Cat se quedó en su despacho, mirando como su asistente entraba en el ascensor y salía de allí. Le había dolido, intentaba disimularlo pero era la realidad. No debería haber dejado que nadie además de Carter consiguiese abrir las murallas que había construido alrededor de su corazón, no debería haberse enamorado de Kara y menos aún haberla besado. Pero había sido tan feliz durante esos pocos minutos… Negó y cogió su móvil de encima de la mesa, mirando que tenía un par de e-mails, uno de ellos del padre biológico de Carter. La mujer apretó tan fuerte el móvil que de haber tenido superfuerza lo habría convertido en polvo, ¿qué quería ese idiota ahora? Abrió el primero de los mensajes, quedándose helada.

10:50. Catherine, tenemos que hablar, he estado pensando que no quiero seguir con la custodia compartida de nuestro hijo, me parece que no es bueno para él, así que deberíamos solucionarlo para que el niño sea feliz. Llámame en diez minutos como mucho, no tengo tiempo como para perderlo esperando una llamada tuya.

Una sonrisa asomó en los labios de la mujer, ¿de verdad estaba dispuesto a cederle la custodia completa de Carter? ¿Qué le había pasado? Él no era el tipo de persona que deja a los demás ser felices, era más bien de los que disfrutaba del sufrimiento de los demás. ¿Por qué iba a hacer algo así? Todas sus preguntas se respondieron con el siguiente mensaje, había sido tan ilusa…

11:17. Catherine, como no me has llamado debo avisarte de las medidas que he tomado respecto al niño, tú ya habrás podido comprobar eres un desastre de madre y no mereces la custodia de nuestro hijo, tras haberlo puesto en peligro tantas veces. Pronto vas a recibir una llamada de mis abogados y una citación para el juicio. Ah, y más te vale no dar mucho por culo ni intentar pelear por él, tengo unas cuantas fotos tuyas bastante reveladoras, deberías controlar más a tus empleados, es muy impropio de ti, aunque eso el juez no lo sabe aún.

-No… Pero si ni siquiera sabe cómo se llama Carter… No puede… –El aparato resbaló de las manos de Cat cuando comenzó a ver las fotos, salía ella con Kara, eran de hacía escasos minutos, ¿cómo era posible? ¿Acaso Kara…? El móvil salió volando por el balcón que daba al despacho de la rubia, cayendo varios metros al suelo, y Cat se dejó caer sobre uno de los sofás, cerrando los ojos y conteniendo las ganas de llorar.

Era asquerosamente rica, tenía una de las empresas más famosas de periodismo y lo único que realmente le importaba, su hijo, su niño, era todo lo que él quería, sabía que solo buscaba hacerle daño, pero no podía usar a Carter para ello, solo era un niño, él no era el culpable de nada, no era justo. Otro de sus móviles sonó, era Carter, ¿cómo iba a hablar con él ahora? ¿Cómo explicarle que su padre al que solo veía algunos fines de semana, de forma casi obligada, quería llevárselo de su lado de forma permanente? Su mano alcanzó el móvil, y su mirada quedó fija en la pantalla, finalmente lo descolgó, tratando de que su voz no sonase afectada o temblorosa.

-¿Carter?

-Hola mamá, ¿te falta mucho? Es que no quiero irme a la cama hasta que vengas.

-No, cielo, estaré allí en una media hora. ¿Qué has cenado? –Se levantó, comenzando a recoger la oficina y dejando todo impecable. Finalmente cogió su bolso y fue hasta su ascensor personal, esperando a que las puertas se cerraran, le pareció ver un movimiento pero no le dio tiempo a identificar que podía ser, ya que las puertas del ascensor ya se habían cerrado para entonces.

-¿Pizza y coca-cola? –Su tono era ligeramente de culpabilidad aunque Cat sabía que el niño estaba riendo, ya que sabía que ella no haría nada al respecto, le preocupaba lo que él comiese pero no quería verlo mal, así que siempre cedía.

-¿Otra vez? ¿Cuándo piensas dejar de hincharte a comida basura? No es sano y te hará engordar, no es bueno –Intentó reprenderlo, aunque le era muy difícil reñir a su hijo, lo quería demasiado como para ponerse seria con él. Pulsó el botón del ascensor para bajar a la planta baja.

-Sabes que a ti también te encanta mamá, no puedes culparme… Porque yo sí me la coma y tú no quieras hacerlo por todo eso de los estereotipos y no sé qué cosas, además, te he guardado un trozo de tarta de chocolate… Ya me lo agradecerás cuando llegues -Le sacó la lengua a pesar de que sabía que no podía verlo.

-Carter, esa lengua, que te conozco. No deberías haberlo hecho, si me dejas chocolate no puedes esperar que no me lo coma, es chocolate…

-Pues por eso mismo mamá, es uno de los placeres de la vida de esos, tienes que comer de vez en cuando –Una leve risa escapó de sus labios, haciendo que Cat se olvidase de su horrible noche y de todo lo que le había pasado.

-A veces hablas como un adulto, ¿podrías hacerme el favor de no crecer? Me gustabas más cuando eras un niño pequeñito y adorable, parecías un peluche gordito y todo –Rio, suponiendo que Carter estaría o sonrojado o casi.

-No digas esas cosas mamá, es incómodo… -Sonrió, negando- Además, te recuerdo que la abuela me enseñó fotos de ti de pequeña y eras casi igual que yo… Que desastre que se hiciesen públicas, ¿no?

-Carter Grant, ni se te ocurra amenazarme -Su voz era seria, aunque ambos sabían que se trataba de una broma, el niño no sería capaz de hacer algo así.- Estaré en casa en veinte minutos, recoge todo y lávate los dientes.

-Vaaaaale, ah, por cierto, alguien ha dejado una rosa en la ventana, ¿debo suponer que es para mí? –Rio levemente, esperando la contestación de su madre.

-¿Qué…? –Profirió un grito asustada cuando los cables del ascensor, tras dar lugar a un fuerte sonido y una violenta sacudida, se soltaron y el ascensor cayó en picado hacia el suelo, sin control alguno.