24. Octubre. 2016

Kate

Me muevo por la cocina como el vientre abultado que tengo me lo permite. El bebé del que aun no sabemos el sexo por qué no se deja ver cien por cien pero que es probable que sea chica está inquieto y no para de moverse… Sobre todo motivado por la pequeña chocolatina que me he comido a escondidas. Descalza camino de un lado a otro, acalorada a pesar que a esas alturas es más que oficial que la temporada de abrigos ya ha llegado. Pero no en casa. No con el climatizador y la calefacción. Con eso, puedo permitirme ir descalza teniendo los pies calientes y con shorts y una camiseta que cada vez es más pequeña y deja más vientre a la vista.

Pero tengo demasiado calor.

Probablemente es por no parar un momento… Pero no puedo. Si paro…Pensaré…Y necesito estar distraída.

Acaricio mi vientre y se tranquiliza como si supiera que su mamá está deslizando sus dedos por sobre ella. A penas quedan dos meses para que pueda conocer a mi pequeño Ángel. Estoy deseando conocerla (ya pienso en mi bebé como ella) Saber cómo será, si llorará mucho o será muy tranquila… De qué color serán sus ojos. ¿Serán tan azules como los de Rick? Espero que sí. ¿Tendrá mi nariz o la de él?

No puedo evitar proyectar e imaginar. Estoy ansiosa por tenerla en mis brazos y no solo por dejar de ir a esas clases de preparación al parto con las que he ido con Castle o porque apenas puedo abrocharme las botas o verme los tobillos… Por no decir de cómo me duele la espalda… Y sobre todo Porque aunque las nauseas han desaparecido los antojos no.

Tal vez por ese motivo sí que Rick estaría más que agradecido de que esos dos meses pasaran volando.

Sonrío y disfruto de todos esos pensamientos. ¿Se adelantará el parto o se atrasará? En un principio tengo fecha de parto para el 8 de Diciembre pero aunque tengamos todo bastante planeado…No quita que al ser esta mi primera experiencia tenga miedo. ¿Y si algo sale mal? ¿Y si no me quiere? ¿Y si no soy buena madre?

Suspiro. Todas esas dudas y preguntas llevan un par de días rondándome la cabeza y por consiguiente atormentando a Rick. No dejo de preguntarle todo tipo de cosas pero sobre todo no le dejo de repetir que no se qué haré si no se ser una buena madre… Él tiene paciencia. Y me consiente todos mis antojos.

Y es por eso que intento mantenerme ocupada.

Siempre que puedo.

Siempre que Castle me deja… Y el mejor momento para mantenerme ocupada es cuando él no está en el loft. Él no entiende que necesito mantenerme ocupada… Que si sigo así…En casa la mayoría del día…Sin trabajar… Pensando todas esas cosas…Acabaré volviéndome loca.

Él no entiende que solo estoy embarazada…Que soy capaz de hacer la colada, recoger el loft (A Alicia eso no le hace tanta gracia) e incluso arreglar un enchufe que fallaba en nuestra habitación.

Tal vez ya ha pasado el tiempo suficiente para poder volver a la doce…Nos tomamos nuestras vacaciones no hace falta completar el año sabático… Frunzo los labios. Estoy segura que Castle no pensará del mismo modo…

Bufo comprendiendo que por supuesto echo de menos la doce y vuelvo a la cocina donde había dejado la mitad del lavavajillas por recoger. Tengo que mantenerme ocupada.

Recojo mi pelo en una coleta alta mientras algunos mechones quedan sueltos y como puedo me agacho para recoger un par de platos. Noto como el talón del bebé empuja contra mi vientre y se hace un pequeño bulto en mi redondo vientre. Sonrío y recuerdo lo mucho que me impresionó la primera vez…Sobre todo en aquel momento en que fui consciente que Castle y yo habíamos creado algo tan bonito como una pequeña vida que esperaba a conocer mundo en mi interior.

Empiezo a tararear una canción y acabo cantando All my loving de los Beatles cuando el teléfono fijo empieza a sonar.

Sin mirar la pantalla respondo con un alegre 'Diga' y espero que me contesten al otro lado.

Es toda una sorpresa que el interlocutor sea Gates. Y sobre todo lo que tiene que decirme. La charla se alarga un buen rato y finalmente nos despedimos.

Yo me he quedado parada…Le he dicho que le devolvería la llamada con una respuesta en un par de horas… Tenía que hablar con Rick. Después de que una sonrisa se forme en mi rostro y que me muerda el labio, decido seguir, con más energía que nunca recogiendo el lavavajillas y haciendo un par de tareas del hogar.

La maldita canción se me ha metido en la cabeza y no puedo dejar de cantarla. Estoy tan absorta que ni siquiera me entero que Castle ha llegado.

Yo sigo bailando mientras termino de recoger y canto la canción hasta que él me habla. Yo me sobre salto y me giro para verle sentado en uno de los taburetes de la isla. Su sonrisa es encantadora y sus ojos brillan como nunca. Alzo las cejas.

Soy completamente consciente que lleva un rato ahí observándome… Disfrutando en silencio del espectáculo que le he ofrecido gratuitamente.

-¿Cuánto llevas ahí sentado?

-Un buen rato-murmura-No podía dejar de mirar tu trasero-sonríe y se levanta para acercarse a mí. Seguramente él me ve como la mujer más hermosa del mundo en ese momento mientras que yo me siento sobre todo hinchada.

Sus manos se posan en la parte de mi anatomía que recientemente ha mencionado y aprieta suavemente mientras me acerca a él todo lo que nuestra hija (Todos creemos que es niña y Martha me asegura que si fuera niño estaría más fea) nos deja. Atrapa mis labios en un tierno y dulce beso y succiona mi labio a la par que sus manos se mueven hasta posarse en mi barriga.

Me acaricia por debajo de la corta camiseta y me separo cuando me hace cosquillas. Le miro de nuevo y me rio.

-¿Qué hacías bailando? –Hace una mueca-Y sobre todo-se coloca a mi lado-¿Sabes que Alicia puede hacer esto cuando venga, no?

Yo muevo mi cabeza y pongo los ojos en blanco.

-¿Y si nos quedamos sin tenedores limpios?

-Saldremos a comer fuera-sé que no lo dice del todo de verdad, pero me enerva.

Yo le miro de costado y él alza las manos.

-Es una broma… Pero cariño…

-Sólo estoy embarazada.-le digo seriamente-Y sabes que me gusta hacer cosas a mi…Me gusta ser normal…

-Y lo eres. Soy yo el escritor best seller que prefiere tener alguien que se encargue de su casa y que su mujercita…

-No sigas por ahí, Castle-le tiro uno de los trapos.

-Bromeo-dice alzando las manos de nuevo.

-Quiero mantenerme ocupada… No quiero estar todo el día sin hacer nada…Aun queda mucho por hacer…Y estar todo el día en el sofá…Y tu estos días yendo a la editorial… Quería… Quería…hacer eso-señalo el lavavajillas donde cosas del bebé reposan después de haberlo esterilizado y él no puede evitar sonreír.

Me abraza por la espalda y observa como yo agarro los diferentes biberones con dibujitos de animales y chupetes de color naranja, morado o amarillo. Un par de tetinas y otras cosas necesarias de plástico como jarras o vasos etc. para nuestro bebé.

-Llegaron ayer y…No sé…Sé que es una tontería esterilizarlo ya y tendré que volver a hacerlo pero…

-Tenías que hacerlo.

Yo asiento.

El vuelve a besarme un par de veces y luego se separa para mirar hacia abajo y acariciar ahí donde nuestra pequeña se mueve como si reconociera la voz de su padre o su mano al tocar ahí donde patea.

-¿Y dime… Qué tal te ha ido el día?-pregunto, deseándole contar como ha sido el mío… No es que haya hecho mucho pero desde luego, estoy impaciente por contarle sobre la llamada que he recibido.

Él hace una mueca. Nada bueno puede salir de eso.

-¿Qué ocurre?

-Ocurre que se supone que estamos de año sabático y…

-¿Y?

-Tengo que ir a Chicago.

-¿Cuándo?-frunzo el ceño sin comprender-¿Y para qué?

-Bueno…-se rasca el pelo nervioso-Tenía una firma de libros que retrasé varias veces… ¿Aquella cuando nos… separamos?

Yo asiento recordándolo.

-Y… No puedo retrasarlo más. Tengo que ir.

Yo asiento. No me molesta que él tenga que irse por motivos de trabajo un fin de semana completo… No me molesta para nada que cumpla con su deber y mucho menos si eso me da a mí la oportunidad de decirle lo que voy a decirle sin remordimientos.

-Voy a ir a la central. Mañana.

-¿Qué? ¿Por qué?-me pregunta confuso.

-Gates ha tenido unas conversaciones con el subsecretario y quieren hablar conmigo.

-Pero Kate…

-Castle…-yo no digo nada más porque él ya ha asentido. Nos conocemos tan bien que sabe que no puede hacer nada en base a mi decisión. Él sabe que se trata de mi trabajo, de mi vida y que por supuesto pienso cuidarme y no cometer riesgos innecesarios, pero también quiero seguir trabajando después de que la niña nazca… No sé cuándo ni dónde pero quiero seguir trabajando y si es con la policía… Aunque sea capitana y no salga del despacho…Así será.

-¿Mañana?

-Mañana-contesto.

-Tendrás cuidado ¿verdad?.

-Solo es una reunión informal, cariño.

Él asiente. Aunque la última vez que le dije eso acabé desapareciendo misteriosamente y con una nueva herida en mi vientre.

-¿Quieres que te acompañe?

-¿Echas de menos a Gates?-pregunto bromeando.

-Un poco-me dice del mismo modo. No puedo evitar reír. Otra de las cosas que espero que nuestra niña herede es eso, ese algo de la personalidad de su padre.


Estoy sentada en una de las mesas de la central junto a Gates, en silencio. Acabo de beberme un café descafeinado caliente. A fuera el frío es cada vez más intenso. Me recuesto levemente para intentar encontrar una postura más cómoda mientras de reojo observo como mi antigua Capitán me observa con una sonrisa. Nunca esperé esa sonrisa tan encantadora de parte de ella…Supongo que el efecto bebé también es eficaz en alguien tan serio como la capitán Gates. Nadie es inmune.

Frente a nosotras está el diputado del comisionado Morrison, que alcanzó el puesto después de que detuvieran a Malone y junto a él uno de mis mentores, el sargento Ortiz.

Les escucho hablar entre ellos y con Gates. Luego se dirigen a mí y me explican cual es su oferta. No esperaba para nada esa proposición… ¿Cómo demonios se habrían enterado que necesitaba un descanso de tanto estrés y tanto peligro? ¿Habría sido Castle? No me extrañaría que él tuviera algo que ver.

-¿Entonces?-pregunta el sargento que seguramente al igual que Gates está en esta reunión extraoficial porque me conocen. El comisionado espera una respuesta por mi parte.

-Me está ofreciendo…-agarro uno de los informes y les miro intentando comprender toda la información que me han dado-¿Que deje paulatinamente la capitanía de la doce… Y colabore con la Academia?

-Eso es.

-Pero…Estoy embarazada…No sé si lo ha visto…Muy-aclaro-muy embarazada.

-Lo sé-se ríe como si nada- Esperábamos que se tome un tiempo antes…El tiempo que sea necesario.

Yo frunzo el ceño.

-Queremos que guíe a los nuevos reclutas…Queremos que sea un ejemplo a seguir, Capitán Beckett.-interviene el sargento-Sería un placer tenerla más seguido en la academia… ¿Qué me dice?

Yo me muerdo el labio. Es demasiado tentador. Y que me hayan llamado capitán después de tantos meses fuera de ese ambiente… Ha influido. Yo les miro a los tres.

-¿Puedo pensarlo?

-Por supuesto-Todos nos levantamos dando por terminada la reunión. Yo con más esfuerzo. –Me interesaría saber si cuento con usted en unos días.

Yo asiento y le doy las gracias por pensar en mí como primera opción. Nos estrechamos las manos y los hombres se marchan mientras yo me quedo mirando a Gates.

-Es una buena oferta…

-La academia está a casi dos horas de aquí-murmuro-Pero si…-la miro-¿Castle ha tenido algo que ver con esto?

Ella sonríe. Si. Si ha tenido algo o mucho que ver. Tendré que hablar con él… Supongo que él está más convencido que yo que es una buena idea aceptar ese puesto. Al menos por un tiempo… Siempre seguiría siendo Capitana, al fin y al cabo.

-Ese escritor suyo la quiere mucho…El detective Esposito me ha contado todo lo sucedido estos últimos meses…

Yo asiento. Ambas echamos a caminar mientras seguimos con la charla hasta llegar al ascensor. Ella se tiene que quedar allí…

-Capitán, piénselo. Si no quiere más contratiempos-por llamarlo de alguna manera-en su vida… Es la mejor oferta… No salir del despacho a veces cuesta, sobre todo a gente como usted.

Yo asiento.

-Muchas gracias, Capitán-le sonrío y le doy un abrazo como puedo sin poder evitarlo. En el fondo, Victoria Gates no es más que alguien fiel a sus trabajadores y estricto por el mismo motivo, pero una increíble persona.

-Dele recuerdos al señor Castle.

-Lo haré.

-Y avíseme cuando-señala mi tripa- la pequeña nazca.

-Por supuesto.

Yo entro en el ascensor y cuando las puertas se cierran no puedo dejar de darle vueltas a la idea… ¿Sería ese el momento de elegir un cambio y aceptar esa propuesta? ¿O sería mejor esperar ya que el cambio en nuestras vidas es inminente gracias a la familia que estamos formando?

Si algo tengo claro es que hablaré con Rick y lo decidiremos entre los dos.


8 julio 2023

Castle

Me hago con una bolsa de hielo y la envuelvo en un trapo de tela mientras Kate trata de consolar a Jake, a su lado Lily observa la situación y Reece está a punto de echarse a llorar al igual que su hermano.

Todavía siento mi pulso acelerado al recordar cómo Jake ha tropezado en las escaleras y caído casi hasta abajo haciéndose, por suerte, un solo rasguño en el brazo y un buen chichón en la cabeza.

Kate pasa una mano por la espalda de nuestro hijo mientras lo mece contra su pecho. Su rostro luce la misma expresión asustada que se ha instalado hace un rato en mi cara.

Cuando Jake ha comenzado a llorar me he sentido culpable. Tal vez podríamos haber evitado este susto, sin embargo es inevitable tener a los gemelos controlados todo el tiempo, y ya son capaces de abrir ellos mismos la barrera de seguridad en las escaleras.

El hecho de que sus habitaciones estén en el piso superior mientras que la nuestra está abajo sigue siendo un problema.

Camino descalzo, con la bolsa de hielo por la cocina en dirección a Kate y los niños, sin embargo antes de llegar a ellos siento un objeto punzante clavarse en mi pie y yo grito de dolor.

Salto a la pata coja durante los instantes que dura el dolor y cuando por fin abro los ojos me fijo en que el objeto punzante no ha sido otro que uno de los coches de juguete de los gemelos. Bufo molesto porque todo esté de por medio.

-¿Es que no hay ni un espacio libre en este loft? – Me quejo todavía adolorido.

Siento las miradas de nuestros tres hijos sobre mí, especialmente la de Jake que ha dejado de llorar en seco tras escuchar mi grito y ahora me observa fijamente con los ojos empañados y un surco de lágrimas alrededor de su rostro mientras solloza e hipea todavía agarrado a su madre.

Kate también suspira y en el mismo instante en que cruzamos nuestras miradas los dos sabemos la respuesta.

No.

No hay ningún espacio libre en este loft. Nuestra casa, nuestro hogar se nos ha quedado pequeño. A pesar de su amplitud ya no es un lugar adecuado para vivir con tres niños pequeños.

Y su distribución no es la más adecuada. Sobre todo teniendo en cuenta que uno de ellos se acaba de caer por las escaleras y aunque esta vez solamente ha sido un susto puede que la próxima sea algo más que eso.

Aunque nos invada la nostalgia con solo pensar en mudarnos y poner el loft en venta (especialmente a mí), ha llegado el momento de hacerlo.

Siempre pensé que acabaría envejeciendo aquí, pero lo que más me preocupa ahora es la seguridad y el bienestar de nuestros hijos, y al fin y al cabo, mi hogar no tiene por qué ser éste, cualquier lugar donde estemos todos juntos puede convertirse en nuestro nuevo hogar.


Kate

Camino de la mano con Castle por el Upper East Side después de dejar a los niños con la canguro, y a Lily bateando en Central Park con su abuelo – sonrío al recordar la cara de orgullo de mi padre cuando nos ha visto llegar y Lily vestía una camiseta de los Yankees que él mismo le regaló hace unos meses.

Había pensado en pasar el día con los niños en el parque, o simplemente un plan casero que implicase varias películas infantiles, sin embargo, después de haber pasado la noche anterior mirando apartamentos en venta desde el ordenador y no acabar de decidirnos por ninguno, Castle me ha sorprendido esta mañana diciéndome que había concertado una visita esta misma tarde con uno de los que más me gustaron.

Por supuesto que la sorpresa me ha hecho ilusión, sin embargo este apartamento, en una de las mejores zonas de Nueva York y con unas increíbles vistas a Central Park es demasiado caro, incluso para nosotros.

Pero Castle me ha hecho prometer que le daría una oportunidad y vendría a verlo.

Sonríe como un niño pequeño ilusionado y aprieta mi mano contra la suya cuando llegamos al portal del edificio.

Me pongo nerviosa cuando observo varias limusinas esperando en la puerta, con sus respectivos chofers, a los vecinos del edificio y pienso una vez más que nosotros no somos así. ¿Qué pasa si no encajamos aquí? ¿Si todo esto es demasiado para nosotros?

Castle tira de mí y entramos al edificio.

Nos reciben el portero y un empleado de seguridad. El portero, uniformado, nos pide la identificación antes de dejarnos subir al vigésimo piso. Al menos podemos estar tranquilos de que se trata de un edificio seguro para vivir con nuestros hijos.

Cuando entramos al ascensor, Castle pega su cuerpo al mío y me besa en los labios.

-Relájate – Me pide antes de besarme de nuevo – Este apartamento te va a encantar.

Yo respiro profundamente y asiento.

La agente inmobiliaria, Cloe, nos espera en la puerta del apartamento, al parecer el portero ya le ha informado de que estábamos llegando.

Cuando entramos en el apartamento la luminosidad del mismo, y las increíbles vistas al corazón de Manhattan nos invaden, proporcionándonos una sensación de bienestar.

En la entrada a la izquierda un telefonillo conecta directamente con la portería mientras que a la derecha unas escaleras nos guían hacia el piso superior.

-Subiremos después – dice la agente al ver que Castle y yo reparamos especialmente en las escaleras – Ahora quiero que veáis el primer piso.

Cloe nos guía por estancia principal de la casa: un amplio salón que conecta con el comedor y la cocina. Todo está perfectamente cuidado y pulcramente limpio. Cloe nos explica que el edificio cuenta con una empresa de limpieza que podríamos contratar si así gustásemos, sin embargo sé que en la mente de Castle ni se le pasaría por la cabeza renunciar de Alicia, nuestra asistenta desde hace bastantes años, y a mí tampoco me gustaría prescindir de ella.

Continuamos la visita por el primer piso y nos adentramos en una habitación, bastante amplia. Sonrío al ver la pared decorada con un papel rosa y no puedo evitar imaginarme a nuestra hija en este dormitorio. A Lily le gustaría tener una habitación tan amplia, y la necesitará a medida que vaya creciendo.

Aparto ese pensamiento de mi cabeza y sonrío cuando Cloe nos invita a pasar a la siguiente habitación.

Emito un pequeño grito, sorprendida. Este dormitorio parece haber sido exactamente diseñado para Jake y Reece, con un papel de color beige en las paredes a rayas con el color blanco y un amplio armario para guardar la ropita de ambos.

-Es perfecto – Susurra Castle girándose hacia mí.

Yo me limito a asentir, incapaz de admitir lo contrario.

Estos dos dormitorios conectan con un mismo baño el cual cuenta con una preciosa y enorme bañera. Castle y yo sonreímos y los dos imaginamos a Lily, Jake y Reece enjabonados en esa bañera y salpicando agua por todas partes.

-Todavía queda lo mejor – Dice Cloe con alegría. Sabe que el apartamento nos está encantando por el momento.

Castle me agarra la mano y caminamos por el pasillo hasta llegar a la habitación principal. Los dos abrimos la boca, sorprendidos al entrar allí.

Es simplemente perfecto.

El dormitorio comparte vistas con el salón, mostrándonos las copas de los árboles de Central Park. Las personas parecen diminutas desde allí arriba. Una cama de caoba preside la estancia, que además cuenta con un amplio vestidor y un baño propio.

Continuamos la visita por el piso superior y descubrimos que el apartamento cuenta con tres habitaciones más, las cuales podrían hacer de despacho de Castle, habitación de invitados y habitación de juegos para los niños; otro cuarto de baño; y un pequeño estudio que sin duda yo estaría encantada de ocupar además de una magnifica terraza con vistas increíbles donde podemos disfrutar de los días más soleados.

-Este apartamento es perfecto para vuestra familia – Repite Cloe por decimosexta vez. Lo ha repetido tantas veces que me he visto en la obligación de contarlas todas.

-Sin duda, estoy de acuerdo contigo, Cloe. Este apartamento es perfecto para nosotros – Dice Castle ahora, permitiendo que una gran sonrisa se instale en el rostro de la agente inmobiliaria. A Castle ni siquiera le importa que no haya una claraboya como la que tiene el loft recibiendo luz solar del techo… Es suficiente luminoso en general.

Yo me muerdo el labio mientras recorro el lugar con la mirada después de haber bajado al piso inferior.

-¿Puedes dejarnos a solas un momento, Cloe? – Le pregunta Castle amablemente.

-Por supuesto, iré a comprobar que todo está en orden en el piso de arriba – Cloe desaparece por las escaleras para dejarnos a solas, aun sabiendo que acabamos de bajar y todo está bien en el piso superior.

Castle y yo nos miramos y sé que él puede notar la indecisión en mi mirada.

-Volvamos al dormitorio – Dice él poniendo rumbo hacia el dormitorio principal de la casa.

Yo le sigo y me sitúo en el gran ventanal que preside la estancia, incapaz de fijar mi mirada en otro sitio, maravillada por las estupendas vistas.

Siento los brazos de Castle rodear mi cintura e inmediatamente me relajo.

-¿No te parece perfecto? – Susurra contra mi cuello, antes de acercar sus labios a mi piel – No nos tendríamos que preocupar por las escaleras, todos los dormitorios están en la misma planta – Vuelve a besarme – Y los dos podríamos tener un despacho en el piso de arriba, mientras los niños juegan en su propia sala de juegos…

Asiento. ¿Cómo decirle que no? Por supuesto que veo a nuestra familia viviendo aquí y siendo felices. No me habría podido imaginar un lugar mejor que éste, pero aun así está el tema económico.

Me giro hacia él y quedo aprisionada entre la ventana y sus brazos. Castle alza las cejas y busca sonsacarme qué es lo que me preocupa.

-El precio…Castle, es demasiado incluso para nosotros. Ni siquiera sabemos si yo seré elegida como Senadora…

-Nos las arreglaremos, no… No es realmente un problema. Yo ya estoy trabajando en mi nuevo libro, y tu sueldo de momento está siendo bastante aceptable.

Coloca su dedo índice sobre mis labios cuando me dispongo a hablar.

-Y tenemos dinero ahorrado – Asiento sabiendo que ése dinero es de ambos y lo hemos estado ahorrando durante años por si lo necesitásemos – Tenemos que comprar esta casa, Kate. Es perfecta.

Echo un vistazo al dormitorio, alzando la vista por encima del hombro de Rick, fijándome especialmente en la amplia cama, y sonrío.

Castle tiene razón, con el dinero que saquemos de la venta del loft, y una parte del dinero que tenemos ahorrado será suficiente para comprar este apartamento. Además, después de haber visto éste lugar no podría imaginar a mi familia viviendo en otro lugar.

Se acabaron los sustos con las escaleras, se acabó el salón repleto de juguetes por el suelo, se acabaron los problemas de espacio… Y el parque más grande de Nueva York se encuentra justo debajo de nuestra casa ¿qué más se puede pedir?

Sonrío antes de que Castle vuelva a besarme.

-Además – Susurra pegándose contra mí – No sabes cuánto deseo hacerte el amor justo aquí, contra este cristal, con estas vistas…

Las mejillas me arden al escucharlo y cierro los ojos. Lo cierto es que yo también lo había pensado.

Me río y lo aparto levemente antes de que eso ocurra ahora mismo, con la agente inmobiliaria en el piso superior.

Definitivamente, si, ese apartamento va a ser nuestro nuevo hogar.