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Palabras: 781.

Día 18.- Guardaespaldas

La calle estaba desierta sólo iluminada por las farolas, la noche era cerrada, oscura y húmeda. El eco de sus pasos resonaban sobre las baldosas junto con los sollozos de ella. Odd le agarró la mano con más fuerza, conteniendo la rabia.

Un par de semanas atrás había llegado un nuevo alumno, uno francamente molesto, siempre siguiendo a Sissi sin importarle nada más, regalándole cosas, atento. A ella le había caído en gracia, seguramente por recibir tanta atención por parte de alguien más interesante que Hervé. Aquel tipo la había hecho sentir querida, Odd sabía mejor que nadie que sentirse querida era lo que más ansiaba ella. Así que las atenciones la habían hecho aceptar la invitación de aquel imbécil.

A Odd no le había hecho gracia, pero sabía que no tenía ni voz ni voto en eso. Sissi había sido su fugaz —y sorprendente— novia de internet, y eso no le daba ningún derecho a meterse dónde no le llamaban. Aunque sí le había dicho que, tal vez, no fuese buena idea; a ella no le había interesado su opinión.

Y es que aquel tipo le había dado mal rollo desde el minuto uno, tenía algo raro, su intuición le decía que no era de fiar.

Cuando Odd la vio tan arreglada sintió un escalofrío, la agarró por el brazo y le suplicó que no fuera, ella se soltó de un brusco tirón. Iba a ir de todos modos, debía resignarse. La vio cruzar la verja de metal de Kadic y perderse por la calle.

Odd había estado tan intranquilo que no había ido ni a cenar a la cafetería, se había quedado encerrado en el cuarto dando vueltas y más vueltas como un animal enjaulado. Kiwi le observaba sin entender qué demonios le pasaba a su humano, si quería pasear podría llevarle a la calle, sería más divertido, seguro.

Su móvil sonó, le tentó la idea de ignorarlo, pero lo miró. El nombre de ella en la pantalla le hizo replanteárselo. Descolgó con el corazón aporreándole las costillas y su voz, al otro lado de la línea, le heló la sangre. Que una persona tan altiva y orgullosa, como lo era Sissi, estuviese suplicándole a lágrima viva que fuese a buscarla era terrorífico.

Sin pensárselo dos veces, cogió su chaqueta y salió corriendo de la escuela. Sissi le había dicho que estaba en el parque, en el centro, junto al estanque rodeada de gente. Pero, aunque sabía que estaba en un lugar público con gente, estaba inquieto.

Cuando llegó al parque estaba casi sin aliento, aquella carrera había sido más agotadora que cualquier ataque de X.A.N.A. Apoyó las manos sobre las rodillas, inclinándose hacia delante, permitiéndose un minuto para recuperarse. Se irguió e inició el sprint final hasta el estanque.

La buscó con la mirada entre las parejitas acaramelas, la localizó en un banco, bajo la luz de una farola encogida sobre sí misma, temblando. Fue hasta a ella que alzó la cara, tenía churretones de rímel en las mejillas. Con el corazón encogido observó el vestido rasgado y la enrojecida marca de una mano en su brazo.

Sissi se puso en pie y se aferró a su cuello como si fuese lo único seguro en el universo, él rodeó su espalda con cuidado, conteniendo la rabia. Tenía la piel fría y las mejillas húmedas y calientes. Cuando ella le soltó se quitó la chaqueta y se la puso sobre los hombros. Le preguntó qué había pasado, pero Sissi no habló, cabizbaja le tomó la mano y sollozó. Odd tomó aquello como un "vámonos a casa".

Las calles desiertas no le ayudaban a permanecer calmado. Caminaba un paso por delante de ella, casi arrastrándola con él, en silencio. Temía hablar y decir algo inapropiado, porque no sabía qué le había ocurrido; no podía bromear, no le salía.

Entonces Sissi se detuvo.

—No era cenar lo que quería —musitó con una voz tan débil que apenas logró escucharla—. Qué idiota.

Él la miró, allí plantada, cerrándose la chaqueta con la mano libre, temblando vulnerable.

—¿Te ha hecho daño?

—Sólo me ha asustado —contestó negando con la cabeza—. Tenías razón…

—Voy a matarlo —declaró Odd.

Abrió los ojos como platos, tiró con fuerza del brazo de él, atrayéndolo hacia ella.

—Ni se te ocurra, ¿me oyes?

—Sissi…

—Sólo llévame de vuelta a Kadic.

Él obedeció, sin soltarle la mano hasta que estuvieron frente a su puerta, le hizo prometerle que le llamaría si necesitaba algo, y antes de salir para desayunar. Aunque no le hubiese hecho daño, prefería estar con ella para asegurarse de que no se le acercaría. Pensaba hacerle de guardaespaldas mientras aquel cretino siguiese por allí.

Fin

Notas de la autora:
¡Hola! He vuelto con un Odd x Sissi, no ha salido exactamente como había planeado, aún y así no me desagrada como ha quedado.
Espero que os haya gustado.