53. La última baza
-¡Maldito insensato, corre! ¡No te hagas el héroe ahora!-maldijo Ashei, adelantándose-¡Son demasiados! ¡Y nuestras prioridades son otras! ¡Huye, y vive para luchar otro día!
A regañadientes, Link obedeció a su compañera. Cabalgó lo más rápido que pudo sobre Epona, dejando atrás a una horda de monstruos.
En su ruta, se encontraba un pequeño y oculto campamento de informadores del reino, uno de tantos repartidos por la provincia desde el inicio de la guerra, quienes a caballo o mediante aves mensajeras, mantenían en contacto a todas las tropas, la capital y la región de los Zora. El joven espadachín sabía que si los encontraban, seguramente los eliminarían, por lo que no pudo más que lamentarse por no haberles podido ayudar.
Una vez se hubieron alejado lo suficiente y lograron ocultarse en un lugar lo suficientemente seguro, pararon a descansar.
-¡Por las Diosas! ¡Casi no lo logramos!-exclamó Rusl, exhausto-¿Cómo hemos podido pasarlos por alto, con el gran número en el que se movían?
-Simplemente hemos quedado rodeados, no había forma de evadirles a tiempo.-comentó Midna, ciertamente molesta-Pero aun así…eran demasiados. Es como si se estuviese haciendo nada por evitar su avance, cada vez son más y más.
-¡Y encima, éste tenía que perder el tiempo peleando contra ellos!-le recriminó Ashei a Link, agarrándolo de la túnica-¡Nos has puesto en peligro, imbécil! ¡¿Cómo se te ocurrió enfrentarte tú sólo a todo un escuadrón?!
-¡¿Y qué otra cosa iba a hacer?!-reclamó, dolido-¡Ya han pasado dos semanas desde que comenzó la guerra, y lo único que hemos hecho es perder emplazamientos estratégicos por no hacer nada para defenderlos! ¡Ese debe ser el cuarto puesto de mensajería que cae ante las tropas de Nagahim!
-¡¿Aún no lo comprendes?! ¡Aunque te duela, nuestra misión no es proteger esos lugares! ¡Es encontrar la manera de romper esa maldita barrera que nos mantiene aprisionados dentro de la provincia de Lanayru!
-¡¿Y qué hemos conseguido algo?! ¡Tampoco!-se liberó de su agarre, apartándola-Por más que exploremos e investiguemos, no conseguimos nada. Y mientras, nuestros soldados caen y en la Ciudadela resisten como pueden. Sólo estamos huyendo y nos escondiéndonos…como cobardes.
Link se sentó sobre una roca, lamentándose y sintiéndose impotente ante aquella situación. Los demás no podían decir nada al respecto, pues en parte, tenía razón. No habían obtenido ningún avance en todo ese tiempo, y cuanto más tardasen, más vidas se perderían en esa cruenta y difícil guerra que estaban sufriendo.
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Sobre las murallas de la ciudad, el sonido de los cañones disparando se escuchaban sin descanso, los arqueros hacían caer una lluvia de flechas sobre los monstruos y los escasos magos de los que disponían estaban al borde del colapso al invocar toda clase de hechizos sobre sus enemigos.
Hordas de viles criaturas habían llegado finalmente a la ciudad, principalmente por el oeste, centrando todos sus esfuerzos en derribar la puerta oeste de la ciudad. Éstas, en un intento desesperado, habían sido selladas desde dentro, con la esperanza de que no fueran traspasadas. La puerta sur también estaba blindada, aunque afortunadamente apenas recibía presión por parte del enemigo.
Aquello había sido pensado en un intento para contener al enemigo, pero había resultado catastrófico para los soldados que se habían quedado fuera y que defendían la ciudad. La vanguardia del ejército no había sido capaz de frenar por completo el avance de las huestes de Nagahim y ahora se veían obligados a tomar medidas drásticas para proteger la ciudadela.
-¡No podemos contenerlos! ¡Son demasiados!-gritó un soldado, reforzando la puerta y sirviendo él mismo como apoyo-¡Si entran en la ciudad, todo estará perdido! ¡¿Qué podemos hacer?! ¡Diosas! ¡Ayúdennos!
La princesa Zelda veía con impotencia cómo aquellos monstruos aniquilaban a los soldados que había sobre el puente y trataban de protegerlo, mientras éstos además intentaban derribar los enormes portones ahora bloqueados. En cualquier momento terminarían cediendo, ella lo sabía. Y para evitarlo, no le quedaba más remedio que asumir grandes pérdidas.
-¡Derriben el puente! ¡Ahora!-ordenó la princesa, viendo la carnicería que estaba habiendo en el puente oeste.
-¡Majestad! ¡Matará a decenas de nuestros soldados que ahora combaten en él! ¡Y ello sólo nos dejará aún más incomunicados!-habló el jefe de la división de artificieros, reacio a cumplir la orden.
-¡¿Y qué otra opción queda?! ¡Penetrarán en la ciudad y ésta caerá! ¡Miles de vidas están en juego! ¡Debemos hacer sacrificios a esta escala si queremos evitar que una masacre!
No quedó más remedio que acatar la orden de la princesa, apuntando todos los cañones cercanos a dicha posición. Ante la incredulidad y el horror de los soldados que combatían allí, sus propios compañeros les dispararon y volaron el puente, llevándose con ellos a numerosos monstruos e impidiendo al resto acercarse a las murallas. Al menos, de momento.
-¿Por qué tendría que haber aceptado ese encargo de pirotécnica durante las Fiestas Bienales Sagradas? Podría estar ahora en Kakariko, a salvo y lejos de todo esto.-se lamentó un soldado, Don Mechas- Y tampoco fue buena idea alistarme…-suspiró, tapándose los ojos-¿Qué acabo de hacer?
Muchos estaban igual, dudando si sería en vano aquel sacrificio. A la princesa Zelda le valieron numerosas críticas su drástica resolución. Ella no se retractó…pero tampoco se perdonó el haberlo ordenado.
Ahora, a esos monstruos les resultaría mucho más difícil invadir la ciudadela. Sólo aquellos capaces de volar podrían hacerlo desde allí y el resto tendrían que desviarse hacia el sur, camino nada fácil por la orografía de la zona.
-¡Majestad! ¡Ha llegado un azor procedente del norte!-apareció Auru, apresurado-¿Y qué ha sido ese estruendo que se ha…?
Auru se quedó de piedra al comprobar que el puente de la entrada oeste ya no estaba, sólo quedando un abismo que les separaba de más de un centenar de criaturas malignas deseosas de tomar la ciudad.
-Pe-pero… ¿Qué ha…?-preguntó desolado, incapaz de apartar su visión de donde antes había estado el puente.
-He sido yo quien ha ordenado su derrumbe, evitando así que esos seres lograsen entrar por esta entrada. No me ha quedado más opción que hacerlo…-le informó la princesa, observando el mismo desolado lugar-¿Qué mensaje ha llegado del norte, Auru?
-Oh, cierto…-recuperó la compostura, dispuesto a informarle-Exploradores de la zona nos han informado que se ha perdido otro puesto de mensajeros. Con este llevamos cuatro los que se han perdido, poniéndonos las cosas cada vez más difíciles para comunicarnos con nuestras tropas.
-¿Algo más?-preguntó, seria-¿No nos han llegado más noticias de allí o de otros puntos de la región?
-¡Ah, cierto! Aunque…-suspiró-Tampoco son buenas noticias.
-¿Y alguna lo ha sido hasta el momento?-suspiró, molesta-¿Qué ha ocurrido?
-Justo antes de que el puesto de informadores cayese, ellos nos enviaron una misiva en otro azor. En ella, venía un nuevo informe de Link y su cuadrilla…siguen sin encontrar aunque sea una pista que nos permita encontrar la manera de destruir o atravesar la barrera.
-¿Y se sabe si se toparon con los monstruos que destruyeron el campamento? A fin de cuentas, el ataque ocurrió poco después de que ellos entregaran su mensaje.
-No se sabe nada, en los últimos días ningún destacamento ha notificado que hayan pasado por algún enclave bajo control nuestro.
Esa noticia sólo preocupaba aún más a Zelda, quien ya de por sí tenía bastante con todo lo que estaba pasando. Y en ese momento, un fuerte mareo le hizo perder momentáneamente el equilibro, quedando de rodillas sobre el suelo.
-¡Princesa! ¿Se encuentra bien?-exclamó asustado Auru, agachándose a su lado-¿Necesita descansar?
-No es nada…-negó, levantándose sin ayuda-Y ahora mismo lo menos que puedo permitirme es descansar. La ciudad ésta siendo atacada por el ejército de Nagahim, debo estar al frente y comandar a los soldados que la defienden.
-Lo sé, pero usted es también importante. Si su salud decae en estas circunstancias, la moral del pueblo y los soldados también lo hará. Sé que apenas ha descansado o comido en los últimos días, así que le pido que no siga esforzándose tanto.
-Está bien…-suspiró-Me iré al castillo para descansar un poco, pero ello será sólo cuando se haya normalizado en algo esta situación.
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La princesa Zelda terminó pasando la noche en el castillo, despertándose a la mañana siguiente de una forma poco agradable.
Sin apenas tiempo para llegar al baño, Zelda tuvo que echar mano de lo primero que cogió, un pequeño jarrón decorativo, para vomitar dentro. Se pasó así un largo rato, terminando rendida y mareada sobre la cama.
-Todas las mañanas igual, desde hace diez días…-exhaló, aturdida-Debo haber contraído algo, seguro.
-¿No debería entonces ir a ver a un doctor?-su criada Anabel entró de pronto, trayendo consigo el desayuno, y al parecer había estado escuchándolo todo tras la puerta.
-¡¿Se puede saber qué hacías espiándome?!-le recriminó, muy enfadada-¡¿Cuánto tiempo llevas ahí?!
-¡Perdóneme, mi señora!-se inclinó ante ella, temerosa-¡Sólo ve-venía a comprobar si usted estaba despierta! ¡Y no quise incomodarla cuando…!
-Está bien, lo entiendo…-se aplacó rápidamente-Y acepta mis disculpas por enojarme por algo tan nimio, últimamente ando muy estresada.
-No debe disculparse, soy yo quien debería hacerlo.-se inclinó ante ella, sumisa-¿Pido que traigan a un médico para que la examine?
-Sinceramente, no sé si debería hacerlo.-meditó, sentándose sobre la cama para recibir su desayuno-Puede que sólo sea algo pasajero y sólo preocuparía a mis gentes sin motivo. En estos momentos, no puedo demostrar debilidad alguna. Aunque… ¿crees tú que aun así debiese acudir a uno?
-Bueno…si usted dice que no es grave, tal vez sea lo mejor.-opinó, sirviéndole una taza de café.
-Eh…-Zelda apartó la mirada de la taza de café, ligeramente asqueada-No quiero café, gracias.
-¿Qué le ocurre, Majestad?-le preguntó, al darse cuenta de que rehusaba del café-¿Acaso le molesta el aroma que desprende?
-Sí, debe ser porque esta mañana me encuentro revuelta, que noto demasiado intenso el aroma a café.
-Oh…-meditó un instante-De acuerdo, mejor os serviré un té en su lugar.
Ella dejó que la princesa Zelda acabase de comer, en absoluto silencio, antes de recoger su bandeja y hablarle nuevamente.
-Majestad…-pronunció débilmente, entristecida-¿Cómo va todo en el frente? Ni yo ni muchos de vuestros sirvientes hemos salido del castillo, pero nos hemos enterado que el puente del oeste ha sido destruido bajo orden vuestra… ¿es tan nefasta la situación en la que estamos?
La princesa se mantuvo en silencio, incapaz de contestar y al mismo tiempo, dándole a su sirvienta una respuesta contundente.
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Bien escondido en un recóndito lugar en los límites de los dominios Zora, un pequeño campamento hyruliano se mantenía a salvo del ataque de las criaturas que habían invadido el reino.
Saltaron todas las alarmas cuando avistaron a un grupo no identificado acercándose a caballo a su posición, aunque posteriormente se percataron de que eran de los suyos. Era el grupo de Link, a quienes casi les atacan sus propios aliados por su intencionado y necesario sigilo.
-¿Sois los encargados de explorar y descubrir la forma de librarnos de la barrera, no?-les preguntó el oficial al mando-¿Traéis buenas nuevas?
-No, no hemos averiguado nada.-afirmó Link, decaído, bajándose de Epona-Descansaremos aquí esta noche. Mañana al amanecer partiremos para retomar nuestra misión.
El hombre dio su aprobación, sintiéndose decepcionado con el nulo avance que ellos estaban teniendo. No sólo él, los demás soldados apostados allí también lo estaban, cada vez más desesperanzados y temerosos de su destino.
Cenaron escasamente todos juntos, alrededor de una hoguera en las últimas, para no ser vistos en la oscura y tenebrosa noche. Aunque ello no les hacía mucho bien, pues el frío invierno seguía azotando con fuerza Hyrule y lo padecían hasta sus últimas consecuencias.
-¿Ha habido alguno novedad en el campo de batalla y en la Ciudadela de Hyrule?-preguntó con interés, pues habían pasado varios días desde que se habían quedado incomunicados.
-Pues sí, bastantes cosas…-habló el oficial, mientras escribía un informa-¿Y vosotros? Nadie ha sabido de ustedes desde hace más una semana. ¿Qué os ha ocurrido?
-Los monstruos de Nagahim nos seguían la pista, tuvimos que escondernos y huir durante todo hasta que conseguimos librarnos de ellos.-contestó Ashei.
-Ya veo que esos bastardos no sólo han estado acosando a la ciudad…-comentó el hombre, molesto.
-¿Qué es lo que ha ocurrido allí?-preguntó Midna, inquieta.
-No han podido retener a todo el grueso del ejército de Nagahim, habiendo un gran número que ha llegado a los límites de la ciudadela. Afortunadamente, no han logrado penetrar las murallas, pero para ello…han tenido que destruir el puente oeste.
-¡¿Cómo?!-exclamó Rusl, horrorizado-¿Eso quiere decir que la capital está incomunicada y rodeada por el enemigo?
-Así es, tengo entendido que está resistiendo como medianamente pueden, pues una matoría de nuestros soldados está en estos momentos evitando que más de ellos se acerquen a la ciudad.
-¿Y se sabe si la princesa Zelda se encuentra a salvo?-preguntó impulsivamente Link, muy preocupado por ella.
Se hizo un silencio espectral entre los soldados, éstos mirando a su superior en busca de respuesta. Él no dijo palabra, centrándose únicamente en terminar su papeleo.
-¿Qué ocurre?-aquella actitud no le gustaba nada a Link-¿No sabe nada? ¿O es que está ocultando algo?
-Es cierto, no nos ha dicho nada a nosotros tampoco.-reclamó uno bajo su mando-Sabemos que ayer le llevó una misiva aérea procedente de la capital, pero no ha querido revelarnos su contenido.
-Eso es porque sólo va dirigido a los militares de alto rango. A soldados de rango inferior como vosotros se les está denegada esa información.-aquello no sonaba a mentira, pero había un extraño tono de inquietud en su voz-Y ahora dejadme de preguntar tonterías, estoy ocupado.
-No me ha respondido…-Link caminó hacia él, molesto-¿Le ha ocurrido algo a la princesa Zelda?
-El estado de nuestra soberana es confidencial, muchacho.-se excusó, nervioso-En cualquier caso, no debemos dejar que el enemigo se enterara de nada concerniente a ella, en el hipotético caso de que algo anduviese mal.
-¡Lo repetiré por última vez!-amenazó esta vez al oficial, furioso-¡¿Le ha ocurrido algo a la princesa Zelda?!
-¡Ey! ¡Cálmate, fiera!-le ordenó Ashei, sujetándolo y apartándolo del militar-¡Si es la persona mejor protegida de todo el reino! ¿Cómo va a ocurrirle algo estando dentro de los muros de la ciudad? ¡Seguro que está bien, hombre!
En ese momento, vieron cómo le temblaba el pulso al oficial, poniendo nerviosos a sus subordinados y principalmente a Link.
-Te equivocas…-pronunció con miedo, esperándose la peor de la reacciones- La pri-princesa Zelda… ¡Ha resultado herida en combate!
La noticia conmocionó a todos, sobre todo a Link, zafándose de Ashei y agarrando luego al hombre, exigiéndole más detalles de lo ocurrido.
-¡Juro por las Diosas que no sé nada más!-admitió, dolido-Sólo me lo comunicaron mediante un mensaje en clave, evitando así que fue conocido por el enemigo en caso de ser interceptado, pero la causa de lo ocurrido y su pronóstico es reservado.
Link había perdido la paciencia para ese entonces, decidiéndose por montar sobre Epona y dirigirse cuanto antes a la ciudad, pero Midna lo detuvo.
-¡Aparta, Midna!-le ordenó, alzando las patas delanteras de Epona-¡Tengo que ir a la Ciudadela de Hyrule!
-¿Estás loco?-le miró enfada, inmóvil-Aunque lograses llegar de una pieza a los límites de la ciudadela… ¿de verdad crees que serías capaz de entrar? ¿O verla, siquiera?
-¡Me da igual! ¡No voy a quedarme aquí de brazos cruzados! ¡Sabía que debería haberme quedado a su lado! ¡Protegiéndola! ¡Por algo soy su guardián!
Midna, cansada de la actitud de Link, no le quedó más remedio que tirarlo de Epona conjurando un débil hechizo que impactó contra él y le hizo perder el equilibrio. Ella lo agarró y lo puso nuevamente en pie, mirándolo a la cara.
-¿Te piensas que eres el único que está preocupado por ella?-le recalcó, molesta-¿Crees que estoy siendo partícipe en esta guerra por mera caridad? Os debo mucho a los dos, y mi prioridad es que los dos lleguéis vivos al final de la guerra. Ahora mismo, no puedo hacer nada por Zelda, pero sí me prometí que cuidaría de ti e intentaría que no cometieras una locura. Y esta no será la excepción… ¿entiendes?-suspiró-Cálmate, por favor, estoy segura de que saldrá de ésta.
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En la madrugada de aquella fría noche, Link seguía despierto, observando el cielo en dirección a la Ciudadela de Hyrule. Era incapaz de dormir, inmensamente preocupado por las trágicas noticias sobre el estado de Zelda. Y tan absorto estaba en sus pensamientos, que no se percató de que Rusl se había sentado a su lado.
-Es una fría noche… ¿no crees?-le comentó, observando la bufanda azul de Link-¿Te la regaló ella, no?
-Eh…-la miró un instante, melancólico-Sí.
-¿Sabes? Antes, cuando reaccionaste de esa forma ante la noticia de que la princesa Zelda había resultado herido en un enfrentamiento, me demostraste que aun habiéndote criado desde que eras un infante…nunca he llegado a conocerte del todo.
-¿Por qué lo dices?
-Porque hasta ese momento, creía firmemente que tus sentimientos hacia ella no eran más que la lealtad que le debías y la amistad que habías logrado crear con ella.-de repente, comenzó a reírse-¡Pero me equivoqué!
-Así que has terminado dándote cuenta…-suspiró, afligido-De todos modos, no lo insinúes tan alto.
-¡Vaya! ¿Te da vergüenza, muchacho?-le golpeó amistosamente la espalda, bromeando-No te preocupes, no lo haré. Pero tengo curiosidad… ¿es algo recíproco?
-Sí lo es…-apartó la mirada, molesto-¿Acaso te sorprende?
-¡Un poco!-rió alegre-Aunque deduzco que no soy el único que se ha dado cuenta o que lo sabe. ¿Verdad?
-Pocos…pero los hay, sí.
-¿Tu abuelo Smith, por ejemplo?
-No lo nombres cuando te estés refiriendo a la relación que mantenemos la princesa Zelda y yo…-le pidió, molesto-No está precisamente conforme con lo nuestro.
-Entiéndelo, sólo se preocupa por ti. Al fin y al cabo, tampoco todo el mundo estaría de acuerdo si se supiera. Es más, posiblemente tendríais más detractores que partidarios.
-¿Y tú? ¿Qué te parece todo esto? ¿O es que te da igual?
-Hace tiempo que dejaste de ser un niño, yo ya no tengo nada que decirte al respecto sobre lo que hagas con tu vida.-comentó, tumbándose y mirando las estrellas-Lo único que puede seguir importándome es tu felicidad. Y si estar con ella te hace feliz, haz lo que creas conveniente.
-Eres la segunda persona que me anima activamente a que siga con ella…-sonrió-Gracias.
-¿Y quién es la primera?
-El príncipe Richard, gobernante de la Isla Koholint.
-¡Oh, así que tienes contactos reales más allá de la princesa Zelda!-se reincorporó, pasándole un brazo por sus hombros-¡Entonces, si una personalidad así apoya vuestra unión, tal vez sí que tengas posibilidades de quedarte con ella!
-Ya…-resopló, no muy convencido-Pero antes de eso, debemos ganar una guerra y salir los dos vivos de ella. Y eso es lo que me pone de los nervios…-hundió la cabeza en sus rodillas, frustrado-¿Cómo estará ella ahora? ¿Será grave? Yo se lo dije, casi se lo imploré, que me dejase quedarme en la ciudadela para protegerla. Ahora…
-Deja de atormentarte tanto, fue decisión suya encargarte esta vital misión.-apoyó una mano en su hombro, animándole-¿Quién mejor que el héroe que una vez salvó al reino?
-Qué fácil lo pones, pero te recuerdo que aún no hemos dado con la manera de romper la barrera. No tenemos ni una sola pista, como si esa cosa resultase ser indestructible.
-No te pongas así, seguro que tarde o temprano lo lograremos. Lo peor que puedes hacer es perder la esperanza, muchacho.
-De lo único que tengo miedo…-admitió, inquieto-Es de las vidas que puedan perderse antes de que demos con la solución.
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Días antes…
La princesa Zelda, acompañada de una pequeña escolta y algunas personalidades militares y políticas, patrullaba las murallas de la ciudad durante la noche.
No se habían traspasado todavía los muros de la capital, pero algunos monstruos voladores habían causado graves problemas en el interior. Incendios provocados por Keese y Bubble envueltos en fuego; bajas de civiles y soldados por culpa de sanguinarios Aeralfos y arqueros Bubblin que montaban sobre Kargarok; Poe que aterrorizaban a la población…en definitiva, ya no se podía garantizar la seguridad de la gente dentro de la ciudadela.
Pero pese a esta situación, y afortunadamente para los hyrulianos, los enfrentamientos directos habían cesado pocas horas antes. El enemigo estaba reagrupándose, cosa que se aprovechó para, entre otras cosas, poner a salvo a los civiles que aceptasen refugiarse en el subsuelo de la ciudad.
-¿Entonces la evacuación ha transcurrido sin incidentes destacados?-le preguntó la princesa al alcalde Bono, al que se le había encargado supervisar aquello.
-En efecto, y durante los próximos días se seguirá con esta operación mientras la población lo demande.
-¿Y tus gentes? ¿También han sido evacuadas?
-Sólo los niños y las madres de éstos. Los hombres y mi hija Ilia, en cambio, siguen desempeñando sus funciones dentro de esta contienda.-respondió orgulloso, aunque no demasiado debido a la decisión de su hija, cambiando entonces de tema-¿Y nuestro hijo pródigo, Link? ¿Y su maestro Rusl? ¿Se sabe algo de ellos y sus compañeras?
-Nada, se desconoce su paradero desde que enviasen su último informe, justo antes de que el puesto de mensajería que usaron para ello cayese en manos del ejército enemigo.
-Qué lástima…esperaba al menos oír alguna buena noticia. Pero estoy seguro de que no les habrá pasado nada grave. ¡Dos de ellos son el orgullo de Ordon, nada menos!
-Ojalá sea así…-suspiró, preocupada-Se están demorando demasiado en encontrar la manera de romper el hechizo que ha erigido esa gigantesca barrera mágica.
El grupo comandado por la princesa Zelda se detuvo unos minutos, preguntando a los soldados de la zona sobre la situación reinante y el estado de las murallas. En un principio, sólo recibieron buenas noticias, pero entonces un vigía sobre el muro dio la voz de alarma.
-¡Se aproxima un grupo de Aeralfos a nuestra posición!-gritó el guardia, intentado atisbarlos en la oscura noche con apenas la ayuda de un candil y gran antorcha colocada a unos metros-¡Y no puedo dar una aproximación de su número! ¡Pero seguramente nos superen en…!
No llegó a terminar su frase, pues la espada de uno de esos monstruos terminó con su vida en un instante, cayendo su inerte cuerpo cerca de donde la princesa y el resto se encontraban.
-¡Todos a sus puestos! ¡Nos atacan unos Aeralfos! ¡Defiendan con sus vidas a la Princesa!-ordenó un capitán, lanzándose a la batalla-¡Maldición! ¿Desde cuándo esos bastardos tienen una visión nocturna tan aguda? ¡Nunca los había visto atacar de noche!
Se inició una encarnizada batalla entre todos los presentes contra aquellos seres, mientras intentaban aguantar lo suficiente hasta que llegasen refuerzos.
Bono, quien aunque no estaba demasiado curtido en batalla, no dudó en hacer uso de su fuerza bruta y empuñar una espada.
Por su parte, Zelda prefirió hacer uso de su arco y flechas, derribando a varios enemigos con gran dificultad, pues entre la escasa visibilidad y lo rápido que se movían en el aire, apuntar se le hacía una tarea casi imposible.
Con impotencia, vio cómo varios de sus hombres cayeron ante la ferocidad de esas bestias, desesperándose por no poder conseguir cambiar las tornas.
-"Estamos completamente rodeados…"-pensó para sí misma-"Si continuamos de esta manera, nos aniquilarán aquí mismo. Debo hacer algo, ¿pero qué exactamente? Podría invocar algún hechizo de luz de suficientemente potente como para cegarlos y lograr que cayesen indefensos al suelo. Pero desde que Nagahim me arrebató la Trifuerza, no dispongo del suficiente poder para ello…"
Mas no se dio por vencida, pues aunque supiese que no podía realizar conjuros poderosos, estaba segura de que al menos podría valerse de su magia para tratar de sacar algo de ventaja. Concentró todas sus energías en la punta de una flecha, apuntando al mismo tiempo a uno de esos monstruos. Ésta se imbuyo de una cálida luz, a la vez que Zelda notaba un misterioso poder fluir de sus entrañas, disparando aquella flecha cuando creyó ser el momento óptimo.
Lo que no se esperó fue que, al impactar contra su objetivo, ésta liberase una explosión lumínica que lo envolvió todo, cegando tanto a monstruos como aliados. El que recibió el impacto murió al instante y otros cercanos a éste también cayeron como moscas sobre los hyrulianos. Sólo los que se encontraban fuera de cierto ratio de alcance consiguieron sobrevivir, aunque ahora yacían en el suelo, muchos de ellos paralizados.
-¿Qué acaba de pasar?-se preguntó la princesa, todavía desorientada-La fuerza de ese encantamiento no ha sido normal…creo que ni siquiera con la Trifuerza de la Sabiduría habría conseguido hacerlo. Ha sido claramente una flecha de luz, como las que utilicé contra Ganondorf, pero con un poder mucho mayor y sin que haya sido necesario convocar a un poder sagrado para materializarla.
Mientras ella seguía confundida por lo ocurrido y sus guerreros se reponían de aquella ceguera temporal, ninguno se dio cuenta que un Aeralfos había recobrado la conciencia y se dirigía torpemente hacia Zelda para cobrar venganza por sus camaradas caídos.
-¡Princesa! ¡Cuidado!-gritó Bono, avisándola-¡Tiene a uno detrás suya!
El monstruo alzó su espada contra la princesa, dispuesto a quitarle la vida, apenas dándole para esquivar un golpe que habría sido mortal. Desgraciadamente, esquivó a la muerte por unos milímetros, pues cayó al suelo, gravemente herida. Su armadura le había protegido parcialmente el brazo izquierdo y el torso, pero su visión estaba nublada por su propia sangre.
Indefensa e incapaz de moverse, se fue desvaneciendo entre una imágenes poco claras de lo que estaba pasando y un incesante ruido de fondo que cada vez le iba pareciendo más lejano.
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Se despertó incómoda, soportando un dolor agudo. Pronto, se dio cuenta de que vendajes cubrían parte de su rostro y torso, recordando lo sucedido. En aquel momento, no había nadie en la habitación, algo que la puso en un aprieto cuando apenas después de unos minutos de haberse despertado, sintió unas fuertes náuseas entremezcladas con el intenso dolor que padecía, que hicieron que irremediablemente vomitase en el suelo, al no poder levantarse siquiera de su cama.
-¡Por las Diosas! ¡Majestad!-exclamó una enfermera al entrar, y curiosamente, se trataba de Ilia-¡¿Qué le ocurre?! ¡Llamaré a los doctores!
-No hace falta…-pronunció con voz ronca, recolándose bocarriba-¿Estamos en el castillo? Y en ese caso… ¿Qué haces tú aquí?
-Oh, eso…-le avergonzaba admitirlo-Dado mi buen desempeño como enfermera, me han asignado como una de vuestras cuidadoras. Permaneceré con vos hasta que os recuperéis.
-Entiendo…-inspiró profundamente, reprimiendo un quejido de dolor.
-¿Se siente mal en estos momentos, verdad?-le preguntó, preparándose para suministrarle un jarabe especial-Es un antiinflamatorio, o eso me dijeron los médicos. Se sentirá mejor si lo toma cada ocho horas.
Ilia tuvo que suministrarle la medicina introduciéndole en la boca con una cuchara, al verse la princesa incapaz de hacerlo por sí misma. Luego, no le quedó más remedio que limpiar el suelo, justo donde antes había vomitado, algo que no le agradó tanto.
-¿Cuántos días llevo inconsciente?-preguntó de pronto, en un tono débil-¿Y cuál es mi pronóstico?
-Lleva unos cuatro días dormida, princesa Zelda.-respondió tajante, poniendo nerviosa antes de dar su segunda respuesta-En cuanto a lo otro…le prometo que hicieron todo lo posible por sanar sus heridas, habiéndole quedado sólo una fina cicatriz. Pero no lograron curar completamente su ojo izquierdo, los hechiceros no pudieron dar más de sí, y…
-¿Estás diciéndome que he perdido la visión en el ojo izquierdo?-resumió por ella, asumiéndolo con seriedad.
-Sí…-asistió, afligida-En verdad, lo lamento mucho, Princesa.
-¿Hay algo más debe saber?-preguntó tajante, inmutable ante esa trágica noticia-¿Cómo ha estado transcurriendo la guerra mientras he estado indispuesta?
-Eh…-estaba sorprendida por la actitud que demostraba-Respecto a su salud, nada más, sólo necesita reposo. Y en cuanto a lo otro, seguimos estando igual que antes.
-¿Y tu padre, el alcalde Bono?-sabía que era una pregunta delicada, pero tenía que formulársela-Él estaba conmigo cuando nos atacaron aquellas bestias.
-Pues…-la notó entristecida y nerviosa, preocupándola-Resultó seriamente herido al tratar de protegeros. Ahora se encuentra en un estado comatoso, después de que se hayan tratado sus heridas, pero sigue estando muy grave. Nadie sabe cuándo despertará…
-Lamento muchísimo lo que le ha ocurrido a tu padre, Ilia. Os agradezco enormemente a ambos lo que habéis hecho por mí y por el reino.
-Gracias…es todo un honor.-afirmó sincera, aunque no le servía de mucho.
-¿Sabes? Ahora comprendo por qué Link te guarda tanto afecto. Según él, puedes sacar tu carácter en ocasiones, pero logras mantenerte firme y amable incluso en los momentos difíciles. Eres fuerte, Ilia, cualidad que ahora más que nunca nos es completamente necesaria.
-Si usted lo dice…-suspiró, esas palabras no lograban consolarla-Princesa Zelda, me iré ahora para dar a conocer a los médicos la noticia de que ha despertado.-se inclinó humildemente ante ella, despidiéndose-Volveré en un rato, después de visitar a mi padre.
-No les hagas llamar…-pidió débilmente, cansada-Diles que se pasen por aquí en un rato. Ahora lo único que quiero es descansar, en soledad y paz.
-De acuerdo, será lo que usted desee.-asintió, dirigiéndose a la puerta.
-¡Espera! Una última cosa… ¿Sabes algo de Link y de su grupo?
-Oh…-aquella pregunta no se la había esperado, y menos que la formulara con ese tono de necesidad-Esta misma mañana, Auru me dijo que llegó un carta del dirigente de un puesto de mensajería, hablando sobre que tras algo más de una semana desaparecidos, reaparecieron una vez se libraron del acoso de los monstruos que los perseguían. Están todos bien, pero siguen sin…
-Está bien, me basta con eso.-sonrió tenuemente, más relajada-Puedes irte.
Ilia se quedó algo confundida por su reacción, dándose cuenta poco después del por qué. Conocía de antemano los sentimientos de Link por la princesa, pero se le hacía más difícil reconocer que sus sentimientos fueran mutuos, principalmente por la imagen impasible que le daba ella y porque, en parte, aún se negaba a creer en eso. Tanto por lo inverosímil de la situación como porque seguía guardándole afecto a Link.
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Guarecido en su casa, rodeado por montañas de libros, viejos documentos y cachivaches de todo tipo, Shad intentaba mantenerse lo más ajeno posible a la guerra en la que el resto estaba envuelto.
Muchos habían aceptado a ser evacuados y trasladados al subsuelo de la ciudad, donde sería más difícil que pudieran infiltrarse los monstruos incluso si la invadían. Pero él se negó, como otros tantos que colaboraban para lograr la restauración de la paz en Hyrule.
Shad lo hacía a su manera, pues mientras Ashei, Link y compañía arriesgaban sus vidas en la búsqueda de alguna forma para librarse de la gigantesca barrera que les mantenía atrapados dentro de la provincia de Lanayru, él investigaba por su cuenta.
Era conocedor de la situación de esos cuatro, quienes no habían conseguido dar con pista alguna sobre cómo sobreponerse a la muralla mágica. Para su desdén, él había llegado a una conclusión: que era imposible romperla desde dentro.
¿Entonces estaban acabados? Tampoco asumió esa opción, pero la alternativa que había ideado no llegaba a convencerle del todo.
-¡Aaaag! ¿Por qué tuvieron que llevarse los Uca ese cañón?-se tiró de los pelos, frustrado-¡Con su potencia y sistema de amortización de caída, una persona podría sobrevolar la barrera! ¡Es imposible que se extienda infinitamente hacia arriba en el cielo! Ya se intentó excavar un túnel bajo ella, pero el resultado fue desastroso…estoy convencido de que esa es la única vía que nos queda.
Pero por más que le diese vueltas, no encontraba la manera de pedirle ayuda a la raza de los Uca. Lo único que parecía poder hacerse era esperar a que ellos bajasen en su ayuda, como habían demostrado ser capaces, mas hasta el momento no había habido señal alguna de que fueran a hacerlo.
-Tal vez tengan miedo…-meditó-Al fin y al cabo, son una raza de una constitución débil y atrofiada. O puede que descender a la superficie no sea tan fácil como pueda parecerse, ya que a fin de cuentas apenas se ha sabido de ellos desde que en algún momento rompieron todo contacto con la Familia Real de Hyrule.
Entonces barajó otra posibilidad… ¿Y si eran ellos quienes fuesen a buscar a los Ucas? Link ya había ido a su tierra asentada sobre las nubes, Celestia. Pero volvía nuevamente la incógnita de cómo llegar hasta allí sin hacer uso de aquel cañón arcano.
-¡Qué fácil pareció cuando envié a Link a buscar letras ocultas bajo las misteriosas estatuas con forma de ave!-exclamó en un suspiró, reaccionando instantes después-¡Espera! ¿Estatuas cuya forma se asemeja a la de un ave? Ahora que recuerdo…Fi mencionó algo en su testimonio cuando recopilaba información sobre los Uca y el pasado de Hyrule, durante las Fiestas Bienales Sagradas…
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"Habían llegado a un punto en su conversación, en la cual Fi relataba algunas anécdotas sobre su periplo con su primer amo.
-Y estando en lo que llamabais "superficie"… ¿cómo lograbais regresar a Celéstea si tu amo no era capaz de llamar desde allí a su pelícaro?
-Repartidas por todo el antiguo territorio de Hylia, existían unas estatuas erigidas en honor al símbolo de protección divina entregado por la diosa, los pelícaros. Éstas, al entrar en contacto con el poder sagrado de la espada de Hylia, la Espada Maestra, se activaban y emitían un potente haz de luz que permitía al amo ascender a los cielos."
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-¡Eso es!-su entusiasmo casi le hace caerse de la silla-¡La clave está en esas estatuas! ¡Estoy casi seguro de que deben ser reliquias supervivientes de ese tiempo! Es evidente que han sido modificadas, pero me pregunto si aún serán capaces de enviar a una persona a la actual Celestia.
La emoción le duró apenas unos minutos, para luego darse cuenta de que todo no podría ser tan fácil.
-¿Y qué pasaría si no fuese así? Mi padre y yo las investigamos durante muchos años, pero nunca encontramos indicios de que fueran capaces de algo así. Quizás sea porque como dijo Fi, sólo al estar cerca de la Espada Maestra se activarían. Lo que nuevamente me lleva a otra duda… ¿por qué entonces no reaccionaron cuando Link fue a buscarlas cuando yo se lo pedí? ¿El irrefrenable paso del tiempo les habrá afectado hasta ese punto? ¿Entonces qué podría hacerse para devolverles su antiguo poder?
Estudió cuidadosamente el libro legado por la anciana Impaz, el Libro de los Cielos, aquel que había necesitado de la inestimable ayuda de Link para completar sus páginas. Escrito en la lengua de los Uca, en él había una serie de conjuros que, entre otros, habían logrado romper el sello de una estatua oculta bajo el santuario de Kakariko y residencia de su alcalde Renado por igual, dando acceso entonces a una gruta en la cual había encontrado aquel milagroso cañón. Mas no encontró alguno que intuyera ser capaz de devolverle el poder de elevar a alguien a los cielos.
-¿Qué puedo hacer?-se masajeó el entrecejo, pensativo-Parece como si la única opción fuese retroceder en el tiempo a un época en la cual esas estatuas funcionasen.
De nuevo, tuvo una revelación, inspirada por otro punto que trató con Fi durante su particular charla.
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"-¡Asombroso! ¿Un mineral con el poder de regresar al pasado?
-Poseía la apariencia de un cristal azulado con símbolos grabados, siendo conocido como mineral cronolítico. Era refinado para fabricar cronolitos, siendo ésta su forma básica para que resultaran útiles. Abundaban en lo que hoy se conoce como Desierto Gerudo, haciendo que la raza de los robots antiguos construyese su civilización en torno a su explotación, pues también eran una gran fuente de energía, construyendo minas por toda su geografía."
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-¡Aaag! ¡Pero hoy en día es imposible encontrar uno!-se lamentó, volviéndose a tirar de los pelos-¡Ya está! ¡Lo dejo! ¡Este plan hace aguas desde antes incluso de que haya sido planeado!
Pero entonces recordó un detalle clave, algo que hizo que su mente despertase: "poseía la apariencia de un cristal azulado con símbolos grabados".
Rápidamente, buscó en un viejo baúl en el cual guardaba celosamente algunas pertenecías que le había legado su difunto padre y que estuvieron relacionadas con sus investigaciones.
Debajo de una vieja y polvorienta capa blanca, encontró un pedrusco que su padre había obtenido de un comerciante extranjero que había viajado más allá de los límites del valle que conformaba el Desierto Gerudo, en los cuales se extendía un páramo de arena aún mayor. Su padre le compró aquella piedra por su rareza, pero nunca llegó a averiguar lo suficiente sobre ella o su origen. Sin embargo, esa piedra no se parecía demasiado al cristal azul descrito por Fi, pero sí podía apreciar levemente algunos signos grabados en ella.
Decidido, afrontó la difícil tarea de, con los pocos medios de los que disponía, pulir aquella piedra y librarla de impurezas. Fue una labor minuciosa y agotadora, pero propia de la arqueología y en la cual era un erudito, por lo que tras dos días de duro trabajo, al fin dio con lo que tan anisadamente había esperado.
En efecto, ahora el objeto concordaba con la descripción que le había dado Fi, no cabía duda de su autenticidad. Ahora sólo le quedaba por comprobar si aquel orbe cronolítico conservaba algo de su poder.
Ella le había dicho que se activaban al recibir un impacto, por lo que para poner a prueba su teoría, bajó a la planta baja de su casa, que era un negocio propiedad de los dueños de la misma y que en esos momentos estaba abandonado pues éstos habían corrido a refugiarse al subterráneo de la ciudad. Lo hizo porque sabía que si retrocedía en el tiempo, ese edificio no estaría construido y caer desde un segundo piso no le agradaba en absoluto. Aparte de eso, no estaba preocupado por su integridad física, pues Fi le había asegurado que aquel que activaba el poder distorsionador espacio-temporal de un cronolito, no se vería afectado por el mismo al encontrarse en el área afectada por el poder del mismo.
Después de prepararse mentalmente, cogió un pequeño martillo y golpeó la superficie del orbe con la suficiente fuerza como para activarlo, pero no ocurrió nada.
Mas no se dio por vencido, apresurándose por coger el Libro de los Cielos y recitar varios de los conjuros allí escritos con la intención de despertar su poder. Cuando creyó haberlo conseguido, golpeó nuevamente el cronolito. Y esa vez…
-¡No puedo creerlo! ¡Lo he conseguido!-exclamó eufórico, mirando el suelo-¡No hay pavimento ni nada colocado bajo mis pies! ¡Es hierba! ¡Y los muebles de alrededor han desaparecido! ¡Hasta la mesa donde hace un momento tenía colocado el cronolito! ¡Esto es un hito histórico!
El área donde se propagaba el poder del cronolito era pequeña, pero lo suficiente para envolver y afectar a una de las estatuas en el punto de mira de Shad. Para regresar al tiempo presente, le bastó con golpear el cristal nuevamente.
-Sólo espero que retroceso temporal sea lo suficientemente amplio como para que devuelvan a las estatuas a una época en la que todavía valían para regresar a los cielos…-comentó algo preocupado, aunque enseguida se le pasó-¡Qué digo! ¡Seguro que lo es! ¡Hay que ser optimistas!
Emocionado, subió rápidamente a la planta donde residía, preparándose para exponerle a Auru y la princesa Zelda sus últimos descubrimientos.
-¡Un momento! ¡Me olvidaba de algo importante!-al momento, desplegó un mapa de Hyrule por la mesa, en el cual habían marcados varios puntos-¿Cuántas estatuas de esas había por la provincia de Lanayru? Sólo dos, por lo que veo…-resopló, frustrado-¡Aaag! ¡Y una de ella se encuentra en unas ruinas no muy lejos de la Ciudadela de Hyrule, pero ahora es completamente inaccesible por culpa de las hordas de monstruos! Únicamente quedaría la que se encuentra cerca del Puente de Hylia, pero igualmente será arriesgado llegar hasta allí.
Aquello era un nuevo obstáculo en el camino. No sólo se tendría que llegar allí, arriesgando la vida, también se tendría que encontrar e informar al escuadrón de Link sobre ese plan, pues él era el único que podía ir a Celestia y pedirle ayuda a los Uca.
Suspiró, sabía que no sería nada fácil conseguir aquello. Se tiró sobre la silla, observando el desorden de su hogar, pues había estado demasiado ocupado y ensimismado en su estudio como para adecentarla. En un momento dado, se quedó mirando a la capa blanca que había sacado del baúl junto al orbe cronolítico días atrás. La agarró, mirándola con detenimiento, notando que necesitaba algunos arreglos.
-Tal vez…-murmuró, pensativo-Esto pueda servirnos de algo.
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-¿Por qué hay tanto alboroto en la entrada principal al castillo?-preguntó Auru a un guardia, dirigiéndose a la misma al tener constancia del escándalo.
-Un joven llamado Shad insiste en reunirse con la princesa Zelda y usted, soltando majaderías sobre que la solución a todos nuestros problemas está en los cielos.
-¡¿Shad?! ¡¿Y por qué no se me ha comunicado esto antes?!-exigió, molesto-¡Déjenle pasar y tráiganlo ante mí!
-¡Señor! ¡Su Alteza aún se encuentra recuperándose de sus heridas! ¡¿Y pretende además hacer caso a un loco?!
-Modera tus palabras…-le advirtió seriamente-Ese muchacho pertenece al mismo grupo que el héroe Link y yo, quienes trabajamos por recuperar la paz en Hyrule durante la invasión del Crepúsculo. Es además muy inteligente, todo un erudito como lo fuera su padre. Si él dice haber encontrado alguna manera de hacernos ganar esta guerra, tanto la princesa Zelda como yo queremos escucharle.
Poco después de dar la orden, Shad apareció ahí cargando un gran mochila siendo perseguido por dos guardias, quienes apresuraban el paso para alcanzarle.
-¡Auru! ¡Por fin te encuentro!-exclamó, respirando agitadamente-¡Casi me llevan preso a las mazmorras!
-¿Qué esperabas, chaval?-le recriminó uno de los guardias-¿Te crees que puedes entrar al castillo y pedir audiencia con la princesa o su consejero cuando te dé la gana? ¡Estamos además envueltos en una guerra, por las Diosas! ¡Todos andamos demasiado ocupados como para que encima un mequetrefe aparezca alborotándolo todo!
-Tampoco había que ser tan desagradables…-murmuró Shad, incómodo-¡Pero es importante! ¡Creo haber encontrado la manera de traspasar la barrera mágica!
-¿Y cuál es? ¿Podrías explicárnosla?
Todos pusieron sus miradas en la dirección en la que habían oído esa pregunta, sorprendiéndose cuando vieron que se trataba de la princesa Zelda. Ataviada con la armadura que se había convertido en habitual vérsela portar,llevaba además un parche negro cubriéndole el ojo izquierdo. En su rostro se apreciaba también una fina cicatriz, lo que en conjunto con lo anterior y su expresión seria, le daba un aspecto intimidante.
Eso mismo fue lo que silenció al intelectual por un momento, quedando impactado, pues desconocía las circunstancias por las cuales el ojo de la princesa había resultado dañado.
-¡Princesa! ¡¿Qué hace fuera de sus aposentos?!-exclamó Ilia, encontrándola de repente ahí-¡Por favor, regrese a sus aposentos! ¡Aún necesita reposo!
-Ya he descansado lo suficiente, no necesito permanecer más tiempo al margen de todo lo que está ocurriendo.-se acercó a Shad, mirándolo-Después de permanecer días encerrada en mis dependencias, decidí salir y estirar las piernas. Luego oí que alguien estaba intentando entrar sin permiso al castillo para celebrar una audiencia conmigo. ¿Eras tú, no?
-Eh…-reaccionó, inclinándose ante ella con respeto-Sí, Majestad.
-Convoquen una reunión de urgencia, allí debatiremos sobre la propuesta que él plantea.-ordenó tajantemente, retirándose-Acompáñame, Auru. Y tú también, Shad.
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-¡¿Qué enviemos a mi nieto al cielo y que desde allí le lancen más allá de la muralla con un cañón?! ¡Delira, joven!-exclamó horrorizado Smith, nada más escuchar el plan de Shad.
-No lo exagere tanto, señor Smith.-le pidió él, algo incómodo-Además, tampoco sería la primera vez que hiciera algo parecido.
-Pero aún así…-el comandante Valenzuela no lo veía claro-¿Cómo unas viejas estatuas podrían enviarlo tan lejos? Ya sé que nos has explicado antes eso, pero sigo sin entenderlo. Por no hablar de que llegar al lugar que propones no será nada fácil, pues allí se están desarrollando cruentas batallas por su control.
-Lo sé, pero lamentablemente la otra se encuentra en unas ruinas cerca de aquí, que están bajo el control de los monstruos. Ni siquiera puedo garantizar que la estatua de allí esté intacta, mientras que la otra sé que está mejor protegida.
-¡Sigue siendo una locura, lo miréis por donde lo miréis!-reclamó un ministro, reacio a llevar a cabo tal idea.
-¿Y qué otra cosa se hará? De momento, el grupo de Link no ha sido capaz de encontrar una forma de destruir la muralla.-valoró Shad, decidido-Lo que me ha llevado a la conclusión de que es imposible hacerlo desde dentro. La clave debe estar fuera, estoy seguro.
Todos se quedaron en silencio, pues razón no le faltaba en sus palabras. La única que se atrevió a romperlo fue la princesa Zelda, dispuesta a llevar a cabo esa esta estrategia.
-Poco más podemos perder, es nuestra última oportunidad para cambiar el transcurso de la guerra.-opinó, asistiendo luego-Está decidido, mañana partirás junto con una escolta para reunirte con Link y compañía, guiándole luego al lugar desde el cual se elevará hasta Celestia.
Continuará…
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Nota de Alfax: Quizás en extensión no haya sido el capítulo más larga, pero sí espero que os haya resultado uno de los más intensos.
No tengo mucho más que decir, más que cada uno que saque sus conclusiones de este capítulo y que las exponga en los comentarios.
¡Chao, hasta el próximo mes!
