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La campanilla sonó.
— ¡Tú de nue...! —ignoró a Ino y pasó de largo hasta donde se hallaba Hinata. Levantó la mirada al percatarse del cuerpo junto a la mesa.
— Estoy enamorado de ti. —expresó sin apartar sus negras pupilas de las perlas y sin un atisbo de duda en su voz. Ino y Sai, junto a unos cuantos pobladores que lo conocían, quedaron con la boca abierta. Las mejillas de Hinata colorearon, apartó la vista llena de vergüenza.
— L-lo siento, p-pero tengo... n-novio.
— Mientes. —su voz profunda y masculina la hizo saltar y llevó sus ojos fuera de la ventana. Se levantó con prisa— ¿Donde v...? —él también miró por la ventana, estiró el brazo para detenerla, pero ella ya no estaba en el local.
— ¡Ve tras ella! —exclamó Ino mientras los habitantes murmuraban.
— ¿Una multa? —tomó el papel en sus manos. —No, no... —miró el papel algo asustada pues era el auto de su hermano— ¿Matrícula? —miró al vigilante, Sasuke permaneció detrás de ella en silencio; Ino y Sai observaban desde el pórtico— Mi hermano lo hizo hace un par de semanas. —expresó un poco indignada mirando la fecha— Está mal.
— Hinata.
— La fecha está mal, oficial. Aquí dice que lleva atrasado dos meses.
— Jovencita, no me diga cómo hacer mi trabajo. —colocó sus gafas de regreso en su rostro— Páguela antes de fin de mes o el vehículo será llevado al patio. —Hinata arrugó su frente un poco.
— ¿Me está diciendo que no sé en qué fecha estamos? —preguntó levemente molesta.
— Pase buen día. —dijo el vigilante y subió al vehículo para regresar a la ciudad. Hinata fue al pórtico por un periódico y por más que Ino quiso detenerla fue tarde.
— Q-qué... ¿qué es esto?
— Cariño... —expresó su amiga con un tono levemente triste. Hinata ojeó cada parte del periódico que se encontraba en una caseta. Levantó la mirada confundida y asustada. —Hina-chan, tranquila... ¡No, para! —empezó a sacar cada uno de los periódicos. Todos eran iguales... ¡TODOS! ¡¿Por qué?!
— ¡Hinata! —corrió a la camioneta y encendió el motor; arrancó con prisa, Sasuke detrás de ella en su auto esperando que no acelerara demasiado o podría chocar. El chirrido de las llantas en el garaje pavimentado alertó a sus hermanos.
— ¡Shino, un mal día! —exclamó Kiba mientras salía de la casa. Sasuke también bajó de su camioneta.
— Kiba-kun, l-la fecha... el periódico... —su voz era un hilo, Kiba la abrazaba con fuerza en silencio, ella temblaba. Segundos después llegó Shino con un cuaderno gordo, parecía tener recortes dentro.— Shino-kun...
— Será mejor entrar. —dijo calmado.
Una vez acomodados en la sala —Sasuke parado en el marco de la puerta— Hinata tomó asiento entre sus hermanos y Shino le pasó el cuaderno; ella lo abrió con cuidado, intriga y miedo. En la primera página había un recorte de periódico con un auto al final de una colina, volcado. Ella dio un leve grito sordo al leer el encabezado.
"APARATOSO ACCIDENTE EN LAS
AFUERAS DEL POBLADO KONOHA"
— Regresábamos de la colina y quise evitar un agujero en la carretera... —Shino hizo una pausa corta, pero era eterna para todos; Hinata no apartaba los ojos del cuaderno— La tierra se desprendió justo de tu lado... Perdí el control del auto y nos volcamos veintiocho metros. —la mirada de Kiba se tornó dolida— Desperté a las pocas horas sin nada más que un punzante dolor en la cabeza, pero tú...
Hinata dio vuelta a la página... Le faltó el aire por unos segundos al verse en una fotografía. Su fotografía. Entubada e inconsciente en una camilla de hospital; múltiples golpes y cortadas en el rostro.
— Una semana después del accidente, despertaste.
— Pero no recordabas la caída. —manifestó Kiba al notar que Shino no podía continuar— De hecho, despertaste creyendo que era el domingo del 23 de enero. —Hinata miró a Kiba con rapidez.
— Fuiste diagnosticada con una extraña enfermedad creada por el fuerte golpe que recibiste en la caída. —ella llevó la mano detrás y sintió una pequeña protuberancia, semejante a una cicatriz. El dolor en su pecho creció junto con su mirada perdida.
Pasaron varios minutos antes de que ella emitiera un pequeño sonido.
— ¿Podemos ver... al doctor? —preguntó con mucho cuidado, el miedo aún se percibía en sus palabras; Sasuke la miraba desde el marco y una horrible opresión llegó a su pecho y se atoró en su garganta al escucharla. Shino y Kiba asintieron y caminaron hacia el auto.
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Pasaron más de veinte minutos en el interior de la camioneta —conducía Shino— completamente silenciosos. Ella apartó la mirada del paisaje sereno y el mar calmo para fijarse en el hombre a su lado; quien parecía mirarla de perfil cada cierto tiempo.
— ¿T-tú eres...?
— Un acosador depravado. —interrumpió Kiba antes de que Sasuke pudiera contestar, la mirada de Hinata se tornó sorprendida y Sasuke miró de mala gana a Kiba que disfrutaba el malentendido.
— Es tu novio. —dijo Shino con serenidad, ella quedó más sorprendida aún y posó sus perlas pupilas en el muchacho, quien se veía satisfecho con la aclaración. Sus mejillas colorearon levemente.
— N-novio... —recordó las palabras del joven en la cafetería— ¿C-cuánto tiempo...? —preguntó en su dirección.
— Algo más de un mes. Dos si cuento las veces que me rechazaste. —Kiba emitió una carcajada leve. Hinata bajó la mirada por un momento antes de preguntar; sus mejillas se colorearon un poco más.
— ¿A-acaso nosotros... n-nosotros ya... y-ya...? —Los tres hombres dentro del vehículo sabían a la perfección qué era lo que quería preguntar y los rostros de curiosidad y celos fraternales no tardaron en asediar al Uchiha.
— No. —respondió desganado, como si realmente no quisiera que la respuesta fuera negativa. Hinata sintió un poco de alivio, pero no dejó de estar nerviosa a su lado mientras Kiba y Shino se encontraban más calmados con la respuesta del "desconocido".
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Una vez en el hospital...
— Pasó otra vez. —expresó en un suspiro la mujer de cabello amarillo detrás del escritorio mientras ingresaban al consultorio.— Hola Hinata. —notó que para la mujer, ella ya había venido antes y eso la entristeció, pues no lo recordaba. La mujer se puso de pie. — ¿Cómo va tu sarna, Kiba?
— ¡E-eso ya se curó hace meses, Tsunade! —manifestó incómodo mientras Sasuke lo miraba de perfil.
— Kiba trabajaba con animales, perros por lo general, pero le gustaban tanto que dormía con ellos. —indicó Shino al notar la mirada del Uchiha.
— ¿Y tú? —la mujer de prominente busto señaló a Sasuke.
— Su novio. —manifestó sin un atisbo de duda, Hinata sonrojó con melancolía, pues tampoco lograba reconocerlo. La mujer miró a los muchachos y Shino asintió, Kiba también, pero no de muy buena gana. Tsunade suspiró y sacó de su escritorio un sobre con unas radiografías y las colocó en la pantalla de luz, tomó aire y expresó.
— Acérquense... Sí, tú también enamorado. Voy a decirlo una sola... ¡Kiba, saca tus pies de mi escritorio! —miró a la chica de forma ruda, pero con tacto de madre.— Tienes amnesia anterógrada es un tipo de amnesia, o pérdida de memoria, donde los nuevos acontecimientos no se guardan en la memoria a largo plazo. Es decir, perdiste la capacidad de almacenar nuevos recuerdos desde el accidente. —dijo tanto a Hinata como a Sasuke, interesado en conocer más de ella.
— ¿Tiene...?
— No. No hay cura. —expresó con un poco de rudeza, pero algo de calidez en el fondo. Ella bajó la cabeza una vez más, la doctora colocó la mano en su hombro.— Pero no es tan grave, créeme. —Hinata no comprendió. —Sígueme. —expresó para ella, pero los hombres a su cuidado también la siguieron.
Luego de pasar un par de pasillos, llegaron a una habitación llena de pacientes.
— Él es Lee. —dijo una vez se encontraban delante de un muchacho con ojos redondos y cabello negro liso, con un extraño y feo corte de maceta.— Lee era un luchador de la UFC*
— ¡Hola! —expresó el muchacho con energía.
— Hola. —respondió Hinata con cortesía.
— Hola. —contestó Shino mientras se daban la mano.
— Hola. —sonrió Kiba. Sasuke respondió con la mirada.
— Lee sufrió un fuerte golpe en la parte trasera luego de una pelea, hace más de tres años.
— ¡¿En serio?! —preguntó asombrado, los demás estaban confundidos.
— Sí, Lee, pero lo olvidarás en tres... dos... uno.
El joven, no mayor de 25, parpadeó un par de veces y volvió a sonreír en dirección a los presentes.
— ¡Hola! —expresó con alegría, una vez más.
— H-hola.
— Hola. —respondió Shino un poco consternado.
— Hola. —dijo Kiba dándole la mano con asombro. Sasuke volvió a responder con un movimiento de la cabeza sin dejar de lado el espanto.
— Como se pudieron dar cuenta, la memoria de Lee no dura más allá de diez segundos. —Hinata abrió los párpados en su totalidad— Los recuerdos anteriores a ellos aún están presentes, pero no puede almacenar nada nuevo... No después de pasados diez segundos. —Sasuke le dio una mirada rápida a la muchacha quien se veía dolida, pero también preocupada por el joven delante de ella.
— ¡Hola!
— Ho-hola.
— Hola. —respondió Kiba algo molesto.
— Muerde. —expresó Sasuke mientras aceptaba el gesto del muchacho— Tuvo sarna un tiempo. —expresó con malicia.
— ¿Sarna? —Lee le dio un vistazo rápido— ¡Tienes un estilo muy perrón! —expresó con una sonrisa. Y por primera vez en lo que iba del día, Hinata sonrió.
— ¡Como te atreves a...!
— Cálmate, Kiba. No es su culpa que tenga razón. —Kiba arrugó la frente.
— ¡Hola!
— H-hola...
— ¡Ya nos presentamos, maldición! —Hinata volvió a sonreír.
— Kiba... —suspiró Shino.
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Regresaron a casa después de una despedida de más de dos horas junto al muchacho de nombre Lee. Shino tomó por el hombro a Kiba para darle espacio a Sasuke y Hinata; una conversación corta.
— Todo esto... Estoy algo agotada. —dijo con tristeza. Sasuke la miraba de forma fija, lo que la puso incómoda. —¿Q-qué haces? —por un momento pensó en darle un beso, algo tierno en la mejilla o la frente, pero con todo lo que había pasado quizá no era buena idea ponerla en un estado de estrés.
— Descansa. —ella sonrió melancólica, antes de ingresar a casa la tomó por la mano, lo que la hizo voltear con un brinco suave. — No sonrías de esa manera, mañana volveré a verte. —expresó con suavidad. Ella se soltó lentamente y empezó a realizar un gesto infantil con sus manos delante de su pecho.
— S-Sasuke-kun —su voz era igual a la de otros días— G-gracias... creo. —hubo una pausa corta— Me gustan los rollos de canela.
— Lo sé, siempre pides eso en la cafetería. —ella levantó la mirada con calidez. — También sé que dibujas muy bien. Algún día te dejaré retratarme desnudo. —su sonrisa dulce desapareció y su rostro enrojeció. —Así eres más hermosa. —sonrojó más y le dio la espalda.
— S-Sasuke-kun... yo, eh, me... me gusta prensar flores. —expresó con vergüenza y timidez. Giró la cabeza para observarlo de perfil— Es para... p-para que no falles mañana. —y entró a la vivienda con rapidez.
Sonrió con suavidad mientras regresaba a su auto, Kiba y Shino habían desaparecido a la parte trasera de la casa para darles privacidad. Pasó junto a la camioneta marrón y notó el libro de recortes sobre la guantera. Lo tomó sin que lo vieran y subió a su propia camioneta para regresar a casa.
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El sonido del vehículo en el exterior era inesperado, nunca recibían visitas. Kiba salió y realizó una mueca de disgusto, pero igual lo dejó pasar.
— ¿Quién es, Kiba-kun?
— Un... —miró a Sasuke de perfil— Tiene algo para ti.
Tenía su cabellera larga recogida en una coleta alta y un mandil de ositos muy femenino que la hacía ver como una muñeca de porcelana.
— ¿Algo para mí? —secó sus manos en la toalla de la cocina y se acercó a Sasuke; extendió un ramo de manzanilla romana* y una envoltura pequeña.
— Les darás un buen uso. —expresó al entregarle las flores; ella sonrió. Shino apareció en las escaleras. Hinata fue al comedor para ponerlas en agua y luego se enfocó en el paquete.
— ¡Un video! —dijo emocionada, Kiba y Shino cruzaron miradas antes de acercarse a Sasuke no muy contentos. Hinata fue a la sala para reproducir el DVD.
— ¿Qué tramas, depravado? —murmuró molesto.
— Es sólo una idea. —los tres la siguieron— Si no funciona, sólo perderemos un día. —Ella tomó asiento, llena de intriga y emoción, delante del televisor. Sasuke respiró profundamente sin que los demás se dieran cuenta.
Unas palabras empezaron a aparecer en la pantalla junto a una canción suave de fondo.
"Hola, Hinata"
"¿Es un bello día, no?"
"Antes de salir a caminar por la playa..."
Un sinnúmero de imágenes actuales sobre noticias, presidentes, animales y otras cosas sutiles emergieron en una mala edición que le dio una risilla suave.
"... debes saber que..."
El recorte del accidente se plasmó en la pantalla y tanto Kiba como Shino se miraron con miedo y molestia. La alegría en el rostro de Hinata desapareció.
Después apareció su fotografía por unos segundos y poco a poco se perdió en el fondo oscuro. Las lágrimas saltaron como lava hasta que una voz emergió en la pantalla...
— Hola. —el rostro de Sasuke estaba en primer plano, ella quedó confundida— Mi nombre es Sasuke Uchiha y voy a explicarte lo que hago todos los días para que te fijes en mí. —la cámara se desplazó hacia un costado en la misma mesa y pudo distinguir a un muchacho musculoso con una peluca amarilla larga de coletas mal puesta en la cabeza y dos protuberancias —naranjas, tal vez— una más arriba que la otra que le daban un estilo de travesti mal pagado.
— ¡Hola, Hinata-chan! —saludó el joven de azules ojos— Soy Naruto, el mejor amigo de Sasuke. No te conozco, pero mis hijos dicen que eres un amor. —expresó con una sonrisa— Cuando lo rechazas corre a mis brazos. —expresó coqueto hacia el chico, Sasuke chasqueó la lengua.
— Vas a ayudar o no.
— ¡Claro, de veras! —aclaró la garganta y forzó una voz femenina— Hola idiota~, ¿cómo te llamas~?
— ¡Así no, viejo! —expresó una voz infantil detrás de la cámara.
— Perdón, perdón. —volvió a aclarar la garganta— Hola~ —Sasuke suspiró, pero respondió con respeto.
— Me llamo Hinata y creo que tienes un carácter muy jodido. —Sasuke arrugó la frente, el chico de nombre Naruto miró a la cámara de nuevo. — ¡Es cierto! —bajó un poco la voz— Vivimos en el mismo departamento y es un caos.
— Tú eres el caos. —aclaró Sasuke de mala gana.
— Papá, uno de tus pechos está caído. —se escuchó otra voz infantil detrás de cámara. Naruto miró su pecho y sonrió avergonzado. Mientras lo acomodaba miró a la cámara una vez más.
— Tú no los tienes así, verdad, Hinata-chan.
— ¡PAPÁ! —exclamaron unos niños mientras la cámara se movía con brusquedad.
— ¿Cuándo saldré yo? — expresó una voz familiar para la chica, Sasuke suspiró molesto, se levantó y la cámara lo siguió hasta otra mesa; al pasar por la ventana notó que era de noche.
— Tienes una enfermedad que te impide guardar los recuerdos de lo que haces durante el día, pero eso no es problema para mí; por eso somos novios. —ella volteó sorprendida y sus hermanos asintieron; Kiba no de buena gana— Al ver esto no quiero que te pongas triste, porque las personas que cuidan de ti no se merecen tus lágrimas, sino tu sonrisa. —con un movimiento sutil de la mano la cámara volteó y encontró a Ino.
— ¡Hola, Hina-chan! —sonreía con mucha vivacidad— Linda, debo admitir que al principio lo detestaba, incluso estuve a punto de meterlo preso por su insistencia, pero debo admitir que... —sonrió con confianza en dirección al muchacho— Es un buen tipo. Algo idiota, pero bueno al fin de cuentas.
— ¡Yo también creo que es un idio... ¡TAGHHH! —se escuchó un golpe y la voz de Naruto ahora eran gemidos y maldiciones a voz baja. La cámara volvió a moverse y enfocó a Sai.
— Hinata-san, sólo te diré que Sasuke-san debe tener problemas de impotencia sex... —la grabación se cortó, todo se volvió oscuro y de un segundo a otro apareció el rostro de una niña de unos 10 años, sus ojos eran iguales a los de Naruto y su cabellera amarilla era opaca.
— ¡Hola, tía Hinata! ¡Soy Suiren y ya nos hemos visto! —era muy efusiva y sonriente— ¡Me agradas mucho y me pregunto qué le viste a tío Sasuke! Es que él es algo... idiota.
— ¡Bien dicho, hija! ¡Agh! —la cámara la tomó la niña y luego se colocó un pequeño rubio de 8 años con ojos de tono rosa pálido.
— Hola, tía Hinata. Soy Yanagi, el hijo menor de Naruto, mi papá. —su rostro infantil y calmado era muy dulce— También nos hemos visto y creo que eres muy afortunada al conocer a Tío Sasuke, él es muy buena persona.
— ¡¿Acaso compraste a mi hijo, Sasuke?! —se escuchó a la lejanía. Hubo otro corte y al encender la cámara, estaba Sasuke de nuevo frente a la lente.
— Hubiera tomado en cuenta a tus hermanos, pero luego no me dejaban darte el video. Recuerda una sola cosa: Te amo.
Sus latidos estaban acelerados y en su mente no sabía si reír o llorar, así que limitó a levantarse y agradecer a su recadero el video; su tono era dulce, pero distante y algo cortado. Dejó el delantal sobre el sofá y dejó la casa rumbo al muelle, donde tomó asiento y empezó a tararear la misma melodía que Sasuke escuchó la última vez.
Para Sasuke, Shino y Kiba pasaron años hasta que Hinata se levantó y regresó donde ellos; sus ojos no estaban rojos, pero él estaba seguro que derramó unas cuantas lágrimas. Miró a Sasuke con un leve sonrojo.
— Entonces... ¿Desde hace...?
— Un par de meses. —interrumpió sin ser grosero.
— Y ya... ya lo... —no quería preguntarlo, pero debía estar segura.
— No. —respondió en un suspiro que a los hermano de Hinata no les gustó; a leguas se notaba que quería lo contrario.
— Tenemos tiempo, pero, eh, si no te molesta ¿podríamos tener una cita? —Sasuke levantó las cejas levemente— ¿D-de nuevo? —acotó algo más nerviosa, pero mirándolo a los ojos.
— Es la primera vez que pides eso. —expresó con una sonrisa ladina que lo hacía ver más varonil y maduro que nunca antes; bueno, para ser su primera vez a su lado. Hinata miró a sus hermanos esperando que la respuesta no sea negativa. Shino suspiró y abrió la boca.
— ¡No te atrevas a llevarla a un hotel! —interrumpió Kiba cruzado de brazos, ella sonrojó y Sasuke lo miró de mala gana. Shino... volvió a suspirar.
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Pasaron varios días desde que recibió la grabación. Cada día era lo primero que Kiba y Shino le daban para que Sasuke pudiera salir de la camioneta estacionada en el exterior desde muy temprano, y aunque expresaba siempre las mismas palabras y preguntas al verlo él no dejaba de sonreírle a ella y sólo a ella.
Uno de esos días conoció a Tamaki, la chica con la que Kiba salió alguna vez... y que ahora volvía a estar a su lado después de comprender el porqué de su repentina separación. Otro días ambos fueron a la colina a caminar, por la pradera, a un boliche, a un karaoke, restaurantes, entre otros muchos lugares que para Hinata eran nuevos... y para él igual.
Una de sus innumerables citas se encontraban en la playa. La oscuridad sobre el océano le daba un aspecto pétreo y hermoso al resplandor de la luna. Ella tenía una flor blanca en su cabeza y sonreía mientras sujetaba una videocámara.
— ¿Cuál es el punto?
— Quiero actualizar el disco. —dijo con agrado. — ¿Qué es lo que llevas en el pecho?
— ¿Esto? —sacó de adentro de su camiseta un dije con forma de abanico de color rojo y blanco— Es un dije. Me lo dio mi hermano antes de morir. —ella bajó la videocámara avergonzada por preguntar, pero percibió un aire relajado en su comentario— Falleció de cáncer cuando era un niño, ya lo superé. —él la observó y llevó sus manos detrás de su espalda.
— ¿Q-Qué estás haciendo? —Sasuke se quitó el collar y lo abrochó alrededor de su cuello— Es de tu–
— Lo he llevado por más de 20 años. —ella lo observó sin sacárselo— Siempre me tiene presente su recuerdo.
— N-no puedo aceptar algo tan per... —la detuvo para que no se lo quitara.
— Te amo. —interrumpió.
Su corazón empezó a latir con fiereza en su interior, sonrojó y, por poco, suelta la cámara.
Él expresaba sus sentimientos con tanta determinación pero ella apenas lo conocía, apesar de todo lo que le dijo el video... y le decía cada nuevo día. ¿Qué importa? Su corazón le decía que no había nada malo en lo que estaba pasando con aquel extraño al que podía llamar "novio" y se acercó a él con un gesto tímido para darle un beso en la mejilla como agradecimiento por todo su esfuerzo y por ese bello regalo —que guardaría en un lugar seguro—, pero Sasuke la tomó de la cintura y plantó sus labios en los de ella con un movimiento suave, pero apasionado que la derritió por unos segundos.
El tiempo se detuvo durante esa fracción de tiempo y cuando Sasuke se apartó de ella sus ojos estaban levemente húmedos y sus mejillas rojas y una sonrisa algo torpe en sus labios sabor a más.
— N-nuestro primer beso...?
— Sí. —respondió tranquilo, coqueto y afortunado de que ella no reaccionara de mala manera.
... y así como esa, el resto de sus citas terminaban con un beso robado al que Sasuke siempre respondía con seguridad un "Sí".
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Jamás le dio importancia al número de citas que llevaba con ella, lo único que importaba era su compañía, nada más. En esa en particular regresaron a casa antes de lo acostumbrado por un desperfecto con el auto y esperaban llamar a la grúa desde su casa.
— ...y por eso lo detesto. —dijo mientras ella reía con la bandeja con jugo fresco y galletas— ¿Tus hermanos?
— Shino-kun quería echar un vistazo a una nueva especie que llegó al museo y Kiba-kun salió con Tamaki-san... Algo de llegar mañana y diversión de la buena dijo antes de salir. ¿Habrán ido al boliche? —él sonrió al notar su inocencia. — ¿A qué hora llega la grúa?
— No vendrá hasta mañana. —respondió molesto— Dijo que está ocupado multando a los autos que no se parquean como es... Hay una convención en el Centro. —respondió al verla confundida. —No te preocupes, el mecánico vedrá en una hora. —ella sonrió y ambos se sentaron a ver una película por cable que contrató Kiba desde que ella veía el video.
Pero la hora pasó... y otra... y otra... ¡RING! ¡RIING! ¡RIIING!
— ¿Aló? (...) ¿Cómo que no vendrá? (...) ¡Maldita sea! (...) ¡Sí, sí! (...) Sí, bien. —colgó la llamada.
— ¿Qué sucede?
— No puede venir hasta mañana, se le fundió la batería. Tss... —pasó la mano por la cabellera y dio un vistazo por la ventana. — Llévame al pueblo, allí tomaré un... ¿Qué?
— Es que... Kiba-kun se lo llevó. —dijo apenada al ver que la hora pasaba de las diez de la noche— ¡Pero te puedes quedar a dormir! —En ese mismo segundo ambos se miraron de golpe, ella sonrojó y cubrió su rostro— ¡N-no quería decir eso! —Sasuke suspiró.
— Te entiendo. —dijo con un tono decepcionado— Descuida, dormiré en la alcoba de Kiba, aunque me pase las pulgas.
— Kiba-kun cierra su habitación con llave.
— Entonces en la de Shino.
— Él también... —suspiró pesado.
— Bien, el sofá. Sólo dame una colcha y un par de almohadas. —Hinata bajó la mirada arrepentida de que tuviera que dormir en unas sillas, pero más que todo las palabras de Ino revoloteaban su mezclada cabeza desde que habló con ella esa mañana. Su flequillo cubría su rostro, pero el ardor en él era abrumador.
— ¿S-Sasuke-kun?
— ¿Hmm? —él estaba juntando los cojines de los muebles para hacerla más cómoda.
— B-bueno yo... Y-yo lo estuve pensado todo el día y, b-bueno... —Sasuke percibió su nerviosismo— Y-yo sé que has sido muy lindo conmigo y, bueno, yo, pues, eh...
— ¿Hinata? —levantó una ceja y arrugó un poco la frente.
Su cabeza estaba muy atormentada y, bueno, aunque quizá no lo recordaría mañana, Ino había sido muy clara: "Niña, vive el presente. Sabes a lo que me refiero." Hinata ya tenía la edad suficiente como decidir por sí misma qué hacer y qué no.
Apretó los párpados con fuerza, apretó los puños con fuerza y se lanzó hacia Sasuke, uniendo sus labios con los de él de una manera torpe, pero tan deleitable para el muchacho que sus intenciones por poco se desvanecen; ambos terminaron sobre el sofá. Ella se apartó luego de unos eternos minutos.
— No tienes que hacerlo si no quieres, Hinata. —respondió cariñoso— Y mejor b-bájate antes de que no pueda controlarme. —indicó algo incómodo al verla sentada sobre sus piernas.
— P-pero... —expresó casi callada.
— Hinata, no estoy contigo sólo para tener una noche de sexo —esa palabra la sobresaltó un poco—, yo te amo. —Él evitaba moverse pues la posición de sus cuerpos era demasiado comprometedora— Esta es la p-primera vez que actúas así y no negaré que me agradó, pero si tú...
— Y-yo quiero. —respondió en un susurro.
— ¿Qué?
— Yo a penas te conozco —inició lento pero firme— y, bueno, tengo 24... no 25 y, pues... Y-yo quiero saber qué se siente. —Sasuke estaba como una estatua, fijo en sus ojos perla— No quiero estar contigo c-como gratitud por tu trato... B-bueno, tal vez un poco, pero siento que, pues, m-mi primera vez sería un regalo que al menos uno de los dos será capaz de recordar por nuestra... r-relación.
Sasuke bajó la cabeza y su cabello creó una sombra en su rostro.
— ¿Estás segura? —demandó con una voz ronca y profunda.
— Si... ¡KYA!
De un salto se levantó del sillón sosteniéndola con ambos brazos por debajo de sus piernas como una princesa. Levantó la mirada para clavarla en ella. — No tienes idea de cuanto tiempo me he estado controlando. —murmuró de manera ronca y pasional que erizó cada uno de los vellos en su cuerpo. Empezó a caminar hasta su recámara y la depositó suavemente en el colchón.
Sasuke se despojó de la camiseta y un abdomen fornido junto a un par de brazos tonificados la sonrojó con furia. Ella respiró profundo y con algo de vergüenza se quitó la chamarra, luego la blusa... el brasier. Cubrió su pecho de golpe apartando sus ojos de los de él. Sus labios volvieron a unirse con pasión, pura y agolpada pasión que envenenaba cada centímetro de sus cuerpos. Poco a poco ella se acostó y le permitió que esas manos recorrieran a gusto su piel, creando cosquillas placenteras. Sus respiraciones aceleraban poco a poco. Sus cuerpos en contacto desprendía una temperatura cada vez más potente y el jugueteo que Sasuke creaba con su lengua y sus manos la hacían sentir en un mundo completamente nuevo.
Un mundo nuevo, desconocido y del cual ya no podría salir... Pero con Sasuke a su lado nada del resto daba importancia.
Aunque la experiencia era el cielo para Hinata, Sasuke sentía una horrible presión que lo hacía sentir torpe. ¡Torpe! Estar con ella, besarla, acariciarla, sentir su suave piel, lo hacía actuar como un adolescente estúpido en su primera vez y, pero lo peor de todo era esa bruma en su mente que repetía en su mente una y otra vez: Aprovechado–pervertido.
De un segundo a otro se apartó de ella. Hinata cubrió su cuerpo con la sábana, algo asustada. — ¿Q-qué sucede?
— No está bien. —tomó asiento al borde de la cama y pasó sus manos por el cabello con un dejo de arrepentimiento, molestia y decepción. —Esto es estúpido, pero siento que me estoy aprovechando de ti.
— Sasuke-kun.
— Hay algo que no te he dicho, nunca. —tomó aire antes de seguir— Yo estuve con muchas mujeres por simple juego, pero cuando te conocí todo eso paró. Sólo era capaz de pensar en ti y sólo en ti. Luego intentaba conquistarte día a día y me enamoraba más y más. No negaré que muero de ganas de hacerte mía, pero siento que de esta forma está mal.
Hubo una pausa silenciosa y estrujante en la habitación que estrujaba su pecho con fuerza... hasta que sus delgados brazos lo rodearon por la espalda.
— Sasuke-kun —comenzó a murmurar en su oído de una manera suave y calmada—, está bien. Cuando vi el video esta mañana, me pregunté qué número sería... Supongo que siempre he de preguntarme lo mismo; no lo sé. Pasar el día contigo me demostró un mundo completamente nuevo y hermoso al cual tú me llevas a diario. Me entristece un poco saber que sientes algo tan lindo por mí y yo no soy capaz de recordarlo. Realmente sería lindo recordarlo, pero como no puedo tú lo haces por mí y por más que lo he pensado, quizá siempre lo pienso, jamás seré capaz de devolverte todo ese amor que me demuestras.
Sus suaves y tibios labios besaron su espalda y un corrientazo recorrió su cuerpo como una explosión cálida.
— Esta es la primera vez que estaré con un chico y, aunque no sé nada de ti, el hecho de tener presente ese amor que me tienes es suficiente para mí. Pienso que es el único regalo que puedo darte y aunque no lo vaya a recordar mañana, saber ahora que tú sí podrás es suficiente para mí.
Sasuke volteó y la miró directo a los ojos.
— No quiero preocuparme por el pasado, Sasuke-kun, porque vivo en él todo el tiempo. —la mezcla de timidez y firmeza la hacía ver dulce y sexy— S-si pudiera sentir lo mismo que tú sientes por mí, pienso que... que esta sería la única forma de expresarlo sin palabras.
Colocó las manos en sus hombros, ella sintió cómo temblaban un poco, y acercó su rostro al de ella. Sus besos eran más suaves, más profundos. Ambos saboreaban la pasión y la lujuria, pero algo había cambiado en esos gestos. Sasuke ya no sentía presión, ya no estaba ansioso, sino nervioso. Tocar su cuerpo era como tocar a una mujer por primera vez... No. Era como estar con una diosa. Sin preocupación, sin temores y ella no sólo estaba disfrutando de su tacto, sino que le estaba regalando algo de ese sentimiento que Sasuke expresaba por los dos.
No estaban juntando sus cuerpos en un baile de sensualidad y deseo, sino que estaba desnudando su alma y sus sentimientos delante del otro...
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El sol en la ventana acarició su cabello, sus pestañas poco a poco abrió los ojos pues la calidez que la rodeaba era nueva. Un movimiento la alertó por un segundo. ¿Había alguien a su lado? Unos brazos la rodearon por la cintura desde la espalda. Su cuerpo se tensó cuando se dio cuenta que, quien sea que estaba detrás de ella con tanta comodidad, no tenía ropa... ¡Y ella tampoco!
Abrió los ojos de par en par y giró el rostro.
Un hombre en sus veintes, cabello negro y piel blanca estaba dormido en su cama. ¡Su cama! ¡A su lado! ¡D-Desnudo!
Dio un grito tan agudo y fuerte que no sólo Sasuke cayó al suelo con el corazón en la garganta y un pitido en sus oídos, sino que Kiba resbaló por las escaleras mientras bajaba con una bandeja de agua y Shino soltó el sartén con los huevos revueltos que preparaba para los tres —ellos no habían visto la camioneta de Sasuke, pues la estacionó del otro lado de la vivienda.
Ambos hermanos corrieron a su habitación, antes de llegar al pasillo se escuchaba la voz de ella gritándole: "¡Pervertido!" y él respondiendo con un "Cálmate y te explico." Kiba abrió la puerta de golpe, Shino detrás.
— ¡TÚ! —bramó el castaño con rabia, Shino simplemente permaneció en silencio— ¡Cómo te–! ¡POK! ¡CRASH!
Sasuke tenía el pantalón puesto, pero el torso descubierto; Hinata usaba una mano para cubrirse con una colcha y con la mano libre le aventaba cosas. Una de esas fue una figura de cerámica con forma de tigre que voló por la habitación y terminó golpeando la cabeza del azabache por su descuido cuando entraron los hermanos. Hinata se apartó de la esquina para ver el cuerpo sin vida del degenerado; Shino la rodeó con sus brazos para calmarla mientras Kiba se acuclilló junto al ser inconsciente.
— ¿L-lo maté? —preguntó asustada.
— No. —expresó algo decepcionado, Shino sacó el celular de su bolsillo sin soltar el cuerpo tiritante de su hermanita— ¡Pero puedo subirlo a una cama inflable y lanzarlo al océano! —Hinata no respondió la broma, Shino tampoco.
— Ve por el DVD.
— Espera, espeeera... —tomó un marcador permanente cercano con un rostro malévolo y travieso.
— Ahora, Kiba. —insistió tranquilo mientras esperaba que contestaran en la línea— Aló, Dra. Tsunade, necesito que venga.
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— ¡Agh! —expresó Sasuke cuando la mujer rubia hundió el dedo en el chichón que le causó el golpe.
— Estarás bien, niño. —expresó al recetar algunas pastillas para el dolor y la inflamación— No olvidarás nada si eso te preocupa. —Sasuke chasqueó la lengua al ver su mirada plagada en esesentido.
— ¿Cómo está Hinata? —preguntó Shino.
— Bien, bien. Un susto por despertar junto a un pervertido, pero nada que no vaya a olvidar mañana. Por ahora sólo dejen que vea el video. —Por alguna razón Shino y Kiba no esperaban escuchar eso.
— No me aproveché de ella.
— Yo no dije eso. —respondió la mujer mientras guardaba su recetario y la pluma junto al tensiómetro y el estetoscopio que utilizó para examinar a la chica en la alcoba. — Pero procura no volver a despertar junto a ella si lo vuelven a hacer. —La incomodidad en Sasuke era tan notoria como la molestia en Kiba. Tsunade adoptó un rostro serio, mucho más que el anterior— Ten cuidado con lo que haces Sasuke.
— ¿A qué te refieres?
— Sabes perfectamente el tipo de enfermedad que ella tiene. Fingir que ambos sienten lo mismo sólo por mostrarle el DVD a diario no cambiará nada.
— Tarde o temprano me recordará. —Todos en la sala se miraron entre ellos antes de mirar a Sasuke.
— No, Sasuke. —respondió Tsunade cruzando los brazos y arrugando un poco la frente— El síndrome de Hinata no tiene cura, niño. No importa cuanto tiempo pases con ella, cuanto le demuestres tus sentimientos, ella jamás será capaz de recordarte. Es difícil de aceptar, pero es así. Ellos también pensaron lo mismo —los miró de manera fugaz—, quizá lo siguen pensando —Kiba y Shino bajaron la mirada—, pero es un hecho con el que tienes que lidiar.
Un silencio abrumador y denso recayó en la sala por un momento.
Hinata abrió la puerta con cuidado, quería algo de beber, pero al llegar al pasillo se detuvo al escuchar la voz del sujeto con el que despertó hace unas horas.
— No me importa. —respondió serio. Tsunade tomó asiento como si estuviera en casa.
— Dime, Sasuke. ¿Cuál es tu sueño?
— ¿Mi sueño?
— Si, tu sueño. Meta. Objetivos a largo plazo. ¿Qué era lo que querías hacer antes de conocer a Hinata.— Pasaron varios silenciosos minutos.
— Viajar, creo. Ir a Australia.
— ¿Por qué? —preguntó la mujer.
— Trabajo como bioquímico experto en venenos. Me llamaba la atención ese lugar por tener los reptiles más mortíferos. Quería abrir un laboratorio allí para crear vacunas de algunas de las especies que aún son complicadas de estudiar.
— ¿Y cuando piensas viajar?
— Ya no. —respondió con total seguridad— No podría alejar a Hinata de este entorno, sería muy estresante para ella y quiero evitarle más inconvenientes. —Kiba y Shino se dieron una mirada rápida. Tsunade cerró los ojos por un momento y Hinata colocó sus manos delante de su boca al oírlo.
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—... cayó y yo le dije que no lo intentara o me vería verdaderamente enfadado. —Suigetsu limpiaba con minuciosidad los recolectores y los estantes— Bueno, no se lo dije, lo pensé. Ella también es científica, sabes, estudia genética. Creo que tenerla como amiga me ayudará a pasar el último año y por eso no le reclamé como era debido, ¿tú que crees? —el silencio lo irritó un poco— Oe, Sasuke. ¡Oe! —Se acercó y le pegó con la mano en la cabeza lo que lo distrajo de las anotaciones y le clavó una mirada asesina al nuevo por lastimar su chichón pulsante.
— Joven Sasuke. —Orochimaru apareció en la puerta— Tienes una hermosa visita. —dejó de golpear a Suigetsu con la tabla de apuntes y su rostro se iluminó al ver a Hinata con ese tinte tan juvenil y cálido.
— Buenas tardes. —expresó de forma cortés y algo tímida.
— ¿Quien es e–agh? —lo empujó y salió del lugar agarrando la mano de Hinata con amor. — ¡Qué le pasa! —refunfuñó Suigetsu.
— Si mis instintos no me fallan —acotó mientras remarcaba un poco las eses—, ella debe ser la elegida.
— ¿A qué te refieres, Orochimaru-sama? —El hombre de cabello largo y aspecto pálido le guiñó el ojo y continuó ordeñando a la serpiente en su cuello. Un escalofrío recorrió su cuerpo, realizó unas cuantas arcadas y se levantó del suelo para continuar limpiando los estantes.
En el jardín delantero del laboratorio, Sasuke y Hinata tomaron asiento en unas bancas. Ella estaba callada y algo triste.
— Saldré en unos minutos, si me... ¿Qué te pasa? —ella levantó la mirada— Hi...
— Debemos terminar. —expresó tranquila, avergonzada y directa. Él quedó en blanco por unos segundos.
— ¿Qué dijiste? —ella tomó aire para darse valor.
— Sasuke-kun... debemos ter–
— No.
— Sasuke-kun.
Él se levantó de la banca con su corazón destrozado. — Vienes a mi trabajo para decirme eso. —respiró para calmarse— Lo que sea que haya pasado, no importa. Mañana estaremos bien de nuevo.
— No, Sasuke-kun. Yo... Yo no dejaré que sigas con esto. —Hinata también se levantó de la banca y ambos se contemplaron por un momento, luego ella bajó la mirada y suspiró suavemente antes de mirarlo afligida. — Escribo un diario.
— ¿Desde cuándo?
— Desde el primer día que vi tu DVD... o eso espero. —el pecho de Sasuke se comprimía más y más— Hoy... Hoy voy a transcribir todo y voy a eliminar las partes en las que te menciono.
— ¿Por qué haces esto? —dijo como una orden, pero su tono de voz era dolido.
— Porque no quiero que vivas aferrado a algo que no va a pasar. —expresó consternada mirándolo directo a los ojos— No quiero que dejes a un lado tu vida para estar atrapado en la mía.
— Yo no estoy atrapado en–
— Lo estás. —interrumpió— A mi lado no hay futuro, Sasuke-kun. Ni tú ni mis hermanos podrán vivir una vida normal si yo estoy presente. —de sus perfectas perlas no salían lágrimas, pero no dejaban de estar algo rojos y nublados— Antes de conocerme tenías sueños... Una vida.
— Tú eres mi vida. —ella negó con suavidad.
— No, Sasuke-kun. —Hinata suspiró apartando la vista y posándola en el horizonte de bronce y naranja— Antes de... De sacarte de mi diario, quisiera que fueras a casa para que leyeras las páginas que hablan de ti. Creo que mereces saber lo que pensé sobre ti en ese momento. —apartó la vista del horizonte.— Adiós.
Sasuke la vio alejarse y a la camioneta con ese estúpido animal dibujado en el costado, y a Kiba tras el volante abriéndole la puerta a su hermana... y el auto alejarse en la carretera.
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No quería ir. Creía estar en una horrible pesadilla de la cual despertaría con un golpe de Naruto o un brinco de Suiren en el estómago, o salpicones de agua de Yanagi. Pero, aún así allí estaba, frente a la puerta de la casa de Hinata, porque aunque no quería admitirlo, era real. Era verdad. Ella lo sacaría de su vida si así quería y él no podía impedirlo porque tenía derecho a no pensar más en él si así quería.
— Tss...
Tocó la puerta y ella la abrió. Sonrió de una forma lejana pero dulce e ingresó.
— ¿Kiba y Shino?
— Les dije que necesitábamos privacidad. Sube, llevaré unos refrigerios. —no respondió pero obedeció. El camino hasta su recámara jamás le había parecido tan largo y tortuoso.
Sasuke tomó asiento frente a la computadora que tenía abierto un archivo vacío de texto. Examinó la habitación al estar solo. Notó que hacían falta muchas de las figuras que le aventó esa mañana. Notó que todo estaba impecable. Notó la cama ordenada y recordó la noche pasada. Cerró los ojos por un instante y recordó el calor de su piel tersa, su respiración agitada y esos sonidos de placer, sus labios y esos finos dedos que se enterraban en su espalda cada vez que él profundizaba en su interior con vigor y dulzura, pero sobre todo esas palabras que dejaron su corazón derretido: "Desearía amarte de la misma forma..."
— ¿Sasuke-kun? —abrió los ojos y se acomodó en la silla con la vista en ella.
Hinata sacó de uno de los cajones un viejo cuaderno, grueso por los recortes, fotos, recuerdos, detalles... Cada latido en su interior era un aguijón enterrado en su interior. — Listo. —expresó cabizbajo, pero con un aire orgulloso y dulce. Ella lo miró con media sonrisa y se situó en la primera página...
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Las últimas tres páginas...
— E-esa parte no. —dijo nerviosa y con sus mejillas rojas— Con eso será suficiente.
— Habla de mí, no es así. —ella asintió y él tomó el cuaderno sin que ella pudiera negarlo, pero cubrió sus palabras de los ojos curiosos del muchacho— ¡Ha-habla de anoche! —Sasuke levantó ambas cejas por un momento.
— ¿En qué momento lo hiciste?
— Luego d-de que te quedaras dormido... —respondió con los ojos cerrados. Sintió su mano en la mejilla y abrió los ojos de golpe. Su mirada masculina era cálida y le pedía permiso para saber qué había pensado ella. Realmente quería saber. Apartó la vista y las manos del cuaderno. Sasuke comenzó a leer.
"No sé qué es (o será) más incómodo: escribirlo o
leerlo. Anoche fue la primera vez que estuve con
él y, bueno, fue... fue muy lindo. Él es lindo."
Sasuke sonrió al leerlo.
"Tiene un abdomen muy fornido."
Levantó una ceja y miró a la chica, pero esta se cubrió el rostro con ambas manos. Sasuke prosiguió.
"Pienso que Sasuke-kun fue muy dulce y sensible
conmigo... nosotras. Sonará algo vergonzoso,
pero si volviéramos a estar juntos sería muy
bello y, quizá, sería bueno ju... jugar un poco."
Sasuke sintió una mezcla de cariño, tristeza y orgullo al leer sus palabras. Antes de cerrar el cuaderno alcanzó a ver un apunte en la esquina de la última hoja escrita.
"Cuando le susurras al oído y besas su cuello,
o su espalda, él tirita de manera suave y eso
me pareció lo más tierno y hermoso de todo."
"Es un... consejo para la próxima."
Cerró el cuaderno. Contempló su rostro rojo a través de sus dedos. No podía evitar sentir una explosión de ternura, cariño, amor y, al mismo tiempo quebranto y dolor. Hinata saltó sutilmente cuando él colocó el cuaderno sobre sus piernas.
— Sobre lo último... —comentó recordando la noche juntos— Un consejo muy práctico. —Hinata levantó la mirada del cuaderno y sus mejillas volvieron a encender, apartó sus ojos de él y Sasuke suspiró con una sonrisa melancólica y algo coqueta. Tardó varios minutos apartar sus ojos de ella para fijarse en la pantalla, seleccionó la opción de imprimir y ella recargó la impresora con hojas blancas. Se puso de pie dejando el resto a la máquina, ella se levantó apretando el cuaderno, él igual; la acompañó hasta el jardín trasero. Sobre un cúmulo de rocas que decoraban el suelo Hinata situó el cuaderno y él encendió el cerillo... Ambos miraron el fuego consumir hasta el último pedazo del diario.
Entraron a la sala, ella le ofreció algo de beber, pero él lo rechazó con un tono amable. Ella lo siguió hasta la entrada.
Sasuke volteó, pero las palabras de despedida no salían, y parecía que de ella tampoco. Simplemente se observaban el uno al otro en el silencio de la fresca brisa salada.
Ella abrió sus labios luego de un rato, Sasuke volteó y empezó a caminar a su camioneta antes de que cualquier cosa que dijera arruinara los hermoso recuerdos a su lado. Él quería mantener esa imagen dulce que lo cautivó en un inicio y, tal vez, en unos meses... en unos años, sería capaz de dejarla en un lugar apartado de su corazón como el mejor recuerdo de todo lo que hasta ese momento había vivido.
— Desearía amarte de la misma forma... —murmuró con las manos cerca de su pecho mientras él se alejaba en su vehículo en la oscuridad de esa horrible noche nublada.
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La vida había vuelto a como era antes. El trabajo, las investigaciones, las mujeres, las falsas excusas, los gremlins en su departamento... Pero había algo nuevo y eso era el silencio respecto a todo lo que englobaba a Hinata de parte de los niños. Debía admitir —y algún día decirlo— que cuando se lo proponía, Naruto podía aplicar disciplina.
O quizá sólo los había comprado... ¡Qué más da!
Sin embargo, hiciera lo que hiciera, estuviera con quien estuviera su recuerdo era vívido. Sus palabras, sus gestos, su sonrisa, su piel, su aroma, su respiración... todo. ¡Todo, maldita sea!
— ¡TE VAS DÓNDE!—gritó Naruto una tarde mientras bebían un par de cervezas.
— Cállate, tarado. Tus hijos están dormidos.
— ¡Oh! Cierto, cierto. —arrugó la frente y colocó la lata sobre la mesa a modo de insulto— ¿Por qué te vas? ¡Y tras eso a Australia! ¿Cuánto tiempo?
— Permanentemente. —expresó dándole otro sorbo a su lata. Naruto pensó en gritar una vez más, pero Sasuke señalando el pasillo lo frenó.
— ¡No me jodas!
— Tranquilo, Naruto. Pagaré la renta de este lugar por un año, así tendrás tiempo para madurar y buscar un trabajo decente para seguir pagando la renta y que tus hijos no vivan bajo un puente, o peor, con Shion. ¿Feliz?
— ¡No! —respondió con una vena en la frente por el comentario de su inmadurez— No me importa el pago de la renta, idiota. Puedo mantener a mis hijos sin ayuda de su madre. —suspiró y se dejó caer en el respaldar del sillón con los brazos cruzados. Su semblante se tornó serio— ¿Lo haces por la chica, no? —Esa diminuta pausa y silencio en su mirada respondió todo.
— No.
— Mentiroso.
— ¿Y qué importa?
— Importa, e importa mucho para tu información. —respondió casi como un padre— Estar casado por tres años y tener dos hijos me da experiencia en el tema. —Sasuke chasqueó la lengua. — ¿Al menos te despedirás?
— Despedirme de quién, imbécil, ella no me recuerda.
— Yo me refería a sus hermanos. —el azabache arrugó un poco la frente— Oye, aparte de mí, son los único amigos que tien–¡agh! —el Uchiha se levantó del sofá rumbo a la alcoba después de aventarle la lata vacía. — ¡Mierda, Sasuke! ¡Te molesta que tenga razón, de veras! ... ¿Esto no quita lo de pagar la renta por un año, cierto?
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La despedida con los niños fue larga, no sabía que Yanagi y Suiren le habían tomado tanto aprecio, pero sintió algo de tristeza al ver lo mucho que lo querían, y aunque Naruto era un verdadero imbécil como padre, estaba haciendo un buen trabajo. También debía admitir que si al comienzo se molestó por haber llamado a Kiba y Shino para que se fueran a despedir al aeropuerto, no podía guardarle rencor pues su presencia le había llevado noticias sobre ella.
— Sí, está bien. Se mudó al hospital unos días después de que te termin–agh! —Shino le dio un golpe en la cabeza para que se callara.
— Ella da clases de pintura a los demás. Tsunade me ha dicho que es de mucha ayuda para los que padecen casos más graves.
Hace tanto que no la veía... y nunca más lo iba a hacer.
Estaba sentado en el puesto junto a la ventanilla, esperando a un par de tarados que tenían problemas para pasar por seguridad. Bajó la vista y observó el regalo de despedida que Shino le llevó: un sobre. No quería abrirlo, tenía el presentimiento de que era alguna estúpida carta de despedida o, peor, dinero como agradecimiento. La arrugó sin abrirla, pero de tuvo cuando sintió algo pequeño y duro dentro.
La desdobló y rompió el sobre. Dentro había una pequeña nota y su dije. Examinó el collar: estaba impecable. Desdobló el papel para leerlo con una extraña rapidez e impaciencia.
"Me entregó esto hoy por la mañana,
me dijo que no lo mencionaba el diario
y me lo regresó pensando que era mío."
Regresó sus ojos al dije.
— Ella lo tenía puesto. —murmuró— Todo este tiempo...
Un impulso lo levantó del asiento y corrió por el pasillo hasta la puerta, empujó al par de tarados que detuvieron el vuelo lo suficiente para que él leyera la nota.
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— ¡Hola!
— ¿Qué dibujas, Lee-san?
— ¡La fuerza de la juventud! —Hinata observó el lienzo donde, lo que parecía ser una persona, tiraba otra al suelo... pero era muy abstracto.
— Muy expresivo, Lee-san.
— ¡Sí! —el muchacho tomó el pincel, permaneció en blanco unos segundos y sonrió en dirección a Hinata— ¡Hola, mi nombre es Rock Lee!
— ¡Hey tú! ¡No puedes pasar sin registrarte! —los estudiantes escucharon gritos en el exterior y las puertas del salón se abrieron de golpe.
Un sujeto de ojos oscuros, al igual que su cabellera, estaba en la puerta con notoria fatiga; sudado y ansioso. Ella abrió los ojos de par en par y llevó las manos al pecho de forma involuntaria. Él comenzó a acercarse. El guardia, un hombre robusto y de rostro bonachón, apareció en la entrada y lo rodeó con los brazos del tamaño de troncos que inmovilizaron al Uchiha en segundos. Empezó a forcejear para poder charlar con ella. Tenía que. ¡Debía hablarle! Pero el esfuerzo era inútil, pues el desgraciado era muy fuerte y al levantarlo sus pies no lograban tocar el piso.
— ¡El abanico! —comentó antes de arrastrarlo fuera del salón de arte. La respiración de Hinata se detuvo unos segundos.
— Espera... Chouji-san. —expresó en la puerta del pasillo después de leer el nombre en la camisa del guardia y antes de que lanzara a Sasuke en el jardín— ¿Me permites hablar con él? —preguntó de forma dulce, el hombre robusto sonrió cariñoso y bajó al azabache.
Sasuke miró de mala gana al sujeto, pero lo olvidó por completo cuando ella se acercó.
— El... el collar. ¿Es tuyo?
— Sí. —respondió enseñándole el dije en su mano; ella lo examinó por unos segundos antes de pedirle que la siguiera. Ambos pasaron largo por el pasillo con destino a los dormitorios; el trayecto en completo silencio. Se detuvieron frente a, la que parecía ser, su alcoba. Tardó varios segundos en abrirla. Cuando Sasuke ingresó quedó pasmado al ver la cantidad de cuadros, imágenes, dibujos y demás estilos con su rostro en él.
— Cada día que me levanto, lo último que recuerdo del sueño es esto. —señaló las pinturas— Por alguna razón eres la única persona con la que sueño. —Sasuke dejó de apreciar sus obras para mirarla— A... ¿Acaso nos... nos conocemos?
— Sí.
— Pero el diario no te menciona.
— Tú quisiste que fuera de ese modo. —ella bajó la mirada por unos segundos. Se veía preocupada por la situación. En sus ojos se notaba un "¿Por qué?", pero parecía tener miedo de la respuesta— Lo hiciste por mi bien. Querías que cumpliera mis sueños, así como tus hermanos. —dijo en una forma forzada de vigor y compasión.
— Oh... —respondió no muy convencida. Fijó sus ojos en el pequeño dije de abanico que colgaba de su mano— Si el collar era tuyo...
— Te lo regalé como muestra de mi cariño. —esas palabras expresaban muy poco, casi nada. Quería decirle que la amaba, que seguía lo haciendo. Quería besarla. Quería tocarla... Pero si actuaba de alguna manera tosca podría causar desconfianza y arruinarlo... esta vez para siempre.
— ¿Cariño? —el mantuvo el silencio sin apartar sus ojos de ella. Hinata llevó sus manos delante del pecho. Apartó la vista en dirección a sus cuadros— Cada vez que... que recuerdo tu rostro siento algo extraño. —expresó lento y calmado— Al mirar el collar sentía la horrible sensación de que olvidaba algo muy importante y eso me deprimía al irme a dormir... eso dice el diario.
— Nosotros fuimos novios. —respondió con un dejo de preocupación, pero ella no se alteró.
— N-Novios... —dijo mirándolo a los ojos con una sonrisa confundida. — Ahora entiendo los sueños, el collar... El por qué te eliminé del diario.
— No tienes idea de cuanto te necesito a mi lado. —dijo ya sin importar lo que podía pasar. Si no sacaba esas palabras de su pecho iba a morir— Te amo desde el momento en que te conocí. —sus mejillas encendieron de esa manera tan adorable.
— Parece que... siento algo por ti también. —respondió casi de inmediato, pero la pausa fueron meses para él— Parece que... lo que sea que hayas hecho, lo recuerdo. N-no de manera consciente, pero está aquí. —señaló su corazón con madurez y timidez.
Dio un par de pasos en dirección al cuerpo inmóvil del muchacho.
— Si no te molesta... ¿Podemos volver a conocernos? —ella extendió su mano, plasmó una sonrisa amigable sin poder apagar el ardor de su mejillas— Mi nombre es Hi–
Rodeó su cintura con ambas manos y la acercó a su cuerpo con una fuerza delicada mientras cerraba sus labios con un beso. Un beso que expresaba todo lo que quería decirle, todo lo que ella iba a decirle... Al inicio su cuerpo se tensó por el súbito gesto, pero al darse cuenta que no era tosco, se dejó llevar por esa calidez, por esa ternura, por esa necesidad, por algo de deseo... Pero nada de eso podía superar esa hermosa sensación en su corazón acelerado al estar entre sus brazos.
Lentamente sus labios se alejaron del otro.
— Me... Me llamo Hinata. —dijo con una sonrisa torpe y un brillo nuevo en su mirada; él sonrió.
— Soy Sasuke.
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Dio vuelta suavemente. Un rayo de sol cayó directo en su rostro y abrió los párpados. Estiró un poco los brazos hasta que notó algo extraño. Tomó asiento con dificultad y vio su estómago con un bulto anormal que la congeló por un segundo. Sus ojos examinaron la habitación. ¡Esa no era su habitación! Sus manos se movían con nerviosismo mientras la bruma del temor la invadía poco a poco. Fue cuando sus ojos encontraron un DVD sobre la mesa de noche con la etiqueta: "Para Hinata" Cogió el disco y lo insertó en el aparato, encendió el televisor.
Ver el recorte de un periódico expresando un aparatoso accidente con la foto de la camioneta de su hermano la alteró, pero luego, al verse ella en una camilla: golpeada e intubada, supo que esa preocupación se tornó en ansiedad.
— ¡Sí, ahora sí! —dijo la voz de una niña detrás de la videocámara. Frente a la lente apareció un niño rubio de ojos lavanda usando un kimono tradicional.
— Nee-chan, allí está. Mejor yo filmo. —hubo un forcejeo en la cámara hasta que alguien la tomó.
— ¡Demonios, niños! —susurró un hombre de piel bronceada frente al lente desde abajo— ¡Acaso quieren que su madre nos regañe delante de tanta gente, de veras! —se escuchó a alguien tosiendo con molestia y el rostro del adulto se volvió blanco. Luego otro forcejeo y una niña apareció delante de la cámara con un rostro disgustado.
— ¡Bien, bien! ¡Pero más te vale filmar todo, entendido, Yanagi-chan!
Entonces apareció ella en primer plano, con un kimono blanco y un tocado, del brazo de Shino, delante de ambos un muchacho de cabello negro del brazo de un hombre... ¿o era mujer?. Al llegar al altar, de lo que parecía un Templo Sintoísta, una mujer con características de los niños los recibió con recato a ella y al hombre a su lado. Realizaron la ceremonia de matrimonio, expresaron los votos y al terminar, antes de que pudieran salir del recinto se escuchó detrás de la videocámara un: — ¡AHORA ESTÁS ATRAPADO EN LA MISMA TRAMPA QUE YO, IDIOTA!
— ¡Naruto! —resonó un regaño femenino a la distancia y se escuchó al unísono la voz de los pequeños: — Ay, papá...
Luego apareció ella junto al hombre de la boda; estaban en una peluquería. Ella vio su cabello unos centímetros por debajo de sus hombros. Luego estaba en un aeropuerto despidiéndose de sus hermanos.
Una patadita en su vientre la espantó al mismo tiempo que le dio curiosidad y cariño por el bebé en su interior. Acarició su barriga para arrullar el bebito.
— Buenos días, Hinata. —esa voz ronca regresó sus ojos a la pantalla. El hombre con quien estuvo en el altar— Mi nombre es Sasuke, cariño, y es momento de que vayas a la sala para desayunar. Usa un abrigo. —el video se apagó y ella se levantó de la cama ya no asustada. Se acercó a la ventana y sus ojos contemplaron una zona boscosa a la distancia y un clima lluvioso que no se percibía dentro de la habitación. Tomó una bata de algodón colgada en la puerta y sintió otra suave patadita en un estómago que le sacó una sonrisa.
Mientras caminaba por el pasillo contemplaba fotos de ella junto al hombre del video de nombre Sasuke; que al parecer era su esposo.
— Buenos días, mi amor. —escuchó al llegar a la sala y volteó hacia la voz. Sasuke estaba usando un delantal y salía de la cocina con un desayuno abundante.
— ¡Mami! —exclamó una vocecita desde el sillón y corrió a abrazarla— Mami, Uzume-neechan no me devuelve mi guerrero. —reclamó con un tono dulce similar al de ella. De atrás del sillón que se encontraba en la esquina apareció una niñita de unos cuatro, misma edad del niñito aferrado a su pierna.
— ¡No, mami! Suzaku-chan no lo tenía. ¡Además es mío! —Hinata estaba algo perdida y confundida, pero raramente feliz y dichosa.
— No... Ni importa, dulzura. —expresó en dirección al niño— Tú eres mi... mi guerrero. —el pequeño sonrió al igual que Sasuke.
— Lávense las manos y vengan a desayunar. —expresó con orden y ambos pequeños salieron corriendo en dirección al baño, compitiendo por quien llegaba primero. Ella tomó asiento a su lado con la mirada algo perdida, pero con una sonrisa en sus labios. La mano de Sasuke se posó sobre su vientre.
— Él se llama Seiryu. —dijo mirándola a los ojos— Nacerá dentro de unas semanas. —ella bajó la mirada, colocó la mano sobre la de su esposo y el bebé volvió a patear con suavidad.
Sus ojos se humedecieron un poco y observó varias fotos sobre el mueble de enfrente donde sus hermanos salían soriendo junto a un par de chicas que no conocía. El ruido de los pequeños la distrajo de esa felicidad abrumadora y secó las lágrimas que aún querían salir sin permiso. Sonrió con naturalidad y Sasuke le robó un beso antes de servirle un poco de jugo.
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~ • FIN • ~
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*Dinero: Para quienes no saben, Benjamín Franklin aparece en los billetes de 100.
*Suiren y Yanagi: Hijos creados por mí y mencionados en otras historias de mi autoría. (Soy un estudiante, Sasuke-sensei y Nunca te olvidaré) ;)
*Serpiente Tigre: Originaria de Australia. Por lo general tiene colores terrosos variados, pero siempre un patrón de diseño similar al felino por el cual fue nombrado. Su veneno es fatal para el ser humano si no se suministra el antídoto a tiempo.
*Gremlins: Especie animal ficticia que se torna destructiva al no tener los cuidados necesarios. Son parte de una película del mismo nombre.
*Tamagoyaki: Tortilla tradicional en los desayunos japoneses, fácil de elaborar.
*Película: No es publicidad, por si acaso. xD
*UFC: (Ultimate Fighting Championship) Empresa de artes marciales mixtas. Ese programa donde se sacan la madre a punta de golpes reales, no como esa farsa de la WWF.
*Manzanilla Romana: Se utiliza para el dolor y la hinchazón. Se crean geles y cremas para el dolor en las encías, irritación de piel, quemaduras leves, entro otros.
¿QUÉ LES PARECIÓ? :D
Este fic era un pedido de la Fanficker: Alexacat01 (¡Disculpa que tardara tanto! Dx) quien me sugirió realizar esta adaptación de una de mis películas favoritas si a Adam Sandler se refiere —aunque entre ustedes y yo, no me gustan todas— pero deben admitir que es muy bonita. :3 y si no la han visto, espero que con esta adaptación vayan directo a internet y la busquen. Al inicio está el nombre con el que pueden encontrarla al español latino o al español de España; respectivamente. :)
La verdad, no sé qué decirles con exactitud. Siento que dejé mucho de mi corazón en este fic. Realmente quería hacer una adaptación con sus personalidades, pero por allí estoy segura que se me escapó algo de OoC.
¿Cuál fue su parte favorita? Debo admitir que la escena donde están juntos y cuando él lee el diario fueron mis favoritas de escribir. ;D
Como no se me ocurre nada más que decir, sólo les pediré que después de leer este trabajo —porque sí me dio trabajo, con un demonio— dejen un review. Lo apreciaré muchísimo. Lo único que gano es alegría, -cofnoesyoutubecof- así que lo único que me regalan es motivación para realizar otra adaptación de este estilo (el nombre está en mi Bio).
Besos y abrazos en papel... :3
