Advertenvia: SLASH.
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Steve Rogers es un esposo protector.
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Hacía cinco minutos que se había despertado en una habitación de hospital moderna e incolora. Se estaba desconectando de los aparatos al mismo tiempo que llamaba para que un taxi viniera por él. Todo el cuerpo le dolía, no se veía capaz de hacerse cargo de la armadura en ese estado. Si alguien intentó detenerlo simplemente le ignoró.
De camino a su segura vivienda fragmentos de una misión de rescate en un país oriental en guerra vinieron a su memoria, nada más, una laguna negra se extendía tras ese momento.
Se encerró en el sótano en tanto el sistema comenzó a realizar un escaneo de su estado físico en situación de alarma. Arrojándose sobre la silla que una vez utilizó de práctica, solicitó la grabación del momento tras la colisión, pero el capitán América fue anunciado justo antes de atravesar el umbral de la puerta.
- Tony - se acercó a pasos agigantados dejando el escudo y la máscara en el suelo -, ¿Qué demonios estás haciendo? Tienes que volver al hospital.
- ¿Tengo que qué? Estoy perfectamente, no entendiendo el porqué debería - viendo los resultados del escáner.
- No estás bien - le sujetó del hombro para arrastrarlo de vuelta si era necesario -. Estuviste en coma durante cinco días.
La mirada de angustia en que reflejaba ese rostro era cansada, febril. Ahora entendía porqué aquella zona de su cerebro sobresalía en la pantalla holográfica. El impacto debió ser más fuerte de lo que creía. Sintió un inmenso alivio cargado de una extraña culpa. Entendió lo difícil que había sido para Steve, era la segunda vez que podía haber creído que estaba muerto.
- Steve - le soltó de la mano, exhaló aliviado par posteriormente abrazarle -, estoy bien ¿Lo ves?
El soldado, quien se había puesto rígido por el abrazo, se relajó de inmediato, rodeándole con sus brazos para atraerle hacia sí con fuerza, como si quisiera fundirse con él. Su pecho dolía, conteniendo aquellas cinco noches de agonía, de desesperación, de vigilia; no sabía si quemaba por el dolor o la alegría. Sólo por su héroe, por quien daría la vida.
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Cuánta poesía.
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