Tercera Hora

Depravación

Dolía mucho. Su pierna se sentía cada vez más pesada mientras Lincoln la arrastraba tras de si. No había puesto mucha atención a las calles mientras escapaba. Todo lo que quería era alejarse de aquel demente del hacha y del casco de toro. Realmente había tenido suerte de tener ese tuvo de acero a la mano, de otro modo posiblemente ahora estaría…

-No pienses en eso, Lincoln. Sólo no pienses en eso. –Se dijo a si mismo mientras seguía arrastrando la pierna por la calle. Con una herida así no podía correr. Sería una presa demasiado fácil si vuelve a estar en peligro. No sabía exactamente cuanto tiempo había pasado desde el inicio de la purga, para él era al menos una eternidad, pero aun no había escuchado la bocina que indicaba el fin de esta pesadilla.

Se sentía sumamente sucio. Había intentado limpiarse al menos un poco de la orina del pantalón, pero todo lo que consiguió fue que su mano apestara. Y para hacerlo peor, el golpe en la cara se había hinchado y le dolía un poco cuando trataba de hablar. A Lincoln aun le costaba creer que todo esto pudiera ser realmente fruto de un maldito video.

Se lo había repetido al menos mil veces desde que la purga inicio, incluso antes le parecía que la furia de sus hermanas era exagerada. Ya había pasado un mes, y la única vez que pudo hablar con ellas era cuando Lori estaba obligada, o cuando a Leni se le olvidaba que estaba enfadada, o cuando Lynn lo insultaba. Por no mencionar a Luna y sus canciones ofensivas contra él.

Un mes aguantando todo eso por un trabajo escolar que reprobó y por el que ya pagó el triple que ellas.

Quizás fuera el dolor o el mido, o incluso ambos los que hablaban, pero Lincoln realmente comenzaba a sentirse muy enfadado con ellas. No era la furia común a la que estaba acostumbrado cuando sus hermanas solían pasarse un poco de la raya, o cuando destruían algo que era suyo. Esto era más. Lincoln realmente creyó que podría hacerles daño.

-N-no. Jamás podría… –Dijo en voz baja mientras se apoyaba un poco en la pared. Era sólo el dolor y el miedo los que hablaban. Lincoln sabía que sus hermanas sólo querían darle una lección, no matarlo. Ellas nunca lo dejarían abandonado en medio de la purga por un estúpido video. Lo que pasó fue sólo un accidente.

Un accidente que casi le costó la vida dos veces, y por el que su pierna ahora estaba herida.

-Basta. No quiero pensar en eso. –Agitó un poco su cabeza, pero eso pareció causarle un ligero malestar mientras un pequeño dolor se hacia sentir en lo profundo de su cráneo. –Tengo que encontrar el camino a casa. Una vez que lo haga todo estará bien.

Lori había seguido el mismo trayecto después de dar algunas vueltas en lugares que Lincoln conocía. Supuestamente sólo tendría que seguir el mismo camino, pero… al huir de los payasos había perdido totalmente el rumbo. Todo lo que le había interesado en ese momento era escapar. Y por eso no podía saber siquiera si estaba siguiendo el camino correcto. Había perdido totalmente la orientación.

Quizás sólo se estaba alejando más.

Un auto pasó rápidamente junto a él. Lincoln lo reconoció como aquel auto repleto de potentes luces que iluminaban toda la calle.

-¡Dale que ya viene en cuco! ¡Jajaja!

Un adolecente le gritó mientras salía por la ventanilla y le arrojaba una botella de cerveza. Lincoln cerró los ojos y se cubrió la cara, pero la botella falló por mucho y se estrelló contra la pared de la casa asiéndose pedazos.

-Las calles tampoco son seguras… –Dijo en voz baja mientras seguía cojeando. Nada era seguro en ese día del año. Lincoln había intentado engañarse a si mismo al creer todas las historias y guías de supervivencia sobre la purga que había leído. Había tratado de hacer un plan para sobrevivir en caso de quedar atrapado en ella.

Pero nada de eso servía en lo más mínimo cuando realmente se estaba en medio de la purga. La idea de seguridad era una mentira. En una ocasión leyó que en la purga uno es cazador o es presa, que los cazadores tienen una presencia especial que lo identifica como cazadores. Que ellos jamás tendrían que tener miedo. Pero todo era basura. No existían cosas como cazador y presa en la purga. Sólo aquellos que viven y aquellos que mueren.

Lincoln no llevaba mucho tiempo en la purga y ya había entendido eso a la perfección.

O quizás ese era su punto de vista como un simple niño que ni siquiera debería estar ahí.

La herida en su pierna realmente dolía. Aquel pobre infeliz le dijo que no lo había golpeado tan fuerte, pero no iba a creer las palabras de alguien que había mencionado abiertamente que tenía planeado violar a su hermana mayor usándolo a él. De todas formas ya estaba muerto, así que no es como si pudiera preguntarle nada, o que siquiera importara en estos momentos.

-Apura el paso, nene. Apura.

Escuchó que le gritaban desde el techo de un edificio. Un hombre estaba arrodillado sobre el techo con una cámara mientras lo filmaba. Lincoln recordó aquellos videos sobre la purga que circulaban de manera ilegal por la Internet. Se suponía que lo que sucedía en la purga se quedaba en la purga, pero a muchas personas les gustaba comercializar con distintos restos y filmaciones.

Lincoln acababa de comprar sus quince minutos de fama sólo con estar cojeando en medio de la calle.

Trató de ignorarlo y continuó caminando. De nada serviría pedirle ayuda, Lincoln no podía confiar en nadie que estuviera afuera esa noche.

No pudo evitar recordar las palabras de Lucy sobre la purga: oscura e incomprendida, igual que ella. Casi sintió deseos de reír al recordarlo. Su hermana pequeña realmente no tenía ni idea de lo que era la purga.

Lincoln continuó caminando en línea recta durante tres calles intentado reconocer algo. Hasta ahora lo máximo con lo que sea había topado eran autos que pasaban a gran velocidad, había intentado ocultarse en las sombras, pero eso no lo salvó de uno o dos disparos fallidos mientras los chicos gritaban y bebían. A esa velocidad y con el nivel de alcohol que debían tener, Lincoln no dudó de que formaran parte de la gran ola de accidentes que acontecían en la purga.

-¿Por qué la gente hace cosas tan estúpidas? –Esas palabras le recordaron a Lisa y sus insistentes degradaciones hacia su persona y el resto de la humanidad. ¿Así es como los veía a todos? ¿Cómo borrachos que conducían un auto a gran velocidad sólo porque podían hacerlo? ¿Era el desprecio que Lincoln comenzaba a sentir por personas así lo mismo que Lisa sentía por ellos? –De ser así quizás ni siquiera le importe que esté aquí ahora…

-¿Qué pasa conmigo?

El dolor, el miedo, la constante preocupación que sentía cada vez que le parecía escuchar a cualquier persona cerca, todo ese estrés estaba acabando con él. Y todo lo que podía hacer era quejarse y enfurecerse por su situación, pero eso no iba a ayudarlo en nada. Lincoln tenía que estar centrado si quería sobrevivir, pero no podría hacerlo si seguía desviando sus pensamientos de esa forma.

No tenía que pensar así de sus hermanas, sólo tenía que pensar en regresar a casa. Regresar a casa era lo más importante ahora. Ya habría tiempo para hablar con ellas directamente después.

-¿Fue un accidente Lincoln? –Lynn había caído de esa bicicleta al menos cientos de veces el último año, y por maniobras aun más peligrosas que simplemente caer por una deformación en la tierra. ¿Realmente eso bastó para destruir su cadena? Esa bicicleta había aguantado cosas peores el último año que una simple caída. ¿Por qué la cadena que había aguantado tanto tiempo a su hermana adicta a los deportes se había roto en un momento tan conveniente? –Fue un accidente. Eso fue todo. Sólo un accidente. Ellas no querían lastimarme. Lynn siempre revisaba su bicicleta después de usarla. Algo se le pasó.

-Basta Lincoln. Sólo basta.

Daría lo que fuera por un mal chiste de Luan en ese momento. Podían ser malos, pero Luan realmente sabía como liberar algo de tención sobre sus hombros. Ella era su hermana más cercana después de Lynn. Pero al igual que Lori y las chicas, lo trataba con indiferencia, hasta el grado de rozar el desprecio. Cada vez que Lincoln entraba en la misma habitación, Luan dejaba todo lo que estaba haciendo y se marchaba sin decir absolutamente nada. ¿Y qué es eso si no es desprecio? ¿Luan lo despreciaba? Ella fue quien le enseñó sobre videos, e incluso le dio el material para sus videos vergonzosos cuando se los pidió. ¿Qué sentido tenía todo aquello? Era realmente injusto.

Lincoln se preguntó porque no lo dijo antes.

-Porque no me habría escuchado. Ninguna de ellas me escuchó cuando traté de hablarles.

Lincoln continuó caminando con la mirada gacha mientras se concentraba en mover su pierna. No parecía que el dolor fuera a desaparecer muy pronto, y sólo aumentaba cada vez que apoyaba parte de su peso en la pierna derecha. Debió quedarse con el tubo de acero como bastón, pero en ese momento sólo podía pensar en salir del callejón. Ese hombre no estaría contento cuando despertara. Lincoln había volteado la cabeza más de una vez imaginando que al voltear al otro lado de la acera, totalmente furioso y embistiéndolo con aquel casco tan aterrador con forma de cabeza de toro. Ese pensamiento lo alteraba bastante mientras cojeaba por las calles.

Volteó otra vez sólo para cerciorarse de que nada lo seguía, y para su fortuna seguía estando solo.

-¿Qué es esto?

Lincoln vio un pequeño aparato en el piso: era pequeño y metálico. Tenía un pequeño cable que parecía hecho de algún elemento metálico y que seguía hasta el callejón. Lincoln se apoyó en la pared y miró en lo profundo del callejón hacia donde el cable se dirigía. Todo lo se perdía en las sombras. No sabía que había ahí adentro, pero podía reconocer una trampa cuando la veía. Era otra de las cosas que había visto en Internet. Las personas tendían a colocar distintas trampas para "pescar" y arrastrar su pesca a un lugar seguro.

Lincoln la rodeó vigilando el callejón. Si había alguien viéndolo desde las sombras fácilmente podría ver que estaba herido de una pierna. Eso sería su sentencia de muerte definitiva. En su estado no podría escapar muy lejos, y mucho menos defenderse de nada.

No se sintió a salvo ni cuando cruzó aquel callejón. No se sentiría a salvo hasta que regresara a casa con su familia.

Sus hermanas.

-Lucy sabía que algo malo iba a pasar. –Lucy había exagerado mucho por un simple busto. Es decir, él también había besado ese busto de vampiro, un par de veces por accidente al pegar la foto de Cristina. Eso causó que se cambiara de clase, pero bueno, el amor viene y el amor va. –Lucy estaba siendo rencorosa. Lo que sucedió no fue más que una coincidencia.

O quizás Lynn. Ella lo odiaba. Lincoln lo sentía cada vez que hablaba con ella. Siempre le gritaba y lo hacia sentirse terrible de muchas formas. Su última discusión no fue nada buena… y el modo en que sonrió cuando estaba saliendo. Ella lo tiró al auto sin ningún tipo de vacilación.

-Lynn no haría eso. –¿Por qué su cabeza tenía que llenarse de ese tipo de ideas? Se supone que tenía que estar centrado. Confiar en su familia. La familia era muy importante en su hogar. Una verdadera familia jamás lo hubiera abandonado en las calles en medio de la purga.

*PAM*

Lincoln golpeó la pared donde se apoyaba con fuerza. Se arrepintió al instante al sentir un terrible dolor en su mano. Ya tenía suficiente con la herida en la pierna como para sumar otra más al repertorio, especialmente una creada por él mismo y sus arranques de furia.

Nunca en su vida se había sentido así.

-Calma Lincoln. Calma.

Continuó caminando y volteando detrás de él en repetidas ocasiones mientras se concentraba en aquel callejón y cualquier persona que pudiera salir de ahí.

Nuevamente llegó a otra esquina, y sentía que su pierna ya no podría dar un paso más. Podría simplemente descansar un poco en ese lugar. De todas formas no podría avanzar. En medio de la calle había algunas personas que parecían estar teniendo una pelea. Lincoln pudo ver a un grupo de personas, tres de ellas de color y otras cuatro blancas. Parecían estarse peleando entre ellos con bates y cuchillos. Uno de los agresores tenía un hacha de mano que clavó fuertemente en el pecho de uno de los hombres de color, parecía tener problemas en sacarla, y mientras lo intentaba fue apuñalado en la espalda por otro de los sujetos. La pelea parecía estar volviéndose más intensa mientras gritaban e insultaban de formas que Lincoln no conocía hasta esa noche.

Lincoln se oculto con su espalda apoyada contra la pared. Necesitaba sentarse y tomar un poco de aire antes de continuar. Cuando la pelea terminara quizás podría seguir hasta la siguiente calle, y descansar otro poco. Quizás así sobreviva lo suficiente para regresar a casa. Miró hacia ambos lado de la calle para asegurarse de que no había nadie mientras descansaba.

Vio a tres chicos que cruzaban la esquina del lugar por donde el había venido. Lincoln esperó que lo ignoraran y siguieran su camino, pero uno de los chicos lo señaló y golpeó a uno de sus compañeros en el hombro mientras dirigía su atención sobre él. Lincoln debería haberse hecho el muerto en ese momento, la apariencia que tenía no podía estar muy lejos que eso.

Se paró con dificultad mientras veía a los chicos discutir algo, pero doblar hacia su dirección. Ahora estaban caminando por la misma calle que él y se acercaban.

-¿Ni siquiera puedo descansar un minuto sin que alguien trate de matarme? –Dijo con amargura. Tendría que buscar un lugar para ocultarse.

Por la otra calle aun estaban esos sujetos peleando. Otro de ellos estaba en el piso y con la mita de la cabeza abierta por lo que parecía un duro golpe. Lincoln pudo ver un campo con algunas bolsas de basura cerca de ellos. Miró hacia atrás y vio como los chicos se acercaban. Tampoco tenía muchas opciones. Si tenía suerte esos tipos estarían demasiado ocupados matándose para darle importancia.

-Odio esto.

Cruzó la calle y se acercó al campo. No sabía porque esos hombres estaban peleando. Quizás simplemente se encontraron y decidieron matarse unos a otros, en este punto a Lincoln no le sorprendería. Había visto a más de un loco hacer lo mismo. Le hubiera gustado poder acercarse y pedirles que se detuvieran, confiar en que por ser un niño quizás pudieran detenerse y ayudarlo a volver a casa.

Pero eso sería pedir demasiado. Ya se había cruzado con personas a las que no parecía importarles mucho que fuera un niño, en realidad, parecían extrañamente felices de poder matar a un niño.

¿Rayan no le había advertido sobre eso? Rayan le había advertido sobre muchas personas que buscan disfrutar de todo aquello que está prohibido. Cosas como matar y violar sin restricciones. Más de una de ellas debió de pensarlo en algún momento "¿Como será matar a un niño?" Ser un niño no le daba ninguna bonificación o botón de pausa. Era todo lo contrario, muchos de ellos estarían más que dispuesto a matarlo. Eso era al menos lo que Rayan había querido decirle antes.

Al recordar a Rayan también recordó la parte de la navaja que le había dado. Con sólo sentirla en el bolsillo trasero de sus pantalones se sentía un poco mejor. Más protegido. Sabía que esa navaja sería inútil para defenderse de nadie si la sacaba, pero aun así tenerla hacía que se sintiera mucho mejor. En ese momento se alegró de no haberla tirado.

Uno de aquellos hombres pareció verlo cojear hacia el campo. Lincoln no reconoció el tipo de mirada que le dio, pero la distracción fue suficiente para terminar con un chuchillo en el cuello. Lincoln volteó la vista cuando el cuchillo fue retirado y la sangre comenzó a manar en grandes cantidades. Aun no podía soportar ver tanta sangre. Sólo recordar aquel cuerpo mutilado por el hacha hacia que su estomago se revolviera otra vez y se preguntara por qué aun no había vomitado. Quizás ya estaba vacío. Que pudiera recordar no había cenado antes de que todo iniciara.

Lincoln entró al campo. El lugar tenía algunas bolsas de basura y un sofá viejo y derruido donde estaba acostado un perro viejo y de pelaje sumamente sucio. –Je. A Lana le encantarías. –No pudo evitar pensar en ella mientras veía a ese perro. Miró detrás de él y vio a aquellos tres ya cruzando la esquina. Al menos dos eran jóvenes: un chico y una chica de cabello corto, pero el tercero parecía ya estar en una edad madura. Lincoln entró al campo, y se arrepintió totalmente de eso.

Creyó que encontraría alguna entrada a cualquier callejón o un camino directo hacia la otra calle. Pero el lugar estaba totalmente cerrado entre los tres edificios adyacentes. Era prácticamente un campo de basura. No había ningún lugar para ocultare que no fuera un montón de basura en una esquina o detrás de aquel sofá donde dormía ese perro.

-No. ¡No! –Lincoln cojeó lo más rápido que pudo tratando de buscar un lugar alrededor por donde pudiera escapar. –¡Vamos! Tiene que haber algo. –Movió algunas bolsas de basura junto a una pared tratando de encontrar algo. Aquellas personas tenían que estar ya demasiado cerca. Si estuvieran corriendo ya lo habrían alcanzado.

-Tiene que haber algo… –En las películas siempre había algo. Siempre había un ducto de ventilación, o algún grupo de cajas que lo lleva hacia. –Una escalera de incendios. –Lincoln levantó la cabeza entre los edificios, quizás hubiera alguna escalera de incendios que pudiera usar.

La había, pero Lincoln no podía llegar hasta ella. No había ningún grupo de cajas o la escalera estaba lo suficientemente baja para alcanzarla. Sólo había unas cuantas bolsas de basura y una escalera perfectamente recogida y con los seguros puestos. Lincoln no podría llegar hasta ella ni aunque subiera las bolsas de basura sobre el sofá y saltara. Ni siquiera podía saltar con su pierna así.

Quizás pudiera esconderse, ocultarse detrás del sofá o algún lugar mientras lo buscan.

Lincoln cojeó hasta llegar al sofá, pero ya era tarde. Justo cuando había llegado al sofá pudo ver como aquellos tres ya entraban al campo. Lo habían visto, uno de ellos incluso levantó la mano para saludarlo mientras le sonreía.

-Eh, chico. ¿No te fue bien en la purga? Se nota que te la pasaste bien. –El chico se rio un poco mientras se acercaba a Lincoln.

Lincoln retrocedió y el dolor en su pierna lo hizo caer al piso detrás del sofá.

No podía verlos, pero pudo escuchar como se acercaban de frente.

El perro pareció gruñir mientras se acercaban. Lincoln por un momento pensó que haría algo para defenderlo, o al menos defender su territorio.

-¡Fuera! –El hombre lanzó una patada al aire y el perro saltó del sofá y se fue corriendo rápidamente del callejón.

Hasta ahí llegaban sus ilusiones.

La chica llegó desde un lado del sofá, el chico desde el otro. El mayor se paró en el y pegó un salto mientras Lincoln retrocedía.

-Y-yo no estoy en la purga. –Lincoln trató de decirles.

-Pues mira la hora para dar un paseo. –La chica se adelantó un poco. Tenía una falda sumamente corta y medias transparentes que parecían estar algo rotas en distintos lugares. Su chaqueta parecía pequeña y estaba totalmente abierta, Lincoln vio una pequeña camisa que dejaba al descubierto su ombligo y hombros, y parte de su brasier negro. Su cabello corto tenía una franja de pelo morado, y su ojo izquierdo estaba decorado con una estrella negra pintada. –¿Te querías hacer el fuerte para una chica o algo? Los chicos de ahora la quieren meterla demasiado jóvenes.

-Jaja. Creo que se meó, hermanita. –El chico, quien parecía ser el hermano de la chica, señaló el pantalón de Lincoln. Aquella mancha todavía seguía ahí, y el olor no era algo de lo que se libraría.

-Ya cállense ustedes dos. –El hombre mayor se acercó hasta estar junto a Lincoln y se arrodilló junto a él. –Discúlpalos, en esta fecha son mucho más estúpidos que de costumbre. Me recuerdan un poco a su madre, no era muy lista, pero entregaba el orto cada vez que se lo pedía.

-Hasta que conseguiste el mío a los once, ¿No papa? –La chica se golpeó las nalgas mientras hablaba con enfado.

-Como si no te hubiera gustado, Matilde. –El chico le acarició las nalgas desde atrás mientras bajaba su mano hasta meterse debajo de su falda.

-Pero cállate, tarado. Si son tan maricones que no me hacen nada hasta que llega la purga. El resto del año se la pasan dándose de pajas en el baño.

-¿Ves lo que te digo?

Lincoln cerró fuertemente su mandíbula mientras presionaba sus puños.

-¿Qué…? ¡¿Qué demonios está mal con todos ustedes?! –Gritó con todas sus fuerzas. –Es sólo una maldita noche. ¿Qué es toda esa basura de orto y tocarse de esa manera como si nada? Maldición, cualquier persona puede decir con tan sólo verlos que ninguno de ustedes está emparentado. Las familias no son así. –Lincoln ya estaba harto de todo esto. –Yo ni siquiera debería estar aquí. Debería estar en casa con mi familia, una verdadera familia. ¡Ustedes están totalmente locos! ¡Todos en esta maldita noche lo están!

*Pam*

La cabeza de Lincoln terminó viendo hacia otro lado por la dureza del golpe. Esta vez fue del otro lado de la mejilla, y seguramente se hincharía como el golpe anterior.

-Más respeto. –Lo señaló aquel hombre. –No te gustaría ver a mi pequeña familia enojada. –Le sonrió con calma.

Lincoln aguantó lo mejor que pudo las pequeñas lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos. Pero cualquier podría ver que estaba apunto de llorar.

-No llores nene, si no lo haces te hago un baile, ¿Eso te va? –Matilde se rio un poco mientras se acercaba hasta Lincoln.

Lincoln se arrastró otro poco hacia atrás tratando de alejarse de ellos. ¿Todas las personas de la purga eran realmente dementes? ¿No podía haber una con un mínimo de razón para ayudarlo, o al menos darle direcciones?

-Y mira que Matilde baila bien.

-Sólo déjenme por favor. –Lincoln rogó. –Yo… yo no tendría que estar aquí. –Trató de retroceder otro poco.

Aquel hombre negó con la cabeza mientras se levantaba. –Pues mal. Muy, muy mal. ¿Cómo te metiste en esto entonces? ¿Por qué no estás ahora con aquella familia tan maravillosa? –Levantó ambas manos con señales de burla.

-Mí… mí bicicleta se rompió. –Logró decir. –Por favor, no me hagan nada. Sólo quiero volver con mí familia. Eso es todo.

-Y yo quiero divertirme un poco con la mía. ¿Ves como no somos tan diferentes?

-Por favor, ¿Qué les he hecho yo a ustedes? Ni siquiera los conozco.

-Tenemos que dejar salir a la bestia. ¿Cómo crees que me aguanto no tirarme al pedazo de puta que me tocó como hija lo que resta del año? O no quitarle los dientes al tarado que tuve primero.

-También te quiero papá.

¿Realmente eran una familia? No eran nada como Lincoln hubiera conocido antes. ¿Acostarse con su hija? ¿Insultar de esa forma a su hijo? Estas personas estaban enfermas desde antes de la purga, eso era definitivo. Pero eso no lo hizo sentir mejor. Al contrario, se preocupó aun más de lo que personas así pudieran hacerle.

-Vamos, ¿Por qué no jugas un poco con nosotros y te dejamos ir? ¿Así te va nene? –La chica caminó hacia Lincoln. –Venga. A lo mejor te gusta un poco.

Entonces pasó algo que Lincoln jamás hubiera esperado. Algo que jamás había cruzado por su mente que pudiera pasar. La chica levantó su pie con tacones y pisó fuertemente la entrepierna de Lincoln.

-¡AAAAAAAHH!

Lincoln sintió un dolor que nunca antes había sufrido. Lynn una vez lo había golpeado ahí con una pequeña pelota de baseball, pero eso no era nada en comparación con lo que estaba sufriendo ahora. La chica retorció un poco su tacón mientras se reía y aumentaba y disminuía la presión. Lincoln se encorvó para tratar de combatir el dolor, pero eso sólo hizo que la chica aumentara la presión para mantenerlo en su lugar.

-¿Ven como le gusta? –Matilde se rio. –Mira nada más como grita de placer. ¿Lo quieres más fuerte?

-¡OOH! ¡Por favor! –Lincoln lloró.

-Ya que dijiste por favor. –Retorció el pie y aumentó más la presión mientras se reía.

-¿Qué no se había orinado en los pantalones, Matilde?

Matilde abrió los ojos con sorpresa y retiró el pie rápidamente de la entrepierna de Lincoln. Lincoln se curvó y sujetó sus partes bajas con cuidado tratando de combatir el dolor.

-¡Mierda! –Matilde arrastró el pie por la tierra. –¿Por qué no me avisas antes, tarado?

-Ha ha. Mira que avisó antes. –Aquel hombre sólo se reía mientras Lincoln seguía retorciéndose en el piso.

Matilde caminó hacia Lincoln y le dio una terrible patada en la cara. –¡Pendejito de mierda! ¿Sabes cuanto me costrón estos tacones? Tuve que chupar muchas pollas para comprarlos. –Entonces comenzó a pisotear a Lincoln.

-Ya cálmate, ¿Lo quieres matar tú sola, Matilde?

-Cállate Matías. –Matilde le respondió mientras seguía pisoteando y pateando a Lincoln.

-Y así se te van terminar de romper los tacones.

Matilde se detuvo después de eso e inspeccionó su calzado. Había algunas manchas rojas sobre sus zapatos de tacón y restos de tierra, pero no era nada que no se pudiera limpiar.

Lincoln estaba temblando incontrolablemente en el piso. Su nariz estaba sangrando mucho y sentía que uno de sus dientes se había soltado dentro de su boca. Su sangre se mesclaba con sus lágrimas mientras continuaba encorvado por el dolor aun latente en su entrepierna.

-B-basta. –Logró decir con dificultad.

-¿Basta? –El hombre se agachó junto a él otra vez. –¿Qué tal esto? Te vamos a dejar en paz, ¿Así está bien niño?

-Pero papá.

-Chiz. –Levantó la palma de su mano. –Pero vas a tener que ladrarnos un poco. ¿Te parece justo? Ladras unas cuantas veces, y si suena creíble entonces nos vamos. De todas formas llegamos tarde a la fiesta, ¿Ya se les olvido?

-¡A mierda! –La chica se golpeó la frente. –¿Por qué no nos recordaste lo de la fiesta, Matías? Hace una hora que tendríamos que haber llegado.

-No fui yo el que te tuvo una hora en la habitación dándote por todos lados, Matilde.

-Pero te hubiera gustado.

-Ya cállate. –Matías se acercó a Lincoln. –Ya escuchaste niño. Ladrar o morir. Vamos, uno bueno. ¿No jugas al perrito en casa? Esto es lo mismo.

Quien jugaba al perrito en casa era generalmente Lana. A ella le gustaba jugar con los perros del vecindario como si fuera uno de ellos. Oliendo traseros caninos y comiendo de la basura. Lincoln lo había jugado cuando era niño, una vez, pero realmente no le vio mucho sentido al juego, y a Lori tampoco le presto mucha atención. Aunque Lynn creyó que era alguna pose de lucha libre y terminaron peleando en medio de la sala. Esa es la razón principal de que dejara de jugarlo.

El hombre sacó un revólver de su cintura y lo puso sobre la cabeza de Lincoln.

-Vamos, ladra un poco. –Le dijo con una sonrisa. –¿No me dirás que no te gusta la vida? Y con tantas cosas que seguramente no has podido hacer. Terminar la escuela, ir a la universidad, conseguir trabajo, formar una familia.

-Tirarte a una chica. Te la chuparía si no estuvieras algo húmedo ahí abajo. –Matilde volvió a reírse. Era una risa que Lincoln comenzaba a despreciar bastante.

Aquel hombre lo sujetó por el cabello y le levantó la cabeza. La cara de Lincoln estaba llena de sangre y pequeños moretones comenzaban a verse. La nariz había quedado un poco torcida después de aquella patada, y le dificultaba un poco respirar.

-¿Me escuchaste? Quiero que ladres para nosotros. Si es bueno entonces nos vamos y san se acabó. ¿Bien?

-¿P-por que…? ¿Por qué hacen esto? –Lincoln se las arregló para decir.

-Ya te lo dijimos. Tenemos que soltar a la bestia. Es la única manera de seguir viviendo de forma estable el resto del año. La única manera de lograr un mejor Estado. –Dejó salir una sonrisa.

Seguramente ni él se creía eso. Eran unos enfermos, esa era la mejor explicación. No les importaba el Estado o sus reglas. Simplemente querían divertirse de la única forma que personas como ellas conocían.

-Ahora a ladrar. ¡Vamos! ¡Ladra de una vez! –Le gritó mientras levantaba su cabeza más arriba. –¡Ladra para vivir!

-Venga, sólo wof-wof.

-Sí este tarado puede ladrar para para divertirse entonces puedes ladrar un poco para seguir respirando.

-G-g…

-¿Sí?

-Wof…

-¿A eso le llamas un ladrido? –El hombre se rio un poco. –Vamos, más fuerte. ¡Que se escuche!

-Wof. Wof.

-¡Más!

-¡WOF! –Lincoln finalmente lloró mientras cerraba los ojos. –¡WOF! ¡WOOF!

-¡Así se hace! –Le soltó el cabello y la cabeza de Lincoln cayó a tierra. –¿Qué tal he? Le salió bien el ladrido.

Los otros dos se rieron junto con él.

-Habría que entrenarlo un poco mejor, papá.

-Quizás, pero problema de otro. ¿Nos vamos ya a la fiesta o qué?

-Dale. ¡Vamos!

Se alejaron un poco mientras Lincoln se quedaba totalmente roto en el piso. Todo su cuerpo dolía y su nariz aun sangraba.

-Esperen un poco, que hace rato que me aguanto. –La chica se volvió hacia él. No había realmente una razón para hacer nada más. Lo que pasó después fue algo que pasó por el simple hecho de que pasó. –Te voy a dar un poco de lo que te gusta.

Matilde se arrodilló con las piernas abiertas sobre los hombros de Lincoln. Lincoln pudo sentir su peso sobre su cuerpo, era más pesada de lo que aparentaba. Matilde levantó aquella falda tan corta hasta estar sobre la cintura, no tenía ningún tipo de ropa interior. Lincoln podía ver perfectamente sus partes femeninas aun con la cara tan lastimada y las lágrimas, sería difícil no verla estando tan cerca.

Entonces aquella chica comenzó a orinarse justo sobre su cara. –Aaah. Que gustito. No sabes lo mucho que me aguantaba.

Lincoln trató de moverse para protegerse de la orina que le caía encima de la cara, pero sus brazos estaban atrapados bajo las piernas y no podía mover su cuerpo aunque lo intentara.

Cuando Matilde terminó sacó un pañuelo de papel del bolsillo de aquella chaqueta tan pequeña, se limpió adecuadamente y lo restregó sobre la cara de Lincoln.

-De nada. –Le giñó el ojo con la estrella.

Ahí estaba Lincoln, totalmente roto, herido y humillado. Su cuerpo apenas podía moverse y su rostro estaba cubierto de moretones, sangre y orina.

-Creo que te pasaste un poco, Matilde.

-Sólo le quería dar un gusto después de la forma en que lo trataron los dos.

-¿Y si lo llevamos a la fiesta? –Aquel hombre ofreció. –Podría ser nuestro invitado especial. Ya saben, seríamos los únicos que llevaran a un niño ahí.

-Suena bien para mí. –Matías estuvo de acuerdo.

Lincoln los escuchó discutir y trató de mover sus brazos para alejarse de aquellos locos. Por que eso era lo que eran, un grupo de locos. Eran unos monstruos dementes. Tenía que alejarse.

Aquel hombre se le acercó y lo tomó del tobillo de su pierna herida, cuando la levantó hasta la altura de la cintura Lincoln no pudo evitar gritar por la herida.

-¿Qué me dices? ¿No te venís a la fiesta con nosotros?

-N-no. Por favor… ya basta.

Pero no pararían. Lincoln lo sabía. Aquellos tres nunca tuvieron la intención de dejarlo ir en primer lugar. A lo sumo se hubieran alejado y le hubieran disparado, pero ahora querían llevárselo a otro lugar. Querían llevárselo a un lugar donde seguramente le esperarían más de las pesadillas que había vivido en esa maldita noche.

-Y-ya no… ya no puedo más.

-Venga, vamos. –Comenzó arrastrar a Lincoln. –¡Vamos a la fiesta! ¡Vamos a la fiesta! ¡Vamos, vamos a la fiesta!

El trio comenzó a cantar mientras se reían y arrastraban a Lincoln junto con ellos.


NA: La tercera hora, y Lincoln ya ha conocido la depravación humana. Originalmente quería insertar un interludio que narrara los sucesos en la casa Loud, pero después de tres intentos fallidos no me quedó otra que soltar el capítulo.

Como verán, le quité mucho de su dignidad a Lincoln en este capitulo, pero siendo un niño de once años que sólo busca sobrevivir y tiene un revólver apuntándole a la cabeza, cualquiera en su posición ladraría. Lincoln sigue siendo humano, y los humanos buscan sobrevivir a cualquier precio. El de Lincoln en esta ocasión fue su dignidad. Y ni así se salvó.

Como se imaginaran, Lincoln quedará muy afectado por este suceso, lo que le dejará severos traumas que lo afectarán gravemente. Pero eso sería adelantar mucho las cosas.

Intentaré terminar el interludio la próxima vez, pero de no ser así seguiré con el la cuarta hora. (Es increíble lo mucho que un interludio puede complicarle a uno la vida).

PS: ya les había dicho que las cosas se pondrían mucho peor para Lincoln, así que no digan que no les avisé. Y apenas estamos en la mitad de la purga.

PS2: Posiblemente ya lo notaron, pero a diferencia de la película esta purga sólo cuenta con seis horas. Sólo un retoque que tuve que hacer junto con otros, pero son sólo algunos detalles que espero no les arruinen la lectura.

PS3: Nuevamente me disculpo por las faltas de ortografía.