Les prometí que les traería MuraKaga! Así que aquí esta el capitulo 1, que es la primera parte de la "noticia" que le daran a Kagami c:
Espero lo disfruten~
Manchester, Inglaterra, 1820
Los dedos tamborileaban sobre la mesa de madera, su intranquilidad se notaba a leguas y su ceño se mantenía fruncido.
Estaba en una encrucijada.
La carta que había llegado esa mañana del mismo día traía una noticia que si bien sabía que llegaría, no creía que fuera tan pronto. No importaba realmente el contenido, pudo haber deshecho la carta y olvidarse de todo el problema. Pero no era tan fácil.
La carta era enviada desde Londres, más específicamente desde el castillo donde había vivido la familia real por generaciones. Si su memoria no le fallaba, la Reina Willianshire Elizabeth estaba a unos cuantos días de fallecer después de haber gobernado por 60 años el país. Eso solo significaba una cosa: Pronto habría un nuevo gobernante.
Recuerda haber visto al chico una vez, el príncipe Willianshire Murasakibara Atsushi. Por lo que sabía, el padre del joven había muerto incluso desde antes de su nacimiento, y por consecuencia no pudo tomar el trono. La madre, una mujer justa y generosa, murió cuando el príncipe contaba con apenas 5 años, debido a una enfermedad grave que acabó con su vida en poco tiempo.
Así pues, el pequeño chico quedo a cuidados de sus abuelos, los reyes de Inglaterra. Su abuelo murió hace unos 3 años atrás, y según lo que estaba escrito en la carta, no faltaría mucho para que su abuela también falleciera. Si estaba en lo cierto, el chico ya tendría 18 años, y podría subir al trono.
El único problema era que para esto, el príncipe debería contraer matrimonio lo más pronto posible con alguien de la realeza. Si no fuera su hijo mayor quien era el indicado, le hubiera importado un comino.
Se pasó la mano por sus cabellos negruzcos, revolviéndolo en un acto de pequeña desesperación. La hoja de papel era clara, decía que debía enviar a su hijo a la dirección ahí escrita, cuanto antes para que este estuviera listo antes de la boda. Sabía que no tenía opción, el destino de su pequeño había sido escrito desde que nació, y eso fue que, él y el príncipe estarían comprometidos hasta que pudieran casarse.
Su hijo mayor era solo unos cuantos meses más pequeño que el príncipe, si Atsushi cumplió los 18 hace dos meses, su hijo estaría cumpliendo la misma edad dentro de cuatro. Pero eso no significaba una excusa para no casarse, y precisamente, ese era el problema. No quería que su primogénito se fuera, pero era por el bien de todos, del reino e incluso de su herencia.
Si el príncipe y su hijo no se casaban, entonces perdería todo y quedaría en bancarrota.
Pero no era tan sencillo, su primer hijo, Collingwood Kagami Taiga, era muy terco y testarudo, eso contando que no sería muy fácil convencerlo para que dejara el castillo, ya que sus hermanos seguirían ahí y a ninguno le gustaba separarse de los otros, y eso que ni siquiera son niños, sino adolescentes en crecimiento. Además, considerando la actitud del chico, no se tomaría muy bien la idea de casarse con un completo desconocido.
Pero veía una pequeña esperanza en lo que decía la carta. La reina Elizabeth y él eran muy buenos amigos, a pesar de la diferencia de edades, y la anciana era alguien gentil y amable por lo que había pensado en todo antes de que los dos chicos se casaran.
La idea principal estaba ya establecida. Taiga iría con rumbo a Inglaterra para después casarse. Sin embargo, la opción que ofrecía la reina no era mala, el final sería el mismo, pero la forma de conocerse sería diferente, y tal vez, mejor que solo verse las caras en la boda.
Es por eso que estaba tan nervioso, aceptar era una cosa, pero llevar a cabo lo escrito era una completamente diferente, y más si su hijo se iría justamente mañana a primera hora. Solo esperaba que la noticia no golpeara mentalmente a Taiga.
- Duque Collingwood – La voz de una mujer le hizo girar la cabeza hasta la gran puerta que era entrada hacia su oficina. La criada siguió hablando cuando capturó la atención del hombre – He traído al joven Taiga como pidió.
- Muchas gracias Flora – Agradeció el pelinegro.
La sirvienta hizo una reverencia y después se retiró de ahí dejando la puerta entreabierta para que el hijo del duque pudiese pasar. Una cabellera rojiza entró en la oficina, y el joven se encaminó hacia la silla junto al escritorio de su padre. Se sentó, y así ambos se quedaron viendo cara a cara.
- Padre, ¿Qué es lo que ocurre para que me llames así de repente? – Preguntó el muchacho. El hombre sonrió, sí que Taiga era muy intuitivo, y probablemente estuviera tratando de averiguar por su cuenta el motivo de la llamada.
- Seré honesto contigo Taiga – El duque se arregló un poco el cuello de la camisa, y carraspeó antes de continuar – Sabes que nuestra situación económica está pendiendo de un hilo; solo contamos con unos cuantos sirvientes y mayordomos, y si el reino lo quiere, puede quitarnos las tierras y la herencia, y con eso, estaríamos en bancarrota.
- Sí, lo sé padre – Confirmó su hijo.
- Sin embargo – Continuó el de cabellera negra – Hay una manera de evitar que todo esto pase a mayores y la vida vuelva a como era antes – Los ojos de Taiga demostraban un brillo inusual mientras esperaba las siguientes palabras de su padre – Y eso, mi querido Taiga, es que tú contraigas matrimonio con el Príncipe Willianshire de Inglaterra.
- ¡¿QUÉ?! – El duque mentiría si dijera que no se esperaba esa reacción. La mirada de su primogénito demostraba enojo, desconcierto, y por supuesto, miedo. Notaba que esos orbes rojizos de su hijo estaban a punto de salirse de sus orbitas.
- Sé que es algo apresurado, pero quiero que entiendas que es por el bien de todos – El hombre de cabellos negros trató de informarle a Taiga lo que significaba que él se casara con el príncipe. Debía hacerlo para que al menos Kagami estuviera al tanto.
- Pero, ni siquiera lo conozco…- Masculló el pelirrojo – ¡Es una locura!
- Créeme que estoy de acuerdo contigo, es una locura ya que él tampoco te conoce a ti – Explicó el duque – Sin embargo, deben casarse cuanto antes. La reina esta por fallecer, y necesitan que el príncipe contraiga matrimonio lo más pronto posible para tomar el trono.
- ¡Entonces que se busque a una princesa! – Gritó Kagami con histeria impregnada en su voz – ¡¿No sería lo más lógico?!
- Si y no – Contestó el hombre. Se aclaró la garganta y prosiguió – Es cierto que el príncipe debe contraer matrimonio, y sería más lógico si se tratase de una joven princesa según lo que han comentado las personas del castillo, pero hay algo que debes saber Taiga… – El sudor frío recorría la frente del pobre duque mientras trataba de explicar a su hijo la noticia – Tú y él ya estaban comprometidos desde que naciste, por lo que no se puede hacer nada.
- ¡¿QUÉ?! – Otro grito más del pelirrojo, y oficialmente quedaría sordo.
- Siento no habértelo dicho antes, pero creí que te lo tomarías de muy mala manera, como ahora por ejemplo; Es por eso que el príncipe Willianshire no puede casarse con nadie más, debes ser únicamente tú – Finalizó el hombre de mayor edad entrelazando las manos detrás de su espalda.
- ¡¿De quién fue esta brillante idea?! – Ironizó exigiendo saber el de cabellos rojizos. El duque Collingwood se mostraba sereno aunque por dentro estaba más nervioso y shockeado que su hijo.
- Fue de la reina – Comentó el hombre haciendo a Kagami callar y que por fin se esfumara su enojo, pues este había sido reemplazado por la sorpresa – Ella era una gran amiga de tu abuelo, y cuando él murió la reina estaba ahí para consolar a todo la familia. Asistió al funeral sin falta y cuando estaban por enterrarlo me dijo: "Sabes, a tu padre le hubiese gustado que tu primer hijo se casara con el primogénito de mi hijo". Esas palabras me dejaron muy pensativos los siguientes días, y junto con ella acordamos que cumpliríamos la última petición de mi padre, es por eso que tú y él están comprometidos.
- ¿I-Incluso antes de q-que naciera…? – Tartamudeó el chico debido a la impresión por semejante confesión de parte de su padre.
- Sí, antes de que tú o el príncipe nacieran – Respondió el hombre. Unas cuantas lágrimas amenazaban con salir de las comisuras de sus ojos debido al recuerdo reciente.
- Lo siento – Se disculpó el menor – No quise que, es decir, no fue a propósito, lo siento; Es solo que la noticia me cayó muy fuerte, realmente no pensé en que podría terminar de esposo con otro hombre, mucho menos que este fuera alguien de la familia real, más específicamente el príncipe – Finalizó Kagami con la cabeza hacia abajo, en un gesto de arrepentimiento.
- No me malentiendas, sé que esto debe ser difícil para ti, afrontar todo esto cuando ni siquiera has cumplido los 18 – El duque paró por unos instantes para recuperar el aire que le faltaba, luego prosiguió – Pero por el bien de todos, y también por el del reino propio debes seguir. No olvides que alguien noble siempre…
- Sobrepone el deber antes de todo – Terminó el pelirrojo – Lo sé padre, lo sé. Entonces me casaré con el príncipe de Willianshire, no te pongas nervioso por eso.
Kagami se levantó de su asiento, ya dispuesto a marcharse para estar solo y tranquilo, y poder digerir mejor la noticia, sin embargo su padre le indicó que volviera a sentarse. Parecía que el hombre tenía más cosas que rebelarle y él necesitaba escucharlas.
- Taiga, ¿Sabes por qué te estoy diciendo todo esto?
- Si – Contestó – Para prepararme en cuanto sea el momento de la boda.
- Casi aciertas hijo, pero no – Las explicaciones de su padre cada vez estaban más llenas de sorpresas. Taiga prestó aún más atención ante lo que el hombre le diría – La boda se llevará a cabo dentro de un mes, pero tu deberás partir antes; Te irás mañana a primera hora, y te alojaras en una casa cerca del palacio, ahí estarás a salvo antes de que sea el día del matrimonio.
- ¿En una casa? – Definitivamente el día de hoy estaba llena de sorpresas - ¿Por qué no en el palacio?
- Si se llega a saber que el prometido del futuro rey se aloja en el palacio, los ataques aumentaran en busca de que ambos desaparezcan. Así el trono quedaría libre para cualquiera que quisiera tomarlo – Se explicó el duque – En esa casa permanecerás a salvo, un ex guardia real y caballero cuidara de ti durante ese mes, así que no hay porque preocuparse.
- Así que ¿Partiré mañana a primera hora? – Preguntó inseguro Kagami. El duque asintió – Entonces supongo que tengo que empacar y despedirme – Su padre volvió a asentir.
El silencio después de eso fue incómodo. Padre e hijo se mantenían callados y ninguno parecía hacer además de emplear ningún movimiento; simplemente se quedaron así, con el de orbes fuego sentado con las manos en las rodillas, la cabeza gacha mirando hacía el suelo, evitando contacto visual por con su padre, y el hombre con la espalda recta en el asiento y con la mirada fija en la figura de su hijo.
Kagami fue el primero en romper aquel ambiente tenso, levantándose de la silla aun sin levantar la vista, dio una pequeña reverencia a la vez que murmuraba palabras inteligibles para el duque, y se fue con aquella aura negra rodeándole, desapareciendo de la oficina de su padre. En cuando quedó solo, Collingwood suspiró, volvió a pasar su mano por su negra cabellera y se recostó en el escritorio. Al menos Taiga no había hecho un escándalo por la notica.
Dentro de la habitación del pelirrojo las cosas no iban mejor. Apenas llegó se fue directo a la cama, en donde dejó a su cuerpo caer, a tal punto de ya no moverse. Se colocó en posición fetal mientras abrazaba una de las almohadas blancas de seda, y las lágrimas se refugiaban en sus ojos, los cuales tenía cerrado fuertemente.
¿Cómo era posible de un momento para otro tuviera que dejar su hogar para viajar a Inglaterra? ¿Y de ahí permanecer escondido en una casa junto con un guardia y caballero? Y lo peor de todo ¿Casarse con un tal príncipe del que no sabía nada?
Nada, esa era la palabra para definir su conocimiento sobre aquel chico. No sabía nada, ni su nombre ni como se vería. Chasqueó la lengua en medio del llanto, ¿Tan idiota fue como para no preguntar sobre la persona que sería su futuro esposo? Si, lo fue, pero eso se debió a las noticias que su padre le brindó en menos de una hora. ¿Cómo quería su mente que preguntara su nombre si ni siquiera había procesado que se iría lejos de casa?
Y no quería ni imaginarse cuando les dijera la noticia a sus hermanos. La idea de separarse le dolía, ya que nunca había estado lejos de su familia, y más si tan solo le quedaban unas pocas horas con ellos. Se levantó de la cama, ya sabiendo que llorar no le solucionaría las cosas, además si alguien le viera en ese estado tan débil, se sentiría patético.
Se arregló un poco la ropa, ya que al estar acostado en su cama se había arrugado; con un paño se limpió las lágrimas de la cara, y trató de regularizar su respiración para no delatarse. También esperó un poco antes de salir, para que sus parpados y ojos volvieran a su color normal, pues se habían vuelto de un color rojizo debido al llanto de hace algunos momentos.
Cuando se aseguró de que su aspecto era presentable, salió de su habitación para caminar con rumbo al comedor…
¿Que tal? ¿como esta quedando? espero que les haya gustado este cap como para dejar reviews, ya que eso me animaría a escribir lo segundo.
Nos leemos~
