Sexta Hora
Fin
…
-Carajo. –Era lo mejor que Rick podía decir en ese momento. Cuando logró forzar la puerta lo primero que vio fue a aquella prostituta drogada echándose un pedo, pero al voltear la cabeza no sólo no encontró a aquel niño, pero vio el cuerpo de Mike aun desangrándose en el suelo. Dudaba mucho que aquella chica le dijera lo que había pasado.
No pasaron ni cinco minutos desde que había publicado el video por redes privadas, sólo abiertas durante la purga, cuando había recibido más de un centenar de visitas, y en diez minutos ya eran miles. Fue cuando comenzó la puja. Había enfermos que querían ver un trio, o hasta un cuarteto con ese niño. Otros querían verlo gritar por su mami mientras Mike se lo cogía por el culo y le daba de nalgadas.
El destino del niño se decidiría por aquel que pagara más. Se hizo una urna para aquellos que querían verlo violado de la manera más salvaje y horrible antes de matarlo, otra para simplemente violarlo hasta que no diera más y dejar su cuerpecito a Dios, otro para simplemente matarlo de una vez, y un último para aquellos que querían que viviera. A veces Rick se preguntaba por qué aun ponía ese pozo.
Nadie quería que la victima viviera.
Rick se hacía rico con las muertes o violaciones brutales, y las dos juntas siempre le daban unos cuantos miles. En el caso de ese mocoso recibiría más de ochenta mil por una violación brutal, para finalmente cortar su pene y genitales mientras aun estaba vivo. Incluso se estaba discutiendo por que parte empezar a cortar cuando apareció un mensaje de último minuto.
Rick tuvo que leer aquel mensaje tres veces para encontrarle un sentido. El usuario era nuevo, incluso tenía una imagen de perfil: unas enormes gafas, algo que rara vez se ve en esas redes. El caso es que el nuevo pujante le había ofrecido más de cien mil por que viviera, es más, había prometido otros cincuenta mil si mataba a Mike.
Al principió Rick creyó que se trataba de otro de esos crack que siempre se metían en su red para trolear y fantasear, pero el pujante le prometió la mitad ahora y la otra cuando todo estuviera hecho. Rick sólo pudo ver como su número de cuenta crecía en cincuenta mil.
En esos momentos se encontró en un dilema. Ya tenía cincuenta mil, por lo que sólo podría permitir que Rick violara y cortara los genitales del niño, de ser así entonces tendría otros ochenta mil. Así de simple se garantizaba ciento treinta mil. Por otro lado, si dejaba vivo al niño y mataba a Mike, tendría ciento cincuenta mil.
No tuvo que pensárselo mucho.
Lo malo de todo esto es que Mike estaba desangrándose en el piso y el niño no aparecía por ninguna parte.
Le dio una patada al cuerpo de Mike para asegurarse de que estuviera muerto: sí. Totalmente muerto. La herida parecía ser de bala, una pequeña, pero había resultado ser mortal cuando destrozó la arteria carótida del pobre desgraciado.
-Al menos la mitad del trabajo está hecho.
Mike estaba muerto, esos cincuenta mil ya son suyos.
Sacó su arma y se paseó por alrededor de la habitación. La puerta había sido cerrada dese dentro, por lo que el responsable tendría que estar a simple vista o detrás de los sofás. Pero a parte de la prostituta no encontró a nadie. Sólo por las dudas le dio un disparo a quemarropa directo a la cabeza, el impacto torció su cuello con un tétrico sonido de huesos rotos y la hizo caer del sofá como un trapo viejo.
A Rick siempre le dio asco ese tipo de mujeres de todas formas.
La ventana abierta llamó su atención. Era imposible que alguien hubiera salido de ahí con un niño prácticamente moribundo en brazos, pero su profesión a veces lo llevaba a ver las cosas más asombrosas. Por lo que, con cuidado, se asomó por la ventana y comenzó a buscar.
-¡Ah, maldita sea! Hay van mis ciento cincuenta mil. –Enfundó el arma mientras observaba el cuerpo de Lincoln totalmente inmóvil en un montón de basura. No parecía que su pecho estuviera moviéndose, y su cabeza reposaba entre un montón de basura maloliente mientras uno de sus brazos parecía haberse roto bajo el peso de su propio cuerpo. Parecía un maniquí al que han tirado a la basura y les ha importado una mierda como caiga.
Siempre podía decir que aceptó los treinta mil de aquellos que pedían una muerte inmediata, pero eso pondría su credibilidad en riesgo y perdería usuarios. Era mejor perder a un usuario nuevo y desconocido, que a miles de usuarios que pagaban cada año. Al final tendría que conformarse con cincuenta mil ese año, lo bueno es que ya no tenía que compartirlos con Mike. Y podía encontrar a alguien tan enfermo como él cuando se le diera la gana, tenía toda una lista en su ordenador.
-¡Donde está hijo de puta! –Matilde entró sin ningún tipo de cuidado mientras le gritaba a Rick. Detrás de ella iban su padre y hermano, ninguno de ellos parecía muy feliz.
-¿Qué quieren? –La familia. Rick había hecho negocios con ellos en años anteriores, y tenía que admitir que los muy putos sabían como causar que el estomago se le revolviera.
-Al niño. Es nuestro invitado especial. ¡Y la votación está apunto de iniciar! –Gritó Matilde mientras se acercaba más a Rick.
-¿El niño era suyo? Mike lo vio correr como un loco por los pasillos y simplemente se lo llevó.
-Es nuestro, y lo queremos de vuelta, Rick. –Matilde parecía lista para cortarle las pelotas como al infeliz del último video que habían grabado juntos. Parecía tener mucho interés en aquel niño. Lastima para ella.
-Cariño, tranquila. Estoy segur de que Rick nos devolverá a nuestro invitado si se lo pedimos con cortesía. –El padre de aquella puta se acercó por detrás y le susurró al oído mientras le acariciaba el culo y una teta. Rick sentía deseos de vomitar cada vez que veía aquellas depravaciones entre miembros de una misma familia.
Matías se adelantó. –Sólo danos al nene, ¿Bien? La purga casi termina y sólo nos están esperando porque les prometimos al niño.
Rick señaló la ventana. –Se fue volando. –Sintió placer al ver las sonrisas borrándose del rostro de aquellos enfermos.
-¿Cómo que se fue volando pelotudo? –Matilde se liberó de los brazos de su padre y se fue corriendo hacia la ventana. –Hijo de mil puta. –Le gritó a Rick cuando se asomó por la ventana. –¿Tienes idea de todo lo que íbamos a hacerle al pendejo?
Rick tenía una ligera idea de qué, pero a menos que le permitieran filmarlo y comercializarlo no le interesaba.
-¿Qué pasa, cariño? –Aquel hombre se adelantó también. Miró a Rick con ojos amenazadores cuando pasó junto a él y se asomó por la ventana.
-¿Qué? ¿No sabía volar? –Rick mencionó mientras se cruzó de brazos. –Así lo encontré cuando llegué, así que guárdense sus quejas. Yo también perdí dinero, y no estoy de humor para soportarlo.
Aquel hombre movió su cabeza lentamente mientras miraba a Rick de forma amenazante. Rick apenas reaccionó, se había encontrado con personas así todo el tiempo. Personas que creían que sólo sus ojos servían para hacer que alguien se cagara en sus pantalones.
-Ahora, ahora. –Aquel hombre se acercó con una sonrisa. –Creo que tenemos un problema, Rick, mi buen amigo.
-No soy tú amigo. –Rick contestó.
-Me lastima que me digas eso. Después de todo lo que hemos hecho en el pasado. –Se rio un poco. Posiblemente rememorando los viejos tiempos.
Rick pudo escuchar a Matías moviéndose detrás de él mientras su padre se acercaba.
-Parece que nos has quitado a nuestro invitado especial.
-No es mi culpa si alguien tiró al niño por la ventana. –Lo que tenía que averiguar era como. No es como si fuera a creer que ese niño había sacado un arma, había matado a Mike y después se había suicidado.
Aquel hombre puso su mano en el hombro de Rick.
-Mira Rick, yo-¡AHHH!
Rick tomó aquella mano entre el dedo índice y lo retorció con un movimiento rápido. Lanzó una patada hacia los bajos de Matías cuando se acercó y lo obligó a arrodillarse por el dolor. Con su mano libre sacó rápidamente una pistola y le apuntó a Matilde antes de que sacara la suya.
-Ahora, me molesta que me hables en ese tono. ¿Entendiste Marcos? –Aumentó la presión mientras le retorcía tanto la mano como los dedos. –¿Entendiste?
-S-sí. Mierda. –Marcos jadeó del dolor.
-Me importa una mierda lo que iban a hacer o no con el niño. Pero alguien se les adelantó y ya está. ¿Bien? Ahora quiero que salgan por esa puerta y me dejen de reventar las pelotas lo que quede de la purga. –Volvió a retorcer los dedos de Marcos. –¿Bien?
-B-bien. Dios. –Marcos aceptó inmediatamente. Personas como Marcos siempre lo hacían cuando sentían un poco de dolor, o cuando tenían un arma apuntándoles. Tratar con esas personas que pierden todo el valor y se arrastran ante la más pequeña muestra de superioridad era lo que más le gustaba a Rick de su trabajo. Y en la purga podía verlo a diario. Quizás no fue una mala noche después de todo, al menos no totalmente.
-Ahora toma a tus bastardos y lárgate. –Soltó la mano de Marcos mientras lo tiraba hacia la puerta.
Marcos no dijo nada. Lo miró con unos ojos que por un segundo prometieron una repercusión, pero todo deseo de daño se borró cuando vio la pistola y simplemente quedó el sudor que corría por la frente de Marcos.
-Vámonos chicos.
Esto no iba a quedar así. Eso era lo que Rick vio en los ojos de Marcos mientras tomaba a sus hijos y se iba. Lo había humillado frente a la hija que se follaba cada purga y al hijo que seguramente se pasaba el resto del año golpeando mientras inventaba nuevas formas de no dejar marca. Personas así se creen tan poderosas hasta que encuentran a un cabrón más grande que ellos, generalmente alguien que no teme darles un golpe o tiene un arma.
Bien poco que le importaba a Rick. Personas como Marcos y su asquerosa familia jamás podrían hacerle nada.
Sacó una tableta y se sentó en el sillón. Pateó el cuerpo de la prostituta para tener más espacio y se acomodó como más le gustaba. Se conectó a la red y vio que tenía un mensaje de aquel pujante anónimo.
¿El niño?
Así de simple. Iba directo al punto, eso era algo que a Rick le gustaba en una persona.
Mike está muerto.
Sacó una fotografía al cuerpo de Mike y la mandó junto al mensaje. Tenía que aclarar es punto antes. Quizás a aquella persona le interesara hacer negocios el próximo año, y de ser así, al menos tendría que creer que Rick era confiable en sus negocios. Siempre que no hubiera alguna otra ventaja monetaria en algún otro lado.
El niño.
Volvió a escribir.
Rick se paró sin muchas ganas y se acercó a la ventana. Como esperaba, el niño aun esta entre la basura. Le sacó una foto y la mandó junto un mensaje.
Muerto. Alguien lo tiró desde la ventana. No te devolveré el depósito.
Esperó por una respuesta, pero después de cinco minutos sin nada, el perfil simplemente se desconectó. Rick negó con la cabeza y se sentó en el sofá mientras sacaba un cigarrillo y esperaba a que terminara la purga.
Lincoln abrió los ojos lentamente. Todo lo que veía era el oscuro cielo estrellado mientras un terrible olor a podrido viajaba por sus fosas nasales. Al principio pensó que era su propio cuerpo que despedía ese sucio olor, y no estaría muy lejos de la verdad. Pero lo que realmente apestaba eran las bolsas oscuras en las que había caído.
-Tienes que levantarte, Lincoln. –Lidy le susurró con dulzura mientras acariciaba su frente. Aquellos suaves dedos lo reconfortaron mientras miraba el tierno rostro de aquella dulce niña.
-E-estoy… cansado… –Tosió y algunas gotas de sangre salieron de su boca. Se sentía tan mal. Su brazo le dolía mucho, pero apenas tenía energías para gritar de dolor.
-Lo sé. –Lidy le dio un beso en la mejilla. –Has sido muy fuerte hasta ahora, pero sólo te pido que seas fuerte por un poco más de tiempo. –Lidy tomó su brazo sano y lo impulsó hacia arriba. –Vamos. Solo un poco más.
Lincoln sintió como era difícilmente impulsado hacia arriba hasta terminar sentado sobre el montón de basura. Todo su mundo daba vueltas mientras trataba de centrarse en Lidy. Su brazo izquierdo había dado un giro en una dirección incorrecta, y no sabía como, pero a su mano derecha había perdido dos uñas mientras que una tercera estaba aun colgante. No recordaba que había pasado durante la caída, todo lo que podía recordar era estar parado frente a la ventana después de…
Que estrecho.
Un espeso líquido incoloro salió de su boca junto con algunas gotas de sangre. Se sentía tan sucio. Más sucia que toda la basura en la que estaba sentado. Era como si a su cuerpo desnudo se le hubiera adherido una mugre que se sujetaba a él con colmillos y garras, para luego penetrar lentamente desde su carne hasta el interior de su cuerpo. La sentía subir desde su recto hasta sus intestinos, y de ahí seguir avanzando hasta llegar a su hígado, su estomago, sus pulmones, su corazón. Era cuestión de tiempo para que Lincoln no fuera más que un montón de mugre y desperdicios que camina.
Podía sentir esa verdad reconcomiéndolo desde lo más hondo de si mismo.
Estaba sucio.
Los delgados dedos de Lidy rodearon los dedos de su mano derecha destrozada. No podía sentir ningún dolor de ese suave agarre. Lidy lo dirigía con cuidado hasta la salida de aquel terreno lleno de basura. Lincoln apenas podía ver por donde caminaba. Su cojera había empeorado en gran medida y sentía un terrible mareo cada vez que avanzaba.
-Lidy… no creo que pueda… –Cayó de rodillas sin soltar la mano de Lidy. Se sentía cada vez peor. Algo dentro de su estomago dolía mucho, no solo eran las nauseas, era otra cosa. Y le costaba terriblemente respirar. Sentía la respiración líquida y cada vez más complicada. –Yo… no creo que pueda salir de aquí. –Jadeó con dificultad. –Me duele mucho.
Lidy caminó detrás de él y rodeó su cuello con sus brazos.
-Está bien. Shh. Está bien. Lo entiendo. –Lidy lo abrazó con ternura.
Lincoln no había sentido un abrazo tan cálido y reconfortante desde que sus hermanas dejaron de hablarle por ese estúpido video. Quizás la última en abrazarlo así fue Lynn. Aquella niña amante de los deportes que disfrutaba de practicar sus movimientos de lucha y jugar con él. Pero que al final lo había tirado por la fuerza hacia el auto familiar junto con una bicicleta que se daña ante la más leve deformación de tierra.
-Je je… –Se rio un poco pese al dolor que eso le causaba. Había tenido tanto pánico en ese momento que no se había puesto a pensar en todo el castigo que esa bicicleta aguantaba diariamente. ¿Una deformación en la tierra y ya está? Era ridículo.
Pero eso poco importaba ahora.
Lincoln se forzó a si mismo a arrastrarse un poco más hacia adelante. Cada paso que daba era una tortura y su respiración no dejaba de fallarle mientras trataba de mantener el equilibrio de sus movimientos. Lidy lo ayudó sosteniendo su cuerpo desde atrás mientras seguía avanzando hacia aquel viejo y derruido sofá donde antes había estado recostado aquel perro viejo.
Sin mucha energía tiró la mitad de su cuerpo sobre ese sofá. Olía a perro viejo y enfermo. Tampoco era muy cómodo, pero era mejor que estar tirado en medio de la tierra. Lincoln subió con toda la energía que le quedaba y se acostó en aquel sofá.
-Tranquilo. Estarás bien, Lincoln. –Lidy lo consoló mientras acariciaba su cabeza y le daba un beso en la frente.
Lincoln sabía que mentía, y le daba las gracias por eso. Todo su cuerpo había sido destrozado desde afuera hacia adentro. Y no sabía cuanto tiempo había pasado desde el inicio de la purga y cuanto tiempo quedaba hasta que fuera la hora final. Ya no podía continuar con esto. El dolor era cada vez peor. Sentía aquella marca de siete en su pectoral izquierdo quemándolo como nunca, y la sangre y semen escurriendo por sus pantalones.
El infierno.
Eso es lo que era la purga. No se trataba de purgar a la bestia al dejarla salir, se trataba simplemente de dejarla salir.
Lincoln podía escuchar todas las explosiones y disparos en la oscura noche de Royal Woods. Parecían estar creciendo en cantidad mientras extrañas luces fosforescentes brillaban en el cielo antes de explotar.
-¿Fuegos artificiales?
Eran hermosos. Aquellos fuegos artificiales en la oscuridad de una noche cerrada. La tranquilidad parecía inundar a Lincoln mientras veía ese hermoso espectáculo en medio de aquel infierno.
Lidy acarició su cabeza y comenzó a tararear la misma canción de antes mientras colocaba su cabeza cuidadosamente sobre su regazo.
-Supongo que podré llevarme algo después de todo.
Entonces todo se rompió.
-No tienes idea de la suerte que tienes niño. –Rick mencionó mientras se acercaba a aquel sofá donde descansaba Lincoln. –Todo lo quería era tirar mi cigarrillo por la ventana cuando te vi arrastrarte hasta este sofá. Seguir moviéndote pese a todo. Eso es tener pelotas. Es una lastima que tenga que arrancártelas.
Había intentado comunicarse nuevamente con aquel usuario, pero le resultó imposible. Finalmente tuvo que comunicar que su compañero estaba muerto, por lo que el pozo de la violación estaba cerrado. A Rick no le gustaba hacer ese tipo de trabajos, no después de otros al menos. No quería contagiarse nada.
Mientras salía del edificio había acordado un nuevo pozo de muerte, pero como faltaba tan poco para el fin de la purga no podía ser algo demasiado lento, pero tampoco muy rápido.
El comentario de arrancarle las pelotas y verlo desangrarse hasta morir había surgido de la nada y había sido positivamente criticado. Finalmente obtendría unos veinte mil por arrancarle las pelotas al niño con una navaja y filmarlo mientras se desangra. Todavía no podía entender como existían personas que se excitaban tanto con la mutilación genital, especialmente hacia los menores. Pero le importaba una mierda mientras pagaran.
Sacó una pequeña navaja de su bolsillo y se acercó a Lincoln.
-Míralo de esta forma, sólo sentirás unos cortes y antes de que termine la hora estarás totalmente libre.
Lincoln volteó su cabeza con dificultad y lo miró fijamente.
De no ser porque aun se movía cualquier persona que lo viera confundiría aquellos ojos con los de un muerto; eran demasiado vacíos, y la droga los había dilatado un poco. Cualquier diría que estaba hablando con un cadáver. Rick esperaba que tuviera suficiente energía para gritar y rogar, a los usuarios les gustaría eso.
Lincoln no hizo nada mientras se acercaba, parecía no tener energías para nada más que no fuera ver a Rick acercarse con su navaja.
-Todavía puedes hacer algo, Lincoln. –Lidy susurró suavemente en su oído.
Rick sacó su tableta y comenzó a conectarse. Tendría que hacer esto en vivo si quería llegar a tiempo. Miró la hora en la tableta y lanzó una pequeña maldición, faltaba demasiado poco, tendría que apresurarse si no quería salir sin nada.
-Vamos, conéctate rápido. –Maldijo mientras levantaba un poco la tableta. Era en esta hora cuando todo se saturaba. –¿Cómo puede tardar tanto esto?
Se acercó a Lincoln mientras esperaba a que su maldita tableta conectara correctamente. No podía haber errores ahora. Miró a Lincoln fugazmente, y fue entonces cuando se quedó quieto.
Lincoln no podía centrarse bien. Todo le daba vueltas, y la imagen del hombre frente a él parecía estarse distorsionando y dividiendo mientras le apuntaba.
No pudo evitar recordar cuando era más joven y jugaba a los defensores espaciales. En ese tiempo lo hacia con pistolas de juguete que se iluminaban cada vez que presionaba el gatillo, eran muy ligeras y siempre trataba de imaginarse a algún monstruo gigante espacial que volaba en pedazos cada vez que disparaba el juego de luces.
Pero ahora el monstruo era real y se ocultaba tras una piel humana. Lidy sujetó su mano con cuidado y le ayudó a centrarse mientras apuntaba.
-Niño, no tengo tiempo para esto. ¿Entiendes?
No parecía asustado o preocupado. Se le veía más bien molesto mientras Lincoln le apuntaba.
-Supongo que fuiste tú quien le disparó a Mike y luego se arrojó por la ventana. –Se rio un poco. –Realmente tienes que tener pelotas de acero para poder hacer todo eso. Pero tú pequeña aventura se acabó aquí. –Tranquilamente se acercó un poco mientras se tambaleaba de un lado a otro. –¿Te sientes mareado y confundido? Fue una gran caída, y estás temblando mucho. Puedo notar algo de sangre que sale de tu boca y nariz, así que el mayor daño, sin contar tu brazo roto, tiene que ser interno. ¿Quizás tus costillas se rompieron? De ser así entonces podrían haber lacerado uno de tus pulmones, o incluso el estómago. Lo e visto antes, y déjame decirte que no querrás seguir vivo si tienes una laceración en el estomago. –Se tambaleó un poco mientras chocaba sus botas dos veces y se acercaba más directamente. –Es horrible. Toda la porquería de dulces y comidas grasosas dentro de tu pequeña pancita comienza a recorrer tu torrente sanguíneo. La muerte puede tardar horas enteras en llegar. Es lento, y sumamente doloroso. Si supieras lo doloroso que es me estarías rogando por que te corte las pelotas con los dientes.
Lincoln apenas podía escuchar lo que aquel hombre estaba diciendo mientras se acercaba. Todo su mundo se estaba poniendo negro mientras la respiración le fallaba y sentía que algo nuevamente recorría su garganta. Sintió muchas ganas de toser mientras algo le picaba desde adentro. Cada vez se sentía más enfermo.
Todo lo que podía entender es que aquella persona le haría más daño si llegaba hasta él. Pero no sentía que pudiera defenderse realmente. ¿Qué caso tendría al final? Se sentía roto, totalmente destrozado.
¿Por qué tenía que pasar por todo esto? No tenía más de once años de edad.
-Sólo fue… un video. –Susurró.
-Sí. Sólo es un video. –Rick le dijo mientras se acercaba más. –Un simple video y todo se termina.
Por un maldito video terminó en la purga, y ahora por otro video iba a morir.
-¿Por qué chicas? ¿Por qué? ¿Por qué me trajiste aquí Lori? ¿Por qué me odias tanto Lynn? ¿Por qué tengo que pasar por esto por un maldito video que retiré sólo un día después?
-Estoy cansado. –Dijo con tristeza.
Esto no iba a terminar. Aun si sobrevivía no duraría ni un minuto más en aquel infierno. Había sido lastimado de todas las formas posibles y ya no sentía que pudiera continuar más. Ya no quería continuar.
-Yo también me estoy cansado, niño. –Rick ya había recorrido más de la mitad del camino hacia Lincoln. Sólo tendría que dar dos pasos más para estar en el punto donde pudiera encargarse de aquella pistola. Un golpe bien conectado en la muñeca la desprendería de las manos del niño y podría tomar su video de una buena vez.
-Tan cansado.
Ya… no podía más con todo esto.
-¿Niño? –Una nota de preocupación salió de la voz de Rick. Pero no por él mismo.
Lincoln había desviado la pistola hacia un blanco que no podía fallar.
-Maldita sea, niño. No hagas que esta sea una mala noche para mí también. Suelta la maldita cosa.
Lidy acariciaba la mano de Lincoln mientras la besaba y comenzaba a tararear aquella canción de cuna una vez más.
Ya no había mucho que pudiera importarle a Lincoln en ese momento. Había perdido su cuerpo y su inocencia, y ya no tenía una familia que lo estuviera esperando en casa. Ya no tenía a nada ni a nadie. Lo había perdido todo.
Por un video escolar.
¿Tenía gracia pensar en eso? No, y no creyó que la tendría alguna vez.
-Me quedaré contigo Lincoln. –Lidy susurró. –Siempre estaré contigo.
La voz de Lidy era suave y sumamente reconfortante. Llenaban a Lincoln de paz y lo hacían sentir tan querido como antes creyó que lo querían sus hermanas. Pero posiblemente nunca les importó realmente. Para ellas quizás no fue más que un conejillo de indias, un esclavo, o simplemente un muñeco de prácticas.
-Gracias… –Lincoln susurró.
Rick se lanzó contra Lincoln. Los ojos muertos de aquel niño no podían mentir. Hablaba jodidamente en serio.
La bala hizo que la cabeza revotara un poco antes de que todo su cuerpo cayera flácido sobre el sofá. Lanzó algunos espasmos antes de que se detuviera totalmente y todo quedara en silencio.
-Carajo. Hay van mis veinte mil.
Lincoln estaba sentado en el sofá de la sala frente al enorme televisor. No sabía cuanto tiempo había estado sentado en ese lugar, o porque sólo estaba viendo estática en la pantalla. Sentía una ligera molestia en la cabeza mientras por fin desviaba su mirada hacia alrededor.
Por alguna razón la casa se veía más grande que antes.
Se levantó del sofá y comenzó a explorarla como si fuera la primera vez que estaba ahí.
La cocina, la sala, el estudio, todo se veía exactamente igual, pero a la vez se veía diferente. Trató de entender como, y sentía que la respuesta penetraba lentamente cada capa de su cerebro, sólo para escaparse nuevamente. Trató de salir al patio para tomar aire y liberar un poco su cabeza, pero la puerta estaba cerrada. Intentó forzarla, pero era como tratar de abrir una pared. La puerta ni siquiera temblaba cada vez que tiraba de ella.
-Lincoln. –Una suave voz lo llamó desde atrás.
Lincoln sintió como su cuerpo comenzaba a temblar de miedo mientras aquella presencia se acercaba a él.
Entonces unos delicados brazos lo rodearon y pudo sentir como aquel cuerpo de unía al suyo en un abrazo lleno de calor.
-¿Lidy?
-Tengo una sorpresa para ti, Lincoln. Está arriba.
Lincoln la vio fijamente. Era Lidy. Aquella niña que… ¿Qué? ¿De donde la conocía? ¿Qué hacía en su casa? ¿Por qué se sentía tan confundido cuando la veía? ¿Dónde estaba?
-Vamos, Lincoln. –Lidy tomó su mano. –No puedo esperar para que lo veas. –Se rio con aquella inocencia que sólo poseen los niños.
Lincoln se dejó llevar por aquella dulce niña que le sonreía y siempre estaba dispuesta a demostrarle su cariño.
Pero algo no terminaba de sentiré mal.
-Vamos, vamos, Lincoln. –Lidy habló con toda la emoción de una niña mientras lo dirigía escaleras arriba.
Lincoln vio una buena cantidad de puertas cerradas. Sabía que la del fondo era el baño, pero no podía recordar muy bien a donde dirigían las otras.
-Te encantará cuando lo veas.
Lincoln no pudo evitar sonreír un poco cuando vio la emoción de Lidy. Aquella linda niña que le transmitía tanta seguridad. Solo verla feliz hacia que se sintiera feliz.
Abrió una de aquellas puertas desconocidas.
La sonrisa de Lincoln lentamente se borró.
Con sus brazos y piernas clavados a una silla, Lincoln pudo ver el cuerpo sangriento de una chica. Su ropa había sido destrozada sin cuidado, y bajo esta pudo ver como sus pechos habían sido cercenados junto a una gran parte de su estomago. Entre sus piernas abiertas Lincoln pudo ver un enorme tuvo al rojo vivo que había sido insertado hasta más no poder dentro de su zona vaginal. El rostro de aquella chica…
Lori.
…había sido desfigurado con acido y era totalmente irreconocible.
-¿No es hermoso, Lincoln? –Lidy sonrió junto a él. –Mira, mira. –Señaló hacia la cama, y Lincoln no pudo evitar dirigir su mirada hacia ese punto.
Sobre la cama había un cuerpo totalmente despellejado. Lincoln podía ver sus músculos sangrantes manchando las sabanas en gran medida mientras se retorcía. Aun está viva. El cuerpo respiraba pesadamente por una boca carente de dientes. Lo más impactante de todo es que la piel parecía haber sido usada para hacer un vestido que había sido elegantemente colocado en un maniquí junto a la cama. El sombrero que adornaba el maniquí había sido hecho con la piel y cabellos de…
Leni.
…aquella pobre chica
-Es hermoso, ¿No crees, Lincoln?
Lincoln retrocedió hasta alejarse de la puerta.
Era horrible. Pero por alguna razón esas palabras no podían salir de su boca.
-Pero no es todo, Linky. –Lidy le giñó un ojo. –Sígueme. –Tomó a Lincoln del brazo y lo dirigió hacia otra de las puertas. Lincoln se encontró sin energía para impedirlo.
Al abrir la puerta Lincoln se encontró con otro macabro espectáculo.
La música dentro del cuarto era tan fuerte que de no ser por el horror que estaba presenciando seguramente se hubiera tapado los oídos mientras presionaba sus dientes.
Atada a una silla había una chica cuya cabeza se movía descontroladamente, pese a ser solo la mitad de una cabeza. La terrible música salía de unos audífonos que ahora colgaban de su cuello. Sólo el retumbar de esa música cerca de su cabeza era suficiente para mover la cabeza de…
Luna.
…de un lado a otro. Mientras que un lado de la cabeza estaba totalmente destruido, el otro estaba hinchado y el ojo había salido de su cuenca y colgaba mientras se movía sin control por la música.
Otro cuerpo estaba tirado en el piso frente a él. A Este lo habían maquillado de payaso con su propia sangre y la sonrisa en su cara había sido formada al cortar sus mejillas a cuchillo. Sus manos habían sido cortadas y cocidas con hilos de alambre a unos guantes gigantes, mientras que sus pies habían sido martillados hasta volverse totalmente planos. El dolor de…
Luan.
…la chica podía ser visto detrás de aquél aspecto macabramente cómico.
La boca de Lincoln tembló mientras un grito parecía apunto de salir.
-¿A que no adivinas, Lincoln? –Lidy habló con dulzura mientras la abrazaba desde la espalda y susurraba delicadas palabras en su oído. –Todavía hay más.
No. Lincoln sentía que no podría aguantar más.
Lidy lo arrastró con dulzura hacia otra de las puertas.
Lincoln sentía que podía reconocer esta de algún lado, y tenía mucho miedo de entrar.
Lidy la empujó con delicadeza y la puerta se abrió.
Lincoln pudo ver un cuerpo colgado con ganchos en medio de la habitación. Los ganchos atravesaban sus hombros, pare de su estomago y sus caderas. Era lo único que podían atravesar, ya que el cuerpo carecía totalmente de brazos y piernas. Los cuatro órganos parecían haber sido cortados a serrucho mientras que habían quemado la carne destrozada de…
Lynn.
…la chica para detener la hemorragia.
-Me tomé el tiempo con ella. –Lidy susurró. –Ella es quien más te lastimó. Así que tenía que sufrir más.
Lincoln pudo ver lo que parecía un palo de escoba que parecía salir del recto de aquella chica.
Y lo peor de todo es que estaba viva. ¡Viva! Los ojos carentes de parpados de esa chica se movían sin control de un lado a otro en busca de ayuda.
Lincoln sintió deseos de extender su mano y ayudarle de alguna forma, pero se encontró paralizado cuando el suave tacto de Lidy tomó su mano y la apretó del mismo modo en que se presiona la mano de una pareja al ver un hermoso espectáculo.
Lincoln apenas tuvo fuerzas para voltear su cabeza, y se encontró con otro cuerpo en aquella habitación.
Este cuerpo también estaba colgado de ganchos, pero a diferencia de la chica frente a él estos eran más pequeños y las cadenas eran puros hilos. Esos ganchos como anzuelos estaban clavados en sus pezones y clítoris, otros dos estaban unidos a sus labios vaginales y parecían abrirlos lo suficiente para que Lincoln viera lo que parecía ser una cadena de bicicleta que había sido puesta por la fuerza dentro de…
Lucy.
…esa chica. Otro gancho había sido clavado en su oreja izquierda y permitía que diera la cara directamente a la puerta. Lincoln pudo ver la marca de pequeños sietes grabadas a fuego en todo su rostro, y una boca sin lengua.
Las lágrimas comenzaron a correr por fin por las mejillas de Lincoln. Lidy comenzó a beber sus lágrimas con pequeños besos en sus mejillas. Miró a Lincoln a sólo un centímetro de distancia y sonrió con inocencia mientras hablaba.
-Sígueme.
Lincoln se dejó arrastrar sin fuerzas. Volteó una última vez para ver el cuerpo aun colgante de Lynn antes de que la puerta se cerrara por si sola.
Aquella puerta. Dos vidas que Lincoln quería mucho estaban detrás de esa puerta.
Lidy volvió a empujar la puerta con suavidad y se abrió fácilmente.
Lo que Lincoln vio fue aberrante, pero nada que no hubiera esperado después de lo que había visto antes.
El cuerpo destrozado de una pequeña niña estaba fragmentado sobre la mesa. Su sangre repartida en pequeñas tazas de té y sus órganos sobre pequeños platos como si fueran bollos y pasteles. La cabeza de…
Lola.
…aquella niña estaba en medio de la mesa con una pequeña vela enterrada en medio de su cabeza y derritiéndose lentamente mientras la cera caliente corría por su pequeña frente. Sus invitados de peluche parecían haber sido rellenados con las sobras de sus tripas y carne, todos ello escurrían una gran cantidad de sangre.
Una niña, cuyo rostro Lincoln apenas podía reconocer se encontraba encerrada en lo que parecía ser un ataúd de cristal cuyo contenido, además de contener el cuerpo desnudo de la niña, había sido llenado de distintas cantidades de lagartijas y ranas. Al no contar con nada para comer ni beber, las alimañas habían optado por el cuerpo de…
Lana.
…la niña. Posiblemente había sido herido desde antes para atraer a aquellos reptiles. Y en cuanto sintieron hambre, comenzaron a comerse viva a aquella niña sin que pudiera hacer nada.
Lincoln ya no sabía como debería sentirse después de tanto horror. Sólo podía sentir a Lidy abrazando su cuerpo desde su espalda mientras lo acariciaba con ternura. ¿Cómo podía haberse emocionado antes al saber sobre todo esto? ¿Cómo pudo hablarle como si esto fuera la sorpresa más grande y maravillosa que podría tener? Sin lugar a dudas fue una sorpresa, pero una sorpresa horrible.
-Una última puerta. –Dijo finalmente.
Lincoln sentía sus pies cubiertos de cemento. Le era imposible moverse.
Nuevamente Lidy tomó su brazo con cariño mientras lo dirigía. Cada acción de Lidy con él siempre estaba cargada de cariño, amor y confianza. Así es como lo sentía Lincoln. Lidy le transmitía seguridad y amor, incluso en esos momentos sus acciones siempre estaban cargadas con un amor que Lincoln sentía en todo su ser cada vez que lo tocaba.
Jamás tuvo una oportunidad de resistirse a ella.
Lidy abrió la última puerta con la misma confianza y sonrisa infantiles de siempre. Se rio un poco mientras se sonrojaba, como si aquí estuviera el fruto de todo su esfuerzo y estuviera esperando un alago.
Lincoln no podía entender como no había vomitado aun, después de todo lo que había visto antes no le sorprendería perder todo sus órganos de una vez.
La imagen de una pequeña niña atada a una mesa de metal fue lo que lo recibió. Su boca y ojos estaban abiertos enormemente, casi tan grandes como lo era el agujero en su estomago. El agujero era tan grande que dejaba al descubierto sus huesos, pero carecía de órganos internos. Las paredes internas de su cuerpo parecían haber sido quemadas, Lincoln podía oler el olor a distintos tipos de ácidos en el aire.
Había hecho que…
Lisa.
…la niña, bebiera una gran cantidad del liquido de aquellos tubos vacíos que ahora descansaban junto a la mesa, y la había dejado derretirse de adentro hacia afuera. Las lágrimas secas y vomito que escapaban de aquella boca demostraban el dolor que debió sentir.
-Ella siempre te uso de conejillo de indias. Sólo le di una probada de su propia medicina, Lincoln. –Lidy susurró desde detrás de él.
Pero Lincoln ignoró el cuerpo de aquella niña y puso toda su atención a una pequeña cuna.
-No.
No podía ser. Tenía que ser falso.
-Le estaban enseñando a odiarte. –La voz de Lidy seguía tan suave y controlada que Lincoln se sintió culpablemente en calma. –Ella también te habría lastimado, Lincoln.
Lincoln caminó con cuidado hacia la cuna. Un pequeño cuerpo estaba totalmente cubierto por una sabana que destilaba un olor asqueroso y tenía machas rojas a su alrededor.
No lo pensó mucho cuando retiró la sabana. Y se arrepintió de haberlo hecho.
El cuerpo de…
Lily.
…estaba en condiciones horribles. Habían forzado un tubo dentro de su recto, tapándolo totalmente. Su estomago estaba totalmente hinchado, y cuando parecía apunto de explotar, la habían abierto con una navaja y dejado ver un montón de mierda y desperdicios dentro de ella.
-Al final, Lily no era más que un pequeño saco de mierda. –Lidy se rio con inocencia de su propio chiste.
Lincoln sujetó fuertemente su cabeza mientras retrocedía.
-No. ¡No? ¿Por qué? ¿Por qué Lidy? ¿Por qué?
-¿No te gusta, Lincoln? –Lidy se acercó, parecía un poco herida por el grito de Lincoln. –Lo siento, debí haber dejado que lo vieras. Pero creí que tantos gritos y suplicas te harían sentir incomodo. –Lidy lo abrazó con fuerza. –Lo siento, hermano.
Hermano.
-¡Tú no eres mí hermana! –Lincoln la empujó y Lidy cayó de espaldas frente a él.
-¿Y ellas lo son, Lincoln? –Lidy habló desde el piso. –Ninguna de ellas te merecía. Todas ellas te trataban como un paracito por un simple video, y finalmente te dejaron abandonado en la purga para que murieras. Ellas no son tus hermanas. Son tus verdugos. –Lidy se paró con delicadeza. –Pero yo soy diferente, Lincoln. Yo siempre estaré ahí para ti. Te apoyare, te respetaré, estaré contigo cuando nadie más pueda, y más que nada, te amaré sin importar qué. –Acarició la cara de Lincoln con suavidad.
-A-a-¡Aléjate de mí! –Lincoln volvió a empujarla y salió de la habitación con terror.
Al salir por la puerta no se encontró en el pasillo, sino en su propio cuarto. O eso creía. Su cuarto anteriormente había sido un armario, pero había sido remodelado cuando llegó la hora de tener su propia habitación. Este era más grande y tenía aun más cosas.
-¿Por qué no tratas de dormir un poco, Lincoln?
Lincoln volteó rápidamente. Encontró a Lidy sentada al borde de una enorme cama. Acarició las sabanas con suavidad.
-Vamos, te cantaré una canción si así lo quieres.
Y Lincoln lo consideró. Por Dios, realmente consideró las palabras de Lidy. Se sentía totalmente agotado. Sus pierna eran cada vez más pesadas y le costaba centrarse. La sola idea de meterse a esa cama y ser consolado por Lidy mientras le cantaba la canción de cuna de su infancia era tan peligrosamente tentadora que Lincoln sintió como sus pies lo dirigían hacia ella.
Lidy extendió su mano dándole la bienvenida.
Lincoln se sentía tan cansado.
-¡NO!
Lincoln retrocedió, y toda la neblina se disipó de su cabeza.
Ahora lo recordaba.
La purga. El video. Sus hermanas. Todo.
-¿Qué hago aquí? Yo no debería estar aquí.
-Esta es tú casa Lincoln. Nuestra casa.
-No. No es así. –Lincoln se sujetó la cabeza mientras sentía algo espeso y pegajoso pegarse a su mano. –¿Qué es esto? –Al mirar su mano la vio cubierta sangre que ya estaba coagulando.
-Lincoln, por favor. –Lidy se levantó y se dirigió hacia él. –No necesitas preocuparte por eso nunca más. Puedes ser feliz aquí.
Lincoln no la escuchó mientras salía por la puerta.
En el momento de pisar el pasillo sintió un terrible dolor en su pierna derecha. Era tan terrible que sentía que verla despertaría la palabra "amputación" de su largo sueño. Con una cojera se dirigió hacia las escaleras.
-Lincoln. No te vayas.
Las puertas de sus diez hermanas se abrieron y de ellas salió Lidy. De las cinco puertas de las habitaciones compartidas salieron cinco Lidys manchadas de la carne y sangre de sus hermanas.
-Quédate aquí, hermano. –Todas hablaban en perfecta sincronía. –Esto es lo que quieres.
-No. Esto no es lo que quiero. –Lincoln cojeó por las escaleras mientras trataba de alejarse de todas ellas. Se sujeto a la baranda y comenzó a descender.
Las escaleras parecieron crecer a un ritmo tan rápido que fue como si el piso mismo se hundiera hasta el fondo de la tierra. Lincoln sintió vértigo mientras miraba hacia abajo y trataba de descender con todas sus fuerzas.
Ahora podía recordar más.
Había quedado atrapado en medio de la purga, y se había topado con la peor clase de monstruos. Como aquel tipo con…
-¡MUUUUUU!
Los ojos de Lincoln se abrieron de terror al reconocer el mugido. Sobre las escaleras se encontraba aquel hombre con el casco en forma de cabeza de toro. Pero ya no era un casco, era una cabeza de toro real que al abrir la boca para mugir dejaba al descubierto horrendos dientes amarillos. Sus ojos desencajaban locura y rabia. Lincoln vio que de sus dos pezones arrancados todavía chorreaba sangre. Fue entonces que tomó su enorme hacha con ambas manos y comenzó a bajar las escaleras en pos de él.
Lincoln trató de ignorar un poco su dolor y bajar más rápido. Si caía entonces puede que jamás se detuviera. Las escaleras eran más grandes que cualquier edificio que hubiera visto antes. Trató de no mirar atrás mientras escuchaba como las pezuñas de aquel monstruo se acercaban cada vez más.
-Ven que te cantamos la meme.
Aquella voz familiar lo desconcertó por un segundo, y lo obligó a voltear. Detrás de él se encontraban aquellos chicos con mascaras de payaso. Todos ellos extendían su mano para tomar a Lincoln.
-¡Aléjense! –Lincoln gritó mientras se alejaba de aquellas manos. Terminó por perder el equilibrio y caer por las escaleras.
El mundo de Lincoln dio vueltas mientras los recuerdos seguían bombardeándolo. Recordó a aquella familia que lo había humillado, a la chica que lo había orinado encima, y como luego lo habían arrastrado hacia…
-¡Ah!
Lincoln llegó al final de las escaleras. El golpe no había sido tan duro como había esperado, y las escaleras ya no eran tan altas.
-Lincoln, por favor. Ven conmigo. –Lidy le habló desde arriba de las escaleras. Lincoln se sentía en la obligación de decirle que desde esta posición podía ver su ropa interior blanca, pero cuando recobró el control se dio cuenta de que eso era lo de menos. Tenía que salir de ese lugar.
Se levantó con dificultad mientras Lidy comenzaba a bajar por las escaleras.
La energía parecía abandonar poco a poco su cuerpo mientras se arrastraba y el dolor comenzó a inundar sus músculos. Se sentía peor que cualquier paliza que le hubiera dado Lynn. Al llegar a la puerta principal creyó que no se abriría, pero se abrió tan fácilmente como Lidy había abierto las puertas de las habitaciones de sus hermanas.
-¡Aaaahgg!
Lincoln quedó paralizado del terror. Frente a él se encontraba aquel hombre con el traje de cuero, y como antes, se estaba masturbando frente a la puerta de su casa. Sus movimientos eran furiosos y miraba a Lincoln con una cabeza sangrante por el disparo que había recibido.
-¡UAAH!
Lincoln cerró la puerta en el mismo instante que escuchó como aquel cerdo se corría y el semen caliente golpeaba la puerta de su casa. Al recordar esa cosa chocando contra su pecho pudo sentir como la suciedad se expandía por su cuerpo. Aquella sensación sucia que jamás podría quitarse estaba de regreso.
-No tiene que ser así, Lincoln. –Lidy saltó grácilmente de los últimos dos escalones. –Deja todo atrás y ven conmigo. –Extendió su mano a Lincoln y le sonrió. Nuevamente Lincoln sintió deseos de estrechar aquella mano e ir a dormir, pero en lugar de eso corrió hacia la sala. –Lincoln…
Acostada en el sofá de la sala podía ver el cuerpo de aquella mujer con la mascara de mariposa. Tenía puesto solo el brasier mientras se tocaba en su zona intima. Al ver a Lincoln le sonrió mientras lamía aquel líquido pegajoso de entre sus dedos y utilizaba esa misma mano para abrir el brasier. Aquellas dos bolas como melones volvieron a caer.
-Chupa.
Lincoln sintió nauseas y corrió nuevamente hacia la cocina mientras aquella mujer continuaba tocándose.
Sobre la mesa de la cocina se encontró a aquellos tres: la familia.
-¡Si! Jodanme. Jodanme más fuerte. –Matilde aullaba mientras su padre y hermano la penetraban tanto por la vagina como por el ano. Fue entonces que se orinó sobre el pene de su padre mientras la penetraba.
-Que sucia, ¿No te parece niño? Es muy sucia.
Lincoln se sujetó la cabeza mientras el dolor regresaba.
-No. No. Por favor. Ya es suficiente. No quiero esto. ¡Jamás quise nada de esto! –Gritó mientras corría nuevamente por los salones de la casa. El lugar comenzaba a hacerse tan grande como las calles de Royal Woods entre más corría. Podía escuchar las risas y gemidos de la familia mientras corría, a aquel toro mugiendo en cada rincón oscuro, y el cerdo que seguía masturbándose mientras lo veía desde algún lugar.
-¡Detengan esto!
Gritó con todas sus fuerzas.
El Lincoln sentado en el sofá de la sala sólo pudo ver con impotencia como la cámara se alejaba de su doble dentro del televisor de pantalla grande. Lidy estaba acostada en ese mismo sofá, con su cabeza sobre sus piernas mientras una mano acariciaba su mejilla con dulzura.
La imagen de la pantalla cambió nuevamente, y Lincoln pudo ver como él mismo era penetrado sin piedad por una porra antes de ser violado. Las imágenes en esta ocasión eran demasiado borrosas para distinguir algo, pero Lincoln sabía lo que había pasado en esa habitación. La mugre dentro de su cuerpo jamás podría ser limpiada. Todavía sentía el semen caliente y apestoso de ese monstruo arrastrándose por sus intestinos.
Lidy tomó el control remoto y apagó el televisor.
Lincoln abrió los ojos. Podía escuchar una bocina que amenazaba con dejarlo sordo. Fue cuando la voz de una mujer comenzó a sonar.
Atención, la purga oficialmente a finalizado, demos gracias a los padres del Estado. Esperamos que hayan tenido una buena purga.
El mensaje se repitió tres veces antes de parar. Entonces Lincoln cerró sus ojos.
NA: La sexta hora transcurre, al menos al final, dentro de la mente de Lincoln después de haberse pegado un tiro. Es una suerte que esa arma hubiera sido pequeña y que Lincoln no fuera un experto en el manejo de ellas, o que no supiera donde apuntar. Es por eso que el disparo no terminó de matarlo.
Supongo que podría haberlo hecho mejor, pero lo cierto es que no se podía hacer mucho con un Lincoln medio muerto. No es como en las películas donde el protagonista sale totalmente ileso después de caer en un montón de basura (¿O me dirán que acostumbran tirar almohadas y ositos de felpa?). Lincoln sufrió daños internos que amenazaban su vida, y finalmente tuvo que optar entre morir en el sufrimiento o morir rápidamente.
Para un niño que ya está roto, la decisión fue muy fácil.
PS: me disculpo por las faltas de ortografía, también si al capítulo final le faltó calidad.
