Code: Lyoko y todos sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.

Advertencias: No.
Palabras: 750.

Día 15.- Miai

Su padre estaba de un humor de perros. La había hecho sentarse hacía más de media hora y después se había esfumado. Se estaba poniendo de los nervios, tamborileó con los dedos en la mesa, resopló.

¿Y si se levantaba y se marchaba a su habitación? Mejor no arriesgarse. Miró el reloj que colgaba elegante de la pared de la cocina. Jugueteó con la costura bajera de su falda plisada.

Cuando su padre volvió a entrar en la cocina, lo hizo cargado con una pila de carpetas, ella le miró con aprensión maldiciendo su suerte.

—Akiko, ya es hora de que busques marido.

La muchacha se puso pálida, llevaba tiempo temiendo que su padre le soltase aquella bomba, las tradiciones estaban tan arraigadas en su familia, que sentía que se asfixiaba. Akiko miró las carpetas y después a su padre.

—No quiero casarme con el hombre de una carpeta, papá.

La respuesta de su progenitor fue abrir varias de ellas frente a su hija, mostrando las fotos de algunos jóvenes almidonados.

Akiko ojeó las fotos con desinterés, ninguno llamaba su atención, la biografía de ellos no le interesaba, los méritos laborales y académicos no podían importarle menos. Casi todos eran de Kyôto, como ella. Akiko suspiró, no quería verse atrapada para siempre en un círculo vicioso de tradiciones.

Y de repente, frente a la inflexible mirada de su padre, los labios de Akiko se curvaron en una sonrisa. Sus finos dedos tomaron una de las carpetas y se la tendió a su padre. Él observó al candidato, entonces fue su turno de empalidecer.

º º º

El kimono le apretaba, le pesaba y molestaba. Estaba deseando que aquello acabase. En la sala de espera el ambiente estaba la mar de tenso, sus padres la miraban con reproche, nada de acuerdo con su decisión.

La anfitriona de sala llamó a la puerta antes de entrar.

—Los Ishiyama los esperan.

Akiko tragó con dificultad, el maldito miai estaba a punto de empezar. El corredor de madera estaba desierto, olía a flores frescas. Tenía la sensación de que sus pies pesaban toneladas.

Cuando la anfitriona descorrió el shoji del salón donde aguardaba su pretendiente, Akiko, inspiró hondo. Ya no había vuelta atrás. Sus padres entraron primero, ella los siguió con la mirada clavada en el suelo. Se acomodaron en la mesa frente a la familia Ishiyama.

Akiko alzó la vista, sus ojos vagaron por la mesa y las manos de la gente frente a ella, entonces miró más arriba, buscando con los ojos a su pretendiente. Sus miradas se cruzaron, apenas unos segundos antes de desviarse de nuevo hacia la mesa. La chica sintió una simpatía instantánea hacia él, se le veía tan incómodo como a ella.

Volvió a mirarle con disimulo, no era guapo, tampoco es que fuese especialmente atractivo. Sin embargo, tenía algo que le gustaba.

Akiko sorbió su té mientras las familias hablaban de los logros de sus hijos, y de lo conveniente de aquel futuro matrimonio. Ella no podía sentir menos interés por toda aquella cháchara, miró al muchacho frente a ella que tenía la misma cara de aburrimiento. La simpatía por él iba en aumento, apostaba que a él los miai le parecían tan ridículos como a ella.

Pasadas un par de horas sus padres les dieron permiso para salir a pasear por el jardín, ambos jóvenes se sintieron aliviados ante la idea de poder escapar de aquella situación.

El chico le abrió la puerta y juntos salieron al jardín. Akiko tironeó del obi del kimono mientras caminaban hacia el pequeño estanque. Takeho se rascó la nunca algo incómodo.

—Menudo aburrimiento, ¿verdad? —Akiko lo miró sorprendida por aquella afirmación.

—Se supone que tienen que demostrar lo maravillosos que somos.

—Como si fuésemos un coche de ocasión.

Akiko rió por la comparación.

—¿Por qué a mí? —preguntó él—. Seguro que había hombres más interesantes, con una posición laboral mejor y una proyección de futuro mil veces más próspera.

—La verdad es que sólo te he elegido porque sabía que eso molestaría a mi padre. —Takeho la miró—. No soporta a la gente de Tokyô.

—Oh, entiendo.

Akiko le sonrió, Takeho parecía decepcionado.

—Si quieres —musitó ella— podemos ser amigos y ver a qué nos lleva.

—¿Para molestar a tu padre? —preguntó él.

—Sí. Además, si esto te ha fastidiado tanto como a mí, has ganado 1000 puntos en mi escala de interés.

La expresión de Takeho pasó de la decepción a una suave sonrisa tiznada de esperanza.

Fin

Notas de la autora:
¡Hola! Esta vez he optado por escribir sobre los padres de Yumi, en Japón ya no son tan habituales los miai, pero se siguen celebrando. Por si por contexto no se ha entendido bien: un miai es un evento que organizan las familias para buscarle marido a sus hijas, normalmente los pretendientes son del círculo paterno (hijos de compañeros de trabajo, superiores…), las chicas eligen y una cosa lleva a la otra. Para información más profunda, google.
Espero que os haya gustado.