Pareja: Viktor x Yuuri (Victuuri), leve Yurio x Yuuri.

Resumen: Un bailarín profesional, con una pasión poderosa por lo que hace, toda esa fuerza desbordándose desde su frágil corazón de cristal. Esa será la persona adecuada para cambiar tu perspectiva en cosas que estabas seguro que nunca cambiarían. En este momento Yuuri Katsuki les ha dado vida y amor a más personas de las se imaginaba.

Advertencias:Omegaverse, Yaoi, Lemon, M-preg, Semi-AU.

Disclaimer: Yuri on Ice no me pertenece. Todos los personajes implicados en este fanfic le pertenecen a Mitsuro Kubo.

Muchas gracias a Mawu Valkier por ser la beta definitiva para este fanfic, realmente le agradezco el tiempo que ella me brindará para corregir todo error que pueda tener una persona como yo.

Sé que aprenderé mucho de ella y de este modo ser capaz de escribir mejores cosas para todos ustedes. Estoy seguro que ella hará un excelente trabajo para esta historia.

Nuevamente, muchas gracias.

Mi caja musical.

Capítulo 4.

No se preocupen, ¡solo fue un accidente!

—Que estupidez, correrme del lugar de esa forma por algo como eso… de verdad ese alfa no sabe cómo comportarse con la actitud que debería.

Viktor estaba enojado, aun cuando Yakov sea su entrenador eso no le daba el derecho de permitir una conducta tan irrespetuosa como la de Plisetsky. ¿Qué acaso ese beta no sabía su lugar en la jerarquía? Lo único que pedía era que hiciera su trabajo correctamente.

Debía calmarse, era muy grosero pensar de esa forma, él no era alguien prepotente; era una persona que se mantenía serena no importaba en que situación desagradable estuviese, mantener la calma era una propiedad. Sin embargo, aquel alfa de cabello negro le había sacado de quicio con solo su olor y aquella actitud tan despreocupada ante él. Parecía que no lograba notar su presencia aun cuando estuviese en frente de él, como si no le importara su existencia. ¿Qué acaso lo estaba ignorando?

Ese aroma que su cuerpo generaba se sentía totalmente incorrecto ante más lo pensaba, sin embargo, había algo entre toda esa fragancia que le llamaba la atención, pero se sentía molesto con esa fragancia. Era definitivo que algo estaba muy mal con ella.

Quizá estaba exagerando, tal vez solo era el que no podía comportarse ante el alfa japonés, esto podía ser así, probablemente Viktor era el del problema o podía ser que no.

Ya no quería pensar en eso, tomó su mochila dejando salir un respiro y se la colgó al hombro listo para salir de los vestuarios. Pensó que lo mejor sería llevar la fiesta en paz y que debería disculparse con el coreógrafo de Yuri; tenía que admitir que su comportamiento no fue el más correcto desde que conoció al hombre asiático. De esta forma se decidió a dirigir su andar hasta la oficina de Yakov, puso su mano sobre la manija para abrirla, pero se detuvo cuando dentro pudo notar las voces de las personas que se encontraban ahí en la habitación. Curioso, se propuso a colocar su oreja en la puerta para escuchar mejor lo que estaban diciendo. Estaba algo sorprendido que aun estuvieran ahí, después de todo se había tomado su tiempo cambiándose y arreglando sus cosas para irse del recinto. Le intrigaba cual era el motivo que los mantuvo ocupados discutiendo casi media hora más desde que se fue de la oficina.

—Yuri no te tomes a mal mi respuesta por favor, te lo pido. Es que eso a mí ya no me llama la atención. O al menos ya no como hace unos años, ya que como podrás ver soy tu entrenador y coreógrafo ya sabes…

—¡N-no le estoy pidiendo nada! —tartamudeó algo molesto—. Solo digo que usted no tomó la decisión correcta Señor Katsuki.

¿A qué se refería el rubio con "decisión correcta? No tenía ni la más remota idea a lo que se refería.

—Bueno eso lo decido yo ¿no crees? —La amabilidad no se hizo esperar en sus palabras, era obvio que le tenía paciencia al niño. Su respuesta había sido suave y con eso solo provocó que Plisetsky bufara con indiferencia—. Yo ya no soy un patinador Yuri entiéndelo, el ballet es mi vida ahora y es algo que disfruto bastante.

—Yo te admiraba…— dijo de forma dura—. Eras el mejor patinador Junior en ese tiempo y tu simplemente te retiraste como un vil cobarde sin siquiera pisar la pista de hielo como un Senior.

—Es porque mi tiempo ya había terminado joven Plisetsky.

¿Estaba oyendo bien? ¿De verdad el Sr. Katsuki fue un patinador como ellos? Para ser sincero no lo podía creer del todo. Él es un bailarín profesional ¿no? Era un poco imposible se diera el tiempo para ambos oficios en el pasado, ya que los dos son algo que se empieza a practicar desde una edad muy temprana. De verdad debió ser agotador si esto era cierto.

—Usted es un beta y aun si triunfó mucho en este medio. Aunque no puedo evitar pensar que desperdicio su talento —dijo enojado y algo avergonzado. Estaba claro que dar cumplidos no era lo suyo y era obvio porque no se veía acostumbrado a decir palabras halagadoras a los demás.

—Créeme que no lo hice, te lo puedo asegurar —declaró Yuuri —. Y si fue así ¿qué importa? Ya no se puede hacer nada. Te pido disculpas si eso te hace sentir mejor.

—¡No tiene por qué disculparse! —gritó el "Hada rusa" levantándose bruscamente de la silla— Es solo que…

—¿Qué pasa Plisetsky? —cuestionó al ver la expresión de impotencia que el rubio se cargaba—. Soy tu entrenador así que no tengas miedo a decirme cualquier cosa, incluso si eso es algo insultante hacia mi persona.

Yuri pudo evitar sonreír un poco en ese momento, sin embargo, de inmediato un ceño fruncido se apodero de su rostro.

—Es solo que me hubiera gustado competir contra usted. —El japonés no se estaba esperando esas palabras así que su shock no se hizo esperar —. Estaba esperando a tener la suficiente edad para ser Senior y alcanzarlo, pero usted simplemente se fue sin darme la oportunidad de estar con usted y estar los dos en la misma pista.

Se escuchó el fuerte suspiro del asiático incluso a través de la puerta en donde Viktor se encontraba. Algo triste y cansado se pudo percibir aquel aliento. Yuuri también se puso de pie con delicadeza a comparación de su joven alumno. Colocó una mano sobre el hombro del adolescente y sonrió.

—Pero ahora tienes otra forma de compartir la pista conmigo ¿no lo crees Yuri?

El silencio se hizo sepulcral y el alfa chismoso decidió irse.

Ya había escuchado suficiente.

—¡Makkachin! ¡Estoy en casa!

Viktor gritó a su mascota mientras se quitaba los zapatos para dejarlos en la entrada y ponerse los tápochki para andar más cómodamente por su apartamento.

El ruido que provoca el viejo caniche al corretear por toda la casa ante la llegada de su amo era lo que al hombre de veintisiete años le daba energía cada vez que llegaba de un día largo y pesado por el entrenamiento. Nunca se había caracterizado por tener mucha resistencia además que ya los treinta le estaban alcanzando a un paso más rápido de lo que el realmente quería.

Se agachó a la altura del perro entusiasmado que no paraba de manifestar su emoción. Lo acarició juguetonamente riéndose cada vez que el caniche empezaba a dar vueltas sin control al momento que veía su propia cola moverse para empezar a perseguirla.

—¿Me extrañaste? —Makkachin ladró más fuerte dándole lengüetazos cargados de saliva al rostro de su dueño—. Veo que eso es un sí.

Se tumbó en el sillón y encendió el televisor con Makkachin a sus pies. Cambiando de canal estaba el ruso, sin embargo, no parecía darle mucha importancia a lo que estuvieran pasando, no podía concentrarse y ponerle atención a algo que no le estaba interesando en ese momento. Aún tenía en su mente aquella conversación que se había desarrollado hace unas horas en la oficina de Yakov. No sabía con exactitud porque, pero no se podía creer lo dicho sobre el japonés. Así que decidió indagar por sí mismo.

Y vaya impresionante sorpresa que se llevó.

Era simplemente fantástico, sublime e impresionante. Se preguntaba lo mismo que el rubio ¿Por qué dejó el patinaje? si cada actuación que veía de el en YouTube eran cada vez más atrapantes, tanto que no se podía apartar la mirada por más que se intentara. También buscó a través de internet lo que había mencionado Yuri, sobre el Señor Katsuki siendo un beta y encontró bastantes artículos, blogs, imágenes y entre otras cosas en internet hablando de eso. De hecho, paso bastantes minutos leyendo esos foros con muchas entradas sobre el japonés en el mundo del patinaje y el debate sobre el segundo genero de Katsuki era uno de los que más se hallaban discusiones.

Por lo que pudo recolectar de información esto era un tema que nunca se aclaró ya que no era necesario en ese tiempo por como Viktor lo recordaba, pues aun no existía el cambio en la división en la que separaban a los omegas, betas y alfas para que cada grupo tuviera sus propias competencias dependiendo de su segundo género y no del primero; sin mencionar que el asiático solo llego a ser un Junior por lo tanto las personas que estaban en esta categoría por regla debías tener entre 13 a 19 años para estar en esta, y esta era la etapa en donde el segundo genero por lo general aun no aparecía hasta máximo a los 16 años, sin embargo como menores de edad estaban en el derecho de decir o no que es lo que eran.

Yuuri Katsuki nunca aclaró esto a mala suerte de sus fans, los curiosos y por supuesto Viktor.

Había muchas suposiciones sobre esto, teorías a bases de pruebas e interpretaciones de los fans que veían cada programa de cada competencia, entrevistas y fotos. Todo el material era recolectado y compartido para generar más opiniones y una comunidad más unida, el motivo era simple: conocer más acerca de su misterioso y reservado ídolo japonés.

Y era justo lo que se proponía hacer durante lo que restaba del día.

—Déjame ayudarte con tus maletas. —El rubio tomó el equipaje del japonés sin esperar una respuesta y las metió en el maletero con cuidado, también de mala gana ayudando al tailandés que parecía batallar un poco con todo lo que cargaba.

—Muchas gracias —dijeron ambos asiáticos cuando finalmente subieron al coche.

Viktor dio marcha al auto y pronto salieron de la Estación Moscú rumbo al nuevo departamento de Yuuri.

—Así que dime Sr. Katsuki ¿Te está agradando San Petersburgo? —preguntó Viktor cuando el semáforo se encontraba en rojo.

—No es la primera vez que he estado en San Petersburgo— mencionó Yuuri mientras jugaba con Vicchan a través de los barrotes de su kennel—. Me agrada San Petersburgo es una ciudad muy bella, pero mi corazón siempre estará en Moscú.

Yuuri le contestó en ingles al mayor a pesar de que él le había realizado la pregunta en ruso. Esto o hacía para no dejar a su mejor amigo fuera de cualquier conversación que se tuviera en ese momento. Phichit aún no era capaz de entender el ruso en su totalidad, solo algunas palabras sueltas por aquí y por allá gracias al azabache que desde hace años que le había enseñado en su entusiasmo por el idioma y querer compartirlo con alguien más; el tailandés solo llegaba a eso, puesto que su pronunciación seguía siendo un desastre por completo, aunque solo era cuestión de tiempo para que comenzara a ir a clases para aprender el idioma gracias a la insistencia de Yuuri. Phichit estaba agradecido con el omega con el gesto tan considerado de su parte, Yuuri captó la sonrisa del moreno y le sonrió de vuelta.

—Es verdad, su amor por la ciudad no podría ser mayor. Se enamoró inmediatamente desde que fue a la Plaza roja por primera vez.

—De hecho, fue el primer lugar al que Lilia me llevo cuando llegamos, pero la ciudad por si sola es una preciosidad, me encanta el aspecto que tiene.

—Eso es verdad, la Plaza roja es maravillosa en mi opinión —mencionó Plisetsky interesado en meterse en la conversación—. Recuerdo que siempre pasar por ahí con mi abuelo cada vez que salíamos a dar un paseo. Quizás es por eso que me parece tan bonita.

Viktor suspiró y puso de vuelta su atención al volante resignándose un poco a comenzar una conversación decente con Yuuri, el azabache al parecer era demasiado despistado para notar eso o era muy perspicaz y quiso evitar tener ese tipo de acercamiento con él a toda costa. Si era esto último lo que hizo, siendo sincero no lo culpaba, lo había atacado y con solo mirar su rostro maltratado lo hacía sentirse muy culpable y asqueado consigo mismo.

El respeto que los demás le tienen a un alfa se acaba cuando el alfa ataca a un omega.

En otro momento tendrá su oportunidad de hablar cara a cara con el omega mentiroso.

—¿Aquellos dos estarán realmente bien? No se han movido de su lugar desde que llegamos —preguntó Yuri viendo a Viktor y Phichit observándose con firmeza, cada uno en un sillón diferente de la sala.

—No lo sé y no me importa ni un poco, prosigue con los estiramientos que te indiqué Plisetsky.

Era todo lo contrario, claro que le preocupaba. Aquellos dos estaban en sillones diferentes, y Phichit parecía el más disgustado, Viktor solo se mostraba indiferente y un poco aburrido, casi perdido en sus en pensamientos. Solo se permitió suspirar, ya habría tiempo para eso después.

Estaban ya en el apartamento del pelinegro y era justo como lo pidió cuando lo había acordado con Yakov. Barras de ballet, espejos enormes cubriendo la pared de la sala, un pequeño teclado junto a una pequeña grabadora y una caja de cartón con otros objetos que el azabache ordenó hace unos días. Era obvio que Katsuki se había preparado bien para enseñarle a el adolescente rubio correctamente el arte tan bello del ballet.

—Esto es aburrido, ¿Cuándo es que empiezo a bailar? —se quejó Yuri mirando a su maestro que le observaba desde el sillón que apartaron momentos atrás para generar más espacio para practicar, colocándose sus propias zapatillas.

—Primero debemos desarrollar flexibilidad y condición física adecuada en ti. He notado que siempre pareces demasiado cansado después de una presentación.

—¿Y eso que? Realmente creo que eso es normal, después de todo es mucho el esfuerzo el que pongo ¿no? —gruñó molesto el rubio, dándole una mirada de muerte a su maestro. Yuuri tragó duro y apartado el rostro, aquella mirada le había infundido algo de miedo.

—N-no es estoy diciendo que no pongas esfuerzo Yuri— aclaró nervioso—. A lo que me refería con esto era que este agotamiento se debe a esa sobrecarga que le pones a tu cuerpo y al no estar en condición para soportar todo aquello viene la fatiga y este….

Comenzaba a ponerse a titubear en sus palabras, pensando antes de hablar y tratando de no herir el frágil orgullo del alfa. Para su suerte el sonido de las patitas de Vicchan resonaron por el pasillo de nuevo como hace justo unos quince minutos lo habían hecho, interrumpiendo el momento incomodo que Yuuri estaba tratando de evitar. El pequeño animalito estaba emocionado explorando su hogar temporal desde que llegaron; corriendo de ida y vuelta, de un lado hacia al otro todo el departamento, demasiado entretenido con el nuevo panorama como para detenerse. El pequeño caniche joven y juguetón comenzó a ladrar exigente hacia su dueño, moviendo su pequeña cola sin descanso.

—¿Q-que tal si tomamos un descanso Yuri? —sugirió amablemente, dándole una sonrisa al adolescente con sus palabras—. Tengo que darle de comer a mi hermoso Vicchan ¿verdad que sí? ¿quién es buen chico?

Yuuri declaró con una voz chistosa, dirigida únicamente al pequeño caniche, alejándose a paso apresurado con Vicchan justo a atrás suyo, revoloteando como un pequeño tornado en la cocina. El pelinegro sonrió ante aquella tan linda y tierna imagen; se había perdido mucho de su querido amiguito todo el tiempo que estuvo separado de él. De este modo sacó el paquete de croquetas y las sirvió al gustoso perrito que esperaba con ansias tener un bocado de su comida.

—Como quieras —bufó molesto levantándose del suelo, dejándose caer en el sofá y tomando el control remoto con el propósito de encender el televisor.

Phichit se dio la tarea de levantarse e ir junto a su amigo en la cocina.

—¿Quieres que te haga algo de comer? — preguntó colocando su brazo alrededor de la cintura del más alto— No has comido nada desde que llegamos.

—¡Claro! — volteó un poco desesperado y agradecido—. E-es decir, si no te molesta…

—Por supuesto que Yuuri, soy tu mejor amigo. Haría cualquier cosa por ti, después de todo me has dejado vivir contigo en tu apartamento, es lo menos que puedo hacer para agradecerte.

El tailandés se fue directo a la estufa para cocinar algo que le fuera agradable a la lengua y estómago delicado del bailarín. Había pasado demasiadas horas en Skype hablando con Yuuri para conocer suficientemente bien la dieta que debía llevar. Así que empezó a hervir algo de agua en una olla para preparar algo de té. Dejo eso de lado para sacar algunas frutas del refrigerador para hacer con ellas junto con la avena algún tipo de revoltijo saludable que siempre había visto ver a Yuuri comer por aquellas video llamadas.

De un momento a otro Phichit sonrió ante aquella imagen que presenciaba en la sala; Yuuri y aquel rubio con boca sucia que tenía por alumno estaban devuelta en los ejercicios y como el azabache ya tenía muy bien puestas sus zapatillas favoritas negras, el tailandés sabía que esto se pondría interesante, pues el bailarín ya estaba con esa cara de maestro con un semblante serio dándose a respetar y su autoridad en el joven alfa se hacía presente.

El adolescente estaba tratando estirar sus manos más allá de los dedos de sus pies—a lo que apenas y si llegaba—, pero esto mismo le parecía imposible y tenía que admitir que se sentía un poco humillado ver como el japonés lo hacía con una facilidad impresionante. Cuando Yuuri acabó con sus estiramientos le tendió la mano y se levantó para auxiliarle.

—No te presiones Yuuri, ya he dicho que esto es normal. No harás las cosas a la primera por más que así lo desees— explicó de forma calmada, agachándose y colocando sus manos sobre sus hombros—. Esto lleva tiempo y dedicación.

—Ugh, lo sé…. supongo— rodó los ojos exasperado—. Pero demonios ¿cómo es que lo haces?

Phichit en lo personal le parecía algo bueno que Yuuri no estuviera trabajando en el Ballet Bolshoi por el momento y probablemente el pelinegro le mataría si supiera esto, no obstante, el estrés en el que había estado incluso antes de su tobillo realmente podría matarlo primero que la furia de Yuuri a Chulanont. Los ensayos, las clases, las obras y los planes a un futuro bastante cercano que tenía con la compañía, por lo que este trabajo temporal de entrenar a un patinador profesional le serviría bastante para descansar, aunque sea por un año, de esta forma se tomaría las cosas con calma y eso le parecía fantástico. Porque siendo sinceros, para Yuuri enseñarle ballet al pequeño ruso era un juego de niños. ¿era divertido? Si, ¿era difícil?, no tanto como lo que hacía bailando, era un nuevo reto y una grandiosa experiencia y el azabache solo lo veía así.

Debía amarse a sí mismo antes que nada y con eso se refería colocar su salud mental y física antes que el trabajo, ya que sin esto no podría realizar su trabajo de forma correcta, por más que le doliera era si de simple. No quería mencionar esto, pero era algo que no podía ignorarse; el japonés estaba siendo descuidado consigo mismo últimamente, por lo que si él no se cuidaba Phichit lo haría con gusto y sin ningún problema.

La felicidad le duró poco al tailandés, el alfa ruso de cabellera platina y frente ancha se acercó a él con curiosidad en sus ojos. Trató de tranquilizarse respirando hondó y resistir el impulso de gruñirle; la sola presencia del hombre le molestaba desde sobre manera desde su primer encuentro unas horas antes. Le había bastado todo lo que Yuuri le dijo sobre él. Por ejemplo, cuando le destrozó la mano en su primer y único apretón de manos, todas esas miradas de odio y repulsión que le envió en esas dos semanas, y como olvidar el ataque que causa que el azabache llegara al apartamento temblando con todos aquellos rasguños, contándole lo que había pasado, con cada palabra ese aroma de terror cubriendo su ser.

—¿Qué hace? ¿Puedo ayudarle? —preguntó algo entusiasmado, acercándose más de lo necesario—. No, gracias. Estoy bien yo solo— contestó algo cortante.

—Está bien, como gustes. —Viktor se alejó a paso lento de la estufa mirándolo con una sonrisa inusual en su rostro—. Yo solo quería ofrecerte mi ayuda, pero supongo que no la necesitas.

El hombre se esperaba ese rechazo, aunque se había imaginado algo más emocionante que respuesta relativamente tranquila, sin embargo, su acercamiento le fue suficiente para que su nariz fuera capaz de oler su aroma y grabarlo. Siguió con su plan y se dirigió lentamente a Yuuri. Esta parte era la más difícil, puesto que solo tenía un intento y no podía fallar.

Le sorprendió que el omega fuera capaz de ocultar su olor por un periodo de tiempo bastante impresionante, a decir verdad. Con lo fuerte que la fragancia de un omega masculino podía llegar a ser, y junto con la nariz de un alfa con un gran sentido del olfato, quienes son los únicos capaces de identificar en su totalidad el aroma característico de cada omega, realmente tenía que darle crédito por lo que había logrado. Se sintió aliviado cuando se enteró que el japonés no era un alfa, el alma le regreso al cuerpo en ese momento. Bueno, no tenía al cien por ciento confirmado que el azabache era un omega, pero por lo menos sabía que no era un alfa, aunque había logrado engañarlo.

Beta u omega, esa era la cuestión de muchas personas en años pasados. Unos tenían "pruebas" de cuál era su segundo género, algunas eran más creíbles que otras y otras que no tenían sentido para nada. Solo podía conformarse con la información de las noticias en los periódicos y uno que otro artículo en internet. "El bailarín con el corazón más frágil del mundo", así era llamado por los medios y no pudo estar más de acuerdo con ese apodo. Los programas de su patinaje que realizó en su juventud como Junior le habían dejado con ganas de más y ahora estaba curioso de verlo en el mundo en que más disfruta y ama. Un mundo del que sabía a la perfección como transmitir todo tipo de sentimientos sin la necesidad de expresarlo con palabras.

Quería verlo bailar, pero si hablaban de este preciso momento. Lo único que quería era verlo quitarse esa mascara y que mostrara lo que en verdad era, con piernas temblorosas y la mente hecha gelatina. Iba a hacer una cosa simple, no obstante, tenía que tocar en el tiempo y lugar correcto para que funcionara.

—Disculpe, señor Katsuki...—llamó en voz baja y apartándolo un poco hacia al fondo y de la vista del tailandés.

El azabache parecía que le había puesto otros estiramientos al rubio en suelo, mientras él mismo hacia los suyos de pie y dejo lo que estaba haciendo para prestarle atención a Viktor.

—¿En qué puedo ayudarle Sr. Nikiforov? —respondió sin mucho ánimo el japonés, cruzando los brazos y sacando el pecho tal cual un alfa a la defensiva haría.

Eso ya no funcionaba con él.

—Solo quería disculparme por cómo me he comportado, y lo digo enserio. De verdad lo lamento mucho.

Yuuri parpadeo una, cuatro hasta seis veces. Estaría mintiendo sino dijera que no estaba sorprendido por aquella disculpa de corazón, se podía ver en sus ojos la culpa.

—¿Es enserio que me está diciendo esto? —dijo desconcertado —. No sé qué pensar de esto sinceramente...

—No tienes que perdonarme Yuuri, ¿puedo llamarte Yuuri? —preguntó de manera suave.

—Sí...claro, n-no te preocupes. No tengo ningún problema.

La voz de Yuuri también era suave y muy calmada, su espacio empezó a sentirse pesado. Una mano se colocó en cuello, los dedos acariciando lo pequeños cabellos de su nuca. Él no lo apartó, se sentía con demasiado sueño para hacer algo. La mano izquierda hizo su camino lentamente hasta su espalda baja, presionando en algunos puntos específicos. El japonés no se percató cuando es que sus manos se llegaron a posicionarse en el cuello de Viktor, sus pulgares acariciando el nacimiento de sus clavículas.

—¡¿Qué mierda crees que estás haciendo?!

Viktor fue jalado hacia atrás desde la parte trasera de su camiseta. Phichit estaba colérico, por otra parte, el rubio estaba jadeando, molesto y confundido mientras cubría su nariz y boca con su suéter. Sus mejillas estaban rojas y sus ojos cristalinos, sin embargo, su ceño mostraba sus claras ganas de matar al alfa más viejo.

Cuando le obligaron a dar marcha atrás, apenas logro a percatarse que él estaba saliendo de un estupor al igual que Yuuri quien ya estaba en los brazos del hombre más bajo. De igual manera tampoco había notado el aroma que invadía la habitación, un dulce olor a vainilla y canela sus fosas nasales podían percibir. Sin previo aviso Plisetsky lo tomó del brazo

—Imbécil, tu estúpido coqueteo hizo que el cerdo entrara en celo —gruño aun cubriendo su rostro—. ¿A qué alfa se lo ocurre soltar feromonas de la nada y porque si enfrente de un omega?

—Espera… ¿tú sabias que era un omega? —preguntó sorprendido.

—Al principio no. Primero no tenía muchas dudas sobre el siendo un alfa, después vino ese día en el que su olor como especie se hizo mucho más bajo y luego hoy— tomó un momento para calmarse y hacer una pausa y no descontrolarse—, Yuuri no paraba de sudar desde que llegamos, era solo una fina capa de sudor, pero era suficiente para yo poder olerlo. No quise decir nada porque parecía manejarlo bien y solo parecía estar en calor y no en celo, pero nunca imaginé que fueras tan imprudente para hacer esto.

—Y-yo no… realmente yo no tenía esa intención —dijo titubeando —, bueno quiero decir es que no…

Phichit le veía con desaprobación, y por más que quería conectar miradas con el azabache esta se encontraba oculta en el pecho del tailandés que no permitía que Yuuri siguiera oliendo las feromonas alfa de Viktor que aun persistían en el ambiente.

—Es mejor que nos vayamos Viktor… —declaró Yuri arrastrando a su compañero fuera del apartamento —La próxima vez traeremos un regalo de bienvenida a su nuevo hogar y una de disculpas por la culpa del idiota que tengo que aguantar a diario. De verdad lo sentimos muchísimo, pero ya es necesario que nos retiremos.

Salieron a paso apresurado del departamento, el rubio liderando el paso y un Viktor avergonzado por detrás. Solo sus pasos por la acerca podían escucharse, todo lo demás a su alrededor era silencio puro.

—Voy a contárselo a Yakov —declaró con voz decidida.

—¡No se le cuentes a Yakov! —gritó asustado poniendo velocidad a su andar, lo cual provocó que Yuri empezara a correr.

—¡Se lo estoy contando a Yakov! —gritó cual espartano marcando el teléfono celular de su entrenador, tratando de no ser tacleado por el hombre mayor en el camino.

Y por otro lado en el apartamento, los dos asiáticos se encontraban sentados en el sillón. Yuri solo con ropa interior y una camiseta de manga corta estaba vestido con Phichit secando el sudor del cuerpo de su amigo con una pequeña toalla. El azabache estaba en mucho dolor y esto era lo único que podía hacer por el momento para aliviar un poco su sentir.

—De verdad ese alfa… no tiene respeto por nadie—murmuró para sí mismo.

—No te preocupes Phichit — habló sonrojado, ocultando su rostro en el cojín del sofá—. Solo fue un accidente — aclaró recordando aquellos ojos profundos de color azul y ese aroma que lo volvió loco y que no podía sacar de su cabeza.

Mi caja musical.

Fin del capítulo 4

Próximo capítulo:

Capítulo 5:

La soledad puede ser compartida

N/A: De nueva cuenta han pasado muchas cosas estas dos semanas, por ejemplo, el día de San Valentín, regale paletas de bombones cubiertos de chocolate a mis amigos los cuales se desconcertaron por esto (no soy una persona cariñosa), ya que los hice yo. Me corte el dedo con una navaja por accidente y una amiga se asustó mucho por toda la sangre que había. Realmente no se veía tan aparatoso como parecía. Jugué el partido de futbol más violento en el que jamás haya participado, las cosas se salieron de control; nunca nos habíamos dicho tantas groserías en un solo día, yo recibí accidentalmente una patada de mi mejor amigo en la cara cuando trate de quitarle el balón, pero luego me vengue cuando durmió conmigo en mi casa en mi cama y yo lo patee fuera de la cama mientras dormía. Me reí feo cuando lo vi en el piso. Y me di cuenta que las personas a las que les gustó son demasiado obvias, o quizás tengo una intuición demasiado fuerte, pero en los dos de los casos se ven demasiado desesperados por un novio.

Ahora dejare de contar las cosas que a nadie le importa por algo que talvez les sea más interesante.

Curiosidades:

Los tápochki son un tipo de "zapatos" o "pantuflas" que se utilizan en Rusia, es una obligación quitártelo cuando entres al hogar. El anfitrión de la casa visitada te prestara unas o puedes llevar las tuyas esto se hace para no ensuciar el piso y evitar pisar las alfombras.

Si existen estos foros (obviamente) del que solo se habla de patinaje y créanme que hablan de todo. El que yo conocí hace un par de años era: Golden Skate, pase horas viendo las discusiones y cuando digo que hablan de todo es de todo. Recuerdo que me encontré una de la cual hablaban si Yuzuru tenía anorexia, hasta hablaron sobre sus creencias religiosas y sus posibles intereses amorosos. Son cosas que puedes hallar bastante interesantes si lo piensas bien.

La Plaza roja es la plaza más popular de Moscú y de ella parten las calles, carreteras o vías principales de la ciudad, es considerada el centro de la ciudad y de toda Rusia. Su nombre no es dado por todos los edificios que se nos presentan en este color en aquella plaza, es algo totalmente alejado de eso. ruso Красная (Krásnaya), que en antiguamente en ruso significaba "bonita", (ahora significa roja). Se le llamaba a esta Plaza de esta forma simplemente por tener un aspecto tan hermoso, "La Plaza Bonita" seria su significado.

Cuando nos mudamos de casa hace 5 años aproximadamente mi perro no paraba de correr por toda la casa y como hay dos escaleras en la casa una en el patio y otra que da a la sala, se la pasó dando la vuelta a la casa por una horas y media. Son este tipo de experiencias que agregó a la historia porque siento que se vuelve un poco más natural, pero la verdad no estoy seguro si estoy logrando eso.

En mi mundo omegaverse, estar en calor y estar en celo son cosas diferentes, pero eso ya lo explicare más adelante.

Muchas gracias por sus comentarios, especialmente en Wattpad que han sido pequeñas cosas que me animan a seguir escribiendo y todos los seguidores que leen esta historia de verdad se los agradezco muchísimo. De verdad me encanta que demuestren su apoyo al fanfic, me encanta leerlos a todos ustedes.

Nos vemos este sábado 4 de marzo para el siguiente capítulo.