Disclaimer: El mundo en el que se desarrolla la historia no es creado por nosotras, sino es que parte del mundo creado por Collins. Los barrios dónde se produce todo son creación de Elenear28 y Coraline T. Los personajes son creación nuestra.
I.
Tercera esposa.
Freyja Rademacher.
La luz de la luna era reflejada en cada caracola y elemento marino que se encontraba en la blanca arena de una de las playas privadas de Beach Street. Música estruendosa y luces de miles de colores eran la firma de la apertura de un exclusivo bar en la zona, a la cual hasta las más aclamadas estrellas de Venice Avenue dijeron presente.
Cristalina agua color aqua, tal como marcaba la última tendencia en color, le daba al lugar un toque místico mientras bandejas iban y venían llevando todo tipo de bebida y uno que otro aperitivo exclusivo, tratando de satisfacer a la multitud. La gente reía, bailaba y cantaba todo sin percatarse que sagaces ojos color café observaban atentamente todo lo que sucedía desde una de las alejadas zonas VIP, custodiada por dos pares de miradas oscuras.
Freyja Rademacher estaba en su ambiente, justo en el centro de la pista mientras mecía su cuerpo y cabello al compás de uno de los hits de la temporada acompañada de su infaltable trago en su mano derecha, cortesía de algún pobre iluso. La mitad de su cabello de color aqua estaba en perfecta sincronía con las aguas de la playa mientras que sus mejillas sonrojadas, debido al número de copas, eran adornadas por infinidad de pecas, a la par que algunos de los tatuajes que cubrían su cuerpo simulaban brillar bajo las luces.
—¿Quieres bailar? — Una voz abordo a Freyja en su camino hacia la barra. Un muchacho con rastas multicolores le ofrecía su mano, cuya muñeca era adornada por unas costosas cadenas, con una gran sonrisa. Los enormes ojos de Frey resplandecieron y con una de sus típicas y encantadoras risas contestó:
—¡Claro!
Mientras la música inundaba el lugar, tres personas en la zona VIP se aseguraban de hacerse oír entre susurros.
—¿Lo notaste? —. Una risa picara acompaño la pregunta mientras, la dueña de esta jugaba con un caramelo en su boca.
—Por supuesto— la mirada café ahora era acompañada por una mueca de satisfacción —. Esto por fin se va a poner interesante, Lucifer— Una tercera voz se unió a las anteriores, mientras su dueña se acomodaba en uno de los suaves pufs del lugar, seguida de un perturbador siseo.
—Aún no sé cómo pudiste hacer entrar a esa cosa— la primera voz habló, entre confusión y desagrado.
—Tengo mis métodos.
Pasaron dos canciones más cuando Freyja le pidió al chico ir por bebidas.
—Enseguida vuelvo—. Sus rastas destellaban debido a las luces.
—Claro, aquí te espero— otro gesto adorable más por parte de Frey y el muchacho partió sin notar la maliciosa sonrisa que empezaba a formarse en sus labios —. Pobrecito— dijo ella mientras se daba la vuelta para perderse en el lugar mientras hacía bailar en sus manos las brillantes cadenas.
El auge de la noche había llegado y Freyja no desaprovecho la oportunidad de ir tomando entre sus escurridizos dedos todo aquello que llamaba su atención, sin que los incautos dueños, asistentes del lugar, lo notasen. Todo a base de estudiados pasos de baile mientras se movía por toda la pista de baile.
Una risa entusiasmada abandono su boca cuando juegos artificiales empezaron a adornar el cielo nocturno.
—¡Es hora! — Exclamó Frey mientras jugaba con una plateada llave entre sus dedos a la vez se escurría por uno de los pasillos, por la sección de solo empleados del lugar. Claro no sin antes haber tomado una bebida de la barra de un incauto que estaba prestando atención al cielo. En la zona VIP se escuchó mientras, una orden.
—Muy bien, vamos. Rogue, Cami, ya saben qué hacer.
Cuando Freyja por fin se encontró la cerradura que correspondía con la llave en sus manos, sabía que había encontrado lo que buscaba.
Una vez dentro de la habitación, empezó a inspeccionar, con sus enguantadas manos, las paredes hasta que dio con aquella que solo simulaba serlo. Volteándola con un simple empujón esta giró sobre su eje dejando la caja fuerte del lugar ante sus oscuros ojos.
—Te encontré — Susurró mientras empezaba a analizarla y al ver que se trataba solo de una caja con reconocimiento dactilar sonrió.
Saco de su pequeño bolso una cinta adhesiva, plasticola y ayudada de un anillo recogió una huella del escritorio del lugar.
—Vaya, eres una fácil— no pudo evitar exclamar cuando esta cedió a la primera. Sin perder tiempo la pecosa chica busco aquello de más valor y salió del lugar sin que nadie lo notara. O eso pensaba.
Cuando Freyja ya estaba saliendo de los límites de la playa privada fue asaltada por una risueña voz.
— ¿Pero que tenemos aquí? ¡Una ladronzuela! — Una muchacha de largas trenzas de color rojo y violeta la apuntaba con una paleta de caramelo, mientras colocaba su otra mano en la cadera.
—Pero… ¿qué? — Freyja casi deja caer su botín al verse descubierta a la vez que empezaba a elaborar un plan en saco de que se tratara de un agente de la paz. Se veía ruda, aunque a Freyja le gustaban sus tatuajes.
—Te tenemos— Otra voz, algo chillona se escuchó a su espalda.
Frey giró para encontrarse a una pequeñita de dos grandes coletas rosas. Bueno, esta se veía débil pensó, hasta que vio algo blanco reptar por su pierna con intensión de acercarse a ella.
—Oye, oye…aleja esa serpiente— un escalofrío pareció recorrer su cuerpo —. Que soy un águila y muy orgullosa, por cierto, eh— Declaro Frey.
—Freyja Rademacher…Hola— Una nueva voz se unía y ahora sí Freyja creía que no sería fácil librarse.
—¿Cómo sabes mi nombre? — La nueva chica llevaba una capucha que debido a la oscuridad de la noche solo dejaba apreciar una astuta sonrisa y algunos cabellos oscuros.
— ¿Quiénes…son? — cuestionó.
—Soy E — Declaró la recién llegada. —. Ellas son Rouge y Camille —, señalo a las otras dos con un gesto de su quijada.
—Ah… ¿mucho gusto? — Freyja estaba confundida, aunque más tranquila, era claro que no eran agentes de la paz
—Un placer— La de trenzas le sonrió con desfachatez.
—¿Qué necesitan? Es claro que no vienen a arrestarme — Frey se cruzó de brazos algo impaciente.
—Queremos que te nos unas—. Dijo E, como si nada.
—¿Unirme? ¿A qué? — Ahora sí que Freyja no sabía que pasaba.
—¡Al harem! — La pequeña de coletas exclamo desde el piso como si fuera obvio. Tanta charla la había cansado así que se había sentado en la arena mientras jugaba con su albina serpiente.
—¿Un harem? — Los colores subieron al rostro de Frey ¡¿Un harem solo de chicas?! No tenía nada en contra, pero a ella le gustaban, y mucho, los muchachos.
—No esa clase de harem—. Apuntó divertida Rouge.
—Oh…
—Digamos que lo que tú acabas de hacer es algo a pequeña escala comparado a lo que podemos hacer juntas — Explicó E mientras sonreía maquiavélicamente.
—¡Oh! — ya empezaba a ver por dónde iba la cosa.
—Aparte también soy un águila. Y sí somos los mejores — E rio quitada de pena con una mano en su rostro.
—¡Oye! — Protestó Camille.
—¡Por supuesto! Y tú ¿Qué eres? Ya sé que la pequeñita es una serpiente—. Pregunto Freyja mientras le sacaba la lengua a Cami para que esta terminara mostrándole el dedo del medio.
—León —. Dijo Rougue mientras se encogía de hombros —. Y si me soltara estás trenzas sabrías que con toda razón —. Exclamo entre risas colocando el chupachús nuevamente en su boca.
—Y bien… ¿Qué dices? — E le sonreía cruzada de brazos mientras era custodiada por las otras dos.
—¡Estoy dentro!
