Code: Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.

Advertencias: No.
Palabras: 896.

Día 22.- Amigas

—No hagáis tanto ruido que nos van a pillar —susurró Noémie agazapada en el pasillo.

Azra, Magali y ella se habían escabullido hasta el pasillo de los chicos con un claro objetivo. Asaltar el cuarto de William. Si Hiroki no les había engañado, que más le valía no haberlo hecho, estaría en la cafetería con sus amigos.

Noémie avanzó con cautela y alargó los dedos hasta el pomo, se detuvo, no había pensado que la puerta podría estar cerrada con llave. Maldijo para sus adentro, pero tiró de él. La puerta cedió sin oponer resistencia.

—Oh… —musitó, al parecer no era de los que cerraban con llave.

Magali y ella asomaron la cabeza sólo para asegurarse de que, realmente, no había nadie. La cama estaba deshecha y la guitarra bien puesta contra la pared. Magali entró y sus dos amigas la siguieron. Azra, inquieta, se apoyó contra la puerta temiendo que pudiera volver a abrirse.

—¿Qué estamos buscando? —preguntó Magali.

—Algo sospechoso —replicó Noémie.

Azra y Magali intercambiaron miradas, no tenían muy claro qué era lo que se suponía que tenían que encontrar.

Noémie abrió el armario sin ninguna ceremonia y empezó a buscar. Desde que se enteró de que, Emilie, se había enamorado de William que estaba inquieta. Era su amiga y quería protegerla a toda costa.

Cuando llegó al internado la primera persona que la trató bien fue ella. Emilie que era año mayor y que había perdido un curso a causa del racismo. Le había caído bien desde el principio, tan tímida y vulnerable. No quería que le volvieran a hacer daño y, William, aunque parecía buen tío tenía una fama no muy buena a sus espaldas.

Cerró el armario frustrada por no haber encontrado nada incriminatorio, miró a sus compañeras que seguían buscando y que, al parecer, estaban teniendo tanto éxito como ella.

Se dirigió a la cajonera, abrió el primer cajón. Estaba lleno de bolis y libretas, material de papelería para aburrir. Cualquiera diría que había asaltado la papelería del centro. El segundo estaba repleto de ropa interior, por unos segundos, pensó en volver a cerrarlo y fingir que jamás lo había abierto, pero después recordó que ella solía esconder cosas ahí, así que, metió la mano y tocó el fondo de madera hasta que sus dedos dieron con una libreta. Noémie la sacó y la observó con detenimiento, las tapas negras y una goma manteniéndola cerrada. ¿Y si era su diario? No tenía derecho a leerlo, aunque pensando en Emilie… Inspiró hondo, tiró de la goma y la abrió. El cuaderno estaba repleto de pentagramas notas musicales y letras. Noémie, pasó varias páginas, eran canciones. No era su diario, aunque parecía que las canciones estaban todas compuestas por él. No sabía que compusiera, aunque le había oído tocar la guitarra muchas veces, su habitación estaba justo encima de la de él.

Pasó un par de páginas y leyó el título de la canción "Piel morena", arrugó la nariz, era un título estúpido, deslizó los dedos por la página y fue leyendo la letra sorprendida, no necesitó acabar de leerla para reconocer a su amiga en ella. Sonrió, miró un par de canciones más, porque el que hubiese escrito una vez sobre ella no significaba nada, y se sorprendió en ver que Emilie era el tema principal de todas ellas. Su sonrisa se amplió. Satisfecha cerró la libreta con la goma y volvió a enterrarla entre los calzoncillos limpios. Cuando cerró el cajón se giró y miró a sus compañeras, habían dejado de buscar.

—No hay nada sospechoso —soltó Azra con su marcado acento.

—Supongo que me he equivocado —dijo Noémie encogiéndose de hombros.

Magali suspiró. Las tres chicas salieron del cuarto con la misma cautela con la que habían entrado y se escabulleron hasta la escalera de incendios. Noémie escuchó pasos cuando atravesaba la puerta de la salida de emergencia, pero no tuvo tiempo de ver nada, bajó sin preocuparse más por ello.

Las chicas pasaron el día tranquilas, relajadas, Noémie con la firme convicción de que él no buscaba herirla había logrado, al fin, calmarse y dejar de preocuparse.

A la hora de cenar, las cuatro amigas, se dirigieron en tropel a la cafetería. Noémie se detuvo, se le había desatado el cordón de las deportivas.

—Id tirando, ahora os alcanzo —soltó agachándose para atarse los cordones.

Las tres chicas le hicieron caso. El cordón blanco se le había llenado de polvo, odiaba cuando pasaba.

—¿Has encontrado lo que buscabas?

Se puso tensa, se incorporó a toda prisa y giró sobre sí misma para encontrarse frente al mismísimo William Dumbar.

—¿Q-qué?

—Te he visto salir de mi habitación esta mañana.

—Yo no…

Barajó la idea de mentirle, decir que la había confundido con otra, pero se dio cuenta de que no serviría de nada. Eran sus pasos los que había oído cuando salía.

—No, no lo he encontrado —replicó con altivez. William enarcó una ceja en respuesta—. Y eso es bueno para ti.

—Dime qué buscabas, a ver si puedo ayudarte —soltó él con sorna.

Noémie sonrió.

—Ya no busco nada, sólo espero a que hagas algo y que no la cagues.

—Si no me das más pistas.

—No le rompas el corazón a la persona equivocada, o tendré que hacer de tu vida un infierno.

William le devolvió la sonrisa y ella supo que lo había entendido.

Fin

Notas de la autora:
¡Hola! Hacía tiempo que no metía a Noémie en una de mis historias, la echaba en falta. Poco que decir sobre el shot de hoy, un William x Emilie algo diferente.
Espero que os haya gustado.