Hello my friends! How are you? fine? I'm happy to hear that :)
Bueno mis queridos lectores, creo que aunque me tardé un poco, no fue tanto como anteriormente, incluso quería seguir escribiendo más a este capítulo pero me di cuenta de que quedaría muy largo por lo que tuve que cortar las últimas partes para hacer un nuevo documento, lo cual quiere decir que tendran el siguiente más pronto de la que creían.
Intentaré actualizar mis otros escritos, pero como se acerca Halloween y quiero escribir algo para ese día no se si pueda, pero para los que leen Son of Sun les aviso que pronto estará, solo faltan unas cuantas líneas del capítulo. También retomaré abecedario y Jäger Raisen, sus continuaciones están casi terminadas, por lo que no desespereís.
Además, aquí en México se acerca el día de muertos y eso son más cosas por hacer, pero no diré que noviembre no es divertido, es incluso una fecha más importante que la propia navidad, o por lo menos lo es aquí en el territorio mexicano.
Espero disfruten el capítulo, y perdonen cualquier fallo de ortografía. Kuroko no Basket no me pertenece.
Londres, Inglaterra, 1820
La luz de la mañana se colaba por la pequeña ventana abierta que tenía el carruaje, el movimiento un poco acelerado y tosco del carruaje provocaba que los pasajeros ahí dentro saltaran levemente ante lo dificultoso del camino; Además, había ruido, mucho ruido, algo que hizo que un chico pelirrojo que dormitaba en el hombro de su padre despertara.
Kagami parpadeó varias veces, tratando de acostumbrarse a la luz solar que le daba en la cara; se incorporó hasta quedar sentado de nuevo, y se talló los ojos para despertarse aún más. Fijó la vista en su padre, parecía que el duque tenía unos cuantos minutos de haberse despertado también, ya que se veía más presentable que él.
Bostezó audiblemente mientras miraba hacia la ventana que estaba de su lado. Se sorprendió al notar que en lugar de los árboles y paisajes salvajes que habían visto a lo largo del camino, ahora eran sustituidos por grandes casas, y algunos puestos de trabajo y comida, como alguna que otra panadería a algún sastre. Parecía como si estuviera en Londres.
Un momento… ¡¿En Londres?!
Como si fuera impulsado por un resorte, sacó su cabeza por la pequeña ventana de ahí, aun cuando ésta fuera de tamaño considerado, era lo suficiente para que su cabeza saliera sin ningún inconveniente. Con asombro fijó su vista en todo el lugar, percatándose que efectivamente ya se encontraban en Londres.
¡El gran palacio se veía incluso desde donde se encontraban!
Como un niño pequeño miraba asombrado hacia todos lados. En serio que la ciudad de Londres era impresionante, ni siquiera en Manchester era así de asombroso. El olor a pan recién horneado se sentía con mucha intensidad, a Kagami casi se la hacía agua la boca, y se moría por degustar alguno de esos manjares.
El duque miraba a su hijo con una sonrisa en el rostro. Como adoraba que su primogénito se comportara como un chiquillo, le hacía recordar los viejos tiempos cuando sus hijos aun usaban pañales. Kuroko y Himuro maduraron algo rápido, a pesar de ser los menores; pero Taiga, él era el único que aun con la edad cerca de los dieciocho, se comportaba como cuando aún tenía unos 9 años. Le hacía sentirse feliz, podría ser el mayor, pero era su bebé.
– ¡Padre mira! – El pelirrojo le llamó la atención haciendo que girara su cabeza hacia su dirección donde señalaba algo que no podía ver – ¡El palacio!
Aun con las palabras, Collingwood no podía ver nada desde donde le mostraba su hijo, por lo que prefirió mirar pero dela ventana de su lado del carruaje. Admiró la bella arquitectura del palacio real. Era grande, brillante, hermosa, majestuosa, e impresionante. A decir verdad, era lo que más destacaba en todo Londres.
– Taiga, regresa al carruaje, estás asustando a la gente – Comentó mientras veía como el chico obedecía sus palabras, y se volvía a sentar cómodamente en el asiento acolchonado. Notó que las mejillas de Kagami estaban de un leve color rojizo, señal de que lo que le dijo le dio vergüenza. Rió, y decidió seguir molestando un poco más a su hijo mayor – Cielos, casi tenías la mitad del cuerpo fuera, la gente te veía como bicho raro.
– ¡Papá! – Se quejó el menor, mientras escuchaba las estruendosas carcajadas de su progenitor, acto que solo le hizo sonrojarse más.
Después de ese breve momento mañanero entre padre e hijo, ambos decidieron observar a su alrededor en silencio. Kagami estaba cada vez más nervioso, es decir, estaba a unas cuantas horas de llegar a su destino, incluso menos. El palacio no se veía lejos, pero tampoco estaba cerca; además, él no se quedaría ahí, sino que se iría a una casa grande que estaba un tanto cerca del palacio. Según su padre, era espaciosa, acogedora y no correría ningún riesgo ahí.
– Bien Taiga, estamos a punto de llegar, sé que estás nervioso, pero no tienes por qué estarlo. Te aseguro que vas a estar bien – El hombre pelinegro tomo las manos de Kagami entre las suyas, mientras le miraba con amor pero también con ánimos. Una mirada que le decía al pelirrojo que debía creerle, y así lo hizo.
– Lo sé, es solo que… la idea de dormir en un lugar que no es casa me parece algo… incómoda.
– Tranquilo, vas a ver que te sentirás como en casa, ¿No me dirás que aun temes dormir solo o sí? – Se burló de manera cariñosa, mientras las mejillas de su hijo se coloreaban de un color carmesí. ¡Oh como amaba molestar a su Taiga!
– No es eso… – Admitió el menor – ¿Sabes qué? Mejor no te digo nada más – Kagami frunció el ceño, infló las mejillas mientras se cruzaba de brazos, girando su cabeza para no ver a su padre, en un gesto infantilmente caprichoso.
– ¡Vamos Taiga! ¡No te comportes así! – Rió el hombre con falsa indignación.
El resto del camino se la pasaron con el pelirrojo ignorando a su padre de manera infantil, mientras el duque intentaba inútilmente de llamar la atención de su hijo. Con risas y alguno que otro momento bochornoso el tiempo pasó rápido, y en menos de lo que pensaron el carruaje se había detenido, mientras frente a ellos se veía la gran casa donde se quedaría el chico.
Escucharon la voz del último hombre que los había llevado hasta allí, diciendo que habían llegado, dándoles la señal de que podían bajarse. Primero lo hizo el hombre de cabellos negruzcos, y luego, se giró para ayudar a su hijo a bajar de la misma forma. Ya había ahí algunos tres hombres que fueron directamente con dirección al equipaje, y dos doncellas se acercaban a los Collingwood para hacer una reverencia e indicarles el camino.
Había un par de escalones antes de entrar a la gran puerta principal, que fue lo que tuvieron que caminar para llegar. Si bien era una casa, Kagami podría asegurar que incluso era más grande que la casa donde vivían ahora solo sus hermanos. Adentro todo era más impresionante, desde más escaleras hacia un segundo piso, hasta las grandes ventanas, candelabros, y decoración de colores pardos que se destacaban en las cortinas y alfombras; y eso que aún estaban en el vestíbulo.
Deberían ser como las siete de la mañana, ya que apenas se empezaba a mover todo. Kagami notó como sus maletas eran llevadas a la parte de arriba por esos hombres, quienes habían sido señalados por un chico pelinegro de aproximadamente veinte años, o eso le calculaba; y si el pelirrojo no se equivocaba, parecía ser que era el mayordomo del lugar.
– Es un gran honor conocer a los Collingwood en persona – Dijo aquel, mientras se paraba enfrente de los recién llegados haciendo una reverencia – Mi nombre es Coleman Kasamatsu Yukio, soy el mayordomo de este lugar; siempre estaré disponible para lo que el prometido del futuro rey desee.
Kagami lo observó con sus orbes rojizos. No se había equivocado al decir que era el mayordomo, bien, sus habilidades sobre conocer a las personas antes de que estas se presentaran estaban dando fruto. El mayordomo Coleman era atractivo, sus facciones de un hombre maduro relucían, y aunque era ligeramente mayor por un par de años, a Taiga le sorprendía que siendo tan joven ya fuera un mayordomo de la realeza.
Su cabello negro corto, dando un aspecto un poco rebelde, aquellos ojos azules plateados, con su contextura física delgada, pero bastante desarrollado. Era algunos centímetros más pequeño que Kagami, y se dio cuenta de que además de su padre, él era el único que parecía tener una altura destacada en esa casa.
– El gusto es mío Kasamatsu – Respondió el hijo del duque, también haciendo una reverencia. El hombre de mayor edad ahí solo sonrió, dando un asentimiento con la cabeza, que para él fue suficiente presentación – Me llamo Collingwood Kagami Taiga, por si no sabías mis demás nombres – Dijo el pelirrojo de manera divertida, guiñándole un ojo.
Pero justo cuando parecía que Kasamatsu iba a responder, una figura esbelta, aunque masculina apareció frente a ellos gritando con su voz estruendosa aunque un poco chillona.
– ¡Yu-chan! ¡Me parece muy grosero que no me hubieras informado que los Collingwood ya están aquí!
El tipo en cuestión tenía como la misma edad de mayordomo, tal vez uno o dos años más. Unos aproximadamente diez centímetros más alto que Yukio. Su cabello igual era negro, pero largo hasta un poco abajo de la altura de la barbilla. Con pestañas muy largas, mientras sus ojos grises reflejaban molestia y su boca formara un puchero.
– Mibuchi, te lo dije desde ayer; no creí que fuera necesario repetirlo hoy en la mañana – Kasamatsu respondió con el ceño un poco fruncido y una clara mueca de fastidio.
– ¡Yu-chan mentiroso! – Se quejó el nuevo individuo – ¡Solo no querías decirme!
– Basta ya, mejor ven y preséntate en vez de estar haciendo una escena a las siete de la mañana, vas a despertar a los caballos con tus griteríos – El nombrado Mibuchi infló las mejillas de forma exagerada, mientras fruncía sus cejas y sus mejillas adquirían un color carmesí intenso.
– Yu-chan tonto – Se escuchó el murmullo que aunque el pelinegro mayor trató de que no se escuchara, ambos Collingwood fueron perfectamente capaces de oírlo. Mibuchi ahora los miró a ellos con una sonrisa, cambiando su gesto de molestia en un instante. Hizo una reverencia mientras se presentaba – Yo soy Rowling Mibuchi Reo, y seré la doncella que ayude a su majestad. Yo me encargaré de que permanezca siempre bello – Terminó su breve explicación mientras que con una mano se movía el cabello de forma que este volara solo unos momentos.
– ¿Doncella? – Preguntó confundido Kagami. Estaba seguro de que era un hombre, entonces ¿Por qué doncella?
– A Mibuchi le gusta referirse a sí mismo con ese término, le hace sentir más sofisticado – Respondió el mayordomo, mientras Reo seguía sonriendo.
– Oh, en ese caso, es un gusto conocerlo Mibuchi; Soy Collingwood Kagami Taiga – Repitió. Taiga aún tenía la duda rodando en su cabeza, pero con menos intensidad. Hizo la misma acción que había hecho con el mayordomo, presentándose cortésmente. Le mostró a Rowling una gran y bella sonrisa que hizo que el chico temblara ante tanta belleza.
– ¡Oh por la corona de la reina! – Exclamó el chico con tal asombro en su voz que hasta al duque le asustó el grito – ¡Eres hermosamente bello! ¡Sin duda no podría haber otra persona que merezca estar con nuestro querido príncipe! – Halagó Reo, mientras con sus tomaba el rostro de Kagami entre sus manos y estrujaba sus mejillas cariñosamente.
– Ves Taiga, aun estando todo sucio por estos dos días sigues siendo hermoso – Se rió su padre que hasta el momento había permanecido callado – Claro que la hermosura la sacaste de mí – Dijo de manera arrogante pero divertida.
– ¿Sucio? – Entonces Mibuchi se dio cuenta de que el chico junto con su padre había viajado desde hace dos días, sin detenerse. Lo cual significaba que en esos dos días no se había aseado. Una corriente eléctrica le recorrió la espalda mientras su cerebro empezaba a trabajar de forma rápida – ¡Yu-chan rápido! ¡Enséñale al caballero donde está el otro baño! ¡Yo mientras me encargaré de este hermoso joven!
– Duque Collingwood, sígame por aquí por favor – Señaló Coleman, mientras obedecía lo que el otro pelinegro le había ordenado. El padre de Kagami lo siguió sin quejas, ya que enserio necesitaba una ducha. Miró por el rabillo del ojo como Taiga era llevado hacia el lado contrario, en otra sala de baño.
– ¡Rápido! – Se escuchaban los gritos de Rowling, mientras arrastraba literalmente a su primogénito para llevarlo a su destino.
Kagami era guiado por su doncella. Si Mibuchi quería que le llamara así, entonces él así lo haría. Camino por un largo pasillo donde cruzó varias puertas, hasta que al final, se encontró con una que el pelinegro abrió para entrar. Un cuarto de baño enorme, del tamaño de su antigua habitación si podría decirlo él. Con una bañera, aceites para el cuerpo, velas aromáticas, y algunas prendas que supuso, usaría cuando el baño terminara.
Reo lo acercó hasta la bañera, le pidió que se sacara los zapatos mientras él colocaba pétalos de rosas en el agua, quizá para decoración. Kagami obedeció despojándose de sus zapatos, esperando cualquier otra orden del chico. Caminó un poco hacia la tina, y se dio cuenta de que no era agua, ya que no estaba del todo transparente, más bien, parecía ser otra cosa, ya que estaba de un color blancuzco.
– ¿Qué es eso? – Se atrevió a preguntar, recibiendo como respuesta una sonrisa del contrario, mientras terminaba de vaciar las flores.
– Leche – Respondió con simpleza.
– ¿Leche? – Preguntó confundido – Pero… ¿No deberían ser del pueblo? Tal vez haya familias que la necesiten para beber, no es necesario que yo me bañe con ella – Intentó Kagami, ya que quería hacer razonar a Reo con respecto al despilfarro de leche. Sin embargo, lo que recibió como respuesta fue una risa.
– Tranquilo, no todos nos bañamos en ella; solo yo, la prima del príncipe cuando viene de visita y ahora tú, además, esta leche es de nuestras reservas, jamás usaríamos la del pueblo. ¿Acaso nos has tomado por unos malditos sin corazón? – Preguntó Reo con falsa indignación y con una ceja arqueada.
– N-No, yo… es solo q-que…
– Solo son dos tazas de leche, lo demás es agua – Aclaró las últimas dudas que el chico podría tener, dando por finalizado el asunto – Ahora deja de contradecirme y desvístete para entrar a la bañera – Ordenó el mayor.
A Kagami se le subieron los colores al rostro. ¿Desvestirse? ¿Ahí? ¿Frente a él? Si bien no tenía nada que ocultar, la sola idea de que alguien le estuviese mirando mientras se bañaba le ponía los pelos de punta. Rowling notó su incomodidad, y eso le hizo soltar otra risa. ¿Era idea suya o ya había reído mucho en tan poco tiempo? ¿Cuánto más adorable podría ser el hijo mayor de los Collingwood?
– No hay nada de qué avergonzarse, no tienes nada que yo no haya visto antes – Dijo con la esperanza de desaparecer un poco el bochorno del pelirrojo – Ven, déjame ayudarte – Se ofreció mientras se colocaba detrás de Taiga y le ayudaba quitándole la camiseta.
El joven de cabellos rojos no tuvo otra opción más que hacerlo lo que le pedían. Se desabrochó los botones de su camiseta, y gracias a la ayuda de Mibuchi pudo quitársela más rápido y fácil. Abrió el botón del pantalón, y lo deslizó por sus piernas hasta que estas estuvieron fuera. Finalmente llegó la parte más difícil. Su ropa interior.
Era de la época, pero eso no quitaba que sintiera absoluta vergüenza al saber que alguien más le vería desnudo cuando se la quitara. Pero parecía que el otro chico ni siquiera se incomodaba ante su figura, por lo que se apresuró en deshacerse de su última prenda.
Al fin quedó como vino al mundo, pero se negó a darle frente al chico que lo ayudaría en su aseo. Reo rió nuevamente ante la actitud del pelirrojo, mientras le decía que entrara a la bañera llena de leche y pétalos. Kagami no tuvo otra opción más que obedecer, cubriéndose apenado mientras entraba al agua y leche caliente.
La sensación del baño era estupenda, contando que hace dos días que no la disfrutaba debido al viaje. La mescla del agua y leche hacían que su cuerpo se relajara por completo. Si bien, era más agua que leche, el líquido se notaba entre traslucido y opaco, por lo que su cuerpo no se veía estando bajo el agua. Cerró los párpados disfrutando ese momento.
– Relajante ¿Verdad? – Preguntó Reo sonriendo al notar la expresión del chico cuando éste estuvo dentro de la bañera completamente. Recibió un asentimiento de la cabeza pelirroja pero sin que Kagami abriera los ojos – Y lo mejor de todo, es que también hará maravillas en tu piel – Dijo mientras vertía un aceite en sus manos y se acercaba a donde se encontraba la tina.
Taiga sintió como unos dedos largos y delgados se colaban en su cuero cabelludo, no necesitó ser un genio para saber que Mibuchi estaba tratando su cabellera, tal vez con alguna sustancia fácil de manejar y beneficiosa para el pelo. El pelinegro sabía hacer muy bien lo que hacía, sus dedos tallaban ni muy fuerte ni muy suave, ni muy rápido o muy despacio, era la sensación de un delicioso masaje en la cabeza que a provocó que a Kagami se le bajara el estrés que había tenido desde que partió de su hogar.
Soltó varios suspiros, mientras él mismo se encargaba de las demás partes de su cuerpo, ya que por nada del mundo dejaría que alguien más le tocara al asearlo. Rowling le dijo que junto a la tina había jabones, cremas para el cuerpo y otras cosas que él podría usar.
La hora pasó rápida para Kagami, incluso cuando el pelinegro le dijo que era hora de salir bufó infantilmente ante la idea de ya no estar en ese relajante líquido. Tal vez fue el baño, tal vez fue la confianza, el punto es que cuando el primogénito del conde salió fuera de la bañera, se olvidó por completo de su vergüenza, mostrándose tranquilamente ante Reo, quien ni se inmutó, tan solo le ayudó con una toalla fina a secar su cuerpo.
Aunque eso sí, Mibuchi tenía que admitir que esa retaguardia que poseía el prometido del príncipe era por completo envidiable.
Cuando el cuerpo del joven de hebras rojas estuvo por completo seco, mientras tardaba un poco en el cabello, el ayudante de Kagami fue por las prendas que habían estado ahí desde antes de empezar. Le pasó al chico la prenda interior, mientras él se aseguraba de las demás; cuando Taiga terminó, entonces Rowling se acercó para comenzar a colocarle una camisa blanca de hilo fino, mientras le pasaba unos pantalones negros. Collingwood pensó que era suficiente, por lo que se dispuso a salir, pero el de cabellos negruzcos se lo impidió enseñándole un chaleco negro, y una pañoleta roja.
Se colocó el chaleco negro sobre la camisa blanca, y después se Reo le acomodó el pedazo de tela roja en el cuello de manera perfecta e impecable. Como había un enorme espejo lejos de la tina pero aun en el baño, Kagami pudo verse perfectamente.
Si podría decirlo él, se vería extremadamente sensual, atractivo y deseable. Era como si la imagen frente al espejo no fuese lo que él esperaba. Kagami sabía de su apariencia, pero nunca se había vestido de una forma tan casual pero al mismo tiempo elegante. El atuendo quedaba a la perfección en su cuerpo, moldeándose a cada parte sobresaliente. Como su trasero, del cual Taiga estaba completamente seguro, era su mayor atributo además de su belleza.
Mibuchi sonrió viendo al hijo del duque verse en el espejo. Se movía de tal forma que estaba apreciando todo su cuerpo, giraba la mitad para verse desde atrás, y luego se miraba de frente, daba un pequeño giro lento para verse mejor, y se detenía para asegurarse nuevamente. Era divertido verlo, pero tuvo que decirle que se colocara los zapatos, ya que era hora de salir del baño.
– Creo que el atuendo le gustó, ¿Verdad Tai-chan? – Preguntó el pelinegro notando como el mencionado aún observaba algunas partes de sus ropas. El menor se sonrojó un poco ante verse descubierto, pero él solo dijo otra pregunta.
– ¿Tai-chan? – Preguntó confundido.
– Es solo que me gusta llamar a las personas que conozco por su nombre, de esa forma puedo socializarme mejor con ellas – Dijo como si nada con una sonrisa. Kagami sonrió también, de cierta forma Mibuchi le inspiraba confianza.
Caminaron hasta llegar al vestíbulo, donde el mayordomo y el duque hablaban cómodamente, como si estuvieran esperándolos; su progenitor se notaba aseado, señal de que su baño ya había terminado. Cuando ambos pelinegros notaron la presencia de ambos, Taiga recibió una sonrisa de nostalgia de su padre. Éste se paró del sillón donde había estado sentado, dirigiéndose a su pelirrojo hijo.
– Pero que guapo quedaste Taiga – Halagó.
– Gracias… – Dijo en un murmullo el menor de edad ahí presente, sonrojado.
Después de eso se formó un silencio, no incómodo, más bien como una charla entre padre e hijo gracias a las miradas. Collingwood movió sus labios de manera que formara una palabra, aunque no se escuchó ningún sonido de su voz. Aunque, Kagami entendió esa palabra sin ningún inconveniente.
Adiós…
Cerró los párpados mientras dejaba que una lágrima se deslizara por su mejilla izquierda. Sintió un abrazo cálido, y se abrazó más a ese cuerpo que lo reconfortaba. Iba a extrañarlo, vaya que sí. No se derrumbó, trató de ser fuerte para no llorar a mares, y lo logró. Su padre le acarició el cabello de forma delicada mientras susurraba palabras de ánimo en su oído.
– No estés triste, vendremos para el día de tu boda, sé que esto no es nada fácil, pero un Collingwood siempre avanza hacia adelante, tú puedes hijo mío, confío en ti – Y fueron las últimas palabras, mientras el duque se separaba y acariciaba la cara de su primogénito. Le dio un suave beso en la frente mientras le sonreía.
Coleman indicó que ya estaba todo listo para que el hombre partiera, haciendo que Collingwood le diera una última mirada a su hijo, antes de darse media vuelta con destino hacia fuera de la casona. Kagami le siguió lento, y cuando estuvo en la puerta pudo ver como su progenitor subía al carruaje, mientras los caballos se ponían en marcha. Dio un último suspiro al antes de decir unas palabras que rogaba el viento se las llevara.
– Cumpliré padre, te lo prometo.
Bueno damas y caballeros, eso es todo de mi parte por el momento, en el siguiente capítulo será el primer cruze de miradas entre Muk-kun y Kagamin, / es más, no se preguntaron cosas como:
¿Dónde está Murasakibara?
¿Por qué tan poca servidumbre?
¿Kagami se sentirá a gusto con Mibuchi y Kasamatsu?
¿Quien será el cocinero de la máquina de comer morada?
¿Por qué Mibuchi se llama a sí mismo doncella?(?) XD
Pues todas esas interrogantes serán reveladas en el próximo escrito, así que atentos a la actualización :3
No olviden dejar reviews si la historia les está gustando, recuerden que eso ayuda a seguir con inspiración para continuar el fic c': Besos~
