58. Después de la tormenta llega la calma ¿O no?

La pareja seguía conversando, sentados en la cama, sobre lo ocurrido recientemente.

De pronto, el cuerpo de Zelda se paralizó y en su rostro se dibujó una expresión de horror, tapándose los oídos. Su corazón latía con fuerza, temblaba, mientras respiraba agitadamente.

-¡Zelda!-reaccionó Link, intentando calmarla-¡¿Qué ocurre?! ¡¿Te duele algo?!

Zelda, tan repentinamente como se congeló, se levantó bruscamente y se acercó a una ventana, oteando el horizonte con premura.

-Zelda, ¿qué está pasando?-se acercó a ella, agarrándola delicadamente.

-¿Acaso no lo oíste?-le preguntó, muy nerviosa, incapaz de calmarse.

-¿Oír el qué, Zelda?-insistió, confundido y preocupado-Cálmate, tal vez haya sido producto de tu fiebre de ayer.

En ese momento, la joven sintió un fuerte dolor en el vientre, que la hizo hincarse de rodillas. Éste brillaba intensamente con la luz de la Trifuerza y Zelda fue incapaz de contener un horripilante grito de dolor. Tras eso, quedó muy mareada y temblando levemente, sostenida por los brazos de Link.

-¡Zelda! ¡Zelda! ¡¿Qué ocurre?! ¡Dime algo!

-Ga…-pronunció sin aliento-Ganon…ha…

-"¡Papá! ¡Despertó!"-oyó de pronto la voz de su vástago-"¡Me atacó! ¡Un rugido muy fuerte! ¡Muy lejos! ¡Mamá me protegió! ¡Quiere romper la barre…!"

Su frase se cortó cuando su madre se desmayó, alarmando aún más a Link. Y escasos segundos después, la barrera que protegía el castillo se quebró, espantando a todos los que estaban observando el suceso.

Poco tardaron algunos soldados en llamar a la puerta de los aposentos de su señora, alertando rápidamente a todo el castillo. Pronto cundió el pánico, Link no supo cómo manejar esa situación, apenas alcanzaba a explicar lo sucedido.

Entonces, Fi salió de la Espada Maestra.

-Link, sígueme hasta la ciudadela. Ghirahim ha aparecido allí.

Él no se lo pensó dos veces, corriendo tras Fi siguiendo sus indicaciones.

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Llegado al punto, una calle en aquel momento, vacía y desolada, encontró a Ghirahim apoyado en una pared.

Sacó la espada y la empuñó contra él, furioso.

-¡Tú!-le amenazó, apuntándole con su arma-¡Tú eres el causante de esto! ¡¿Verdad?!

-¿Yo?-se señaló a sí mismo, arrogante-Sé que eso es lo querrías creer y así no tener excusa para atacarme con esa cosa. Pero siento decirte que no soy yo de quien deberías preocuparte en estos momentos.

-¡Dime la verdad!-se abalanzó sobre él, pero éste se desvaneció y retornó a unos metros de él-¿Qué le ha ocurrido a Zelda?

-¡Je! Dímelo tú.-sonrió con orgullo, esquivando con facilidad los golpes de Link-Creo suponer que has visto en persona cómo ha acontecido todo.

Link continuó atacándole inútilmente, cegado por la furia, mientras Ghirahim se entretenía con él. Entonces, Fi volvió a aparecer frente a él, pidiéndole que se detuviese.

-No sé si debería darte las gracias por detener esta muestra de salvajismo procedente de un ser inferior como él…-habló burlona, aún con intenciones de provocar a Link-U ofenderme por haberme privado de ese delicioso entretenimiento. ¡Ju, ju, ju!

-¡Cierra la boca y sé directo! ¡¿Por qué estás aquí?! ¡Y concretamente ahora!

-¡Sí, lo sé! Ha sido muy descortés por mi parte no haberme pasado a saludar antes, pero he estado ocupado. Pero centrándome en el asunto que nos ocupa, simplemente he venido a hacer gala de mi enorme misericordia.

-¡¿A qué te refieres?!

-¡Calma, hombrecillo! Sólo vengo a avisaros y apiadarme de vuestras condenadas almas. La encarnación de mi señor ha regresado y ahora mismo se dirige a este lugar en busca del último fragmento de la Trifuerza, que le pertenece por derecho.

-¡Y todo ha sido obra tuya y de Nagahim!-extendió su brazo, espada en mano-¡¿Dónde está?!

-Eh, bueno…-se colocó una mano en la barbilla-Digamos que ahora mismo ya no se encuentra en el mundo de los mortales.

-¿Cómo?-bajó la espada, confuso-¿Ha muerto?

-¡Qué se le va a hacer!-extendió las manos, no parecía darle importancia-Son las consecuencias de realizar un ritual de resurrección negándose a escuchar a una eminencia en dicho tema como soy yo, el señor de los demonios. Pero lo peor viene para vosotros, seres del Mundo de la Luz, debido a que la forma que actualmente posee aquel que conocisteis como Ganondorf es inestable y salvaje. Una fuerza que sólo busca la destrucción absoluta. ¡Qué lástima me dais!

-¡¿Y quieres hacerme creer que sólo has venido aquí para soltarme toda esa palabrería?!-le amenazó nuevamente, agitando su arma-¡Algo has tenido que ver con lo que le ha sucedido a Zelda y la barrera!

-¿Sabes? Llegas a ser tan irritante como un mosquito.-cruzó los brazos, molesto-Yo no he tenido nada que ver, o al menos directamente, en lo que le ha ocurrido a tu "querida princesita". Y ha tenido suerte que lo único que haya podido hacerle esa bestia sea tumbar su muro protector. ¡Qué irónico! ¡Se parece a lo que vosotros nos hicisteis con la muralla que os mantenía presos!

-¡¿Entonces qué haces aquí?!

-Nada, sólo vine para contemplar la destrucción que se avecina sobre vosotros.

-¡¿Y no pretendes colaborar tú también?!

-Aunque disfrutase participar de vuestro sufrimiento, lo cierto es que reniego de las formas salvajes de ese demonio descontrolado. Estoy a un nivel muy superior a eso. Además, no difiere de enemigos o aliados, arrasa con todo a su alrededor. Y lo último que quisiera es tener que ejercer mi derecho a la defensa propia contra ese ser.

-¡Ja! ¡Lo sabía! ¡Cobarde!

-Pasaré por alto esa ofensa, lo cierto es que no estoy de humor para partirte en pedacitos en estos momentos.-le miró fijamente, conteniéndose-Por cierto, antes de se me olvide, debo hacerte una pregunta… ¿cómo consiguió esa mujer la Trifuerza del Poder?

-Eso a ti no te incumbe… ¡Lárgate! ¡O te echaré yo a la fuerza!

-Je, je…no te preocupes, creo saber la respuesta.-se giró, dándole la espalda-¿O tu amiga no te ha contado la conversación que mantuve con ella y en qué lugar me encontraba?

Sin concretar nada más, con un chasquido de sus dedos, desapareció ante sus ojos en un aura de oscuros diamantes.

-Volvamos al castillo…-Link resopló, resignado, guardando la Espada Maestra.

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Horas después, un vigía en las murallas de la ciudad detectó a lo lejos la presencia de un gran monstruo, haciendo uso de un catalejo. Su gigantesco cuerpo parecía estar conformado por las mismísimas tinieblas y corría en dirección al castillo, llevándose por delante todo lo que se encontraba a su paso.

Link escuchó las noticias procedentes de los muros exteriores, junto a Midna.

-Ahora está claro que esa cosa viene a por la Trifuerza del Poder y no parece que vaya a ser fácil quitarle esa idea de la cabeza…-comentó Midna, con los brazos cruzados.

El espadachín no respondió, se limitó a marcharse apresuradamente, seguido de cerca por Midna.

-¡Ey! ¡Al menos podrías avisar!

Fue donde se encontraba su yegua, con todos los preparativos hechos, para partir rumbo a la batalla.

-¡Porque no me sorprende!-exclamó sarcástica-¡Si ya lo tenías todo listo! ¿Qué esperabas? ¿Una confirmación oficial?

Él se montó sobre Epona, sin pronunciar palabra alguna, manteniendo el mismo semblante serio que conservaba desde esa mañana.

-¡Vale, no me hables!-al momento, se montó tras él-¡Qué prisas!

-Midna, no deberías venir.-le advirtió, mirándola de reojo-Prefiero que te quedes junto a Zelda y la protejas en el caso de que…no fuera capaz de detenerlo.

-¡Ya, claro! ¿Y perderme la diversión?-bromeó ella, guiñando un ojo-Ya me perdí tu "gran batalla" contra Ganondorf. Y no va a volver a ocurrir dos veces.

-Si es que…-suspiró, resignado-No entiendo como incluso en estas circunstancias, sigues tomándote las cosas tan a la ligera.

-Y a mí me ofende que todavía no me conozcas…-en ese momento, le susurró al oído-No voy a dejar que te maten, ¿comprendes? De nada nos valdría a Zelda o a mí que eso ocurriese. Y mucho menos, a la criatura que esperáis.

Link esbozó una sonrisa nerviosa, indicándole entonces a Epona que caminase. Se montaron en una plataforma movida por una grúa, la única manera de acceder con caballos a la zona este de la Pradera de Hyrule. Desde esa dirección, se aproximaba el monstruo.

Una vez su yegua pisó el suelo, le ordenó galopar. Se alejó de la capital, únicamente teniendo como testigos a los soldados que le ayudaron, pues no le había comunicado a nadie sus intenciones de confrontarse directamente con aquel demonio. Ni siquiera…a Zelda, quien había recobrado la consciencia y cuya debilidad había sido objeto de discusión al insistirle que descansase. Él no estaba cómodo habiendo dejado las cosas así con ella.

Cabalgaron por un largo rato, hasta que por fin, se encontraron con la criatura. Éste seguía su avance imparable rumbo al castillo y no les prestó atención en un primer momento. Pero unas decenas de metros después, frenó. Puso su visión en ellos y rugió, asustando a Epona.

-¡ME ACUERDO DE VOSOTROS! ¡OS ENFRENTÁSIS CONMIGO UNA VEZ! ¡PERO VUESTRA VICTORIA NO VOLVERÁ A REPETIRSE!

-Vaya, ¿no te recuerda un poco a una de las formas que adquirió Ganondorf?-comentó Midna, observando a su enemigo-Sí, más grande y amenazante, pero en esencia lo mismo. O eso espero…

La bestia cargó contra ellos, pero Epona logró evadirlo a tiempo. Se hacía evidente que aquella batalla la llevaría al límite de sus fuerzas.

-Es enorme…-exhaló Link, observando a su oponente-¡Midna! ¡Fi! ¿Sois capaces de averiguar su punto débil?

-Pues yo la verdad es que no lo sé.-negó Midna, preocupada-De momento no he visto una debilidad clara en él.

-"Yo tampoco he encontrado, de momento, su punto débil. Necesito más de tiempo."

De pronto, el monstruo exhaló una bola de fuego que hizo retroceder a Epona y tiró a ambos a suelo. Rápidamente, el monstruo se aproximó a ellos, quedando a su merced.

Alzó una de sus imponentes garras contra ellos, pero Midna le bloqueó invocando dos grandes manos negras, semejantes a las criaturas que habían custodiado los Taiyo en el Palacio del Crepúsculo. Una de ellas permaneció aprisionando la garra, mientras que la otra trató de tumbar al monstruo agarrando otra de sus patas.

Mientras tanto, Link usó la Espada Maestra para cercenar uno de los largos cuernos que poseía la criatura, que amputó no sin dificultad. La hechicera consiguió derribarlo, y el espadachín se movilizó para encontrar alguna zona vulnerable en esa nueva posición. En su espalda vio unos extraños símbolos, quizás vestigios del ritual de invocación al que había sido sometido.

-"¡Link! ¡Esto es su punto débil!"

Sin dudarlo, clavó con fuerza la espada en el centro de aquellos símbolos. Pero para su sorpresa, no surtió efecto, más allá de molestar a la bestia. Link se aferró al mango de su arma, que permanecía incrustada en el lomo del monstruo, mientras éste se ponía en pie. Terminó sobre él, sujetándose con firmeza mientras la criatura se revolvía intentando quitárselo de encima.

La espada acabó desclavándose y Link salió despedido a unos metros del demonio. Y antes de que lograse levantarse, lo mandó a volar nuevamente de un zarpazo, quedando tendido en el suelo.

Trató de rematarle ensartándole su afilado cuerno restante, pero Midna reaccionó rápido para con sus manos mágicas agarrarlo y tirar de él, con tanta fuerza que logró partirlo y tirarlo nuevamente al suelo. Ella entonces corrió a socorrer a Link, quien a duras penas podía levantarse.

Para desgracia de ellos, mientras retornaban a montar sobre Epona, vieron como se regeneraba la cornamenta de la criatura.

-¡SERES INSIGNIFICANTES! ¡NO PODÉIS COMPARAROS CON MI PODER!

-¡Oh, genial! ¡De nada nos ha valido el esfuerzo!-se quejó Midna-¿Es que acaso todas sus heridas van a sanarse igual?

-"Tengo la teoría de que si lográsemos infligir un daño significativo en centro de los símbolos que tiene en su espalda, perdería dicha capacidad."

-¿Y cómo vamos a hacerlo? ¡Ya viste que la Espada Maestra no le hizo nada!-exclamó frustrado Link, sin quitarle la vista a su enemigo.

-"Es posible que se necesite la ayuda de otro poder sagrado. Y sólo existe otro, aparte de la Espada Maestra, que pueda hacer frente a las distintas encarnaciones del rey demonio."

-¡Zelda!-le interrumpió Link-¡No! ¡Ni hablar! ¡Viene a por ella! ¡Y está demasiado débil!

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"El joven entró por la puerta con rapidez, nada más habiéndose enterado minutos antes del despertar de su amada. Pero se llevó un enorme disgusto cuando vio que ella estaba colocándose su armadura de guerra, incluso cuando una sirvienta y enfermera de su alrededor le rogaban que se detuviese.

-¿Qué estás haciendo, Zelda?-el tono con el que se pronunció inquietó a las asistentas, mas no llamó la atención de la princesa.

-Nada más que cumplir con mi deber.-contestó mientras se colocaba un guardabrazo, sin dirigirle la mirada.

Transcurrieron unos tensos segundos antes de que la princesa Zelda volviera a hablar.

-Ustedes dos, retírense.-les ordenó a las muchachas, quienes se marcharon al momento.

Quedaron solos en la habitación, sin pronunciar palabra. La princesa fue a coger otra parte de su armadura, pero Link se lo impidió, agarrándola de la muñeca.

-Suéltame, Link.-le exigió, mirándole fríamente-No vas a hacer que cambie de opinión.

-No voy a permitir que luches, Zelda. No pondrás en riesgo a ti misma o al bebé. Sólo mírate, apenas puedes tenerte en pie.

-Eso es sólo pasajero…-evitó mirarle, sus piernas temblaban ligeramente-Además, ahora que la protección del castillo ha caído, puedo utilizar el poder que la mantenía para enfrentar a nuestro enemigo.

-¡He dicho que no!-explotó de pronto, agarrándola de los hombros y mirándola fijamente-¡Zelda! ¡Por las Diosas! ¡Escúchame por una vez! ¡¿Lo que pasó esta mañana no te importa?!

-¡Claramente! ¡¿Por qué crees que hago esto?!-se zafó bruscamente de él, apartándolo.

-¡No puedes luchar, Zelda! ¡No puedes forzarte más!-le recriminó, enojado-¿O crees que soy tan ingenuo como para no haberme dado cuenta de que estás al límite de tus fuerzas?

-¡¿Y acaso serviría de algo quedarme aquí tumbada esperando a que ese monstruo esté frente a las puertas de la ciudadela?!-insistió, dando un paso hacia él-¿Acaso…?

Antes de que pudiese dar un segundo paso, un dolor intenso recorrió su cuerpo y la obligó a arrodillarse, apoyando una de sus rodillas en el suelo y una mano en el borde de la cama. Link se agachó junto a ella y la ayudó a levantarse, sentándola en la cama. Entonces, la abrazó.

-¿Por qué sigues insistiendo, Zelda? ¿Por qué?-le preguntó, triste-¿No confías en mí? ¿Crees que no puedo enfrentarme solo a ese demonio?

Pasaron unos segundos, en los que Link mantuvo su agarre a Zelda. Ella respondió.

-No.-dijo tajante-No creo que puedas enfrentarle tú solo.

Aquellas palabras devastaron el orgullo de Link, separándose de ella y mirándola lleno de asombro.

-¿C-cómo has dicho?

-Que no puedes hacer esto tú solo. Del mismo modo, yo tampoco puedo hacerlo sin ti. Cada uno tiene un papel que cumplir. Así ha sido siempre, nuestros destinos están ligados a ello.

-¡¿Entonces yo debo fracasar por obligarte a que te quedes al margen?!-exclamó molesto, levantándose-¡¿Piensas que soy un inútil?! ¡¿Que no puedo protegerte?!

-Creo que has malinterpretado mis palabras.-habló calmada, sin alzar la voz como él-Yo no estoy diciendo que…

-¡¿Qué, Zelda?! ¡¿Que te da igual si puedo o no?! ¡¿Que te importa más tu estúpido orgullo y sentido del deber cuando hasta tus súbditos te han pedido que te mantengas a salvo?!

-¡¿Eso es lo que piensas?!-finalmente, Zelda se enojo y se levantó-¿Orgullosa, yo? ¡Mira quién habla! ¡Lárgate! ¡Vete! ¡Acaba con esa bestia por tu cuenta si es lo que deseas! ¡Veo que no tienes aprecio por tu vida! ¡Pero no me digas lo que yo tengo que hacer! ¡¿Entiendes?!

-¡Está bien!-caminó hacia la puerta-¡Como usted ordene, Princesa!-y cerró la puerta de un portazo."

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Aún seguía arrepentido, no debía haberse ido de tal manera. Pero tampoco era el momento de preocuparse ello, su oponente requería de su total atención.

Llevaban bastante rato manteniendo una feroz lucha y que no parecía mermar las fuerzas de aquella abominación. En cambios, las suyas habían ido en detrimento.

Todo el daño que ellos le infringían no parecía tener efecto alguno, mientras que ellos ya poseían numerosas heridas por todo su cuerpo y sus ropas estaban hecha jirones. Epona seguía galopando mientras respiraba con dificultad. Link sabía que en cualquier momento, su yegua podría colapsar de agotamiento.

De pronto, el monstruo cesó en su ofensiva contra ellos y dejó de perseguirles. Aquello les extraño mucho y pararon a una distancia prudencial.

-Está mirando fijamente al Castillo de Hyrule.-comentó Midna-¿Qué estará…?

En ese momento, el demonio comenzó a acumular energía en sus fauces plenamente abiertas. Y poco después, lanzó bolas de fuegos en dirección al castillo, que cayeron sobre la ciudadela como si de meteoritos se tratasen.

-¡Maldito engendro!-exclamó la reina del Crepúsculo-¡Incluso desde esta distancia puede arrasar la ciudad!

-¿CREÍAIS QUE DE VERDAD ESTÁBAIS CONSIGUIENDO ALGO MANTENIÉNDOME ALEJADO DEL CASTILLO? ¡ILUSOS! ¡NO SOIS MÁS QUE UN ENTRETENIMIENTO PARA MI!

Link, furioso, cargó contra el monstruo y se dispuso a acabar con él como fuese. Sin embargo, la bestia continuó haciendo caso omiso a Link y Midna. Fue entonces cuando ésta última le atacó de frente con su magia, obligándolo a detener su ataque. Miró furioso a ambos y sin que Epona pudiera reaccionar, les golpeó con una de sus garras y los mandó lejos de allí.

La yegua yacía en el suelo, incapaz de levantarse. Link y Midna se encontraban en las mismas circunstancias, y fueron rápidamente acorralados por el monstruo. Indefensos, éste se alzó y rugió a los cielos, dispuesto a aplastarles.

Pero contra todo pronóstico, un imponente haz de luz recorrió el cielo, como una flecha, impactando contra la espalda del demonio. Bramó con intensidad, consumido por el dolor, mientras una enorme cicatriz brillante aparecía en su frente.

-¡¿Qué ha sido eso?!-exclamó Midna, impactada-¡¿Será esa cicatriz que acaba de aparecer su verdadero punto débil?!

Link seguía confundido con lo ocurrido, mientras luchaba desesperado por levantarse.

"Aprovecha mi último regalo, Link…"

Por un instante, creyó escuchar una voz y sintió cómo el corazón se le paraba. Eso hizo que rápidamente pusiera su mirada en el Castillo de Hyrule.

-¿Zelda?-pronunció, nervioso-¿Qué acabas de hacer?

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En las murallas exteriores, en medio de la devastación causada por el reciente ataque de la reencarnación de Ganondorf, se encontraba la princesa Zelda. Portaba un gran arco dorado y su cuerpo resplandecía con la sagrada luz de la Trifuerza. Su arma y aura dorada se desvanecieron al disparar una descomunal Flecha de Luz. Quedó en pie, inerte, con la mirada perdida.

-"Mamá…no deberías…haberlo…hecho…"

-"Era necesario…"-pronunció en su mente, completamente ida-"Pero no te preocupes…tú…estarás bien…"

Cayó de espaldas contra el suelo, siendo socorrida por los soldados a su alrededor.

-"Aprovecha mi último regalo, Link…"-le habló telepáticamente, antes de que se desvaneciera por completo.

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-¡TÚ! ¡¿CÓMO TE ATREVES A USAR ESE PODER EN MI CONTRA?!

El espadachín y la hechicera corrieron hacia su oponente, dispuestos a aprovechar aquella oportunidad. Midna se adelantó, agarrando los dos cuernos de la bestia con sus invocaciones, mientras Link se subía encima para llegar a la parte superior de su cabeza.

Desgraciadamente para Midna, el monstruo no cayó nuevamente en el mismo truco y lanzó contra ella una gran bola de fuego, dejándola fuera de combate. Y al mismo tiempo, también se deshizo de Link, que al menos tuvo tiempo para caer sin recibir daño.

Ahora estaba solo. Ni Midna ni Epona podían ayudarle.

-¡DIME! ¿SIENTES MIEDO AL SABER NADIE MÁS VA A SALVARTE? ¿Y A TI ES A QUIEN RECONOCEN COMO UN HÉROE? ¡PATÉTICO!

El joven espadachín se lanzó por él, esquivando con agilidad uno de su golpes. Seguidamente le arremetió con uno de sus cuernos, que no logró evadir al completo y le ocasionó una grave herida en un costado. Ante esa situación, la bestia decidió aprovechar e ir con todas sus fuerzas contra él, acorneándole. Link saltó y evitó aquel mortal movimiento, quedando los cuernos del monstruo atrapados en el suelo. No le dio tiempo a intentar nada, pues se liberó rápidamente, rompiendo su cornamenta en el acto. Pero a diferencia de la anterior vez, no volvió a regenerarse.

Ese hecho hizo entender a Link que ahora todo el daño que le hiciera sería permanente. Aunque aquella bendición llegaba algo tarde, pues él ya estaba muy herido.

Después un tiempo limitándose a esquivar los golpes de su adversario, el demonio lo atrapó con una de sus zarpas, agarrándole por debajo de los brazos, como si de un muñeco de trapo se tratase.

-¡NO TIENES ESCAPATORIA!

Comenzó a apretar su maltrecho cuerpo, rompiéndole algunas costillas y provocando que emitiese un terrible grito de dolor. Pero incluso dentro de esa agonía, logró empuñar la Espada Maestra para amputar su mano y liberarse.

La sangre corrompida de la bestia frotó de la herida, rugiendo debido al dolor. Link aprovechó para cortar su otra extremidad delantera, dejándole sin apoyo para mantenerse erguido. Mientras el monstruo se retorcía en el suelo, luchando por levantarse, Link caminó con sus últimas fuerzas hacia él.

Cuando tuvo la cicatriz resplandeciente frente a él, alzó la Espada Maestra con ambas manos y la clavó con fuerza. La cabeza del monstruo se agitó con furia, pero él se mantuvo firme.

Finalmente, su enemigo dejó de moverse, consumiendo así su vida. Su maligno cuerpo se desintegró y fue absorbido por la Espada Maestra, nada quedó de él.

La marca de la Trifuerza del Valor y la Sabiduría apareció en su mano izquierda. Link la observó, aliviado, dejándose caer de rodillas al suelo, antes de que todo su cuerpo acabase tendido en la hierba.

-Siento cómo la maldad que amenazaba Hyrule desaparece.-le habló Fi, apareciéndose a su lado-Se acabó, Link.

-Ya era hora…-pronunció ronco, tosiendo algunas gotas de sangre.

No era capaz de moverse, pero pudo oí algo caminando arrastradamente hacia él. Era Midna. Iba prácticamente desnuda y su cuerpo presentaba quemaduras y numerosas heridas. Se dejó caer detrás de él, sin entablar contacto visual.

-Nos confiamos demasiado, ¿no crees?-comentó sin aliento, aunque burlonamente-Sólo hay que vernos…si no fuera por nuestras heridas, pensarían que acabamos de salir de una orgía.

-Tú siempre igual…-suspiró, esbozando una ligera sonrisa, cerrando los ojos-Supongo que eso bueno.

Escuchó los cascos de su yegua acercándose, cojeando. Se dejó caer a su lado y resopló, agotada.

-Lo has hecho bien…-extendió su brazo, acariciándola, sin abrir los ojos.

Link perdió la consciencia poco después, notando una brisa cálida recorrer su cuerpo mientras el sol comenzaba a ponerse. El invierno y la guerra habían acabado. Y la primavera traía consigo una nueva era.

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En la lejanía, Ghirahim observaba la escena.

-Indignante.-resopló, molesto y aburrido-¿Ya se acabó? Pues esperaba algo más.

Miró al cielo, una bandada de aves migratorias atrajo su atención.

-En fin, es lo que se esperaría después de que un arrogante ignorante se encargase del ritual de invocación. Siempre repetía que la paciencia era una virtud, pero a la hora de la verdad, las prisas le consumieron. Literalmente.

Se rió con su último comentario, suspirando luego.

-Bueno, he de admitir que mientras duró, fue entretenido. Lo lamentable de este asunto es que ahora deberé vivir el resto de mis días en este cuerpo mortal como uno más.-frunció el ceño-No me agrada demasiado, pero no es como si ya no me hubiese acostumbrado.

Chasqueó los dedos y desapareció por última vez, dejando en paz al reino de Hyrule.

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Link despertó con el chirriante ruido de unas poleas, encontrándose tumbado sobre una improvisada camilla mientras era elevado sobre las murallas de la ciudad. Era de madrugada y su reciente despertar hacía que lo viese todo borroso.

-¡Anda! ¿Ya estás despierto?-oyó a Midna, sentada a su lado y cubierta con una manta-Y yo que pensaba que como mínimo hasta el mediodía no despertarías. Estabas tan plácidamente dormido mientras un caballo tiraba de ti encima de una plancha de madera… ¡Je, je!

-¿Y Epona?

-La subirán luego y la llevarán a los establos. Ahí se ocuparán de sus heridas.

Nada más llegar a lo alto de los muros, varios soldados que hacían guardia les rodearon para felicitarles por su victoria y agradecerles por todo lo hecho. Midna prefirió mantenerse al margen, retirándose silenciosamente del lugar en cuanto tuvo la ocasión, dejando los mayores elogios para Link.

-Le estamos muy agradecidos, joven Link.-habló el general Russel, abriéndose paso-Has obrado nuevamente un milagro al derrotar al monstruo. Con esto, la guerra puede darse por concluida.

-¡Lo has vuelto a hacer, muchacho!-apareció Valenzuela, dándole una palmada amistosa en la espalda-¡Has salvado a Hyrule otra vez!

-¡Señor Valenzuela! ¡Compórtese!-le ordenó su abuelo Smith, que vino apresuradamente al auxilio de su nieto-¿No ve que está herido? Además, ¿cree que ese es un lenguaje apropiado para quien va a convertirse en su superior?

-¡Es verdad!-tragó saliva, nervioso-Eh…lo ha hecho muy bien, mi señor.

-No hace falta que me hablen así…-opinó Link, algo resentido por el golpe-Pero como vuelvas a hacer eso, te destituiré de tu cargo.

Los militares rieron, sólo consiguiendo incomodar todavía más al comandante de la Guardia Real.

-No sabes lo feliz que me hace que hayas regresado vivo de una batalla así…-habló su abuelo, mirándole emocionado.

-Créeme, yo también lo estoy…-bromeó él, mostrando la Trifuerza-Por cierto, ¿dónde está Zelda? Tengo algo que debo devolverle.

Su abuelo y el resto guardaron silencio. Ello sólo inquietó a Link.

-¿Qué ocurre? ¡Digan algo!

-Joven, es una situación…harto compleja de explicar.-se atrevió a hablar Russel.

-¿Qué quiere decir?

-A ojos de cualquiera, dirían que se encuentra sumida en un profundo coma. Pero según los médicos, todas sus funciones vitales parecen haber cesado.-habló entonces Smith, cercano a su oído, haciendo que Link abriera los ojos como platos-Sin embargo, e increíblemente, el embarazo sigue su curso y pareciera como si fuese lo único que la mantiene en ese misterioso estado entre la vida y la muerte. Esto último sólo lo saben quienes la atienden. Y nadie sabe qué es lo que le está pasando y cómo evolucionará su actual situación.

Link estaba ido, perdido en un mar de pensamientos. A su mente regresaron las palabras que había escuchado durante su contienda con el gran monstruo.

"Aprovecha mi último regalo, Link…"

Tras unos largos minutos sin reaccionar, se levantó bruscamente y comenzó a caminar, pero cayó al suelo apenas recorridos unos metros.

-¡¿Qué haces, hijo?! ¡No te sobresfuerces! ¡Estás herido!-le recriminó su abuelo, ayudándole a levantarse.

-¡Llévame con ella!-imploró, desesperado-¡Tengo que verla!

XOXOXOXOXOXOXOXO

Ella yacía en la cama, con un semblante mortuorio. Link pidió a los que estaban presentes en la escena que le dejaran a solas en la habitación. Caminó arrastrando los pies hasta la cama, sentándose a su lado.

La miró desolado. Tocó su rostro, pero éste estaba rígido y su piel, helada. Se esforzó en oír su respiración o el palpitar su corazón en el pecho. Nada, todo fue en vano.

No pudo contenerse más tiempo, se derrumbó. Las lágrimas brotaron de sus ojos, imparables, mientras se maldecía a sí mismo por todo lo ocurrido.

Entonces, oyó una voz y pudo ver una tenue luz dorada irradiar del vientre de su amada.

-"¿Papá? ¿Eres tú?"

-S-sí…-contestó con esfuerzo-Dime… ¿cómo eres capaz de hablarme si tu madre…?

-"Es…la Trifuerza…están conectadas…"

-Entiendo…-inspiró, sus fosas nasales estaban obstruidas por el llanto-¿Qué le ha ocurrido?

-"Mamá…usó todo el poder que le quedaba…y parte del mío…para debilitar al monstruo…"-la vocecilla mostraba tristeza en sus palabras-"Podría…haber usado más del mío…pero…ella no quería…lastimarme…"

-¿Y qué será de ella? ¿Y de ti?

-"Yo…sobreviviré…mi poder…me mantendrá…"-explicó tenuemente-"Pero…mamá…no la encuentro…no está…es como si se hubiera…ido…"

Link trató de reprimir lo más que pudo un nuevo llanto, al tiempo que su vástago volvió a hablarle.

-"Papá…has recuperado…los otros dos…trozos…"

-Sí...-miró su mano y explotó en ese instante, entre lágrimas-¡Pero no ha servido de nada! ¡Ella! ¡Ella…!

-"La Trifuerza…reunida… ¿podía cumplir cualquier deseo?"

Link quedó impactado al escuchar aquello. Era cierto, pero hasta ese momento, no se había acordado.

-Eso quiere decir…si me transfirieses tu fragmento…podría…

-"Podrías pedir…que todas las personas que ya no están…vuelvan…"

-¡Exacto!-exclamó, emocionado-¡Y no quedaría rastro alguno de esta guerra!

-Link, sé que sonará insensible, pero te sugiero que lo pienses mejor antes de pedir ayuda a la Trifuerza.

El joven se giró, para encontrarse con Fi, afuera de la espada, tras él.

-¿Por qué lo dices? ¡Eso lo solucionaría todo!

-Lo haría, pero sólo arreglaría lo acontecido en el presente. La Trifuerza, al completo, sería propensa a atraer a seres de toda índole debido a su poder. Y probablemente, al ser tocada nuevamente por un ser indigno, ésta volvería a separarse y sus pedazos se repartirían entre reencarnaciones de sus antiguos dueños. Que el fragmento del Poder ya no esté en manos de la encarnación de Demise da la oportunidad única de, en un futuro, esconderla. Mientras, los otros dos permanecerían a salvo al estar ligados al espíritu del Héroe y a la sangre de la diosa Hylia.

-¡¿Y qué más da?! ¡¿No se supone que estamos atrapados en un ciclo eterno de lucha?! ¡Antes o después volverá a ocurrir! Si tengo la oportunidad de solucionar todo esto… ¡¿Por qué no debería aprovecharla?!

-¿Y qué harás cuando revivas a todos? ¿Dirás que todo ha sido gracias al deseo que le pediste a la Trifuerza? ¿Y qué crees que ocurrirá luego? Ya deberías conocer la historia de este reino. En el pasado, ha habido guerras por obtener la Trifuerza. Y no han sido sólo fuerzas malignas las implicadas.

-Bueno…podría…

-¿Borrar sus memorias?-le interrumpió-Es cierto, pero incluso así ello supondría otros problemas.

-¡¿Entonces?! ¡¿Me estás diciendo, en serio, que tu plan es lo mejor?!

-A futuro, sí. Es mucho más fácil esconder sólo un fragmento, que la Trifuerza al completo. Y así, futuras generaciones podrán disfrutar de extensos periodos de paz. Hasta que, irremediablemente, vuestro eterno enemigo vuelva a aparecer. Además, ¿recuerdas el final de la batalla? La Espada Maestra asimiló la maldad del demonio, pero no fue lo único.

-¿Qué quieres decir?

-Ahora mismo, su espíritu también está sellado dentro de la espada.

Link miró su arma, sorprendido, no notaba cambio alguno en la Espada Maestra a pesar de lo que ella le estaba contando.

-Debido a su renacer prematuro, su alma era inestable y frágil. Es por esto que la Espada Maestra pudo quebrarla y así almacenar los pedazos en su interior. Si sellásemos esos fragmentos por separado y lejos de la Trifuerza del Poder, no habrá forma de que renazca de nuevo.

-¿Y eso acabaría con el ciclo de destrucción?

-Sí, siempre cuando jamás volvieran a reunirse las diferentes partes.

Link se mantuvo un rato en silencio, pensativo, observando la Espada Maestra. Él ardía en deseos por utilizar la Trifuerza para sanar todas las heridas que había dejado esa cruenta guerra. Pero al mismo tiempo, se debatía si aquel deseo era egoísta y terminaría causando tantos problemas como los que solucionaría.

-"Papá…ella…tiene razón…"

-P-pero…-se echó las manos a la cabeza, cubriéndose el rostro-¿Qué pasará con tu madre?

-"Dale…la Trifuerza…quizás así…"

Link no tenía idea de cómo hacerlo, pero juntó la mano derecha de ella con la izquierda suya y se concentró en su afán de trasladársela. En un momento vio como uno de los triángulos dorados de su mano desaparecía, pasando a estar la mano de su amada. Sin embargo, no vio que aquello hubiese cambiado nada y se desanimó.

-"Papá… ¿qué te pasa?"

-¿No lo ves?-respondió, desganado-No ha servido de nada…

-Link, antes de hacer valoraciones, te sugiero que vuelvas a comprobar sus constantes vitales.

Acercó su oído al pecho de ella y con una mano tomó su pulso. El corazón de Link comenzó a latir con emoción cuando escuchó latidos y una respiración, casi imperceptible, provenientes de ella.

-¡¿Está viva?!-preguntó en alto, pletórico, mirando entonces a su vientre-¡¿Notas algo?!

-"¡Sí! Parece…que siempre estuvo…ahí…velando por mí…pero no podía encontrarla..."

-¡Gracias! ¡Gracias a la Trifuerza! ¡Y a las Diosas!-agradeció a los cielo, abrazando el cuerpo de Zelda, entre lágrimas.

-"Pero…está muy débil…y no puedo…hablar con ella…no sé…cuando despertará…"

-No importa…-acarició con ternura el rostro de su amada-Esperaré.

-"¿Y qué pasará cuando vaya a nacer?"

-¿Te refieres al momento del parto?

-"Sí…no sé si…despertará pronto…y aun así…pasará tiempo…antes de recupere sus fuerzas…"

-¿Temes que pudiera complicarse?

-"Sé…que sería peligroso…para mamá…"

-Su madre tuvo problemas durante el parto cuando ella nació…-recordó, preocupado.

-A falta de información del caso concreto, existen múltiples factores que condicionan ese momento.-informó Fi-Algunos de ellos, con la probabilidad de ser heredados. Mas es apresurado llegar a esas conclusiones. Link, es mejor que no centres tus pensamientos en un posible resultado negativo.

-Ya lo sé, Fi…-se levantó, caminó alrededor de la cama y se echó al otro lado.

-¿No irás a que curen tus heridas? Tus lesiones no son superficiales. Es peligroso que te quedes aquí más tiempo sin recibir tratamiento.

-Me da igual…-dijo al mismo tiempo que reprimía un quejido de dolor y agarraba la mano izquierda de Zelda-No quiero irme.

-"Papá…vete…yo…cuidaré de mamá…"

Tras varias negativas de Link a marcharse, finalmente entre Fi y su retoño consiguieron convencerle. Caminó con dificultad hacia la puerta, mirando una última vez a Zelda, antes de salir de la habitación y ser asistido por los guardias que custodiaban la zona.

XOXOXOXOXOXOXO

Pasaron dos semanas, mientras Link y todo el reino se recuperaba lentamente.

Durante ese tiempo, los ministros y los distintos líderes regiones anduvieron ocupados, sin la princesa Zelda para comandarles. Pero incluso así, las reconstrucciones comenzaron rápidamente. El pueblo alababa esto como un símbolo de fortaleza y prosperidad, aunque no veía tan bien el nuevo plan de ajustes económicos que se había instaurado recientemente.

Pero por encima de aquello, el estado de su soberana era el principal motivo de preocupación. Si bien las previsiones habían mejorados, ella continuaba en estado comatoso sin seña alguna de un pronto despertar.

Link no pudo visitarla durante días por descanso obligatorio, pero en días recientes, sí lo hizo. También decidió ayudar en lo que pudo con las tareas administrativas del gobierno, ya que al fin y al cabo, éstas pasarían a sus manos más pronto que tarde.

Lamentablemente, en ese periodo convulso, tuvo que hacer frente a una visita diplomática inesperada.

-¿Qué ocurre? He oído que un mandatario extranjero ha llegado al castillo.

-Chico, deja eso en manos de los ministros.-le pidió Smith, incómodo-Llevas desde esta mañana trabajando duro, ¿por qué no vas a descansar a tu cuarto? Todavía deberías estar guardando reposo.

-¿Qué me estás ocultado?-lo miró fijamente, serio-¿De quién se trata?

-El príncipe Facade y su hermano, el duque Gustaf.

Haciendo oídos sordos a las peticiones de su abuelo, caminó por los pasillos hasta donde se encontraba la sala de reuniones donde intuyó que los ministros terminarían por llevarse al príncipe y al duque. No se sorprendió cuando vio llegar a ese grupo desde el otro lado del corredor.

En cuanto lo vieron, los ministros se mostraron nerviosos, algo que no pasó desapercibido por el duque, pero sí por el príncipe. Éste tenía su mirada puesta en Link y se adelantó al resto.

-¡Vaya! ¡Veo que sigues de una pieza pese a la guerra que este reino ha padecido!-exclamó arrogante, reduciendo su distancia con él-¿No te da vergüenza que mientras tú estás aquí parado, la princesa Zelda esté postrada en la cama debido a sus heridas?

Link apretó los puños, conteniendo su furia, respondiéndole lo más amenamente que pudo.

-¿Te lo han contado los ministros o las noticias han volado desde aquí a Gamelon?

-¡Faltaría más! ¡He venido aquí a enterarme de todo lo ocurrido! Es mi deber preocuparme por mi futura esposa y este reino.

Link arqueó la ceja, con una mezcla de sorpresa e incredulidad. Inclinó la cabeza para mirar a los ministros, quienes estaban escuchando la conversación, lo que consiguió que se pusieran aún más nerviosos.

-¿Ah, sí?-preguntó, reprimiendo una leve sonrisa chulesca-Es todo un detalle por tu parte.

-Lo sé, me complace oír que estás de acuerdo.-una sonrisa orgullosa se dibujó en su rostro-Pero no he venido sólo para eso, si no para acordar de una vez mi matrimonio con la princesa Zelda. ¿O acaso desconocías que ya se ha vencido el plazo?

-No, soy plenamente consciente de ello.-asistió, sonriéndole.

-¿Eh? Te noto bastante animado.

-Cierto, la verdad es que me agrada esa faceta humorística tuya.

-¿Humorística?-repitió, para luego enfadarse y agarrarle de sus ropas-¡¿Te crees que soy un bufón?! ¡¿Con quién te crees que estás hablando?!

-Suéltame, no lo repetiré dos veces.-le ordenó, mirándole amenazadoramente.

-¡¿Y qué pasará si no lo hago?! ¡¿Quién te crees que eres para darme órdenes?!

-¡Muéstrame algo de respeto!-le apartó bruscamente, furioso-¡Estás hablando con el futuro señor de este castillo! Y si vuelves a tocarme, te echaré de él yo mismo. ¿Entendido?

Facade quedó estupefacto durante unos instantes, antes de que comenzara a reír enérgicamente. Aquella risa descontrolada no parecía que fuera a parar, hasta que se dio cuenta del ambiente de seriedad que le rodeaba y entendió que no se trataba de una broma.

-No…-negó con la cabeza, hablándole a los ministros-¿En verdad esto va en serio?

Ellos se limitaron a asentir, afirmando los hechos. La cólera enrojeció el rostro del príncipe.

-¡Esto es humillante! ¡Inconcebible!-gritó, enervado-¡Tantos años esperando para esto! ¡Para que al final esa furcia haya sucumbido al primer desgraciado que se enredase entre sus sábanas!

El hombre terminó tirado en el suelo, después de recibir un puñetazo por parte de Link. El príncipe no tardó en levantarse y desenvainar su arma, a lo que Link le imitó. Los ministros, el duque Gustaf y los guardias de ambos reinos se interpusieron, tratando de frenar la contienda. Entonces, Facade alzó su espada y dirigió a todos los presentes una mirada llena de odio.

-¡Desde este momento, yo, el príncipe Facade de Gamelon, declaro la guerra al reino de Hyrule!

Todos se horrorizaron ante esa declaración, tanto hyrulianos como gamelonenses.

-¡¿Pero tú estás loco?!-le recriminó su hermano-¡Anda! ¡Retira lo que acabas de decir y vámonos antes de que ocurra una desgracia!

-¡No! ¡No toleraré esta humillación!-apuntó su espada hacia Link-¡Yo debía ser el próximo gobernantes de estas tierras! ¡Y no contentos con eso, me han faltado al respecto tanto verbal como físicamente!

-¡Pues tú tampoco has sido agradable! ¡Insultar a la princesa Zelda y al futuro rey! ¡En su propio castillo! ¡Qué escándalo!

-¡¿De qué lado estás, hermano?!-le amenazó, agarrándole-¿Pretendes ir en contra mía?

-¡Pues así habrá de ser! Aunque parece que entre en esa cabecita tuya, debo recordarte que una buena parte de las tropas del reino están bajo mi control. Y no pienso cedértelas para que inicies una campaña militar por una pataleta infantil. ¡Y espera a que regresemos a Gamelon! Porque dudo que muchos en la familia se presten a semejante locura.

-Oh, ya veo tus intenciones...está bien…

El príncipe Facade sacó un pañuelo blanco y lo colocó en la punta de su espada. Entonces, la extendió hacia su hermano.

-¿Eres tan mezquino como para hacerle esto a tu propio hermano?-le preguntó, desolado.

-O puedes negarte y cerrar la boca. Si tanto "aprecio" le tienes a este reino, tomarás el pañuelo.

Dubitativo, pasaron unos segundos antes de que Gustaf finalmente lo agarrase.

-¡Vaya! Y yo que pensaba que eras sólo una mariquita cobarde que se pavoneaba allá donde fuera.-comentó Facade, impresionado, mientras envainaba su espada-Qué lástima que ese coraje lo hayas sacado cuando no debías.

-Cuán evidente es lo poco que me conoces…-murmuró, oliendo el pañuelo.

-No montes un drama, hay un detalle que todavía no he comentado.-señaló con el dedo a Link-Y es que exijo que te acojas a tu derecho de representación, concretamente, que él tome tu lugar. Si no, no habrá duelo y seguiré con mis planes de guerra.

-No sé bien de qué va todo esto…-intervino Link-Pero acepto.

Gustaf le miró de reojo, sorprendido. Mientras, su hermano comenzó a marchase, seguido de sus guardias.

-¡Al atardecer! ¡En los jardines! ¡No faltes!

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Había una costumbre en Gamelon. Los miembros de la familia real podían retarse por el trono o por el control de las posesiones de los distintos miembros, siempre que ambos oponentes estuviesen de acuerdo, cosa que muy rara vez pasaba. Aquello se pactaba cuando el retador le daba un pañuelo a su rival, ofreciéndoselo sobre una espada. Si el otro lo recogía, aceptaba el duelo. Un enfrentamiento a muerte, sin más reglas que el uso exclusivo de una espada. Sin embargo, existía la opción de que cualquiera de las partes pudiera escoger a un representante para que combatiese en su lugar. Mas sólo era posible si el contrario lo aceptaba. Y en caso de que ese elegido cayese, el castigo al perdedor podía variar entre la pena capital, la tortura o el exilio, dependiendo de lo que se le antojase al ganador.

Link había aceptado participar en aquel ritual y no estaba dispuesto a perder, incluso estando en relativa desventaja por sus heridas. Él se encontraba en la habitación de Zelda, momentos previos al duelo, portando en sus manos la espada que ella le había regalado hace tiempo.

-Hoy no usaré la Espada Maestra.-le habló con ternura, besándola en la mejilla-Creo que es más simbólico que utilice la que tú me diste.

Evidentemente, no obtuvo respuesta por parte de ella, que seguía sumida en un profundo letargo. Quién sí le habló fue su pequeño retoño.

-"Papá… ¿volverás luego?"

-Claro…-se levantó, con un rostro frío, dirigiéndose a la puerta-No tardaré.

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Allí estaban reunidos los dos implicados. Rodeándoles, se encontraban el séquito proveniente de Gamelon y numerosos hyrulianos de toda clase, desde militares hasta sirvientes. También, expectantes, se encontraban Midna y otros amigos suyos.

El príncipe Facade y Link se pusieron en guardia, a la espera de la señal de inicio del duelo.

-¡Gustaf!-le llamó Link, que se encontraba a espaldas suyas.

-¿S-sí?

-No me lo tengas en cuentas…-le habló seriamente, sin darse la vuelta-No tendré piedad alguna con tu hermano.

-No esperaba tampoco que la tuvieras…-suspiró, arrepentido por la situación a la que habían llegado.

Momentos tensos se vivieron previos al enfrentamiento. Los dos espadachines se miraron las caras una última vez, desde lejos, antes de que al fin comenzara la pelea.

El príncipe Facade se abalanzó sobre él, pero él lo esquivó facilidad. Y antes de que su adversario tuviera tiempo de reaccionar, Link lo desequilibró y le ensartó su arma en el pecho. Nadie acababa de creerse lo sucedido, la contienda apenas había durado unos segundos, proclamándose Link vencedor del duelo. Había ejecutado unos movimientos ágiles y milimétricamente precisos. Link no mostró expresión alguna mientras sacaba la espada del cuerpo inerte del fallecido príncipe.

El duque Gustaf se dejó caer de rodillas al suelo, reprimiendo los sentimientos ocasionados por la muerte de su único hermano.

-Gustaf…-le habló sombríamente, mirándolo desde arriba.

-No hace falta que te excuses…-negó él con una mano-Y no te preocupes, mañana mismo nos marcharemos de este castillo y explicaré lo ocurrido en Gamelon. Y a mi madre…-se echó una mano al rostro, abrumado-Supongo que desde hoy puedo considerarme el soberano del país.

-Estoy seguro que lo harás bien…-se agachó, poniendo una mano en su hombro-Y no es necesario que partas mañana. Tómate el tiempo que necesites.

-Muy amable de su parte, rey de Hyrule…-suspiró, mientras seguía consumido por sus emociones.

Link caminó unos metros, mientras la gente le abría paso. Entonces, extendió su brazo al frente, con la sangre del príncipe aún goteando del filo de su espada.

-¡Mientras siga vivo, nadie amenazará a este reino y saldrá impune de ello!-proclamó con autoridad-¡Todo aquel que ose amenazar la paz de Hyrule, sucumbirá ante la espada de su rey! ¡He dicho!

A medida que se retiraba, las ovaciones de su gente se hacían oír cada vez más. Midna le miró en la lejanía, interesada en su nueva actitud.

-Vaya, parece que nuestro chico está madurando…-opinó la Twili, esbozando una sonrisa sádica-Creo que las cosas se pondrán muy interesantes de ahora en adelante.

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-"¡Papá! ¡Has vuelto!"

-Claro, cielo.-sonrió tiernamente, agarrando la mano de Zelda y acariciando su vientre-¿No ves que papá está aquí?

-"Oye, papá… ¿qué fuiste a hacer con esa espada?"

-A librar a tu madre y al reino de un problema que llevaba tiempo incordiándoles. Pero no te preocupes…ya no nos molestará más.

Continuará…

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Nota de Alfax: Bueno, ¿qué puedo decir que no haya dicho ya? Mi mala organización es la culpable de que esta historia aún no llegue a su final, cuando mínimo hace un año que debería estar acabada. Y la que me espera para acabar las otras…al menos no son tan largas como esta. Pero me he propuesto mejorar en ese aspecto, no me queda otra si quiero ocuparme de esto y otras múltiples cosas, aparte de los estudios, que mantienen mi tiempo ocupado.

En fin, la continuación no vendrá hasta mínimo mediados de abril, pues marzo lo tengo reservado fuera de mis estudios para disfrutar del nuevo Zelda. ¿Y quién sabe? Tal vez en el futuro, me dé por hacer una nueva historieta relacionada con este juego. Siempre, cuando, termine antes las otras.

En noviembre se cumplieron 6 años desde que me abrí un perfil en esta web…cómo pasa el tiempo.

¡Chao! Ya nos veremos.