56. Liberación

Envueltos en la oscuridad de la noche, ascendiendo por ese haz de luz, Link y Fi esperaban poder atisbar entre las nubes a la ciudad perdida en los cielos, Celestia.

-Estas murallas de índole mágicas son extensas en cuanto a longitud y altura, mas por lo que observo no envuelven por completo a la provincia de Lanayru.-comentó Fi, después de ver que habían superado en altitud a dichos muros.

-Sí…-pronunció, tiritando y tratando de calentarse-Y cada vez hace más frío.

-Es la consecuencia lógica de un ascenso a gran altura, y más si nos encontramos en la época invernal.

-Lo sé, pero…-un escalofrío le recorrió el cuerpo-La última vez no fue así. Aunque…claro, usé aquel cañón para llegar por primera vez a Celestia. Al menos espero que el clima del lugar sea diferente incluso en invierno. Cálido, salvo por las fuertes rachas de viento que allí soplan.

Transcurrieron unos minutos más, hasta que por fin, pudieron divisar la ciudad flotante.

-¡Allí está!-señaló animado Link, mientras seguía elevándose-Pero… ¿no está un poco lejos? ¿Cómo llegaré allí desde aq…?

De pronto, el haz de luz desapareció, haciendo que el hyliano cayese irremediablemente.

-Link, usa la capa de Roc. Extiende tus brazos.-le indicó Fi, quién levitaba a su lado.

Obedeció al momento, sintiéndose enormemente aliviado cuando confirmó que dicha prenda funcionaba, encontrándose en ese momento planeando.

-Por qué poco…-suspiró-¡Shad tenía razón! ¡Funciona!

-Ahora debes centrarte en llegar a la isla. Mantén el rumbo fijo y aprovecha las corrientes de aire que confluyen por esta zona. Pero ten cuidado, el viento podría desviar tu ruta fácilmente.

Y así hizo. Le resultó algo complicado maniobrar en el aire, con la falta más que evidente de luz complicándole las cosas. Pero incluso así, logró llegar Celestia y se preparó para aterrizar.

Más una desafortunada ráfaga de viento, lo empujó lejos e hizo que perdiera el equilibrio, cayendo irremediablemente al vacío. Desesperado, usó su zarpa con la esperanza que se clavase en la estructura flotante y lo logró. Recogió rápidamente la cadena, dada la precariedad de su agarre, quedando aferrando a la pared. No podría permanecer allí mucho tiempo, el viento acabaría por derribarle de nuevo, por lo que en un nuevo intento, volvió a usar la zarpa para engancharse unos metros más arriba. Pero esta vez, no resultó.

-¡¿Qué hago ahora, Fi?!-gritó mientras se agarraba con todas sus fuerzas, soportando el incesante viento.

-Intenta usar el látigo como si de una cuerda de escalada se tratase.

Con gran dificultad, logró agarrar el látigo y seguir las indicaciones de Fi. Al lanzarlo se sorprendió de su elasticidad y cómo había duplicado su tamaño. Los colmillos de la cabeza del látigo actuaron como ganchos, agarrándose con firmeza en la roca que conformaba la barandilla a la que quiso llegar. Subió por él con extremo cuidado, llegando al final sano y salvo, aunque completamente agotado.

-Diosas…-respiraba agitado, tumbado en el suelo-Cuando regrese, tengo que darles las gracias esos dos.

Mientras Link se recuperaba de la experiencia, Fi contemplaba el lugar en silencio, absorta en el paisaje que veía.

-Celestia, antiguamente conocida como Altárea y perteneciente a la región de los cielos, Celéstea. Aquí permanecí durante siglos a la espera de servir al cometido del primer héroe.

-Supongo que este sitio te traerá muchos recuerdos. Aunque habrá cambiado bastante desde aquella época, ¿no?

Fi no le respondió, parecía estar concentrada en algo, mirando a un punto concreto. Y a pesar de que él no podía verlo demasiado bien, se acordaba de que en dicha dirección, estaba el lugar donde había tenido una batalla contra Argorok, un dragón que había sido afectado por el poder del Espejo del Crepúsculo.

-Link, detecto la presencia del espíritu de luz Lanayru.

-¡¿Cómo has dicho?!-exclamó alterado-¡¿Aquí?!

-Yo también encuentro extraño tal hecho, pero la evidencia es clara. Y ello hace que mi primera teoría acerca de cómo apareció la barrera mágica cobre fuerza.

-¿A qué te refieres?

-De manera similar a Zant en su momento, Nagahim se habría apoderado de la luz de Lanayru para poder sumir a la provincia bajo su poder. Sólo que en lugar de desperdigarlo, lo ocultó en un lugar prácticamente inaccesible, como este. Además, no sólo se llevó su poder, también al propio Lanayru, para que así no pudiera comunicarse con los otros Espíritus de Luz ni con nadie que pudiera proporcionarle ayuda. Y lo más probable es que haya algo custodiándolo.

-¿Entonces si liberamos a Lanayru, la muralla desaparecerá?

-Probablemente. Mas no es seguro ir al lugar donde se encuentra ahora mismo, la noche dificultaría tu avance en un terreno como este. Aparte, tú debes descansar. Mañana continuaremos con nuestra labor.

Link asintió, pues si bien tenía ansias por librar cuanto antes a la provincia de Lanayru de su encierro, no quería tener más accidentes de los ya ocurridos.

Sabía en qué lugar podría dormir esa noche, en la tienda Uca cercana a la laguna en la cual había aterrizado la primera vez, y recordaba bien el camino hasta allí desde donde se encontraba.

El paseo no fue muy largo, pero por alguna razón se le hizo inquietante. La vez que había estado allí había recorrido la ciudad de día, pero eso no era lo que le perturbaba. No había visto a los monstruos de la última vez que estuvo allí. Ni tampoco a los Uca. Quería pensar que todos ellos eran criaturas diurnas y estarían descansando en alguna parte, pero seguía sin estar tranquilo.

Finalmente, llegó a la laguna. Pero…muchas cosas habían cambiado. El nivel del agua había bajado algo y en ella flotaban plumas enormes, no podían pertenecer a los Uca. El cañón que anteriormente le había permitido descender al Lago Hylia posteriormente a recuperar el fragmento del espejo, estaba roto. Para mayor desgracia, la tienda también se había visto afectada. Su puerta había sido arrancada y el local estaba totalmente destrozado. La mercancía desperdigada, dañada e inservible. Y peor aún…innumerables pequeñas plumas estaban dispersas por el lugar, así como éste estaba teñido con manchas de un inconfundible color rojo.

-¿Qué ha ocurrido aquí?-habló Link, desolado-¿Acaso todos los Uca han…?

-Negativo.-respondió Fi, analizando la estancia-Su número es escaso y se encuentran ocultos, pero todavía hay supervivientes. Les ha ocurrido igual que con el resto de criaturas que poblaban este lugar.

-¡¿Pero quién ha podido cometer esta masacre?!

-En base a los indicios y a mis análisis, se trata de una especie de ave gigantesca. La razón de su conducta podría ser la búsqueda de alimento y posiblemente se trate también del guardián que custodia ahora a Lanayru.

-Así es…

Oyeron aquella débil voz, parecía ser la de un infante. Era del pequeño Ucanene, que voló rápidamente hacia Link, temblando de miedo.

-¿Eres tú el Uca que nos seguía desde hace un rato?-preguntó Fi, quien no estaba sorprendida con su presencia.

-¡Has venido! ¡Sabía que vendrías a ayudarnos!-exclamó feliz el niño-¡Tienes que salvar a mamá!

-¿Qué le ha ocurrido a tu madre?

-¡Se fue a derrotar al monstruo! ¡Quería rescatar a ese espíritu para que se librase de él!

-¿Hace cuánto que se fue?

-Una semana…

Link se mantuvo en silencio unos instantes, haciéndose a la idea.

-¿Y has estado solo todo este tiempo? ¿Dónde está el resto de tu raza?

-Están escondidos, no quieren salir porque tienen mucho miedo. Ese monstruo llegó y comenzó a cazar a otros para comérselos. Pero vio que nosotros éramos débiles y también fue a por nosotros. Atacó esta tienda cuando el dueño trataba de proteger a varios de nosotros…ninguno se salvó. Ahora…somos muy pocos.

-Maldición…-rugió entre dientes, enojado-¿Y cómo es esa bestia?

-¡Es un pájaro grande! ¡Enorme! ¡Como aquel dragón! ¡Tiene unas garras grandes y afiladas! ¡Y un pico muy puntiagudo! ¡Y lleva una máscara!

-¡Espera! ¿Una máscara?

-¡Sí! ¡Y al cuello llevaba un collar de cuentas de luz! ¡Mamá decía que ahí estaba atrapado ese espíritu!

-Sé quién es…Kranos, el ave que sirve a Nagahim.-apretó su puño, furioso-Esa maldita alimaña…ya es hora de que ajustemos cuentas.

-¡Sé que lo conseguirás! ¡Derrotaste a muchos monstruos cuando recorríamos las mazmorras! ¡Y también le diste su merecido a ese malvado dragón!

-Ucanene, ven conmigo.-se decidió rápidamente, colocando al niño bajo su gorro-Te dejaré en un lugar seguro y luego iré a por esa bestia.

-Link, detente.-le ordenó Fi-Vuelvo a repetir que hasta el amanecer es peligroso que vayas a donde se encuentra Kranos. Y debes descansar, no podrás pelear decentemente en estas condiciones.

-Es cierto, no hay prisa.-habló el infante, saliendo del gorro y revoloteando alrededor-Podemos esperar hasta mañana.

Link calmó sus ánimos, era cierto no podía actuar tan impulsivamente. Mas el lugar donde había escogido descansar sólo lograba ponerle más nervioso aún. No le quedó de otra, se acomodó como mejor pudo y trató de conciliar el sueño, algo que se le hizo bastante difícil.

XOXOXOXOXOXOXO

A la mañana siguiente, apenas saliendo el sol, Link se despertó sintiéndose como si no hubiera descansado nada. Se levantó y salió para espabilarse, acercándose a la charca para beber y lavarse la cara.

-¿Nos vamos ya?-habló Ucanene, que había estado durmiendo bajo el gorro de Link todo ese tiempo.

Él asintió, decidido. Avanzó por la ciudad sin apenas problemas, notando más desperfectos que la última vez que vino y sobre todo, la ausencia total de vida por los alrededores.

Terminó llegando al lugar de la batalla, caminando con sigilo mientras subía a lo alto, para encontrarse finalmente con la bestia. Estaba todavía durmiendo, enroscado sobre sí mismo, ocultando su cabeza bajo un ala.

-¿No vas a aprovechar que está durmiendo?-le preguntó Ucanene, revoloteando detrás suya.

-¿Qué haces aquí? Pensé que te habías quedado atrás, en un lugar seguro, como te dije anoche.

-No te preocupes, sé esconderme bien. Y recuerda que puedo teletransportarme.

-Ah, cierto…lo demostraste en alguna mazmorra. Igualmente, escóndete.

Después de que el niño Uca le obedeciese, Link trató de planear una estrategia. Quería evitar entrar en combate si antes podía liberar a Lanayru, cuyo poder estar retenido en el collar que ahora llevaba el ave al cuello. Ello le daría una clara ventaja para más tarde enfrentarlo.

Mas sólo disponía de flechas, el látigo, la zarpa, la capa de Roc, su escudo y la Espada Maestra. Y mientras tres de cosas no le servían mucho, el látigo y la zarpa tenías sus inconvenientes, ya que al manejarlos podría alertar fácilmente al pájaro.

Así que no le que quedó otra opción que la más arriesgada, acercarse y arrebatárselo. El monstruo mantenía su cabeza oculta, pero parte de su cuello estaba expuesto y era medianamente visible el collar. Por lo menos, esperaba que no le viese. Se acercó con sigilo y consiguió colocarse a su lado.

Quiso agarrar su espada para cortarlo, pero de repente, fue lanzado por los aires por la fuerza de una de las alas de Kranos. Le había descubierto. La bestia se levantó, imponente, y furiosa. Su ánimo empeoró cuando descubrió que se trataba de Link, desplegando las alas y lanzado un poderoso grito a los cielos.

Link apenas tuvo tiempo de reaccionar a su embiste, consiguiéndolo esquivarlo por poco. Fue entonces cuando comenzó a batir con fiereza sus alas, cuya fuerza creó un viento lo bastante potente para impedirle avanzar y peor aún, tirarle de la plataforma donde se encontraba.

Logró salvarse de la caída agarrándose con una mano al borde de la misma, pero Kranos no le dejó tiempo de subir, cargando contra él sin piedad y mandándolo de nuevo a volar. El espadachín sacó la zarpa y apuntó a la barriga del monstruo, enganchándose a ella pero sin provocarle algún daño. Esquivó su afilado pico a tiempo, quedando para desgracia del monstruo, clavado el suelo.

Link vio la oportunidad de hacerse con el collar, pero sus alas se lo impidieron, apartándolo bruscamente. Apenas volvió a levantarse, Kranos liberó su pico. Quiso probar a dispararle algunas flechas, recordando la vez que en Dominio Zora en que una flecha del Rey Ralis le había dejado tuerto. Pero no resultó, fácilmente las repelió con sus poderosas alas y alzó el vuelo.

Tenía una piel demasiado dura. Sólo dispararle en una zona sensible como los ojos o usando la Espada Maestra, podría provocarle algún daño. Y claramente, la segunda opción implicaba muchos riesgos, sabiendo que tampoco caería tan fácilmente de unos cuantos espadazos.

-Link, procura arrebatarle o romper el yelmo que porta.

-¿No es un distintivo del monstruo? Pensé que sería una protección natural del cráneo o algo así.

-En absoluto, pero sí protege una zona vital del monstruo. Su punto débil, su cresta.

-Gracias por la información, Fi…-comentó, colocándose la zarpa y agarrando el escudo-Eso hará más fácil las cosas.

Sin embargo, el ave seguía en las alturas, volando en círculos alrededor de él. Como en su pelea con Argorok, se habría subido a uno de los cuatro pilares que había alrededor, pero eso sería posible sólo si conservase ambas zarpas.

De pronto, Kranos descendió rápidamente, preparando sus garras para llevarse por delante a Link. Él logró esquivarlas, viendo como éstas rozaban el suelo dejando su recorrido bien marcado. Poco después, el monstruo intentó la misma táctica, haciendo que Link se colocase en posición. Se mantuvo firme con la zarpa, apuntando a su cabeza y esperando que se acercase lo suficiente para dispararla. Y en el momento apropiado, lo hizo, arrancando la preciada protección de su cabeza y dejando a la vista su vulnerable cresta amarilla e intimidante ojo rojizo.

Lamentablemente, no tuvo tiempo de esquivar el golpe de la bestia, a duras penas bloqueándolo con su escudo y quedando bajos las garras del ave. Ésta, furiosa, comenzó a picotear a Link, que se protegía bajo el escudo pero igualmente sentía en su brazo derecho toda la fuerza con la que el monstruo le atacaba. Con gran dificultad, alcanzó a agarrar a la Espada Maestra y con ella apartarlo.

Se levantó y cargó contra él con la espada y el escudo, ahora que estaba en el suelo, pegando un gran salto con el objetivo de alcanzar su punto débil. Kranos lo repelió agitando sus alas y empujándose lejos con el intenso viento creado. Rápidamente, cogió su zarpa y se agarró a uno de los pilares, antes de que el viento le arrastrase fuera de la plataforma. Allí tuvo que soportar una racha de viento fortuita, propia del lugar, que no le dejó tiempo para bajar y evadir por completo un nuevo ataque de su enemigo.

Mas tuvo la suerte de que debido al viento, éste no había podido maniobrar bien en el aire, por lo que el impacto de sus garras y pico no fueron certeros y éstos quedaron enganchados en el pilar y las rejillas que lo cubrían. Link aprovechó para subirse a su espalda, no sin que su oponente opusiera una gran resistencia. Mas cuando intentó clavarle la Espada Maestra, se liberó y alzó el vuelo con Link aferrándose como podía a su cuello. Kranos se agitaba violentamente en el aire, tratando de que se desprendiese de él, como a su vez ejecutaba vertiginosas acrobacias aéreas con la misma intención.

Dada la tenacidad de Link, el monstruo intentó una táctica desesperada. Se colocó del revés, de espaldas al suelo, dejándose caer mientras planeaba con sus alas lo mejor que podía en esa posición. Al ver esto, al guerrero no le quedó de otra que soltarse cuando apenas estaba a unos metros del suelo.

La estrategia no había salido tan bien como había planeado la gigantesca ave, pues resultó dañada y tardó más de lo conveniente en reponerse y levantarse. Ese tiempo fue aprovechado por Link, que corrió rápidamente hacia él y de un tajo, cortó su cresta.

El ave chilló ante el intenso dolor, sufriendo los oídos de Link por ello. La bestia comenzó a sangrar abundantemente por la cabeza, pero ni eso fue capaz de detenerla por completo. Con sus últimas fuerzas, atacó a Link con rápido movimiento de una de sus garras, desgarrando su pantalón e hiriéndole en una pierna. Pero al mismo tiempo, también desequilibró al monstruo y éste cayó al suelo, desangrándose entre vanos intentos por volver a levantarse.

Link, arrastrando su pierna malherida y sangrante, terminó rápidamente con su vida ensartándole la Espada Maestra en el corazón.

Exhausto, se dejó caer sobre el cadáver de su enemigo, tratando de contener la hemorragia de su pierna. Pero pronto recordó que debía liberar a Lanayru, levantándose nuevamente con dificultad y arrancando el collar del cuerpo inerte de Kranos. Lo dejó en el suelo y clavó la espada en una de las esferas de luz que lo componían, provocando una reacción en cadena que terminó por dejar libre al espíritu de luz.

Su regia y resplandeciente figura se alzaba ahora ante él, observándolo y ofreciéndole una reverencia con un profundo agradecimiento.

-"Elegido por las Diosas…nuevamente…merced a vuestro esfuerzo…he sido liberado de las garras del mal. Ahora…la región…también ser verá libre…del yugo del hechicero oscuro."

-¡Wow! ¡Eres gigante!-exclamó el Ucanene, que apareció rápidamente en escena, revoloteando alrededor del espíritu.

-"¿Quién sois?"-preguntó Lanayru, observando el lugar-"¿Acaso…éstas son las tierras que antaño…pertenecieron a los primeros pobladores de Hyrule?"

-¡Sí, eso dicen! Estás en Celestia, hogar de los Uca.

-"Uca…"-hizo una pausa, observando al niño-"Ese…es el nombre que tomasteis…después de lo que os ocurrió..."

-¿Eh? ¿Qué nos pasó?

-"Esta actual forma…no es la verdadera."

-¿Cómo? No entiendo…-el infante estaba confuso, pero recordó algo-¡Ah, sí! Mamá investigaba sobre el pasado de nuestra gente. Por eso viajó a las tierras bajo Celestia. Y una vez, la oí hablar de que nosotros, en un pasado lejano, éramos diferentes a como somos ahora.

-"Es cierto…vosotros…ayudasteis a los gobernantes de Hyrule en el pasado…cuando aquellos que dominaban la brujería…se alzaron para someter al reino. Mas dicho enfrentamiento…trajo consecuencias…a vuestros descendientes. En vosotros recayó una maldición…que degeneró a vuestra raza…con el paso del tiempo."

-Ah… ¿sí? Vaya, ahora entiendo por qué tenemos reliquias que no sabemos cómo las inventamos o cómo usarlas ahora.

-"No fuisteis vosotros…quiénes obrasteis tales logros."

-¿Tampoco? Pero…mamá investigó eso…

-"Sois descendientes…de una raza anterior a los hylianos. Y por largo tiempo…les servisteis a ellos…como a la encarnación divina…de la primera reina que gobernó Hyrule. Vuestra tecnología…es un resquicio de esa era."

-¡¿En serio?!-exclamó entusiasmado-¡¿Y cómo éramos?!

-"Imponentes aves…que a sus lomos...llevaban a jinetes hylianos. Pelícaros…así os llamaban. Hoy…os recuerdan…en el escudo que representa a Hyrule."

Ucanene se aproximó a Link, mirando con interés su escudo. En él, se veía la silueta roja de un ave. El niño se emocionó, imaginándose como una gran ave capaz de volar libre por el vasto cielo.

-"Cuando los hylianos abandonaron los cielos…vosotros os quedasteis…y evolucionasteis. Os volvisteis errantes…vagando por los cielos…se os conocía…como la raza Watarara."

-Wata… ¿qué?

-"Habéis permanecido por siglos aquí…esperando que la maldición desapareciera. Hoy…sigue latente en vuestros cuerpos…pero es débil. Mas con mi poder…llegó el momento…de liberaros."

Lanayru rugió y su cuerpo se iluminó, cegando a todos, y esparciendo su poder sagrado por toda Celestia. Y cuando por fin se pudo ver, algo había cambiado.

Ucanene ya no era una pequeña cabeza con alas. Su apariencia había cambiado a la de un niño, con rasgos propios de un ave como poseer pico, plumas y garras en lugar de pies.

-¡¿Eh?! ¡¿Qué ha pasado?!-exclamó asombrado, mirándose por todos lados-¡¿Así es como soy de verdad?!

Lanayru asintió. Poco después, aparecieron volando torpemente más de sus congéneres, extraños y aún acostumbrándose a su nuevo cuerpo. A diferencia de Ucanene, que al parecer era el único niño de su clan, los adultos presentaban alas en sus brazos, otorgándoles un mayor aspecto aviar.

La mayoría de ellos no hablaban el idioma de Link, por lo que éste sólo podía escuchar sonidos propios de los animales a los que se parecían, pero veía claramente la confusión en sus rostros y también el espanto cuando miraban al cuerpo de Kranos.

Y de pronto, para sorpresa de todos, apareció volando otro de ellos, más grande y de aspecto regio. Aterrizó junto a Lanayru, mostrando un porte elegante y femenino.

-¡Hijo, te ves adorable en tu nueva forma!-exclamó alegre la Uca, extendiendo las alas-¿No vienes a darle un abrazo a tu madre?

Ucanene salió corriendo junto a ella, inmensamente feliz.

-¿Dónde estabas? Te fuiste hace una semana y no regresaste…-expresó con lágrimas en los ojos.

-Ese temible monstruo me descubrió cuando trataba de robarle su collar mientras dormía, hiriéndome. Logré escapar y guarecerme, pero no había podido salir de mi escondite por mis heridas.

Ucayaya miró a Link, acercándose junto a su hijo.

-Una servidora debe darte las gracias de nuevo, joven. No sólo nos ha salvado de esa horrible criatura, sino que has conseguido que los Uca volvamos a ser como antaño lo fueron nuestros antepasados.-entonces, se fijó en la herida de Link-¡Ay, ay, ay! ¡Qué desgracia más mala! ¡Estás herido! ¡Hay que curarte rápido esa pierna!

-"Héroe elegido por las Diosas…ahora regresaré a mi región…donde terminaré mi labor pendiente."

El espíritu se volvió una esfera de luz y se perdió entre las nubes, dejando a Link al cuidado de los Uca.

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La princesa Zelda realizaba un paseo rutinario, mezclándose y atendiendo a sus gentes refugiadas dentro de los límites del castillo. Era acompañada por Ilia, que si bien como su enfermera no estaba de acuerdo en que realizara esa clase de esfuerzos, le parecía bien que su soberana oyese a sus súbditos.

Algo en el cielo llamó la atención de todos. Una esfera de luz caía como si de una estrella fugaz se tratase, e iba en dirección al Lago Hylia. No se oyó nada cuando pareció haber colisionado, pero sí pudo verse una intensa explosión de luz incluso desde allí. De pronto, el suelo comenzó a temblar, cundiendo el pánico. Aquello les recordaba demasiado a cuando aparecieron las murallas mágicas…pero éstas, ahora, estaban cayendo. Los vigías de dentro y fuera del castillo no daban crédito a lo que veían sus ojos, propagando rápidamente la buena noticia que elevó el ánimo de todos.

-¡Majestad! ¡¿Lo ha visto?! ¡Link lo ha conseguido! ¡La región ha quedado libre!-exclamó emocionada Ilia, con lágrimas en los ojos.

Zelda respiró aliviada, esbozando una sonrisa. Ahora, le quedaba esperar el regreso de su amado y sus amigos.

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-¡¿Cómo es posible?! ¡Las murallas se están derrumbando!-gritó Nagahim, viéndolo todo con la ayuda de un telescopio, desde su ubicación en el Desierto Gerudo.

-¡Je, je! ¿Ahora sabes lo que es que arruinen tus planes sin tener otra alternativa?-comentó burlonamente Ghirahim, que se encontraba a su lado-Al final, tu plan de confinar al espíritu de luz Lanayru en la antigua Altárea no era tan perfecto.

-¡Cállate, maldito demonio!-le ordenó, furioso-¡Maldición! ¡Ahora tendré que adelantar el ritual!

-Respecto a ese ritual… ¿me vas decir de una vez que andas preparando? Me molesta que no satisfagan mi curiosidad cuando lo pido reiteradamente.

-¡Ya te he dicho que es asunto mío! ¡Sólo yo estaré presente cuando la Trifuerza del Poder aparezca!

-¿La Trifuerza del Poder? Espera…-le miró desconfiado-¿No estarás de tratando de traer a la vida a…?

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En un pequeño habitáculo que habilitaron para atender a Link, éste recibía tratamiento de la mano de la amable Ucayaya. Su hijo permanecía dormido cerca de allí, descansando después de un intenso día.

-Una servidora te pide disculpas.-habló Ucayaya, mientras le vendaba la pierna-Apenas sé de la magia de mis ancestros, o quizás sería más correcto decir, de los tuyos. Ojalá pudiera usarla para sanar esta herida tuya.

-No importa, con algo de reposo, estaré bien.-le quitó importancia el joven-¿Y qué hay de los tuyos?

-Muchos han perecido bajo las garras de ese monstruo, pero los que quedamos nos encontramos bien.

-Me alegro, habéis pasado por algo horrible. No deberíais haberos visto envueltos en la locura de ese maldito hechicero contra el que Hyrule está luchando ahora.

-Joven…-hizo una pausa, seria-Respecto a eso…servidora tiene una petición que hacer a tu reino.

-¿Cuál?

-Que nos permitáis unirnos a vuestra lucha.

-¡¿Cómo?! ¡Pero acabáis de sobrevivir a un exterminio! ¡Vi a tu gente aterrada con sólo contemplar el cuerpo de Kranos!

-Lo sé, pero lograré convencerles de que se unan. Tú, joven, nos has salvado dos veces y has conseguido devolvernos nuestra verdadera apariencia. Queremos hacer algo para ayudar y saldar nuestra deuda contigo.

-Pero es peligroso…vosotros lleváis siglos aislados casi por completo del mundo y no sabéis pelear.

-¡Pues aprenderemos! ¡Y si no podemos, ayudaremos de todos modos! Nuestros antepasados ayudaron a la Familia Real cuando lo necesitaron y los que hoy vivimos continuaremos su labor.

-Ya ayudasteis bastante durante las obras de reconstrucción del Castillo de Hyrule. En serio, es mejor que permanezcáis aquí en los cielos, a salvo.

-Joven, este lugar ahora tampoco es seguro…-comentó con tristeza-No mientras ese malvado hechicero siga haciendo de las suyas. Y yo no puedo quedarme aquí sin hacer nada al respecto.

-Bueno…-suspiró Link, rindiéndose-Si es lo que queréis hacer, el reino de Hyrule y yo os estaremos muy agradecidos.

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Varios días habían pasado desde que la provincia había dejado de estar incomunicada.

En ese tiempo, pobladores de Kakariko y la tribu Goron se habían unido a la lucha accediendo por la puerta oeste de la ciudadela, en la que se había construido un precario puente debido a que el anterior había sido destruido durante la aparición de la barrera mágica.

También el joven rey Ralis se había personado en la ciudad, dado que era la ubicación más segura de toda la región, así como para coordinar mejor a sus tropas junto con las hylianas.

Además, Midna y su grupo habían logrado regresar. Ellos y sus caballos habían subido por las murallas de la ciudad gracias a unas grúas instaladas recientemente en algunos puntos de las mismas, que facilitaba las cosas a los soldados al no poderse acceder a la ciudad por las puertas del este y el sur.

Shad había llegado en pésimas condiciones, pero ahora se recuperaba en la enfermería del castillo, siendo tratado por los mejores médicos y magos. Pero no habría llegado vivo si no hubiera sido por Ashei, quien, con sus conocimientos médicos, fue capaz de amputarle el brazo gangrenado antes de llegar. Aquello fue una operación difícil, nunca antes lo había hecho y los pobres medios de los que disponía tampoco le habían ayudado. Pero gracias a la asistencia de la Twili, pudo arreglárselas. El estudioso sufrió mucho después de que le cercenaran el brazo, debido a la ausencia de anestesia, aunque la guerrera durante la operación se había ocupado de dejar inconsciente a Shad utilizando "métodos poco convencionales".

Ahora, las dos princesas paseaban por muros que delimitaban y protegían el castillo, hablando mientras patrullaban y saludaban a los soldados.

-¿En serio no te incomoda estar ahora bajo esta barrera?-le preguntó Midna, todavía impresionada con eso-Me recuerda demasiado a la que creó Ganondorf para aislar el castillo. ¡Qué irónico que ahora lo proteja! Pero reconozco que tiene su mérito. Algo así sólo sería posible utilizando el poder la Trifuerza, y hasta me atrevería a decir que sólo el fragmento del poder podría hacerlo.

-Ya…-disimuló bien, mostrándose impasible-Es imponente, lo sé.

-Pero la duda que me corroe es otra…-cambió de tema, preocupada, mirando en la dirección en la que se encontraría el Lago Hylia-¿Dónde estará? Si ha vuelto a usar el mismo sistema para bajar que la última vez que vinimos, habría acabado en el Lago Hylia. Y no es que ahora esa zona sea precisamente segura.

-Pero ya oíste a Ralis. Si hubiese estado en el Lago Hylia, los Zora lo hubiesen detectado.

-¡¿Entonces dónde andará ahora?!-exclamó molesta-No debería haberse retrasado tanto. Ya han pasado dos días desde que nosotros llegamos y unos cuantos más desde que ese muro cayó.-miró al cielo-¿Le habrá ocurrido algo ahí arriba?

-Preferiría no hablar de esa clase de cuestiones, si no te importa…-le pidió incómoda, pues todo lo que decía sólo lograba preocuparla aún más.

-¡Alerta! ¡Se han detectado un grupo de criaturas voladoras no identificadas!-oyeron de pronto gritar a un vigía-¡No son un gran número, pero su tamaño es considerable! ¡Y parece que van a aterrizan en la ciudad, frente a las puertas del castillo!

-Majestad, por favor, vaya a refugiarse dentro del castillo.-le pidió un guardia, con una escolta preparada-Nosotros nos ocuparemos de los intrusos.

-¿Pero se sabe a qué aspecto recuerdan esas criaturas?-preguntó con interés la princesa Zelda.

-Según nuestras fuentes, se asemejan a aves antropomórficas. Nunca habíamos visto algo así, por lo que creemos que se tratan de enemigos enviados por Nagahim. Estamos preparando nuestra inminente respuesta armada contra ellos.

Para sorpresa de los soldados y de Midna, Zelda se negó a acompañarles y les ordenó que la escoltaran hasta las puertas del castillo. Había algo que no le encajaba, un vago recuerdo en su memoria, de algo que había leído en el pasado sobre seres similares.

No tardó en llegar a la entrada al castillo, atravesando la protección mágica que ella había creado. Allí, un grupo de soldados amenazaban con sus armas a los recién llegados, que se habían posado en tejados cercanos debido a la hostilidad de los hyrulianos.

Ante la presencia de la princesa Zelda, la líder de esas criaturas bajó y se puso frente a ella. La tensión aumentó debido a ese hecho, pero Zelda les ordenó que bajasen sus armas. En su mirada no percibió el más mínimo atisbo de maldad o peligro, no se sentía en absoluto amenazada.

A su espalda cargaba dos bultos. A su propio hijo, que bajó primero. Y posteriormente, también se dio a ver alguien a quién había estado esperado. Iba apoyado en un bastón, debido a su herida en la pierna.

-¡¿Link?!-exclamó emocionada, pero reprimiendo su impulso de abrazarle en público.

-¡Por fin apareces! ¡Mira que eres lento!-apareció entonces Midna, que sí le abrazó sin ningún complejo-¿Se puede saber qué te ocurrió?

-Digamos que tuve que enfrentarme a un gran inconveniente…-miró entonces a Zelda-Ese pájaro ya no volverá a molestarnos.

-Doy fe de ello…-se acercó a él, mirándole con ternura-Luego usaré mi magia para sanarte.

-¿Qué te ha pasado?-le preguntó desconcertado, ante la imagen de ese parche en su ojo.

-Te lo contaré más tarde…-respondió incómoda, apartando la mirada, como si le diese vergüenza que la mirase.

La princesa miró a quién había traído a su espalda a Link, contemplando sus rasgos.

-¿Vosotros…sois los Uca?-preguntó ciertamente sorprendida.

-¡Sí, lo somos!-exclamó feliz, mientras el resto de sus congéneres aterrizaban tras ella-Hemos vuelto a lo que antaño fuimos. ¿Es posible que tú, joven princesa, recuerdes esta apariencia?

-Es un recuerdo borroso, pero existen algunos documentos a los que sólo tiene acceso la Familia Real que hablaban de esta forma vuestra.

-Supuse que no os habíais olvidado de nosotros y tenía razón.-expresó feliz-¡Pues déjame de decirte que servidora y los suyos hemos venido a ayudar! ¡No permitiremos que ese mago oscuro siga causando problemas! ¡Nuestra raza ha sufrido por ello y clamamos justicia!

Los gritos de guerra de su gente inundaron el lugar, el su propio y particular idioma, claro está.

-Me alegra oír eso.-agradeció la princesa con una leve reverencia-Cuantos más aliados dispongamos, más fácil será alzarnos con la victoria en esta contienda.

-No quiero sonar desagradecida, pero…-Midna dudaba-¿Pero desde cuándo sabéis luchar? No es por ofender, pero antes no erais más que unas criaturas débiles de cuerpos poco..."gratos".

-¡Ya no! ¡Ahora somos fuertes!-exclamó el niño Uca-¡Podemos volar y llevar cargas pesadas! ¡Y manejar bien herramientas o armas! ¡Y nuestras patas pueden serlo también!

-¡Qué niño tan entusiasta!-expresó alegre su madre-Pero eso sólo los adultos, recuérdalo. Tú todavía no posees esa capacidad.

-Lo sé…-cruzó los brazos, decepcionado-Yo antes podía volar. Ahora tengo que esperar a crecer para poder hacerlo.

-¡No tengas tanta prisa, hijo!-rió ella-Y bueno, aparte de nuestros nuevos cuerpos, el joven Link nos ha estado entrenando estos últimos días. No ha sido mucho tiempo, pero hemos progresado bastante. Esperamos continuar nuestro entrenamiento aquí y unirnos a la batalla lo antes posible.

-Está bien…-les indicó la entrada-Pasad, sed nuevamente bienvenidos al Castillo de Hyrule. Espero que no os importe que esté algo más abarrotado que la última vez que vinisteis.

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Los siguientes días la intensidad de la guerra disminuyó, afortunadamente para los hyrulianos. El aumento de tropas disponibles y su moral renovada, así como el retroceso de las tropas de Nagahim que fueron cayeron sin recibir refuerzos, colocó la balanza a favor del reino. Era pronto para cantar la victoria, todos lo sabían, pero no por ello dejaban de esperanzarse ante el prometedor panorama.

Pero no todos andaban tan felices. Link, por su parte, se vio devastado cuando tuvo que hacer frente a las muertes de Bono y Auru. También se enteró de la muerte de dos amigos suyos en el castillo. Eran el cocinero extranjero Francis y la jefa de limpieza Brunilda. Ambos habían perecido durante el ataque masivo al Castillo de Hyrule, cuando algunos monstruos se infiltraron en su interior.

Y también cargaba con la culpa de la muerte de Rusl, aunque ni su familia o el resto de su aldea se lo recriminasen. Al contrario, hicieron lo posible para que Link no se sintiese mal consigo mismo. Aun así, él por voluntad propia decidió alejarse de ellos un tiempo, tal y como había hecho Ilia.

Durante ese periodo estuvo acompañado de principalmente Zelda, que era su apoyo emocional, y de la cual no se había separado desde que llegó. Ella además le puso al tanto de la evolución de la guerra en su ausencia y de otros muchos asuntos.

Aunque había uno, muy importante, que Zelda continuó ocultándole.

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Ella se encontraba en un lugar completamente sombrío. Allá donde mirase, no veía más que oscuridad. Pero curiosamente, no se sentía para nada intranquila.

De pronto, a lo lejos, vio una esfera de luz dorada revoloteando a lo lejos. Parecía estar buscando algo.

-"¿Dónde estará?"-se preguntó aquella luz-"Debería…estar por aquí…este es su sueño..."

-Estoy aquí.-le llamó Zelda, esbozando una ligera sonrisa y alzando la mano.

-"¡Oh! ¡Ya te oí!"-exclamó, dirigiéndose rápido en la dirección contraria la que ella estaba-"¡Ya voy!"

-¿Se puede saber a dónde estás yendo?-preguntó extrañada.

La luz giró al volver a escuchar la voz de Zelda y cambió de rumbo, deteniéndose frente a ella.

-"¡Ji, ji! ¡Te encontré!"-exclamó feliz.

-Ya, ¿te ha costado un poco, no?-bromeó ella, observando el lugar-¿Dónde estamos?

-"En tu cabeza…es un sueño…ahora duermes…"

-Ah, es verdad…-recordó-Me quedé dormida un rato después de que Link y yo…-al momento, paró de hablar, avergonzada-Bueno… ¿por qué estás comunicándote conmigo mientras duermo?

-"No lo sé…sólo…quería estar contigo…"

-Oh…-por un instante, se quedó sin palabras-¿Y por qué no has hablado estos últimos días?

-"He estado…durmiendo…tenía mucho sueño…"-respondió con extrema inocencia-"Y también…estaba esperando…"

-¿A qué?

-"Que le dijeras…que existo…"

Zelda se mantuvo en silencio, algo que sólo ofendió a esa luz.

-"¿Por qué no le hablas de mí? Él…ya está aquí…"

-Link ha pasado unos días bastante duros. La noticia de tu existencia sólo lo habría complicado más.

-"Entonces… ¿soy una preocupación?"

-No empieces otra vez, ya hemos hablado de eso.

-"Sí…pero tus respuestas…no fueron suficientes…"-se defendió, triste-"Me dijiste que me ocultabas…para protegerme…pero…sólo…te proteges a ti misma…"

-Ya empezamos…-resopló molesta, con los brazos cruzados.

-"Tienes miedo…de lo que él piense…sobre mí… ¿por qué?"

-Eso no es cierto.-negó rotundamente-Sólo estoy escogiendo el momento más apropiado para contárselo.

-"También…tuviste miedo…cuando él llegó...tu ojo…eso…te preocupaba…"

-Bueno…-suspiró-Reconozco que había tratado de parecer indiferente a lo que me ocurrió. Sí, me sentía acomplejada por este parche que llevo ahora. Pero…-sonrió-A él no le importó. Incluso bromeó con que así me veía como "la reina de los piratas" y eso le parecía…-volvió a cortar sus palabras, incómoda-¡Ejem! En resumen, que me alegré por sus palabras de ánimo.

-"Lo sé…eres feliz…a su lado…lo noté…antes"

-¡¿Qué?!-soltó de golpe, nerviosa-¿A-a qué refieres?

-"Seguro…él notó mi energía…pasar por su cuerpo…yo estaba feliz…tú me transmitías…tus emociones…"

-Qué situación más comprometedora…-murmuró abochornada-Así que… ¿te enteraste de todo lo que pasaba entre él y yo?

-"¿Por qué estás nerviosa? Eso…es lo que hicisteis…para traerme a este mundo…"

-Vaya, veo que lo sabes…-aquello sólo la incomodaba todavía más-Ojalá pudiera ahorrarme esta misma charla dentro de unos años.

-"Pero…tú…hubieras deseado…que no fuese así…"

-¿Otra vez?-se quejó, molesta-Ya te dije que ese asunto está zanjado.

-"No…no lo está…aquella vez…me obligaste a callar…pero…yo no podría hacer eso…"

-¿Y por qué no?

-"Porque…si nunca te hubiera hablado…te habrías…deshecho de mí…"

Zelda abrió los ojos como platos, impactada al escuchar aquello. Mas no podía responderle, porque, en efecto...tenía razón.

-"Lo sabía…"-expresó la luz, triste y desconsolada-"Nadie…habría sabido que existí…ni siquiera…él… ¿verdad?"

Ella continuó guardando silencio, lo que sólo le daba la razón a sus palabras.

-"Me explicaste…tus motivos…pero…eso me pone…triste…porque…significa…que soy…un problema…"

-Ya te he repetido que todo esto es muy complicado para mí.-resopló, intentando no verse afectada-De todos modos, da igual. Ahora estás aquí y eso es lo que importa.

-"Pero… ¿y si debieses matarme?"-aquella pregunta descolocó a Zelda por completo-"¿Lo harías?"

-¡¿Pe-pero qué estás diciendo?!-exclamó horrorizada-¡No!

-"No lo digo…por mí…es mi poder…lo que importa…"

-¿Qué quieres decir?

-"Si necesitases todo mi poder…yo…te lo daría…aunque ello…me matase…"

-¡Ni hablar!-negó, dolida con idea-¡Te dije que te protegería y procuraría no depender de tu poder más!

-"¿Y si con él pudieras salvar a tu reino o a él? ¿No lo usarías?"

-Eso…-se agarró los hombros, apartando la mirada-No lo sé.

-"No importa…yo…no tengo…miedo…quiero…que estéis felices…juntos…por eso…estoy aquí…"-admitió con una inocente sinceridad-"Pero…si fuese necesario…yo…me iría…"

-¡Quítate esa idea de la cabeza!-negó, alzando la voz-¡Yo no permitiré que eso suceda!

-"¡Ji, ji!"-rió alegre-"Está bien…"

-¿Y ese cambio?

-"Estoy feliz…porque…me has demostrado…que me quieres…"-comentó, moviéndose alrededor suyo-"Antes…no era así…pero poco a poco…lo logré…aun…si soy un problema…"

-Ya…-esbozó una leve sonrisa, mirando aquella luz-Supongo…que tienes razón.

-"Prometo…no volver a hablar…de esto…ya no necesito…más respuestas…"-acordó la luz, colocándose en su hombro-"Pero…habla con él…pronto…"

-Lo haré, créeme…-prometió, no sin dificultad-Sólo déjame encontrar el momento más apropiado. Eso es todo.

-"¿Por qué? ¿A qué le temes? ¿A él?"

-¡No! ¡Claro que no!-negó incrédula-Al contrario, confío mucho en él. Tanto, como para saber sin ninguna duda que tomará su responsabilidad. Pero…eso es precisamente lo que me preocupa.

-"¿El qué?"

-No quiero atarle a dicha responsabilidad. A diferencia de mí, él no está obligado a dejar un legado en este mundo. Y todavía es joven y en su naturaleza habita el deseo de libertad. Algo que cortaría debido a esto.

-"Pero…tú…también…eres joven…"

-Ya he dicho que mi situación es completamente diferente a la suya…-suspiró-Iba a ser mi deber, tarde o temprano.

-"Entonces… ¿qué tienes pensado hacer?"

-No lo tengo nada claro…-reconoció, decaída.

-"Yo sí…es simple…que estemos juntos…los tres…"

-Esa es la opción que más me agradaría…pero también, la más complicada.

De pronto, notaron algo extraño. A pesar de que era un sueño, percibían malas sensaciones proyectadas en el mismo. Como si la verdadera oscuridad, se hubiera adueñado de él.

-"¡No! ¡Es él!"-la luz se escondió tras Zelda, temblando-"¡Tengo miedo!"

-¡¿De quién hablas?! ¡¿Nagahim?!-ella se puso a la defensiva, viendo como una niebla oscura se aproximaba.

-"¡No! ¡No es él! ¡Él pronto despertará! ¡Y-y vendrá a por mí!"

-¡¿Quién?!

-"¡El anterior dueño de la Trifuerza del Poder!"

-Ganondorf…-murmuró en tono sombrío, viendo cómo una forma se materializaba entre la niebla.

Era algo abstracta, pero en ella se podía reconocer algo similar a la forma de bestia de Ganondorf. Y lo más inquietante, fue que le hablara.

-"Tú…"-le llamó con una potente voz ronca-"¡Tú me la robaste!"

-¡No te acerques!-le amenazó Zelda, preparando su magia.

-"Princesa Zelda…"-la miró con fiereza, abalanzándose sobre ella-"¡Devuélveme el poder de las Diosas!"

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-¡Zelda! ¡Zelda!-le llamó Link, abrazándola y tratando de calmarla-¡Despierta!

En ese momento, abrió los ojos, despertándose de aquella pesadilla tan real. Estaba tumbada en su cama, sudando y respirando agitadamente. Link la estaba abrazando, teniendo ella la cabeza apoyada en su pecho desnudo.

Pasaron unos minutos antes de que lograra calmarse por completo, colocándose bocarriba sobre la cama, todavía asimilando lo que acababa de pasar.

-¿Te encuentras bien?-le preguntó Link, preocupado-Debe haber sido una pesadilla horrible.

-"No…ha sido…una pesadilla…es…una premonición…"-oyó de nuevo a la voz-"Tengo mucho miedo…"

-Link…-le llamó en un suspiró-Ganondorf…va a regresar…

-¡¿Es eso cierto?! Pero… ¿Cómo?

-Seguro será obra de Nagahim.-hizo una pausa, mirando al techo-Y vendrá a por mí.

-¡¿Qué?! ¡¿Y cómo lo sabes?!

-Porque…-suspiró, confesándose por fin-Guardo la Trifuerza del Poder en mi interior.

-Eh… ¿cómo?-Link no entendía nada-¿Cuándo la conseguiste?-agarró sus manos, buscando la marca que lo indicaste-¿Y dónde está?

-He dicho que ésta reside en mi interior…-se colocó de lado, mirándole directamente-No que sea yo quien la posea.

-¿Qué…quieres decir?

Zelda agarró la mano izquierda de Link y la colocó en su vientre, mostrándose entonces el símbolo de la Trifuerza rodeando su ombligo.

Él no daba crédito a lo que veían sus ojos, creyendo creer al momento lo que ello significaba.

-Link…-tomó aire, suspirando-Estoy embarazada. Y nuestro vástago, trae consigo el poder de las Diosas que una vez perteneció a nuestro enemigo.

Link se quedó mudo, incapaz de reaccionar. Se sentó sobre la cama, pasándose una mano por el rostro, viéndosele preocupado y nervioso.

-Bueno…-se atrevió a preguntar Zelda, después de unos minutos-¿Qué piensas sobre esto?

Él por fin reacción ante aquella pregunta, mirando entonces a Zelda. Echó la cabeza hacia atrás y suspiró.

-No voy a mentir. Ha sido una sorpresa, la verdad…-admitió, intentando animarse-Aunque, claro, era algo que podía pasar. Sobre todo, al no haber tomado medidas para evitar que ello pasase.

-Lo sé…-reconoció ella, tristemente-Y es por mi culpa. Tanto la primera vez como la segunda, fui yo quién te incitó. Y aún sabiendo a lo que me arriesgaba, me dejé llevar por mis emociones sin pensar en nada más.

-Ey, no digas eso…-se acostó junto a ella, sintiéndose mal-Eso fue algo en lo que ambos estuvimos involucrados por igual. No quiero que afirmes cosas cuando no son verdad.

-Tal vez, pero como princesa de Hyrule, era mi deber.-ocultó la mirada, retrayéndose-Y lo he dejado a un lado, anteponiendo a mis deseos personales.

-Eso da igual, hiciste lo que creíste que estaba bien para ti.-le acarició el cabello, tratando de consolarla.

-Pero ya ves a lo que ha conllevado…-suspiró-¿Tú no estás conforme con esto, verdad?

-Eh…pues…-se colocó mirando al techo, reprimiendo una extraña sonrisa-¿Te sorprendería saber que no es del todo así?

-¿Cómo?-lo miró sorprendida.

-Verás…-se rascó el cuello, nervioso-Tú ya sabes que me gustan los niños, es algo más que evidente. Y honestamente, te confesaré que si nada sobre la Invasión del Crepúsculo hubiera sucedido, muy probablemente hubiera terminado casándome y teniendo hijos con Ilia. Aunque todo ello con algo más de edad, claro. Esa hubiera sido mi expectativa de vida si no hubiera salido de Ordon, tenido mis aventuras y te hubiera conocido.

-Entonces…-le miró ilusionada-¿Estás bien con esto?

-Sí…-se acercó a ella y la besó en la frente, acariciándole a su vez el vientre-Si bien no es que fuera mi intención ser padre tan pronto, ello no quiere decir que no lo acepte.

-Gracias…-suspiró, hundiendo el rostro en su cuello-Me acabas de quitar un peso de encima.

-¿Y has pensado qué haremos de ahora en adelante con el embarazo? No podrás mantenerlo oculto durante mucho tiempo. En algún momento, se sabrá.

-La verdad…es que no lo sé.

-Pues…-él, extrañamente, sonrió-Yo sí que he pensado algo.

-¿El qué?

-Utilizarlo a nuestro favor…-entrelazó sus dedos con los de ella-Ahora que estás embarazada de mí, no podrán oponerse a que estemos juntos.

-Pero socialmente no será aceptado. Si entre la gente común, un hijo fuera del matrimonio se ve con malos ojos… ¿qué esperas del que ha de sucederme al trono algún día?

-¿Y quién ha dicho que yo no vaya a casarme contigo?

-¿Cómo?-se quedó sin palabras, completamente emocionada-Tú…

-Sí, contraeremos matrimonio y me convertiré en el próximo rey de Hyrule.-afirmó con gran convicción-Si tú quieres…claro.

Zelda le abrazó y soltó algunas lágrimas. No en sí mismo porque le pidiera definitivamente comprometerse con ella, si no porque también sabía que la aceptación de su enlace no sería fácil.

-Vaya, te lo has tomado mejor que la vez que casi lo intenté en la isla Koholint.-bromeó un poco, consolando a Zelda.

-Aquella vez me molestó me te tomases esa posibilidad tan a la ligera…-reconoció, recordando aquel momento-Pero ahora, es diferente. Eso sí…-le miró con cierta suspicacia-¿Por qué tengo la sensación de que esto lo tenías pensado desde hace tiempo?

-¡Je! ¡Me has pillado!-rió alegre-Tenía pensado pedírtelo formalmente después de que acabase la guerra, pero ya ves que he debido adelantarme un poco.

-¿En serio? ¿Entonces no lo estás haciendo únicamente porque esté embarazada?

-En absoluto, tomé dicha decisión el día después de que Rusl muriera. Él me dijo que hiciera lo que creyese conveniente en mi búsqueda de la felicidad. Y honraré a su memoria…-le cogió la mano, besándole los nudillos-Así que podría decirse que darte ese anillo fue mi regalo de compromiso y aquella noche, nuestra noche de bodas.

-¿No me lo diste sólo porque Richard quería que lo hicieses?

-Te pertenecía por derecho…y también tenía miedo a no tener otra oportunidad de dártelo. Ya te dije que antes de ese día, mi futuro contigo no lo veía claro.

-Y sigue sin estarlo…-suspiró, opacando su optimismo.

-¿Seguro?-sonrió, acariciándole el rostro-Yo sí lo veo.

-¿Cómo?

-Respecto a nuestro matrimonio y mi coronación, sé que tendré apoyos dentro del reino. Y fuera, el príncipe Richard y puede que también el duque Gustaf. Al fin y al cabo, soy el héroe de Hyrule, descendiente de una familia de Caballeros Reales y de una familia burguesa destacada, con gran influencia política. Guardo además amistad con los líderes o personas importantes de las diferentes provincias, razas y hasta algunas colonias del reino. Y geopolíticamente hablando, aunque el resto de reinos pudiesen mirar extrañados nuestra unión, no supondría para ellos ninguna amenaza.

-¡Vaya, quién lo diría!-exclamó la princesa, muy gratamente sorprendida-¿Desde cuándo piensas así?

-Desde el momento en el que me di cuenta de lo que me hacía falta para poder estar contigo…-la besó tiernamente en los labios-¿Quieres que te cuente entonces mi idea para que lo de embarazo no parezca tan fortuito?

-Cuenta…-sonrió, expectante-Estoy intrigada.

-¿El tesorero real, Grialdo, no guarda una contabilidad en la que registra todas las salidas y entradas de dinero y objetos de valor a las arcas del castillo? Podríamos inventarnos una mentira respecto al Anillo Real, que en realidad se trataría de mi regalo de compromiso, como creo que dejé intuir antes. Haríamos correr el rumor de que nos habríamos comprometido en esa época y que haríamos pública la noticia de un momento a otro, dado mi regreso triunfal de la misión que se me encomendó. Así, aunque al bebé no lo hubiésemos engendrado dentro de un matrimonio formal, al menos estando prometidos no sería tan escandaloso. Incluso, hasta podríamos inventar un motivo por el cual te hubieras apresurado a quedarte embarazada, como pudiera la incertidumbre de la guerra.

-¿Quién eres y qué has hecho con el ingenuo espadachín del que me enamoré?-bromeó ella, jugando a apartarlo.

-Sólo ha madurado y aprendido algunos trucos…-la abrazó, pegándola a su cuerpo y hundiendo la nariz en su cuello-Pero prometo ser un marido y rey fiel y honesto, que sólo usará tales artimañas en beneficio general.

-Ya lo sé…-suspiró, feliz al pensar que aquel plan podría surtir efecto.

-"¡Sí! ¡Por fin estaremos juntos!"-exclamó entusiasmado su retoño, al que sólo podía oír su madre-"¡Quiero ser como él! ¡Déjame hablar con él!"

-"Pero…"-pensó ella-"¿Cómo?"

-"Yo…hablo contigo…por telepatía… ¿tú no podrías con él?"

-"Comencé a aprender dicha técnica cuando era niña, pero hace años que no practico su uso..."-le respondió, desanimando a la voz-Pero lo intentaré.

-¿Qué vas a intentar?-le preguntó curioso Link, dado que ella había pronunciado en alto esa frase.

-¿Qué dirías si supieras…que nuestro bebé es consciente de lo que pasa a su alrededor y puede hablarme?

-¡¿Cómo dices?!-exclamó asombrado, tocando y mirando su vientre-¿En serio? ¿Pero cómo es eso posible?

-Gracias al poder de las Diosas…-colocó una mano en su rostro, juntando sus frentes-¿Quieras oír lo que tiene que decirte?

Link asintió, todavía sin poder creérselo. Zelda se concentró para unir su mente con la de Link, creando una conexión telepática con él. Y tras unos minutos, creyó haberlo conseguido.

-"¿Ya está? ¿Puede oírme?"

-¡Oh, Diosas! ¡Es verdad!-exclamó, muy emocionado-¿Eres tú? ¿Y tú me oyes a mí?

-"¡Sí! ¡Eres tú! ¡Lo conseguiste!"-expresó de igual manera su retoño-"¡Hola!"

-¡Vaya!-rió alegre-¡Qué extraño es esto!

-¿Sabes que puedes comunicarte sin necesidad de hablar, no?-le indicó Zelda, indirectamente pidiéndole que bajara la voz debido a la hora que era.

-Oh, vale…-se concentró, y habló a través de su mente-"¿Y qué vas a ser? ¿Niño o niña?"

-"No lo sé…todavía…"

-"¡Oh, bueno! ¡No pasa nada! Así será una sorpresa cuando nazcas."

-"Oye… ¿podría llamarte papá?"-preguntó tímidamente.

-"Pues…"-se quedó extrañado, se le hacía raro-"Claro, soy tu padre al fin y al cabo."

-"¿Y por qué a mí nunca me habías hecho esa pregunta?"-preguntó entonces Zelda, interesado por ello.

-"Porque…no sabía…si te sentirías cómoda…"

-"Entiendo…"-suspiró-"Pues de ahora en adelante, llámame mamá."

-"¿En serio? ¡Bien! Eso…se hace feliz…"

Los tres pasaron un rato hablando por telepatía, mientras Link quedaba maravillado por todas las cosas que podía contarle su vástago.

-"Papá…mamá… ¿lucharéis contra los malvados que quieren mi poder?"-preguntó de pronto, impactando a ambos-"Yo…no quiero…que os pase nada malo…"

-"Yo lo haré."-aseguró Link, mirando a los ojos a Zelda, convencido-"Os mantendré a ti y tu madre a salvo."

Continuará…

XOXOXOXOXOXOXO

Nota de Alfax: No tengo argumentos para justificar un retraso de seis meses. Sólo puedo decir que lo lamento y que el primer año de carrera ha sido frenético, pues se ha mezclado con otras muchas cosas. Espero, al menos, haber aprendido a organizarme mejor para el siguiente curso.

En fin, os dejo este capítulo, con la promesa de en julio publicar el siguiente.

Ya queda menos para que acabe esta historia, así que si habéis tenido la paciencia de esperarme, os lo agradezco.

Un cordial saludo. Nos veremos dentro de un mes.