Code: Lyoko y todos sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.
Advertencias: No.
Palabras: 532.
Día 05.- El viejo piano
Deslizó los dedos por las teclas blancas y negras, acariciándolas con mimo, como si con ello pudiese tocar también sus recuerdos.
Los grafitis llenaban las paredes y habían saqueados todos los armarios, pero aquel viejo piano seguía allí, intacto, como si una barrera invisible lo hubiese estado protegiendo.
Pulsó una tecla y apenas reconoció la nota, estaba desafinado, tanto que su sonido parecía el quejido de un animal herido. Levantó del suelo el banco y se sentó en él, alzando una nube de polvo. Cerró los ojos, con sus dedos puestos sobre el teclado y tocó algunas notas de la canción preferida de Waldo, la que había compuesto para Aelita, la misma que ella tocaba mentalmente durante su encierro para mantener la cordura. La melodía desafinada llenó de color aquella vieja casa abandonada, inundándolo todo de vida durante el breve tiempo que estuvo tocando. Con los ojos cerrados casi podía ver a su pequeña familia reír.
Retiró los dedos de las teclas blancas y negras y suspirando abrió los ojos, la magia de la música se desvaneció.
—Estoy en casa —murmuró.
Su mente le devolvió un polvoriento "bienvenida, Anthea" con la voz de Waldo que la obligó a girarse hacia la puerta abierta a sus espaldas, por supuesto, allí no había nadie, aún y así sonrió.
Se puso en pie y subió por las escaleras hasta el segundo piso, aquel que jamás habían usado, pero al que Aelita le encantaba subir a explorar. Era como su jungla particular. El crujido de los tablones de madera del suelo le devolvió el recuerdo de estar en el sofá raído abrazada a Waldo, escuchando a Aelita correr y reír.
Sí, aquella casa destartalada había sido el hogar más maravilloso que Anthea había conocido, pero también era el más triste.
Se arrodilló junto a la gran puerta acristalada que daba salida al balcón jamás usado, arrancó el rodapié de la esquina y metió la mano en el hueco que quedaba, esperando encontrar la pequeña cajita de madera en la que la niña guardaba sus tesoros, sin embargo, sus dedos toparon con un papel que sacó. Lo escudriñó durante unos minutos, dudando en si desplegarlo o no, el tiempo lo había amarilleado y sus esquinas estaban raídas, aún y así se notaba que en su día lo doblaron pulcramente.
Anthea inspiró hondo llenándose de valor, como si aquella porción de papel fuese una peligrosa arma. Lo desdobló, la caligrafía cursiva e irregular de Waldo formando dos palabras:
Boulogne-Billancourt.
Ahí estaba, el paradero de su familia, el lugar al que habían huido tras su secuestro, aquel que habían intentado arrancarle tantas veces. Una lágrima rodó por su mejilla para caer después sobre el papel. Lo abrazó contra su pecho con fuerza y se permitió llorar.
Cuando se repuso, guardó el papel dentro del calcetín bien pegado a su tobillo y salió a la calle donde, Jethro, la esperaba fumando apoyado contra la pared, Anthea fue hasta él.
—¿Has encontrado algo?
—Nos vamos a París.
Él enarcó una ceja, pero no hizo más preguntas, si algo había aprendido durante el año y medio que llevaban juntos era que, fuese lo fuese lo que había encontrado, no le explicaría nada.
Fin
Notas de la autora:
¡Hola! Llegamos al quinto drabble. Está relacionado con ADQST y con Xanadu. He estado pasando a limpio mis apuntes para Xanadu y de ahí ha surgido este pequeño drabble.
Espero que os haya gustado. Mañana más.
