Advertencia: SLASH.
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Steve Rogers es un esposo dedicado.
Primera parte
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- Detesto el sabor de la sopa - dijo revolviendo con la cucharilla el caldo frente a él juntando las cejas en una mueca de desagrado.
- Sólo es sopa Tony - frunció el ceño reprendiéndole.
- El comprimido para el resfriado que me tomé hace veinte minutos es más efectivo que estos prehistóricos preparados - argumentó pasándose ambas manos por el cansado rostro.
- Bien - se acercó para quitarle el tazón de caldo frente a él.
- Demonios, espera ¿Siempre tiene que ser así? - arrebatándole aquel horroroso líquido - Me lo tomaré ¿Feliz? - comenzó a refunfuñar mientras intentaba tragar de buena gana.
- Mucho - sentándose al lado del otro para verle comer, reprimiendo una sonrisa.
Cinco segundos después, el millonario se levantó y agradeciéndole al rubio americano por preocuparse, se dirigió de forma tambaleante al taller.
- ¿A dónde vas? - le detuvo, interponiéndose en su camino al tiempo que le sostenía para darle un punto de apoyo.
- A trabajar, tengo varias mejoras que hacerle a la armadura y mañana es día de desfile nacional.
- No puedes creer que vas a ir así ¿verdad?
- Por supuesto que no, ¿Cómo Iron Man tendría la osadía de ir a un evento donde será venerado, idolatrado como a una antigua deidad egipcia? - rodó los ojerosos ojos - Es un pequeño resfriado solamente. He pasado por miles de situaciones peores.
No era la primera vez que el aplasta comunistas tenía que luchar con una amenaza mayor que la llegada de una guerra mundial, nada podía compararse ni a la terquedad ni al ego de Anthony Edward Stark.
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