Quinta Hora
Quiebre
...
Lincoln se arrastró fuera de la puerta con el corazón bombeando sin control. Por la pequeña sala detrás de él había esperado estar atrapado en una especie de prisión o algo así. Pero lo que vio afuera fue un pasillo común y corriente. Todo era mucho más limpio de lo que Lincoln había esperado. Había esperado que fuera un lugar al menos más sucio, tomando en cuenta el tipo de personas que lo utilizaban.
¿Qué clase de lugar era ese? ¿Oficina? ¿Hotel? No tenía idea. Sólo quería escapar de ahí.
El pasillo estaba vacío, pero podía escuchar claramente la música del piso de abajo, también los gritos y las risas. Sobre todo las risas.
-¿Cómo pueden reír? –Lincoln se cubrió la cara con una mano mientras presionaba sus dientes. –¿Cómo pueden reír así? –Odiaba esas risas. Lo estaban volviendo loco. Todos reían. Todos en este infierno reían y reían.
Reían y reían.
Lincoln se tapó los oídos con fuerza mientras cerraba los ojos. No podía aguantar esas risas. Las escuchó desde el momento en que entró en ese lugar. No, desde el momento en que fue arrastrado dentro de aquel infierno. ¿Cómo un lugar así podía existir? ¿Cómo personas así podían existir? Sí sólo salían durante la purga, ¿Dónde estaban el resto del año? ¿Qué clase de monstruos pueden siquiera seguir en las calles después de todo el caos y degeneración que Lincoln a presenciado?
Es imposible que sean personas.
-Tengo que escapar de aquí. –Lincoln murmuró mientras se pegaba a la pared y comenzaba a caminar.
Su pierna le dolía mucho, y todavía podía sentir aquellas cuerdas apretando sus brazos y reteniendo todos sus movimientos. Y algo más…
Podía sentir esa cosa caliente rezfalando suavemente por su pecho. Trató de pasar su mano por su pecho sobre la camisa, pero entre más lo hacía más recordaba el tacto suave de aquel trapo que expandía ese apestoso y espeso liquido por todo su cuerpo.
Repugnante.
Repugnante.
Repugnante.
-Apúrate.
Lincoln tembló y casi cayó hacia atrás cuando retrocedió. Aquella voz fue tan familiar que por un momento esperó ver a aquella mujer de la macara de mariposa sonriendo frente a él.
Chupa.
Esa palabra aun le estaba carcomiendo la cabeza y rasgando su cordura.
Miró a ambos lados buscando a la dueña de aquella voz, pero no pudo encontrar a nadie. Eso lo asustó aún más. Se sentía totalmente perdido en un mundo oscuro y sin retorno. Como si su mundo anterior no fuera más que una pantalla que lo protegía del verdadero mundo, un mundo cruel y repleto de depravación y muerte.
-Je. ¿El lugar perfecto para ti Lucy? –Recordó a su hermana pequeña mientras se movía lentamente, más por el dolor que por la precaución. –Aquí está tú refugio oscuro. Aquel edén incomprendido. La última morada de los demonios antes de ser purgados y traer la paz. ¡Tú maldito sueño húmedo cada noche de la purga!
Lucy siempre apoyaba la purga como algo necesario. Pero no para el Estado, a Lucy no le interesaba algo que ni siquiera conocía. Lo que realmente le interesaba era la oscuridad del alma que salía a flote cada noche de la purga. Quería ver cara a cara al mal encarnado. Cada noche de la purga le rogaba a papá por dejarla salir, y el Sr. Lynn sólo le gritaba y la mandaba a su cuarto.
"Una noche incomprendida", decía ella. "Justo como yo".
-Basura.
Lincoln se arrastró hasta una puerta que quedaba en la pared. No creyó que fuera la salida, sabía que estaba al menos en el segundo o tercer piso de algún edificio, pero quizás pudiera encontrar una ventana o algo. Incluso un lugar para ocultarse si más de aquellos sujetos decidían darse un paseo por su antigua celda.
Pero tenía miedo.
Sus manos temblaban más y más por cada segundo que tomaba la manija. Era cada vez más difícil respirar. Lo desconocido era aterrador. Ahora más que nunca.
Lincoln se decidió por mirar a través del ojo de la cerradura, de esa forma al menos se aseguraría de que no hubiera nadie. Se inclinó con cuidado mientras se apoyaba contra la puerta y se agachó.
Tardó un poco en darse cuenta de lo que veía, el lugar estaba tan oscuro como su propia celda, pero cuando sus ojos se habituaron sintió que todo el aire escapaba de su pulmones. La habitación no era muy diferente de la anterior, y tampoco lo era la silla con aquel cuerpo atado de pies y manos a ella.
No podía ver el rostro de la mujer sentada en aquella silla, pero pudo ver su cuerpo: su torso estaba lleno de moretones y grandes tajos. Pero lo que impactó a Lincoln fue el número grabado en su pecho izquierdo: cuatro. Tragó saliva mientras sus dedos rozaban el número grabado a fuego en su pectoral izquierdo. El terrible dolor que sintió fue suficiente para alejarlo de la puerta y hacerlo caer.
Comenzó a temblar incontrolablemente mientras respiraba con dificultad.
Ese olor.
El olor a carne quemada, el terrible y agudo sonido de su carne rostizándose mientras aquél número era grabado de forma permanente en su cuerpo de once años.
Ese repugnante olor inundó totalmente su cabeza mientras escuchaba el siseante sonido del mental al rojo vivo sobre su cuerpo. El grito de dolor que aquella pelota de goma en su boca reprimió estaba a punto de salir disparado de su interior. Sería su fin si aquello salía disparado, o quizás no. En ese lugar todos gritaban, ¿Por qué un nuevo grito tendría que ser diferente? ¿Por qué tenía que reprimir todo su dolor cuando a tantas personas parecía divertirles tanto?
Una pequeña mano tapó su boca.
Cada músculo en el cuerpo de Lincoln se paralizó, incluso su corazón pareció haber sufrido un ataque. Lincoln perdió toda habilidad de procesar información en ese instante. Entonces un pequeño rostro se movió hacia sus ojos.
Aquella pequeña niña pecosa tenía un dedo levantado sobre su pequeña boca mientras miraba a Lincoln fijamente. Los ojos de Lincoln temblaron ante esa mirada.
La niña respiró mientras levantaba su mano y la bajó mientras exhalaba todo el aire. Lo repitió mientras se acercaba más a Lincoln y lo señalaba.
Lincoln tardó un poco en entender, pero luego comenzó a repetir la acción: tomó aire profundamente por la nariz, y lo dejó escapar por la boca mientras sentía como aquella mano se aflojaba y lo dejaba deshacerse de todo el aire.
Repitió la acción hasta que la niña retiró su mano suavemente de su boca. Todavía estaba alterado, pero ya no quería gritar. Bueno, no mucho. Pero se recuperó lo suficiente para saber que era mala idea.
Aquella niña tomó suavemente su mano y lo ayudó a arrastrarse hasta la pared.
-Tranquilo. Tranquilo. –Le susurró suavemente mientras acariciaba su cabeza. Lincoln tembló ante esa caricia, la última caricia que había recibido fue de aquella mujer, jamás podría volver a recibir una caricia sin recordar a aquella asquerosa mujer. –Respira y relájate. –Lo tomó de la barbilla y elevó sus ojos hasta que estuvieron al mismo nivel que los de ella. –Tienes que moverte. Sé que es difícil, pero tienes que levantarte y escapar.
No podía. Estaba demasiado cansado. Sentía demasiado dolor. Sólo quería acostarse en ese mismo momento y dormir. Rezar por que esto sea realmente una pesadilla, aquella esperanza se negaba en morir. Porque era imposible que sus hermanas lo arrojaran a aquel infierno por un video. Sí, era ridículo. Quizás incluso el video fue parte de un sueño. Nada podía ser real.
El mundo no puede ser tan negro.
Sintió los dedos de aquella niña moviendo los cabellos de su flequillo mientras se acercaba más.
-Esto no es una pesadilla, Lincoln. Pero los monstruos son reales, y tienes que escapar de ellos.
Lincoln se cubrió el rostro.
-…No puede ser real. Nada de esto puede ser real. –Pero era doloroso. Sus pesadillas nunca habían sido dolorosas. –Todo… ¿Todo esto es real?
-Lo es. –La niña asintió. –Y tienes que levantarte. –Tomó suavemente la mano de Lincoln. –Vamos.
Lincoln sintió como era impulsado hacia arriba lentamente. Cada movimiento era una tortura para su cuerpo, pero era mejor de lo que le harían si lo encontraban lloriqueando fuera de su jaula. Tenía que recobrar el control de su mente y moverse. Siempre fue el hombre con un plan, aquel que podía mantenerse cuerdo después de vivir en una casa repleta de niñas durante once años. Pero no puede aguantar tan pocas horas en un mundo repleto de locura.
Apoyó sus dos manos en los hombros de aquella niña.
-¿Q-quién eres?
La niña tocó suavemente una de las manos de Lincoln mientras lo miraba fijamente a los ojos y dejaba salir una tierna sonrisa. Entonces acarició su rostro con su otra mano.
-Mi nombre es Lidy.
Cuando Lincoln volvió a abrir los ojos Lidy ya no estaba. Sólo los cerró por un segundo para despejar su cabeza, pero de la misma forma que en la celda, Lidy había desaparecido. Lincoln se preguntó si no pudo haberlo imaginado, pero el tacto de Lidy aun sobre su piel y aquella voz suave en sus recuerdos le hacían muy difícil estar seguro.
Se apoyó contra la pared mientras tenía cuidado de cada esquina. Era tan terrible. Había leído comics donde personas comunes se arrastraban por lugares desconocidos, aquellos personajes siempre sudaban, pero se les veían decididos. Lincoln no lo estaba. Sólo tenía miedo. Los comics se veían tan falsos ahora que jamás volvería a tocar uno.
Una de las puertas en la esquina estaba abierta. Lincoln pudo escuchar gritos viniendo de ahí dentro. Gritos y risas. Siempre risa. ¿Por qué risas? Deberían soltar lágrimas por todo el dolor.
Lincoln forzó su cuerpo a moverse más rápido.
Llegó hasta las escaleras. Al verlas se sintió totalmente destrozado. Había un hombre con capa negra fumando algo raro mientras jalaba de una cadena en el cuello de una chica que tenía entre sus piernas. Lincoln sintió mucho asco al ver eso. Su estómago se revolvió con sólo ver la nuca de aquella chica, y sintió una terrible necesidad de descargar todo el líquido restante de su estómago al darse cuenta de lo que esa chica estaba haciendo.
Era tan asqueroso.
Al ver aquella imagen recordó a aquella chica que le orinó encima, al hombre que se masturbó y descargó todo en su pecho mientras lo tocaba, y a aquella mujer que lo obligó a chupar su pecho.
Asqueroso. Asqueroso. Asqueroso. Lincoln no creyó que existiera algo más asqueroso. ¿Realmente los chicos se vuelven capaces de hacer lo que sea sólo por la caricia de una chica? No. Tenía que ser un error.
Lincoln podría esperar a que terminaran y se fueran, pero no sabía cuánto tiempo podían tardar. Aquel chico se había puesto cómodo contra las escaleras mientras la chica seguía chupando. Otro chico pasó por ahí, al ver la escena sonrió y se acercó. Entonces le bajó la ropa interior a la chica y la manoseó mientras desbrochaba sus pantalones. Se escupió en una mano y la pasó por su pene antes de comenzar a penetrar a la chica. No pareció que ninguno de aquellos dos fuera a protestar. Quizás el chico estuviera muy drogado y a la chica le gustara demasiado.
Lincoln dejó de mirar y se alejó. No iban a irse en el corto tiempo, y Lincoln no tenía el estómago para esperar mientras seguía tan cerca de aquello. Se alejó con cuidado, entre más lejos estuviera sería mejor.
-¿A dónde puedo ir? –Pensó para su pesar. Esas eran las únicas escaleras en todo el piso. No era un edificio muy grande, a los sumo podría haber sido un complejo de oficinas. Le gustaría recordar más de lo que vio abajo, pero su memoria sólo podía recordar ser arrastrado al interior de un alto edificio. Todo lo que hubiera vivido después, si es que hubo un después, había sido borrado.
Era alto, pero no muy ancho. Aunque en aquella posición cualquier lugar se vería alto.
No tenía nada.
Todo lo que podía hacer era esperar hasta que llegara la penúltima hora. Si lo que aquella mujer le dijo era verdad, entonces irían por él y… Lincoln no quería pensar en lo que pasaría después. Sería para despedir a la purga. ¿Moriría mucho antes del fin de la hora o aquellas personas esperarían a que la purga estuviera a punto de terminar?
La familia, así se habían presentado aquellos locos. Así los conocían.
-Así no es una familia.
Una familia es amor. El amor era la primera palabra que surgía de su cabeza al pensar en su familia… todas sus hermanas…
Monstruos.
Lincoln se horrorizó ante lo que había pensado. Sus hermanas no eran monstruos. Ellas no habían querido enviarlo a la purga realmente, sólo castigarlo…
Por un maldito video escolar.
Se pasaron de la raya, pero eso era todo. Ninguna había penado que…
¿Desde cuándo esas perras pueden pensar en algo que no sean ellas mismas?
-¡No! –Tapó la boca rápidamente y esperó. Se sintió como un idiota al escuchar todos los gritos y llantos combinados con la risa y la música. Nadie iba a escuchar ese grito.
-¿Quién crees que fue?
La vos de Lidy llamó su atención.
-¡Lidy! –Lincoln murmuró mientras se acercaba. –¿Dónde estabas? ¿Qué pasó? Tú…
-¿Cuál de esas perras crees que lo hizo? –Dijo entonces. Sus ojos se veían más oscuros, y no sonreía. Se veía enfadada. Muy enfadad. Lincoln sintió que tenía que correr de esa oscura mirada. –¡¿Cuál de todas ellas?!
-¿Lidy?
-Lily es un bebé, ella no puede hacer nada que no sea cagarse en sus pañales. –Dijo mientras se acercaba a Lincoln. –Lisa debería ser lo bastante lista para darse cuenta del daño que podría causar, por otro lado, a ella jamás le importó experimentar contigo, quizás todo esto no sea más que otro de sus experimentos.
-Las gemelas: Lola y Lana. No. Lola jamás se mancharía con la cadena de una bicicleta. Lana es buena con las herramientas, pero nunca haría algo por si misma, a menos que Lola se lo ordenara.
Lincoln retrocedió lentamente mientras Lidy se acercaba.
-¿Lynn? Es doloroso pensar en Lynn, ¿Verdad? Esa perra que siempre recurrió a ti y te utilizó como un saco de boxeo. Nunca pensó en tus sentimientos. Después de todo lo que hiciste por ella, te lastima de todas las formas posibles. –El odio parecía teñir la voz de Lidy mientras hablaba de Lynn. –Ella podría dañar fácilmente la bicicleta, y dudo mucho que con ese genio piense demasiado en las consecuencias.
-N-no. Lynn no… ninguna de ellas.
-Despierta Lincoln. –Lidy se detuvo y le habló de forma seria. –Eres demasiado listo para saber que es imposible que esa cadena se destrozara por puro "accidente". ¿Una deformación en la tierra y ya está? ¿Cuantas veces Lynn pasó por deformaciones aún más grandes sin que esa cadena ni siquiera temblara? ¿Cuánto castigo crees que esa maldita bicicleta aguantó con tú hermana? –Bufó. –Y el mantenimiento que le daba siempre que la usaba… Era mucho más cariñosa con esa bicicleta de lo que nunca fue contigo.
Lincoln lo sabía. Esa bicicleta fue obtenida específicamente para Lynn. Sus padres tomaron en cuenta su actitud deportiva y en busca de emociones, sabían que una bicicleta común y corriente jamás podría soportar más de una semana con Lynn. Esa cadena jamás debió haberse roto.
No por si sola al menos.
-Luan, esa aspirante a comediante de tercera categoría. –En esta ocasión hizo una mueca de asco. –¿Es acaso esta su idea de divertido? No sería la primera vez que sabotea la cadena de Lynn por una simple broma.
Luan tiene sus límites. O debería tenerlos. Pero no tenía malas intenciones. ¿Qué tal malo podía ser alguien que solo busca que otros se diviertan? ¿Qué daño podía hacer la risa?
Las risas enfermas que aun resonaban en sus oídos le impidieron decir eso en voz alta.
-Luna y su asqueroso Réquiem. ¿Cuánto de eso era falso? ¿Qué podría impulsar más su inexistente carrera musical que un Réquiem para su querido hermano donde describa todo el amor y cariño que sentía por él? Y el inmenso dolor que le causó perderlo en la purga. Puta hipócrita.
Lincoln no pudo evitar enfadarse al escuchar como su hermana estaba siendo insultada de esa forma. Luna no era ni puta ni hipócrita. Había sido mala con Lincoln, hasta el punto de cantar sobre la traición y los idiotas cada vez que se acercaba, pero nunca… nunca haría nada como esto.
-Leni. Ha. No tengo que esforzarme mucho aquí. –Se rio un poco. Fue una risa que ofendió un poco más a Lincoln. –No hay que hablar cinco minutos con esa cabeza de aire para saber que no es la bombilla más brillante. En realidad, jamás actuaría si no es por orden de Lori. –La vista de Lidy pareció perderse por un momento mientras decía el nombre de Lori. Parecía estar saboreando las palabras en su boca mientras el odio inundaba aún más su mirada. –Ella te trajo aquí. –Eso fue todo lo que dijo, pero el odio en esas palabras fue todo lo que Lincoln necesitó para saber lo que Lidy pensaba sobre su hermana mayor.
Lidy se acercó más hacia Lincoln, y Lincoln sintió que sus pies estaban clavados al piso mientras su corazón volvía a salir disparado. ¿Cuántas veces habían sido ya? Su corazón no podría soportar por mucho tiempo. Tarde o temprano formaría parte de las personas más jóvenes en sufrir ataques cardiacos en todo el mundo.
-¿Me olvido de alguien, Lincoln? –Lidy susurró con suavidad. –¿De quién podrá ser? ¿Quizás alguien que sea fácil de olvidar? ¿Alguien que quizás esté lo suficientemente cerca de Lynn como para aprender algo sobre mantenimiento de bicicletas aun si no quiera? ¿Quizás alguien que tenga un pensamiento totalmente equivocado sobre la purga? Lo suficientemente equivocado y estúpido para pensar que es algo "oscuro e incomprendido". Como si aquellos que la compartían cada noche fueran su alma gemela.
-…L-Lucy.
Lincoln habló por reflejo. No estaba acusando a Lucy de nada. Simplemente no pudo evitar decir su nombre mientras Lidy la mencionaba.
-No… ella no. Jamás… –Su voz temblaba.
-Lucy… tiene un sueño. –Lidy continuó. –Caminar por las calles de Royal Wood con su mejor vestido y su paraguas negro, en medio de la noche. La noche de la Purga. –Hizo una pose dramática mientras miraba hacia el techo. –Rondar por las calles en medio del caos y la muerte. Ser espectadora de la oscuridad humana en su estado más puro. Sentir la inspiración de la oscuridad incomprendida mientras recita poemas. –Entonces volvió a su posición inicial y miró a Lincoln con seriedad. –Como si fuera inmune a todo. Como si aquellos que recorren las noches de la purga la considerarán la reina de la noche, una espectadora dramática de aquel infierno. Como si nadie que la viera le pegaría un tiro, incendiara viva o simplemente la violara y dejara su cuerpo destrozado tirado en algún basurero. –Puso una mano sobre la mejilla de Lincoln. –¿Crees que alguien que piense así de la noche de la purga no te dejaría atrás? ¿Crees que no querría que experimentaras aquello que más temes como si tú fueras ese espectador que ella desea ser?
-…Basta.
-Cualquiera de ellas pudo haberlo hecho Lincoln. Quizás más de una.
-¡Basta! –Lincoln la empujó y Lidy cayó al piso de espaldas.
-Ellas no te merecen Lincoln. –Lidy dijo aun en el piso. –Has hecho tanto por ellas. Sacrificaste tanto por ellas. Y así de fácil ellas te haces esto.
-No querían… ellas no querían hacerlo. –Lincoln sollozó. –Querían… darme una lección. –Dijo con dificultad. Eso sonaba totalmente ridículo al decirlo en voz alta. Un video escolar y es arrojado a la purga a dos horas de casa.
-Las odio.
Lincoln volvió a mirar a Lidy. Aquella niña de la que Lincoln sólo conocía su nombre se levantó con sus ojos aun en el piso.
-Las odio. La odio. Las odio. –Repitió. –Esas malditas perras sin valor. Esas putas hipócritas y egoístas. Las odio. Tantos años haciéndote sufrir por sus egoístas deseos. Todo lo que has hecho por ellas y te tiran a la basura a la primera oportunidad. Destrozando tu corazón por un video escolar y obligándote a sufrir una tortura. Destrozando tu cuerpo y tu mente. –Miró a Lincoln directamente a los ojos. –Las odio.
Lincoln se dio la vuelta tan rápido que casi cayó al piso, se estabilizó con dolor y comenzó a cojear lo más rápido que pudo. No se atrevía a mira hacia atrás.
-Lidy es mala.
Ese fue el único pensamiento que pudo articular de aquella siniestra niña detrás de él. Era mala. Así de simple. Lo había ayudado, pero seguía siendo mala.
Lincoln tenía que alejarse de ella.
Se olvidó del peligro y de todo aquello que lo rodeaba, lo único que importaba era alejarse de aquella niña.
Corrió hacia la escaleras y comenzó a descender lo más rápido que su sus piernas se lo permitieron. Sus piernas no aguantaron y cayó sobre la espalda de aquel chico que sujetaba la cadena de aquella chica.
-¿Qué mierda- ¡Espera tú turno mocoso!
Lincoln se arrastró junto a él mientras lo veía: tenía la cara pintada de blanco como un esqueleto. Empujó a Lincoln con fuerza y mientras acomodaba la cabeza de la chica entre sus piernas.
Lincoln se arrastró por el piso y mientas trataba de no mirar hacia atrás. Se paró con mucho dolor y continuó cojeando.
Las luces de distintos colores tintineaban a su alrededor, por un momento se sintió perdido y desorientado. Aquellos colores brillantes que se encendían y apagaban con velocidad lo mareaban y le daban dolor de cabeza. Agitó su cabeza con fuerza y continuó cojeando.
Chocó contra una persona y estaba a punto de disculparse por reflejo, la boca cubierta de sangre y el brazo masticado en la mano de aquel hombre lo hizo retroceder y seguir cojeando.
Nuevamente veía pasillos repletos de muerte y depravación.
Había personas que tenían relaciones sexuales en medio del pasillo y con instrumentos sumamente extraños. Otros simplemente estaban tirados en las esquinas con botellas y una jeringa en sus brazos. Lincoln siguió corriendo tratando de evitarlos a todos. Cuando lo veían se reían y lo saludaban, uno de ellos incluso trató de tomarlo, y por poco lo logró.
Se atrevió a mirar hacia atrás y se dio cuenta de que algunas de esas personas lo seguían, pero lo que le impactó más fue la imagen de Lidy detrás de todos ellos. Ella estaba parada en medio del pasillo, totalmente quieta mientras lo miraba fijamente. El terror que le inspiraba esa niña lo obligaba a seguir corriendo.
-¡Ven aquí!
Una mano salió desde una puerta abierta y lo tomó fuertemente por el brazo. Lincoln sintió que podría perderlo por la presión que aquella mano ejerció. La mano tiró de él y Lincoln sintió que era levantado en el aire mientras era arrojado dentro de aquella habitación.
-Lo siento chicos, ahora es mío. –Ese hombre se rio y cerró la puerta.
Lincoln fue tirado de costado en medio de aquella habitación. El cuarto era un poco más grande que los otros, tenía dos sofás negros, una mesa y una ventana. Sobre la mesa había una gran cantidad de polvos blancos, algunos de ellos formaban una fila de líneas horizontales. Pero en el sofá había una chica sentada cuya cabeza estaba totalmente hacia atrás con su boca abierta. Sus brazos estaban tirados a los lados totalmente inmóviles. Lincoln vio una jeringa aun pegada a su brazo.
Otro hombre con una cámara le estaba masajeando uno de los pecho mientras la filmaba.
-¿Qué tal, Rick? Nuestro día de suerte es hoy. –Llamó al chico de la cámara mientras tomaba a Lincoln del cabello y lo levantaba del piso antes de tirarlo sobre el sofá.
-¿Un niño? ¿Qué hace un niño aquí? –Preguntó mientras dejaba de masajear a la chica y miraba a Lincoln. Era un hombre alto y delgado, tenía un pequeño bigote castaño y ojos algo desalineados.
-¿Importa? –Dijo el otro. –Tenemos nuestras diez mil visitas con este chaval.
-P-por favor… no. –Lincoln repitió las palabras que tanto había dicho desde que empezó la purga. Y como esperaba, aquellos hombres sonrieron.
-Creo que ya está algo dañado, Mike. ¿Crees que servirá de algo?
-¿A quién le importa? –Se acercó a Lincoln mientras lo examinaba. –Las personas quieren ir directo al grano y ya, ¿Y cómo van a saber que no nos divertimos un poco antes?
-Tendríamos que revisarlo un poco antes, si es que todavía lo vas a hacer. –Dijo mientras cerraba la cámara portátil y se acercaba a Lincoln.
-Por supuesto que lo voy a hacer, Rick. –Mike se rio mientras también se acercaba a Lincoln. –Y creo que es mejor que hacerlo con una drogata con enfermedades.
Lincoln se paralizó mientras los veía acercarse. ¿Qué hacer? ¿Qué podía hacer ahora? Su mente había caído en pánico. Todo lo que deseaba era tener un botón de pausa para respirar hondo y recobrar algo de control. Pensar en algo.
Rick tomó a Lincoln del cuello y le dio la vuelta sobre el sofá como si fuera un simple objeto. No le gustaba sentir ese contacto en su piel. ¿Iban a estrangularlo hasta morir? ¿Era así como realmente iba a terminar? El otro hombre lo tomó de los hombros por detrás del sofá.
Mike sacó una navaja y cortó el cinturón de Lincoln desde atrás. Lincoln escuchó como sus pantalones se aflojaban un poco. Aquel objeto que había recogido pareció caer sobre el sofá debajo de él. ¿Cómo pudo olvidarlo? Lo tenía tan cerca, pero en ese momento no podía pensar. Quería tomarlo, pero su cuerpo se movía sin control mientras trataba de liberarse de aquel agarre.
Cuando trató de tomar aquel objeto sintió como bajaban sus pantalones junto con su ropa interior de un tirón.
Un miedo profundo llenó su interior mientras recordaba al cerdo que lo había manchado.
-¡No! –Lincoln se removió con más fuerza mientras trataba de Liberarse. –¡No! ¡Por favor, ya no! ¡Por favor!
-Ya cálmate. –Mike lo tomó por los genitales con fuerza.
Lincoln sintió como toda sus fuerzas eran drenadas mienta su cuerpo caía flácidamente en el dolor y la impotencia. Gritó con todas sus fuerzas mientras aquel hombre retorcía sus genitales.
-Quiero que te quedes quieto, ¿Entendiste? –Volvió a retorcer los genitales de Lincoln. El dolor fue aún más fuerte que aquel que sintió cuando Matilde los pisó.
Con su otra mano Mike abrió un poco sus nalgas y metió el dedo gordo por su ano. Lincoln sintió otro dolor y trató de moverse para quitarlo, pero Mike volvió a presionar sus genitales y con un grito Lincoln perdió todas sus fuerzas.
-No está usado Rick. –Sonrió. –Como dije, es nuestro día de suerte. –Pero está muy estrecho.
-¿Qué esperabas? Debe tener alrededor de diez años o más.
Mike metió dos dedos y trató de expandir un poco el ano de Lincoln. Sus dedos estaban fríos y Lincoln sentía un terrible dolor por su columna, pero cada vez que trataba de moverse o hacer algo Mike presionaba y retorcía sus genitales, lo que le drenaba completamente sus fuerzas.
-Rick, pásame tú porra. –Dijo mientras extendía su mano.
-¿Seguro Mike? No creo que el niño lo soporte.
-¿A quién le importa? Es la purga. Podemos hacer lo que se nos venga en gana. –Mike se encogió de hombros. –Y no digas que no será liberador después de todas las horas que te pasas en el cuartel.
-Ya cállate. –Le pasó una pequeña porra a su compañero.
¿Iban a golpearlo? Cualquier cosa sería mejor de lo que estaba sufriendo ahora.
-Parece que su pierna derecha tiene una herida bastante fea. –Mike se encogió de hombros. –Bueno, no me importa mucho. –Escupió en sus dedos y los volvió a meter por el ano de Lincoln.
-¡N-no! ¡Ya basta! ¡AHH!
-Te dije que te quedaras quieto. –Dijo con molestia mientras presionaba nuevamente sus genitales. –¿En serio quieres perderlos tan joven?
-Dale un poco para que se calme. –Rick señaló el polvo sobre la mesa.
Mike lo soltó y Lincoln sintió que podía volver a respirar. Pese a que Mike se alejaba, Lincoln aun podía sentir sus fríos dedos dentro de él.
-Por favor… paren. –Lloró.
-¿Dónde están las demás jeringas, Rick?
Rick se encogió de hombros.
-Bueno, no importa. –Tomó la jeringa en el brazo de aquella chica y la extrajo con poco cuidado. Sacó un pequeño pañuelo de su bolsillo, entonces lo escupió y lo usó para limpiar la aguja de la jeringa.
Lincoln trató de moverse, pero el hombre alto y delgado era más fuerte de lo que aparentaba.
Quizás… si pudiera encontrar ese objeto debajo de él.
Mike tomó una botella de agua casi vacía y vació el poco contenido dentro de la jeringa. Tomó algo de ese polvo blanco y lo puso dentro. Lo agitó hasta que las partículas parecieron fusionarse con el agua.
-Ya está.
Se acercó a Lincoln.
-¡No! ¡Por favor! ¡Yo no estoy en la purga! ¡No estoy en la purga!
Sin ponerle atención a sus ruegos Mike le clavó la aguja en la nalga derecha y vació el contenido dentro de él. Los ojos de Lincoln se abrieron mientras sentía aquel líquido frío yendo aún más profundo que aquellos dedos. Lincoln sintió algo diferente mientras aquel líquido se esparcía rápidamente por su sistema.
Se sentía mareado y confundido, pero a la vez despierto y atento. La saliva comenzó a escapar de su boca mientras sus gritos se convirtieron en balbuceos sin control.
-Así está bien.
El cuerpo de Lincoln parecía una marioneta cuyas cuerdas habían sido cortadas. Aun si movía un poco sus brazos, los sentía como fideos y no tenía coordinación.
Mike tomó el mango de la porra y lo situó sobre el ano de Lincoln. Lo había agrandad un poco, pero no era suficiente. Lo necesitaba más grande si querían filmar el video. Les habían prometido a sus seguidores algo grande, y planeaban cumplir. Ya estaban gastando el dinero transferido después de todo.
Lo presionó hacia adentro con algo de esfuerzo, pero no hubo mucho resultado. Lincoln se estremeció ante ese toque y su cuerpo pareció querer escapar. Pero le era imposible.
Con un suspiró Mike presionó aún más la porra, entonces extendió la mano y la golpeó con fuerza.
-¡AAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!
El cuerpo de Lincoln se levantó de un golpe y gritó con fuerza, sus ojos parecían salir de sus orbitas mientras sus pupilas se expandían y contraían sin control alguno. El dolor era…. Era…. No podía explicar lo que era. Sólo sabía que dolía mucho. Su espalda se sentía extraña, y la confusión y desorientación no servían de mucho para ese dolor.
-Ahora sí. –Mike presionó la porra más adentro y comenzó a moverlo de forma circular mientras una gran cantidad de sangre comenzaba a caer, entonces lo sacó con un empujón. –Al menos el chico se limpia bien. Miró la porra ensangrentada antes de tirarla aún lado.
-Al menos no se cagó. Y me debes otra porra Mike. –Rick se quejó mientras trataba de controlar a Lincoln. –Ahora apúrate, nos quedan menos de dos horas.
-Ya sé, ya sé. –Mike se desabrochó los pantalones y comenzó a masajear su miembro mientras este comenzaba a crecer.
-¿Ya se te puso dura? No tenemos todo el día.
-Trata de que se te ponga dura cuando tienes a un niño como inspiración, Rick. Dame un jodido minuto. –Mike se quejó mientras comenzaba a jalarse el pene con más fuerza y este comenzaba a crecer más. –Bien, creo que ya está lo suficiente.
Lincoln entendía. Estaba confundido, desorientado y, siendo francos, estaba drogado. Pero entendía, el dolor le había vuelto suficiente lucidez para entender. Quería gritar, escapar, pero sólo podía sollozar y agitar su cuerpo. No podía moverse. Todo a su alrededor daba vueltas.
Lincoln sintió como algo caliente era empujado lentamente dentro de él. Sus ojos se abrieron más grandes mientras sentía como algo comenzaba a presionar.
-¿Necesitas lubricante, Mike? –Rick preguntó mientras desmotaba la cámara.
-Tranquilo, el chico todavía sangra bastante. ¡Ahí va! –Entonces empujó con todas sus fuerzas dentro de Lincoln.
-¡AAHHH! –Lincoln gritó. Fue pequeño pero fuerte. Podía sentir como algo empujaba dentro de él.
-¡Oh Dios! –Mike gritó. –Esto se siente… Está terriblemente apretado.
-Je. ¿Te duele Mike?
-¿Estás bromeando Rick? Se siente jodidamente fantástico. –Comenzó a penetrar a Lincoln con más velocidad. –Esta tan apretado, y tan caliente, Dios, podría acostumbrarme a esto. –Jadeó mientras su erección crecía dentro de Lincoln.
-Lo que digas. –Rick rodó los ojos mientras filmaba la violación. –Trata de no correrte muy rápido, tenemos que dar un espectáculo.
-Ya sé, pero mierda. –Comenzó a darle nalgadas a Lincoln mientras lo penetraba. –¡Como aprieta! ¿Cómo puede apretar tanto? Incluso le metí tú porra.
-Es un niño, ¿Qué esperabas?
Lincoln agitó sus brazos lo mejor que pudo tratando de escapar mientras jadeaba y lanzaba pequeños gritos repletos de un gran dolor. Trató de gritar por ayuda. Su madre, si gritaba lo bastante fuerte que unos hombres malos lo estaban lastimando, entonces mami iba a venir a ayudarlo. Ella golpearía a los malos y lo haría sentirse mejor. Mami siempre sabía cómo hacerlo sentir mejor.
Pero nadie llegó.
¿Por qué mami no venía? ¿Por qué sus hermanas no venían? ¿Por qué lo dejaban sólo? Le dolía. Dolía mucho mucho.
Agitó su mano hasta sentir una mano pequeña y delgada de la cual se sujetó con todas sus fuerzas.
Miró al frente y vio a Lidy sosteniendo su mano.
-Míramele a mí. –Lidy dijo con suavidad.
Y Lincoln la miró.
-Concéntrate en mí. Sólo en mí Lincoln. –Besó la mano de Lincoln. –Sólo piensa en mí. No pienses en nada más. Piensa en mí y mírame.
Lincoln lo hizo. Miró a Lidy y pensó en ella hasta que todo alrededor de la habitación pareció desaparecer. El dolor era persistente y lo estaba matando. Podía sentir su cuerpo cada vez más débil.
-Maldita sea. ¡Me corro!
-No tan rápido, Mike. No tan rápido.
-Tranquilo. Lo haré otra vez. –Dijo mientras se reía. –Se siente tan bien dentro de este niño. Quizás tengamos que reducir un poco más los límites de edad. No creerás lo apretado que está aquí. Oh, ¡Aquí viene!
Mike comenzó a aumentar aún más la velocidad mientras jadeaba y cerraba los ojos con fuerza.
-¡Me corro!
Lincoln abrió sus ojos enormemente mientras sentía como algo entraba profundamente dentro de sus entrañas. Sea lo que sea era sumamente caliente, tan caliente como…
-No.
-Sh. No pienses en eso. –Lidy acarició su mano. –Sólo mírame, Lincoln.
-Uf. –Mike salió del cuerpo de Lincoln y una gran cantidad de semen cayó desde el ano de Lincoln hacia el piso. –Eso fue increíble. Tienes que intentarlo Rick.
-Paso. –Rick revisó un poco el contenido del video recién filmado. –Necesitamos un poco más, Mike.
-Tranquilo, que ya se me está levantando otra vez. –Mike comenzó a tocarse un poco mientras tocaba el culo de Lincoln. –Ojala fuera una chica, aunque en esta posición no le veo mucha diferencia.
Rick se movió para obtener otro ángulo detrás de Mike. –¿Cuánto heroína de diste Mike? No queremos que muera antes de terminar el video.
-Tranquilo, no fue mucha. Sólo lo suficiente para que se callara. –Mike se rio mientras volvía a introducir su pene dentro de Lincoln. –O, sí. Así está bien. Y pensar que sigue así de apretado.
Sangre y semen se mesclaban dentro de Lincoln mientras su mirada se perdía en Lidy. Lidy acariciaba y besaba su mano mientras le repetía que se concentrara únicamente en ella.
Esta vez Mike tardó un poco más en terminar, pero cuando lo hizo volvió a hacerlo en el interior de Lincoln.
Al terminar esos dos comenzaron a discutir sobre algo, pero Lincoln ya no podía escucharlos. Todo lo que podía hacer era mirar a Lidy mientras toda la habitación perdía nitidez y sentido.
Lincoln escuchó la puerta abrirse y cerrarse. Uno de ellos había salido. ¿A dónde? No le importaba. Sólo sabía que dolía.
-Nada personal chico. –Mike lo golpeó en la nalga otra vez. Entonces comenzó a acariciarla. –Diablos, se me está poniendo dura otra vez. ¿Cómo un culo tan pequeño puede ser tan adictivo?
Se suponía que tenía que espera a Rick para que lo filmara. No podía desperdiciar otra erección así. Tenía que aguantar, pero el agujero de aquel niño era tan estrecho y caliente. Mike no podía dejar de ver ese agujero e imaginarlo como una trampa para penes. Te aprisiona y no te deja ir. ¿Era así como se sentía dentro de un niño? Quizás debería comenzar a reducir la edad de sus intereses. Especialmente si se sentía tan bien. Eso y mejorar su opinión sobre los culos.
Miro las nalgas de Lincoln y comenzó a subir un poco su camisa mientras lo acariciaba. Parecía tan suave y manejable. Se sentía realmente bien. Sonrió mientras comenzaba a pensar en lo que haría con ese cuerpo. Ahora que había descubierto ese placer quería experimentar con él un poco más.
Su sonrisa se borró cuando llegó a la cabeza.
Mientras que Lincoln extendía una de sus manos, la otra había estado aun debajo de él. Había continuado moviéndose bajo su cuerpo. Hurgando. Sin que Lincoln se diera cuenta de nada mientras se concentraba en Lidy su mano había seguido la búsqueda de aquel objeto hasta encontrarlo. Entonces lo había presionado con todas sus fuerzas y lo había sacado con esfuerzo y cuidado.
-H-hey. –Mike levantó lentamente las dos manos mientras temblaba un poco.
Lincoln no sabía si era real. No se sentía tan pesada como había supuesto que debería. Tampoco era tan ligera. Era pequeña. Tan pequeña que sus manos de niño podían sostenerla. Tan pequeña que quizás tuviera sólo uno o dos usos. Si es que realmente funcionaba.
-Oye… Ten cuidado con eso. –Mike comenzó a sudar.
Estaba asustado.
Lincoln vio el miedo en sus ojos mientras volteaba su cabeza tanto como podía.
-Quizás sea de agua.
No le sorprendería.
-Quizás tenga el seguro puesto.
Había visto películas donde el seguro siempre termina por estar puesto.
-Mira niño. ¡Baja eso ahora! –Mike trató de hablar de forma dura, pero Lincoln ni siquiera reaccionó. –Mira, quizás exageramos un poquito pero…
Lincoln no podía escuchar nada de lo que decía de todas formas. Mike pudo ver sus ojos muertos, y supo que tenía que encontrar un modo de salir de eso antes de que-
La pequeña chispa que iluminó la habitación y aquel fuerte sonido que resonó le indicaron que no era falsa.
Era real.
Muy real.
Lincoln estaba sentado en el sofá, sus pantalones aún estaban abajo y su parte trasera chorreaba algo de semen. El dolor era intenso, pero ningún sonido salía de su boca. Lidy estaba sentada junto a él, abrazaba la cabeza de Lincoln con fuerza mientras tarareaba una pequeña canción.
El cuerpo de Mike estaba en el piso, aún vivía. Lincoln podía verlo jadear mientras se sujetaba el cuello y se movía de forma errática. Su cuerpo temblaba y parecía querer gritar con desesperación mientras buscaba una forma de detener la hemorragia.
El disparo de Lincoln le había dado directamente en el cuello. Pese a ser un arma tan pequeña el disparó había sido desde una distancia cercana y había destrozado la arteria carótida.
Poco a poco el cuerpo de Mike fue perdiendo energía y quedando totalmente inmóvil. Finalmente todo lo que se movió fue su pecho y, mientras Lidy acariciaba su cabeza y le tarareaba, también se detuvo.
En el momento en que el cuerpo de Mike perdía todo rastro de vida, Lincoln pudo sentir como los efectos de aquella droga menguaban. O quizás su cuerpo ya se había acostumbrado a ella.
El arma aún estaba fuertemente sujeta a su mano. Era una pistola realmente pequeña, no pesaba mucho. Tenía dos pequeños cañones; uno encima del otro, y su gatillo le recordaba el de una simple pistola de agua. Aunque tenía dos cañones sólo había disparado una bala, ¿El otro estaría vacío o sería simple adorno? Movió el arma hasta situarla frente a sus ojos. ¿Quizás tendría que presionar el gatillo otra vez para asegurarse de que tuviera otra bala?
La delicada mano de Lidy tocó suavemente la mano que sostenía el arma y la bajo lentamente. Lincoln no se resistió, se sentía muy cansado para hacerlo. Sus ojos estaban totalmente vacíos mientras Lidy continuaba tarareando. Esa canción… su madre le tarareaba una canción igual. Más tarde Luna la convirtió en una canción de rock y le regaló un disco para su cumpleaños.
Siempre lo odió.
-Tenemos que movernos Lincoln. –Lidy susurró suavemente en su oído.
Lincoln no dijo nada, simplemente dejó el arma aun lado y lentamente comenzó a subir sus pantalones. Realmente le dolía. El moretón en su pierna había crecido y se veía peor que antes. Como Lincoln había temido antes, la palabra amputación acudió a su cabeza. Lo ignoró, junto con aquel dolor en sus tripas y el líquido que aún se escurría desde su interior.
El pantalón todavía estaba flojo, pero no caería a menos que Lincoln hiciera movimientos bruscos. Guardó la pistola dentro del bolsillo, era tan pequeña que cabía ahí dentro fácilmente.
Lidy tomó su mano y lo condujo hacia la puerta.
-No podemos salir de aquí, Lincoln. Es peligroso.
Lincoln estaba letárgico y tenía dificultades para pensar, pero entendía las palabras de Lidy. Si salía ahora entonces jamás podría volver a casa. Sería el final definitivo. Utilizó el seguro del picaporte para bloquear la puerta desde el interior. Eso impediría que alguien entrara, por un tiempo.
Lincoln se arrastró hacia la ventana del cuarto y miró hacia afuera.
-Tiene que ser el segundo piso, Lincoln. –Lidy miró hacia abajo. –¿Te parece familiar?
Lincoln reconoció aquel sofá mugriento en el que había estado acostado aquel perro viejo, y en el que había intentado ocultarse en medio de aquel campo. Aquellos enfermos no mentían cuando dijeron que la fiesta estaba cerca.
Lincoln abrió la ventana.
Detrás de él la puerta comenzó a moverse.
-¿Mike? ¿Por qué cerraste la puerta? ¡Abre de una vez!
Lincoln apenas pudo reconocer los gritos por la música.
Debajo de la ventana pudo ver un montón de bolsas de basura apiladas. ¿Serían lo bastante suaves? Por otro lado, ¿Eso realmente importaba? Si se tiraba ahora y moría entonces sería el final, pero si no lo hacía entonces sufriría cosas aún peores.
¿Sería tan malo morir ahora? Estaba tan cansado en ese momento.
-¡Abre de una puta vez Mike!
Lincoln miró el cuerpo de Mike inmóvil en el piso. Se quedó mirando su pecho esperando que volviera a moverse. Quizás todo el cuerpo se levantara y haría que Lincoln sufriera cosa aún peores de lo que había sufrido.
Pero el cuerpo continuó inmóvil.
Jamás volvería a moverse.
Algo dentro de Lincoln se rompió en el momento en que toda vida abandonó el cuerpo de Mike. Algo que no tenía arreglo. Lincoln había soportado tanto, intentando mantenerse cuerdo y concentrándose en regresar a casa con su familia. Pero ahora se había roto. Algo muy importante y que no podía identificar se había roto.
Lincoln regresó la mirada al frente y se tiró por la ventana.
NA: La quinta hora completa. El próximo capítulo será el tan esperado interludio de las hermanas, y finamente será la sexta hora. Entonces todo terminará con el epílogo.
Primero quiero aclarar que las hermanas están sanas y salvas en la casa Loud, ninguna de ellas sabe lo que Lincoln a sufrido, por lo que no esperen que el interludio esté repleto de chicas que sólo puedan repetir la mierda de hermanas que fueron.
Si lo que quieren es ver que todas sufran horriblemente por sus acciones y queden marcadas de por vida, entonces tendrán que esperar al epílogo. Pero no se preocupen, que el interludio tendrá su dosis de angustia.
Nuevamente me disculpo por las faltas de ortografía.
