Pareja: Viktor x Yuuri (Victuuri), leve Yurio x Yuuri.
Resumen: Un bailarín profesional, con una pasión poderosa por lo que hace, toda esa fuerza desbordándose desde su frágil corazón de cristal. Esa será la persona adecuada para cambiar tu perspectiva en cosas que estabas seguro que nunca cambiarían. En este momento Yuuri Katsuki les ha dado vida y amor a más personas de las se imaginaba.
Advertencias:Omegaverse, Yaoi, Lemon, M-preg, Semi-Au.
Disclaimer: Yuri on Ice no me pertenece. Todos los personajes implicados en este fanfic le pertenecen a Mitsuro Kubo.
Muchas gracias a Mawu Valkier por ser la beta definitiva para este fanfic, realmente le agradezco el tiempo que ella me brindará para corregir todo error que pueda tener una persona como yo.
Sé que aprenderé mucho de ella y de este modo ser capaz de escribir mejores cosas para todos ustedes. Estoy seguro que ella hará un excelente trabajo para esta historia.
Nuevamente, muchas gracias.
Mi caja musical.
Capítulo 2.
Arma de doble filo.
Estaba el joven japonés de cabello oscuro en la cocina, sirviéndose algo de leche de arroz en un vaso de vidrio, con un poco de yogurt sin grasa en un pequeño recipiente tomando una cuchara para poder comerlo y unas rebanadas de queso cottage igualmente sin grasa estaban en un pequeño plato ya servidos en la mesa listos para estar dentro del pequeño estómago y delgado cuerpo del bailarín. Se sentó y se dispuso a comer de inmediato. Era temprano por la mañana, así que el hambre ya se estaba haciendo presente; además, necesitaba energías para empezar el día y realizar su rutina de estiramientos que siempre hacia por las mañanas.
—¿No te han llamado, Yuuri? — Pichit muy curioso preguntó.
Como siempre, estaba en Instagram a través de su teléfono, al tiempo que revisaba los perfiles de otros patinadores mientras comía un par de panqueques en la pequeña mesa del comedor. A veces Pichit le sorprendía que con todo el dinero que ganaba Yuuri aún siguiera pagando el alquiler de un apartamento tan pequeño para el gusto del tailandés. Pero bueno, eso no era el tema ahora.
El cómodo silencio había estado abundando la habitación desde hace unos minutos, solo se oía el masticar de ambos, cada uno muy concentrado en acabar su desayuno y de vez en cuando se escuchaba un pequeño timbre del celular del beta cuando a este le llegaba una notificación. El tailandés ya estaba tan acostumbrado al sonido que esto ya no era fastidioso para el joven moreno.
A decir verdad, Phichit Chulanont era una persona algo ruidosa, el realmente lo admitía sin vergüenza alguna. Era alguien de emociones fuertes, una personalidad alegre y tenía mucho humor, así que no se llevaba bien con los ambientes tan "mudos" como el de este momento. No es que aborreciera los momentos de tranquilidad; disfrutaba de ellos como cualquier otra persona. Sin embargo, no podía quedarse quieto por mucho tiempo o se sentiría ansioso de no estar haciendo nada. Así que había decidido empezar una conversación amena con su mejor amigo, pero a lo segundos se sintió algo arrepentido después de ver la expresión molesta del japonés.
—No. —Suspiró con pesar, su expresión era triste y su andar cabizbajo de un momento a otro. Una mueca de disgusto se mostraba claramente en su boca, sin embargo, se recuperó con rapidez mientras comía una cucharada de aquel yogurt con actitud—. No obstante, eso no debería importarme en lo absoluto. Debo concentrarme en mi carrera más que nunca —declaró forma decidida mientras se levantaba de su silla y recogía sus propios platos y los colocaba en el fregadero.
—¡Es verdad! No te dejes llevar por desilusiones que no merecen tu atención —animó el tailandés mientras se levantaba y colocaba una mano amistosamente sobre el hombro del asiático más delgado.
—¿Verdad que tengo razón? —respondió con la frente en alto y una brillante sonrisa—. Después de todo, me he recuperado de una lesión que me dejo fuera del juego durante medio año y como bailarín principal del Ballet Bolshoi debo estar centrado. Si lo vemos de una perspectiva diferente, enseñarle a ese chiquillo solo me quitaría tiempo valioso. Yuuri Katsuki no debe rebajarse a ser un mezquino instructor de ballet en el momento más importante de su carrera, además…
Pichit solo veía a su amigo divagar por toda la cocina yendo de un lado a otro y con cada vuelta el pensamiento de que un hoyo aparecería en el suelo hacía presencia por su mente. Cada vez lucía más decidido y menos afectado por el hecho de que el joven patinador ruso no se había puesto en contacto con él, aun cuando ya había pasado dos semanas desde que recibió la llamada por parte de Lilia. Realmente parecía estar más feliz de no ser atado a dar clases a un patinador adolescente, se veía totalmente aliviado por este hecho entre más lo pensaba.
Y el tailandés estaba feliz por su amigo. Siempre había admirado de él su fortaleza y tratar por más difícil que sea. Ver el lado positivo de las cosas para ser capaz de seguir adelante con la cara en alto aun si esta se encuentra manchada de lágrimas.
Si, se veía muy seguro de sus palabras, pero Pichit no se sorprendió para nada cuando su amigo salió corriendo haciendo un escándalo cuando su celular empezó a sonar por toda la habitación, gritando un "¡Yo contesto!" Casi tropieza con el pobre Vicchan, que al parecer estaba muy animado y atraído por el sonido del teléfono, como si recordase y asociara el tono del celular con la felicidad de escuchar la voz distorsionada de su dueño a través del aparato. Yuuri sonrió ante esto y acarició la cabecita de su perro suavemente. Pronto se acercó a su mochila de color negro que se encontraba eventualmente colgada en una de las sillas del comedor. Removió con velocidad algunas cosas dentro de ésta para encontrarse con su teléfono.
Se calmó un poco colocando una mano sobre su pecho tratando que su corazón no huyera corriendo por el tan apresurado paso a el que iba. Presionó el botón verde para al fin poder contestar. Tenía que admitirlo, estaba nervioso y muy emocionado. Sus palmas sudaban, el cuerpo le temblaba como si un terremoto se estuviera originando dentro de sí, y un poco de ansiedad se iba añadiendo creando un remolino nauseabundo en su estómago. No obstante, una sonrisa ya estaba formada en su rostro, estirando la suave piel de sus mejillas.
—¿Bueno?, ¿quién habla? —habló algo más calmado. Trató que el titubeo no se notara en su frágil voz. Como si tratase de encontrar un poco más de estabilidad de donde no la había.
—¿Es usted el Sr. Katsuki? —una voz profunda de un hombre de edad avanzada, con un fuerte acento ruso resaltaba al pronunciar ese… ingles un tanto oxidado que sonó a través del móvil.
El azabache dio un pequeño "si" un tanto flojo y patético. Yuuri se regañó mentalmente por esto, ¿dónde estaba aquella confianza abrasadora que aparecía cada vez que estaba en frente y al centro del escenario en cada obra?
—Sí. — repitió más fuerte. No estaba seguro si el hombre lo había escuchado—. ¿En qué puedo ayudarle? — cuestionó, ahora con más claridad en sus palabras
—Mi nombre es Yakov Feltsman, el entrenador de Yuri Plisetsky. He de suponer que la señora Baranovskaya ya se le habrá comentado sobre nuestra propuesta hacia usted para que instruya a mi alumno en clases de ballet —habló inexpresivo y esperó con paciencia una respuesta.
—Sí, es correcto. Lilia me llamó hace dos semanas. Me dijo que ustedes lo hablarían y tomarían la decisión final para poder llamarme. —Tomó una pausa para que el hombre al otro lado del teléfono pudiera ser capaz de afirmar esta información, lo cual hizo con un gruñido, y de esta manera siguió con lo que tenía que decir.
—Por un momento creí que no me llamarían y eso habría sido un problema cuando volviera a mi rutina normal y eso huecos hubieran sido llenado con ensayos u otras cosas. ¿Sabe lo inconveniente que pudo haber sido para usted? —explicó Yuuri molesto con una voz seria.
—Sí, lamento mucho la tardanza que tuvimos para comunicarnos con usted. —El beta suspiró con cansancio. Casi podía imaginarse como tallaba sus ojos con fastidio.
—No le puedo mentir, realmente me pareció algo grosero e incorrecto que no me llamaran y me tuvieran de esta manera dos semanas. Estuve esperando una respuesta pacientemente para acomodar mi horario y así poder adaptarme con el joven Plisetsky a lo que se refiere al tiempo. Sin embargo, eso nunca paso, ¿no es así? —La furia burbujeaba poco a poco en el pecho del japonés y este parecía no querer ponerle alto a este sentimiento.
Y cuando escuchó que al hombre poco le faltaba para matar de forma literal al idioma más hablado por todo el mundo no dudó en hablarle en un ruso casi perfecto. Aún tenía que pulir una pronunciación aquí y allá, pero aún así estaba bastante bien para un extranjero como él. En realidad, tenían que darle merito, ya que los fonemas del japonés y del ruso eran totalmente diferentes, y aun recordaba como su pronunciación era un total desastre cuando trató de hablar día a día el ruso; había sido muy humillante, pero fue algo que valió la pena. De esta forma aprendió rápido y llegó un día en que ya no tenía que valerse de aquel idioma para comunicarse.
Al meditarlo de esta forma le parecía nostálgico, y recordaba cuando la omega lo tomó como su alumno. Ella con su inglés básico le hablaba y Yuuri con ese horrible ruso le contestaba. Una costumbre nació sin aviso cuando de ellos siempre mezclaban ambos idiomas. Por alguna razón era extrañamente reconfortante y tantos años de costumbre no se te los quitaba nadie. Quizás solo era una forma de aferrarse al pasado y más si esto era la comodidad para ellos. Típica debilidad de omegas, ¿no es así?
Realmente no.
Podía sentir como aquel hombre sudaba a gota gorda por el nerviosismo que comenzaba a sentir al escuchar lo que decía el omega. Pichit ciertamente podría sentir pena por el pobre hombre que estaba siendo atacado por un omega muy fuerte y con una actitud dominante que fue construyendo a través de largos y duros años de su vida —sin mencionar que Lilia fue una gran influencia para esto—.
Yuuri no era alguien que no tuviera confianza en lo absoluto, sólo era alguien temeroso en mostrar más confianza de la necesaria y causarle una impresión equivocada a los demás. No deseaba que todos se quedaran con la idea en la cabeza de que él era alguien engreído, porque no lo era y eso tenía que dejarlo claro.
Era un dilema en verdad si se analizaba bien todo este asunto.
Por un lado, si no eres fuerte alguien podría intentar darte una puñalada por la espalda cuando menos lo imaginas, ya que te verían como presa fácil, siendo sencillo de engañar cuando ya poseen tu confianza. Por el contrario, cuando se muestra una personalidad dura sólo crearán una imagen errónea, por el estúpido hecho de no comportarse como un omega de aquellas épocas de antaño, los cuales su única función era vivir por y para su alfa. Rusia era un país cerrado de mente ante esto, aunque no en su totalidad, tenían cierta intolerancia al ver que una persona no se comportaba como su género lo establecía.
No todos lo omegas eran muñecas frágiles y delicadas sin derecho de opinión; no todos los betas eran gente mediocre sin ningún talento sobresaliente, y no todos los alfas eran fuertes machos desbordantes de testosterona.
Yuuri de verdad podía causar miedo con facilidad si se lo proponía. Ser intimidante, cruel y despiadado con sus palabras; actuar sin ningún filtro de la moralidad humana podría ser fácil para él. Pero no era lo que quería para su vida, él no era así y no se permitía pensar de esa manera. Aunque una pequeña parte de eso salía cada vez que un alfa o beta y uno que otro omega realmente no se estaba comportando como debería ante él, no soportaba cuando alguien quería verle la cara de tonto. No aceptaba que alguien le agarrara el pie cuando le había ofrecido la mano. Al menos pedía un poco de respeto, y regularmente los alfas y betas —mayormente alfas, por supuesto, por su actitud prepotente que estos podían tener— tendían a aprovechar su "condición" de omega tratando de aprovecharse de su debilidad como especie.
Aunque todas estas personas se llevaban siempre una gran sorpresa cuando trataban con el japonés. Yuuri Katsuki era conocido no sólo ser un gran bailarín de resistencia tan alta como la de un alfa o mayor, también se caracterizaba por tener esa aura amenazante e intimidante que esta parte de la especie humana tendría por naturaleza. Muchos podían afirmar que también tenía "la voz", y por supuesto, esto era totalmente falso porque no nació como un alfa.
Era un omega de pies a cabeza, de corazón y de alma.
La voz era un truco sucio y bajo de parte de los alfas ante cualquier persona de menor poder que el alfa en cuestión. Aquella voz mandataria podía ser utilizada en momentos indicados, ya que tenía su lado bueno, porque, después de todo, estaba implantado en su condición como especie, por lo tanto tendría que tener algo positivo, aunque la mayoría del tiempo era usada de forma errónea por los alfas cobardes. Esta cualidad se utilizaba más en los omegas ya que provocaba sumisión absoluta. O terror, es lo que diría Yuuri. Un miedo sofocante que te impedía reaccionar. No podías moverte, se te incapacitaba la habilidad de hablar, ni siquiera defenderte si llegara a ser necesario; en otras palabras, tu mente pasaba por una parálisis momentánea. Y por momentánea se aclara por el tiempo en el que el alfa se le antojara tener a la persona bajo su dominio.
Yakov parecía tratar de arreglar las cosas con el omega ahora enojado. Tal vez Yuuri aún no se había percatado, pero en algún momento de la conversación el nerviosismo se marchó junto a la actitud gruñona y fuerte del beta que ahora solo murmuraba disculpas cada vez pocos momentos. El joven asiático indignado y el hombre ruso llegaron a un acuerdo mutuo de respeto por ambas partes. Los dos se disculparon por sus actitudes; Yakov por hacer esperar a alguien como Katsuki, al no llamarle ni siquiera para rechazar sus servicios y Yuuri por tal vez exagerar un poco el asunto, reclamando cosas de más en la charla calurosa.
Hablaron y siguieron hablando más calmados alcanzando una charla amena, conversando sobre lo que se haría a partir de ahora. El hombre de cabello gris mencionó aspectos que consideraba importantes que el Sr. Katsuki supiera sobre el joven Plisetsky, para que no se llevara una sorpresa al verle por primera vez. Fijaron una fecha definitiva para poder empezar su trabajo. De igual forma programaron una cita para poder verse. Acordaron ciertos puntos que se aclararían cuando se vieran en persona.
Primero platicarían sobre la enseñanza del ballet y que es lo que se hará respecto a formar un vínculo más personal, para que fluyera de una forma más rápida la relación alumno - maestro entre los dos jóvenes del mismo nombre, de esta forma podían prevenir un repudio que podía suceder entre los dos. También hablarían sobre las coreografías que el joven ruso tendría. Yuuri se ofreció con amabilidad para realizar ambas si no había problema o que tan solo pudiera ayudar en el enfoque artístico del movimiento. Yakov no dudó y aceptó gustoso, pues el omega le prometió que Yuri la tendría difícil con el como coreógrafo y entrenador por igual, y en ese momento recordó las palabras de su ex esposa. El japonés era alguien muy capaz, una persona con una pasión por lo que hace que no se comparaba a nadie y un talento demasiado desarrollado para alguien de su edad. Y con esto no podría dudar que su alumno no tuviera un reto, al contrario.
Yuri Plisetsky no sabía lo que le esperaba.
—¿No quieres que vaya contigo? —preguntó un poco dudoso el tailandés. Estaba preocupado por su amigo, y no dudó en exteriorizarlo.
—No es necesario, Pichit —contestó sin darle importancia. Colocando algunas cosas dentro del carrito, observando detenidamente la estantería en frente de el—. Estaré bien por mi cuenta. Aun así, gracias por tu tan encantadora oferta.
Llevaban recorriendo aquel supermercado por alrededor de 45 minutos. Tenían ya la mayoría de las compras, lo suficiente para subsistir por al menos lo que resta de la semana. El tiempo de irse estaba acercándose más rápido de lo que pensaban y necesitaban apurarse un poco con lo que faltaba.
Todo había ido bien hasta el momento. Solo unos cuantos reproches de Pichit hacia Yuuri cuando este solo hablaba de mantener su cuerpo delgado como estaba, y los regaños se hicieron más al ver como el azabache quitó comida del carrito. El japonés solo suspiró. Su querido amigo decidió por su cuenta llevar más comida por su salud y bienestar. No se podía quejar, después de todo él le había prometido recuperar el peso perdido y tenía que cumplirlo a como dé lugar. Yuuri no sabía si sentirse feliz o triste por esto, ya que sin mucho esfuerzo aceptó de todas maneras.
Como se podía apreciar no fue nada grave, solo fue una pequeña discusión. Pero todo se descontroló cuando Yuuri había decidido ir a la farmacia.
El japonés había bromeado inocentemente sin siquiera pensar en lo que provocaría. La confusión, el miedo y la ira se mostraron en el rostro del más bajo.
—Yuuri, eres alguien malo. Yo sólo quiero ser un buen amigo tratando de evitar una muy posible tragedia —explicó haciendo un puchero, abrazando fuertemente la cabeza de su amigo contra su pecho dramatizando más de lo necesario el asunto. Ignorando que posiblemente estaba lastimando la espalda de Yuuri obligándolo a estar a su altura.
El azabache solo suspiró con una sonrisa divertida y cansada.
—Soy un adulto después de todo Pichit. Recuerda que soy tres años mayor que tú, así que puedo cuidarme solo. Fue una broma lo que dije. Plisetsky no va a atacarme, solo fue un chiste. —Siguió caminando por el pasillo sin decir nada, tratando de acabar con el tema de una buena vez antes que el tailandés siguiera de insistente con la conversación que ya no tenía importancia para él.
Por supuesto que esto no funcionó. Pichit no le importó nada y siguió con la discusión.
—Sé que no te gusta que te traten como alguien delicado, porque no lo eres. Mira, yo pienso que…
—Ya vez, exactamente. Tú mismo lo dijiste, así que no insistas Pichit. — La molestia se hizo presente en su voz de forma terrorífica.
Pichit tuvo que reprimir un escalofrió y tragó duro al ver la mirada fría de su amigo. Poseía el cuerpo y la actitud suave, delicada y amorosa de un dulce omega, sin embargo, era todo lo contrario al momento que lo hacías enojar; era la furia de un alfa. Yuuri quizás no se daba cuenta, de verdad creía que toda la gente solo lo decía por maldad y darle una mala fama como persona al manchar su tan adorada naturaleza de omega, pero era una realidad. La furia con la que se podía expresar algunas veces causaba el suficiente miedo para salir corriendo despavorido para poder enterrar tu cabeza en la tierra en un rincón escondido y nunca más salir de ahí.
Cuando le vio gritarle a uno de sus compañeros en Detroit pudo jurar que todo el tiempo se había malentendido el género de Yuuri y éste sólo había sido un alfa algo tímido y delicado todo este tiempo. Sólo su aroma decía lo contrario. Era un suave perfume olor a lavanda y romero a la nariz del tailandés. Aun cuando los betas generalmente tenían mal olfato para distinguir este tipo de cosas que sólo los alfas y omegas podían, el olor era tan fuerte y embriagador que era capaz de percibirlo incluso desde unos 5 metros alejado Yuuri. ¡Eso era bastante para un beta como él!
Un omega con una furia de un alfa. Vaya arma de doble filo tenia Yuuri, ¿verdad? Suerte que su esencia siempre le salvaba de malentendidos. Si no gozara de ese cuerpo fino y esa fragancia exquisita, quien sabe en qué embrollos se hubiera metido su pobre amigo, aunque parece que este estaba vagando a ojos vendados cada vez que el peligro se le acercaba. Pichit solo quería ayudar y Yuuri se negaba tratando de hacerse el fuerte, malamente era eso lo único que no tenia de alfa.
Aunque sería gracioso si Yuuri pudiera golpear duro a su alumno alfa con esos brazos delgados suyos, tal vez podría tomar una foto de eso. De solo pensar en un omega de aroma encantador, enojado y gritando con una voz alfa con una imagen poderosa. Ahora que repetía sus propios pensamientos en su cabeza, algo quería hacer clic, como una idea iluminadora que le ayudaría a ver algo importante. Aroma encantador… voz alfa… ¿aroma y alfa?
¡Fragancia alfa! ¡Por supuesto!
—¡Yuuri, tengo una idea! —gritó emocionado mientras lo jalaba hacia otro pasillo de la sección de omegas—. Confía en mí, esto es lo más ingenioso que se me ha ocurrido en la vida.
—Pichit, espera, no podemos dejar la compra en el carrito en medio del pasillo como si nada, ¡y aun no compro los supresores! —Todo nervioso fue arrastrado por su enérgico amigo que seguía con esa sonrisa tonta en su cara.
No podía dejar las pastillas atrás, su calor estaba por llegar y no quería que iniciara sorpresivamente en el momento más inoportuno y arruinara sus planes. Era mejor prevenir que lamentar.
—Olvida eso Yuuri, no arruines mi momento de brillantez. De todos modos, tu nunca los usas ¿recuerdas? Tu sueles pasar tu calor y tu celo al natural. —Carcajeó por la cara roja de Yuuri todo avergonzado, el calor se le subía a la cara con rapidez y Pichit solo pudo reír aún más divertido—. Con esto serás capaz de ir con ese alfa adolescente sin la necesidad de tomar esos supresores que tanto odias.
Con eso Yuuri fue arrastrado contra su voluntad con una expresión de pánico estampada en su rostro.
—¡Solo pido que te comportes, Yuri! No querrás hacer enojar al hombre, créeme —Yakov vociferó muy molesto por la actitud del joven rubio que se mantenía con esa cara de mil demonios.
Estaba claro que el adolescente fue arrastrado a la fuerza hasta un restaurante de Moscú, fueron 4 horas de viaje en el tren Sapsan desde San Petersburgo hasta la ciudad natal del rubio. Lo habían tomado alrededor de las 6:40 de la mañana y su llegada fue alrededor de las 11:40. Estaban esperando al Sr. Katsuki para que llegara a aquel restaurante "Vogue Café" que se encontraba entre la intersección de Neglinnaya y el puente de Kuznetsky. O por lo menos eso era lo que el señor Katsuki había dicho. Estaba agradecido que el extranjero no fue estúpido y les dio la dirección correcta.
El joven alfa tenía que admitir que Katsuki tenía un buen gusto como para escoger este lugar tan genial y a la moda como Plisetsky lo describiría. Sin mencionar que Viktor —quien de simple metiche los había acompañado, pues probablemente solo quería ver el choque catastrófico entre Katsuki y Plisetsky desde su primer encuentro— le había mencionado que este era un punto de reunión de la alta sociedad. Era un lugar favorito de la zona y como no, si cuando preguntaron a un grupo de personas por el lugar antes de entrar no paraban de decirles que era un lugar recomendado con una comida muy buena e ingredientes de buena calidad y un menú bastante atractivo.
El asiático había llamado informándoles que llegaría unos minutos tarde, disculpándose por no poder estar ahí a la hora acordada. Yuri solo chasqueó la lengua, aún más molesto que antes. Le arrastraban hasta aquí solo para hablar con su "maestro" y este ni siquiera podía ser puntual, ¿cómo podía confiar en ese tipo si ya salía con sus problemas sin siquiera estar presente?
No esperaron mucho para poder ver en persona al japonés.
—Deben disculparme, tuve que desviarme al Ballet bolshoi para resolver algunos asuntos pendientes antes de venir aquí. Nuevamente lo siento mucho por el retraso.
Yuri abrió la boca sorprendido, casi saltando de la silla por la impresión, ¿la persona que estaba viendo en este mismo instante era Yuuri Katsuki? ¿Cómo pudo haber pasado por alto el apellido que había sido tan importante hace unos años? No se lo podía creer.
Al parecer su enojo fue lo suficiente para cegarlo de todo lo demás.
Era el ex patinador Yuuri Katsuki, la persona quien ganó el Grand Prix Junior en 2011. ¿Yuuri iba a ser su maestro? ¿Esto era siquiera real? Se sonrojo fuertemente por la vergüenza. Todo este tiempo había estado insultando al imbécil quien le enseñaría ballet. Al momento en que el japonés le dirigió la mirada se hizo el desinteresado, aunque su cara aún seguía tan roja como un tomate. Esperaba que nadie lo notara o iba a morir de la pena.
Yakov se puso de pie para saludar al recién llegado con un fuerte y firme apretón de manos. Viktor hizo lo mismo mostrándose respetuoso como cualquier adulto maduro haría. Se sentiría mal si no saludaba como se debía, es que tenía que admitirlo; solo estaba ahí por puro morbo. Por lo menos tenía que levantarse y darle la mano al hombre que vería muy seguido en el recinto.
—Mi nombre es Viktor Nikiforov. —la mano del azabache se sentía muy pequeña siendo cubierta casi por completo por el de cabello platino—. Es un gusto conocerle.
—Soy Yuuri Katsuki, también es un gusto Sr. Nikiforov. —respondió con una sonrisa amable y brillante—. El señor Feltsman me dijo que él también le entrena a usted en el Sports Champions Club. Siendo sincero no estaba enterado que el patinador más importante del momento estaba entrenando en ese lugar. Aunque ahora que voy a entrenar a el joven Plisetsky junto a Yakov me asegurare que él te arrebate el titulo Viktor.
La perfección invadió su espacio y sus fosas nasales de una manera impactante en el momento en que el azabache pronunció todas aquellas palabras con sus hermosos labios, como esos ojos brillantes de color marrón le miraban provocaba que sus piernas se convirtieran en gelatina y su aroma era tan…
De un alfa.
Estaba en shock, no podía moverse. Salió de su estupor cuando el joven pelinegro trato de zafarse de su agarre de su mano. Viktor le estaba aplastando la mano con fuerza, solo esperaba que no estuviera fracturada. Yuuri hizo una cara molesta y confundida mientras acunaba su mano destrozada en su pecho queriendo aliviar el dolor de alguna forma.
El hombre más alto hizo una mueca de disgusto mientras se alejaba unos pasos del japonés y se sentaba de nuevo en su asiento. Nikiforov se sintió asqueado consigo mismo. Por un momento se había sentido atraído por un alfa. De todas las personas dentro del restaurante el aroma de un alfa le había dejado la mente hecha polvo. La fragancia que el alfa soltaba le hizo activar todos sus sentidos y lo peor para su orgullo es que no había sido de una forma territorial. Él no era esa clase de escoria que eran una vergüenza para la sociedad.
Esto tenía que ser una maldita broma.
Mi caja musical.
Fin del capítulo 1
Próximo capítulo:
Capítulo 2.
Más allá de la primera impresión.
N/A: He terminado al fin y voy aclarar por qué dos semanas para actualizar. A mí me hubiera encantado actualizar cada semana, pero con la escuela me es imposible hacer eso. Mi horario no me lo permite. No salgo todos los días a la misma hora. Un día salgo a las casi a la 1 y otro salgo casi a las 4. No quiero imaginarme como será cuando me toque quedarme más tiempo en la escuela; en marzo empieza mi tortura. También es porque dos semanas significa más dedicación a lo que se refiere investigar para el fanfic. Es básicamente eso.
Curiosidades:
Creo que no aclare lo de las flores y siento que tengo que hacerlo: la cantidad de flores son importantes; si el ramo de flores tiene la cantidad para que sea un numero par, son para los funerales y para los muertos. Si usted le regala un ramo de flores con número par a una persona rusa, puede llegar a causar una mala impresión, pues hay gente muy supersticiosa en ese país helado.
спортивный Клуб Чемпионов o Sports Champions Club, es el lugar donde Viktor y Yurio son entrenados por Yakov. Aparece desde el capítulo uno, y vaya que tengo que decir que me fue difícil sacar el nombre y traducirlo. Más que nada lo que se me dificulto fue distinguir cada letra, de verdad estuve un buen rato tratando de saber que era que cosa, ya que era difícil distinguir que es lo que decía.
Como en el mundo de Yuri on Ice no existe la homofobia, y en el mío tampoco. Y no fue porque yo quisiera un mundo perfecto, sino porque en el omegaverse donde un macho omega puede quedar encinta por un macho alfa, no puede existir la homofobia. Porque la sociedad ya crece con esto y lo ve normal, si un hombre puede fecundar a un hombre, no será raro una relación homosexual. Pero eso no significa que en esta historia no habrá otros tipos de discriminación; como lo que escribí sobre los omegas, los betas, los alfas y sus estereotipos. Y de igual forma con el asunto de Viktor sobre un alfa que se siente atraído por un alfa, en este mundo está mal visto que dos personas del mismo tipo se amen. También representé esta intolerancia ante los roles de género establecidos como un igual de la homofobia en Rusia en el mundo real (si, también estuve leyendo sobre la homofobia en Rusia. Y no es tan malo como parece. Como en cualquier país hay homofobia, claro que aún sigue siendo malo, pero no tan, tan macabro como muchos lo plantean por lo que leí de una persona que vive allá)
Como siempre todos los datos rusos son investigados, las horas de partida y de llegada del tren y el nombre de este, las calles, el restaurante, todo es real; y lo investigo antes de ponerlo para estar seguro que no estoy dando un dato falso (o al menos eso intento). Me siento incomodo inventando lugares en el mundo real, y me gusta ser los más preciso posible para que se esta historia ficticia se sienta lo más real posible. Incluso estuve días buscando en internet apartamentos en Moscú para Yuuri (si, el apartamento en el que esta Yuuri es real, tuve que encontrar uno que estuviera cerca del Ballet Bolshoi, y que me gustara obviamente)
Por ultimo (de nuevo me extendí demasiado), les agradezco muchísimo sus comentarios, fue una gran sorpresa ver todos los seguidores con un solo capitulo. Muchas gracias por su apoyo ¡de verdad se los agradezco!
¡Nos vemos en dos semanas!
