acumulando durante estos días.
Ante aquella petición, Link no tardó en desvestir su parte superior, dejándose llevar por sus instintos y deleitando a Zelda con algunas caricias y besos preliminares.
-Aunque sí reconozco que sigo cansada, por lo que te cederé todo el trabajo y dejaré que lleves el ritmo.-comentó ella, con Link nuevamente centrado en su oreja-¿Una propuesta tentadora, no crees?
Él se limitó a sonreír, pues ya se lo había supuesto.
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Al día siguiente, cerca de la entrada este de la ciudadela, Link y compañía ultimaban los preparativos para su inminente viaje, mientras un gran número de personas, destacando sus seres queridos, se habían reunido allí para despedirles.
Rusl recibió el afecto de su mujer e hijos, además del resto de los habitantes de Ordon. Link también puso sentir su cariño, además del de su abuelo. También estaban Telma y Auru, como compañeros de armas que habían y seguían siendo.
-Cariño, ¿cuánto hace que no montabas a caballo?-le preguntó Uli a su marido, mirando cómo se subía sobre el caballo de Telma, la cual se lo había prestado-No te emociones demasiado, primero acostúmbrate, ya que podrías caerte.
-¡Y cuando cabalgues por ahí, recuerdo que este chico le tiene miedo a los ruidos muy fuertes!-le advirtió Telma, dándole unas palmadas a un costado se su caballo, bromeando de paso-¡Ya no eres un muchacho como Link! ¡Ja, ja, ja!
Mientras tanto, Midna estaba algo más apartada, junto a Shad y Ashei, a quien le costaba separarse de su yegua.
-Al menos, dado que obligatoriamente tendría que cederte al ejército, sé que por lo menos estarás en buenas manos.-le habló a su montura, dirigiéndose luego a Midna-Atenea es una buena yegua, quizás no tan versátil como Epona, pero ágil y rápida como ninguna.
-Y sobre todo espero que dócil.-comentó Midna, subiéndose a ella-No estoy acostumbrada a montar en estos animales. ¡Je! ¡Aunque supongo que si logré manejar a esa tozuda, igual a su sueño, no me será difícil controlar a ésta!
-Aun así, no te ofendas, pero preferiría ser yo quien la montara.-suspiró, entristecido-Ojalá pudiera ir con…
-¿Ya estás otra vez con lo mismo?-le recriminó Ashei, dándole un codazo-Como me entere de que te has hecho algo arriesgado o peligroso mientras no estoy aquí, me faltarán lugares por donde golpearte.
-¡¿Pero por qué esa obsesión, Ashei?! ¡Yo formé parte de la resistencia! ¿Recuerdas?
-Sí, investigando ruinas y artefactos de los Ucas. ¿En dónde radicó peligro?
-¡Pero también fui contigo, Auru y Rusl a la incursión que hicimos en el Castillo de Hyrule para ayudar a Link!
-En la cual no hiciste gran cosa, sólo te limitaste a observar.
Nuevamente, comenzar a discutir como había sido costumbre anteriormente, aunque esos días su temática había estado centrada en exclusividad en que Ashei no quería que Shad se viera involucrado en una lucha.
Nadie quiso meterse ahí, tampoco es que tuviesen tiempo para ello, pues en apenas unos minutos se marcharían de la ciudad.
-Te deseo buena suerte, Link.-le estrechó la mano Auru, orgulloso-Confío en que cumplas con éxito tu misión. La princesa Zelda, que no ha podido estar presente, también espera que vuelvas sano y salvo.
-Y no sólo ella lo desea.-intervino Smith, abrazándole-No cometas ninguna locura…. ¿de acuerdo?
-¡Que sí, abuelo!-ya no recordaba cuántas veces se lo había repetido-Sé cuidarme, y no es la primera vez que hago algo semejante.
Sonaron trompetas, aquellas que señalaban su partida. Todos se apresuraron en montar sobre sus respectivas monturas, mientras las puertas de la entrada se abrían de par en par.
Y para sorpresa de Shad, Ashei se despidió de él de una manera que nunca habría imaginado, regalándole un fugaz beso en los labios. Él no tuvo tiempo de reaccionar, impactado por aquel gesto y por las prisas de Ashei en marcharse.
Los cuatro apresuraron el paso una vez las puertas estuvieron completamente abiertas, recibiendo la ovación de varios ciudadanos y soldados. Era una situación extraña para ellos, les hacía sentirse algo incómodo, que se les pasó en cuanto se alejaron unos centenares de metros de la ciudad.
-Sí que están esperanzados…-comentó Link, observando lo que dejaba atrás, mirando luego a Ashei-Aunque para despedidas, la que le acabas de dar a…-entonces, recibió una patada suya en la espinilla-¡Auch!
-Eso para que vayas de listillo y de bocazas.-le recriminó ella, separándose-Y no me refiero sólo a lo de Shad.
-¿A qué te refieres?
-Me he enterado de cómo "convenciste" a los mandamases para que fuera escogida para esta misión.-la mirada que le lanzó, le heló la sangre-Dudo que Shad te haya dicho algo, así que todavía estoy pensando en cómo te enteraste de mis orígenes. ¿Acaso estuviste espiándome en algún momento?
-Eh… ¿importa mucho ahora?-zanjó rápidamente el asunto, acelerando el trote de su yegua-¿No estás contenta con esto?
-¡Ey! ¡No huyas! ¡No vas a cambiarme de tema tan fácilmente!-le amenazó, aumentando también el ritmo de su caballo.
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Hylianos, humanos, Zora y algunos Goron que se habían quedado atrapados dentro de la provincia de Lanayru, conformaban aquel ejército que había frente a las hordas de Nagahim.
Entre hombres y mujeres, cientos de soldados rodeaban vigilaban sobre las murallas de la ciudadela, preparados para protegerla.
También había pequeños grupos dispersos repartidos que habían establecido campamentos por toda la región, que servirían como vigías y mensajeros.
Mas la fuerza principal, dirigida por el general Russel, estaba desplegada al este, a medio camino entre la ciudad y el Lago Hylia. Ellos contendrían a las tropas de Nagahim y tratarían de impedir que, al menos un gran número de éstas, llegasen a la ciudad.
La princesa Zelda, ataviada con una armadura digna de un rey, portando su regia espada y cargando con un excelente arco y flechas, observaba el horizonte sobre los muros de su ciudad, esperando noticas del frente.
Un azor la sobrevoló unos instantes, posándose en el brazo de su consejero Auru. Aquella ave tenía un mensaje atado en una de sus patas. Eso era lo que había esto esperando.
-Su Majestad, el general Russel informa de que ya han comenzado a movilizarse las hordas de Nagahim, pues han sido vistas atravesando la barrera, y que pronto entrarán en combate.-informó Auru, resumiendo aquella misiva.
Había llegado el momento, ya no había vuelta atrás. La batalla por el futuro de Hyrule…había comenzado.
Continuará…
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Nota de Alfax: ¡Y aquí llegó! ¡Un nuevo capítulo! Y como había dicho, este será el último arco narrativo de esta historia, nada menos que una guerra. Curiosamente, en los comentarios hablasteis de todo, menos de esto. ¿He sorprendido a alguno?
Ya podéis ir preparándoos para lo que sea, porque en estos momentos aún no tengo claro un final para esta historia, por lo que podría ocurrir cualquier cosa.
Os invito a dejar en los comentarios lo que creáis que pueda pasar en el próximo capítulo y os aventuréis incluso a augurar su final.
Con esto, os dejo hasta el próximo mes. ¡Chao!
