¡Por fin actualizando! ¡Me tardé un buen, pero ya volví!
Este capítulo se centra, más que nada, en el viaje hacia Londres, y también hay interacción de padre e hijo. Siempre han escrito al padre de Taiga como un sinvergüenza, irresponsable que hace con su hijo lo que le plazca, y eso rompe kokoros :'v (a nadie le gusta ver sufrir a su personaje favorito) así que yo lo hice todo un padre amoroso con buen corazón, tal como su hijo.
Aquí la breve explicación de cierta cosa, ya verán de que hablo.
Sin más ¡A Leer!
Manchester, Inglaterra, 1820
El sol comenzaba a aparecer por el horizonte, y sus luces traspasaban las ventanas de los cuartos de la casa en donde la familia Collingwood vivía. Los primeros cantos de los pajarillos comenzaron a hacer eco por todo el lugar, deleitando con su dulce sonido la mañana de la gente que gozaba de sonido tan tranquilizador y bello.
Pero había quienes, aun con ese ambiente tan agradable y alegre, no estaban de ánimos ni siquiera para sonreír.
Kagami se había levantado desde antes que el sol apareciera. En realidad, podría decirse que no durmió nada en toda la noche. La noticia que le había impactado ayer no le había permitido pegar ojo, ni siquiera pudo pensar en otra cosa que no sea la idea de tener que estar en casa de un desconocido a partir de mañana.
Sus cosas estaban correctamente empacadas, no se llevó todo, pero si la mayoría. Aún tenía la esperanza de que volviera a su hogar antes de la boda, o al menos después de ella.
Las bolsas debajo de sus ojos eran demasiado notables, y no solo eso; sus párpados también daban indicios de que se pasó mucho tiempo llorando, y su aspecto era muy deteriorable. La noche anterior fue un completo desastre, la noticia había hacho que el agradable ambiente familiar se quebrara en miles de pedazos.
Sus orbes escarlata miraron en dirección a su gran cama, en la cual, descansaban otros dos cuerpos, que se mantenían tranquilos y con apariencia aparentemente imperturbable. Sin embargo, estos también mostraban los mismos signos del mayor; párpados hinchados con un ligero toque rojizo, y bolsas de cansancio debajo de estos. Pero contrario a Kagami, los otros dos si lograron conciliar el sueño.
Después de la horrorosa cena, en donde ninguno de las cuatro personas en el comedor probó bocado, todos se habían retirado a sus habitaciones para descansar. La duquesa, dio una reverencia para luego irse al cuarto que compartía con su esposo, sin decir ni una palabra. Los tres hermanos, por el contrario, permanecieron ahí sentados mirando el mantel de seda de la mesa sin levantar la vista para nada.
Cuando Taiga se levantó para irse con dirección a su habitación, sus dos hermanos menores hicieron lo mismo, pero con una ligera diferencia; ni Himuro ni Kuroko se fueron a sus propias habitaciones, decidieron seguir a su hermano mayor hacia la pieza de este. El pelirrojo no les dijo nada, tan solo les dejó seguirlo, porque para ser honesto, no quería estar solo por el momento.
Cuando llegaron a la habitación, los tres se tumbaron en la cama; no hace falta decir que apenas sus cuerpos tocaron el suave colchón, empezaron a derramar lágrimas, las cuales caían como cataratas de sus ojos. Permanecieron así casi toda la noche, hasta que los dos menores perdieron la fiera batalla que habían estado teniendo contra el sueño.
Pero Kagami no se durmió, tan solo arropó a sus hermanos para que estos no pasaran frío. Él, lejos de dormir, se levantó de la cama para empezar a empacar sus cosas. No tenía ni el mínimo signo de sueño en su cuerpo, entonces ¿Para qué dormir? Por lo que se tomó su tiempo guardando todas las cosas valiosas que se llevaría de casa.
Ahora que amanecía, solo quedaba salir afuera, donde seguramente su padre ya lo estuvieras esperando. Escribió en una nota algunas palabras de despedida hacia sus hermanos, ya que la verdad, no quería despertarlos aun, o de lo contrario se armaría un alboroto con ellos.
Se vistió correctamente, tomó sus maletas y las sacó fuera de la habitación, en donde varios sirvientes le estaban esperando, los cuales tomaron sus pesadas maletas llevándolas afuera, él quiso ayudar, pero los criados no se lo permitieron.
Se fue con rumbo hacia la cocina, donde su madre estaba esperándolo con un pequeño paquete de lo que parecía ser comida, lo tomó con cuidado, y notó que la mujer de hermosos cabellos dorados también tenía un aspecto muy inapropiado, con ojeras bajo sus ojos y los párpados hinchados.
Le dio un beso, y un fuerte abrazo, y se retiró de ahí. Si se quedaba un momento más con su madre, nuevamente explotaría en llanto, y debía verse presentable para cuando llegase en la casa donde se quedaría durante un mes. Solo esperaba que sus signos despreciables ya hubieran desaparecido cuando llegaran al pequeño palacio, en donde se supone que estaría.
Salió afuera, encontrándose con su padre quien le miraba con una sonrisa, los sirvientes ya habían subido sus maletas en el carruaje, los dos caballos ya estaban despiertos y también parecía que estaban más activos que de costumbre, aun cuando fueran las seis de la mañana. El hombre pelinegro le lanzó una mirada que no supo identificar, tal vez de ánimo, pero al mismo tiempo de nostalgia.
El duque se adentró en la carroza, acomodándose en lo que su hijo mayor bajaba de las escaleras de la entrada para subirse con él. Cuando Kagami igualmente estuvo dentro, el hombre dio la orden para que el carruaje partiera. Se escuchó el sonido característico de las ruedas al moverse y algunos ruidos de los animales.
Taiga estaba sentado junto a su padre, pero desde que se subió no había pronunciado ni una palabra, y solo mantenía la vista fija en la ventana del carruaje. El duque Collingwood no esperaba que hablara, pero aun así trató de entablar alguna conversación con su hijo durante el viaje.
- Taiga – Llamó el hombre mayor, pero no hubo respuesta por lo que volvió a intentar – Taiga – Esta vez, con ayuda de su mano, sacudió la pierna del pelirrojo, logrando así tener la atención del chico – Vamos Taiga, sé que esto es duro para ti, pero piensa en el reino, además, ahora vivirás en un castillo, no te faltara nada ahí.
- ¿Y tú crees que con eso seré feliz? Enserio que respeto y acepto esto, pero solo es por el reino, no quiero tener nada que ver con aquel príncipe que ni siquiera conozco – Masculló Kagami con la voz un poco quebrada, y lágrimas amenazando con salirse de sus ojos. El pelinegro lo atrajo hacía él y lo abrazó brindándole un poco de su cariño. Taiga no dijo nada, solo se dejó abrazar, porque realmente era eso lo que necesitaba.
- Tal vez tú y ese príncipe puedan llegar a llevarse bien… - Animó el duque, en un intento por consolar a su hijo, ya que aún no superaba lo que estaba ocurriendo.
- La verdad es que lo dudo, aun cuando llegara a entablar alguna clase de relación amistosa con él, no pasará a más que eso… - Suspiró aun entre los brazos de su padre. Existía aun la posibilidad de tener amistad con el príncipe Willianshire, pero, ¿De ahí a amor? Era una completa locura.
- Pero… ¿Qué pasaría si ambos terminan enamorados?
- Eso no pasará, y aunque hipotéticamente se diera ese caso, aun así no podría ser debido a la situación – El hombre mayor arqueó una ceja ante la duda que su hijo le había formulado.
- ¿Y por qué no podría ser?
- Porque ambos somos hombres… - Dijo como si nada, no es que estuviera en contra de eso, pero si ambos eran hombres entonces no podría haber ningún heredero al trono – No voy a poder embarazarme, y de esa manera ya no habrá ningún próximo rey o reina.
- bueno, pero… hay doncellas que sirven en algunas ocasiones para eso…
- Por eso no me enamoraré, de esa manera, él podrá hacer lo que quiera con las doncellas, y no sufriré por amor, aunque dudo mucho que llegase a amarlo – Su voz se estaba apagando con cada frase que salía de su boca. Aun se mantenía abrazado con su padre, ya que esa cercanía no se da muchas veces. Su padre tiene negocios y que viajar constantemente, lo que ocasiona que casi nunca lo vea.
- ¿Y si yo te dijera que si puedes embarazarte? – Taiga rápidamente se deshizo del abrazo para incorporarse y mirar con los ojos muy abiertos a su padre, quien le miraba con una expresión divertida en el rostro. ¿Embarazarse? ¿Él? ¿Un hombre? ¿Cómo demonios era eso posible? – Te diré un secreto de los Collingwood, Taiga – El duque notó la incredulidad en los ojos rojos de su hijo, y más que decidido a contarle, decidió que aunque aquella otra noticia pudiera ocasionarle al pelirrojo más cambios emocionales, se arriesgaría a decírselo – Durante años, la familia ha tenido la capacidad de que algunos hijos varones puedan dar a luz. Nosotros les llamamos donceles, esto no significa que todos lo sean, algunas nacen completamente hombres, por decirlo así. Yo no soy doncel, pero en tu caso, y en el de Tetsuya, puedo afirmarte que ambos lo son.
- ¿Y qué sucede con Tatsuya? – Preguntó con curiosidad el primogénito de la familia, más que sorprendido por la información recién dada con respecto al tema de los donceles.
- Tatsuya es como yo, es completamente varón, lo que quiere decir que no puede engendrar hijos – Explicó el hombre con tranquilidad, notando que Kagami se había desviado del tema de su compromiso, y estaba más interesado en lo que acababa de decirle.
- ¿Cómo sabes cuando alguien es doncel?
- Fácil, se nota – Dijo con voz pacifica, sin prisa – Es un poco diferente su manera, Tetsuya tiene un cuerpo delicado, esbelto y también con algunas curvas, lo cual nos dedujo que era precisamente doncel; Tatsuya no, tiene un poco más de musculatura, su cuerpo y fuerza se desarrollaron bastante rápidos, además de que no tenía ninguna curva.
- ¿Y qué hay de mí? – Preguntó el pelirrojo, ansioso por la respuesta de su progenitor.
- Tú fuiste un caso más complicado, tienes el cuerpo de un varón, también fuerza y altura, pero sin duda alguna, tus curvas están ahí, casi imperceptibles, pero ahí están. Tu rostro tierno y delicado más tu increíble inocencia nos da a entender que eres doncel, aun contando con esa retaguardia que tienes.
- ¡PAPÁ! – Se quejó el chico con el rostro rojo.
- ¿Qué? – Preguntó el duque haciéndose el desentendido – Es de lo único que habla todo el mundo en la casa, que no me enterara sería un milagro – Vio el rostro sonrojado de su primogénito, y no pudo evitar reír un poco ante lo adorable que se veía – Además – Siguió con su explicación – Existe un viejo mito que dice, que si el bebé nace en días lluviosos y con mucho frío, será doncel, pero si lo hace en un día soleado y con mucho calor, entonces será varón. Tú y Tetsuya nacieron en días muy fríos, sin olvidar las tormentas que hacían esos días, por el contrario, Tatsuya nació un día que había un sol tan potente que nadie quería salir de la sombra, y que había un calor de los mil infiernos.
- ¿Entonces debo suponer que puedo embarazarme?
- Exacto.
Kagami lo meditó unos segundos, todo esto se había dado debido a que empezó con un dilema de que no podía tener hijos, y ahora descubría que era doncel. Si eso era verdad, entonces significaba que podría dar herederos para la siguiente generación. Él había esperado que alguna doncella se hiciera cargo, ya que su padre solo le dijo que estaban comprometidos, pero fuera de eso, no había nada más, así pues, solo viviría en el palacio con su esposo, pero no es como si fueran a ser una pareja empalagosa.
Pero ahora, enterándose de la capacidad que poseía para engendrar hijos, no tenía más opción que intimar con el príncipe, para poder así dar algún hijo que pudiera tomar el cargo años más adelante. Bufó, se acomodó mejor en el asiento, y se limitó a observar otra vez por la ventana. El hombre mayor sonrió mientras hacía lo mismo, pero de su lado. Ahora que Taiga estaba ocupado pensando sobre su estado, ya no habría más preguntas durante el viaje.
Las horas pasaron rápido, y para ser honestos, aún quedaba mucho camino por delante. Partieron exactamente ese día, desde primera hora para poder ahorrar aunque sea un poco de tiempo. Eran ya las 11 de la noche, pero aunque Taiga parecía que en cualquier momento colapsaría de sueño, se esforzaba por mantenerse despierto. El hombre que se encargaba de guiar los corceles había estado completamente activo durante todo el día y toda la noche, incluso Kagami sintió pena por el pobre hombre.
- Papá, ¿No crees que el hombre que nos ha estado guiando en todo este camino debe estar ya cansado? Digo, ha sido un viaje extremadamente largo, y creo que debe estar muy agotado, después de todo ha estado despierto durante todo el día – Kagami miró a su padre con ojos de lástima, pena, compasión por el individuo que se encargaba de los caballos.
- No te preocupes Taiga, ese hombre que ves ahí, no es el mismo que cuando partimos de casa – Respondió el duque, muy seguro de sus palabras, notando como los ojos de su primogénito se abrían con confusión.
- ¿Eh? ¿A qué te refieres? – Preguntó el pelirrojo con duda impregnada en su voz.
- Cuando salimos de casa, un hombre nos llevó la mitad del camino, ¿Recuerdas que hicimos una parada cerca de las dos de la tarde? – El chico de orbes escarlata asintió ante esas palabras – Bueno, fue para abastecernos con algunos alimentos y también para cambiar de conductor, otro tomó el lugar del primero, y es con quien viajamos ahora. Es más, debemos estar a punto de llegar al siguiente pueblo, ahí habrá otro cambio.
Kagami miró a su padre un poco confuso, entendía bien a lo que se refería, solo que aun así no se le hacía justo para esos hombres; deberían estar cansados, y su padre solo los hacía trabajar de más. Frunció el ceño, y su padre soltó una carcajada ante su expresión.
- Siempre dejas que tu buen corazón te guíe ¿eh, Taiga? – Habló el hombre mientras aun soltaba leves risas. Suspiró un poco antes de volver a hablar – No te preocupes, me encargue de avisarles a todos los que nos guiaran durante este viaje desde hace unos días; así ellos descansan lo suficiente, los que trabajaran de día duermen de noche, y viceversa. En cuanto lleguemos al pueblo del cambio, te puedo asegurar que el nuevo conductor estará más que activo – Entonces el pelirrojo suspiró más tranquilo – ¿Por qué mejor no duermes un rato? Has estado despierto desde muy temprano sin dormir, te hace falta.
- Pero yo…
- Nada de peros, enserio lo necesitas, ahora a dormir – Dijo el duque, mientras se palpaba el hombro para que su hijo se acostara en él. Kagami así lo hizo, dejó caer su cabeza en el hombro de su padre, mientras cerraba los ojos.
A los pocos minutos, se quedó dormido.
- Taiga, hijo es hora de que despiertes – Mencionó el duque, mientras sacudía lentamente a su primogénito para despertarlo. El pelirrojo frunció el ceño ante la interrupción de su siesta, pero las insistentes sacudidas de su padre terminaron de despertarlo.
- Mmh… ¿Qué hora es? – Preguntó somnoliento.
- Son ya las 9 de la mañana del segundo día, si seguimos a este paso llegaremos mañana al amanecer – Dijo el hombre de cabellos negros, mientras buscaba algo en la bolsa que tenía junto a él. Kagami se preguntó si la había tenido ahí todo el tiempo, ya que no la había visto. De ahí sacó un pedazo de pan y una botella de leche, y se la tendió – Ten, es hora de que desayunes.
Kagami aceptó el alimento sin dudarlo. Aún estaba algo confundido y medio dormido, pero nada que un buen desayuno no pueda arreglar. Comenzó a comer tranquilamente, girando la cabeza hacia la ventana para ver el paisaje. La luz del sol ya iluminaba la tierra, y todo se veía realmente hermoso.
- ¿Ya ha comido el hombre que nos lleva? – Preguntó el chico de orbes escarlata, haciendo a su padre expresar una mirada de asombro, que después fue cambiada por una sonrisa.
- Si Taiga, está bien.
- ¿Y los caballos? Nos han llevado todo el día, deben estar muy cansados – Volvió a insistir el muchacho. Collingwood sonrió con ternura al ver la preocupación en el rostro de su heredero. Kagami tenía un buen corazón, y trataba a todos por igual, ya sean ricos o pobres, hombres o mujeres, ancianos o niños, humanos o animales.
- Cambiaron ayer – Respondió él – Cuando llegamos al pueblo que te mencioné antes de que te durmieras, no solo cambiamos de conductor, sino también de caballos. Créeme, tal vez sea algo estricto en algunos aspectos, pero ni yo sería tan cruel para hacerle eso a esos animales.
- Menos mal – Murmuró el chico, bebiendo un trago de la leche – No quería tener que rogarte para descansar si no lo habías hecho.
- ¡Já! Me recordaste exactamente a cuando te presenté al perro de la familia vecina, ay dios, amabas tanto a ese animal, pero desde que te mordió les tienes miedo y los odias – Explicó el duque, relatando aquella pequeña anécdota que ocurrió cuando Taiga tenía apenas unos 5 años.
- No los odio… –Dijo en un susurro, pero lo suficiente alto como para que su padre lo oyera – Aunque me haya mordido y también me haya provocado este miedo indescriptible a los de su raza, jamás creo llegar a odiarlos, los quiero.
- Lo sé, los Collingwood somos muy caracterizados por nuestro amor hacia el prójimo, y tú Taiga, eres la viva imagen de ello. Los quieres, aun cuando fueron los causantes de que terminaras con aquel pánico – El hombre mayor dirigió su mano hacia la de su hijo, y le dio un gran apretón mostrándole una mirada de cariño que el pelirrojo no dudó en corresponder.
- Basta ya, solo escucho a mi corazón, tal como me ha dicho Mamá – Respondió el chico, sonrojándose ante las palabras que decía su padre con respecto a su actitud.
- Es por eso que quiero que entiendas… – Comenzó a decir, guardando silencio por unos segundo, antes de volver a hablar – Que aunque no conozcas al príncipe Willianshire, existe la posibilidad de que te enamores de él, sé que no quieres y que harás lo posible por evitar el amor entre ustedes, pero temo que tu buen corazón te lo impida.
- Yo también estoy algo confuso por ese tema, pero por el momento creo que lo mejor será no pensar más en eso – Dijo Kagami, y el duque se dio cuenta que el brillo en los ojos de su primogénito desapareció.
El carruaje siguió su curso, ya habían pasado varios pueblos, donde habían comprado algunos alimentos y también cambiado de conductor por cuarta vez. Muchas doncellas que veían al hijo del duque murmuraban cosas entre ellas, y aunque Kagami no alcanzaba a escucharlas, se hacía una idea. Pero él ya estaba comprometido, y esas chicas no eran precisamente su tipo.
Cuando eran cerca de las 6 de la tarde, el chico se preguntó algo que había estado rondando por su cabeza. Si bien, el camino de Manchester a Londres era peligroso, no hubo ningún indicio de algún problema durante todo el camino que habían recorrido. Según dicen, el camino estaba lleno de ladrones, asaltantes y animales salvajes, pero no habían avistado nada.
- Padre, no es que no agradezca el que no nos haya ocurrido nada pero ¿Yo creí que el camino hacia Londres era peligroso – Comentó Kagami, mientras despegaba su vista del paisaje, y ahora miraba a su padre a los ojos.
- Bueno, el camino concurrido sí.
- ¿Qué quieres decir con el camino concurrido? – Preguntó el chico, notando como su padre se rascaba la nuca mientras pensaba y meditaba lo que debía decirle.
- Verás, el camino concurrido está muy lleno de peligros, pero suele ser el más rápido para Londres, por lo que la gente se arriesga en pasar por ahí; si hubiéramos ido por el mismo camino, hubiéramos llegado hoy en la mañana, pero corríamos demasiados riesgos – El duque se ajustó el pañuelo elegante que tenía en el cuello antes de continuar – Pero como tú eres el prometido del príncipe, no podía arriesgarme, así que preferí tomar el camino largo.
- ¿Entonces llegaremos mañana?
- Exactamente – Respondió el hombre, mientras se acomodaba contra el suave asiento de la carroza – Ahora a dormir, mañana tendrás un día muy agitado. Yo estaré solo por ese único día ya que debo volver con los demás. Recuerda que te quedarás algo lejos del palacio, al cuidado de un guardia…
- De un guardia real y caballero – Interrumpió Taiga – Lo sé Papá, por eso es que vine un mes antes. Además, aún son las seis.
- Es solo que sueles ser muy despistado, quería asegurarme – El hombre de cabellos oscuros le brindó una sonrisa cálida, mientras Kagami se acomodaba en el hombro de su progenitor para descansar – Es algo temprano, pero debes dormir.
- De acuerdo – Ahogó un bostezo mientras cerraba los párpados.
- Buenas noches… – Susurró Collingwood, notando como su hijo daba una sonrisa leve, antes de caer rendido al mundo de los sueños.
Como ven, dice algo acerca del mpreg, la verdad es que aunque lo tendrá, será solo hasta el epílogo, así que si no les gusta no se preocupen, la historia no se centrará en eso, hasta el final, muy final c:
Espero que les haya gustado, pronto actualizaré mis demás escritos.
Nos leemos~
