Cuarta Hora
Siete
…
Lincoln apenas podía respirar. Podía sentir toda su cara palpitar de dolor por los golpes de Matilde, su cuerpo no estaba en una situación muy diferente. La confusión e inconciencia se adueñaban de él momentáneamente mientras trataba de darle un sentido a todo. Podía escuchar voces, voces felices que cantaban y parecían festejar algo.
No entendía mucho de lo que esas voces decían, sólo sabía que había un olor terrible en el aire y que apenas podía ver nada. Trató de pasar su mano por su cara, pero lo encontró muy difícil. Se sintió caer por un segundo y algo golpeó su cabeza por detrás de la nuca. Alguien le habló en ese momento, le dijo que tuviera cuidado con… con algo de la calle.
-¿Estaba en la calle?
Lincoln agitó un poco su cabeza tratando de ver mejor, y se encontró con un cielo estrellado que parecía moverse lentamente. No, eso estaba mal. Lo que se movía era él. Dos tipos lo estaban arrastrando, cada uno le sostenía una pierna. Su pierna, la pierna derecha le dolía mucho, aun más que cualquiera de los otros golpes en su cuerpo. Los recuerdos no tardaron en regresar mientras su conciencia se recuperaba, no podría haber estado fuera mucho tiempo.
Había empezado a llorar y a suplicar que lo dejaran, y entonces aquel chico le había dicho que se callara y le había dado una patada muy fuerte en la cabeza, todo se volvió negro en ese momento. Aun se sentía confundido mientras era arrastrado. Intentó mover su cuerpo para liberarse pero lo tenían sujeto de forma muy fuerte.
-Ñ-ño. –Dijo lo mejor que pudo. Su boca se sentí extraña y pastosa. Sentía que había perdido un diente por los golpes que recibió de aquella chica Matilde, y quizás hubiera perdido el resto de no haberse detenido.
-Nuestro invitado especial está despierto, papá. –Matilde le dijo al hombre que supuestamente era su padre. Aunque Lincoln jamás podría verlos como una familia real, las familias no son nada como lo que esos tres eran. –¿Quieres otro trago, nene? Pues lo siento, pero ya estoy algo seca, tendrás que esperar un poco más.
Al principio Lincoln no entendió a que se refería esa chica, pero con el fin de la confusión vinieron los recuerdos. Lo que esa chica había hecho, lo que él mismo había hecho. La humillación y el dolor interno que sentía en ese momento eran indescriptibles. Podía sentir como si le estuvieran apuñalando en su mismísimo interior. Bien podrían matarlo ahora mismo con tal de no sufrir nuevamente ese dolor.
Pero no iban a matarlo. Se lo habían llevado por una razón. Habían mencionado una fiesta cerca de aquel descampado, un lugar al que estaban llegando tarde, y al que lo arrastraban como su invitado especial. Lincoln no quería ser un invitado especial en ninguna fiesta que se celebrara aquella noche, todo lo que quería hacer era liberarse e irse a casa. O al menos encontrar un montón de basura donde tirarse y dormir lo que reste de la noche
Si tenía suerte, entonces cuando despertara descubriría que todo fue una terrible pesadilla. Jamás había estado sólo la noche de la purga; aquella noche ni siquiera existía. No era nada más que la pizza del día anterior que le había hecho tener pesadillas horribles. Algo que tendría que contarle a un buen psicólogo cuando despertara.
Pero estaría bien.
-¡AH! –Lincoln gritó mientras estiraba su mano hacia su pierna derecha.
-Lo siento niño, fue un accidente. –La forma de decirle indicaban que no había sido en lo más mínimo un accidente. Había sido un acto deliberado por parte de aquel cerdo que decía ser el padre de aquellos dos monstruos, y lo había hecho porque había notado el particular dolor que Lincoln demostraba en esa pierna. Definitivamente no era estúpido cuando se trataba de herir a otros.
Trató de removerse de un lado a otro para liberarse, pero le era imposible, eso sólo aumentaba aun más el dolor en todo su cuerpo. La peste a orina que sentía por toda la cara no ayudaba. Tardó en notar que aun tenía aquel pañuelo de papel pegado ahí, se pasó la mano rápidamente por la cara para quitárselo. Sintió un terrible dolor cuando su mano rozó la hinchazón.
Si llegaba a verse a un espejo dudaba mucho que se reconocería. Su cara debía ser un verdadero desastre en esos momentos.
-…Suéltenme. –Su voz fue apenas un susurró.
-Creo que dijo que lo aprietes más fuerte. –Aquel chico se rio un poco mientras aumentaba su presión sobre la pierna izquierda de Lincoln. Lincoln apenas lo sintió, estaba demasiado ocupado con otros dolores para importarle un poco más de presión. Lo que realmente le alteró más fue el modo en que aquel hombre mayor movió su pierna derecha. Lincoln no sabía cuanto tiempo había pasado, pero aquel golpe aun le dolía mucho.
La chica se rio mientras se acercaba un poco a él. –¿Quieres una miradita de compensación? –Le preguntó mientras tomaba uno de los lados de su falda y la levantaba un poco.
Lo que Lincoln quería es que lo dejarán. Ya lo habían lastimado y humillado más de lo que había soportado en toda su vida. Todo el abuso de Ronnie Ann no era ni un juego de niños en comparación con lo que estas tres personas le habían hecho.
-Suéltenme. –Se las arregló para repetir.
-No. No. Vas a ser nuestro invitado especial en la fiesta. Sólo es una vez al año y tienes que estar invitado desde antes. Maldito mocoso con suerte.
-¡Suéltenme! –Les gritó con ira. Sus ojos ya ni siquiera podían llorar por todas las lágrimas que había derramado antes.
La chica le dio un pisotón en el estomago mientras lo arrastraban y Lincoln perdió todo el aire de su cuerpo. Tosió un par de veces mientras trataba de recuperar el aire. Era realmente difícil respirar en esa situación, y mucho más cuando estaba siendo arrastrado.
-Compórtate un poco mejor.
Lincoln se rindió. Era inútil tratar de razonar con esas personas. Esos tres estaban totalmente locos, eran monstruos vestidos con pieles humanas que esperaban esta época del año para poder emerger al mundo.
Cerró los ojos mientras trataba de respirar. Le era imposible mantener una respiración estable por la nariz, especialmente con ese asqueroso olor, aunque le sorprendía poder oler algo después del golpe que aquella chica le dio. Pudo sentir como su nariz se torcía por ese golpe. Al apoyar la cabeza en la acera y cerró los ojos, pudo escuchar como era arrastrado lentamente por esas personas. Quizás, con un poco de suerte, alguien lo confundiría con un cadáver y matara a esos tres, después de eso simplemente tendría que quedarse callado y esperar.
Lincoln abrió los ojos y trató de mirar alrededor, intentado encontrar algo reconocible. Quizás hasta alguien a quien rogarle por ayuda, pero no había nadie más. Esas otras personas debieron matarse todas, o quizás no les importara nada más que aquellos a quienes querían matar, o simplemente tomaron otro camino. Como fuera, Lincoln ya no estaba en condiciones de saberlo.
Mientras era arrastrado pudo ver por el rabillo del ojo a una niña sentada sobre un contenedor de basura en un pequeño callejón. Al mirarla bien se dio cuenta de que estaba tranquilamente sentada con las piernas cerradas mientras descansaba su cabeza en ambas manos. Lincoln no había visto a otros niños además que él, y quizás aquella niña con la mascara de muñeca, pero no es como si tuviera tiempo para pensar en esas cosas. Los participantes de la purga nunca fueron de su interés. Todo lo que quería era volver a casa.
Lo arrastraron más rápido por el duro piso de las calles, Lincoln perdió el conocimiento por unos cuantos segundos y al recobrarlo ya habían pasado el callejón. No pudo ver otra vez a la niña. Sea quién sea, al menos esperaba que le fuera mejor que a él. Quizás ella pudiera sobrevivir más de lo que ahora estaba seguro viviría. Por extraño que parezca, estaba más aterrado de lo que sea que fueran a hacerle esos tres locos que de morir. Aun le aterraba la idea de morir. Cosas como la muerte eran algo que los niños como Lincoln jamás llegan a imaginarse. A excepción de Lucy quien decía hablar con fantasmas, pero ese es un caso aparte.
De todas formas, después de conocer a esta particular "familia", Lincoln estaba realmente aterrado de lo que podrían estar planeando para él.
Ellos habían mencionado una fiesta.
Era un edificio grande, al menos desde el punto de vista de Lincoln.
Dos tipos armados estaban en la puerta. Tenían rifles y chalecos anti-balas. Pero no daban el aspecto de ser guardias, especialmente por las mascaras de grito que cubrían su rostro.
-¿Nombres y tema? –Uno de ellos preguntó mientras él otro les apuntaba a los tres dementes.
-No hay nombres en la purga. Somos la Familia. –El hombre mayor respondió. Miró a Lincoln y lo señaló con un dedo. –Nuestro invitado. –Respondió aquel hombre con una sonrisa.
Aquel hombre armado sacó una libreta y anotó algo antes de abrir las puertas. Lincoln podía escuchar una música fuerte desde dentro.
No quería entrar. Su vida terminaría ahí dentro, estaba seguro de eso. Todo lo que quería era que la noche terminara. Se suponía que tendría que estar sentado en el sofá escudándose con los brazos de sus hermanas. No siendo arrastrado mientras estaba cubierto de golpes, sangre y orina. Todo tenía que ser una pesadilla. Eso tenía que ser.
Lincoln fue arrastrado dentro del edificio.
-Bonito lugar. ¿No niño? –El hombre mayor le preguntó mientras lo arrastraba.
Para Lincoln era el infierno.
Estaban arrastrando a Lincoln por los pasillos. Aquellos pasillos estaban adornados con luces intermites de distintos colores e incluso una bola disco. No sabía que tipo de edificio era o había sido, pero era grande y con muchas puertas. Cada una de ellas tenía lo mismo: personas gritando y bailando mientras practicaban distintos actos que Lincoln jamás podría imaginar.
Todos ellos estaban disfrazados de distintas maneras, parecía una fiesta de monstruos. Vio a un hombre vestido de diablo que le daba latigazos a otro hombre encadenado a la pared, aquel hombre de rodillas claramente no estaba aquí por su voluntad, Lincoln podía saberlo al ver las terribles heridas en sus nalgas por los golpes de látigo. En otra de las habitaciones había un hombre lobo y una especie de ángel que ponían agua dentro de jeringas y las combinaban con algo que parecía ser polvo.
-¡Ah! –Lincoln gritó mientras aquella familia subía las escaleras.
-Cuidado con la cabeza, chico. Cuidado con la cabeza. Ya te lo había dicho antes. Los niños de ahora nunca escuchan. –Se rieron los tres. –¿Te gustó el primer nivel? Te encantará el tercero, ahí es donde preparan los "invitados", pero claro, antes tienen que macarte como nuestro. Tranquilo, no tarará mucho.
¿Marcarlo? Lincoln no sabía que significaba eso, y estaba seguro de que no quería saberlo. Comenzó a removerse con todas sus fuerzas para escapar de su agarre. El dolor en su pierna era terrible, pero sabía que le esperaban cosas aun peores si no escapaba.
Quizás aun tuviera oportunidad. Tal vez si se esforzaba con todas sus fuerzas podría correr lo suficiente para poder escapar de ese lugar. Salir por la puerta y… y correr a casa. Regresar a su hogar.
-No hagas locuras. ¿Quieres otro gustito para estar mejor? –Matilde le giñó el ojo con la estrella mientras se acercaba y levantaba su falda para que Lincoln pudiera ver nuevamente sus partes íntimas. Entonces le dio otra patada en la cara y parte de su sangre quedó regada por las escaleras.
El mundo de Lincoln comenzó a oscurecerse mientras veía las luces brillar y desaparecer. Era un espectáculo de locura mientras escuchaba las risas, los gritos, los llantos y los gemidos.
El infierno.
-¿Es que quieres matarlo, Matilde? Todavía no lo marcaron. No cuenta si está muerto.
-Perdón, ¿Bien?
Eso fue lo último que Lincoln escuchó antes de que todo se desvaneciera.
Estaba tan cansado.
Lincoln se despertó con una sensación de asfixia y una terrible peste. Agitó su cabeza de un lado a otro mientras sus sentidos regresaban de golpe.
El trapo en su boca fue retirado suavemente.
Miró alrededor con pánico mientras trataba de decir algo, pero se encontró balbuceando un montón de frases sin sentido. Tardó en darse cuenta de que su boca estaba tapada con algo redondo como una pelota que estaba fuertemente sujeta por una cinta atada detrás de su cabeza. El sabor era desagradable y podía sentir su saliva acumulándose y cayendo por rendijas de su boca.
Trató de moverse y se encontró fuertemente atado a una silla de madera en una habitación pequeña iluminada por una simple bombilla sobre el techo. Miró a su alrededor para ver alguna cosa, lo que sea para indicarle donde estaba. Su cabeza no dejaba de zumbar mientras su corazón salía disparado por el miedo.
Los recuerdos llegaron demasiado rápido para su gusto. Tenía esperanzas de que la próxima vez que despertara lo hiciera entre los brazos de sus hermanas, pero esa esperanza fue totalmente aplastada con este nuevo escenario de pesadilla.
El aire frío que cortaba su cuerpo le ayudó a darse cuenta de que su camisa había sido retirada mientras estaba inconsciente. Su escuálido cuerpo estaba repleto de moretones y pequeños cortes que seguramente fueron hechos por los tacones de aquella chica después de tantas patadas y pisotones. ¿Cuándo le habían retirado su camisa?
Unos pequeños pasos lo paralizaron. Detrás de él salió un hombre con un pequeño traje y mascara de cuero. Este hombre era algo obeso y dejaba al descubierto mucho de su piel peludo mientras caminaba frente a Lincoln. Tenía un pequeño calzoncillo de cuero que parecía muy apretado y su macara poseía cierres cerrados; sólo su ojo derecho tenía un cierre abierto. Había un trapo algo húmedo en su mano, lo tiró aun lado sin cuidado mientras miraba a Lincoln.
Lincoln tembló ante la mirada de es único ojo. La respiración de aquel hombre era agitada mientras lo miraba. Lincoln se sentía terriblemente asustado ante el ojo de aquel hombre y su respiración. Aquel hombre pareció tragar saliva mientras extendía una mano temblorosa hacia el rostro de Lincoln. Lincoln trató de retroceder y rogar porque se alejara, pero la silla y la bola de plástico en su boca lo limitaban a torpes jadeos.
La mano temblorosa finalmente llegó a tocarlo en la mejilla. El dolor salió disparado de tal forma que Lincoln gimió. El gemido hizo que aquel hombre retrocediera la mano como si se hubiera quemado. Su cara tenía que estar realmente hinchada para sentir ese nivel de dolor. No le sorprendía, los golpes que había recibido por aquella chica fueron realmente brutales. Podía distinguir un poco su nariz en esa posición, se veía algo torcida.
Aquel hombre frente a él negó con la cabeza y parecía tener una pequeña lágrima bajo su ojo descubierto.
Lincoln se sintió un poco más tranquilo al ver eso. Quizás ese hombre no fuera malo. Quizás pudiera ayudarlo. Es cierto que se veía aterrador y estaban en la pura, pero aquellas personas también eran seres humanos. No todos tenían que ser dementes como los que se encontró antes. Quizás algunos ni siquiera quisieran participar.
Nuevamente el hombre extendió su mano, pero esta vez tocó el pecho de Lincoln. Lincoln sintió su toque bastante desagradable. Lanzó un gemido para que se alejara y aquel hombre volvió a alejarse como si nuevamente hubiera sido quemado. Lincoln trató de pedirle que le quitara la bola de la boca. Quería rogar por ayuda. Decirle todo lo que había tenido que pasar. Necesitaba hablar con alguien que pudiera ayudarle.
Aquel hombre volvió a tragar saliva y se acerco a Lincoln mientras lentamente volvía a tocarle el pecho. Lincoln se volvió a mover y gemir todo lo que pudo, eso sirvió para alejar la mano de aquel hombre un poco, pero con algo más de seguridad volvió a poner su mano sobre su persona.
Algo estaba mal.
Los ojos de Lincoln se abrieron con horror cuando vio la ropa interior de aquel sujeto. Algo ahí dentro parecía estar sumamente apretado y tratando de salir. Lincoln tragó saliva mientras gotas de sudor caían de su frente y comenzaba a temblar con un nuevo sentimiento de terror creciendo en el mismo lugar que aquel hombre lo tocaba.
Ese hombre gimió un poco y presionó su entrepierna mientras trataba de acomodar algo ahí dentro. Parecía estar tratando de ocultarlo de Lincoln, pero ya era tarde, y al darse cuenta de eso también pareció darse cuenta de que todo debía importar un carajo. Tomó su ropa interior con ambas manos y la bajó rápidamente, entonces intentó volverla a subir, pero su pene lo impidió, así que lo dejó abajo.
Respiró hondo mientras se acercaba un poco más a Lincoln.
Por un segundo Lincoln se quedó paralizado. Esa cosa se veía horrible: estaba repleto de un enorme y enredado vello púbico y se veía bastante sucio. No sabía si ese era el tamaño normal o no, pero no le importaba. Se removió en la silla fuertemente hasta que esta se tambaleó. Si la hacia caer quizás se rompiera como en las películas, quizás pudiera escapar.
El dolor en su pierna parecía algo pequeño en comparación con lo que ese hombre pudiera estar planeando para él si no escapaba.
Aquel hombre sujetó a Lincoln por su hombro mientras cerraba los ojos y sujetaba su pene. En ese momento comenzó a agitarlo. Movía su mano hacia adelante y atrás con gran velocidad y furia mientras presionaba fuertemente el hombro de Lincoln.
El corazón de Lincoln se paró ante lo que estaba viendo y las lágrimas que antes creía secas y agotadas volvieron a surgir en sus ojos destrozaos por los moretones y la hinchazón. No podía hacer nada más que cerrar los ojos y retorcerse en el lugar.
Los jadeos se hicieron más grandes y la intensidad con la que se masturbaba aumentó enormemente mientras presionaba el hombro de Lincoln fuertemente.
-Esto es una pesadilla. Sólo una pesadilla.
-Huaaa.
Lincoln abrió los ojos cuando sintió algo sumamente caliente golpear su pecho. Al abrirlos vio como aquel hombre volvía a dejar salir otra descarga sobre él.
Lincoln sintió como aquel líquido comenzaba a escurrirse mientras le quemaba el pecho. Apestaba. Aun más que cualquier cosa que hubiera olido antes. Ni siquiera Lana después de revolcarse en la basura olía tan mal.
Ese hombre siguió jalando su pene mientras pequeñas gotas aun seguían saliendo y chorreaban por su mano. Al terminar abrió los ojos y retrocedió con miedo de Lincoln. Era como si no pudiera creer lo que había hecho. Se movió frenéticamente al trapo tirado en el piso y lo levantó con algo de torpeza. No tardó mucho en comenzar a limpiar su mano y zona genital. Entonces corrió hacia Lincoln y comenzó a pasar ese paño por todo su pecho.
Lincoln no quería que volviera a tocarlo. Podía sentir como aquel trapo expandía la peste y la suciedad por todo su cuerpo. Se removió para alejar eso de él, pero de nada sirvió. Las cuerdas se encontraban demasiado bien atadas.
Al terminar aquel hombre miró otra vez a Lincoln antes de ver la puerta. Parecía estar pensando en muchas cosas mientras lo veían. Caminó detrás de la silla y Lincoln lo escuchó mover algunas cosas. No podía ver que hacia y eso lo asustaba. Después de lo que había pasado tenía mucho miedo de lo que aquel hombre pudiera hacer con él.
Entonces escuchó un pequeño sonido familiar. En lo único que pudo pensar era en una chispa que se prende y se apaga cuando lo escuchó. Entonces escuchó un inconfundible sonido que irónicamente le heló la sangre.
-Un soplete.
Había ayudado a Lisa más de una vez como para confundirlo con cualquier otra cosa.
-¿Qué va a hacer? ¿Qué va a hacer? ¿Qué más puede hacerme? ¡¿Qué más puede pasarme ahora?! –Estaba harto. Había pasado por muchas cosas desde que la purga inició. –¡Maldición Lori! ¿Por qué me abandonaste aquí?
La furia en su corazón comenzaba a crecer al recordar como Lori lo había abandonado sin mirar atrás. Había tenido la esperanza de que regresara a mitad de camino, pero aquella esperanza murió cuando escuchó la bocina del inicio de la purga. Y Lynn y su estúpida bicicleta. ¿La sacaron del equipo por tan poco? Idiota, seguramente buscaban una excusa para sacarla desde hace tiempo. Lincoln era consiente de hasta donde era capaz de llegar su hermana por ser la número uno. Él era él único lo bastante estúpido para siempre estar dispuesto a ayudarla a entrenar.
-¿Y así me agradeces todo ese dolor que pasé Lynn? ¿Tratándome como la mierda y clavando los clavos de mi ataúd? –Lincoln se removió con furia tratando de liberarse.
Esta noche será el fin de tus días.
Las palabras de Lucy volvieron a resonar en su cabeza. ¿Realmente fue todo un accidente? ¿Sus hermanas querían darle una lección o realmente trataron de matarlo?
Aquel hombre volvió a pararse frente a él. Se veía algo agitado y nervioso.
Las pupilas de Lincoln empequeñecieron al ver lo que tenía en su mano.
Marcarlo.
-No. ¡No!
Una larga barra de metal cuya punta estaba al rojo vivo.
Lincoln nuevamente se removió en el asiento tratando de liberarse; escapar.
-…Perdón. –Aquel hombre habló por primera vez desde que Lincoln se despertó.
Lincoln lo miró con furia y odio mientras seguía tratando de liberarse. Ese hombre desvió la mirada con vergüenza mientras tomaba la barra con cuidado de no quemarse.
Entonces la acercó al pectoral derecho de Lincoln.
-No te muevas tanto… podría desviarse. –Dijo con un rápido susurro. Fue demasiado rápido para que Lincoln lo escuchara, de todas formas no lo hubiera escuchado.
Lincoln sintió el calor de aquella barra acercarse hacia él. Se paralizó mientras veía como la barra se acercaba más hasta que…
Al principio no sintió nada, lo primero que lo alertó de lo que estaba pasando fue el sonido agudo que entraba en su cabeza, entonces olió la carne quemada. Su propia carne. El dolor lo siguió mientras gemía y se removía en el asiento. La presión aumentó tanto que creyó que aquel hombre realmente trataba de matarlo para que no pudiera decirle a nadie lo que había pasado. Podía imaginarse la barra atravesando su cuerpo y saliendo del otro lado de la silla.
Aquella tortura pareció durar una eternidad. Entonces el hombre retiró la barra con un fuerte tirón. Lincoln escuchó su propia carne quemada siendo arrancada. El olor se intensifico y el dolor era insoportable. Todavía podía sentir la barra quemando su piel.
Lentamente vio la marca que ahora adornaba su piel. Al principio no pudo reconocerlo por el shock, su punto de vista y el humo que aun se elevaba. Pero entonces pudo reconocer el número siete, al principio lo confundió con el uno y no pudo evitar volver a pensar en Lynn mientras lo hacia.
¿Por qué un número?
-Perdón. –Aquel hombre patético volvió a repetir mientras salía de la habitación con velocidad.
Lincoln quedó sólo.
Esta vez no fue un horrible olor lo que lo despertó, sino el ardor en su pectoral izquierdo. Había perdido el conocimiento poco después de que aquel hombre abandonara la habitación.
-¿Por qué no puedo despertar de ésta pesadilla?
Movió levemente su cuerpo sabiendo que sería inútil. Todo era inútil. No podía sobrevivir a esto. Lo sabía. Este era el final. Todo lo que tuvo que recorrer hasta ahora significaba nada en este momento. Había sido lastimado, pisoteado, humillado y ensuciado. Y finalmente fue marcado. Una marca permanente que le recordaría eternamente este momento. Aquel día.
De todas formas ya no creía sobrevivir.
-¿Por qué tengo que morir? ¿Por un estúpido video escolar? ¿Eso merece la muerte? –Lloriqueó. Estaba tan cansado de todo.
Jamás pudo ganar un trofeo. Sólo quería ser como sus hermanas. Aun si era un mísero tercer lugar le hubiera gustado tener algo. Cualquier cosa pequeña hubiera sido suficiente.
Dejó caer su cabeza rendido.
Iba a morir. O le harían cosas peores. Cosas que lo harían desea morir.
La puerta se abrió y el miso cerdo de antes entró dentro. Lo miró por un segundo antes de que sus ojos repasaran la habitación. Entonces pasó de largo a Lincoln con pasos torpes y largos. Lincoln no se molestó en seguirlo con la mirada. ¿Iba a ensuciarlo otra vez? No. No podía permitirlo. No podía morir ahora.
¡Lo mataría antes de permitirle hacerle algo como eso otra vez!
Trató de remover sus manos para liberarlas de las cuerdas, pero estaban demasiado apretadas para hacer nada.
-¡Maldición!
Lincoln conocía sobre esas cosas. Sabía lo que podría llegar a hacerle. Le daba asco pensarlo.
Entonces ese hombre se arrodillo junto a él y comenzó a cortar la cuerda con bisturí.
-¿Qué hace?
Quiere que lo toques.
-Nunca.
Lincoln trató de liberarse mientras sentía que la punta del bisturí pinchando su muñeca y pequeñas gotas de sangre se mesclaban con la cuerda.
Un fuerte disparo lo paralizó mientras la cabeza de aquel cerdo parecía estallar y sangre combinada con una materia gris espesa lo salpicaban. En ese momento todo su interior quedó totalmente paralizado. El cuerpo del hombre que lo había ensuciado estaba tirado en el piso con un enorme agujero en la cabeza, aun así, su cuerpo se movía. Pequeñas convulsiones le daban un aspecto siniestro y aterrador.
Dos disparos más las detuvieron totalmente y la sangre volvió a salpicarlo.
En la puerta había una mujer con una revólver humeante que vio al hombre en el piso, hizo una mueca y simplemente se fue sin decir o hacer nada más. Antes de irse le dio a Lincoln una mirada y sonrió levemente antes de entrar al cuarto.
Lincoln no sabía que creer. ¿Lo había salvado? Ya no podía estar seguro de nada.
-Lindo. –Dijo aquella mujer. Tenía una mascara de mariposa que le cubría la cara, pero dejaba al descubierto un lunar en la barbilla. Su cabello era largo y castaño. Tenía puesta una minifalda roja junto con una chaqueta del mismo color y una camisa blanca debajo.
La mujer se sentó sobre las piernas de Lincoln totalmente ignorante del cadáver junto a ella.
-Rasgos exóticos. –Tocó el cabello de Lincoln mientras lo miraba a la cara. –Con razón le interesaste tanto.
Inspeccionó un poco la nariz torcida de Lincoln. Entonces resopló mientras a sujetaba con fuerza y con un ligero sonido la enderezó.
El gemido que Lincoln lanzó fue grande. El dolor que sintió fue fugaz, pero fuerte.
Desató la cinta detrás de la cabeza de Lincoln.
Lincoln escupió la bola de plástico aun lado y tomó una gran bocanada de aire.
-Haaa. –Lanzó un pequeño grito por el dolor. Increíblemente era lo único que podía dejar salir. Su garganta se sentía seca y totalmente cansada.
-Por favor… tiene que ayudarme. –Dijo con la voz rota. –Ya no puedo más con esto.
La mujer se humedeció los labios.
-Me han hecho cosa… ese hombre me hizo algo que… Dios. Por favor. –Estaba totalmente roto.
-No lo culpo. –Dijo la mujer mientras se acercaba a Lincoln y lamía su mejilla.
El cuerpo de Lincoln se paralizó.
Lo mismo.
No podía ser verdad. Tenía que ser una broma. Una broma incluso peor que las de Luan. Algo cruel.
-¿Quieres ser libre niño?
Lincoln se quedó callado y temblando mirando a esa mujer con un nuevo sentimiento de miedo.
Tomó a Lincoln de las mejillas hinchadas y lo obligó a mirarla.
-¡Respóndeme!
-S-sí. –Dijo débilmente. –Por favor… me hagas daño.
La mujer sonrió. Entonces se sacó el chaleco y lo tiró aun lado. Con una facilidad que sólo da la experiencia se quitó la camisa al pasarla sobre los hombros y dejó al descubierto un brasier rojo intenso. Desabrocho un broche en medio y con un rebote dejó caer dos objetos redondos como melones.
Pegó su cuerpo aun más al de Lincoln mientras lo tomaba desde detrás de la nuca. Suavemente puso la cabeza del paralizado niño frente a uno de sus pechos y susurró…
-Chupa.
Lincoln tembló mientras sus ojos temblaban con incredulidad.
-…N-no.
-Chupa. –La mujer volvió a susurrar con un poco más de fuerza.
-No… te lo ruego. No.
-Si no chupas. Te pasaran cosas peores. –La mujer susurró suavemente mientras sonreía. –Te marcaron con el siete: la familia. ¿Sabes lo que significa eso?
Lincoln no respondió. No podía moverse.
-Una hora antes de que termine la purga, cada invitado será llamado con sus invitados especiales. Este año no hay muchos: la mayoría vagabundos y algún que otro hombre o mujer con mala suerte. Pero ningún niño. –Se rio un poco. –Entonces se hará una votación, y no dudo que la familia gane. –Acarició el cabello blanco de Lincoln. –Entonces te pondrán en medio de la habitación, te pondrán una medalla y…
Parecía esperar a que Lincoln dijera algo, pero el chico estaba totalmente paralizado.
-…Y ellos podrán matarte de la forma que quieran. ¿Cómo crees que unos depravados así te matarían? –Se rio un poco. –¿Crees que esto es lo peor que te harían hacer? ¿Crees que ellos aceptaran un no? Te arrancaran los dientes para asegurarse de que no muerdas, y destrozaran tu pequeño culito sólo para cagarse en tu cuerpo.
Lincoln seguía paralizado, pero escuchaba. Lo escuchaba y no quería creerlo. Pero después de ese encuentro no podía dudarlo.
-Una medalla.
Su primera medalla, y era una competencia que no quería ganar. ¿El mundo podía ser tan irónicamente cruel?
La mujer volvió a acariciar la cabeza de Lincoln mientras susurraba…
-Chupa.
Lincoln cerró fuertemente los ojos. Era lo bastante listo para saber lo que pasaría si no lo hacia. Y por primera vez deseó ser tan estúpido como Leni para nunca haber hecho ese maldito video en primer lugar.
Abrió la boca y la acercó lentamente hacia el pecho de esa mujer.
-Bien. Bien. –La mujer lo acarició mientras lo felicitaba. –Eres un buen niño. Mami está orgullosa. Mmh. –Jadeó un poco cuando la boca de Lincoln llegó hacia su pezón y comenzó a chupar. –Sí. Sigue así. Sigue así mi niño. Chupa. Chupa. –Presionó la cabeza de Lincoln con más fuerza. –Chupa más fuerte.
Los ojos de Lincoln perdieron toda su luz y parecieron los ojos de un muerto mientras seguía las indicaciones de aquella mujer.
-Sí mi niño. ¡Ah! Así mi niño. –Jadeó mientras su mano descendía hacia su falda. Desprendió dos botones a los lados y la falda se aflojó. Metió la mano dentro de ella y comenzó a moverla sobre su ropa interior de un rojo tan intenso como su brasier. –Muerde… No tan fuerte. Muerde y chupa. Así mi niño. Mami te quiere. Mami te quiere mucho.
Morder. Chupar. Morder. Chupar.
Todo lo que Lincoln podía entender es que tenía que seguir esas indicaciones.
La mujer comenzó a masturbarse con más intensidad mientras presionaba a Lincoln con más fuerza en su pecho. –¡Mi niño! ¡Mi niño! ¡Mío! –Gritó mientras jadeaba. –Ahora muerde más fuerte. ¡Sí! –Su espalda se arqueó y algo húmedo salió de ella. –Es suficiente. Eres un buen niño. –Besó a Lincoln en la frente. Entonces sacó su mano de su ropa interior y lamió el líquido de olor dulce que había salido.
A diferencia del hombre muerto en la habitación, aquella mujer no parecía sentir la más mínima culpa mientras se arreglaba la falda y volvía a vestirse.
-Eso fue liberador. Aunque me siento un poco decepcionada de mi misma al no poder hacerte reaccionar. –Miró la entrepierna de Lincoln. –Supongo que aun eres muy joven, una lastima.
Lincoln no respondió mientras mantenía la cabeza baja.
La mujer se acercó a él y tomó el bisturí de la mano muerta de aquel cerdo. Terminó de cortar la cuerda de la mano derecha de Lincoln. Entonces guardó el bisturí en su cinturón.
-Ya está. He liberado tu brazo derecho, pequeño. –Le giñó un ojo. Entonces se acercó y le susurró al oído. –Me aseguraré de votar por ti. –Y lo besó en la mejilla.
Lincoln no escuchó cuando aquella mujer salió. Ya no podía escuchar nada. Sus ojos aun estaban muertos. En todo lo que podía pensar ahora era en la voz de aquella mujer: chupa.
Pensar que una simple palabra podría tener tanto impacto.
Sintió su brazo derecho libre y lo movió con dificultad, la sangre tardó en volver a recorrerlo. Pero ya no significaba nada. No podría hacer nada. Ya no podía escapar.
-¿No tienes una navaja?
Lincoln levantó la cabeza.
Frente a él reconoció a aquella niña sentada en el contenedor de basura. Un cuerpo tan pequeño como el suyo, su edad no podía ser diferente a la suya. Su ropa era una falda azul que llegaba hasta las rodillas y una camisa anaranjada de manga larga. Tenía el cabello rubio atado en una coleta que le recordaba al estilo de Lynn, sus ojos eran azul claro y tenía pequeñas pecas que recorrían un camino sobre su nariz hacia sus mejillas.
-Tienes una navaja, ¿Verdad? La parte de una. –Señaló a Lincoln. –En tú bolsillo.
Los ojos de Lincoln parecieron recuperar algo de su luz.
¡La navaja!
Forzó su brazo a moverse y trató de erguir un poco su cuerpo.
¿En que bolsillo la tenía?
Tardó en poder meter su mano en su bolsillo trasero, pero cuando lo hizo se pinchó con algo. Ignoró el dolor y sacó un pequeño trozo de metal puntiagudo. Sus propias gotas de sangre se mesclaban con la sangre seca en esa hoja. Pero aun tenía filo. ¡Aun tenía filo!
Entonces Lincoln recordó la presencia de la niña en la habitación y regresó la vista al frente.
No había nadie.
Tardó en liberar su brazo izquierdo. Apenas podía moverlo y comenzó a hormiguearle mientras la sangre volvía recorrerlo. Las ataduras estaban realmente apretadas. Aquellas marcas de cuerda en su piel tardarían en desaparecer.
¿Cuánto tiempo había tardado? No podía saberlo y en ese punto no le importaba. Con desesperación comenzó a cortar las cuerdas que ataban sus piernas a las patas de la silla. Cuando por fin fue libre no perdió un segundo para tratar de pararse y salir corriendo.
Cayó al piso sin siquiera dar un paso.
Sus piernas aun no se habían recuperado, y su pierna herida no le ayudaba mucho. Pensó en revisarla, pero tenía miedo de lo que pudiera ver en ese momento. Temía que la palabra "amputación" fuera lo primero en lo que pensara cuando la viera.
-Arriba Lincoln. Sólo levántate.
Se apoyó en la silla y se levantó con dificultad.
Aprovechó ese momento para mirar a su alrededor. Ignoró el cuerpo de aquel hombre. Su muerte en ese momento no podía importarle menos. Después de lo que le había hecho una parte de él sólo podía sentir rabia de que no hubiera sufrido más. Sabía que pensar así estaba mal. Pero todavía podía sentir aquella cosa espesa arrastrándose por su pecho.
Vio el soplete sobre una pequeña mesa junto a una cama: era más pequeño de los que Lisa tenía. Aunque ella los necesitaba mucho más de los que cualquiera de estos locos.
Su camisa naranja estaba hecha una bola sobre la cama. Lincoln se arrastró con dificultad mientras sus piernas se sentían pesadas y aun hormigueaban. Vio aquel trapo tan asqueroso demasiado cerca de su camisa y sintió el impulso de dejarla ahí. Pero la necesitaba, tenía mucho frío, y mientras aquel trapo no la hubiera tocado seguramente estaría bien.
Se la puso con mucha dificultad. Cuando la tela de la camisa por fin tocó su cuerpo sintió un terrible dolor en su pectoral. Cuando lo tocó el dolor volvió a estallar. Entonces recordó la marca en su pecho. Aquella marca de siete que había sido grabada de forma permanente en su pecho.
-Maldición. ¿Por qué tengo que pasar por esto? –Su voz se rompió y por un segundo volvió a ser aquel niño sonriente e ingenuo del mundo que lo rodeaba, pero luego todo lo que había vivido en la purga lo alcanzó y cayó de rodillas frente a la cama mientras volvía a llorar.
No tiró demasiadas lágrimas. Su cuerpo ya estaba demasiado deshidratado como para poder lanzar más.
Miró la puerta mientras se limpiaba los restos de las pocas lágrimas que había podido derramar. No sabía que había ahí afuera, pero si se quedaba más tiempo ahí dentro entonces irían por él.
Moriría.
No, sería peor. La familia le haría cosas horribles para despedir a la purga de este año.
La última hora de la purga.
¿Y si esa hora estaba cerca? Tenía que escapar antes de que llegara.
Trató de pararse apoyándose en la cama. Fue difícil, pero finalmente lo logró.
Algo bajo la mesa lo paralizó totalmente mientras se levantaba. Era una forma pequeña pero inconfundible. Cualquier persona en el mundo podría reconocer lo que era. Pero Lincoln nuca había visto una tan pequeña. No, en realidad nunca antes había visto una fuera de las películas.
Volvió a agacharse con dificultad y la recogió.
Era realmente pequeña. Fácilmente cabía en la palma de su mano. No podía ser real. ¿Y si lo era? Algo tan pequeño no podía realmente lastimar a nadie.
-No quiero lastimar a nadie.
No. Lincoln no quería lastimar a nadie. Todo lo que quería era regresar a casa. Nuevamente, no era como en las películas o los videojuegos donde el héroe se resiente y se venga de sus torturadores. Lincoln no era ningún héroe. Era un niño de once años que quería regresar a su hogar. Y aunque no lo fuera, cualquier en su posición querría desesperadamente escapar.
-Quizás ni siquiera funcione. Algo así no podría servir ni siquiera para intimidar.
Una pequeña y delicada voz pareció susurrar directamente en su oído.
-Guárdala.
Lincoln se dio cuenta de que había perdido demasiado tiempo pensando. Simplemente la guardó en su bolsillo y cojeó hacia la puerta.
No le dio una segunda mierda al cuerpo. Sencillamente no valía la pena.
NA: E regresado, no pude sacar el capítulo antes por falta de tiempo para escribir. Sin mencionar los problemas que tengo con el interludio. Decidí dejar el interludio para el final. Lo lamento para aquellos que lo estaban esperando con ansias, pero tendrán que esperar un poco más.
Lo que les puedo prometer es que habrá angustia. Mucha angustia y sufrimiento por parte de las hermanas. Las cosas en la casa Loud se pondrán muy difíciles en esta situación, especialmente para aquellas que estaban más cerca de Lincoln que las otras.
En el próximo capítulo habrá más información de quien saboteó la cadena (no pongan cara de spoiler, lo sabían desde el prologo), además de aquella niña que apareció frente a Lincoln. Sin mencionar los daños psicológicos que Lincoln sufrirá por todo lo pasado hasta ahora en la purga. No pueden esperar que Lincoln sigua siendo el mismo después de todo lo sufrido, especialmente en esta hora.
PS: perdón por las faltas de ortografía, otra vez.
