Mis amigos:
Luego de mucho tiempo, le he puesto atención a este fic otra vez. No por falta de ideas, pues tengo el fic completo grabado en la cabeza, fue la dificultad para expresarlo en palabras lo que ha demorado su avance.
Hoy les dejo un capítulo que puede parecer inquietante para las Dramiones. Pero era muy necesario para explicar el pronto giro de la historia.
Dejo también el tema de este capítulo: "Claro de luna" de Claude Debussy.
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Abrazos.
Yaem Gy.
Capítulo 3: Claro de Luna.
La tarde la empezaba a declinar. Este había sido un día tranquilo, a pesar de la continua lucha. Habían reunido a algunos en un pequeño batallón y ahora eran soldados errantes que en pocas ocasiones podían descansar los huesos.
Los hechizos de protección habían realizado su labor con éxito, por lo cual se habían relajado lo suficiente para cocinar algo caliente y permitir que algunos se dispersaran en los alrededores.
Hermione miraba con ternura como Tonks jugaba con su pequeño Teddy. El niño ya casi iba a cumplir un año. A la castaña se le asomaba una sonrisa cada vez que el cabello de Teddy cambiaba de color, según el grado de diversión que su madre le prodigaba. Luego miro a Nynphadora. La vio reír, pero su mirada no alcanzaba a iluminarse. Hermione sabía que ella estaba feliz con su hijo, pero que nunca más podría volver a estar completa sin Remus.
La Gryffindor no podía siquiera imaginar el dolor que se debía sentir al perder al hombre que se amaba. No quería saberlo jamás.
Mira Hermione. Mira como hace chispitas con las manos.
La castaña contempló como las manitos de Teddy se movían y como de ellas salían pequeños destellos.
Que bien- dijo la chica- pronto empezará a hacer su propia magia y tendremos que enseñarle a controlarla.
Sí- dijo Tonks y suspiró- . Me hubiese encantado que Remus hubiera visto esto.
Una mano se posó en el hombro de la castaña. Al girar hacia arriba de su hombro, un Ron sonriente se le apareció.
¿Puedes venir un momento?
Es que estaba con Tonks. Teddy ha hecho chispitas.
Oh, Hermione. Ve con él. Yo tengo que alimentar a este pequeño lobito.
La chica se levantó de su lugar y miró a su compañero. Él le extendió la mano y ella la estrechó con la suya. Unidos salieron a caminar por el pequeño bosque. Hacia los lados podían ver las tiendas de los demás. Escuchar algunas conversaciones entre cortadas y algunas risas que se dispersaban en el ambiente.
Era raro sentir el calor de la mano de Ron. Aunque ya llevaban varios meses como novios, aún le sorprendía la idea. Por un buen rato, ninguno emitió palabra alguna. Solo disfrutaban de la compañía mutua, sintiendo el aroma de los árboles, de los arbustos, de todo el ambiente que les rodeaba. La noche caía ya sobre ellos. Creando un escenario sublime a los sentidos.
¿En qué piensas?
La castaña le miró. Se había sumergido tanto en la belleza de ese momento que se había quedado como hipnotizada.
Yo…- la timidez la embargó-, disfrutaba del momento.
Sí- dijo Ron-, todo está tan tranquilo que casi parece un sueño. No muchas veces podemos caminar sin estar aferrados a la varita para defendernos ante cualquier sorpresa.
No hables de eso. No quiero recordar que estamos en guerra.
Ron le acarició la mejilla con el pulgar, después la nariz. La guió otra vez por el sendero.
¿A dónde vamos?
A un lugar en dónde nadie nos interrumpa.
Siguieron caminando hasta llegar a la orilla de una pequeña laguna. Allí Ron la guió hasta una roca en dónde ambos se sentaron. Un pequeño claro de luna iluminaba la superficie del agua. Hermione recordaría con melancolía ese momento por el resto de sus días.
Quería que este momento pareciera bonito, pero no creí que en verdad lo sería.
¿Qué te sucede, Ron?
El joven la miró de lleno a los ojos. En ellos también la luna estaba dejando su brillo plateado.
Hermione… yo… Demonios… ¿por qué tiene que ser tan difícil?
¿Qué pasa? ¿Es algo malo?
No… no sé. No sé si para ti lo sea. Pero para mí… -Aún las manos de ambos estaban unidas y la chica pudo percibir el temblor en la de Ron.
El silencio que vino luego solo alteró su paz interior. Algo dentro le decía lo que estaba pasando, pero se negaba a entenderlo, pues eso era inverosímil. Quiso reírse de ella misma, ya que la idea era absurda.
Ron bajó la vista para después volverla a mirar con nuevos bríos. Ahora era ella la que empezaba a temblar. ¿Sería que ya estaba refrescando?
Te amo- al fin dijo el muchacho-. Te amo no sé desde cuándo. Estos meses a tu lado han sido los mejores de toda mi vida. Nunca pensé que me elegirías. Mucho menos que me ganaría tu corazón.
Ella sonrió y le regaló un dulce y breve beso en los labios.
Tonto. Siempre subestimándote. ¿Por qué no podría quererte?
Linda,- Ron aspiró y exhaló con fuerza- estamos en guerra.
Ya lo sé- dijo ella, sin entender
Es que… ahora todo en incierto. No sabemos qué puede pasar mañana. Harry no ha podido encontrar la manera de acercarse a la serpiente ni mucho menos enfrentarse al Innombrable. Ha habido muchas batallas y muchos de nuestros amigos han muerto…
Sí, sé todo eso, pero ¿qué tiene que ver con que me hayas traído aquí?
Es que… - el joven metió la mano en el bolsillo, sacando una pequeña cajita- Yo quiero darte esto.
Le dejó el objeto en la palma de la mano. Ella seguía sin comprender. Al verle, a pesar de que ya no quedaba mucha luz, pudo adivinar el tono carmesí en las orejas del pelirrojo.
Abrió la cajita, en ella, un anillo con un solitario rubí aguardaba. Era una joya sencilla, pero de una belleza inigualable. Hermione alzó la vista y miró a su novio, quien la miraba expectante.
¿Para mí? ¿Por qué?
Por… - otra vez el chico no podía hablar. Ella sentía que la emoción empezaba a embargarla- Rayos- susurro-. Este anillo perteneció a mi abuela. Mi padre me lo dio hace unos días. Yo lo encontré tan bonito que lo único que he imaginado es como se vería en tu dedo.
Pero…- Hermione estaba sorprendida- esta es una joya familiar. No puedes regalármela. Debería tenerla tu madre o tu hermana. No yo.
Es que de eso se trata. Esta guerra me ha enseñado que no puedo esperar. Que todo puede pasar en el momento menos pensado. Y yo… yo quiero que tú también seas parte de mi familia.
Un revoloteo de mariposas atacó el vientre de la castaña. Tragó saliva. No quiso hablar. Quería que él terminara de decir lo que le aún le costaba horrores. Él cerró los ojos y al abrirlos, se pudo apreciar que un arrebato de seguridad reinaba en ellos.
¿Querrías casarte conmigo? – escuchó la castaña al fin- No tengo nada que ofrecerte, pero te amo tanto que daría lo que fuera por ti.
Ron…
Sé que esta guerra no tiene para cuando terminar y no sé si terminará bien, pero sé que nuestras vidas no están garantizadas; y yo quiero vivir cada segundo de la mía contigo. Quiero compartir mis días y mis noches contigo. Soñar un futuro juntos. Si tú quisieras… Sí tú me aceptaras…
La ansiedad se reflejaba en el rostro de Ron. También, la chica pudo ver el miedo en su mirada. Sintió ternura. Ternura y un amor inmenso.
Sonrió. Luego, le devolvió la cajita. El chico se sintió impactado. Bajó el rostro. Estaba destrozado. Ella suspiró.
¿No vas a ponerme mi anillo?
Ron levantó la cabeza y la miró sorprendido. Ella tuvo que morderse los labios para no emitir la risita que su cara perpleja le provocaba.
¿Es… un sí, acepto?- preguntó el muchacho, aturdido.
Sí, Ron.- de pronto los ojos de la castaña estaban inundados- Te entiendo demasiado bien. No sabemos qué puede pasar mañana y lo único que tenemos es el hoy. Y yo lo que más deseo es estar contigo. También quiero compartir cada segundo de mi vida a tu lado.
Ron pestañeó emocionado. Sacó el anillo de la cajita con manos torpes y temblorosas. Con dificultad puso la joya en el dedo de su futura esposa. El rubí se veía sublime en contraste con la piel de la joven.
Un beso dulce selló el pacto. Luego, Ron la rodeó con sus brazos. El calor de su abrazo la adormecía. Pensó que nunca podría sentirse así de segura en los brazos de alguien más. Sabía que viviría un matrimonio feliz, sin importar los rigores de la guerra. Solo se bastaban ellos para ser felices. Estaban comprometidos, aunque el mundo se acabase al día siguiente, Ron ahora le pertenecía, y ella a él.
No tengo nada que ofrecerte- susurró él a su oído.
No necesito más que tu amor y tu lealtad.
Y yo… solo te necesito a ti.
Le costó entrar al despacho. Tuvo que apelar a todo su ingenio para poder doblegar la entrada. Mientras los demás daban tumbos por el castillo sin comprender qué demonios estaban haciendo en ese lugar, él sabía que las respuestas a sus preguntas estaban allí. Buscó en el escritorio, luego en el cuartito que había en la parte de atrás. Al final, buscó en una alacena junto a una fuente que no contenía agua.
Joven Malfoy, ¿A qué debemos su visita?
Cuando escuchó esa voz, sintió un escalofrío en la espalda. Se fue girando lentamente, temiendo que un horrible fantasma se le pusiera enfrente. En cambio, vio que la voz venía de un cuadro en el muro.
Dumbledore- susurró.
¿Lo he asustado? Oh, perdón. No ha sido mi intención.
¿Cómo?
Bueno, este es un pequeño privilegio por ser un viejo director en Hogwarts.
Draco miró a su alrededor. Corrió hasta la puerta y la trancó como pudo. No tenía mucho tiempo. Tenía que aprovechar cada segundo.
¿Qué lo ha traído hasta acá? Nunca esperé que me visitara, Joven Malfoy.
Necesito respuestas. Usted las tiene. Debe dármelas.
¿Debo? ¿Por qué?
Porque tengo demasiados secretos y preguntas que no sé cómo manejar.
Su alma debe estar entonces muy abrumada. Las dudas y los secretos son una carga que puede tornarse muy pesada.
¿Qué es un Horrocrux?- Draco no quiso divagar más.
El viejo mago lo miró detenidamente. Draco sabía que lo analizaba, que sopesaba su actitud. Pero por más que intentara negarse a responder, el rubio no atosigaría como fuera.
¿Esa es su única pregunta?
No,- respondió Malfoy- también quiero saber que es en realidad la varita de Sauco.
Imagino que usted comprende la importancia de esas preguntas.
Sí. Sé que de sus respuestas depende el futuro de todo nuestro mundo.
Entonces aún no has encontrado a Potter, Muchacho.
Esa otra voz lo tomó más desprevenido que la primera. Se giró a su izquierda y vio la dureza de una mirada demasiado familiar. Esos mismos ojos negros que él viera perder la luz hacía tantos meses.
Usted…
Mis recuerdos aún no llegan a él, ¿cierto? ¿Qué te ha demorado tanto? Deben estar pasando terribles cosas allá afuera.
No he podido llegar hasta Potter. Es imposible. Apenas he podido librarme de mi encierro hace unos días. Y con esta guerra, nunca podré entregar las botellas.
Es más importante que usted, Joven Malfoy- dijo Dumbledore-, entregue los recuerdos a Harry con premura, a que obtenga respuestas a sus preguntas. A veces es mejor ignorar ciertas cosas, por propia seguridad.
¿Por qué? Me están pidiendo que arriesgue mi vida en una misión disparatada y no me dicen nada. No es justo.
Potter ha preguntado menos y ha hecho más- reprendió Snape desde su cuadro en el muro- . El futuro de todo el mundo mágico está en tus manos, Draco Malfoy. Deberías sentirte halagado.
Pero Draco no se sentía halagado. Sentía que el peso de la verdad contenida en las botellas se le colgaba al cuello y lo arrastraba hasta el fondo de un abismo.
No tengo una razón por la cual hacer lo que me piden. Nada gano, si él vence al Innombrable o no. Mi vida seguirá siendo la misma.
Es cierto- intervino Dumbledore- no le hemos dado razón alguna para hacer lo que le pedimos. El porvenir del mundo mágico no es algo que le incumba personalmente. Pero piense, muchacho, ¿quiere vivir en esta oscuridad por siempre? ¿No hay nada o nadie por el cual pelear?
Aunque fuese así, ella nunca estaría a mi lado.
Entonces- dijo Albus Dumbledore desde su retrato en el muro, con desazón-, está todo perdido.
Respondan mis preguntas- dijo el joven-, y yo decidiré si está todo perdido o no.
Largo se hizo el tiempo afuera del despacho. Zabini tiraba libros de la gran biblioteca, con tedio. Grabble hacía cortes en las paredes con la varita. Goyle murmuraba cosas que los otros no podían comprender. Su rostro se tornaba más y más agrio.
Draco llegó hasta el grupo, con la mente aún en el despacho. Goyle fue el primero en gritarle e intentó incluso golpearle, pero el rubio pronto encontró apoyo de Zabini. Nott pareció luego, había ido a inspeccionar el bosque.
¿Encontraste algo que valiera la pena el venir aquí, Malfoy?- preguntó, malhumorado.
No- contestó el aludido- , Solo un montón de libros viejos e inútiles.
Les dije que era estúpido venir aquí- criticó Goyle- , pero aún todos le prestan demasiada atención a este cobarde.
¿Cobarde?- gruño Draco- Dame una razón para llamarme así.
¿En serio quieres que te lo diga?- preguntó Gregory con ironía- Has vivido muy cómodo en tu lujoso refugio. Sin pasar peligros ni pellejerías. Has comido y bebido a tus anchas, sin tener que merecerlo. Tú no sabes lo que es la guerra. No sabes lo que luchar. Te has escondido como una niñita, detrás de la túnica del Innombrable. Eres un asqueroso cobarde.
Goyle- le llamó Crabble- cálmate-
No, no me calmo. He estado años y años siendo pisoteado por este desgraciado. Y aún ahora todos le apoyan.
¡Basta!- gritó Nott- No quiero más peleas.
¡Pero digo la verdad!- continuó Goyle- Él no ha sangrado ni una gota. Yo ya llevo mis buenas cicatrices.
Si yo no he peleado, no es porque sea un cobarde- intervino Malfoy-. He estado prisionero en mi propia casa.
Son solo excusas- le lanzo Gregory.
¡Dije que ya basta!- cortó al fin Theodore- Me están colmando la paciencia. Prepárense. Regresamos ahora mismo. No quiero volver a escuchar una sola palabra del asunto. ¡¿Entendido?!
Nadie le respondió. Cada uno se giró en sus talones a buscar sus cosas. Draco tomó su mochila y buscó su escoba. Estaba en verdad sorprendido del resentimiento que Gregory albergaba en sus contra. Sabía que en tiempos pasados no había sido muy amistoso con él, pero jamás creyó ser un tirano. Era lamentable saber que tenía como compañero de armas a alguien que en un momento determinado, podría ser más un peligro que una protección.
Ya en el cuartel. Draco quiso aspirar un poco de aire fresco. Salió a mirar la noche que ya caía, vio la luna coronar un cielo negro. Hacía mucho que no veía la luna.
Yo que tú, me cuido la espalda, Draco.
El joven se giró y vio como Blaise se acercaba. El moreno se detuvo a su lado y sacó un cigarrillo, el cual encendió y del cual aspiró una bocanada.
El rubio no le prestó más atención. Tenía mucho en que pensar. Tenía que sopesar todo lo que había averiguado. Estaba inquieto, porque ahora sabía cosas que comprendía que no le convenían. Sí algunos de sus compañeros le hacía Legemancia podría averiguar demasiado.
Intenta no meterte mucho con Goyle- continuó de pronto el otro Slytherin- El muy desgraciado si tiene cabezota después de todo.
¿Qué quieres decir?
Qué no le busques el odio. Goyle ha aprendido mucho desde que salimos del colegio y empezamos a pelear esta guerra. Ya lleva sus buenos muertos. Ha demostrado dotes que no imaginas.
No creo que pueda ser tan peligroso- ironizó el rubio.
No lo subestimes. Te lo digo como amigo. Te odia a muerte y si tiene la oportunidad de hundirte, lo hará sin pensarlo dos veces.
Sigo siendo mejor en todo sentido que él.
No lo sé, Draco. Goyle tiene razón. Él ya es veterano de muchas batallas y tú no has peleado aún ninguna.
A pesar de que Malfoy había cambiado un poco su manera de ver la vida, después de pasar por tantos días de desventura, no cabía en su cabeza que el idiota de Goyle pudiera ser una amenaza. Seguía considerándose superior y su natural arrogancia le cegaba ante algunas cosas. Así, dejó que las palabras de Blaise se ahogaran en la frescura de la noche.
Aún seguía siendo el mejor en hechizos de toda su clase.
Y tuvo que empezar a demostrar su habilidad.
No pasaron dos días antes que tuviera que entrar al campo de batalla. De pronto, todo a su alrededor era ruido de estallidos. Luces rojas y verdes iluminaban un cielo nublado de atardecer de invierno. Escuchó gritos, llamados. El llanto desesperado de quien sabía que iba a morir.
Corrió. No sabían bien hacia dónde ir. Theo le indicaba que hacer, Zabini le tiraba de la manga para empujarlo y así evitar una luz roja que había amenazado su integridad.
¡Demonios; Malfoy!- le recriminó su compañero- ¡Reacciona! ¡Ya no estás en tu tibia cama! ¡Estamos en Guerra!
No dijo palabra alguna. Sólo sintió una gran vergüenza. Aún había sido muy pronto para él enfrentar algo así. Tuvo que sacudir su cabeza y asumir que no tenía más remedio que pelear.
No había otra salida.
Y enfrentó su primera batalla. Luchó al lado de Blaise con denuedo. Con el paso de los minutos, su cuerpo empezó a tornarse más ágil. Corrió y desvió hechizos. Lanzó su ataque, pero nunca pudo hacerlo con la agresividad que se hubiese esperado de él. De vez en cuando, Zabini le miraba de reojo. Pero nada decía. Los demás estaban demasiado ocupados peleando como para observarle.
Fue una contienda terrible. Y las bajas no fueron míseras. Los renegados debieron replegarse y no pudieron llevarse a sus muertos. Draco observó el cuerpo ya frío de Cormac Mcglaggen, junto a la orilla del arrollo en donde el escenario de batalla había acontecido. Le impresionó fuertemente. Le había conocido, habían compartido clases. Era difícil ver que varios de los muertos eran viejos conocidos.
Miren como quedó este asqueroso traidor- escuchó decir a Goyle, caminando a paso duro por la orilla- . Se sentía tan altivo el muy desgraciado.- rió- ni vio venir mi Avada.
Draco se giró y le vio. La cara de Gregory estaba como desfigurada por el desprecio y la arrogancia que ahora reinaban en él.
Goyle se acercó más al cuerpo inerte. Le dio dos patadas. Rió más.
No deberías tratarle así- dijo el rubio, sin poder controlar sus palabras- . Era un sangre pura. Merece más respeto.
Era un puto traidor- espetó el otro- . Cualquiera que esté contra nosotros es un puto traidor o un nauseabundo sangre sucia. No merecen nada. Aprende, Malfoy. Vas a tener que comportarte como un hombre ya. No estás bajo el cuidado de tu mamita.
Draco quiso decir algo más, pero Blaise le puso una mano en el hombro, alejándole de su contrincante. Después, le vio escupir y hacer cortes en los cuerpos de otros caídos. Goyle se había transformado en una bestia.
Te dije que él cambio- habló Zabini- . Siempre se transforma en un monstruo luego de cada batalla. Antes le deteníamos, pero se ha vuelto tan violento que preferimos evitar más problemas. Además, gracias a él se han ganado varias contiendas. Theo ya no le dice nada, solo hace como que no lo ve.
Si es así con los sangre pura…
Es peor con los que no lo son. Ya le he visto. Es horrible. No quiero pensar que pasaría si en sus manos cayera Granger o Thomas, por ejemplo. Y especialmente Granger. La ha tenido en su mira desde antes del comienzo de esta guerra. No quiero imaginar que le haría antes de matarla.
Un hielo recorrió la columna vertebral del joven. Ni siquiera quiso poner un escenario así en su mente. Pero aún así, recordaba lo bien que era Hermione con su varita. Ella nunca caería en las manos de Goyle.
Pero solo el tiempo diría si ella se enfrentaría o no a semejante rival. Y Draco esperaba que eso no aconteciera jamás.
Ginny le arreglaba la trenza, colocando algunas florecitas. Molly le ayudaba con el atuendo. No era la boda que ella le hubiese gustado. Sus padres no podrían acompañarla en día tan importante. Pero así era la guerra. No había tiempo para frivolidades ni sentimentalismos.
Se miró en el espejo. No se veía mal. Ginny le había dejado muy bonito el cabello. Su abrigo blanco, alargado con magia para lucir como vestido, era de un blanco precioso. No lucía joya alguna. Solo necesitaba el hermoso anillo que Ron le diera en compromiso. Su anillo de bodas. Nada podía ser más bello.
Harry la esperó a la salida de la tienda. Usaba el mismo traje que llevara en la boda de Bill. Era lo mejor que tenía, dadas las circunstancias. La miro sonriente. Hermione podía ver la emoción en sus ojos.
Te ves maravillosa.
No mientas. Ni siquiera tengo vestido de novia.
No miento, Hermione. De verdad estás hermosa. Y es el brillo en tus ojos el que te hace ver más bella. ¿Estás feliz?
Sí, Harry. Aunque nadie lo creyera jamás. Creo que he esperado este día desde que era una niña.
Harry sonrió y le dio un dulce beso en la frente. Luego le ofreció su brazo. Nadie mejor que él para encaminarla hasta el humilde altar.
Vamos, que un novio al borde del colapso nos espera.- bromeó.
La distancia que los separaba del lugar parecía interminable para la castaña. Había recorrido años ese camino. Siempre pasando por alegrías y tristezas, provocadas por el hombre que ahora se convertiría en su esposo. La emoción estaba allanándola. Debió detenerse un instante, porque creyó que perdería las fuerzas. Harry la miró, comprensivo. No le dijo nada, solo le apretó dulcemente la mano con la suya. Ella encontró en su mirada la tranquilidad. Sonrió. Aspiró hondo. Estaba cumpliendo uno de sus más bonitos sueños.
Solo un puñado de amigos pudo asistir. Pero los más importantes estaban ya sonriendo y saludando. Luna aplaudía. Neville sonreía y agitaba una mano. Fred y George lanzaban hurras. Hermione miró hacia delante y allí le vio. Ron también usaba el mismo traje de la boda de Bill. Sólo que una pequeña rosa blanca adornaba la solapa. Él parecía estar al borde del desmayo, pero se sostenía. Y cuando los ojos de ambos se encontraron, el pelirrojo sonrió feliz.
Harry llevó la mano de la chica y la puso en las de su novio. De inmediato Hermione sintió el temblor que reinaba en el cuerpo de Ron.
Me la cuidas- Dijo el Elegido a su amigo- La quiero mucho y si la lastimas, te mato.
No lo haré- respondió éste- Yo la quiero más que tú.
La ceremonia no tuvo el glamour que se viera en la de Bill y Fleur. Pero era tan íntima, tan serena, bajo la luz de una luna tan luminosa, que Hermione no pudo imaginar un enlace más romántico. Ella, como siempre, estaba muy atenta a todo, escuchando con solemnidad lo que el juez que los casaba decía. De pronto sintió un leve calorcito en la mejilla y al mirar hacia su lado, se encontró con los ojos azules de Ron. Éste no había dejado de mirarla desde que todo comenzara. Lo más probable era que su futuro esposo no había escuchado nada de lo que allí se decía. Él solo parecía absorto en ella.
Mira al juez- le susurró ella.
¿Qué?- preguntó él.
Que escuches y mires al juez.
Oh, sí.
El pelirrojo se giró hacia el hombre que estaba frente a él. Pero su atención fue breve. Su mirada retornaba a ella. Nada parecía más importante en el mundo.
Al término, cuando el juez le dijo a Ron que podía besar a la novia. Este pareció despertar de un sueño. Pestañeó varias veces y luego se volvió a perder en los ojos de su ahora esposa. Sonrió y lentamente se acercó, para acariciar con su nariz, la de ella. Luego, un beso muy tierno selló la unión.
No puedo creerlo- susurró entonces- . ¿De verdad esto está pasando, Mione?
Creo que sí- respondió ella.
Las ovaciones y las felicitaciones, les separaron por un momento. Ella solo quería tomarlo de la mano y llevarlo con ella lejos. Sólo estar los dos. Pero se había preparado un sencillo festejo y no podía eludirlo.
Fue una celebración breve. No podían extenderse mucho. Los vigías habían traído noticias del posible avance del enemigo. Todos empezaron a retirarse. Molly regaló a su ahora nuera, un abrazo fuerte y amoroso antes de despedirse. Hermione ahora sentía un incesante revoloteo en el estómago. Nunca en su vida había estado más nerviosa.
Ya… ya es hora.- le dijo un titubeante Ron.
Se tomaron de la mano y se alejaron de todo y de todos. Debían ir a su propia tienda, ahora que eran un matrimonio. Pero Ron la desvió del camino y la llevó un poquito más lejos.
La luna les bañaba el rostro.
¿A dónde vamos?- preguntó ella.
No sé.- contestó él- Siento que ambos necesitamos esta caminata. No sé qué sientas tú, pero yo estoy muy asustado.
Ella no dijo nada, sonrió.
La tibieza de la mano de Ron, la calmaba. El verle caminar, mirando hacia el frente. Con lentitud, la hacían comprender que él estaba quizás más nervioso que ella. La luz de la luna reflejada en los ojos de él, sería algo que Hermione recordaría el resto de sus días.
Luego de un largo rodeo, ambos comprendieron que ya no podían postergar más el encuentro. Ron titubeó un poco más, preguntándole con la mirada si ella estaba lista. Pero su mirada le decía a ella que él aún necesitaba unos minutos más.
Hermione le acarició el rostro. Ron cerró los ojos y respiró lento. Ella aprovechó el instante para darle un suave beso. El aroma de los pinos le envolvía.
Ya es tarde, Ron. Debemos ir a nuestra tienda.
Sí… vamos.
A dos metros de la entrada, Ron abrazó a Hermione con todas sus fuerzas. Se quedó así, inmóvil, aferrándola contra su pecho. Ella podía escuchar ahora el corazón de su esposo, el cual latía en brío desesperado.
Te amo- le susurró él.
Yo también te amo.
Él se separó para verla al rostro. Su semblante era serio, ceremonioso.
No tenemos que hacer esto si no quieres. Yo jamás te obligaría.
Lo sé. Tampoco yo te obligaría a ti. Estás tan nervioso…
Yo quiero…- dijo él- pero muero de miedo.
Ella se enterneció ante esto. Se acurrucó en el pecho varonil y aspiró el aroma.
Confío en ti.- dijo ella- Quiero que tú confíes en mi.
Ron besó la coronilla.
Yo también confío en ti.
Entraron. Para sorpresa de ambos, alguien había adornado el lugar con velas. En una mesa había dos copas y una botella de hidromiel. Ron ofreció una de las copas a su esposa y las chocaron delicadamente. El dulce sabor del licor, llenó la boca de la castaña.
Empezaron a charlar. Comentaron los pormenores de la fiesta. Ron ya se había sacado la corbata y se había abierto los primeros botones de la camisa. Intentaron desviar la mirada de la cama que estaba al centro de la tienda. Prefirieron quedarse sentados en las sillas junto a la mesa. Ron, trataba de distender el ambiente diciendo algunas bromas. Ella sonreía, pero estaba sedienta de un beso.
Callaron. Cada uno mirando a cualquier lado menos a su compañero. Luego, unos dedos acariciaron los rizos castaños. Ella cerró los ojos, casi perdía el aliento al sentir la caricia. Se giró y vio a Ron mirarla.
Estás tan linda.
Se acercó y le besó, primero con ternura, después, la intensidad fue creciendo. Ella fue respondiendo a la par de lo que él demostraba. Se vieron fundidos en un abrazo que de a poco se tornaba apasionado.
Tuvieron que levantarse porque las sillas ya no podían sostenerles. Ron abarcó toda la espalda. Ella se aferró al cuello. Lentamente, Las ropas fueron cayendo. Ron fue quitando el atuendo, pero sus manos temblaban. Ella no pudo evitar meter las manos bajo la camisa. La piel tibia se estremecía ante su toque.
Él nunca faltó a su voto. Siempre esperó que ella le permitiera el avance. Entre besos, caricias y estremecimientos mutuos, de pronto se vieron enredados en las cálidas sábanas. Hermione le sentía invadirla, mientras ella acariciaba la espalda.
Había dolido un poquito al principio, era lógico, pues era la primera vez que se entregaba a un hombre. Pero su esposo había sido tierno, gentil. Él también era un primerizo. Aprender juntos hizo que en ellos se creara una comunicación personal, un lenguaje íntimo que solo ellos dos podían comprender.
La madrugada los encontró abrazados. Ron mantenía los ojos cerrados. Medio dormido, medio extasiado. Los dedos de la mano derecha sintiendo la suavidad de los cabellos rizados. Hermione descansaba en el pecho del hombre que amaba. Pero no podía dormir. Sus sentidos estaban en total alerta. Podía escuchar al corazón de Ron estar quieto, sereno.
¿Estás dormido?
Un poco.
Ella se irguió, miró el somnoliento semblante. Ron fue abriendo los ojos con pereza.
¿Qué pasa?- le preguntó.
¿Imaginaste alguna vez que llegaríamos a estar así?
Muchas veces, especialmente estos últimos días. Pero vivirlo fue mucho mejor que imaginarlo.
Es la noche más bonita de mi vida.
Estaba feliz. Ella también había imaginado el momento, pero la experiencia lo había superado con creces. Amaba ahora sentir el olor de Ron impregnado en ella, sentir la piel de él tocando la suya. Verle aletargado, cansado, pero con la sonrisa en los labios, mirándola como si ella fuese lo más hermoso que hubiese en el mundo.
Es la primera de muchas, amor- le dijo él- porque serán muchas más. Cuando esta guerra termine, voy a partirme el lomo para darte un hogar bonito. Y tendremos una habitación mejor, con una cama amplia en donde dormiremos y nos amaremos. Y allí concebirás a mis hijos.
Ron…
No tengo dinero, pero tengo todas las ganas de luchar por ti, por la familia que me vas a dar.
Te amo.
Se precipitó sobre él y lo besó. Estaba desbordada por la emoción. Le encantaba que a pesar de los tiempos adversos que vivían, Ron se proyectara un futuro.
Ambos construirían un hogar. Y ella ya empezaba a soñar con ese hijo que algún día llegaría a sus vidas.
Luego de hacer el amor una vez más, se quedaron dormidos. Unidos. Ni la más terrible de las guerras podría separarlos.
