54. Fuerza interior
Shad ultimó todos los preparativos que pudo para su gran y peligrosa misión. La noche anterior se había hospedado en el castillo, en la habitación de Link.
La razón era para, con permiso de la princesa Zelda, coger algunas pertenencias de Link que creyó que podrían serle útiles tanto para su dueño como para él mismo. No fue mucho, apenas aportó a su ya de por sí abultada mochila, la cual cada vez que la observaba se sentía incómodo.
Aquello no sería una expedición científica de las suyas, en sus manos estaba probablemente la última esperanza de Hyrule de librarse de la barrera, pero él mismo se sentía como un paquete que llevar hasta sus amigos. A diferencia de ellos, poco podía aportar a la lucha salvo eso, un plan estratégico.
Salió al pasillo y marchó a reunirse con la princesa Zelda y su grupo de escoltas, que les esperarían en las murallas que protegían el castillo. Pero antes de irse, quiso pasarse por la enfermería del castillo, donde el padre de Ilia permanecía sin mejora alguna. Quería mostrar sus respetos a su, en ese momento, ausente padre y despedirse de Ilia.
Quedó paralizado al aproximarse a la sala y escuchar el terrible lamento de Ilia, ya que al parecer, su padre había terminado sucumbiendo a sus heridas. No se atrevió a entrar, dolido por la noticia, pero escuchó palabras de consuelo provenientes de Auru y la princesa Zelda, quienes estaban allí dentro con ella. Decidió entonces entrar, aun sabiendo que su presencia no mejoraría la situación.
-Oh… ¿estás aquí?-se sorprendió ligeramente Auru al verlo, con una expresión triste, poniendo luego su mirada en Bono, apretando su puño-Estás son las consecuencias que está trayendo esta guerra. Soldados, amigos y familiares que perecen ante nuestros ojos…pero su sacrificio no será en vano, pues cueste lo que cueste, venceremos.
Shad miró a Ilia, quien estaba inconsolable, por lo que ni se atrevió a pronunciar palabra alguna. Notó cómo la princesa Zelda, con un leve empuje, le condujo a la salida de la enfermería en compañía de Auru, dejando a la joven ordoniana a solas con su duelo.
-No le comentes a Link nada acerca de la muerte de Bono o sobre lo que me ocurrió a mí.-le ordenó-Debe estar lo más centrado posible en su misión, algo así sólo le perjudicaría. ¿Lo entiendes?
Shad simplemente asintió, lo hubiera hecho sin que se lo hubiese dicho.
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En las murallas al norte de la Ciudadela de Hyrule, Shad y su escolta se prepararon para iniciar su misión. Debido a que todas las entradas estaban cerradas, tendrían que descender desde esos altos muros al suelo, utilizando una escalera. Después, llegaría lo más peligroso, avanzar hasta el campamento aliado más cercano, donde previsiblemente obtendrían monturas que les permitirían continuar más rápido y con menores riesgos.
-Por esta zona no hay demasiados monstruos, pero nunca bajéis la guardia.-les advirtió el comandante Valenzuela-¡Y soldados! ¡Recordad la prioridad de esta misión! ¡Cumplidla pase lo que pase!
-¡Sí, señor! ¡La vida de Shad está por encima de la nuestra, señor! ¡Haremos que llegue sano y salvo con los nuestros! ¡Señor!-aclamaron al unísono sus hombres, completamente comprometidos con la causa.
Shad se sentía incómodo, no le agradaba ser la pieza clave en todo. Tampoco le gustó la altura a la que debían descender, cargando con una pesada mochila. Y menos, que fuera de noche y su falta de vista le complicase aún más.
-¿Estás nervioso?-le preguntó la princesa Zelda, al ver que no le quitaba ojo a donde debía estar el suelo.
-Un poco, Majestad…-tragó saliva, ajuntándose una capa blanca que llevaba-Como comprenderá, es la primera vez que hago algo semejante.
Incluso así, él sabía que era necesario y no podía dejarse llevar por el miedo en esas circunstancias. Y menos, cuando sus peores enemigos serían los monstruos que tratarían de asesinarle o la propia climatología, un crudo inverno que se dejaba sentir por toda la región.
Presentó entonces sus respetos a su soberana y a su consejero, despidiéndose de ellos y jurando cumplir la tarea que le habían encomendado…anteponiéndola a su propia vida.
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-¡Las hordas enemigas os han detectado! ¡Nos están siguiendo!-exclamó uno de los soldados en la retaguardia-¿Cuáles son sus órdenes, capitán?
-¡Formación de escolta! ¡Rodeen con sus monturas a Shad! ¡No podemos dejar que le alcancen!
Dos días después de partir de la capital, consiguiendo a duras penas llegar a una posición aliada y partiendo inmediatamente en cuanto se les fueron entregados sus caballos, no habían transcurrido ni cuatro horas antes de que fuesen descubiertos por el enemigo.
-¡Pero señor! ¡Huir no servirá de nada!-reclamó Shad, preocupado-Los caballos terminarán agotados debido al clima y a la orografía de este lugar. ¡Y es obvio que sólo han enviado a algunos de los suyos a perseguirnos! ¡Los demás deben estar esperando, repartidos por todo el territorio, a que no podamos continuar!
-¡¿Y qué propones que hagamos, "genio"?!-le contestó el capitán, con aparente sarcasmo-¡Quizás sepas algo de estrategia militar, pero nunca has estado el campo de batalla! ¿O me equivoco?
-Bueno…yo…pero…
-¡Silencio! ¡Nuestra labor es protegerte y la tuya llegar de una pieza a dónde sea que se encuentren ese muchacho y su escuadrón! ¡Y el cómo lograr ambas cosas también es asunto nuestro! ¡Así que no molestes con tus comentarios, chaval!
Ante la negativa de ese hombre a querer escucharle, sólo le quedó permanecer en silencio y rezar por que saliese airoso de esa situación.
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Algunas horas más tarde, al anochecer, el grupo de Shad se vio obligado a internarse en una arboleda, debido al desvío que habían sufrido en su ruta a causa de los monstruos. Ya habían dejado de seguirles, desde hacía un buen rato, pero al parecer Shad era el único que seguía pensando que no estaban a salvo.
Pero esas alturas, la prioridad de los soldados era encontrar un lugar seguro donde ellos y los caballos descansasen algo después de aquel agotador día. Y aquel lugar no era el más apropiado, pues al estar rodeados por árboles, no serían capaces de avistar a enemigos que se pudiesen esconder entre las sombras.
-¿Tienes miedo, muchacho?-le preguntó el capitán a Shad, con cierto tono despectivo.
-¿Y quién no estaría preocupado en un momento así?-le respondió, evitando tener que admitirlo directamente-Está oscuro, rodeados por los árboles y hasta hace poco nos venían siguiendo.
-¿Y qué esperabas? ¿Te creías que esto sería un paseo?
-No…pero yo no he dicho que…
-¡Silencio! ¡No quiero cobardes a mi alrededor!-gritó de pronto, enojado-¡¿Queda claro?!
-¡Sí-sí, señor!
El capitán se adelantó para regresar a la vanguardia de la formación, dejando a Shad solo en el centro de la misma. Y desde allí, el estudioso podía oír las risas y burlas de sus compañeros, que tan malamente trataban de disimular.
-"¿Por qué me tratan así? ¿Es igual con todos los nuevos en el ejército? No, creo que a mí me han dado un trato especial, en el mal sentido. No soy un guerrero como ellos ni tampoco tengo aptitudes para el combate. De seguro, no les debe agradar nada tener que escoltar a alguien que no es capaz de pelear por sí mismo."-pensó para sí mismo, suspirando luego-"Bueno…al menos, esto no durará mucho. Y soportar esta clase de humillaciones es un precio pequeño por llevar sano y salvo con mis amigos."
Ensimismado en sus pensamientos, continuó el paso a caballo del resto de sus camaradas, hasta que de pronto, su líder ordenó que se detuvieran.
-Creo haber oído algo moverse… ¡Preparen sus armas, soldados!
Algunos desenvainaron sus espadas y otros tensaron sus arcos, mientras Shad se colocaba en la posición más segura de la formación creada en torno a él. Mantuvieron en todo momento la guardia, tensos, esperando algún movimiento. Pero tras un rato sin novedad alguna, se ordenó continuar con la marcha, aunque con gran nerviosismo.
Aquello…fue su mayor error.
De las copas de los árboles, surgieron varios Lizalfos que se abalanzaron sobre los soldados, tirándolos de los caballos y matándolos casi en el acto. Shad fue capaz de esquivar por muy poco la emboscada de uno de estos seres, pero se quedó prácticamente solo ante el panorama que veían sus ojos, pues los pocos supervivientes que quedaban de ese primer ataque por sorpresa, se veían desbordados.
-¡Corre, muchacho! ¡Huye! ¡Les retendremos lo máximo posible!-le ordenó el capitán, mientras se veía rodeado por varios Lizalfos.
-¡Pero señor! ¡Son demasiados! Ustedes solos no podrán…
-¡¿Eso que oigo es una opinión?! ¡Lo mío es una orden, jovenzuelo! ¡Si digo que corras, vuelas! ¡Si digo que los retendremos, es problema nuestro! ¡¿Entendido?!
Shad simplemente asintió, dándose cuenta que aquellos hombres habían aceptado su propia muerte si con ello él cumplía con su misión. No le quedó otra que escapar, abandonando a sus compañeros, y sintiéndose realmente impotente al no poder ayudarles.
Cabalgó lo más rápido que pudo, evitando algunas trampas que otros Lizalfos les habían tendido a lo largo de esa arboleda. Consiguió salir de allí de manera casi milagrosa, pero no por ello las cosas le iban a ser más fáciles. Solo y completamente vulnerable, ahora debía continuar casi a ciegas por sendas inescrutables de la geografía de Hyrule, rezando por encontrar un camino que le llevase a algún campamento aliado.
El cansancio, el frío y el hambre llevaban haciendo mella en él desde hacía un tiempo. Su situación era desesperada, y no hacía más que recordar las advertencias de Ashei, quién "a su manera" casi le rogó que no se involucrase en esa contienda. Mas no por ello se arrepentía de haberlo hecho, pues sabía que aunque su fortaleza física fuera escasa, tenía mucho que aportar para cambiar el transcurso de la guerra.
Aquella momentánea convicción, que le valió para no hundirse ante el desolador panorama que le esperaba, se quebrantó en mil pedazos cuando varias flechas impactaron contra su montura, derribándola y haciéndole caer a él con la misma.
Habían sido varios Bublin arqueros, colocados en posiciones estratégicas en esa zona, rodeada de altos muros de piedra.
Shad se dio cuenta de que había sobrevivido a ese ataque, en parte, por su mochila, quien había recibido dos impactos de flecha. Pero ello ya daba igual, pues no podía volver a tentar a la suerte.
Se guareció de los Bulblin en el primer lugar que encontró, mas sabía que no podría permanecer allí por mucho tiempo. La única ventaja de la que disponía era de la escasa visibilidad que impedía a los monstruos apuntar certeramente, pero que compensaban lanzando un aluvión de flechas a la vez.
No podía continuar por el camino que había estado recorriendo hasta ese momento, pues seguramente habrá más arqueros. Tampoco podía retroceder, por culpa de los que ya le habían visto. Al parecer, se había quedado sin vía de escape…o no.
Miró hacia arriba, observando la pared de roca. Él no era buen escalador, en absoluto, y de hacerlo correría grandes riesgos, pues si bien su abultada mochila podría protegerle en parte, se convertiría en un blanco muy fácil. Además, de llegar a la cima, su seguridad y encontrar un camino alternativo no estaba garantizado.
Sin embargo, aún sabiéndolo, tenía un plan en mente.
Rebuscó entre sus cosas, agarrando uno de los objetos que le había cogido prestado a Link, la zarpa que todavía conservaba en buen estado. Buscó un lugar en donde pudiese engancharse con ayuda de un telescopio, y con bastante dificultad, divisó una raíz que sobresalía de la roca, a simple vista lo bastante resistente como para soportar su peso. Estaba a una altura suficiente como para escalar más de la mitad de la altura de aquel muro con sólo aferrarse a esa raíz, llevando al límite la longitud máxima de la cadena de la zarpa. Pero a partir de ahí, sólo podría valerse de sí mismo para subir hasta la cima.
Mas aún quedaba una cuestión, despistar a los Bulblin, atrayendo su atención con algo. Pensó en tirar lejos un pedrusco lo suficientemente grande cuyo ruido hiciese creer a los monstruos que estaba huyendo en esa dirección. Pero no tenía nada a mano, así que tuvo que deshacerse de una de sus pertenencias, un pequeño cacharro en donde había calentado la comida esos últimos días.
Afortunadamente, el estruendo que provocó ese utensilio de metal captó la atención de todos los Bublins y comenzaron a disparar en la dirección contraria a la suya. Ello le dio tiempo a Shad para usar la zarpa y subir rápidamente hasta la raíz. Quedó impresionado con la enorme fuerza de aquel objeto, incluso aunque Link se la hubiese descrito en su momento. Menos mal que gracias a ello estaba advertido, pues la zarpa podría habérsele ido de las manos.
Pero ahora, estaba atrapado, aferrado a la raíz y la pared. Sus constitución física no le hacía apto para escalar y menos con esa pesada mochila que portaba. Sabía que debería haberse desprendido de más cosas, pero casi todas ellas eran indispensables y el mayor peso recaía en el cronolito, objeto clave en toda esa misión.
Haciendo un acopio de fuerzas, se sobrepuso a la adversidad y aunque lentamente, poco a poco fue subiendo aquella pared. Procuró hacer el menor ruido posible, esperando que los Bulblin no le descubriesen. Pero las heladoras ráfagas que soplaban tampoco ayudaban, pues podrían hacerle perder el equilibrio fácilmente, algo que finalmente, sucedió.
Consiguió evitar la caída por muy poco, pero alertó a los Bulblin, que comenzaron a disparan en su dirección. En esa situación, la adrenalina recorrió el cuerpo de Shad, que lo impulsó a escaldar rápidamente lo que le quedaba. Su mochila le salvó de varias flechas nuevamente, pero una terminó impactando contra su brazo izquierdo. Ahogó un grito de dolor, luchando contra sí mismo para no soltarse, continuando el último tramo del ascenso.
Se tumbó en el suelo, exhausto y aquejándose de dolor, viendo cómo si sangre manchaba la blanca nieve. Se extrajo la flecha como medianamente pudo, algo que sólo le provocó más dolor. Hizo un apaño y cortó la hemorragia, asegurando un trozo de tela alrededor de la herida. No era mucho, pero esperaba que aguantase hasta poder ser tratado como era debido.
No podía quedarse demasiado tiempo ahí, no tenía donde guarecerse del tiempo ni de los enemigos. Sacó de nuevo su telescopio, atisbando los alrededores. Bajar nuevamente sería complicado, estaba completamente aislado. Pero ya contaba con ello, pues su plan original no era volver a descender…o al menos, a pie.
-Creo que ha llegado el momento de probar si esta capa aún funciona…-comentó en alto, bastante nervioso, recolocándose la mochila para que dejase libre su espalda-Al fin y al cabo, tanto si me quedo aquí como si resultara que no sirve…mi destino sería el mismo.
Ser acercó al borde, observando su objetivo, que estaba a unas decenas de metros de distancia. Retrocedió y tragó saliva, para luego coger carrerilla y saltar. Se sorprendió cuando aquel salto hizo que se elevase a más del doble de su estatura, extendiendo rápidamente los brazos al frente, aunque no por ello sin dolor alguno, para planear con relativa facilidad.
-¡Casi no me lo creo! ¡Pensé que acabaría aplastado contra el suelo! ¡Verdaderamente, la capa de Roc es increíble! ¡Sin duda, un excelente artículo proveniente de los cielos!-exclamó emocionado, aunque el dolor de su brazo izquierdo le hizo calmarse-¡Ag! Pero debo tener más cuidado, el viento y esta herida no me facilitarán planear. Bueno…al menos, con esto, mis posibilidades de sobrevivir y avanzar han aumentado.
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El grupo de Link continuaba recorriéndose toda la provincia, buscando desesperadamente alguna esperanza de romper la barrera. Pero pocos ánimos les quedaban ya.
En ese momento, su prioridad se había vuelto descansar y reportar sus nulos avances cerca de un puesto de mensajería escondido muy cerca de su posición.
De pronto, algo pareció alterar a la montura de Midna, quien movía sus orejas esforzándose por escuchar en una dirección.
-¡Ey, ey, ey! ¡¿Pero qué le pasa a este animal?!-exclamó Midna, asustada, cuando de pronto la yegua se echó a la carrera-¡¿A dónde vas?!
-Va en la dirección en la que se encuentra el campamento… ¿Qué le ocurrirá?-comentó Link, confundido.
-Ni idea, Atenea es una yegua muy afable, casi nunca se altera. Así la educó Shad…-en ese momento, un pensamiento se le pasó por la mente-No puede ser…
Sin decir palabra, se apresuró a seguir a Midna, obligando a Link y a Rusl a hacer lo mismo, sin entender qué estaba pasando.
No fue hasta que llegaron al lugar, que descubrieron lo que estaba pasando.
-¡Shad! ¡¿Pero qué…?!-exclamó Ashei, enfurecida, bajándose de su caballo.
-Hola…-le saludó con miedo, forzando una sonrisa, mientras se acariciaba el hocico de su yegua-¿Estáis todos bien?
-¡¿Qué estás haciendo aquí, Shad?! ¡¿Y cómo narices has venido?!-le agarró del brazo izquierdo, acercándolo-¡Responde!
Él la apartó bruscamente, soltando un quejido de dolor.
-¡Ey! ¿Estás herido?-le preguntó Midna, quien se encontraba aún sobre Atenea.
-Podría decirse tuve algún contratiempo antes de llegar hasta aquí…-comentó llanamente, protegiendo aquella zona.
Ashei apartó la zona de la capa de Shad que cubría su brazo y que le había impedido ver la tela ensangrentada que cubría aquella herida. Por no hablar de que presentaba otras heridas menores, sus gafas estaban medio rotas y tenía otros síntomas varios como hipotermia u ojeras que reflejaban la falta de sueño. Esa visión le hizo arrepentirse de haberle tratado con tanta brusquedad, su enojo la había cegado por completo.
-No me mires así, no es para tanto…-trató de mentirle, volviendo a ocultarse el brazo.
-¡Eso lo valoraré yo!-insistió ella, agarrándole nuevamente el brazo, esta vez con algo más de cuidado-¿Una herida de flecha? ¿Cuándo te la hiciste?
-Hace un par de días…-nuevamente, insistió en ocultarla-En serio, no es nada grave. Sólo debo cambiar el vendaje por uno limpio, nada más.
En ese momento, aparecieron Link y Rusl, quienes quedaron impactados al ver a Shad ahí.
-Muchacho…-se le acercó un oficial, jefe del puesto de mensajería-¿Nos dirás de una vez que hace un civil como tú por estos lares? Llegaste hace un rato y aún no nos has dicho nada, pues dijiste que necesitabas descansar un rato.
-Eso mismo quiero saber yo…-Ashei cruzó los brazos, molesta-¿Por qué no estás en la Ciudadela de Hyrule?
-He venido para ayudaros en vuestra misión, amigos…-sonrió, aunque con dificultades debido al dolor-Creo haber encontrado la manera de salir de la barrera.
Todos los presentes quedaron estupefactos al escuchar tales palabras, algunos sin creerse que aquello fuese real.
-¿Y acaso has hecho un viaje tan peligroso tú solo por una simple ocurrencia?-le recriminó Ashei, cuya preocupación por el estado de él le era más importante que sus motivaciones para llegar hasta allí.
-Déjame hablar, por favor…-le pidió cansando, sentándose en el suelo-No partí por mi cuenta. Salí junto con una escolta en una misión especial, con la aprobación de Su Majestad.
-¿La princesa Zelda?-Link se le acercó rápidamente, esperando información sobre ella-¿Cómo se encuentra? Escuché que hubo un incidente en la capital que hizo que resultase herida.
-Está perfectamente, no le ocurrió nada grave.-mintió, tras haberse tomado unos segundos antes de contestarle-Yo mismo pude verla en persona.
-¿Y sabes algo del resto?-preguntó, refiriéndose a sus amigos.
-Bien…-apartó ligeramente la mirada, intentando disimular-Todos están bien.
Link sospechó levemente de su actitud, pero al parecer sólo Ashei y Midna se dieron cuenta de que estaba mintiendo. Midna guardó silencio, mientras que la guerrera acudió en ayuda de Shad.
-Deja de atosigarle, Link.-le exigió, seria-¿No ves que está cansado?
-Por cierto…-habló Rusl, aunque parecía imaginarse la respuesta-¿Dónde están aquellos que te acompañaban?
Shad guardó silencio, evidenciando lo que todos se esperaban.
De pronto, Fi decidió salir de la Espada Maestra, sorprendiendo a los soldados. Ella se acercó a la mochila de Shad, quien al momento supo lo que le había llamado la atención.
-Supongo que habrá pasado mucho tiempo desde la última vez que viste uno… ¿cierto?-le preguntó, sacando el cronolito y mostrándoselo.
-El cómo una reliquia como ésta llegó a tus manos me es irrelevante, pero…-observó el cronolito con detenimiento, verificando su autenticidad-¿Qué aporta a tu convicción de poder sobrepasar la barrera mágica?
-Su capacidad de retroceder en el tiempo…-sonrió, agradecido-Y sinceramente, si no hubiera sido por tus relatos y los conocimientos que guardas de la época previa a la fundación de Hyrule, nunca podría haber llegado a la conclusión que me ha impulsado a llegar hasta aquí.
-¿De qué habláis?-preguntó Ashei, impaciente-¿Podrías hablar para el común de los mortales?
Shad comenzó a relatar su teoría y el plan que había ideado para liberarse de la muralla mágica, igual que les había explicado a los altos cargos del reino. Y alguna de las reacciones, fueron iguales a las que le habían mostrado antes.
-¡¿Está loco?!-expresó un soldado-¡Su plan es una locura!
-¡¿Y cómo llegaríais hasta esa estatua?! ¡Las inmediaciones del Lago Hylia están tomadas por monstruos! ¡Nuestros hombres y los Zora se las ven y desean para resistir su avance!
-Guárdense sus opiniones.-les reprochó Ashei, molesta-Somos nosotros quienes pondremos nuestra vida en juego.
-¿Y tú qué opinas, Link? Eres, a fin de cuentas, la pieza clave en todo esto.-le preguntó Midna, riéndose ligeramente- Como siempre, para variar.
-Fue gracias a Shad que pude llegar a Celestia la primera vez…si él dice que es lo que debo hacer, lo haré.
-¡Así se habla, muchacho!-le animó Rusl-No vamos a amedrentarnos por unos cuántos monstruos.
-Gracias…amigos…-expresó feliz, mientras se levantaba-¿Podríamos partir ahora?
-¡Ey! ¡Frena un poco!-se quejó Ashei, obligándolo nuevamente a sentarse-¿Se puede saber por qué tienes tantas prisas?
-Es simple…-suspiró, notándose preocupado-Cuánto antes lo hagamos, más probabilidades tendremos de ganar esta guerra.
-¿Y ello es incompatible con que al menos descansemos una noche?-opinó Midna, mirándolo detenidamente-Ojalá tuviera un espejo a mano para mostrarte lo demacrado que te ves.
-Tiene razón, eres el que más necesita descansar de todos nosotros.-apoyó Ashei-Descansaremos hoy y mañana nos iremos. Aparte, hay que tratarte esa herida del brazo.
-Ya te he dicho que no es nada, procuré curármela yo solo…-se apartó de ella y se levantó, antes de que le tocase el brazo-Por lo demás, de acuerdo.
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Shad terminó apartándose del grupo, argumentando que necesitaba descansar tranquilo. Sus amigos, sin comprender su actitud, respetaron su decisión.
Salvo Ashei, quien tras unas horas esperando algún cambio en su temperamento, a la hora de la cena volvió a acercársele.
-Te noto algo malhumorado…-le comentó mientras le entregaba un plato de comida y una bebidas calientes.
-¿Eh? No lo estoy…-aseguró, probando lo que le había traído-Sólo ando pensativo.
-Ya…te visto muchas veces "pensando", pero nunca te había visto retrayéndote de esta manera.-suspiró, sabía que algo iba mal en él-¿Qué fue lo que te ocurrió?
-¿Y tú qué crees? Los que me escoltaban perecieron en una emboscada y quedé solo, valiéndome por mí mismo. Aunque tampoco es que antes de eso, el viaje hubiera sido agradable.
-Eso ya lo suponía y también sé que te ha supuesto una experiencia nada agradable. Ni siquiera durante la invasión del Crepúsculo te viste envuelto en una situación similar.
-¿Qué quieres decir?-le interrumpió, molesto-¿Que por ser alguien débil, debes tener mayor compasión así mí?
-¡No quería decir eso!-negó ella, sorprendida por su contestación-¿Se puede saber qué te pasa?
-No mientas, todos pensáis que lo soy. Principalmente por eso, queríais que tomáramos una noche de descanso, no únicamente porque vosotros también lo necesitarais.-apretó el puño derecho, tenso-¡Pero miradme bien! ¡He sobrevivido solo durante días en el pleno y crudo invierno, siendo acosado por las hordas enemigas! ¡Y sin montura alguna! ¿Qué decís a eso?
-Yo no te he tachado de enclenque, no en esta situación…-aseguró, sintiéndose algo preocupada-Todo esto te ha cambiado. Sólo espero que a largo plazo, sea para bien.
-A largo plazo…-suspiró, abrigándose con su capa-¿Eso es irse demasiado lejos, no?
-¿A qué te refieres?
-A nada, déjalo…-cerró los ojos, evadiendo el tema.
-Mientes muy mal, que lo sepas. Tienes suerte de que Link sea, en ocasiones, bastante ingenuo.-afirmó Ashei, poniéndolo en alerta-¿Qué ha ocurrido, en verdad, en la ciudadela?
-Supuse que te darías cuenta…-suspiró, triste-En lo referente a la princesa Zelda, sus heridas fueron más graves de lo que le conté a Link. Y aunque se recuperó, perdió la visión del ojo izquierdo.
-¿Y de nuestros amigos y conocidos en la ciudad?
Shad se mantuvo en silencio unos instantes, antes de responderle.
-Bono…ha muerto.-confesó finalmente, dolido-Murió por las heridas que sufrió al defender a la Princesa. Yo fui testigo de cómo Ilia se derrumbó ante el cuerpo inerte de su padre.
Aquella noticia no se la esperó la guerrera, viéndose reflejado su impacto en su rostro.
-Ya ni siquiera la capital es segura…-comentó, impotente-¿Cuántas vidas más se perderán antes de que se acabe todo esto?
Después de eso, permanecieron un rato en silencio, sentados uno junto al otro.
-Oye…-se atrevió a hablar, algo avergonzado-Hablando de cosas que ocurrieron en la ciudad… ¿qué tienes que decirme acerca de ese beso de despedida que me diste?
-¡¿Qué?!-aquello sí que le había pillado realmente por sorpresa, no sabía cómo reaccionar-¡Menudo cambio de temática!
-¡Je, je! Sabía que reaccionarías así…-rió levemente, aproximándose más a ella-¿Por qué lo hiciste?
-¡No calculé bien! Iba a ser una beso en la frente…-apartó la mirada, completamente ruborizada.
-¡Y luego me acusas de no saber mentir!-rió enérgicamente esa vez-Aunque déjame decirte que para ser tu primer beso y ser éste bastante brusco en la forma…no estuvo mal.
-¡Ay, por las Diosas! ¡No hables de eso! ¡Es realmente incómodo!-se tapó el rostro, humillada-¡Fue un acto reflejo! ¡¿Te vale así?!
-Bueno…es una mejor excusa.-sonrió, mirándola-¡Y yo que pensaba que aceptarías más abiertamente tus sentimientos después de que aceptases mi proposición!
-No hace falta que vayas pregonándolo por ahí… ¿sabes?
-¿Ah, no? Pues mira tú por dónde…-miró en la dirección en la que se encontraba el resto de su grupo-Yo que pensaba comentarles algo a nuestros amigos.
-¡Ni de broma!-lo agarró de sus ropas, nerviosa-¡Hicimos un trato! ¡Esto íbamos a mantenerlo en secreto!
-¿Y qué gano yo?-sonrió con cierta malicia, divirtiéndose-¡Haremos una cosa! Si repetimos lo que hiciste en la capital, pero esta vez sin prisas, aceptaré las demás condiciones que me impongas.
-¡¿Qué?!-se rostro se torno rojo, como el fuego-¡Tú te estás tomando demasiadas confianzas conmigo!
-Por las Diosas, mujer, que solo te pido un beso. ¿No le concederás un favor a este pobre lisiado?
-¡Sí! ¡Pobrecito! ¡Aquel que no deja que le examine el brazo! ¡Qué pena me das!
-Uhm…-pensó un momento-Si te dejo hacerlo… ¿me lo darías?
-Eh…-no supo qué responder en ese momento-¿Tú te estás quedando conmigo?
-¡Vale! ¡Lo dejo!-se rindió finalmente, sonriendo, aunque algo decepcionado-Ya sé que tú nunca…
-No he dado mi respuesta aún…-le interrumpió, dejando intuir algo evidente.
-Es verdad…pero aún así, déjalo.-insistió él, aparcando el tema.
-No sé si debo preocuparme más porque hayas rechazado eso o porque ni siquiera me dejes tratarte la herida a cambio de ello…-habló Ashei, sospechando-Si realmente no es nada… ¿por qué insistes en que no lo vea?
-Porque me suele el brazo y sería una pérdida de tiempo. Nada más.
-¡Oh! ¡El superviviente nato le teme a un poco de dolor! ¡El que pudiera producirle por retirarle los vendajes y ropa que cubre esa zona!-se burló ella, exagerando-Se supone que hoy tienes que dormir, y creo que sabrás que en cuanto lo hagas, miraré lo que tienes aunque no te guste.
-Es por eso que no dormiré. ¡Mira qué solución más fácil!
Con la paciencia ya al límite, Ashei se avalanzó sobre Shad y lo inmovilizó en el suelo, colocándose encima de él, sujetando sus piernas y su brazo derecho.
-¿Te da vergüenza darme un mísero beso pero no que nos vean en esta postura?
-No si con ello consigo ver de una vez qué escondes bajo esos vendajes…-le respondió, de una manera bastante sugerente-Y me resulta bastante divertido hacerlo por la fuerza.
-Oh, qué interesante…-opinó-Creo que empiezo a comprender tus gustos. No te preocupes, soy un hombre abierto a una amplia diversidad de temas.
Aquel comentario le valió para que Ashei le apretase con la rodilla en "cierta zona", provocándole un dolor agudo.
-¡Vale! ¡De acuerdo! ¡Tú ganas! ¡Dejaré que me veas el brazo!-cedió, aquejándose de ese dolor-¡Pero que quede claro que hay que discutir los límites que toleraré dentro del campo del sadomasoquismo!
Ashei se le quitó de encima, no sin antes darle una nueva reprimenda.
-Hoy estás demasiado suelto, me da a mí.-se quejó ella, incómoda-Te prefiero más calladito y sosegado.
-¡Más motivos tengo para actuar diferente!-río él.
Antes de que Shad continuase con sus bromas, Ashei agarró su brazo. Le apartó la capa y se deshizo de los vendajes, apurándose por quitarle la ropa que obstaculizaba esa.
-¡Oye, más despacio! ¡Qué bruta!-se quejó él, tiritando de frío-¡Auch! ¡Qué ansias, mujer!
Ashei se quedó de piedra cuando vio el brazo de Shad, el cual únicamente volvió a ocultar abrigándose nuevamente.
-¿Entiendes ahora el por qué de mis prisas?-le dijo apartando la mirada, serio.
-¡Tú estás mal! ¡Y no sólo de la cabeza! ¡Debes acudir cuanto antes a un médico!
-¿Y cuánto tardaríamos, primero en encontrarlo y luego que me tratase?
-¡¿Y eso qué más da?! ¡Esto es prioridad absoluta!
-No…-difirió él, convencido-Hasta que no cumpla la misión que se me asignó, mi salud quedará relegada a un segundo plano.
-¡Déjate de tonterías! ¡Tú…!
-Yo sigo estando en condiciones continuar y para decidir por mí mismo.-le interrumpió, molesto- Y una vez que mi papel haya finalizado, me ocuparé de lo mío. ¿Entendido?
-No tienes idea de lo mucho que estás arriesgándote…-suspiró, preocupada, dándose cuenta de que no lograría hacerle cambiar de opinión-Está bien, pero en cuanto acabes, yo misma te llevaré ante un doctor.
-¡Eso ya lo sabía!-exclamó, forzándose en sonreír, observando en la dirección en la que se encontraba el joven espadachín-De todos nosotros, el único que continuará será Link. Él es el único que puede llegar a Celestia.
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-Así que según la misiva…-habló la princesa, leyendo-Shad consiguió llegar junto con Link y sus compañeros.
-En efecto, pero sólo consiguió llegar él…-Auru suspiró, colando una mano en su pecho, honrando a los caídos-Cumplieron con su misión, aceptando las últimas consecuencias.
-Afortunadamente, y contra todo pronóstico, Shad consiguió sobrevivir solo y encontrándose en territorio controlado por el enemigo. Toda una hazaña que, sin duda, le será recompensada cuando esta guerra acabe.
-¡Sí! ¡Yo siempre tuve confianza en ese muchacho!-sonrió alegre-¡Y ha demostrado ser más capaz de lo que creí en principio!
-Son buenas noticias, sin duda. Nos aportan algunos ánimos en estos tiempos oscuros…-guardó silencio unos segundos, pensativa-Este mensaje fue enviado en un azor hace dos días, la mañana misma en la que él y el grupo de Link partieron al Lago Hylia. ¿Se sabe algo desde entonces?
-No, y dudo que nos lleguen noticias de ellos desde esa zona. Recordemos que las hordas de Nagahim han entrado a la provincia desde el Desierto Gerudo, por lo que el Lago Hylia es el principal foco de enfrentamientos en este momento entre nuestras tropas y las suyas.
-Lo sé, Auru…-apretó su frente con los dedos, tensa-Ese es el último lugar al cual les hubiese enviado.
No tuvo mucho tiempo para preocuparse por la situación de Link y los otros, pues en ese momento entró a la sala el comandante Valenzuela, trayendo malas noticias.
-¡Su Alteza! ¡Mi señor Auru! ¡Hordas de monstruos se aproximan por el aire hasta el castillo!
-¡¿Qué has dicho?! ¡¿Y a plena luz del día?!-exclamó alarmada-¡¿Y qué está sucediendo en la ciudad?!
-¡Parece que su único objetivo es nuestra posición, el Castillo de Hyrule! ¡Por ello, Majestad, debe ser evacuada de inmediato! ¡Debe ponerse a salvo y evitar los enfrentamientos!
-Creo que ya dejé claro desde el inicio del a guerra que estaría al frente de la misma…-dijo mientras cogía su espada y se colgaba a la espalda su arco y flechas.
-¡Princesa! ¡Hágale caso! ¡Recuerde su última batalla!-le pidió Auru, desesperado-¡Si usted cae, se perderá todo esperanza que quede en Hyrule!
-Si están tan desesperados para haber llegado hasta aquí…-sonrió, con cierta burla-¿Por qué no iba a dejarme ver y mostrar que aún sigo teniendo fuerzas para luchar?
-¡No lo haga, Majestad! ¡Eso es lo que precisamente quieren!-insistió Valenzuela, enojado-¡La Guardia Real nos haremos cargos de esos monstruos! ¡Usted póngase a salvo!
-Por mucho que me lo roguéis, no me haréis cambiar de opinión. Este es mi castillo, mi fortaleza, y lucharé por él hasta mi último aliento. ¿Queda claro?
Incapaces de hacer entrar en razón a la princesa, únicamente pudieron seguirla hasta los exteriores del castillo, donde se estaban desarrollando cruentas batallas.
Aeralfos que chocaban sus espadas contra las de los soldados; Bulblin arqueros montados sobre Kargarok que disparaban sus flechas contra los arqueros apostados en distintas partes del castillo; hordas de Keese y Bulblin envueltos en hielo y fuego, quienes intentaban penetran al castillo por ventanas y otros recovecos…; nada a lo que no se hubieran enfrentado ya en las calles de la ciudadela.
Sin embargo, a la princesa le llamó la atención un grupo bastante numeroso de Bulblin que también montaban a esas bestias voladoras, pero en no portaban arcos o arma alguna. Sólo cargaban enormes sacos, a la espera de dejarlos caer sobre ellos.
Por su cabeza pasaron multitud de cosas: bombas, alguna clase de veneno, suministros para sus compañeros…
Pero nunca se imaginó que dentro de esas bolsas, hubiera más enemigos.
Cuando algunos de los Bulblin dejaron caer su contenido, una lluvia de huesos, espadas y escudos cayeron sobre ellos. Éstos rápidamente se unieron para mostrarse como Stalfos, monstruos mucho más difíciles de vencer que aquellos que hasta el momento habían logrado traspasar los muros de la ciudad.
Pero ellos no fueron los únicos "regalos" que dejaron aquellos Bulblin, pues del cielo también cayeron cadáveres, algo que horrorizó a todos los presentes. Y todavía más, cuando éstos comenzaron a levantarse y combatir junto con los Stalfos.
Zelda recordó entonces que Link le había contado que criaturas similares le había estorbado en su batalla con aquel gigantesco esqueleto de nombre Stallord, en el Patíbulo del Desierto.
-Esos son… ¿nuestros soldados caídos?-murmuró espantada, observando el panorama-Nagahim habrá usado magia negra para convertirlos en muertos vivientes, como pudieran ser los ReDead. Qué bajo ha caído…los está utilizando para expandir el miedo entre mis soldados.
Y como ella vaticinó, el pánico cundió entre las tropas, siendo que algunos quienes creían reconocer a camaradas entre esos cadáveres andantes. Por otro lado, los Stalfos estaban haciendo estragos, pues fácilmente conseguían evadir la mayoría de los recursos de sus rivales, y si éstos conseguían derrumbarlos, volvían a levantarse al rato.
Auru tuvo que valerse de su cañón portátil para derrotar a varios Stalfos, una vez que éstos habían sido recudidos previamente.
Desafortunadamente, con lo que ella denominó como "Staltroop", aquello no era eficaz. La magia había hecho de sus cuerpos algo casi indestructibles sólo utilizando armas convencionales o incluso bombas. Y eso, que anatómicamente, no diferían demasiado de los Stalfos.
Y por si fuera poco, el resto de sus enemigos seguían llegando en masa y atacando; y cada cierto tiempo aquellos Bulblin transportistas traían más y más Stalfos y Staltroop.
Algunos de ellos habían conseguido, incluso, penetran al castillo. Varios pequeños incendios fueron provocados por todo el lugar, y los sirvientes debían arriesgar sus vidas para sofocarlos a tiempo antes de que se expandieran, bajo el ataque de los monstruos.
La batalla se alargó durante horas, agotando las fuerzas de los aliados y habiendo numerosas bajas. En ese tiempo, únicamente habían logrado impedir la llegada de más Stalfos y Staltroop, pues habían concentrado sus fuerzas en derrotar a los Bulblin arqueros y sus Kargaroc. Pero del resto de especies, seguían llegando refuerzos.
-¡Princesa! ¡Váyase! ¡Dejad que vuestros hombres se ocupen del resto!-volvió a insistirle Auru, quien a esas alturas, utilizaba su cañón portátil como mazo.
-¿Y qué dices de ti, Auru? ¿Por qué no sigues disparando a los Stalfos que aún quedan?
-Este cañón no se hizo para disparar tan seguido, Majestad…-comentó Auru, igualmente agotado-Sólo es un prototipo creado en base a uno utilizado en espectáculos pirotécnicos.
-¿Y nuestro suministro de bombas?
-¡Prácticamente agotado! ¡Recuerde que gran parte de ese arsenal fue trasladado a los muros exteriores de la ciudad! ¡Apenas yo y algunos soldados guardamos algunas!
-¿Y cómo le haremos frente a esos Stalfos y a los Staltroop? Los primeros sólo pueden ser derrotados destruyendo sus huesos con una explosión una vez hayan caído y los segundos son más vulnerables a la magia que a golpes físicos.
-Considero que deberíamos separarlos y aislar primero a los Stalfos, rematándoles a la vez con las pocas bombas que nos quedan.
-¿Y quién se ocupará de ellos?
-No se preocupe…Valenzuela ya ha dado la orden de hacerlo. Iré en un momento a apoyarles.
Asegurándose primero de que la princesa recibiese ayudar por parte de algunos guardias, corrió rápidamente al lugar donde el comandante y un pequeño grupo habían logrado arrinconar a los Stalfos, en uno de los patios exteriores. A costa de algunas vidas, lograron derribar a todos los Stalfos casi a la vez, dándole las bombas a un soldado que las dejaría en medio de aquella montaña de huesos y luego saldría corriendo, mientras otro de sus camaradas las prendería con una flecha imbuida en fuego.
Sin embargo, aquella flecha nunca llegó, pues el arquero fue derribado por un Aeralfos. Sin tiempo para coordinar a otro de que lo hiciera y viendo como algunos de los Stalfos se levantaban, se perdió la última esperanza de acabar con aquellos demonios.
-¿Qué estás haciendo, viejo Auru?-le preguntó Valenzuela, viendo cómo sacaba una última bomba de un saco.
-¿Crees que me dará tiempo a prenderla, acercarme, tirársela y hacerles volar mientras yo escapo de la explosión?
-¡¿Te has vuelto loco?! ¡Allí están todas las bombas que nos quedaban! ¡Ninguno de nosotros escaparía a tiempo sin estar a esta distancia mínima!
-Ag…-suspiró, cansado-¿Por qué tuvo que averiarse mi cañón cuando más lo necesitaba?
-Deja de decir sandeces, anciano, ya pensaremos en algo para acabar con esos bastardos.-pateó el suelo, furioso-¡¿Pero cómo? ¡Esa es la pregunta! ¡No podemos pedir que nos traigan más bombas desde las murallas de la ciudadela!
-Sí…-sonrió, de una forma extraña-¿Qué bueno que sea un anciano, no? Ya he vivido todo lo que he podido y probablemente, más de lo que me debería haber correspondido.
-¿Pero qué me está con…?-de repente, Auru echó a correr frente a él-¡Espere! ¡Auru! ¡No lo haga!
-¡Dígale a la princesa Zelda que ha sido todo un honor servirla!-le pidió gritando, mientras prendía la bomba-¡Y que, por favor, no se lamente por mi muerte! ¡Este momento ya se había retrasado unos cuántos años!
Y así, valerosamente, Auru entregó su vida para acabar con todos los Stalfos. La explosión fue más potente de lo que el comandante Valenzuela había calculado, afectándole a él y a más personas en un rango mayor. Quizás debido a la bomba de Auru, que no descartó que su potencia fuese mayor de lo normal.
-Ese maldito viejo…-golpeó el suelo con el puño, tumbado en el suelo debido a la explosión-Si se quería suicidar, podría haberlo hecho de otra forma…
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El estruendo provocado por la explosión se escuchó en todo el castillo, y obviamente no fue desapercibido por Zelda. Intuyó que el plan de exterminación de los Stalfos había funcionado, pero desconocía exactamente lo ocurrido.
Pero estaba demasiado ocupada como para centrarse en eso, pues debía utilizar su magia para acabar con los Staltroop que seguía pululando por el castillo. Sólo estaba ella para enfrentarlos, pues del escaso número de hechiceros del que había dispuesto para pelear por el castillo, no quedaba ninguno. Aquello la estaba llevando al límite de sus fuerzas, mas estaba sorprendida de que aún en esas penosas circunstancias, aún fuera capaz de utilizar sus poderes.
Desafortunadamente, los Staltroop terminaron dándose cuenta de que únicamente ella estaba acabando con los suyos, por lo que se organizaron. Así, la atacaron en grupo y a la vez. Pero ella, al verse rodeada, lo vio más como una oportunidad que como una desventaja. Cuando los Staltroop estuvieron a una cierta distancia, invocó el Fuego de Din, una poderosa llamarada que la rodeó y los calcinó por completo.
Se confió al creer que había acabado con todos ellos de una sola vez, siendo asaltada por sorpresa por algunos rezagados, contra los cuales no pudo reaccionar a tiempo. Uno de ellos le mordió con fuerza el antebrazo derecho, oyendo cómo se quebraba bajo la piel y sangraba abundantemente. Sólo con ayuda de algunos guardias que acudieron a socorrerla, logró librarse momentáneamente de ellos, para luego sentenciarlos con un hechizo de luz.
Cayó de rodillas al suelo, herida y agotada, aquejándose de su antebrazo.
-¡Alteza! ¡Debemos llevarla ante el médico del castillo!-exclamó uno de ellos, agachándose para ayudarla-¡Quién sabe lo que la mordedura de esas cosas pueda hacerle!
-¿Y acaso habéis limpiado el interior de la presencia de los monstruos?-les preguntó, desconfiada, pues de nada serviría llevarla adentro si sus enemigos seguían campando a sus anchas.
-¡No, mi señora!-afirmó el segundo-¡Pero la llevaremos a donde él y su equipo médico han sido evacuados!
-Eso no me sirve…-le levantó torpemente, sin ayuda-Terminarán por encontrarnos, tarde o temprano.
-¡Perdónenos, Majestad! ¡Pero ya no podemos hacer más!-confesó otro, con lágrimas en los ojos-¡El Castillo de Hyrule terminará cayendo! ¡¿No lo ve?! ¡No dejan de llegar enemigos! ¡Y recemos porque no vuelvan a enviar cargamentos de Stalfos y más de esos cadáveres andantes!
-¡No vuelvas a mencionar esa posibilidad! ¡¿Oíste, soldado?!-le ordenó, furiosa-¡El Castillo de Hyrule nunca…!
Ahogó un quejido de dolor, el daño que había recibido en su antebrazo era mayor que esperó. No dejaba de sangrar, y no descartó que éste se hubiese infectado.
-¡Vayámonos ya, Princesa! ¡Deje que el comandante Valenzuela y el resto de la Guardia Real se ocupe de retener al enemigo mientras usted escapa!
Pero ella siguió resistiéndose a marcharse. Su fe en obtener la victoria en esa guerra disminuía a cada momento. No se había encontrado modo alguno de traspasar la gigantesca muralla mágica; la capital resistía como podía el intento de asalto de las hordas de monstruos; y ahora el castillo sufría el ataque lo que llegó a pensar que eran todas las unidades aéreas de las que disponía Nagahim.
¿Qué podía hacer en una situación así? Solamente le quedaba esperar un milagro por parte de las Diosas…
"La barrera…"
De pronto, Zelda escuchó un leve murmullo, el cual desconocía de donde venía.
"La barrera…el castillo… ¿Recuerdas?"
Nuevamente, escuchó esa voz. Era aguda, como la de un infante. Pero aún tenía dudas sobre su procedencia.
"Usa mi poder…el poder de las Diosas…"
Finalmente, se percató que esa voz provenía de su interior, casi como si ésta saliese de su mente.
"No tengas miedo…estaré bien…"
No entendió a qué refería la voz con "que estaría bien", pero en ese mismo momento, una idea le vino a la cabeza. Pero era muy arriesgada y tampoco sabía cómo llevarla a cabo.
"Yo sí lo sé…mi poder tiene memoria…"
¿Memoria? No entendía para nada lo que le estaba diciendo, y menos suponiendo que se estuviese refiriendo a lo que ella tenía en mente.
"Hazlo…rápido…tu herida…si tú mueres…yo…"
A pesar de que seguía sin comprender bien qué estaba pasando, decidió hacer caso a esa voz e instintivamente, colocó una mano el suelo.
-¿Princesa? ¿Qué está haciendo?-preguntó un guardia, mirándola confundido-¡Debemos irnos!
En ese instante, Zelda liberó un impresionante poder dorado, dejando a sus hombres boquiabiertos. Éste se extendió por todo el castillo, cubriéndolo incluso, creando una barrera mágica que a muchos les hizo recordar los tiempos de la invasión del Crepúsculo.
Al verse rodeados por ella, muchos monstruos trataron de huir, pero al chocar contra la misma, acabaron siendo destruidos. Y los que se encontraban en el exterior, también huyeron despavoridos, batiéndose en retirada. Obviamente, quedaron dentro bastantes enemigos por abatir, pero no les resultaría difícil hacerlo.
Habían ganado, parecía un milagro. Los vítores de sus gentes no tardaron en escucharse, mucho más cuando se comprobó que la barrera sólo afectaba a los monstruos, lo que les permitiría el paso entre el ahora impenetrable castillo y la ciudadela.
-¡¿Cómo lo ha hecho, Majestad?!-expresó emocionado un sirviente, ayudándola a levantarse-¡Nos ha salvado!
-¿Y por qué no pudo hacerlo antes?-preguntó un soldado, algo más escéptico.
-¡¿Qué estás insinuando?!-le recriminó Valenzuela, presente también en la escena-¡¿Acaso crees que es tan fácil hacer algo como esto?!
-¡Por las Diosas! ¡Presten atención a su estado!-exclamó horrorizada una sirvienta-¡Su antebrazo está…!
"¿Estás cansada? Yo…también…"
-Llevadme con un doctor…-pronunció la princesa, tratando de contener la hemorragia-¡Deprisa!
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Guardando reposo en sus aposentos, la princesa Zelda estaba siendo atendida por el doctor Borville, dado que el médico titular del castillo se encontraba demasiado ocupado en esos momentos. Sólo era un examen rutinario, por lo que sólo el anciano se encontraba en la habitación junto a ella.
-Uhm…-leía con detenimiento los informes médicos-Fractura múltiple del cúbito y radio, desgarro muscular con aparente infección de la zona a causa de la mordedura, aún sin un diagnostico claro. Eso, entre otras lesiones y males menores.
-Ya se lo dije, sólo estoy en observación.-insistió, señalando su brazo vendado-No estaré con estos vendajes mucho tiempo.
-Meh…si usted lo dice.-no quiso discutir, se limitó a recoger sus cosas-En cualquier caso, aún si la ciencia y la magia han vuelto a salvarla, tenga en cuenta que una infección no es fácil de tratar para ninguna de las dos ramas.
-Lo sé, seré prudente y descansaré un par de días.
-Estupendo, porque yo he de irme ahora…-inclinó la cabeza, despidiéndose-Que descanse.
-¡Espere un segundo!-le llamó repentinamente-Desearía que me hiciera una prueba…
-Supongo que hablará de una prueba médica…-regresó con ella, sentándose en un taburete cercano-¿Pero qué clase de prueba?
-Verá…-se la veía algo reacia a explicárselo-Es algo que requiere de su más entera discreción.
-Bueno…eso debería decidirlo yo, ¿no cree? ¡Bah! ¡Da lo mismo! ¿Qué supone que quiere que le haga?
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La princesa Zelda se quedó pensando, a solas, después de que el doctor Borville se hubiera marchado.
Tenía muchas cosas en la cabeza, entre ellas, la muerte de Auru, de la cual estaba enterada. Ella, en el exterior, disimulada su dolor. Pero por dentro, se sentía completamente destrozada.
"¿Por qué lloras?"
-Otra vez tú…-murmuró, entristecida-No estoy llorando.
"Por dentro…"
-Bueno…-suspiró-Tienes razón. Es por la muerte de Auru. Pero su sacrificio salvó vidas, a pesar de lo imprudente que me había parecido en un principio.
"Pero… ¿no estaba enfermo?"
-Ya…-volvió a suspirar-Sé que Borville me confesó que él, hacía sólo unos días, le había diagnosticado una enfermedad que producto de su edad y de las condiciones en las que ahora estaba viviendo, más temprano que tarde terminaría con su vida. Auru me lo ocultó, claramente para no preocuparme.
"Oh…qué triste…"
-¿Y ahora por qué te pones así?-se esforzó por sonreír, hablándole a esa voz con algo más de ánimo-¿Sabes? Tengo curiosidad por algo… ¿cómo eres capaz de hablarme?
"No sé…pero…lo olvidaré…supongo…"
-¡Qué clase de preguntas te hago! ¡Es obvio que será así!-rió ella.
"¿De verdad? ¿Por qué?"
-No importa…-suspiró-No tienes que preocuparte por ello.
"¿Y tú te preocupas por mí?"
-¿Eh? ¿Por qué lo dices?
"Sólo te importa tu reino…"
-Claramente, es mi mayor prioridad.
"¿Y tú? Ya te he salvado…dos veces…mi poder es grande…pero…yo…no aguantaré…"
-¿Qué quieres decir?
"Quédate aquí…dentro…de mi barrera…estaremos bien…"
-No puedo quedarme siempre aquí. En algún momento, tendré que visitar a las tropas apostadas en la ciudad.
"¿Por qué me odias?"
-¿Cómo? ¿Por qué debería odiarte?
"Preferirías que yo no estuviera aquí… ¿Verdad?"
-Eh…
"Lo sé…no quieres hablar de mí…con los demás…"
-Entiéndelo…no puedo hacerlo. Y lo hago también para protegerte.
"No te creo…"
-Es cierto, ¿por qué te mentiría?
"¿Y me protegerás de ese hombre malo?"
-¿Hablas de Nagahim? ¡Por supuesto!
"Vendrá a por mí…él no lo sabe…pero cuando lo descubra…quiere mi poder…"
-¿El poder de las Diosas, cierto?
"Sí…a vosotros os los quitó…pero si me lo quita…yo…moriré…"
-No permitiré que te ponga una mano encima…-aseguró, con convicción-Tienes mi palabra.
"¿Y por qué me haces daño?"
-¿Yo? ¿Cuándo?
"Si no te cuidas… ¿cómo cuidarás de mí?"
-Ahora me es imposible, créeme. Soy la princesa de Hyrule, y debo anteponer el bienestar de mi pueblo al mío.
"¿Y quién los cuidará si tú mueres?"
-Obviamente, trataré de evitarlo.
"Mientes…yo…te he salvado…dos veces…ahora mismo…yo te protejo… ¿qué has hecho tú por mí?"
-Yo…-suspiró-Tienes razón.
"Yo…necesito…descansar…es tu deber…no el mío…"
-Desearía poseer ahora mismo mi fragmento de la Trifuerza, ya que así, tú no tendrías que prestarme tu poder.
"¿Cuándo la tendrás de vuelta? Yo…no podré…seguir protegiéndonos…"
-¿Tan débil te encuentras?-le preguntó, preocupada.
"Sí…tengo sueño…hambre…no soy fuerte…aún…necesito más tiempo…pero tú…me obligas a esforzarme…mucho…"
-De acuerdo…-suspiró-He tomado una decisión. Te haré caso, y me mantendré al margen de los conflictos, salvo que sea absolutamente necesario.
Continuará…
XOXOXOXOXOXOXO
Nota de Alfax: Lamento muchísimo este retraso, y también aviso desde ya que dudo que en enero pueda publicar. La principal razón recae en mis estudios actuales, que en noviembre ocuparon gran parte de mi tiempo y el próximo mes será igual.
Sólo espero que la espera haya merecido la pena y que os contentéis con este capítulo hasta que vuelva a publicar.
Sin más que añadir… ¡Felices fiestas y hasta otra!
