Primera Hora
Distopía
…
Su cuerpo temblaba de frío mientras trataba de moverse por los oscuros callejones de aquella zona tan desconocida de Royal Woods. Le hubiera gustado tener al menos una bufanda para proteger su cuello del frío. Todo estaba tan oscuro, y era tan aterrador para Lincoln. Se movía por un callejón tratando de pensar alguno de sus planes, pero todo era inútil. Sus planes eran sólo para sobrevivir a diez hermanas, no para sobrevivir en una noche donde es legal asesinar a cualquier persona que se encuentre caminando por la calle.
En Internet leyó que era mejor alejarse de los callejones y metros, que esos eran los lugares preferidos para los vagabundos por lo que serían los sitios más próximos a ser purgados, pero Lincoln tenía tanto miedo que simplemente no se atrevía a volver a salir a plena calle.
-¿Todo esto por un maldito video? –Susurró mientras se estremecía ante los sonidos de disparos y gritos que no habían parado desde que inició la purga. La purga siempre iniciaba de forma estruendosa.
Le pareció escuchar risas y amenazas detrás de un callejón. Sabía que tenía que retroceder en cuanto escuchara algo, pero parte de él aun quería creer que se podría razonar. Todos seguían siendo seres humanos, sólo porque una estúpida ley dijera que las personas podían matarse sin temor a ir a la cárcel no significaba que tuvieran que hacerlo. Quizás podría pedir ayuda. Tal vez tuvieran un auto, lo llevaran a casa y cuando Lisa lo viera por sus cámaras lo dejaría entrar y todo volvería a la normalidad. Era la típica esperanza de un niño en su situación.
Antes de salir escuchó unos sollozos pequeños junto a las risas, eso lo hizo desconfiar un poco, por lo que se apoyó con cuidado al borde de la pared y miró con cuidado.
Eran cinco hombres, o chicos. No podía estar seguro de como se veían debajo de su ropa: los cinco tenían chaquetas de cuero con algunos adornos de metal, los pantalones parecían ser del mismo tipo, tres de ellos tenían puestas mascaras de payaso, los otros dos también las tenían pero estaban levantadas hasta la cabeza para poder fumar lo que Lincoln veía como un cigarrillo. Esos dos eran jóvenes, quizás los otros no fueran diferentes.
Había otras tres personas con ellos, pero estaban de rodillas mientras uno de los chicos les apuntaba con lo que parecía un rifle. Desde la purga era muy fácil conseguir armas, algunas personas se paraban en la calle y simplemente las mostraban mientras ponían precios especiales e incluso dos por una. El año anterior cuando fue al mercado con Lori se encontró con tres chicos un poco mayores que ella que estaban vendiendo pistolas y rifles del mismo tipo que esos chicos fuera del centro comercial. Lori fue lo bastante sensata para cruzar la calle para no tener que pasar junto a ellos mientras ponía la mano sobre su cabeza.
-¿Por qué me trajiste aquí, Lori? ¿Por qué? –Agitó su cabeza para liberarse de esos pensamientos, no podía perderse ahora.
-Luche por el Estado, ¿Y así me pagan? –Un hombre vestido en harapos y con el cabello largo y sucio les gritó a los chicos mientras se reían. –Soy héroe de guerra. ¿Entienden? Gane un corazón purpura al recibir el maldito disparo en la pierna por el que terminé aquí.
-¿Héroe de guerra? –Uno de los chicos tomó un bate con clavos de uno de sus compañeros y se inclinó mientras le hablaba burlonamente. –¿Enserio? ¿Un héroe de guerra? ¿Eh? ¿Eh? ¡Aquí esta tú guerra! –Dio un pequeño salto con el bate levantado mientras lo dejaba caer sobre la cabeza de aquel hombre. El largo cabello no le ayudó a detener el impacto del bate cuando este se estrelló sobre su cabeza, hizo un sonido como de melón reventándose mientras caía al piso.
Lincoln ocultó totalmente su cuerpo contra la pared mientras se tapaba la boca ante lo que había visto. Su respiración comenzó a acelerarse mientras escuchaba como los chicos se reían y comenzaban a felicitar a su compañero por el golpe.
-A ver a ver. –Le pareció reconocer la voz del mismo que había dado el golpe. También escuchó como parecía estar moviendo algo. –Eh, parece que si estuvo en la guerra. –Dijo con lo que pareció ser una sonrisa. –Tiene una de estas insignias o lo que sea que tienen en el cuello.
-Se llaman placas, tarado. Placas. Las usan los soldados para que reconozcan sus cuerpos si se mueren por ahí.
-Gracias por eso nerd.
-¡Ya cállate!
Lincoln no podía creer que esos chicos pudieran habar y reír como si cualquier cosa después de lo que habían hecho. ¡Acababan de reventarle la cabeza a un hombre, por Dios!
-Eh, que todavía tiene el soldadito. –Uno de ellos dijo.
-Pues a darle de nuevo.
Lincoln escuchó como el bate subía y bajaba mientras chocaba contra algo blando que parecía reventar por cada golpe dado, no se atreví a volver a mirar por la esquina. Tenía que moverse, salir de ahí, pero su cuerpo estaba totalmente paralizado por el mido.
-¡A donde vas!
Por un momento le pareció que le gritaban a él y su corazón salto de su pecho, de no tener aun la boca tapada el pequeño grito que dejó salir lo hubiera delatado.
Se escucharon algunos disparos del rifle y Lincoln pudo ver como el callejón se iluminaba un poco.
-Ahí va otro. ¿Quién es el hombre?
Todos se rieron de cualquier payasada que estuviera asiendo su compañero.
-No… por favor.
-¿Por favor? ¿Por favor qué? Desecho humano.
Una bofetada se escuchó en callejón.
-Pónganlo de rodillas, les mostraré quien es el puto maestro del jonrón.
-¡No! ¡No!
-Yyyyy se va. –Gritó mientras agitaba el bate y se escuchaba como la cabeza del hombre de la calle se rompía por el poderoso golpe. –Sé fue. Jaja.
Por la esquina donde Lincoln estaba oculto cayeron tres dientes pequeños junto con un hilillo de sangre que los seguía. Lincoln no sabía de qué parte de la boca eran, pero eso no importaba. Estaban ahí junto a él. Su pie se movió por reflejo para alejarse, y terminó chocando contra un grupo de botellas apiladas junto a él.
-¿Qué es eso?
Los ojos de Lincoln se abrieron de terror mientras su corazón dejaba de latir ahí mismo.
-¿Alguien se quiere unir al juego?
Tenía que moverse, salir de ese lugar, pero se sentía paralizado. Era sólo un niño de once años, ¿Qué se supone que hiciera contrae esto? Su única experiencia era contra niñas, y miren como había terminado eso.
-Muévete Lincoln. Muévete.
Como si sus pensamientos le dieran algo de apoyo a su cerebro, pareció por fin mandar la orden al resto de su cuerpo mientras Lincoln comenzaba a correr desesperadamente.
Corrió por el callejón oscuro sin mirar hacia atrás mientras sudaba y comenzaba a dejar salir lágrimas de sus ojos.
-¡Eh, para! –Uno de los chicos le gritó desde atrás.
Por supuesto que no iba a parar, no era estúpido. Podía escuchar como los cinco lo perseguían desde detrás. Hubiera sido inútil tratar de ocultarse, el callejón era demasiado estrecho y lo hubieran visto antes de encontrar cualquier escondite. Todo lo que podía hacer era correr por su vida.
-Veni nene, que no te va a pasar nada.
Lincoln tropezó con una lata y cayó al piso. –¡No! –Gritó mientras caía. Se arrastró por el piso un poco y volvió a ponerse de pie. Estaban más cerca. Lincoln los escuchó reír cuando se cayó y podía escuchar como se acercaban cada vez más y más.
-Vamos nene. –Uno de ellos le gritó. –Te vamos a dar unas golosinas.
-Y a cantarte la meme si quieres.
Lincoln se moría de miedo, pero se atrevió a mirar atrás para ver que tan lejos estaban. Entonces perdió totalmente el aliento y estuvo apunto de volver a caer.
¡Estaban justo detrás de él! Pero realmente detrás. El del frente sólo tendría que estirar el brazo para agarrarlo fácilmente. Estaban jugando con él, lo podrían haber agarrado desde el principio, desde que cayó al piso podrían haberlo atrapado. Pero preferían verlo correr. Algo natural que lo alcanzaran tan fácil, sus piernas eran demasiado cortas para poder moverse demasiado rápido, y desde el principio jamás fue un corredor.
No quería morir así.
Se forzó a correr más rápido, pero a esos tipos sólo pareció hacerle más gracia. Lincoln finalmente salió de los callejones y lo que vio mientras corría le dio verdadero terror.
Las calles tenían más de media docena de cuerpos tirados por ahí. Ninguno de los cuerpos se movía, pero Lincoln no prestó mucha atención a eso mientras saltaba sobre uno para no caer al piso.
-¡Nosotros somos el Estado! –Un hombre con un megáfono sobre un edificio gritó mientras disparaba con su propio rifle hacia donde estaban Lincoln y los chicos.
Los chicos se detuvieron y retrocedieron cuando el disparo impactó en el que estaba justo detrás de Lincoln y caía al suelo. Todos sacaron sus propias harmas y comenzaron a disparar hacia la persona en el techo. Los disparos de rifles y pistolas llenaron toda la calle. El hombre sobre el tejado era bueno, no se molestaba en moverse cuando le disparaban, se tomaba el tiempo para apuntar y disparar una ráfaga de disparos que terminó con la vida del chico del rifle.
Lincoln no se quedó para ver, él sólo corrió por su vida mientras se perdía aun más por las calles. No se tomó el tiempo para tratar de reconocer nada, simplemente siguió corriendo con un terrible miedo de mirar detrás de él. Estaba seguro de que si volteara lo primero que vería sería a aquel hombre de mascara de payaso extendiendo la mano para tomarlo.
Sólo se detuvo cuando sus piernas no pudieron resistirlo más.
Lo primero que hizo fue apoyarse contra una pared al azar y vomitar.
…
Se sentía mareado y enfermo, pero más que nada se sentía inútil. Había estado ahí cuando mataban a tres personas y no había hecho nada que no fuera temblar contra la pared mientras deseaba que no lo vieran. ¿Realmente pensó que alguien lo ayudaría? Esa maldita noche sacaba lo pero de las personas. Él no tendría que estar ahí. Tendría que estar en casa, sentado en el sofá mientras es rodeado por los brazos de todas sus hermanas esperando que la noche terminara.
Trató de limpiar un poco el vomito que había sobre su camisa anaranjada. Se sentía un verdadero asco mientras sorbía sus mocos por la nariz por el llanto.
Escuchó música fuerte por lo que se ocultó tras un pequeño cesto de basura contra un árbol mientras veía pasar dos autos pequeños. La música era realmente fuerte y parecía tener implicaciones sexuales muy explicitas y brutales. Recordó lo que Luna le había dicho una vez sobre cierto tipo de música que había sido censurada por tener mensajes racista, discriminatorios y ofensivos.
Lincoln no necesitó escuchar la parte sobre tomar a la mujer por los pelos y mostrarle quien manda al darles bien por el culo para saber que era de ese tipo de música. Esos autos estaban decorados con una gran cantidad de luces que los hacían muy llamativos por la noche. Lincoln no entendió que tipo de personas quisieran llamar la atención en este tipo de noches.
-¿Por qué estoy aquí? –Se había hecho esa pregunta muchas veces desde que la purga inicio. Cuando escuchó esa horrible bocina casi pensó que se despertará en su casa y que esto no sería más que la continuación de su pesadilla anterior.
Pero no.
Salió de detrás del cesto de basura y comenzó a caminar. La primera hora era la más fácil, la purga apenas iniciaba y las personas se tomaban con calma el deshacerse de su bestia interna. Pero con el paso del tiempo las cosas se pondrían más difíciles, las personas tendían a dejar salir totalmente a la bestia en su interior: matar, violar, destruir. Las personas dejaban salir todo lo malo de ellas mientras durara la purga, y se pondría peor por las horas finales.
Lincoln tenía que encontrar un camino a casa antes de que eso pasara. Mientras aun tuviera tiempo quizás podría regresar.
-Lori dijo que me tomaría dos horas en bicicleta. ¿Cuánto tiempo de eso me tomará a pie? –Pensó para sus adentros. Aun le costaba trabajo asimilar que Lori realmente lo hubiera dejado en medio del bosque con una simple bicicleta a tan pocas horas de iniciar la purga. ¿Tanto le molestaba su problema de gases? A Clyde no parecían importarle mucho.
Pero tenía un problema mayor.
Miró a ambos lados sin tener idea de donde se encontraba. Ni siquiera podía orientarse correctamente. Lori había dado algunas vueltas antes de seguir un trayecto recto, Lincoln estaba seguro de que sólo tendría que seguirlo hasta ver un lugar conocido, desde ahí podría fácilmente regresar a casa. Pero no sabía cual había seguido, en el peor de los casos terminaría yendo por el camino contrario.
Le gustaría al menos tener un reloj para saber la hora. Se decía que las horas más críticas de la purga eran después de las tres y eso duraba hasta que se acercaran los minutos finales de la última hora.
-Quizás sólo… ¿Robe una bicicleta? –Era la purga. Asesinar no era lo único que se hacia en la purga. Los robos eran realmente comunes en esa época del año. Nadie podría acusarlo de nada si una bicicleta desaparecía. ¿Pero quien deja su bicicleta en la calle la noche de la purga? Sería lo mismo que rogar porque te la robaran. –De todas formas seguramente no me hubiera atrevido a hacerlo…
Podía escuchar más disparos acercándose por las calles. No quería entrar a los callejones otra vez, tendría que haber creído que eran los lugares más peligrosos, pero estaba demasiado asustado para hacer caso de las advertencias. Ahora lo haría, y quizás sobreviviera para encontrar un camino a casa.
-¿Seré bienvenido en casa?
Ese pensamiento lo paralizó. ¿Por qué no tendría que ser bienvenido en su propia casa? Claro, las chicas se habían pasado de la raya, pero no querían matarlo. Ellas simplemente lo dejaron sólo en alguna parte desconocida de Royal Woods con una bicicleta a menos de tres horas de iniciar la purga por un estúpido video de un concurso escolar de primaria.
Sí, quizás más de una necesitaría ayuda profesional seria, pero a parte de eso no creía que realmente lo quisieran muerto.
Esta noche será el fin de tus días.
Las últimas palabras de Lucy casi parecieron retumbar en sus oídos mientras se estremecía. Lucy había sonado realmente sería en ese momento. Como si ella supiera que la cadena de la bicicleta se rompería y terminaría varado en medio de la purga. Pero no, ella no podría saberlo, simplemente estaba siendo paranoico, y por una niña de ocho años.
Al menos ella no lo había tirado al auto familiar a la fuerza. Todavía le dolía el modo en que Lynn lo había arrojado al asiento trasero. Diez hermanas, ¿Y tenía que ser ella quien parecía odiarlo más que las demás? Al menos Lucy se guardaba sus palabras, Lynn las dejaba salir cada vez que lo veía, si es que no lo echaba al instante del lugar.
-No puedo pensar en eso. –Se dijo a si mismo. No podía perderse en sus pensamientos mientras estuviera solo en es noche. Sus problemas familiares tendrían que esperar hasta que estuviera seguro. Y, quien sabe, quizás después de esto todo se resuelva.
-Nada como estar al borde de una brutal muerte para reparar lazos familiares.
El chiste le pareció peor que los de Luan.
Jamás creyó que hubiera un momento en su vida que daría lo que fuera por escuchar uno de los malos chistes de Luan. Realmente tenía que estar hundiéndose hasta el cuello.
La puerta de una casa junto a el se abrió y una mujer en un vestido cayó por las pequeñas escaleras antes de chocar contra el piso. Lincoln retrocedió un paso. No podía ver muy bien las facciones de la mujer porque su cara estaba cubierta de sangre, tenía uno de sus ojos hinchados y totalmente negro, la nariz rota y algunos de sus dientes estaban fuera de lugar. La sangre le caía por el vestido mientras lloraba y trataba de levantarse.
-¡¿Pensaste que no lo sabía?! ¡¿Crees que soy tan estúpido?! –Un hombre mayor se paró en la puerta mientras le apuntaba a la mujer con un pequeño garrote con manchas de sangre y algunos cabellos. –¿Realmente creíste eso perra?
La mujer simplemente lo miraba con los ojos abiertos y la boca temblando, como si no pudiera creer que el hombre frente a ella la hubiera golpeado. Trató de decir algo pero las palabras se le perdían entre la baba y la sangre.
-Veamos como te va sola esta noche, puta.
El único ojo de la mujer se abrió y lanzó un lamento mientras se arrastraba a la puerta balbuceando algo incomprensible.
El hombre en el portón sonrió y se rio sínicamente. –¿Ahora me vas a rogar pedazo de zorra? –Entonces sus ojos se desviaron hacia Lincoln. –¡¿Qué estás mirando pendejo de mierda?! ¡Fuera! –Agitó el garrote hacia Lincoln.
Lincoln no lo pensó dos veces antes de cruzar la calle y seguir por la otra avenida. Volteó una última vez para ver a la muer rogando mientras arañaba la puerta desesperada por entrar. Eso no ayudaba mucho a sus esperanzas de que quizás encuentre alguien que lo ayude.
Pero tenía que haber alguien que quizás pudiera ayudarle. No todas las personas en la purga tenían que ser malas, quizás hubiera personas como él que sólo buscaran sobrevivir esa noche. Pero seguramente todas ellas estuvieran a salvo en sus refugios, donde él tendría que estar.
...
Cuando Lincoln vio las motos a todo dar y las armas levantadas que no dejaban de dispara, junto con las botellas de alcohol que arrojaban a todas partes decidió que quien hubiera escrito aquellos concejos de sobrevivencia para la purga nunca había estado realmente en una. Lincoln se escondió en un callejón mientras escuchaba como un auto parecía chocar contra ellos y comenzaba un tiroteo.
¿Esta noche solo tenía asesinos? Esta era una noche libre de ley, por lo tanto la gente podía hacer lo que quisiera: como escuchar música a todo dar, o simplemente drogarse frente a la estación de policía. ¿Por qué las personas buscaban matarse unas a otras? Quizás algunas de ellas tendrían razones de venganza, pero otras, como los chicos de aquel callejón, parecían solo buscar matar gente por… por diversión.
-Esto es una locura.
Se apoyó en la pared mientras caminaba con pasos pequeños y lentos, no quería pisar alguna trampa o toparse con nadie. Si no llegaba a casa quizás podría encontrar algún lugar seguro para pasar la noche. Ese callejón se veía tranquilo, quizás podría descansar un poco ahí. No sabía cuanto tiempo había pasado, pero se sentía como una eternidad.
-Te vas a morir chico.
El cuerpo de Lincoln tembló, casi le pareció ver la figura de Lucy cuando escuchó esas palabras. Juraría que las había dicho ella, lo que sería demasiado hilarante tomando en cuenta que la voz era demasiado madura y se escuchaba enferma. Venía de muy cerca de él.
-Estoy aquí abajó.
Era un hombre cubierto con una manta entre un montón de bolsas de basura, Lincoln apenas lo vio, pero tomando en cuenta el lugar y el color de la manta, supuso que esa era la idea. Camuflarse entre un montón de basura parecía ser un buen modo de ocultarse en una noche de purga, tendría que recordar eso, quizás podría salvarle la vida.
-¿Qué hace un niño como tú fuera de su casa? –El sujeto le preguntó mientras se sentaba entre los desperdicios.
Lincoln retrocedió por reflejo cuando le llegó un olor nauseabundo. Era tan asqueroso que volvieron a darle ganas de vomitar, y posiblemente lo hubiera hecho si su estómago no estuviera tan vacío en estos momentos.
-Yo… no quiero ningún problema, señor.
-Entonces escogiste una mala noche para dar un paseo por callejones oscuros, niño. –El hombre frente a él tenía el cabello largo y sumamente sucio, la cara estaba repleta de mugre y los dientes parecían apunto de caérsele, si es que todavía tenía algunos. No era de extrañar que su forma de hablar fuera tan rara y pastosa. –Que maldita noche, ¿No? –Dijo mientras se acomodaba un poco más en la basura. –Pero por los restos de sudor y el vómito en tu camisa calculo que ya lo descubriste.
Lincoln se sonrojó un poco por la vergüenza, esperaba que la oscuridad del callejón tapara al menos el rojo de sus mejillas.
-Deja que me presente, mi nombre es Rayan Maximiliano Pentecostal. Puedes llamarme sólo Rayan si quieres. –Se encogió de hombros.
-L-Lincoln… Lincoln Loud, señor.
-Bien, Lincoln Loud. Te vendría bien regresar corriendo a casa, las cosas se pondrán realmente peligrosas dentro de poco. Lo sé, está es mi quinta purga en las calles.
-E-estoy perdido. –Trató de sonar un poco más fuerte, pero su voz era apenas un susurro. Era difícil hablar con un extraño de la basura en medio de la purga. –No sé donde está mi casa.
La cara de Rayan pareció decaer un poco. –Bueno, Lincoln Loud, eso es triste. –Suspiró. –Desearía ayudarte a regresar, pero soy un trotamundos, apenas llegué a Royal Woods hace dos semanas. Ni siquiera conozco los mejores lugares para escarbar en la basura todavía. –Escupió aun lado lo que se veía como saliva negra, o quizás era roja, era difícil ver con tanta oscuridad.
-Está bien, señor. Puedo encontrar el camino de vuelta. Sé que puedo. Mi casa no está muy lejos. –Mintió. Sabía que su casa estaba a más de dos horas a pie, y podría tomarle toda la noche si tenía que ocultarse y rezar para que no lo mataran. Pero quería alejarse de esa persona y ese olor tan pútrido rápidamente.
-No. No puedes. –Dijo Rayan de repente mientras se inclinaba hacia Lincoln. Lincoln retrocedió otro paso dispuesto a volver a correr. –Escúchame Lincoln. Por lo que más quieras, no trates de volver a casa. –Lo dijo seriamente. –Sí eres listo entonces encuentra un lugar entre los desperdicios y la basura para hacerte una bola y quédate ahí toda la noche. Un poco de peste no te va a matar, pero una bala o un cuchillo afilado sí lo harán, ¿Entiendes?
Lincoln retrocedió otro paso, no quería que se le acercara. Como si Rayan entendiera esto volvió a retroceder sentarse en la basura.
-Estas pidiendo que te maten si piensas caminar por las calles en medio de la purga. Sólo escúchales escúchales bien, Lincoln. –Puso su mano en su oído. Lincoln también podía escucharlo: gritos, disparos, choques. Las calles de Royal Woods parecían un verdadero manicomio. –¿Crees que alguna de esas personas les interese de verdad "dejar salir a la bestia"? No. Todo lo que quieren es liberarse ellos mismos por una noche, hacer lo que nadie les permite hacer. Disfrutar de los placeres que las reglas de la sociedad y el mundo les niegan. Los jóvenes son los peores, ellos viven sintiéndose prisioneros de un mundo de reglas y esta noche es perfecta para lanzar todo a la mierda y sentirse libres. Malditos malcriados. ¿Cuántas de esas personas crees que querrán experimentar el matar a un niño? ¿Eh? Quizás alguna de ellas te tenga lastima y trate de ayudarte, o simplemente te ignore. Pero muchas de ellas no desperdiciaran el momento para cortar tú pequeño cuello de oreja a oreja, Lincoln. –Pasó su dedo pulgar por todo su cuello como si fuera un cuchillo afilado. Lincoln sintió un nudo en su garganta mientras veía como el dedo recorría de un lado a otro el cuello de Rayan. –No confíes en nadie que camine por las calles, incluso los que parecen buenas personas y te hablen con amabilidad, Lincoln. Esas personas caminan por las calles en esta noche por una razón.
-Yo… tengo que irme, señor. –Lincoln retrocedió. Había escuchado bien lo que el hombre había dicho, pero ese olor. No podía soportarlo. Se sentía mal por ser la razón de que retrocediera tanto, pero no se sentía como el mismo en esa noche. Sólo quería que todas las cosas malas desaparecieran y eso era todo.
-Sólo recuerda lo que te dije. –Rayan suspiró. –Y perdón por no guardar una barra de jabón para cuando hablo con los niños pequeños en callejones oscuros, Lincoln Loud.
Lincoln nuevamente se avergonzó, seguramente había sido muy obvio desde el inicio. Rayan parecía ser una persona de mucha paciencia si se dio cuenta de eso desde antes.
-De todas formas, gracias por advertirme. –Lincoln sonrió. –Me alegra ver que no estás participando en la purga. Que algunas personas son diferentes.
-Todos somos diferentes, especialmente en esta noche. –Dijo Rayan. –En más de una forma. No te sorprendas si tú vecino te dispara cuando te lo cruces por una esquina y que al día siguiente te salude como si fueran los mejores amigos.
-Dudo que eso ocurra jamás. –Al menos la segunda parte.
Rayan volvió a escupir esa mucosidad oscura de antes aun lado. –Chico. –Dijo por fin. –Toma esto.
Algo cayó cerca de los pies de Lincoln con un pequeño sonido metálico: era pequeño, puntiagudo y afilado.
-¿Qué es esto…?
-¿Qué te parece que es, Lincoln? –Rayan rodó los ojos. –Es la punta de una vieja navaja. La encontré hace tiempo, no podrás creer el número de veces que esa pequeña cosa me salvo la vida.
El estomago de Lincoln dio un vuelco cuando vio las marcas rojas alrededor del filo.
-Todavía corta bien, aunque no recomiendo que lo lleves en tú mano. Guárdalo en tú bolsillo, y si consigues un reloj o algo para cubrir tus muñecas entonces acomódala ahí dentro. Podría salvarte la vida.
-N-no. Yo, estoy bien. En serio que estoy bien.
-Lincoln. –Rayan le habló con fuerza. –Toma la puta navaja.
Lincoln se sintió enfermo cuando volvió a ver la punta de la navaja tirada en el piso. Tenía algunas marcas de oxido junto con las pequeñas manchas rojas, aunque era pequeña a Lincoln realmente le llenó de terror. No sabía lo que Rayan había hecho con ella, y estaba agradecido por no saberlo. Podría simplemente dejarla ahí tirada y correr, o ponerla en su bolsillo y olvidarse totalmente de ella.
Por la forma de ver a Rayan no parecía que le permitiera irse sin ella.
-¿Por qué? –No pudo evitar preguntar mientras tomaba la punta de la navaja con una mano temblorosa.
Rayan se encogió de hombros. –Lastima quizás. Lo que si sé es que no me gustaría dejar ir así a un niño en medio de esta noche, Lincoln. –Se volvió a acomodar en la basura y se cubrió con la manta vieja. –Recuerda lo que te dije, y trata de que no te maten.
Lincoln quería decir algo más, lo que fuera para seguir hablando. Ahora que Rayan se había cubierto con aquel trapo sucio era como si estuviera sólo otra vez, no le gustaba esa sensación. Miró la punta de la navaja entre sus dedos y se sintió enfermo por tenerla en sus manos. Aunque era pequeña sería lo bastante punzante para enterrarla en alguien, aunque no haría mucho daño con ella quizás podría escapar. Lleno de dudas se la puso en el bolsillo trasero de su pantalón.
NA: En cuanto a los cambios de personalidad de los personajes, eso tiene una explicación. Verán, a diferencia de la serie animada en este mundo existe La Purga, ¿Se imaginan crecer en un mundo donde cada año la gente mata y viola sin control durante toda la noche? Traten de vivir en un mundo así y seguir siendo ustedes mismos cada año. La Purga es algo que le afecta en especial a Lincoln quien nació el mismo año de su aprobación y celebración por lo que cada año se pone especialmente sensible cuando ésta se está llevando a cabo.
Esta fue sólo la primera hora de la purga por lo que podríamos decir que a Lincoln le ha ido bien, pero las cosas se pondrán más difíciles con forme siga pasando el tiempo. Lincoln apenas está descubriendo la verdadera oscuridad que acecha en cada rincón de Royal Woods.
