Code: Lyoko y todos sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.

Advertencias: No.
Palabras: 420.

Día 09.- Escaleras

¿A quién demonios se le había ocurrido la genial idea de guardar todo el material en el trastero de la última planta? Suzanne Hertz estaba que echaba chispas, seguro que había sido la muy maldita de Nicole.

Cargó con una de las grandes carpas de lona, que pesaba al menos 10 kilos, en brazos, con esfuerzo se acercó a las escaleras y las miró con recelo, esperaba no caerse o, al menos, no abrirse la cabeza. La alzó un poco más y bajó el primer escalón con inseguridad, movió el pie para bajar el siguiente, y así hasta llegar al final del primer tramo. En el descansillo apoyó la carpa contra la barandilla y respiró hondo, le sudaban las manos por los nervios y el esfuerzo.

Agarró de nuevo la carpa y, por un momento, se preguntó qué pasaría si la tirase por la barandilla. Suspiró, evidentemente no iba a hacerlo, podría matar a alguien. Resignada volvió a cargarla y encaró el primer peldaño, con cuidado fue descendiendo, concentrada en los escalones, su carga y sus pies.

—Suzanne.

La voz frente a ella la hizo desconcentrarse perdiendo el paso se precipitó al vacío, soltando la carpa en el proceso. Cerró los ojos, al final sí que iba a abrirse la cabeza. Pero no se la abrió, había caído, mas su cuerpo no había tocado el suelo.

Abrió los ojos. Había aterrizado sobre el dueño de la voz que la había desconcentrado. Bajo ella, Jim, se frotaba la nuca con una mueca de dolor.

—¿Estás bien? —preguntó incorporándose.

—Todo en orden —replicó el profesor de gimnasia—. Y tú, ¿estás bien?

Suzanne asintió, sentándose en el último peldaño, se masajeó el tobillo con una leve mueca de dolor.

—Sólo me he torcido el tobillo.

Jim se puso en pie, le dolía el trasero y el codo, pero no iba a admitirlo delante de ella.

—¿Qué hacías cargando ese trasto?

—Alguien ha tenido la magnífica idea de subir mi material al almacén de arriba —soltó con retintín—, y casi me mato.

—Podrías haberme pedido ayuda.

Ella enarcó una ceja.

—Puedo hacerlo yo misma —replicó con un punto de orgullo.

—Bueno, yo… no quería decir eso, pero… en fin, Suzanne. Yo siempre puedo ayudar…

Dibujó una sonrisa traviesa.

—Muy bien, Jim, pues bájame las otras dos carpas y la caja grande al patio, tenemos una actividad escolar que preparar.

El eterno profesor de gimnasia le regaló una sonrisa de dientes blancos, asintió con energía, encantado con poder desempeñar aquella labor con ella.

Fin

Notas de la autora:
¡Hola! Siento que sea tan cortito, estoy un poco malita hoy, la gripe me tiene off. Espero que os haya gustado. Mañana más, espero.