La verdad era que a Kara Cat le gustaba mucho más que un poquito, lo cual era incapaz de reconocerse incluso a sí misma. Desde que Alex se había ido por una urgencia en el cuartel de la DEO, Kara había estado mirando su móvil continuamente, esperando cualquier llama o mensaje de Cat, pidiéndole que fuese a hacer cualquier cosa. Necesitaba ese mensaje, necesitaba ver a su jefa. La rubia niega, revolviéndose en la cama. ¿Por qué piensa esas cosas? No debería hacerlo, Cat es su jefa, su guapa, sexy y perfecta jefa…
-Agh –lanza un cojín contra la pared, sin poder dejar de pensar en ella, era como una canción pegadiza, como el anuncio que ves una y otra vez, no puede sacarla de su mente.- ¿Por qué no te vas? –grita al aire, sabiendo que no está hablando a nadie, pero esperando dejar de pensar en ella, al no poder conseguirlo, toma una hoja y un lápiz, comenzando a dibujarla.
Kara mira la hoja sorprendida, nunca se le ha dado bien dibujar, mucho menos hacer un retrato, pero esta vez era diferente, había visto cada milímetro del rostro y del cuerpo de Cat perfectamente en su mente, y ahora en el papel, aunque nunca había visto a la mujer con ropa tan ajustada, realmente le sentaría mucho mejor que a la Cat del dibujo, sin lugar a dudas. Se queda contemplándolo durante varios minutos, cada vez más sonrojada y avergonzada de tener ese tipo de pensamientos. La superheroína era demasiado inocente como para reconocer todo lo que le gustaría hacer con y a su jefa. Niega repetidas veces y guarda el dibujo en uno de los cajones de su cómoda, metiéndose a la ducha para tratar de relajarse un poco.
Estaba siendo una muy difícil mañana para Cat en la oficina, no porque Kara la hubiese liado la noche anterior, si no por el hecho de que no tenerla, le hacía ver todo de la forma más negativa y deprimente posible. Cada vez que le surgía el más mínimo imprevisto, necesitaba controlarse para no seguir el impulso de gritar su nombre, el que ella le había puesto, por supuesto. Cada pocos minutos, su mirada se desviaba a la mesa vacía de su secretaria, esperando que, a pesar de haberle dado el día libre, se presentase allí con cualquier estúpida escusa. Mira la pantalla del ordenador, sin saber que estaba haciendo exactamente, puesto que otra vez se había puesto a pensar en Kara. Suspira, mirando su móvil, dudando si mandarle un mensaje inventándose cualquier cosa para hacerla ir allí, pero sintiéndose un poco mal, pues había sido ella quien había decidido darle el día libre, se lo merecía.
Finalmente coge el móvil, escribiendo un par de líneas, no muy segura de mandarle el mensaje.
Kerah, necesito que vengas esta noche a la
oficina, necesito tu ayuda para acabar
una cosa pero ahora estoy demasiado ocupada.
Respira hondo un par de veces, no está demasiado segura de hacerlo pero con el día que lleva lo necesita. Manda el mensaje a la vez que estropea a propósito, varios diseños de la revista que tiene que publicar al día siguiente, creando con ello algo que hacer esa noche, es una buena razón para pedir ayuda a Kara al fin y al cabo. Trata de continuar con su trabajo, ignorando una ligera sensación en el estómago, siendo imposible que ella, Cat Grant, esté nerviosa por algo.
Kara casi sale volando de su piso al leer el mensaje de Cat, no se lo puede creer, intenta relajarse, haciendo una mueca al ver que pone "esta noche" y no "ahora mismo." Suspira, sin saber si debería contestar ni cómo, finalmente, acaba por mandarle un mensaje corto.
Allí estaré Miss Grant. ¿Quiere que
lleve algo de cenar?
Envía el mensaje, arrepintiéndose al instante de haberlo hecho, pues parece que le esté proponiendo una cita, cosa que a ella le encantaría, si no fuese por el hecho de que no es una persona corriente, es Cat Grant. Resopla, cada vez más nerviosa, sin saber si ha metido la pata, dejando escapar un suspiro de alivio al leer el mensaje de Cat.
Está bien Kerah, pero trae algo decente,
sabes que no me gusta cualquier cosa.
Las manos comienzan a temblarle, si eso era una propuesta similar a una cita, Cat había aceptado. Marca el número de Alex como puede, intentando que no le tiemble la voz al hablar cuando su hermana descuelga el teléfono.
-A-Alex… Necesito tu ayuda… Es urgente –Le cuelga antes de que tenga la oportunidad de responderle. Esperando casi histérica a que llegue.
En cuanto la pelirroja entra por la puerta, piensa que no ha sido una buena idea ir al piso de su hermana, todo está lleno de ropa por todas partes, casi le da miedo.
-¿Kara…? –mira alrededor, pensando que le debe haber pasado algo. Suelta un pequeño grito cuando su hermana deja una mano en su hombro, sin hacer el menor ruido- Que susto me has dado, ¿estás loca?
-Lo siento, ayuda, ahora, urgente –la mira sin articular dos palabras seguidas con sentido. Lleva veinte minutos revolviendo sus armarios y cajones, buscando algo que ponerse.
-Primero explícame qué es lo que pasa, ¿vale? –hace que la mire a los ojos y que respire lentamente- Tranquila.
-Cat… Es decir, quiere que vaya esta noche a la oficina, a ayudarla, le he preguntado si llevaba algo de comer y ha dicho que sí.
-¿Y…? –la mira alzando una ceja, sin entender que es lo que realmente le preocupa.
-Es una cita Alex, comida, por la noche, las dos solas…
-Kara, ¿Cuántas veces te has quedado hasta las tantas con Cat en su despacho a solas y habéis cenado juntas mientras trabajábais?
-Muchas, pero no es lo mismo, es decir… -su expresión pasa de nerviosa e ilusionada a triste y decepcionada, se había hecho ilusiones demasiado rápido- Tienes razón, soy estúpida –niega varias veces, dejándose caer en el sofá.
-Tampoco te pongas así –se sienta a su lado, suspirando- Sólo digo que no tienes por qué estar nerviosa, puede que sí sea una cita aunque puede que ella no se haya dado cuenta de ese detalle… Sólo te digo que tengas cuidado y que trates de calmarte. Ahora, veamos que vas a ponerte –mira su ropa y le pasa una falda y una camisa- También debería ponerte unos tacones, no muy llamativos pero un poco sí.
-Está bien… -mira la hora y suspira- Debería vestirme ya, todo irá bien, no pasa nada, no es una cita…
