Como hemos conseguido llegar a los 300 reviews... Actualizo ahora. Si, es cierto que actualizamos los lunes pero... Tenía intención de dejarlo para mañana, pero al ver que hemos llegado a los 300 pues me he metido caña para actualizar ahora ;-) como señal de agradecimiento.

Mil gracias por leer y comentar.

Esperamos que os guste.

S&R

19 de Julio 2021

Castle

En cuanto me despierto al notar los leves rayos de sol darme directamente en la cara lo primero que hago, es abrazarme más a Kate e inconscientemente pegar mi erección mañanera a su trasero mientras mis manos que durante toda la noche han estado en su cintura, suben hasta sus pechos.

-Buenos días señora Castle-susurró en su oído y dejo un beso en su cuello.

Ella suelta una mezcla de gemido y queja. Yo bufo.

Me separo de ella esperando que mi erección baje… O si no Kate se encargará de ello con un codazo justo ahí… Lo sé por experiencia.

Recuerdo cuando no hace mucho, hacíamos el amor casi todos los días… Teníamos sexo en todas las habitaciones de hotel a las que íbamos y los Hamptons era sinónimo de erotismo. Aun recuerdo como aunque yo era un tipo desinihibido y que había tenido muchisimos encuentros sexuales (por asi decirlo) antes de sentar la cabeza con Kate... Con ella... Había aprendido muchisimas cosas... Asi como posturas y estaba disfrutando del sexo con amor al máximo. Kate me lo daba todo. En pasado.

Ahora no es nada de eso.

Ahora no estamos solos en nuestra casa de los Hamptons. Ni siquiera en la habitación.

Más relajado, me levanto y me quedo sentado en la cama, despeinado y medio cegado por la luz que entra por el enorme ventanal.

Kate me da la espalda y a su lado, toda espatarrada y con prácticamente media cama para ella sola está Lily enfundada en un pijamita de verano de planetas y estrellas. Está adorable.

Sobre todo dormida.

Aunque no me gusta que duerma con nosotros… Pero anoche, después de la pesadilla que tuvo no era capaz de dormir en su habitación sola. La excusa es que hacía tiempo que no estaba en la casa de los Hamptons… Yo digo que sólo son celos y que no deberíamos hacerle caso… Sobre todo cuando estamos intentando que los gemelos duerman también por si solos con el método Ferber.

Ahora, si Lily llora y reclama dormir con nosotros, no podemos dejar a sus hermanos solos en la habitación y hemos aprovechado que no nos habíamos deshecho aun de dos moiseses que aun teníamos en la habitación. Y ahí están… uno al lado de mi lado de la cama y el otro al lado de Kate.

Me levanto dejando a las chicas dormir y me asomo en la mini cuna de Reece para comprobar que él también duerme.

Rodeo la cama… Jake también duerme.

Me pongo unos pantalones cortos antes de salir y una camiseta cualquiera, me calzo las chanclas y salgo de allí cerrando la puerta despacio.

Cuando llego abajo, cojo el móvil que había dejado en la cocina y dejo una nota avisando de que iré a pasear… Avisar es algo que aprendimos a hacer Kate y yo después de lo que hemos sufrido en el pasado. Salgo hacia la playa. No hay nadie y no hay nada mejor que relajarse solo en la arena, con el único sonido de las olas en la orilla y los rayos de sol de la mañana.

Paseo durante un buen rato y después me dejo caer en la arena. Mis pies se mezclan con esa agradable sensación que produce la tierra húmeda. Mi ansiedad se reduce a nada y puedo respirar tranquilamente.

Todos mis pensamientos, sobre todo los más oscuros desaparecen al cerrar los ojos y respirar hondo. El aire despeina mi pelo completamente y sin pensármelo dos veces me despojo de toda mi ropa dejándola amontonada en la orilla.

Completamente desnudo, me meto en el agua, al principio tiritando por el cambio de temperatura.

Abro la puerta del jardín que da directamente a la cocina y lo que me recibe es un tremendo desastre. Todo lo que había conseguido solo en la playa desaparece. En la cocina hay restos del desayuno de Lily y los gemelos.

Alzo las cejas pero no digo nada. Camino descalzo dejando huellas húmedas en el suelo de madera a mi paso.

Cuando llego al salón, donde me dirige el ruido, Lily está quejándose mientras Kate sostiene en brazos a Reece.

El llanto incesante de Jake me hace saber que está arriba.

-Vaya ya has vuelto…

-Solo me he ido un rato…

-Te he llamado tres veces…-dice con un visible enfado mientras se mueve-Lily basta, te he dicho que no.

-¿Qué quiere?

Kate no me contesta mientras centra su atención en la niña. El lloro de mi hijo es cada vez más alto.

Miro mi móvil un segundo y compruebo que he desaparecido más tiempo del que creía y que efectivamente, Kate me había llamado.

-Lily, ya.- Kate se queja alzando la voz y entonces Lily comienza a llorar.

- ¿Qué es lo que pasa?

La niña corre para refugiarse en mis brazos y yo suspiro alzándola y miro a Lily, esta se queja porque mi ropa esta húmeda y mi pelo incluso tiene arena.

-¿Voy a ver qué pasa con Jake?

-Estaba haciendo la siesta…- Reece se ha calmado en los brazos de Kate.

-¿Ahora?

-Rick…- Kate suspira- Apenas duermen por la noche.

-Lo sé- me quejo. Yo también me despierto por las noches con ellos, por si no lo recuerda… Y también estoy cuando no quieren comer conmigo…- ¿Y has ido…? - Ella niega y yo frunzo el ceño - Iré…

- No. Y menos con la ropa así y el pelo…Tienes arena - me dice secamente - No han pasado los cinco minutos, él sabe que no le abandonamos… Tiene que aprender a dormirse…Y si cada noche cedemos a sus reclamos nunca dormiremos.

-Sí, pero ahora no es de noche, Kate.

Kate me mira molesta y yo me muevo con Lily en brazos hasta dejarla en el sofá.

Con una simple mirada decidimos ir a la cocina para no hablar delante de ella.

- ¿Y todo esto? - digo señalando la cocina.

- Si es difícil hacer que funcione contigo… Los dos lloraban a la vez y tu hija no quería comer lo que había.

Kate y yo habíamos empezado una nueva rutina con Lily que consistía en ponerle dos o tres trozos de comida variada y que ella decidiera que comer… Era un método que habíamos leído en un libro y que no estaba terminando de funcionar.

-¿Y entonces?

-Y entonces lloraba porque quería los pancakes de papá…- me dice seriamente - Y tú no estabas…

-Yo…Necesitaba tomar el aire- me disculpo.

Ambos nos quedamos callados. Reece sigue dormido en los brazos de Kate.

- Déjame lo llevaré a la cuna y de paso comprobaré que Jake sigue bien.

- Jake está en su habitación, si llevamos a Reece ahora se despertará…- pero justo en ese momento, Jake ha callado.- Iré primero para comprobar que está bien…- mira el reloj y efectivamente los minutos que debíamos esperar para acudir han pasado. Todo claro, dependiendo del libro del método Ferber.

Kate sale de la cocina y yo suspiro. Me pongo a limpiar todo intentando distraerme…No quiero pensar en todo lo que han cambiado nuestras vidas desde que nacieron los gemelos… En cómo han alterado todo, porque, después de todo, no me imagino mi vida sin ellos…Son mis hijos. Ellos, Lily y Kate son lo más importante… Y aun así, siento una presión en el pecho. Necesito… Ahora mismo necesitaría estar en Nueva York, en el bullicio de la ciudad… Perderme en Times Square como cuando necesito impregnarme de todo lo frenética que puede ser la ciudad que nunca duerme.

Necesito escribir. Necesito algo como era el trabajar cada día con Kate en la doce… Necesito salir de copas o a cenar con mi mujer… Necesito tener sexo y necesito gritar. Pero nada de eso es posible.

Necesito a mi mujer.

Me pierdo en mis pensamientos hasta que noto que una manita tira suavemente de mis pantalones. Lily me mira con una carita triste que me derrite el corazón.

-Papi ¿me haces….pancakes?

-¿Chocotillas? - pregunto.

-¿Qué son chocotillas?

Yo le sonrío y la alzo dejándola sentada en la mesa de la cocina.

-Ahora verás… Aunque solo si me das un beso…

Ella me agarra la cara rápidamente y me besa. Yo sonrío y todo se me pasa. Un momento después entra Kate por la cocina y no dice nada sobre que esté cocinando, al contrario, también me dedica una sonrisa.

Yo la miro algo confundido pero no digo nada.

-¿Nos ayudas?

Ella asiente y se une a nosotros. Lily sigue sentada ahí, disfrutando de la cocina y me ayuda con los ingredientes. Cuando Kate se pone a mi lado, no puedo evitar abrazarla y dejar un beso en su cabeza.

-Lo siento - murmuro.

Ella asiente.

-Yo también.

No quiero discutir más y sé que ambos estamos cansados mental y físicamente y que es más difícil de lo que creíamos…

-Esta noche te recompensaré - me susurra mordiéndose el labio.

-No he hecho nada para…

-Bueno, no tenemos tiempo a solas y quizás la falta de esa intensidad…

Si. Realmente tengo ganas de estar con ella… Pero tampoco quiero hacerme ilusiones, la ultima vez, terminé viendo un partido de Baseball después de esperar más de treinta minutos a que ella terminara una conversación con su asistente, Barry. Por supuesto Barry me quitó las ganas de tener sexo. El maldito Barry probablemente tenía más conversación con mi mujer que yo… O por lo menos conversaciones que no tuvieran que ver con pañales, biberones, horas de sueño y siestas o dibujos infantiles.

-Oh, sí tenemos intensidad… Para discutir…

-Rick…- yo alzo las manos poniendo cara de pena.

-Lo sé… No debería decir eso… Es que estoy agotado…No estoy inspirado -murmuro. – Me es difícil…

-Tampoco es fácil para mí… ¿Crees que lo es? ¿Sola?

-No…No sé…Recuerdo que mucho antes que tuviéramos a Lily te confesé…Que… No quería ocuparme de nuestros hijos solos como pasó con Alexis pero…

Ninguno dice nada aunque sé que no era lo correcto para decir después de que ella me ha medio confesado o echado en cara que no puede con todo y que se siente sola… ¿Pero qué puedo hacer? Los niños parece ser que sólo lloran conmigo y eso me estresa… ¿Y si no estaba preparado a estas alturas para ser padre? ¿O padre de dos niños? ¿Y si es demasiado?

Lily nos distrae demandando sus chocotillas, emocionada por probarlas y yo no puedo decirle nada. Cuando conseguimos que la peque este de nuevo entretenida, yo me acerco a Kate y acaricio su mejilla.

Los dos nos abrazamos en silencio.

-Tal vez podría… Bueno hay un taller de narrativa… O podría impartir alguna clase…

-¿Quieres eso? - me pregunta Kate separándose para mirarme algo sorprendida.

Yo asiento. No lo había pensado como una posibilidad segura ni cómo se lo tomaría ella, pero necesito hacer algo con mi vida… La idea de intentar algo así me apetece aunque hasta el momento solo había sido como una idea que ahora mismo toma más fuerza.

Ella no dice nada más.

El silencio instaurado entre ambos es lo más normal en nuestra relación ahora mismo… Eso o ser interrumpidos por algún llanto como sucede en ese momento. Yo hago el amago de moverme pero ella me detiene.

-Hay que esperar…

Si. Siempre hay que esperar… Suspiro.


8 de septiembre de 2021

Kate

Muevo mi brazo hacia el frente con decisión, esta vez no va a salirse con la suya.

-Esta vez no, jovencito – Le hago saber en un tono dulce bastante alejado de llegar a ser autoritario.

Sin embargo, cuando la cuchara está a punto de llegar a su boca, Jake presiona sus labios y mueve sus bracitos en todas las direcciones posibles, haciendo que toda la papilla de frutas de la cuchara se derrame por su trona, el suelo y parte de mi cara.

No es la primera vez. Ni es el primero.

Reece ha hecho exactamente lo mismo hace media hora.

Suspiro fuertemente y me levanto al mismo tiempo que empujo mi silla para atrás sin importarme el ruido que haga al ser arrastrada por el parquet. Estoy agotada. Mentalmente agotada.

Antes los dos comían de maravilla y sin embargo ahora… Desde hace un par de meses concretamente, todo son problemas. No sé qué ha ocurrido. O lo sé y simplemente no quiero pensar en ello porque si lo hago todo será mucho peor de lo que es ahora.

Humedezco un trapo de la cocina y lo paso por mi cara, tratando de limpiar los pegotes de papilla que los gemelos han dejado. También tengo algunos en el pelo, pero de esos me ocuparé más tarde.

Me acerco a la trona de Jake y también limpio su carita a pesar de que trata de resistirse también al trapo húmedo. Regreso a la cocina y lanzo el trapo sobre la encimera, sin importarme exactamente dónde caiga. De todas formas el trapo húmedo no hará una gran diferencia, ya todo está desordenado.

El bebé llora porque quiere bajar de la trona, por su carita todavía húmeda o sin ningún motivo. Ya no lo sé. Ya no sé por qué lloran porque últimamente lloran todo el tiempo. Lo cojo en brazos y se calma, por supuesto, eso siempre ayuda.

Pero en cuanto Jake se calla, es Reece quien comienza a llorar. Me giro hacia la parte desde la que proceden los gritos solo para ser testigo de cómo Lily empuja a su hermano y lo mira con una cara que yo misma podría haber catalogado como de "sospechosa altamente peligrosa". Reece, que estaba apoyado con sus manitas sobre la mesita del salón, cae al suelo de culo y se queda allí sentado mientras sus lágrimas resbalan por sus mofletes hasta caer por su barbilla y mojar su bodie.

-¡Lily, no empujes a tu hermano! – Le riño mientras me acerco hasta allí, todavía con Jake en mis brazos – Te lo hemos dicho cientos de veces, son bebés.

-¡Quería coger el mando! – Se defiende ella alzando el mando del televisor.

Yo suspiro porque también estoy cansada de eso. Últimamente Lily se pasa el día en el televisor, en su Tablet, o jugando con el móvil de su padre. Es la única manera de poder controlar a los dos bebés que aunque todavía no se andan, gatean por toda la casa y ya han aprendido a ponerse de pie, abriendo todos los armarios y cajones a su alcance.

-No me importa, no hay excusas. No vuelvas a hacerlo. – Le digo, utilizando de nuevo ese tono autoritario.

Lily aprieta sus labios y se tumba boca abajo en el sofá, pataleando y lloriqueando también ella.

-Estupendo… - Murmuro para mí mientras dejo a Jake en el suelo y lo reemplazo en mis brazos por Reece, que enseguida deja de llorar al verse arropado en los brazos de mamá.

Su pañal está húmedo y pesa; y todavía viste el bodie manchado de papilla. Después de media hora.

Eso y los llantos que escucho a mi alrededor hacen que mi cabreo vaya en aumento. Suelto el aire entre mis dientes y camino con decisión hasta el despacho de Castle, donde lleva encerrado toda la tarde.

No me importa si le interrumpo en uno de esos momentos de inspiración, ni tan siquiera si le molesta que lo haga. No me importa en absoluto.

Abro la puerta de su despacho sin haber golpeado en ella con mis nudillos antes.

-¡Castle! No me importa si estás escribiendo o…

Dejo la frase a medias cuando lo veo frente al pequeño espejo que tiene en el despacho, vestido con unos pantalones oscuros y una camisa azul y colocándose una corbata en el cuello.

Él me mira a través del espejo pero no dice nada.

-¿A dónde vas? – Pregunto, aturdida, colocando mejor a Reece en mis brazos.

Jake, que al parecer me ha seguido hasta allí, entra gateando en el despacho hasta llegar frente a su padre, reclamando su atención.

-Esta noche es la partida de Póker, te lo dije – Dice mientras termina de anudar su corbata.

Yo sacudo la cabeza. No recuerdo que me dijese nada sobre la partida de pde esta semana, aunque es posible que me lo dijese y yo lo haya olvidado. Tengo otras muchas cosas, mucho más importantes que esa, en la cabeza. Pero ese no es el caso ahora.

Castle coge a Jake y lo alza en brazos, ni siquiera lo arrima contra su pecho, y hace una mueca antes de volver a dejarlo en el suelo.

-Está sucio. – Comenta mientras se dirige hacia la puerta del despacho.

Yo no sé si reír o llorar. Aprovechando que Jake se ha quedado en el suelo sin protestar, dejo a Reece junto a él, sorprendida porque éste tampoco proteste. En algún oscuro rincón de mi mente, deseo que cojan algún papel importante de Castle y lo hagan añicos.

Mientras tanto, sigo a mi marido hasta nuestro dormitorio. Porque éste es precisamente el caso.

-Claro que está sucio. Ambos lo están porque otra vez apenas han comido, han vuelto a escupir la papilla y tirarla por el suelo a manotazos. Y los dos necesitan un nuevo pañal. – Me cruzo de brazos frente a él esperando que reaccione y haga algo con sus hijos.

Sin embargo, lo único que hace es perfumarse. Mucho. Demasiado para ir a una partida de póker con sus amigos escritores.

-Lo sé – dice cuando ha terminado probablemente de vaciar el frasco de perfume sobre su cuello – ¿Te ocupas tú? Yo me ocuparé mañana de ellos. De los tres. En serio…. Es solo que hoy… he estado demasiado ocupado.

Ayer. Hoy. Mañana…

No lo hará. No se ocupará de ellos, se volverá a encerrar en su despacho mientras yo tengo que lidiar con los tres.

-¿Por qué no hacéis la partida de póker aquí? Antes solíais hacerlo…

-¿Con tres niños en casa? – Ríe, acercándose al armario y cogiendo una americana que se coloca por encima de la camisa azul – No. Vamos a ir a casa de Michaell Connelly.

Se acerca a mí y me da un fugaz, casi imperceptible, beso en los labios antes de marcharse. Suficiente para saber que ha estado bebiendo Whisky de ese que guarda en su despacho.

Veo cómo se marcha y me apoyo contra el marco de la puerta de su despacho, observando cómo los gemelos juegan y balbucean entre ellos, sosteniéndose de pie agarrados a uno de los sillones del despacho.

Pienso en Castle y en cómo todo ha cambiado. No solamente nuestra vida familiar, sino las cosas entre él y yo.

Antiguamente solo se ponía esa camisa azul para conquistarme. ¿Y todo ese perfume?... Él nunca utiliza tanto cuando queda con sus amigos.

Sacudo la cabeza.

Una parte de mí se niega a escuchar a la Kate celosa, la misma que le ha pedido a Castle que hagan la partida de póker en casa, no porque me hiciese especial ilusión, sino por cerciorarme de que de verdad iba a jugar al póker.

No. No puede ser. Castle nunca me haría eso, ¿no? Es cierto que estamos pasando una mala racha, pero se solucionará.


Regreso al salón con los gemelos y dejo que gateen por el suelo mientras yo limpio el surco de lágrimas y mocos en el rostro de Lily. Ella se abraza a mí e hipa contra mi hombro hasta tranquilizarse.

Por un momento a mí también me entran ganas de llorar, pero no lo hago. Mis tres hijos me necesitan y no quiero que ninguno de ello sea consciente de que lo estoy pasando mal. A pesar de su corta edad, ellos perciben estas cosas. De hecho estoy segura de que todo nuestro estrés es lo que está afectando en la alimentación de los más pequeños.

En las siguientes dos horas me ocupo de bañarlos a los tres al mismo tiempo. Lily, que ha prometido ayudarme, colabora en colocar el pijama a sus hermanos y después me ayuda a preparar sus biberones.

Yo sostengo el biberón de Jake, mientras que Lily sostiene el de Reece. Ella es una niña encantadora y una excelente hermana a pesar de tener sus momentos de rabietas como el de antes. Por suerte, el biberón es lo único que se toman sin rechistar, y finalmente se quedan dormidos en sus cunitas, agotados.

Como todavía es pronto, Lily y yo nos quedamos un rato más en el salón. Tiempo para nosotras que disfrutamos armando un castillo de princesas con piezas de lego. Es algo que ella disfruta haciendo y que normalmente no le permitimos hacer por miedo a que los bebés se hagan con una de esas piezas pequeñas y se atraganten. Pero ahora que no hay riesgo de que eso ocurra… las dos disfrutamos haciéndolo hasta que a ella se le abre la boquita en un bostezo.

La llevo a su dormitorio y le leo un cuento. Está tan cansada que ni siquiera protesta porque sea yo y no su padre quien se lo lea, y finalmente se queda dormida antes de que yo termine. Presiono mis labios sobre su frente antes de arroparla apropiadamente y bajo al salón descendiendo los escalones que me devuelven a la realidad.

Este es el único momento del día en que podría relajarme, y sin embargo todavía tengo cientos de cosas por hacer. Llevar una casa con tres niños pequeños, dos de ellos todavía bebés, e intentar prepárame para una carrera en el senado, es muy complicado. Pero lo es todavía más hacerlo sola. Porque así es como me siento últimamente.

Por mucho que haya intentado convencerme a mí misma en los últimos meses de que no es así, que Castle solo está pasando una mala racha (sobrepasado por la situación de tener tres niños de repente), la realidad es que yo también me he visto abrumada por la situación y, al contrario que él, he tenido que seguir adelante y no rendirme porque nuestros hijos nos necesitan. Nos necesitan a los dos, aunque yo me siento completamente sola en esto.

Si tan siquiera él hablase conmigo y me contase qué es lo que le preocupa… Pero ya ni siquiera nos comunicamos. Las caricias, las miradas de antes… todo eso ha pasado a un segundo (o tercer) plano. Y ya ni hablemos del sexo. He perdido la cuenta del tiempo que llevamos sin tener relaciones.

Pero hasta ahora no me había parado a pensar en la posibilidad de que Castle pudiese estar viéndose con alguien más.

Me seco furiosa las lágrimas que caen por mis mejillas y voy al cuarto de baño a darme una rápida ducha para intentar relajarme y quitarme los restos de papilla del pelo.

Cuando me pongo el pijama y estoy a punto de meterme en la cama, el teléfono inalámbrico del despacho de Castle suena y no puedo evitar acercarme hasta allí y responder. Me sorprendo al escuchar la voz de James Patterson al otro lado de la línea.

-¿Se puede saber dónde te metes, Castle? Es la primera vez en diez años que te saltas una de nuestras partidas de póker sin avisar… - Trago saliva intentando aliviar el nudo que se ha formado en mi garganta - ¿Castle, estás ahí?

-Eh… Patterson. Lo siento, soy… soy Kate, su mujer.

-Kate, preciosa, ¿va todo bien? ¿Dónde está Castle?

-Sí, claro – Miento, intentando fingir con mi voz que todo va bien y que no estoy a punto de echarme a llorar. – Castle se ha quedado dormido.

-Oh, esos tres pequeños ángeles han podido con su padre, ¿eh? – Ríe Patterson.

-Sí. Sí, eso es. Ellos… Castle los adora.

-Claro. En ese caso, te dejo descansar también a ti. Adiós, Kate.

Me despido de Patterson y vuelvo a dejar el teléfono en su sitio, sentándome derrotada en la silla del despacho de mi marido.

Mis sospechas eran ciertas. Castle no está en la partida de póker, aunque era cierto que se celebraba esta noche y él probablemente me lo había dicho. Me río en silencio mientras el nudo de mi garganta se hace cada vez mayor. La partida era la excusa perfecta para salir de casa.

La idea de que Castle me esté siendo infiel cobra cada vez más fuerza en mi cabeza. Sin embargo, me obligo a mí misma a tranquilizarme y me prometo dejar que sea él mismo quien se explique cuando regrese a casa.

Voy a la cocina y comienzo a fregar y ordenar toda la vajilla con la intención de mantenerme despierta. Cuando termino con eso, coloco los seguros en los armarios y cajones para que los bebés no los abran, hacía semanas que los habíamos comprado, pero Castle nunca veía el momento de colocarlos… O siempre estaba ocupado.

Me paso todo este tiempo preguntándome qué es lo que le voy a decir cuando llegue. ¿Voy a echarle en cara que me haya mentido, o simplemente voy a preguntarle quién es ella? Seguramente debería pedirle explicaciones sobre qué está pasando con él primero, y preguntarle después donde ha estado.

Justo cuando estoy a punto de colocar el último seguro en un armarito de la cocina, llega él.

Me pongo de pie y lo miro fijamente. E inmediatamente después de mirarlo lo sé. Sé que se ha visto con otra mujer. No porque tenga pintalabios corrido en la cara, ni porque lleve uno o dos botones de la camisa desabotonados… Nada de eso. Es su mirada lo que lo delata. Primero de sorpresa por no esperarme despierta, después de culpa al darse cuenta que estoy muy enfadada con él en esos momentos.

-¿Qué… qué haces despierta a estas horas? – Pregunta acercándose a la cocina, deshaciéndose de su chaqueta por el camino.

Yo suspiro hondo y me obligo a no llorar. Me lo debo a mí misma además de a nuestros hijos.

-Quería escuchar qué es lo que tienes que decir… - Digo en un tono bastante calmado, cruzando mis brazos sobre mi pecho.

-¿Qué es lo que tengo que decir? ¿Sobre qué?

-Sobre… ¡Sobre todo, Castle! – Estallo. Alzo la voz porque no puedo más. – Sobre que no te hagas responsable con ninguno de tus tres hijos, especialmente con los gemelos; sobre que te pases el día encerrado en tu despacho; sobre que tú hayas cambiado; sobre que me hayas mentido…

-¿Yo he cambiado? – Pregunta él, también alzando la voz. – No soy el único que ha cambiado.

Me lanza una mirada y se refugia detrás de la barra de la cocina, sirviéndose después un vaso de licor. Me duele que después de todo lo que le he acusado, sea eso lo único sobre lo que intente defenderse.

-¿Con quién has estado esta noche? – Pregunto. Nunca creí que llegase a hacer esta pregunta, nunca he sido ese tipo de mujer celosa-compulsiva. Pero Castle me ha dado motivos para desconfiar.

-Cynthia Bennis – Responde volviéndose hacia mí. Ni siquiera intenta negarlo. – Es una periodista del New York Times y al parecer es la única con la que puedo mantener una conversación en la que no haya pañales, ni biberones… ni niños de por medio. La única con la que puedo sentirme libre y desestresado.

Que nuestros hijos sean la excusa que él utiliza para haberse visto con otra mujer me duele muchísimo más que si hubiese sido por mí.

-No creo que los niños sean un problema, cuando ni siquiera te ocupas de ellos.

Esta vez no responde, simplemente se toma el vaso de licor de un solo trago y vuelve a rellenarlo.

-¿Te has acostado con ella? – Pregunto, intentando disimular que estoy a punto de derrumbarme.

-No. – Dice, tajante. Lo miro a los ojos y sé que no miente. Lo conozco lo suficiente como para creerle en eso.

-Castle… - Intento acercarme hasta él, pero él no mueve ni un músculo así que yo también mantengo las distancias. – Esto… no está funcionando.

-No, no está funcionando… - Sostiene sin cambiar su postura.

-¿Y piensas hacer algo al respecto? Porque… Lily, Jake y Reece te necesitan. Y… yo también te necesito, Rick.

-Ya no somos los mismos, Kate. – Dice en apenas un susurro.

Esta vez sí me mira a los ojos. Y observo el brillo en los suyos, provocado por las lágrimas contenidas. Sin embargo eso no es lo que más me duele, ni sus palabras. El dolor que se clava como una espina en mi corazón es tras ver que él ya se ha rendido. A mí. A lo nuestro. A nuestra familia.

Trago saliva y el nudo en mi garganta se hace todavía más grande. Las lágrimas corren libres por mis mejillas y ya no intento frenarlas.

-Tienes razón. No somos los mismos.

Castle se limita a asentir y apartar la mirada, centrándola otra vez en el vaso de alcohol. Como si eso fuese a solucionar algo.

Hablo y el tembleque de mi voz es solo una muestra de lo destrozada que me siento en estos momentos:

-Entonces tal vez deberíamos replanteárnoslo.


Cómo bien sabeis por que habeis leido sobre "el futuro" (año 2023) de esta pareja... Sabeis que va a acabar bien todo esto, sin embargo, nunca esta mal un poquito de drama...

Gracias por leer. Os agradeceriamos un monton un review... Ultimamente hacen mucha falta... Y brillan por su ausencia. Gracias!

S&R