¡Hola mis preciosos lectores! Aquí su autora MuraKaga favorita reportándose(?)
Bueno, esta vez no me he tardado tanto, además de que Sao-chan(una amiga) quería la continuación porque la historia le encantó, y por complacerla me apuré para subirla. No hay mucho que decir en realidad, solo que disfruten la lectura~
Kuroko no Basket no me pertenece.
Londres, Inglaterra, 1820
La tensión en el ambiente era casi palpable. Kagami se sentía un tonto al no poder apartar la vista de la persona que estaba frente a él. El joven de cabellos púrpura solo le miraba con curiosidad mientras seguía secando sus cabellos empapados de agua con una toalla pequeña. No parecía incomodarle en lo absoluto que esos orbes como el fuego le estuvieran comiendo con la mirada.
– ¿No hablas? – Preguntó el de mayor altura, un poco confundido porque el pelirrojo no hubiera dicho ni una palabra aun. Taiga sacudió de forma rápida su cabeza mientras cerraba los ojos, tratando de olvidar el cuerpo perfecto del joven que estaba con él. Sentía sus mejillas calientes de solo recordarlo.
– Y-Yo, lo siento – Al fin las palabras pudieron salir de su boca. Sentía su garganta seca y de alguna manera que al hablar no le saldría la voz. Kagami carraspeó un poco antes de volver a hablar – Me perdí. Estaba buscando mi habitación – Mintió. Si bien la excusa era en parte verdadera, él ya sabía que esa no era su habitación.
– ¿Cómo te llamas? – La voz grave pero con cierto toque infantil le produjo escalofríos en toda la columna vertebral. Taiga estaba haciendo un gran esfuerzo por mirarlo solo a los ojos púrpura y no desviarse hasta aquel esculpido cuerpo.
– Collingwood… Kagami Taiga – Respondió en un susurro que por poco el otro no escucha; menos mal estaba bastante cerca del pelirrojo.
Los ojos rojos observaron como el cuerpo otro chico se dirigía hacia la cama, donde estaban algunas prendas que de seguro el pelimorado se pondría. Kagami tuvo que darle la espalda rápidamente mientras cubría su rostro avergonzado con las palmas de sus manos cuando se percató de como el desconocido tomaba el borde de la toalla de su cintura para deshacerse de ella. No debía ver, más quería ver. De seguro sus mejillas ardían con fuerza ante sus pensamientos.
Quería huir de ahí pero a la vez no. Era como cuando se encontraba algún postre de Tetsuya en la mesa. Sabía que era de su hermanito pero se veía tan delicioso que el instinto le ganaba más y terminaba devorando el pastelillo. Siempre pensó que era mejor pedir perdón que pedir permiso.
– ¿Tú… tú cómo te llamas? – Cuestionó el menor, aun sin darse la vuelta. Parecía que el de cabellos púrpura no era muy hablador, y si él no preguntaba por su nombre era muy seguro que el otro no se lo dijera.
– Murasakibara Atsushi – Fue la corta respuesta del otro. Kagami esperó y esperó, pero por alguna razón, pareciera que Atsushi no quería decir su apellido(*). Taiga no preguntó; por lo que pensaba de seguro Murasakibara era el anfitrión de la casona, y no quería faltarle al respeto. Si el otro no quería decirle su apellido, entonces él no insistiría.
El lugar se vio de nuevo sumido en aquel silencio incómodo que le erizaba la piel al pelirrojo. Su cabeza dio disimuladamente un giro para poder ver al otro. Un suspiro de alivio y decepción juntos fue lo que salió de los labios de Kagami al notar que al otro únicamente le faltaba colocarse la camiseta. Se dio de nuevo la vuelta, pero sus mejillas seguían rojas.
– ¿Eres el hijo del duque? – Esa pregunta tomó por sorpresa a Taiga, quien de inmediato asintió confirmándolo al otro su respuesta. Murasakibara frunció los labios – Bien, yo soy quien te cuidará antes de tu boda – Kagami ya se sabía esa información pero no estaba de más que el otro se la dijera.
– ¿El guardia? – Quiso cerciorarse.
– Y caballero – Completó el de cabellos púrpura una vez colocado correctamente su camiseta.
Kagami se dio cuenta de que tal y como pensaba, su anfitrión no era muy hablador. Además de que los párpados del joven parecían levemente caídos, como si estuviera muy cansado o le diera demasiada pereza abrirlos del todo. La habitación algo desordenada daba la impresión de que no le gustaba mantener sus cosas en su lugar, y que le importaba un comino si alguien entrara o no a la habitación.
– ¿Ya has conocido a los demás en la casa? – De nuevo la voz de Atsushi sacó a Kagami de sus pensamientos. Los ojos púrpura del guardia taladraban hasta lo más profundo el cuerpo del pelirrojo. Asintió efusivamente sintiendo sus mejillas arder.
– Murasakibara… tú… ¿Tú conoces al príncipe? – Taiga no utilizó el san porque no lo creyó necesario. Ambos tenían casi la misma edad. Notó como el cuerpo del mayor se tensaba un poco ante su pregunta. Un suspiro se escuchó antes de que el otro hablara.
– Algo así – Fue la simple respuesta. Los ojos escarlata de Collingwood observaron curiosos la figura del caballero, mientras le pedía por medio de la mirada a Atsushi que le contara todo lo que sabía del príncipe – Solo sé que tiene 18 años, y que está en el castillo – Aquella información no le fue de mucha ayuda al hijo del duque.
– Me refería a su apariencia… ¿Cómo es él? – Murasakibara volvió a ponerse nervioso. Kagami arqueó una ceja, no entendía muy bien por qué estaba tan tenso el pelimorado. El mayor terminó de colocarse su camisa, dejando un botón del pecho sin abotonar. Miró al pelirrojo con el ceño fruncido.
– Kaga-chin deja de hacer tantas preguntas – Se quejó en un tono infantil que para Taiga, fue algo adorable. Iba a replicar del mismo modo que el otro, pero la palabra Kaga-chin que había salido de los labios del guardia hizo que su mente se desviara por completo del asunto del príncipe.
– ¿Kaga-chin? – Susurró más para sí que para el de orbes violetas. Se había escuchado lindo esa especie de apodo, pero no creyó que viniendo de alguien con título como lo era el joven frente a él fuera de una actitud un tanto infantil. Se sorprendía que siendo tan joven, Murasakibara ya tuviera ambos títulos, pero si los tenía debía ser por algo. Podría ser que el chico era más que solo una gran altura.
– ¿Ya has comido? – Preguntó Atsushi con un tono de voz que se alejaba mucho del que había hablado cuando se quejó, atrayendo así la atención del menor que había permanecido un tanto perdido de este mundo. Kagami movió la cabeza de forma afirmativa, mientras notaba como el otro se trataba de colocar un chaleco color café oscuro.
– Ven, déjame ayudarte – Se ofreció cuando notó como el caballero batallaba un poco para colocarse el diseño complicado del chaleco. Con cuidado le pasó los largos brazos y logró que entrara en ese gran cuerpo, notando enseguida como la camisa color beige debajo se amoldaba perfectamente a Murasakibara – Eres bastante alto – Comentó Taiga mientras abotonaba los únicos cuatro botones que poseía el chaleco.
– No, Kaga-chin es demasiado pequeño – Le respondió el otro haciendo que el mencionado frunciera graciosamente el ceño y alzara la vista para enfocar sus ojos escarlata con los púrpura de guardia. Atsushi rió levemente ante esa acción – Es de familia… – Fue lo único que dijo para que su sonrisa desapareciera y su gesto ensombreciera.
– Oh… – Salió de los labios del pelirrojo mientras alejaba las manos de la ropa del otro, pero no se separó de nuevo.
Aquel gesto que el pelimorado había hecho después de decir algo sobre su familia, había logrado que la curiosidad picara a Kagami de manera casi insoportable. Pero no diría nada. Apenas se conocían, estaría muy mal si lo atosigara con preguntas, e invadiera su vida personal. Sin embargo, Taiga no pudo evitar hacerse él mismo sus propias conclusiones.
Podría ser… ¿Qué el joven hubiera dejado a su familia? Quizá, pero hacerse suposiciones solo no le llevarían a ningún lado. Aunque podría ser lo más probable, con todo lo que un caballero debía de acarrear, además que aparte ser guardia solo aumentaría el trabajo. O tal vez, Murasakibara ya no tuviera más a aquella familia que alguna vez tuvo.
Al pelirrojo se le hizo un nudo horrible en la garganta de solo imaginarse en esa situación.
– ¿Qué piensas de todo esto, Kaga-chin? – Dijo el de mayor altura, haciendo referencia a la boda arreglado del otro. Aquella pregunta logró que la mente del mencionado por fin pudiera regresar a la normalidad. Collingwood pensó muy bien sus palabras que le diría a Atsushi, e incluso también pensó, el por qué este le había hecho tal pregunta. ¿Qué tanto sabía de su próximo matrimonio?
– Honestamente creo que es una tontería. Pero mi padre me dijo que debía hacerlo porque esto fue parte de un acuerdo que tuvieron la reina y mi abuelo. No es que esté muy feliz por casarme obligatoriamente con alguien que jamás en mi vida he visto – La respuesta sincera hizo que Murasakibara asintiera ante sus palabras, confirmándole que pensaba lo mismo. Aunque Kagami no supo exactamente por qué. ¿Qué escondía aquel hombre?
– ¡Atsu-chan! ¡Es hora de bajar por un aperitivo! – La voz risueña y alegre de Mibuchi se dejó escuchar por fuera de la habitación, en el pasillo. Pero conforme más terminaba sus oraciones, más fuerte y cerca se escuchaba el pelinegro. No pasó mucho cuando abrió la puerta del lugar donde estaban los dos chicos muy juntos y les vio con una expresión de desconcierto – ¿Tai-chan? ¿Qué haces aquí?
– Eh… b-buscaba mi habitación y me perdí. Terminé sin querer metiéndome en esta, aunque ya sé que no es mía – Las mejillas de Taiga se colorearon de forma leve ante el recuerdo de cómo conoció a su anfitrión. Murasakibara lo miró atento, e incluso su mente le dijo que aquel chico, era muy lindo.
– Oh bueno, en ese caso creo que ya se han presentado – Dedujo el pelinegro mirándolos a ambos de forma intercalada, con una sonrisa en el rostro. Ambos chicos asintieron – Bien, solo pasaba por aquí para decirte, Atsu-chan, que los pastelillos hechos por Ryo-chan ya están listos. Baja cuando quieras.
– Prometo bajar pronto Mibu-chin – Respondió el otro, haciendo que la doncella de Kagami sonriera. El pelirrojo no vio más motivos para quedarse ahí, así que antes de Reo cerrara la puerta, cruzó para irse con él lejos de aquel lugar junto a Atsushi, que lo ponía increíblemente nervioso.
– ¿Qué te pareció Atsu-chan, Tai-chan? – La pregunta de Rowling le tomó por sorpresa. Seguían caminando en el gran pasillo, y aunque el pelinegro no se volteó en ningún momento para verlo, Kagami supo que le estaba preguntando a él, porque de cualquier forma, no había nadie más por ahí.
– Pues, supongo que a pesar de ser un caballero, tiene algunas cosas por mejorar en cuanto a su actitud. Parece un niño pequeño atrapado en el cuerpo de un adulto – En cuanto Taiga terminó de pronunciar esas palabras, se escuchó las estruendosas carcajadas del otro, mientras parecía que estaba a punto de llorar de la risa. Kagami le miró con un gesto de confusión en el rostro – ¿Qué sucede?
– Nada – Logró decir Mibuchi aun entre leves risas – Es solo que lo que dices tiene mucha razón, Atsu-chan es algo distraído y la mayoría de las veces un tanto infantil. Pero en cuanto se pone serio asume sus papeles con responsabilidad – Explicó el pelinegro ante la atenta mirada rubí sobre él. Ya estaban los dos bajando las escaleras para volver hacia el gran comedor.
– Pero… en cierta forma, el que se comporte así lo hace…
– ¿Más adorable? – Interrumpió el de mayor edad. Kagami abrió los ojos con sorpresa y con las mejillas levemente ruborizadas – No te preocupes Tai-chan, no eres el primero en decir eso de él. Atsu-chan es un pesado que solo quiere dulces, pero de vez en cuando es muy tierno y hasta lindo – Decía el pelinegro, y una sensación de conocer esa faceta de Murasakibara recorrió todo el cuerpo de Kagami.
– ¿Qué edad tiene? – Preguntó un curioso pelirrojo.
– No tiene ni medio año en que acaba de cumplir los 18 – Contestó Rowling de forma desinteresada. Taiga abrió los ojos con sorpresa. Enserio que aquel chico debía de ser alguien muy especial como para tener títulos a esa edad sin ser de la familia real o alguna otra jerarquía. Mibuchi vio su expresión y rió levemente – ¿Impresionante, no? – El de hebras rojas asintió.
Cuando Collingwood se dio cuenta, ya estaban en la planta baja, con dirección hacia el comedor, donde parecía que el mayordomo seguía ahí con Sakurai. Kagami sonrió cuando notó como el castaño se disculpaba de alguna cosa, y Coleman solo empezaba a gritarle que se callara, y como consecuencia, el cocinero pedía aún más disculpas.
Tal vez, estar en esta casona no iba a ser tan malo después de todo.
Murasakibara se pasó una mano por sus largos cabellos púrpura, dejando que estos se fueran hacia atrás y así no le estorbaran al estar en su cara. Tomó una gran bocanada de aire para después soltarla en lo que fue un largo suspiro. Regresó de nueva cuenta hacia aquel escritorio en donde estaba la carta que la reina Elizabeth había mandado, su abuela.
La tomó entre sus manos y de nueva cuenta la abrió. Notó aquel sello de la familia, la que era conocida en toda Inglaterra, la de los Willianshire. Se saltó algunas partes donde la anciana le decía sobre sus responsabilidades y obligaciones que debería atender, y leyó otra vez aquella parte interesante, y de la cual, debía estar informado.
"Querido Atsushi, sé que no estás feliz con lo de tu matrimonio, pero te pido que le des una oportunidad a tu abuela. Esto no es solo un trato hecho entre amigos para destrozarles la vida a ti y a tu prometido, queremos que de ahí se forme una nueva unión, y yo quiero asegurarme que tú seas feliz aun con todo lo que estás pasando.
Me enteré que dentro de dos días, el hijo del duque Collingwood llegará a esa casona de campo que usábamos en verano, pero él no sabrá que eres el príncipe y no quiero que tú se lo digas. Ya hablamos de esta situación Atsushi, y espero que obedezcas las órdenes de esta vieja porque sigo siendo tu abuela y también la reina.
Aunque no poseas de manera definitiva el título de caballero, estás lo suficiente bien entrenado y listo para hacerte pasar por ese papel. Le dirás que eres también un guardia real, para que no haya más sospechas de las que habría con respecto a tu edad. Trata bien de tu prometido, Atsushi, y nunca le digas quien eres, él solo debe saberlo hasta el día de la boda.
Sé que te preguntarás el porqué de todo este misterio, y yo prometo decirte, pero será hasta después de tu boda. Tengo escrita una carta desde hace mucho tiempo, donde te explico lo que yo creía, y por qué los metí a ti y a tu prometido en todo este embrollo. Pero no quiero que la abras antes de la boda, cumple lo que te digo.
Sabes que estoy enferma, y aunque no es nada grave, mi muy avanzada edad me está haciendo un mal y dolor que yo sabía tarde o temprano iba a pasar. Te quiero mucho mi Atsushi, a pesar de ser tu abuela te quiero como un hijo, y aunque yo siga en el castillo y tú en la casona no vengas por mí, hablo enserio; Yo estaré bien, pero creo que tu abuelo me está llamando, ese hombre no sabe hacer nada pero ni estando muerto. Cuídate y a tu futura familia cariño. Esperaré ansiosa tu respuesta si aún sigo aquí.
Con amor, tu abuela, la reina Elizabeth Willianshire."
Esa carta le llegó hace más de dos días, donde le decía rotundamente que no debía decirle a aquel pelirrojo que él era el príncipe, y así lo hizo. Un gesto triste se reflejó en su rostro. Murasakibara sabía que su abuela estaba por fallecer, por causas naturales debido a su edad mayor, pero eso no evitaba que se sintiera mal, ya que ella era la única familia que le quedaba.
Pero no era momento para eso, sabía que su abuela aún se encontraba bien, o de lo contrario ya habría noticias por toda Inglaterra. Él debería de escribir ahora la contestación, porque seguramente la reina quería saber sobre cómo van las cosas en la casona y cómo era aquel chico con quien se casaría. Pero no ahora, lo haría después de comer.
Atsushi meditó muy bien las palabras que usaría para escribir en la carta, aun cuando no la estuviera escribiendo. Kagami, su prometido, era realmente lindo –por más que le costara admitirlo– tenía un muy buen cuerpo –y trasero–, su cabello rojizo combinaba perfectamente con sus ojos, y tenía una mirada que tiraba inocencia y alegría en todos lados.
Bueno, no es que el chico le cayera precisamente de maravilla pero al menos no resultó ser un arrogante chiquillo que abusa el poder que tiene. Además, si Kagami era lindo, ya no tendría que preocuparse por tener que casarse con alguien feo; porque aunque fuera un poco infantil en cuanto a actitud, la imagen de despertarse con alguien "no muy atractivo" no era muy alentadora, que se diga.
Dejó de nuevo la carta en la mesa, y apiló todos los platos vacíos y sucios –donde había comido– en un solo lugar, logrando que estos se alzaran en una gran torre. Reo debería ir por ellos más tarde para así lavarlos. Salió de la habitación para poder bajar las escaleras e irse con dirección a la cocina, y después poder escribir la carta.
– ¡Lo siento mucho Kagami-sama! ¡No era mi intención que mis disculpas le molestaran! – El grito de disculpas de Sakurai se escuchaba incluso desde el vestíbulo.
Atsushi bufó, sabía que el pequeño castaño era un muy buen cocinero –o de lo contrario no estaría ahí, con los demás en la casona– pero aquella actitud de estarse disculpando por cosas estúpidas, le restaba el encanto que tenía en la cocina. Bueno, el pelimorado era algo exigente en cuanto a la comida, sobre todo a los postres, pero aquel chico no lo hacía nada mal.
En cuanto entró en el área del comedor y la cocina, pudo distinguir que su mayordomo estaba a nada de lanzarse sobre Ryo para hacerlo callar; Rowling también estaba ahí, solo que se encontraba riendo a carcajadas de la situación. Su prometido, Kagami, estaba con una cara muy avergonzada e incómoda, ya que no sabía qué hacer para pedirle a Harrison que ya no se disculpara, sin que el otro no se disculpara por disculparse.
Por un momento Murasakibara pensó, que Kagami y prometido en la misma oración quedaba bien. Al pelirrojo le quedaba aquella descripción como anillo al dedo, aun cuando no fuera precisamente una idea emocionante tener que compartir el resto de su vida con alguien a quien apenas acababa de conocer.
Ah, pero su abuela se traía algo entre manos; él lo sabía. La reina Elizabeth Willianshire podía ser ya algo vieja, pero no tonta.
– Atsu-chan ya era hora de que bajaras – La voz de Reo había llamado la atención de los presentes ahí, logrando que todas las miradas se posaran en su persona. Cuando Atsushi le devolvió la mirada a aquellos ojos escarlata, estos se desviaron de la trayectoria, con vergüenza. Las mejillas de Taiga se habían ruborizado apenas al chocar sus miradas.
– ¿Qué hay hoy, Saku-chin? – Preguntó en su habitual tono de voz un tanto infantil. Vio como el pequeño Harrison se ponía nervioso en exceso, hasta que después de carraspear, –y que el cuerpo ya no le temblase demasiado–, le contestó con la voz un poco titubeante.
– P-Pastelillos de frutillas, y té b-blanco – Al escuchar esa respuesta, los labios del de mayor altura se fruncieron levemente. No era que esa comida le disgustase, pero hubiera preferido algo más… dulce. Sakurai notó aquella expresión y de inmediato comenzó a hacer reverencia y disculparse – ¡Lo siento mucho Murasakibara-sama! ¡Lo siento, lo siento, lo siento!
Los demás presentes observaban la reacción algo exagera del castaño, viéndolo disculparse pero sin saber exactamente de qué. Los orbes violetas de Murasakibara se dieron cuenta de que su porción de 8 pastelillos y té ya estaban sobre la mesa. Enseguida se dirigió hacia la gran mesa para sentarse y poder comer tranquilamente, ignorando las disculpas de Ryo.
Comió tranquilo entre lo que cabe, mientras aquellos otros que conocía desde pequeño se mantenían en una discusión extraña –más que discutir, parecía que Sakurai solo decía lo siento– pero sin embargo se había percatado como los ojos de Kagami, se desviaban de vez en cuando de aquella ridícula escena, para posarse sobre él.
No le incomodaba en lo absoluto que le miraran mientras comía, el problema era que no sabía si Collingwood le miraba a él o a los pastelillos. Supuso que a su persona, pues sabía por parte del pelirrojo que este ya había comido, aunque tal vez aun tuviera hambre. Cuando aquellos ojos fuego le miraban, Murasakibara se encargaba de devolverle la mirada, pero siempre conseguía que la del otro chico huyera. ¿Por qué escapaba de él si este le miraba primero?
Cuando Atsushi se dio cuenta, ya eran algo más de medio día. Probablemente la una. Se había terminado desde hace un buen rato su aperitivo y el té, pero aún no se había levantado de la mesa. Los dos pelinegros y el castaño hablaban de otros temas triviales para hacer sentir más cómodo a su prometido, pero parecía que Kagami le prestaba más atención a él que a las palabras.
Con el codo apoyado en la mesa, y la mejilla apoyada en la palma de la mano –misma que se apoyaba en la mesa– Willianshire miraba atento las reacciones de Taiga. Esperaba hasta que este le miraba disimuladamente, y cuando lo hacía y se percataba de que le estaba mirando, volvía a regresar la vista a aquellos de la casona, con las mejillas arreboladas, aun cuando el pelimorado no supiera exactamente la causa de eso. Podría ser que… ¿Kaga-chin tuviera fiebre?
Por otro lado, Kagami sentía que se iba a morir en cualquier momento. Su cerebro mandaba órdenes a los ojos rojos del chico para que estos se desviaran de los sirvientes de ahí, y se enfocaran en aquel joven que tanto había acaparado la mente y la curiosidad de pelirrojo. Pero enseguida apartaba la vista cuando se daba cuenta de que Murasakibara le estaba mirando con mucha intensidad, y no parecía querer apartar sus orbes violetas de su persona.
Las mejillas de Kagami se coloreaban de un tono rojizo cada vez que Atsushi le atrapaba mirándolo de reojo. Es decir, probablemente, su anfitrión pensaría que es algún tipo de acosador o algo así, aun cuando el propio pelimorado tampoco hacía el intento por disimular que estaba mirando fijamente a Taiga. Y aun cuando este quería dejar de verlo, su cerebro y sus ojos parecían recios a seguir mirando a Murasakibara.
La plática terminó cuando Sakurai se dio cuenta de que debía terminar el almuerzo para antes de las 3, disculpándose de nueva cuenta por tener que irse a cocinar de vuelta y no quedarse con ellos. Kasamatsu, ya harto de todas esas disculpas, estuvo a punto de lanzarle una patada en el rostro al castaño, de no ser porque Mibuchi le detuvo a tiempo. Kagami rió leve ante la escena.
– ¿Kaga-chin quieres que te muestre los establos? – La risa del nombrado cesó cuando escuchó aquella pregunta salir de los labios de su anfitrión. La voz grave y sensual mandó corrientes eléctricas por todo su cuerpo, y cuando de nueva cuenta sus ojos se encontraron con los de Atsushi, por poco pierde el control y cae desplomado al suelo.
– M-Me encantaría – Aceptó el pelirrojo, sintiendo sus mejillas calentarse levemente ante la mirada intensa que esos orbes púrpura le regalaban. Murasakibara no supo muy bien el por qué hizo esa pregunta, pero le resultaba algo incómodo solo mandarse miradas con su prometido, aun cuando este no supiera que lo es.
Se levantó de su asiento para caminar y quedar junto a Kagami, y con un movimiento de cabeza le indicó al menor que lo siguiera. Willianshire y Collingwood, los comprometidos, se fueron del comedor con rumbo a los establos, dejando únicamente ahí a Reo y a Yukio, quienes habían presenciado la escena en silencio, sin decir ninguna palabra para interrumpir aquella atmósfera que sin querer se había creado.
– ¿Crees que esto resultará bien? – La pregunta de Coleman hizo que el otro pelinegro se llevara la mano a la barbilla en un gesto pensativo que duró poco, para luego mirar a los ojos azul grisáceo del mayordomo, con una sonrisa de oreja a oreja que le dio a Kasamatsu su respuesta.
– Creo que resultará de maravilla, incluso los encontré a ambos muy juntos en la habitación de Atsu-chan – Opinó Rowling, mientras le miraba a su compañero con una gran sonrisa recordando cómo se batían a duelo esas miradas cuando pensaban que nadie se daba cuenta – Solo hizo falta ver las miradas que se mandaban Atsu-chan y Tai-chan para saber que a simple vista ha habido alguna conexión que esos dos ahora tienen; como una chispa.
– Algo así como… ¿Amor a primera vista? – El comentario del otro pelinegro hizo a Mibuchi dejar de sonreír para abrir los ojos con un gesto de sorpresa, para luego volver a su gesto pensativo. No pasó mucho cuando en el rostro de la doncella la sonrisa brillante se plasmaba otra vez en todo su esplendor.
– Exacto Yu-chan, ni yo pude decirlo mejor – Secundó su comentario mientras suspiraba recordando las palabras de la reina antes de instalarse en aquella casona. Elizabeth les había informado de todo, e incluso sabían más que el propio príncipe. Aquella mujer es poderosa, y no solo en título. Era lo que pasaba por la mente de Reo.
El amor entre esos dos seres, apenas estaba floreciendo…
(*) Nota: En esta historia utilizaré los apellidos japoneses como segundos nombres. Solo los apellidos ingleses serán los de valor. De esa manera no habrá problema con que algún "apellido japonés" se repita sin ser parientes.
Gracias por leer, espero sus sensuales reviews c:
