Como agradecimiento por la buena acogida del fic (y las tantas reviews que nos dejasteis en el primer capítulo) os traemos un poquito más de esta historia.
Gracias por leer!
S&R
Rick
2, Julio 2016
No soy consciente ni siquiera de la hora que es cuando tras dormir un par de horas despierto con el único sonido que las olas del mar muriendo en la orilla. Un sonido la mar de relajante. Por un segundo, mi cerebro cree que estoy en mi casa de los Hamptons pero el calor sofocante que hace no se parece ni un poco al calor que hace en la costa de Nueva York. No es que en pleno verano no haga calor… Pero aquello es diferente. Muy diferente.
Vestido con solo el bañador de flores hawaianas de color rojo que Kate me regaló para nuestro viaje y que me puse nada más llegar de nuestro vuelo me remuevo en la comodísima y gigante cama del bungalow que hemos alquilado.
Una pequeña y solitaria casita que cuenta solo con una habitación, un baño y una pequeña cocina. No necesitamos más.
Bostezo levemente y miro mi reloj de muñeca donde aun llevo la hora local de Nueva York. Las 6.45 am. Calculo mentalmente la diferencia horaria. Es sólo una hora… ¿Las 5.45 am? ¡Maldito Jetlag! Y eso que el vuelo apenas eran 3h y media pero… Cada vez me cuesta más habituarme a los cambios horarios.
Suspiro.
-¿No puedes dormir?-escucho la voz de Kate a mi lado, algo ronca en medio de un murmullo.
-No-susurro y me acomodo junto a ella, pero ella se separa levemente.
Yo alzo una ceja.
-Cariño hace calor-susurra.
Yo no digo nada. Por lo menos ahora, sabiendo que está embarazada, soy consciente de que todo está provocado por el descontrol de sus hormonas y su agotamiento. Kate nunca ha sido una persona de pasarse horas en la cama… No durmiendo por lo menos… Y sin embargo ahora, podría tirarse medio día durmiendo.
Por lo menos, la había convencido para viajar a las Islas Caimán lo que resta de verano y poder relajarnos tranquilamente, terminar de recuperarnos, y pensar en nuestro futuro… El de los tres.
Nadie de nuestra familia sabe nada. Kate apenas está de tres meses y un par de semanas y queremos esperar a regresar para anunciarlo. Sonrío y mi mano se dirige a su vientre. Ella hace una mueca cuando mis dedos juegan en su estómago libre de telas. Ella también se había puesto el bikini y se había quedado completamente dormida nada más llegar.
Como veo que ella necesita y puede dormir, me levanto y descalzo salgo de la habitación directamente al exterior.
Esto es sin lugar a duda el paraíso.
Frente a mí se extiende una pequeña playa solitaria y privada (exclusivamente para nuestro uso). Me hubiera gustado que estuviera más alejada del resto del mundo…Una de esas playas a las que solo se accede mediante una barca a la que tienes que avisar con horas de antelación, sin embargo, con Kate en su estado no quiero arriesgarme. Y ella también estaba preocupada por si me ocurre algo a mí, a pesar de mi insistencia en que me encuentro bien. Sé que no va a pasar nada y estos dos meses que vamos a estar allí va a ir todo genial… Sin embargo, al final me decanté reservando en ese complejo hotelero en el que se podía contar con bungalow y playa privada accediendo por diferentes caminos por mitad de la naturaleza de la zona.
Y al fin y al cabo… Todo es igual de tranquilo. Nadie nos va a molestar puesto que ni siquiera hay cobertura en la playa o nuestra casita. Eso me recuerda que más tarde tendríamos que acercarnos hasta el puesto más cercano donde reciba señal y avisar a mi madre y a Jim que todo está bien. Seguramente Kate quiera cerciorarse que todo está bajo control en la doce también. Se ha tomado unas merecidas e indefinidas vacaciones y aunque tienen un capitán substituto y Espo la mantendrá al tanto de todo…Sé que no va a estar tranquila. Intentaré hacerla olvidar de todo eso…
Estiro todos mis músculos y miro al cielo. El sol brilla con intensidad incluso a estas horas (Pues acaba de amanecer) y compruebo que apenas hay un par de palmeras y otros árboles que proporcionan sombra.
Camino hundiendo mis pies entre la arena y eso me proporciona cierta paz. Es delicioso. Podría acostumbrarme a vivir ahí. Miro a un lado del porche y hay una pequeña mesa y dos sillas. Ahí podría escribir cada mañana mientras Kate se recuesta en la hamaca que hay a un lado y bebe un smoothie de esos que tanto le gustan. Sonrío imaginándomela con su vientre más abultado… Disfrutando de un baño en el mar… Nos imagino observando las estrellas por la noche y haciendo el amor a la luz de la luna.
Rio.
Es demasiado romántico y demasiado peliculero.
Oigo ruido a mis espaldas y al girarme observo las mejores vistas que puedo tener. Abro la boca sin poder evitarlo y probablemente quedando con cara de tonto.
Si las vistas hacia el mar eran increíbles… Las de ahora… Estoy maravillado.
Kate me sonríe mientras camina acercándose a mí. Sigue con el bikini de color coral y que le hace unos pechos increíbles, aunque probablemente también influya el embarazo y además de eso, ha incorporado un pareo anudado en sus caderas casi cubriendo hasta su ombligo y unas gafas de sol sobre su cabeza recogiendo su cabello algo desordenado.
Una de sus cicatrices queda casi cubierta por el bikini, mientras que la más reciente sobresale visible cerca de su hombro. Todavía no me acostumbro a ver ésa nueva marca sobre su cuerpo, aunque esa cicatriz, al igual que la mía en el lado izquierdo de mi pecho, simboliza que los dos sobrevivimos a ése tiroteo que habría acabado con las vidas no solo nuestras, sino también con la del bebé que descansa en su vientre.
-¿No tenías más sueño?-pregunto con cautela.
-Parecía que si… -Se acerca a mí y se cuelga de mi cuello para darme un par de besos en los labios-Pero tampoco podía perderme todo esto…-dice al separarse y señalar con su mano todo lo que nos rodea.
-Bueno… Tenemos todo el tiempo del mundo-vuelvo a besarla-Pero estoy encantado de que me acompañes… ¿Quieres… Desayunar?
Ella asiente con tranquilidad. Eso significa que hoy se ha despertado con apetito y no con nauseas. Eso es algo positivo, después de todo Kate estuvo a punto de arrepentirse de viajar tras pasar la última semana vomitando por las mañanas. El vuelo por suerte no fue malo para ninguno de los dos.
-¿Y luego?-pregunta mientras sigue con sus manos en mi cintura, casi haciéndome cosquillas y provocando (sin darse cuenta por supuesto) con sus caricias una incipiente erección. Oh Kate, eres mala ¿No recuerdas que aun no hemos podido hacer el amor en condiciones desde nuestra recuperación?
-Luego…-carraspeo-Pues…No es que tengamos que hacer algo… O todo hoy… Podemos pasear por la orilla…
-Y comer fruta mientras no hacemos nada más que tumbarnos en esa hamaca-dice señalándola.
Yo asiento.
-Bañarnos…
-O leer…
"O otras cosas….", pienso, sin saber si es un buen momento para sacar el tema.
Ella sonríe. Y yo vuelvo a besarla. Nunca me canso de hacerlo. Sus labios son adictivos.
-¿Descafeinado?
Ella asiente.
Yo me solidarizaré con ella y tomaré lo mismo. La dejo sentada en la silla del porche con la vista perdida en el mar Caribe y sonrío. Yo me adentro en la casita para preparar todo lo necesario para desayunar.
-Ponte protector solar si sales del porche-le comento desde la cocina, alzando la voz para que me oiga mientras troceo un par de frutas y exprimo un par de naranjas para hacerle un delicioso zumo natural.
Me asomo por un segundo y ella sigue mirando el mar completamente ausente pero con su mano acariciando su vientre inconscientemente y una sonrisa en su cara que provoca que otra idéntica se instale en mi rostro.
Por fin hemos dejado atrás todos los problemas y vamos a dedicarnos a ser felices… Por lo menos todo el tiempo que podamos, después de todo se trata de nosotros dos… Sólo espero que nada empañe la felicidad que estoy sintiendo en este momento.
Cuando regreso al porche, con nuestro desayuno en una bandeja, encuentro a Kate sentada en una de las sillas que hay junto a la mesa. Sonrío y coloco la bandeja a su lado mientras ella se relame los labios.
-Vas a acabar conmigo – Bromeo sentándome a su lado y haciéndome con un trozo de fruta.
Ella no dice nada, pero adivino por su mirada que mi comentario no le ha hecho demasiada gracia.
-¿Te has tomado la medicación?
Suspiro. Es el tema que justo quería evitar. Tenía la intención de que ambos nos relajásemos y nos dejásemos llevar, pero ella sigue preocupada por mi estado.
Me limito a asentir, acabo de tomarme la pastilla que me recetó el médico y que tengo que tomar durante el próximo mes.
Continuamos desayunando en silencio, con el único sonido de las olas rompiendo contra la orilla y cuando terminamos, ella insiste en recoger la vajilla que hemos ensuciado.
Yo regreso al dormitorio y me tumbo sobre la cama de sábanas blancas, afectado por el Jetlag. Observo la tela anti mosquitos que descansa recogida sobre la cama con unos palos de bambú, el mismo material que decora las paredes del pequeño bungalow.
El suelo de madera cruje ante las pisadas de Kate y la observo sin poder evitar sonreír. Se ha quitado las gafas de sol que descansaban sobre su cabeza y en su lugar se ha recogido el pelo en un moño informal, un par de mechones sueltos caen sobre su cuello.
Ella me devuelve la sonrisa y después se tumba a mi lado con un libro entre las manos. Yo estiro el brazo y le invito a apoyarse sobre mi hombro, cuando lo hace, retiro el libro de sus manos y lo abro por la página que tiene la esquina superior doblada.
Comienzo a leer en voz alta.
Siempre me ha gustado leer para Kate. Y me gusta pensar que dentro de poco nuestro bebé también me escuchará.
Unos minutos después ella se mueve y coloca su mano sobre mi pecho, acariciando mi piel alrededor de la cicatriz.
A veces pienso que ésas cicatrices nos marcaron más por dentro que por fuera.
Dejo el libro a un lado y deposito un beso sobre su pelo.
-Lo siento – Susurra ella – No pretendía molestarte antes con mi comentario.
-No tiene importancia – Murmuro yo mientras acaricio su brazo.
Ella vuelve a moverse, inclinando la mitad de su cuerpo sobre mi pecho. Me mira a los ojos durante unos segundos y después acerca sus labios a la cicatriz, depositando un beso en ella.
-Kate… - Susurro deslizando mi mano por su espalda.
-Tengo miedo – Murmura ella. Cuando vuelve a mirarme compruebo que tiene los ojos empañados en lágrimas – Tengo miedo de hacer las cosas mal. De que vayamos rápido y eso te afecte negativamente. No quiero hacerte daño.
-No me vas a hacer daño, Kate – Digo rodeando su cuerpo con mis brazos.
No tenerla cerca es lo que me haría daño.
-Todavía no puedes hacer esfuerzos.
-Ey… Estoy tumbado en la cama en mitad de una isla casi desierta – Murmuro riendo para intentar aliviar la tensión – Es lo más relajante que he hecho nunca.
Ella esconde su cara en el hueco de mi cuello y comienza a depositar pequeños besos realizando un recorrido hasta mi boca.
-¿Poco a poco? – Susurra antes de besar mis labios.
-Poco a poco – Respondo yo, secando el rastro húmedo de sus lágrimas.
Kate humedece sus labios, a propósito sabiendo cómo mi cuerpo va a reaccionar ante ese simple gesto, y atrapa mis labios con los suyos.
Kate
8, Junio 2023
Me recuesto en la pared del ascensor del edificio número 595 de la calle Broome, nuestro hogar, disfrutando de los últimos segundos de calma antes de llegar arriba.
Aunque estoy deseando ver a mis tres hijos, entrar en el loft suele ser algo parecido a adentrarse en el ojo de un huracán, y quiero estar preparada para ello.
No es que no me guste la vida familiar que Castle y yo llevamos ahora, daría la vida por Lily y los gemelos, y jamás me arrepentiría de nuestra familia, sin embargo hay días en los que echo de menos la tranquilidad que teníamos antes, sobre todo en días como hoy en los que el trabajo me desborda.
He pasado el día reunida con mi equipo preparando la campaña para las próximas elecciones, analizando datos… E incluso se ha mencionado la posibilidad de un próximo viaje a Washington, al Capitolio. Suspiro cuando el ascensor llega arriba. Nunca he viajado sin ellos, y no sé si estoy preparada para hacerlo ahora.
Pero esta campaña es, sin duda, algo importante para mí. Aunque la idea de ser Senadora no siempre me ha resultado atractiva, siento que debo hacerlo. Mucha gente confía en mí y eso me llena de orgullo. Y por otra parte siento la necesidad de arreglar los errores que cometió Bracken, quiero hacer las cosas bien y demostrar que se puede hacer sin cometer asesinatos y múltiples delitos por el camino.
A menudo pienso en mi madre y me pregunto si ella estaría orgullosa de mí. Castle dice que no podría ser de otra manera, él mismo está orgulloso de lo que estoy consiguiendo, al igual que mi padre, puedo ver el orgullo en su mirada cada vez que me pregunta cómo me va en mi nuevo trabajo.
Introduzco la llave en la cerradura con la mano derecha mientras que en la izquierda cargo con mi bolso, en el que llevo un montón de documentos que debería estudiar, y cuando me adentro en el loft no puedo más que abrir la boca ante el desastre que mis hijos han armado. Ninguno de ellos parece haber reparado en mi presencia.
Observo cómo Lily, con su disfraz de Frozen Fever y una corona en la cabeza, se ríe mientras colorea la cara de Reece con un rotulador que espero que no sea permanente. Por su parte Jake, con la cara ya pintada, corretea alrededor de la mesa con su capa de superhéroe anudada a la espalda y con una jarra de lo que parece ser chocolate en su mano derecha, derramándolo a su paso. Su camiseta ya está manchada, al igual que todo el salón.
Los cojines están esparcidos por el suelo, junto a un par de mantas que guardamos en el salón y un montón de juguetes.
Suspiro y dejo mi bolso junto a la entrada, antes de acercarme a ellos.
-¿Qué está pasando aquí? – Pregunto captando su atención.
Los tres abandonan sus tareas e intentan poner la mejor de sus sonrisas. Sin duda lo han aprendido de su padre.
Lily deja el rotulador en el suelo y corre hacia mí, abrazándose a mi cintura. Los gemelos la imitan y agarro la jarra que Jake tiene todavía en la mano, antes de que vuelque el chocolate restante sobre sus hermanos.
-Te hemos echado de menos – Dice Lily mientras me muestra sus pequeños dientes de leche entre los cuales está el hueco del primero que se le cayó hace un par de días y por el que el hada de los dientes le trajo el disfraz que está vistiendo en estos momentos.
-Yo sí que os he echado de menos – Me agacho y les devuelvo el abrazo a los tres.
Sin duda, ellos no son los únicos responsables del desastre que hay ahora en el salón.
-¿Dónde está vuestro padre? – Pregunto cuando me levanto y continúo inspeccionando el salón.
Suspiro cuando veo sobre la mesa dos jarras más (imagino que de Lily y Reece) con restos de chocolate, y dos bolsas de caramelos, ambas vacías.
-Está en el despacho – señala Lily estirando su bracito – Mientras yo controlaba a Jake y Reece.
No puedo evitar sonreír y ladear la cabeza al pensar que su manera de controlar a sus hermanos es pintarles la cara y montar semejante alboroto en el salón de casa.
-Vamos a hacer una cosa – Digo, agachándome de nuevo a su lado. Agarro a Reece por el brazo antes de que se escaquee de sus responsabilidades. – Vosotros recogéis todo esto – Muevo mi dedo señalando todos los juguetes que hay por el suelo – mientras yo voy a buscar a papá.
Los niños se miran entre sí, mostrando una vez más lo poco que les gusta recoger, así que alzo las cejas y endurezco un poco el gesto.
-Vaaale – Acepta finalmente Lily, alargando las vocales y resoplando al final.
Miro después a los gemelos y éstos asienten, no muy convencidos, pero veo cómo los dos siguen a su hermana y comienzan a amontonar los juguetes.
Golpeo con los nudillos en la puerta del despacho y espero hasta escuchar un "hacer caso a vuestra hermana" por parte de Castle. Ruedo los ojos y abro la puerta. Observo cómo Castle teclea a gran velocidad en el teclado de su ordenador, sujetándolo sobre sus piernas que tiene colocadas encima del escritorio.
Tras haber acabado la saga de Nikki Heat, Castle está intentando iniciarse en el género de la ciencia ficción con una nueva novela.
Adivino que se trata de un momento de esos de inspiración en los que necesita escribir lo que tiene en mente. Pero aun así, eso no justifica el desastre del salón, ni los dulces que les ha dado a nuestros hijos.
Suspiro y él alza la vista, percatándose de mi presencia.
-Eh, has llegado – Sonríe y deja el ordenador sobre su escritorio. - ¿Cómo ha ido la reunión?
Me acerco hasta el escritorio y él alcanza mi mano, tirando después de mí hasta sentarme sobre sus piernas.
-Ha ido bien, como esperaba, pero ha sido un día agotador.
Él me sujeta por la cintura y acerca sus labios a los míos dándome un beso.
-Castle… No has visto el desastre que tienen montado ahí fuera – Susurro colocando mis brazos alrededor de su cuello porque no quiero discutir – Jake y Reece están pintados con rotulador, cortesía de su hermana, todos sus juguetes están tirados por el suelo…. Por no hablar del chocolate esparcido por todo el salón y por su ropa.
Él suspira y se masajea la frente.
-Quedamos en que nada de dulces por la tarde.
-Tenía… Esta idea en mente, tenía que escribirla – Se justifica – Pensé que Lily los controlaría por un rato.
-Aun así, eso no justifica lo de los dulces. Y no pienso ser yo quien los acueste ésta noche con ese subidón de azúcar… – Le advierto con el semblante serio.
-De acuerdo, yo me ocupo. Y lo siento, no volverá a pasar – Dice colocándome un mechón de pelo detrás de la oreja para intentar disuadirme.
-No se trata solo de eso, Castle. Tal vez… deberíamos pensar en llevar a los gemelos a la guardería un par de veces por semana. Yo paso muchas horas fuera de casa y… eso te daría a ti tiempo para escribir.
Castle frunce el ceño. Está claro que la idea de llevar a Jake y Reece a la guardería no entraba en sus planes, tampoco en los míos, pero es evidente que lo necesitamos, él lo necesita.
-De acuerdo, hablaremos de ello – Dice finalmente.
Asiento y junto mis labios con los suyos antes de regresar al salón seguida de Castle. Cuando lo hacemos comprobamos que la mayoría de juguetes están recogidos, aunque no los cojines ni las mantas. Lily ayuda a Jake a quitarse la capa mientras que Reece está amontonando bloques de construcción.
-Tú bañas a Jake y Reece y yo me doy una ducha con Lily y recojo lo demás – Le propongo a Castle, al fin y al cabo, bañar a esos dos bichos lleva más trabajo.
-Trato hecho. –Cuando yo ya me estoy girando, me interrumpe-Con una condición.
Me giro y le observo. Me guiña el ojo. Yo lo capto. No hace falta que diga nada más. No con los niños delante.
-¿Esas tenemos señor Castle?
-Esas tenemos, señora Castle.
Rick
Mi espalda. No puedo con ella. La edad no pasa en balde para nadie… Aunque parece que para mi mujer no es así. A ella no le afecta. "Esta preciosa" pienso cuando me asomo por encima de la encimera y la observo entre las estanterías, acomodada en el sofá de mi despacho frente a la televisión. Aun vestida en su pantalón ancho, su camiseta, desmaquillada y el cabello desordenado está preciosa. Probablemente más que nunca. Yo sin embargo…
Suspiro y me crujen todos los huesos. Desde las últimas dos horas no he parado. He conseguido bañar a los gemelos casi sin inundar el baño de nuestra habitación. Kate y Lily estaban utilizando el de arriba (el que suele ser de los niños o invitados) mientras que yo he decidido en lugar de utilizar la ducha de nuestro baño, sumergirlos en nuestra bañera de hidromasaje (desconectada por supuesto).
He tenido que frotar sus caritas con insistencia para quitar todo rastro de rotulador mientras se llenaban de espuma y se salpicaban el uno al otro, empapándome a mí de paso.
Tal vez ya no tengo edad para seguirles el ritmo… Una vez pasas de los cincuenta…
Después de conseguir bañarlos, la tarea más dura ha sido conseguir que mientras vestía a uno el otro no se me escapara. Bastante difícil. Sobre todo cuando los he vestido con el pijama (ya de verano por que empieza a hacer más calor) de los Looney Toon y me he olvidado del pañal para dormir. Durante un segundo he sopesado la idea de dejarlos sin pero he decidido desvestirlos y ponérselo de nuevo.
Cuando la voz lejana de Kate me ha preguntado si todo iba bien, por supuesto he contestado con un sonoro y creíble "Si, cariño, todo bien". Pero Jake ya se estaba escapando de la cama, saltando y a medio vestir.
Finalmente y pensando en mi recompensa he preparado la cena, casi sin problemas mientras Kate se sumergía en los documentos que tenía que revisar y en una extensa llamada con Abby, una de sus asistentes.
Después de darles de cenar tras mucho insistir (malditos caramelos) y conseguir que se laven los dientes sin percances me he apuntado un tanto cuando los he acostado en su cama completamente dormidos después de que se hayan quedado K.O prácticamente encima de Kate mientras ella cenaba.
Lily no ha sido un problema. Ella también estaba agotada y la ducha siempre funciona. Se había despedido de Kate prácticamente arrastrándose y tras arroparla con solo una sabana y revisar si había monstruos debajo de su cama he bajado al salón.
La tele apenas tenía sonido y yo he ido a la cocina a beber agua antes de acercarme a mi bella mujer y darnos el cariño que nos merecemos.
Cuando llego al sofá tras haberla observado de lejos y repetirme que soy el hombre con más suerte del mundo mi pensamiento cambia y agoniza igual que mis ganas de hacerle el amor después de dos semanas sin… Nada. Kate está profundamente dormida.
Suspiro y apago la televisión.
Me quedo observándola y dudo en despertarla. Tiene varios documentos en los pies. Los quito de ahí y los dejo en mi escritorio antes de que se desordene. Ella se acomoda mejor y yo no puedo evitar sonreír…
-Me debes una, Kate Beckett-susurro mientras le paso una manta por encima de las piernas y apago la luz dejándola descansar mientras pienso en preparar una salida un día de estos y poder tener la intimidad que necesitamos. La que normalmente solemos tener al menos una vez por semana.
