HOLA! Lo sé, se he tardado casi como dos meses, pero la inspiración no llegaba y solo llegó a mi cuando me encontré una imagen de Murasakibara y Kagami casándose y asdfghjklñ *corazón* Fue como si la inspiración me hubiese golpeado en la cara.

Espero que disfruten el capítulo y los feels no los dañen mucho :v Recuerden que Kuroko no Basket no me pertenece~


Londres, Inglaterra, 1820.

El día en especial no era el mejor. El cielo se encontraba nublado, y el sol apenas y podía pasar luz por media de esas densas nubes. El color grisáceo hacía que todo el lugar se viera oscuro y sin vida, y algo tenía que ver el hecho de que hubiera predicho que una tormenta se acercaba, de eso era algo que Reo estaba completamente seguro.

El problema estaba en que, aunque hubiera adivinado con lo de respecto al clima, no sabía porque el joven Kagami Taiga también parecía cargar una pequeña tormenta sobre él.

– ¿Crees que el mal clima esté afectando también a Kagami? – Preguntó curioso el mayordomo, pues Mibuchi había hablado con él con respecto al estado de ánimo del pelirrojo. Parecía que los orbes escarlata del muchacho ya no emitían el mismo brillo que antes.

– No es eso, también lo he notado más decaído y sin querer hablar con nadie. Parece que incluso ha ignorado a Atsu-chan también, y eso que se llevaban mejor, por eso no entiendo su cambio repentino. ¿Algo le habrá hecho mal? – Se cuestionó, tanto para él como para Yukio. Sabían que algo malo le pasaba al hijo del duque, y tenían que averiguar qué era.

– Insisto con mi teoría del clima. A veces yo también me pongo de mal humor cuando está nublado – Dijo como si nada el pelinegro menor, pues curiosamente el cambio de Taiga empezó cuando el mal clima comenzó a aparecer. De eso hace dos días que el pelirrojo está así, y casi una semana desde que el chico llegó.

– Disculpen, Mibuchi-san, Kasamatsu-san – La voz de Sakurai interrumpió la conversación que los dos pelinegros estaban teniendo con respecto al joven Collingwood. Ambos pares de ojos miraron al castaño en espera de lo que sea que este tuviera que decirles – Lo siento por interrumpir pero, creo que yo sé porque está así Kagami-san – Ambos mayores permanecieron en silencio antes de mirarse entre ellos para después abalanzarse sobre el pobre cocinero.

– ¡¿Qué esperas, Ryo-chan?! ¡Dinos ya! – Exclamó el de mayor edad mientras sacudía por los hombros al pobre chico de ojos chocolate. Incluso Harrison comenzó a disculparse solo por el hecho de ser sacudido, y es que eso era algo que no venía ni al caso.

– ¡Suficiente Mibuchi, deja que hable! – Detuvo el mayordomo, mientras separaba al castaño de las garras de su compañero. Cuando notaron que el pequeño cocinero se había calmado y que había parado de disculparse por… eh, quién sabe qué cosas, entonces dejaron a Ryo prepararse mentalmente por lo que diría.

– Parece ser que está así por su boda. Le he escuchado sin querer llorando mientras susurraba cosas que no entendía. Solo pudo oír algunas frases, como que odia estar comprometido y que todo hubiese sido mejor si él no hubiese sido el hermano mayor – Rowling y Coleman se miraron entre ellos mientras procesaban la información daba por el castaño. Antes de que alguno de los dos pelinegros dijese algo, Sakurai terminó de soltar todo lo que sabía – También que se sentía culpable, porque estaba empezando a querer de manera extraña a Murasakibara-sama.

– ¿De manera extraña? – Preguntó confundido el pelinegro mayor. Tenía una corazonada pero era algo pronto para que el pelirrojo ya se hubiera enamorado del príncipe. El esposo de Kazu-chan tenía razón, solo bastan segundos para enamorarse. Fue lo que pensó mientras intentaba encontrar sentido al estado del pelirrojo.

– Es todo lo que oí. Lo siento – Se disculpó haciendo una reverencia al no tener más información que pudiera ser útil para sus dos mayores. Ryo sintió como le revolvían el cabello de manera cariñosa por lo que levantó la vista para encontrarse con los rostros sonrientes de ambos pelinegros.

– No te disculpes, fuiste de gran ayuda – Dijo Kasamatsu mientras daba una última despeinada a los cabellos castaños del chico antes de quitar su mano de ahí – Ahora ve a hacer la merienda porque de seguro Murasakibara y Kagami tendrán hambre. Esos dos son unos pozos sin fondo – El menor asintió con una sonrisa mientras daba otra reverencia y después se iba directo a la cocina.

– Bien, Tai-chan está empezando a enamorarse de Atsu-chan, pero… ¿Qué hay de Atsu-chan? No le he visto extraño ni con una actitud que delatara que está enamorado – Comentó Mibuchi mientras volvía a retomar la conversación con el mayordomo después de que el cocinero se había marchado.

– Murasakibara es algo así como… ¿Una barrera impenetrable? – Dejó de hablar unos momentos mientras encontraba las palabras correctas para lo que diría – Es decir, tal vez esté comenzando a pasar por lo mismo pero debido a su forma de ser aun no nos hemos percatado. Recuerda que rara vez muestra interés en algo y desde que era niño nos cuesta adivinar qué pasa por su cabeza además de los dulces.

– Tienes razón, y supongo que si le preguntamos directamente nos ignorará o en el peor de los casos nos dirá lo contrario. Solo nos queda esperar y dejar que alguna de sus pocas acciones hable por él – Aceptó Rowling mientras soltaba un suspiro de resignación. Después de todo, sabía mucho acerca de la forma de actuar del príncipe como para saber que no diría nada

– Es todo lo que nos queda por hacer. Claro que tenemos que encontrar alguna forma de que se enamoren antes de la boda, que es en tres semanas. Será algo difícil. Sobre todo para Kagami pues si hacemos que se enamoren creerá que está traicionando sus ideales, va a sufrir en el proceso hasta que se casen – Explicó Yukio mientras su cara tomaba un gesto preocupado.

– Eso lo sé, y me da pena; solo espero que el día de la boda todo mejore – Dijo la doncella también con un gesto preocupado, que rápidamente cambió al recordar algo – Aunque esos paseos a caballo son muy sospechosos, ¿No crees, Yu-chan? – Dijo con tono insinuador levantando las cejas de forma sugerente. El mencionado se sonrojó al entender el doble sentido de las palabras.

– Espero que tu mente pervertida no piense en nada raro Mibuchi porque de lo contrario le voy a tirar picante a esa mascarilla que te pones para que te arda la cara – Dijo como tono de regaño mientras el de mayor altura hacía un puchero ante lo aguafiestas que era su compañero. Reo cruzó los brazos sobre su pecho antes de hacer una mueca más pervertida que la anterior.

– Pero Yu-chan, ¿Qué tal si ellos follan en los establos y nosotros ni enterados? Tal vez debería llamar a Chihiro-chan para que nos informe por si algo extraño ha estado pasando – Comentó como si nada mientras aquella mueca perturbadora no desaparecía de su cara. Aquella sonrisa psicótica le daba escalofríos a Coleman.

– ¡SUFICIENTE! ¡Te lo advertí, Mibuchi! ¡Si mañana despiertas con la cara roja y ardiendo ya sabes por qué fue! – Expresó visible y audiblemente molestó por las perversidades que pasaban por la cabeza del pelinegro de hebras largas, pues sabía que tenía que soportarlo así como era, pero eso no evitaba que perdiera la paciencia a veces por la culpa de este.

– ¡YU-CHAN! ¡No seas así! – Lloriqueó Rowling mientras seguía al mayordomo cuando se dio cuenta de que este abandonaba el vestíbulo. Temía realmente por su bello rostro pues no sería la primera vez que Kasamatsu le hiciera aquello; claro, todo estaba en que primero lo convenciera para que el otro no lo hiciera.


Kagami estaba completamente decaído. El clima tampoco ayudaba a su humor pues odiaba los días nublados, y así se sentía su corazón en ese momento. Desde que recordó el motivo por el cual se encontraba ahí no había dejado de darle vueltas al asunto. Si bien hacía todo lo que los anteriores días había hecho, su estado de ánimo no era el mismo desde hace dos días.

Era agradable hasta cierta forma pasar tiempo con esos individuos de la casona, en especial con Murasakibara. Era como si fuesen amigos de toda la vida que se habían reunido después de tantos años de no verse. El problema era que la verdadera razón por la que el pelirrojo se encontraba ahí era para prepararse antes de casarse con el dichoso príncipe desconocido, y alejarse de todos.

Kagami había aceptado todo en contra de su voluntad. Fue una decisión que su padre tomó y no podía oponerse por más que quisiera, tal vez intentar huir fuera una buena opción, pero no podía defraudar a su familia ni a Inglaterra. Pero ahora, el solo hecho de pensar alejarse de todas aquellas personas del lugar, le hacía sentir mal, un dolor horrible en el pecho.

No, más bien; el hecho de pensar alejarse de Murasakibara para siempre era lo que le dolía.

Taiga no era tonto; sabía muchas cosas acerca del amor porque su madre se lo había contado. Ella le decía que era un hermoso sentimiento que hacía que las personas expresaran sus emociones para sus seres queridos, y también para compartir un vínculo fuerte con aquel que deseara pasar el resto de su vida.

Eso sin contar los cuentos que Alexandra le contaba a él y sus hermanos, de caballeros, princesas y dragones. Sin contar el príncipe azul que despertaba a la princesa con un beso de amor verdadero. Su madre también había hablado acerca del amor a primera vista, donde dos corazones se encontraban por azares del destino y comenzaban a palpitar en conjunto, como si supieran que habían encontrado su otra mitad y estaban felices por ello.

Kagami recordaba a la perfección las emociones que sentía cuando su madre contaba aquello, haciéndolo a él desear encontrar a su alma gemela, su amor a primera vista, aquel príncipe azul que deseaba que le despertara con un beso de amor. Claro que después se enteró que él debía encontrar a una princesa en lugar de un príncipe, aunque ahora dudaba de qué buscaba en realidad.

Pero ahora estaba arrepintiéndose, pues el amor a primera vista que creía tener era con un guardia real, y al príncipe que antes deseaba que le despertara con un beso no lo conocía en absoluto, y dudaba que todo lo que antes había querido de niño ahora le estuviese haciendo feliz. Para saber que esto le deparaba el destino hubiera aceptado irse con su tía para estudiar en Francia.

– Kaga-chin – La voz del pelimorado se escuchó del otro lado de la puerta de la habitación de Kagami, haciendo que este se levantara de su cama para ir salir. Ya sabía el motivo por el cual el otro chico venía por él – Kaga-chin, sé que no has estado bien pero, ¿Quieres pasear conmigo y con Venus? – Murasakibara siempre venía para llevarlo a pasear, y la verdad era que eso le animaba un poco.

– Claro, me encantaría – Respondió una sonrisa sincera cuando abrió la puerta y se encontró cara a cara con el chico de cabellos morados por el cual suspiraba en secreto. Por dios que ese guardia era la definición de perfección, si Taiga se hubiese imaginado en su niñez a un príncipe perfecto que le rescatara de dragones y le besara, seguramente la imagen de Atsushi sería la indicada.

– Entonces vamos, aunque espero que no sigas lleno por la merienda – Ah sí, Kagami olvidaba que no hacía mucho que había comido, pero si era sincero la comida había sido digerida rápidamente que incluso ahora sentía su estómago vacío y con hambre nuevamente, pero eso era algo por lo cual Murasakibara no debía de enterarse.

– No te preocupes, estoy bien – Dijo restándole importancia al asunto. Pasó de largo al caballero para caminar delante de él a pasos rápidos con dirección a los establos. Atsushi frunció el ceño, hace dos días que el menor evitaba tener contacto con él, ya sea visual, físico o verbal, este último lo hacía rara vez y era muy cortante, por no decir que a veces incluso le ignoraba. ¿Qué le pasaba?

Murasakibara siguió caminando detrás del pelirrojo, pues si este quería estar lejos de él, entonces le daría el gusto. Tampoco estaría sobre su prometido sofocándolo pues no era lo que quería, debía darle su espacio al chico. Sin embargo, quería regresar a donde el hijo del duque caminaba a su lado regalándole hermosas sonrisa he incluso llegar a tomarle de un brazo para abrazarse a él. Quería que el otro estuviese cerca de su cuerpo.

– Pero qué estoy pensando… – Se reprendió en un murmullo mientras se pasaba una de sus grandes manos por toda la cara. No obstante, Collingwood detuvo su caminar al escuchar el suave murmullo de su acompañante, pese a que no entendió las palabras. Como Atsushi venía con la mano en la cara, chocó un poco sin querer con el menor – Lo siento, Kaga-chin – Se disculpó.

– Está bien Mura, descuida – Dijo el otro con aquel lindo apodo que había ideado para él, restándole importancia al asunto. De cualquier forma, el brazo de Murasakibara había quedado en el cuerpo de su prometido como un reflejo cuando sintió que había chocado accidentalmente con algo. El ambiente se tornó tensó durante unos momentos – Será mejor ir a los establos; Venus se impacientará si no lo sacas a pasear – Dijo el pelirrojo mientras se soltaba un poco brusco del agarre del joven Willianshire.

– Si, Kaga-chin tiene razón – Le siguió la corriente el mayor como si el alejamiento de Taiga no le hubiese importado en lo absoluto; no obstante, verle tratar de alejarse de él le había provocado un pequeño malestar en el pecho. Sin embargo, prefirió pensar en lo impaciente que debía de estar su Shire porque ellos no habían aparecido, sí, porque Venus se había encariñado rápido con Kagami.

Caminaron rápido y en un silencio incómodo hasta que hubieron salido de la casona y por fin habían llegado a los establos. Los ojos escarlata del menor se posaron en aquella yegua encinta unos segundos, y después despegó su vista de ahí para que seguir caminando hacia donde Venus se encontraba. El caballo no dudo en agitar la cabeza al ver a los dos hombres frente a él.

– Hola bonito, ¿Cómo has estado? – La angelical voz del joven Collingwood perforó en los oídos del mayor. Por un segundo, deseó haber sido él quien recibiera aquellas palabras, pues Atsushi estaba seguro que no eran para él, sino para su caballo que ahora se movía con entusiasmo – Me alegra saber que estás bien – Habló Kagami, como si hubiese entendido los gestos del corcel.

– Venus te ha tomado confianza, ¿Quieres intentar montarlo tú solo? – Preguntó el de cabellera morada atrayendo así la atención del menor. Taiga lo pensó por un momento, es decir, ya no tenía tanto miedo como al principio pero, seguía estando nervioso. Además, pareciera que Murasakibara lo había dicho para que él estuviera solo, lo que significaba que había notado su cambio de ánimo.

– No – Contestó simple, haciendo que el guardia le mirase confundido. Willianshire pensó que eso sería lo que su prometido quería, estar solo, pero al parecer se había equivocado – Es decir, es tu caballo y no se siente bien que yo lo tenga sin ti. Así que, quiero que tú le guíes, ya sabes, como todos los días – Explicó su punto de vista mientras sentía como sus mejillas se tornaban un poco calientes.

– Oh, bueno… de acuerdo – Aceptó el caballero mientras desataba la cuerda que unía a Venus con su cubículo del establo y le ensillaba. Dejó que Taiga saliese primero hacia el prado para que no corriera riesgo de que su Shire le pateara, aunque dudaba mucho que aquello ocurriese pero no estaba de más prevenir – Entonces, déjame ayudarte a subirte – Pidió mientras salía con el corcel.

– Claro – Aceptó el pelirrojo mientras dejaba que los brazos del de ojos púrpura se ceñían en torno a su cintura para ayudarle a levantarlo y colocarlo en la montura. Cuando Kagami estuvo sobre el caballo, miró hacia abajo encontrándose con el rostro sonriente de Atsushi. Desvió la mirada sintiendo su cara arder de vergüenza. ¡Qué lindo!

– Entonces, vamos – Habló el mayor mientras comenzaba a caminar guiando a su caballo. Era extraño porque siempre hablaba con su prometido durante estos paseos, pero ahora el silencio estaba sofocándolo ya que ninguno había dicho nada y eso le mantenía incómodo. No obstante, su rostro perezoso rara vez demostraba algo de lo que sentía en realidad.

Kagami pensaba mientras los movimientos lentos y tranquilizadores del caballo le ayudaban a concentrarse. A decir verdad, extrañaba esos momentos íntimos que pasaba con el pelimorado, añoraba tenerlo recostado en sus piernas mientras dormía y él le acariciaba sus cabellos con ternura. Adoraba besarle la frente y las mejillas cuando este dormía para que no se diese cuenta, extrañaba por completo sus pláticas, su risa, todo.

Pronto, el tiempo pasó demasiado rápido para su gusto, y cuando se dio cuenta ya había pasado el tiempo durante el cual daban su paseo. El de orbes escarlata se dio cuenta de que solo se la había pasado pensando en su mente, mientras que el guardia tampoco hacía un esfuerzo por hablarle, y del mismo modo se encontraba demasiado pensativo como para siquiera ponerle atención. Era como si ambos se ignorasen aunque no quisiesen hacerlo.

Llegaron al establo de nuevo y como para subir, Atsushi ayudó a Collingwood para bajarse del caballo. Kagami por su parte, se dejó hacer mientras pensaba en lo que quería decirle al otro, pues tenía muy en claro que estaba comenzando a experimentar sentimientos algo fuertes hacía el guardia, y tenía que alejarse de ellos o terminaría sufriendo más de la cuenta cuando el día de su boda llegase.

– Murasakibara… – Llamó el otro atrayendo la atención del nombrado que estaba a punto de quitar la silla de montar de su Shire. Taiga enseguida notó como el color del cielo oscurecía más. Si de por si estaba nublado, ahora estaba cada vez más oscuro, justo como sus emociones – Lamento haberte ignorado – Se disculpó simple, mientras evitaba mirar a la cara al mayor, pese a que este le observaba curioso.

– Está bien Kaga-chin, no es como que… – Intentó hablar el Willianshire mientras su pecho se relajaba, tal vez ahora todo sería como antes y no habría ningún problema, podrían volver a su relación hasta que el día de la boda llegase y por fin saber qué más les deparaba el destino; o eso era lo que pensaba antes de que el pelirrojo le interrumpiera.

– Pero quiero pedirte que no te me acerques –Pidió casi en un susurro, que por poco el otro no lo escucha. Murasakibara pudo jurar que su corazón por poco y deja de latir cuando escuchó esa frase salir de los labios del menor – P-Por favor, ma-mantente lejos d-de mí – Le repitió pero hubo algo más que captó la atención del príncipe. Su prometido había titubeado, como si estuviera… ¿Sollozando?

– Kaga-chin, ¿Qué estás…? – El más alto intentó tocar el brazo de Kagami, quería hacerle entender que estaba diciendo tonterías, y sobre todo, quería abrazarlo contra su pecho para que dejase de llorar. Sin embargo, este se alejó de su mano, y por consecuente, de su toque. Entonces el menor levantó su mirada y Atsushi pudo ver esos hermosos rubíes ahora bañados en lágrimas.

– N-No me toques… – Le ordenó mientras se alejaba de él unos pasos, pero el guardia rápidamente se acercaba los pasos que el otro retrocedía, intentando tocarlo, pues no estaba dispuesto a dejar las cosas así; no obstante, Kagami frunció el ceño mientras levantaba la voz – ¡He dicho que no me toques! – Le gritó enojado, aunque de sus mejillas resbalasen gruesas lágrimas. Murasakibara enseguida alejó el brazo, pero no su cuerpo.

– ¡¿Por qué no?! – Le gritó de igual manera aunque moderando un poco su voz. No era nada agradable ver al chico llorar, y algo le decía que él tenía la culpa. Kagami le miraba molesto, pero al mismo tiempo, podía notar la tristeza en sus ojos. Había entendido que el pelirrojo estaba así por el asunto de la boda, por lo que tenía que calmarlo – ¡Kaga-chin, sé qué te molesta lo de tu boda pero…!

– ¡Tú eres lo que me molesta! – Le interrumpió y también le hizo saber el motivo de su molestia – ¡Por eso no te quiero cerca! ¿Qué no lo entiendes? ¡Quiero que te mantengas lejos de mí, no me hables, no me toques, no me veas! ¡No quiero saber nada de ti! – Le hizo saber mientras se lo echaba en cara. Sin embargo, si realmente Taiga decía todo eso, ¿Por qué no paraba de llorar y su corazón se rompía cada vez más?

– De acuerdo… – Aceptó el otro mientras sentía como una espada le atravesaba el pecho y las lágrimas luchaban por no salir. Aquellas palabras le habían dolido, demasiado quizá. Pero no entendía, quería al chico, sí; pero ese dolor insoportable en su pecho no era algo simple, era similar al sentimiento de destrozo que le invade cada vez que recordaba a su madre – ¡Pero al menos dime por qué no quieres saber de mí! – Le exigió.

– T-Tú no s-sabes… n-no sabes n-nada – Dijo mientras bajaba la voz hasta que apenas y fue un murmullo lo que salió de sus labios. Se abrazó a sí mismo, buscando consuelo al saber que estaba mal, pero que su orgullo le impedía pensar con claridad en esos momentos. Se odió a sí mismo por unos instantes, por gritarle todas esas cosas al pelimorado, más no las dijo en voz alta.

– Lo sabría, si al menos me explicaras; pero prefieres estar gritándome en lugar de hablar tranquilamente – Le regañó el otro mientras pasaba un brazo por su rostro para limpiar las lágrimas de sus ojos que aunque no habían salido, estaban a punto – Sé que esto es por tu boda, y entiendo lo que estás pasando pero, ese no es motivo para…

– ¿Qué lo entiendes? – Le preguntó Taiga con ironía – ¡Tú no sabes lo que es que te comprometan con alguien a quién no conoces, y que en contra de tu voluntad te cases con él! ¡Tú ni siquiera sabes lo que es sufrir por amor! – Le reclamó mientras intentaba calmarse, pero Kagami estaba fallando en vano. ¿Cómo es que el simple paseo a caballo terminó en esta discusión? Eso era algo que el pelirrojo aún no se explicaba.

Murasakibara apretó fuerte los dientes para no abrir su boca y que de ahí saliera toda la verdad, ya que le había prometido a su abuela que no diría nada hasta el día de su boda; no obstante, en ese momento se le estaba haciendo muy difícil. Kagami tomó su acción de cerrar fuertemente la boca como si no tuviera más argumentos contra él, señal de que sus palabras eran ciertas.

– Está bien – Aceptó a regañadientes el de cabellera morada mientras ocultaba su rostro a través de sus largos mechones – Ya no te molestaré más, me voy – Dictaminó mientras se daba media vuelta y se subía a su Shire que de igual manera estaba tenso, como si hubiese entendido la discusión. Willianshire agradeció mentalmente que no le hubiese quitado la silla de montar a su caballo – Vámonos – Ordenó mientras el corcel comenzaba a galopar.

– ¡Espera…! – Pero cualquier cosa que estuviera a punto de salir de los labios de Kagami murió pues el otro chico ya se había alejado lo suficiente como para no oírle. Collingwood se mordió el labio, pues se supone que no eran esas las intenciones de sus palabras, pero ya nada podía hacer, pues Atsushi se había alejado de él y le sería posible alcanzarlo.

Las pequeñas gotas que comenzaron a caer del cielo oscuro y sin querer caían en el rostro de Taiga, se confundían fácilmente con las lágrimas que brotaban de los bellos ojos rojos del chico.


Venus había galopado más allá de la pradera, entrando entre los árboles que parecían un bosque. Murasakibara estaba atento en guiar a su caballo para que ninguno resultase herido en ese camino, no obstante, con la vista nublada le era una tarea difícil. Pasó un tiempo, hasta que llegó a aquel lago oculto donde se veían claramente las gotas de lluvia caer desde el cielo con fuerza.

Detuvo a su caballo para bajarse de él, sabía que Venus no huiría pues tenían un vínculo fuerte y el corcel nunca le dejaba solo, pasara lo que pasara, por lo que no tuvo que preocuparse por amarrarlo a algún tronco, sino que simplemente soltó la rienda de este para acercarse más al lago de agua clara que comenzaba a agitarse. Las gotas de lluvia mojaban al equino y a su amo, pero este último parecía no darse cuenta de esto.

– ¿Qué yo no sé lo que se siente? – Comenzó a hablar para sí mismo – Él ni siquiera sabe que es sufrir por eso y también por la presión del reino. Él únicamente debe casarse conmigo y su tarea está lista. Yo por el contrario aún me queda mucho por hacer, y ¿Viene a decirme que no sé lo que se siente? – Se dijo ignorando el agua que caía cada vez con más fuerza.

El Shire se acercó a su dueño en cuando escuchó un trueno y la lluvia aumentaba en demasía, le comenzó a empujar con su cabeza, para hacerlo reaccionar y que se fueran de ahí; pues como cualquier animal, el instinto de Venus le pedía conseguir refugio, pero sabía que no podía dejar al pelimorado ahí, por lo que insistía cada vez con más fuerza para hacerlo volver en sí.

–´Él no sabe que… yo estoy destrozándome a mí mismo por ocultarle quién soy. Detesto verlo llorar pero… ¡Argh! ¡Si al menos Kagami fuese menos impulsivo! – Se quejó el príncipe, como si estuviese haciendo más un berrinche de niño pequeño que una queja madura, solo le faltaba patear el césped. No notó que dijo Kagami en lugar de Kaga-chin – Y ahora no quiere que me acerque a él, ¡¿Y cuándo nos casemos?! ¡No voy a poder ignorarlo para siempre!

El caballo movió a su dueño con más fuerza haciéndolo caer sin querer. No obstante, Murasakibara pareció ni siquiera notar que había caído al césped y ahora estaba más mojado que antes, mientras las gotas de lluvia no dejaban de caer y los truenos se hacían cada vez más fuertes.

– Si tan solo… supiera la verdad – Dijo mientras por fin reaccionaba al sentir los golpes que el corcel le daba en la espalda – Tú no crees que exagero, ¿Verdad, Venus? – Le preguntó a su compañero, como si este realmente supiera la respuesta a su pregunta. No obstante, el animal volvió a insistir con los golpes hasta que Atsushi se levantó del suelo – De acuerdo, regresemos – Aceptó subiéndose de nuevo al Shire.

Comenzó a galopar a la velocidad más rápida que podía mientras esquivaba los árboles. La tormenta había dejado el bosque hecho un desastre y si no tenía cuidado podría caerse de su caballo o perderse ahí. Los truenos fuertes asustaban demasiado al equino y Murasakibara se sentía un estúpido al recordar que Venus le temía a las tormentas. Si hubiese reaccionado antes…

– Lo siento Venus – Se disculpó mientras cruzaban la pradera y acelerar el paso para llegar al establo. El chico sabía que las personas dentro de la casa debían estar preocupados por él, con semejante torrencial y él afuera – Ya casi, buen chico – Animó el Willianshire mientras estaba a metros de llegar al establo.

Cuando entró, le quitó la silla de montar a su caballo, y cerró todo lugar donde se pudiera ver relámpagos o la lluvia entrase, le quitó la rienda y le acarició la crin antes de salir lo más rápido que pudo para intentar llegar a la mansión. Sabía que ahora, con semejante tormenta todas las puertas estarían cerradas, solo tenía la esperanza de ir hacía la principal y rezar para que le escuchasen cuando tocara.


– ¿No tienes idea de a dónde ha ido Atsu-chan? – Preguntó Mibuchi por ya décima vez, mientras los integrantes se encontraban en el vestíbulo sentados en los grandes sofás. Kagami nuevamente negó con la cabeza mientras movía los pies nervioso, pues al igual que todos se encontraba preocupado en lo que se refería al paradero del guardia.

– Con esta tormenta me preocupa demasiado – Comentó Kasamatsu mientras escuchaba los truenos fuertes y la luz de los relámpagos topaba con las ventanas que ya estaban cerradas. Ya todos sabían que el pelimorado salió a cabalgar, porque Collingwood lo había dicho, aunque este no dijo la razón, pero aún no había regresado.

Los que sabían la verdadera identidad del príncipe estaban preocupados en exceso, por él y también porque si algo le pasaba, la corona correría peligro; y aunque Taiga no supiera quién era en realidad, era el más nervioso y preocupado de todos. Después de todo, no había dicho que la razón por la que el mayor huyó era por su culpa, y el arrepentimiento le estaba comiendo el alma.

– Lo siento – Se disculpó el de menor edad, sorprendiendo a los otros tres que pensaron que el castaño sería el de las disculpas. Incluso Sakurai pensó que una se le había salido sin querer pero no, aquellas palabras salieron de los labios del pelirrojo, y cuando las miradas se posaron en este, se percataron de que estaba llorando – No lo soporto más, voy a buscarlo –Dictaminó mientras se levantaba del sofá y caminaba hacia la puerta dispuesto a salir con o sin tormenta.

– ¡Espera Tai-chan! – Reo le detuvo de un brazo para evitar que el hijo del duque cometiera una locura. Ya era suficiente tener al príncipe afuera para que también el prometido de este quisiese salir – ¡No puedes salir con esta tormenta! ¡Lo único que nos queda por hacer es esperarle! – Aun así, Kagami se libró del agarre dispuesto de cualquier forma a salir.

– No lo hagas Kagami, es por tu bien – Fue Coleman quien le sujetó del otro brazo para seguir evitando que saliera, pero para el chico de ojos escarlata, ya nada le importaba. Solo sabía que debía salir, encontrar a Murasakibara y por fin su corazón estaría en calma. Nada ni nadie lo iba a detener de encontrar al caballero.

– ¡Kagami-sama, por favor escúchelos! – Rogó Ryo mientras intentaba ayudar como podía a sus dos compañeros mayores. Pero todo era en vano, porque Taiga rápido se soltó de sus agarres y caminó a paso veloz hacia la puerta de entrada. Escuchó los no que le gritaban los otros tres pro de cualquier forma abrió la puerta.

El corazón de Kagami se detuvo al instante de abrir la puerta. Frente a él había una figura de más de dos metros, y cuando un relámpago apareció en el cielo, gracias a la luz pudo percatarse de quien era. Murasakibara se encontraba frente a él, con la ropa empapada y con signos obvios de cansancio, incluso más que el que demostraba normalmente.

No pudo sorprenderse por más tiempo pues reaccionó deprisa cuando el cuerpo de Atsushi se vino para abajo, desmayado. Ni siquiera le importó que el pesó del guardia al caer le hubiese hecho a él también caer de rodillas, tampoco le importó que la ropa mojada del otro estuviese manchando la suya, y mucho menos importó que los gritos angustiados de los demás estuviesen taladrándole el tímpano.

En cuanto Kagami tuvo entre sus brazos a Murasakibara, su corazón se calmó y por fin pudo soltar todas esas lágrimas retenidas al por fin tenerlo de vuelta...


Perdón por todo este capítulo de drama, ya saben que es necesario para el transcurso de la historia :v Por cierto, Mibuchi también comparte sus perversidades 7u7 él también quería porno en el establo pero como ven solo hubo discusiones :'v Nos leemos~