¡Hola chicas! Me tarde pero volví… ojala les guste

Una acotación antes de empezar, consideren este capítulo en cámara lenta, que los hechos y las conversaciones suceden casi con el tiempo congelado, un minuto dura una eternidad, como en las series que tanto nos gustan. Sin más que decir, disfruten.

Capítulo 18.- Nueva oportunidad.

…La cueva que protegía el portal también fue arrasada por la fuerza del impacto, Soten quien vigilaba el lugar; tuvo que esquivar rápido el torbellino putrefacto que se dirigía hacia el cielo, dio la señal a otro Youkai que estaba con ella y este partió a dar la noticia.

La guerra había comenzado.

***Trazando Destinos***

El horror se reflejaba en el rostro de Souten, Koryu y los demonios que comandaba; al momento de esquivar con dificultad uno de los varios torbellinos de energías oscuras y descargas rojas que se estrelló en el firmamento, sus miradas se petrificaron al ver como esas energías; al estrellarse con el cielo, se transformaban en serpientes de sombras, capaces de devorar toda la luz a su paso; volviendo oscuras todas las nubes, el día se hizo noche, y el hedor a cadáver inundo el fino olfato de los demonios. Dirigieron su mirada hacia donde una vez existió la cueva portal, y de ese enorme agujero en la tierra distinguieron las siluetas mas escalofriantes; con sus ojos rojos y hocico espumeantes, cientos de sabuesos infernales escaparon hambrientos de carne viva, mientras que; hacia el cielo nuevamente, se dirigieron aves esqueléticas que sobrevolaban entre la oscuridad escondiéndose en las lúgubres nubes del profanado firmamento. Su línea final era la horda de muertos, seres que solo sabían de venganza y destrucción, que avanzaban con paso lento, pero pudriendo todo en su camino, sin control iban expandiéndose por el lugar, arrastrando la muerte con cada paso.

— ¡Den aviso a las líneas de batalla! —Habló Souten apretando los puños—, la guerra ha comenzado.

Como si hubieran estado esperando la orden de batalla, con rapidez; un gran número de aves esqueléticas comenzaron a atacar a todos los demonios voladores, estas aves intentaban alimentarse de todos los guerreros que destazaban.

— ¡Koryu, Flechas relámpago! —ordenó Souten a su fiel compañero y este; transformándose en una espesa nube, liberó todo el poder de su ataque contra todo lo que se movía.

«Mientras el mal no sea eliminado del ambiente, no podrá ser eliminados; tampoco los esbirros, entiendan que la manera de detenerlos es únicamente cerrando el portal»

Las palabras de Kohaku resonaron en la cabeza de Souten en forma de advertencia ante la dura batalla.

«Pero se puede ganar tiempo…»

Uno de los soldados que la acompañaba en el cielo, logró salir del estado de estupefacción de aquella imagen que lo tenía hipnotizado, y voló rápido hacia la siguiente línea para dar aviso, los demás tomaron valor al ver a la última heredera de la familia del trueno, colocarse frente a ellos y dejar fluir todo su poder, extendiendo los brazos; estos comenzaron a brillar en un tono azul, terminando por formar los rayos que daban el nombre a su estirpe.

— ¡A luchar! —Gritó con fiereza y se lanzó a la batalla, era morir o vencer.

Los guerreros no esperaron un segundo más para seguir a su líder, el cielo se oscureció por la unión entre ambos mundos, y se llenó de ataques materializados en descargas eléctricas y fuego; calcinando todo a su paso, entre los truenos y las llamas, gran parte de los esbirros voladores caían convertidos en ceniza, pero al destruir uno, su lugar lo recuperaban tres.

— ¿Están listos en la siguiente línea? —preguntó Souten tomando un pequeño descanso para informarse.

—Si señora, la generala Riku debe estar impaciente.

—Bien, destruyan a los que puedan, ¡no deben abandonar estas tierras! —gritaba a los soldados al verse rebasados en número— ¿No desean que Riku se lleve toda la diversión o sí? —preguntó con una sonrisa arrogante.

Los soldados comprendieron el mensaje, mientras más murieran en sus garras, mayor seria el honor de su victoria.

Sin embargo; aunque Souten desde las alturas, destruía los cuerpos que la atacaban junto con su grupo de Youkais voladores, no conseguían detener a los que avanzaban por tierra, quedó impresionada al ver que no solo eran las aves las que dirigían a los muertos, por tierra los sabuesos del infierno iban a la cabeza acompañados por serpientes de sombras que devoraban todo a su paso con oscuridad, por la cantidad de seres que emergían de aquel portal, sin duda el infierno quedaría vacío.

«Dense prisa; perros…»

***Trazando Destinos***

La línea terrestre vio con asombro los destellos azules de los rayos, los rojos del fuego y escucharon claramente las muchas espadas chocar, se prepararon ante un pequeño temblor bajo sus pies, ¿Qué tan grande podía ser el ejercito de Shishinki?

—Los humanos son seres débiles, No entiendo porque los protegemos… —comentó soberbia Riku, extendiendo sus garras y haciéndolas brillar antes de la batalla.

—Porque somos todos parte de la cadena de la vida… además te recuerdo que tu Señora es humana; generala del Oeste, valora la vida, siempre habrá alguien más poderoso que tú y alguien más desprotegido —respondió Sango con su fiel Hiraikotsu en mano lista para atacar y a su lado Kirara erizando su pelaje en advertencia.

— ¿La hermana del exterminador cierto? —Acotó burlesca— pues si tanto estiman a la humana; quédensela, cuando el amo vea quien realmente es ¡la desechara!

—Por lo mismo están juntos… —Sango sonrió triunfante— porque solo ellos pueden ver el verdadero yo en el otro…

Riku ignoró sus palabras al percibir la cercanía de los sabuesos del inframundo, su galope retumbo en el silencio abrumador de la espera, por eso, y dejándose llevar por su instinto asesino, la demonesa sonrió con la misma frialdad de Sesshomaru; provocando miedo en sus vasallos, sin duda eran pocas las veces que se veía así de ansiosa, y eso solo significaba una cosa, mucha muerte, todos se pusieron alerta, si no tenían cuidado la misma generala los podía matar por interferir en su camino. Sango posicionó su Hiraikotsu delante de ella y respirando profundo se entrego a su labor, Kirara erizando su pelaje aumento su tamaño a la espera de sus enemigos.

«Esto recién empieza…»

***Trazando Destinos***

Ishira volaba lo más rápido que podía, su olfato le advirtió que pronto llegarían al campo de batalla, por ende; y en total conocimiento, con Rin y Kagome sobre su lomo aterrizó mucho antes de llegar, no quería arriesgar a las hembras.

—Ishira, ¿Sucede algo? —preguntó Rin al ver como el tigre con su pata intentaba soltar su montura.

— ¿Que tienes ahí Ishira? —preguntó la sacerdotisa con impaciencia.

Al abrir las alforjas se encontraron con ropa, específicamente trajes muy parecidos al de Sango, la diferencia es que estos estaban hecho de un material más resistentes, casi imposibles de penetrar.

— ¿Quiere que nos preparemos para la batalla? —Preguntó Kagome al ver que los trajes no eran iguales, uno de ellos tenía un refuerzo en el vientre— supongo que este es para mí…

—Supongo que aunque lo niegue o parezca no importarle; a la Señora Irasue le preocupamos… —comentó Rin quitándose su traje y colocándose el nuevo.

Al ver que eran ambos trajes muy ceñidos, sintieron algo de pudor, mas con la imagen mental de las respectivas parejas y el escándalo que armarían al verlas así. Las dos mujeres coincidieron en utilizar las prendas bajo sus respectivas ropas, Kagome hace ya tiempo se consideraba una sacerdotisa y como tal vestiría con orgullo sus tradicionales ropas en batalla, mientras que Rin vistió un kimono con pantalón, el cual era la mescla entre sutileza y comodidad. Tocó por reflejo el obi de su traje; recordando no ser la portadora de la espada de la conquista, la tristeza por un segundo la invadió, pero inundando sus pulmones de valor, decidió que tal acto no se repetiría, recuperaría su poder costara lo que costara.

«Porque me traicionaste…» preguntó al viento con esperanza, si era benévolo, este algún día traería la respuesta.

— ¿Estas lista Rin?, debemos partir —su destino aguardaba y al menos dos de sus grandes participantes estaban listas.

—Sí, es momento de luchar —volvieron a montar a Ishira y volaron rodeando los rayos y las llamas, si la batalla había dado inicio; no tenían tiempo que perder.

Mientras más avanzaban hasta la zona de la batalla más denso e irrespirable se ponía el aire, el humo y las cenizas ahogaban el olfato de las mujeres, dificultando su respiración y confundiendo el del felino, la visibilidad se tornaba efímera, mientras que el horizonte se transformaba en algo incierto, en su desesperación por reencontrar el camino, Ishira se abrió paso entre la bruma, lanzando un gruñido seguido de su voraz y azulina llamarada, la cual saco a relucir a unos metros delante de él y tras una nube, la silueta de un gran y conocido dragón de dos cabezas.

— ¡Kohaku! —Llamó Rin para atraer su atención y descender.

Ah-Un como buen guerrero siempre alerta, mantenía la vista y concentración en su alrededor, de pronto, sin aviso dirigió su atención hacia Ishira y lanzó su ataque hacia él, Rin y Kagome vieron con miedo cuando el fiel compañero de batalla las atacó, pero no fue a ellas quienes quería destruir, sino a unos esbirros alados que llegaban a ellas por la espalda.

— ¿Se encuentran bien? —Preguntó Kohaku al ver la cara de espanto de las mujeres.

—Ahora sí, bajemos —dijo Kagome mareada por los aromas putrefactos del ambiente.

Al descender, y mientras Kagome se informaba con Kohaku, Rin vio a Ah-Un gruñéndole a Ishira, el dragón claramente regañaba al tigre joven; el poco cuidado con su dueña y le recriminaba no poner la suficiente atención, la joven mascota bajo la cabeza en señal de entendimiento y como disculpa se puso a jugar con la cola del dragón, este desvió la mirada mientras mantenía alta la guardia, vigilando que nada los atacara. Rin se acercó al dragón y acarició ambas cabezas, que parecido tenía el animal con su dueño, siempre fiel a su labor, estuviera su amo o no, el protegía con su vida, a la ya no; pequeña Rin.

—Ya comenzó la batalla ¿cierto? —preguntó Kagome con un dejo de preocupación.

—Al parecer si, Souten es la primera línea junto con todos los demonios voladores.

—Bien, Kohaku debemos llegar a donde se abrió el portal —habló Rin de forma atropellada por la ansiedad.

—Es muy peligroso que vayan… ¿y tu espada Rin, donde está Souunga?

—Etto… yo… — ¿cómo lo explicaría?

—Larga historia —Kagome salió al paso restándole importancia— ¿Y Sango?

—Con Riku, mi hermana se ofreció a vigilarla, yo superviso desde el cielo toda la batalla.

—Bien, guíanos al portal Kohaku, no hay tiempo que perder.

***Trazando Destinos***

Sesshomaru observó imperturbable lo que acontecía a su alrededor, su presa cantaba victoria recién empezada la batalla y eso significaba una burla directa hacia él.

En la profundidad del inframundo Shishinki luchaba feliz con Inuyasha y riendo de manera desquiciada al ver sus planes realizarse, ya que faltaba solo la última parte, cruzar él.

—Sesshomaru; ríndete, sabes que no podrás vencerme, ¡ya gané! —Inuyasha lo atacó con sus garras de fuego para llamar su atención.

— ¡No me ignores maldito! no necesito a Sesshomaru para derrotarte, ¡Kaze no Kizu! — Inuyasha estaba furioso, haciendo crujir los dientes y enterrando sus garras en la palma de su mano, siguió lanzando sus ataques.

«Aun no perdemos, ¡eso jamás!»,

Flash Back.

«Eres débil Sesshomaru»

— ¡Yashino Tenseiga! —Y partió al perro del infierno en dos.

Lo siguiente que sucedió lo vio en cámara lenta y como si él fuera un mero espectador.

— ¡Meido Zangetsuha!, ¡Yashino Tenseiga!, ¡Gokuryuha!

Los tres ataques fueron liberados al unísono, enfrentándose entre ellos, pero en vez de explotar como debía ser, se mesclaron formando una gran esfera de energía, que fusionaba distintos colores.

— ¡Al fin la victoria será mía! —Gritó Shishinki colocándose frente al majestuoso ataque y absorbiéndolo con su báculo.

— ¡Caos! ¡Que el caos inunde al mundo, siembren pánico, terror, arrasen con la vida que les fue arrebatada! ¡Este es el día que el infierno dominó!

Y liberó el ataque hacia un punto bien calculado formando en este una grieta tan grande que el negro del inframundo se iluminó dando paso al mundo de los vivos.

Fin del flash back

Era inconcebible para Sesshomaru el grave error que cometió, como un novato había caído en la trampa de su enemigo, furioso consigo mismo; fue calmándose poco a poco, la ira no era buena en batalla.

—Un bastardo medio demonio jamás será rival para mi… —Shishinki lanzó de contraataque su meido Zangetsuha, absorbiendo el viento cortante, su oponente seria Sesshomaru, ese hanyou solo estaba dilatando la batalla con sus intromisiones.

— ¡Gokuryuuha! —Escuchó gritar Sesshomaru y sutilmente movió su cuerpo lo justo y necesario para esquivar el ataque — ¡Yo seré tu oponente! —dijo Yusey preparando su segundo ataque.

—…— Sesshomaru apenas y lo miro de reojo, dejándole en claro su repudio, empuñó a Bakusaiga y saltó hacia donde peleaban Inuyasha y Shishinki.

— ¡No creas que escaparas! —Gritó nuevamente Yusey al ver como se desplazaba su contrincante a intervenir en la otra batalla.

—No eres rival para mí —susurró Sesshomaru—, nunca lo has sido.

—Y con Rin, ¿tampoco fui rival para ti? —Preguntó burlesco intentando irritarlo.

—…—Sesshomaru siguió su camino, la respuesta había sido dada, no ameritaba repetirla.

—Eres igual a tu padre— eso sí molesto al demonio—, confían demasiado en ustedes mismos, deberías saber que no fue su debilidad por la hembra Izayoi lo que lo mato, fui yo.

Al ver que Sesshomaru detuvo sus pasos prosiguió.

— ¿Nunca te preguntaste porque murió en batalla contra un humano? No me digas que fue por sus heridas—acotó burlesco—, perdió la vida contra un mortal al cual le faltaba un brazo, ¿quieres saber el motivo? —Sesshomaru descendió posicionándose frente a él, para escuchar algo así debía tener al demonio de frente—, al usar a Souunga yo no libere su poder… la espada más poderosa ¡lo abandono en el momento en que más lo necesito!

El choque de Bakusaiga y Souunga ensordeció el inframundo, Yusey había logrado su cometido, ahora tenía toda la atención del primogénito de su gran rival, Sesshomaru pagaría con su vida una vieja deuda que nadie conocía.

***Trazando Destinos***

Ishira siguió de cerca a Ah-Un, con tanta explosión y olor a podredumbre, sus sentidos estaban desorientados, la experiencia del dragón guió sus pasos en medio de la cortina de humo y polvo, comenzaron a descender con una señal de Kohaku, y Kagome reconoció de inmediato una voz que daba órdenes en tierra como un gran general.

—No se queden parados, ¡peleen! ¡Depende de nosotros ganar esta batalla!

— ¿Shippou? —El demonio zorro quedó congelado unos segundos antes de dar crédito a sus ojos, giró con miedo la cabeza; y al ver que el llamado era real, corrió al encuentro de la sacerdotisa con lágrimas en los ojos.

— ¡Kagome! —Grito entre sollozos — ¿te extrañe tanto, estas bien? —A medio camino a sus brazos detuvo sus pasos— Ese olor es de… Kagome, ¿estas embarazada?

—Sí, ¿no te alegra?

—Entonces ¡vete! —retrocedió unos pasos—no debes estar aquí…

—Estaré bien —en sus palabras había mucho amor y tranquilidad — ¿no ibas a abrazarme?

El zorrito lo pensó unos momentos y corrió de nuevo, rodeándola con sus brazos en un cálido y suave gesto.

— ¿Donde está Inuyasha? No me digas que ese perro tonto te dejó sola justo ahora; ¡porque se las verá conmigo…! —comenzó a hacer gesto como si golpeara a un Inuyasha imaginario.

—Está peleando en el inframundo, Sesshomaru y él nos sacaron para que no molestáramos en batalla… —Contó con un dejo de tristeza.

—Entonces yo te protegeré Kagome… —la mujer sonrió, agradeciendo el invaluable cariño de su pequeño amigo.

— ¿Qué es eso? —Preguntó Rin apuntando con el dedo a dos grandes figuras que se alzaban entre los árboles.

Kagome manteniendo la sonrisa y a Shippou entre sus brazos, giró la cabeza para ver de que hablaba, su cara se desfiguró con desconcierto y enojo y la del pequeño zorro también, con el apretón que le dio, cuando se reconoció a sí misma y a Inuyasha en tamaño familiar, luchando contra los esbirros…

— ¡No, esa no soy yo! —Gritó entre furia y avergonzada, mientras se le salían los ojos a Shippou.

— ¡Kagome, lo estas asfixiando! —Dijo Rin para que soltara al pobre y desmayado zorrito, que tuvo la suerte de ser recibido por la más joven.

Entre los árboles que rodeaban la batalla, algunos esbirros parecían ser detenidos por una Kagome de 3 metros, vestida con su uniforme escolar, y un Inuyasha del mismo tamaño. Mientras la "gran sacerdotisa" lanzaba sus flechas y los purificaba, Inuyasha los aplastaba con su espada de madera y destruía con sus grandes y gorditas "garras de acero". Los esbirros no tenían oportunidad contra el conjuro de las jóvenes mujeres sacerdotisas, reduciendo con habilidad el número de enemigos.

—Lo vez sacerdotisa, hemos mejorado nuestro conjuro… —hablaron al unisonó Momiji y Botan, de pie desde una gran roca.

— ¡Que esa no soy yo! —la sacerdotisa perdía la paciencia, ¡¿que hacían esas niñas ahí?!

Kohaku sintió el frio recorrer su espalda cuando la mirada de Kagome se poso inquisidora sobre su persona exigiendo explicaciones. —Bueno…. Ellas estaban en el Monte…No podía dejarlas solas y… se ofrecieron a ayudar… —El joven estaba nervioso, aunque a la vez disfrutaba mucho la batalla de los "espíritus" versus los esbirros.

—Pues esa mujer gigante se parece mucho a ti, incluso lleva la extraña ropa que usabas antes…. —Rin palideció con la mirada asesina de Kagome, aquella mirada se veía más peligrosa que la de Sesshomaru, moraleja, no volvería a comentar lo obvio.

— ¡Retiren esas cosas de la batalla! —ordenó la sacerdotisa.

—Pero están haciendo un excelente trabajo… —Rin no podía dejar de mirarlos, eran realmente tiernos.

—…—A momiji y Botan les dio tanto miedo la cara de la sacerdotisa que iban a deshacer inmediatamente el hechizo, su aporte en la batalla había terminado.

Kagome suspiró derrotada, para bien o mal de ella, esos "espíritus" con su forma y la de Inuyasha estaban cumpliendo una excelente labor, las sacerdotisas que los guiaban habían ido a la batalla por voluntad propia para proteger su mundo, no podía quitarles su valiosa arma y dejar que las mataran, viendo de nuevo; reconsideró como su imagen de varios años atrás era utilizada para destruir esbirros, era vergonzoso; pero estaba resultando, era la penúltima línea de defensa y casi no quedaban esbirros en pie.

Las jóvenes sacerdotisas esperaban con impaciencia la orden, la verdad estaban aterradas por las expresiones de la sacerdotisa que vino de otra época, ésta había pasado de la sorpresa a la ira en un parpadeo y luego a la ¿resignación?

—Bien, si es necesario y útil, no me opondré al conjuro, ¡pero no usen mi nombre! —dijo Kagome con un suspiro final y dando media vuelta las dejo volver a su labor.

Ishira se acercó a su dueña, colocando su cabeza bajo la mano, indicándole que era hora de partir, la joven miro hacia el punto que le indicaba su fiel mascota, esta le mostraba en silencio, que cada minuto; el cielo tomaba un color oscuro más profundo, con una seña a Kagome, pudieron ver ambas mujeres a su alrededor, los arboles morían, el césped se quemaba, la naturaleza dejaba su tono verde y aroma fresco para dar paso a nada más que muerte.

—Mas adelante solo encontraran muerte… —Dijo Jimenji al aparecer entre unos árboles con un par de soldados malheridos en los hombros —Kagome, me da gusto que estés bien.

—Jimenji… —al ver la expresión cansada del medio demonio, supo que no solo su alrededor moría, también la esperanza en los puros de corazón, no supo cómo darle esperanza, se sentía derrotado pero aun así intentaba cuidar de los heridos.

—Son de las líneas de más adelante, son pocos los que llegan para poder curarse, además se acaban mis hierbas y como vez, nada mas crecerá acá.

En un parpadeo un esbirro con forma humanoide y putrefacta se abalanzó sobre el amable gigante, este no intento huir, solo giro para que los soldados que llevaba a cuestas no salieran mas lastimados.

Kagome no supo cómo, cuándo reaccionó automáticamente, sacó una flecha de su espalda y estrelló al esbirro contra un árbol, consiguiendo así que este se volviera polvo y la flecha quedara enterrada en la madera.

Poco a poco el árbol comenzó a brillar y de sus secas ramas comenzó a correr una luz rosada que se extendió por toda su superficie, cuando dejo de brillar una pequeña flor apareció entre las secas hojas.

«No todo está perdido…»

Kagome sonrió acercándose al árbol, su poder espiritual purificó las malas energías y brindo una nueva vida, una nueva oportunidad, supo entonces la sacerdotisa cual era su lugar en la batalla.

«Si consigo purificar también la tierra, podría salvar la vegetación…»

Kohaku recibió a los soldados junto con shippou, aun impresionados por el poder que emanaba de su amiga, la sacerdotisa era poderosa, y tenía una gran conexión con la vida, si era por el cachorro que llevaba en su vientre o solo por su alma bondadosa; no lo sabían, tampoco importaba, si ella estaba de su lado y luchaba por la misma causa estaban seguros, vencerían.

Rin se acercó a Kagome tomando su mano y con una profunda; pero suave mirada, le dijo lo que tenían que hacer de ahí en adelante, en cuanto las miradas se cruzaron y por esa única vez, Kagome entendió a Sesshomaru, Rin era la dosis justa de humanidad que necesitaba el demonio para ser invencible, era fuerte, podía seguir el viaje sola, ella era necesaria ahí, toda la explicación y preocupación la transmitió de la forma más explícita posible, sin palabras, recibiendo como respuesta; una noble sonrisa.

Sin perder la conexión, la joven estiró la mano para llamar a su fiel mascota, de reojo las dos vieron una mancha extraña en su hocico; sin entender que intentaba morder y tragar el tigre…

— ¡Escúpelo! —Gritó Rin a Ishira mientras este intentaba tragar una descompuesta pierna— ¡Ishira malo! —Kagome sintió tanto asco que casi vomitó.

—Kagome, ¿estás bien? —Preguntó Shippou preocupado al ver su cara descompuesta por las nauseas.

—Con tantas preocupaciones había olvidado el embarazo y sus molestias, no te preocupes es normal…

De un minuto a otro, más esbirros comenzaron a llegar para atacarlos, atraídos por la energía que emanaba la mujer, Rin quiso participar en la batalla e inconsciente de sus reflejos toco el costado de su obi, donde debía estar Souunga pero solo portaba los Sai.

—También tienes una función que cumplir Rin… ¡ve por él! —dijo Kagome al momento de lanzar su flecha, su poder se había incrementado al punto que un disparo destruía a varios enemigos en su camino.

—Kohaku… —se volteo hacia el exterminador—llévame al límite de los mundos…

—No Rin, es muy peligroso…

—Ese es mi lugar en esta batalla, junto a Sesshomaru y portando a Souunga…

Antes que el joven pudiera responder, Ah-Un soltó un gruñido potente y se agacho para ser montado por su Ama.

Rin acaricio las cabezas del dragón y miro de frente al joven reacio.

—Estaré bien, todos tenemos una misión, no podemos ni debemos evitarlo…

—Rin, ¿no llevaras a Ishira contigo? —Preguntó Kagome preocupada.

—No, Ishira será más útil a tu lado, él te protegerá… —Dijo acariciando nuevamente al tigre—Se bueno Ishira y cuídala mucho, pronto volveré…

—Sigo creyendo que es una mala idea… —Kohaku se negaba a llevarla.

Rin tomo de las manos al joven exterminador y suplico con la mirada, él; desarmado, no tuvo opción, ambos montaron a Ah-Un y emprendieron el vuelo, había mucho que recorrer y constante peligro, pero la esperanza inundo el corazón de los guerreros; que desde el cielo, vieron la luz del poder de Kagome iluminando el firmamento y purificando las negras nubes.

«Cuando vuelvas Rin, recogeremos juntas; las flores que tanto te gustan…»

El grupo en tierra vio como el gran dragón del señor del Oeste se elevo cruzando las densas nubes negras, Kagome como señal de esperanza, apunto su flecha al cielo, todo aquel que sintiera o viera su resplandor sabia que la batalla recién comenzaba, y la esperanza era lo último que se perdía, una calidez especial invadió el pecho de los presentes, cuando Rin y Kohaku desaparecieron tras la luz de la sacerdotisa, Momiji y Botan decididas siguieron contraatacando con los espíritus materializados con la imagen de Kagome e Inuyasha, Shippou se encargo de atacar con su fuego mágico y guiar a su pequeña pero importante línea, todos eran importantes, nadie podía fallar, Jimenji curó a los soldados heridos con renovado entusiasmo, con todos apoyando no había forma de perder.

A varios metros de los valientes soldados y a los pies de un extenso rio, una mujer esperaba sentada y tranquila que alguien osara atravesar por sus pasivas aguas, nada ni nadie cruzaba su dominio, el gran rio que se extendió como una línea de defensa mas, se convirtió en el último lugar de descanso de todas esas almas atormentadas e injustificadamente resucitadas.

Atravesando por el cielo, la batalla que no daba tregua, Rin notó que los esbirros seguían un rumbo trazado, se preguntó porque seguían una misma dirección si podían esparcirse hacia cualquier otro punto, un mal presentimiento se poso en su corazón, había un camino que debía seguir el ejercito del infierno y ellos lo desconocían.

***Trazando Destinos***

Las espadas chocaban una y otra vez sin descanso, sus filos sacaban chispas y sus miradas; todo lo que las palabras no podrían describir. Yusey y Sesshomaru ya no peleaban por el fin del mundo, la batalla era por orgullo redención y verdad.

—Pagaras por haber traicionado a mi padre… —dijo Sesshomaru cuando las espadas chocaron quedando tan cerca que compartían el aliento.

—Él la traiciono primero, debía pagar por eso…

—No era tu decisión que muriera ante un humano…—Recriminó Sesshomaru ante el abandono y la falta de fidelidad a su padre.

—Era débil, por una humana y su cachorro, rechazo la oportunidad de prevalecer —escupió con sorna recordando a Irasue—, esos seres no eran comparables con el poder de esta espada, él le dio la espalda a la supremacía, a su compañera también, pero se que tu no —detuvo la pelea tomando distancia—Yo se que tu no renegarias de el camino de la conquista, destruye este cuerpo, libera mi alma ¡y se invencible con Souunga a tu lado! —Retomo el ataque.

— ¿Así que ese es tu propósito? —tomo distancia nuevamente de un salto — ¿Que yo sea el nuevo portador de la espada…? —Sesshomaru estaba confundido, no entendía el porqué— No lo hare, Souunga tiene dueña, me guste o no.

— ¿Crees que Rin podrá manejar sola todo este poder? —Bufó — ¿crees que sin mi ayuda podría haberlo conseguido? No. Pero tú, tu eres mi elegido. Únete a mi Gran guerrero, ¡juntos conquistaremos el mundo! —se tomó una pausa y luego acotó—O destrúyeme… pues siempre intentare dominar en muerte lo que no conseguí en vida…

—Quieres que te destruya…—dedujo Sesshomaru con duda—, destruya tu alma y sea yo quien lleve ese oscuro poder —al chocar sus espadas nuevamente sus miradas se conectaron. Yusey sonrió. —Si para liberar el poder de Souunga, y ser amo y merecedor de todo su poder, debo dejar mi propio camino de lado para vivir el tuyo —la imagen de Rin sonriendo se filtro en su pupila—No lo quiero…

— ¡Eh!—exclamo confundido Yusey, Sesshomaru aprovecho la oportunidad para empujarlo, ganando el suficiente espacio para desenvainar a Tenseiga. — ¿No lo entiendes? Para conseguir el verdadero poder, ¡debes sacrificarlo todo!

—No necesito tal cosa—Al tener espacio bajó a Bakusaiga en señal de dar por terminada la batalla—, Superaré a mi padre un día, hasta entonces, ¡yo decido que rumbo seguir!

— ¡No lo entiendes, conmigo a tu lado serias invencible! —Al ver que Sesshomaru no reaccionaba prosiguió —al no desear empuñarla, ¡te rindes bajo las mismas cadenas que tu antecesor!

Al desenvainar la espada, el brillo de Tenseiga se expandió encegueciendo a los cuatro guerreros, Bakusaiga, quien no podía liberar todo su destructivo poder comenzó a vibrar. Observando de reojo; Shishinki se preocupó; debía matarlos rápido, de otro modo sus planes podían ser truncados.

Yusey entendió aquel gesto con la espada que su batalla con Sesshomaru, había terminado.

Al desvanecerse el brillo de Tenseiga notaron como los muertos dejaron de avanzar hacia el portal y aquellas almas perdidas cobraron brillo propio y se desvanecían una seguida de otra, Sesshomaru recordó que cuando Rin perdió su alma en el inframundo, algo parecido sucedió, al desear tanto que Tenseiga recuperara la apreciada alma.

Por su parte Yusey sintió en su pecho un peso difícil de describir, incluso de entender, quedándose de pie, dejó por primera vez la batalla de lado. De pie sin mirar a su alrededor, se quedó meditando que era lo que su alma intentaba expresar.

Sesshomaru, al ver que su lucha con el espíritu de la espada había llegado a su fin, guardó a Tenseiga y observó a su alrededor una vez mas, la guerra estaba a medias y él como el gran Sesshomaru era el que debía darle fin y la victoria a su poder.

«No soy igual que mi padre, ¡soy mejor!»

Inuyasha y Shishinki habían formado varios cráteres a su paso, entre tierra removida y tierra absorbida, pronto solo quedarían escombros y malos recuerdos de lo que una vez fue el infierno, la nada devoraría aquel submundo.

El medio demonio se estaba agotando, su respiración agitada; fue una victoria más para shishinki, no estaba mal matar a los dos hijos de su gran rival, al cruzar al mundo de los vivos llevaría sus cuerpos o lo quedara de ellos para que sirvieran de advertencia a quien osara desafiarlo.

— ¡Bakusaiga! —Inuyasha abrió los ojos con sorpresa y con un rápido movimiento esquivo a penas el ataque, colocando la funda de Tessaiga en su pecho.

—Sesshomaru, ¡bastardo!...—las palabras fueron interrumpidas por el puño del demonio.

—Esta es mi presa Inuyasha —se miraron profundo Sesshomaru y Shishinki— No interfieras — y saltando a la vez, continuaron la batalla en el aire.

El demonio perro esquivaba una y otra vez las esferas de energía del meido Zangetsuha saltando de un punto a otro con gracia y agilidad, pero estaba perdiendo tiempo valioso y lo sabía, no había vuelto a atacar a Shishinki con Bakusaiga, su poder estaba disminuido gracias al sitio de la batalla, y de manera lenta se recuperaba, sin embargo, no le interesaba, si mataba a su presa con sus filosas garras, la victoria tendría mejor sabor.

—Tu padre no pudo detenerme ¿por qué crees que tu si lo harás? —Provocar a Sesshomaru era carta segura, recordaba su último enfrentamiento, donde la confusión del demonio casi le cuesta la vida.

—…. —Ignorar las vacías palabras era fácil, sobre todo si estaba más atento al cráter que se abría cada vez más, si seguía así; el infierno devoraría todo lo vivo.

—Bakusaiga! —el ataque de Sesshomaru cobraba fuerza a cada momento, al mezclarse los mundos también ganaba poder —No me subestimes…

Inuyasha estaba cansado, en parte había sido un respiro la interrupción de Sesshomaru, aunque un poco de consideración hubiera sido bien recibida…

Al tener una vista panorámica de la pelea entre los demonios, también pudo ver, la destrucción masiva provocada, pensó en Kagome, en su tranquila vida en la aldea junto a sus amigos y en la vida que su amada daría a luz, ¿qué futuro le ofrecería a ese cachorro? Una gran cantidad de cadáveres habían sido purificados con el poder de Tenseiga, pero muchos mas intentaban abandonar aquel lugar a través de la grieta. Con esfuerzo se puso de pie para detenerlos, si derrumbaba la entrada quizás nunca volverían, pero los muertos no podrían seguir abandonando su castigo eterno…

— ¿Tu si pelearas conmigo? —Preguntó Yusey con tono irónico, caminando hacia él—, para Sesshomaru no soy digno…

—Nunca me agradaste… —dijo Inuyasha a Yusey sin darle importancia y preparando su ataque.

— ¿Eso se supone que debería importarme? —Alzó su espada para atacar, pero Inuyasha giró la cabeza omitiendo su presencia.

—Desilusionaste a Rin, claro que debería importarte, era la única que creía en ti.

—Los demonios no son seres en los cuales confiar… —su instinto reaccionó dando una nueva advertencia, ¿era acaso Rin?

Un gran estruendo sacudió la tierra bajo sus pies, y Yusey con Inuyasha vieron con atención la batalla de Shishinki y Sesshomaru, el meido Zangetsuha que liberaba el desquiciado demonio; absorbía todo a su paso, tal era su descuido; que la zona donde se encontraban se comenzó a desmoronar.

—Esta será sus tumbas hijos del general perro, ¡Lamentaran el día que se cruzaron en mi camino!

***Trazando Destinos***

Sobre el lomo de Ah-Un Rin se sintió una niña nuevamente, cuantas aventuras había vivido junto al dragón, cuan segura se había sentido en su compañía el tiempo que duro su viaje con aquellos singulares protectores. Inconscientemente al cerrar los ojos; rememoró aquellos días de su niñez, su infancia no fue algo fácil, Naraku fue solo uno de los tras pie de aquella época llena de intensas emociones, violencia, humillación, y soledad, que de un momento a otro dieron paso a seguridad, confianza, y amor…

Aferrada a la espalda de Kohaku su mente divago en todo lo acontecido en su vida, resumiendo su pasado en una gran verdad, Sesshomaru le dio el respeto y aceptación que sus pares le negaron. (1)

Sonrió al recordar el pasado y mirando al futuro supo que el día a día solo le deparaba algo mejor que el anterior.

«Yo abriré tus ojos, te la mostraré y así caminarás a mi lado, por la inmensidad de lo que crees imposible.» (2)

—Rin, esa es la grieta entre este mundo y el infierno…Rin… —insistió Kohaku al ver que la joven iba perdida en sus pensamientos— ¿En que piensas?

—…—al regresar de sus memorias; no contesto, observó con determinación el lugar donde aterrizarían y se replanteó lo que estaba por hacer. Aspirando con fuerza; supo que era lo correcto y con una sonrisa segura, acarició al dragón indicándole que bajara.

—Rin, ellos pueden encargarse de la situación, si quieres ayudar…

—Gracias por todo Kohaku —dijo sin mirarlo—pero es algo que tengo que hacer…. Souunga es mi responsabilidad, todos tenemos un propósito, y el que Yusey encuentre su camino, es el mío… —y con un suave golpe en el costado del dragón este emprendió el vuelo, con fe, el fiel protector dejo a la joven en aquel lugar muerto, el exterminador la siguió con la mirada hasta que su rumbo cambio, su presencia era requerida en batalla y a sabiendas que la joven era inteligente y a su manera poderosa, confió en ella una vez más.

«Suerte Rin»

***Trazando Destinos***

La grieta que conectaba el mundo de los vivos con el de los muertos estaba cada vez más grande, el cráter se extendía un par de metros con cada ataque que se generaba dentro de ella, el suelo a su alrededor se desmoronaba y como acceso, quedaba un risco no muy alto, donde si Rin deseaba entrar, debía dar un "salto de fe"

Respiro profundo antes de dar el paso, bien conocía las consecuencias de sus actos pero a su juicio era necesario, si ella recuperaba a Souunga el límite de ambos mundos volvería a la normalidad, su vida en esos momentos; parecía un costo insignificante para detener tanta muerte y destrucción, el hijo de Kagome e Inuyasha venia en camino, sus seres queridos podrían vivir la paz que les había sido arrebatada y Sesshomaru… bueno él quizás se enorgullecería de su valentía. Recordó que el demonio jamás quiso enseñarle a pelear, la bien escondida mentalidad machista que albergaba, no daba pie a que su compañera fuera una guerrera, siempre lo supo, su apoyo hacia él era tácito, desde su sombra, en compensación, había conseguido estar a su lado, amarlo y entregarse a él en todos los sentidos de la palabra, sonrió resignada sabiendo que lo vivido había valido la pena, sin embargo, para él, tanto esfuerzo para mantenerla viva… de seguro no entendería de inmediato, lo bueno, él sabia que ella no duraría como él.

Respiro mas profundo con cada paso, la caída no sería dolorosa, mantener su conciencia sería casi imposible pero lo conseguiría, el demonio le había enseñado que lo que ella deseara lo conseguiría, porque su voluntad era la más grande de todas…

«Si tú no vuelves a mí, entonces ¡yo iré por ti…»

Comenzó a acercarse hacia el borde, extrañamente, ninguna alma abandonaba ya el inframundo, ¿habría quedado vacío? Lo dudaba. Las fuertes brizas empujaron su cuerpo de un lado a otro, obligándola a hacer un gran esfuerzo por mantener su dirección, con cada paso; el frio comenzó a colarse bajo su piel y entumecer sus huesos, definitivamente mientras más se acercaba al portal, mas sentía como su vida la abandonaba, omitió lo que más pudo el vacio que se formaba en su pecho y en el borde del abismo, la inmensidad quiso devorar su alma, su mirada irremediablemente se nublo, y su ser perdió voluntad, con estirar el último paso estaría de vuelta en el infierno, siendo absorbida su alma como una de las tantas que se pierden en una penitencia sin fin.

«Sesshomaru-Sama…»

***Trazando destinos***

—Desilusionaste a Rin, claro que debería importarte, era la única que creía en ti. —recalcó Inuyasha, ante la traición del demonio.

—…Los demonios no son seres en los cuales confiar… —comento risueño Yusey, sin embargo, su instinto reaccionó dando una advertencia, ¿era acaso la presencia Rin?

Un gran estruendo sacudió la tierra bajo sus pies y Yusey con Inuyasha vieron con atención la batalla de Shishinki y Sesshomaru, el meido Zangetsuha que liberaba el desquiciado demonio; absorbía todo a su paso, tal era su descuido; que la zona donde se encontraban se comenzó a desmoronar.

—Esta será sus tumbas hijos del general perro, ¡Lamentaran el día que se cruzaron en mi camino!

Inuyasha arremetió con fuerza nuevamente contra Shishinki, en su carrera por alcanzarlos miró de reojo a Yusey quien permanecía fijo en su posición, no se dio el momento de preguntarse que observaba el espíritu de la espada, la batalla y la supervivencia de su mundo era lo primero.

Yusey se debatía entre seguir luchando y correr a ver si era ella, averiguar que pretendía. Sentía su presencia claramente de pie en el borde del abismo sobre su cabeza, aunque no la podía ver, estaba muy abajo; pero solo con elevarse la alcanzaría, una extraña emoción comenzó a carcomer su interior, tal vez era angustia, con elevarse y verla, quizás pasaría.

Mientras se elevaba meditó sus acciones ¿Porque de un momento a otro lo que la niña hiciera o dejara de hacer era tan relevante para él, al punto de estar dudando de su proceder, era producto del lazo que se había formado en el tiempo que estuvieron juntos?

Apretó el puño que portaba la espada con fuerza, afirmando físicamente que Souunga era de él, Sesshomaru como poderoso demonio la había rechazado y por ende el matarlo a él, su momento había llegado, no volvería a ser un espíritu encerrado.

Pero, ¿era capaz de matarla para liberarse de ese sentir?

Sus pies abandonaron la tierra sintiendo su cuerpo elevarse hasta donde la humana presencia lo esperaba.

« ¿Porque te empeñas en una batalla que no te corresponde?»

Y como suponía ahí la encontró, era patética la imagen pero digna de su naturaleza, su débil cuerpo se mantenía apenas rígido y con la mirada perdida; ida en su alma y conciencia, era solo una humana, no merecía portarlo.

Se había dejado poseer por la desesperanza y el frio que caracterizaban a la muerte, ahí estaba su cuerpo arrodillado en el borde del precipicio apretando sus puños cerrados contra su pecho, tornándose cada vez mas frio, mientras que su alma se desvanecía a cada segundo, si no reaccionaba moriría...

El debate de su cerebro versus consideración; por ayudarla, no llego a su razón, su boca fue mas rápida; dejando salir la que en esos momentos era su mayor preocupación.

—Rin… —Llamo una vez con voz baja — ¡Rin! —Llamó por segunda vez pero con mas fuerza— ¡Que diablos crees que haces! —El grito se escuchó tan fuerte que su cuerpo casi pierde el equilibrio y cae por accidente.

Para la conciencia de Rin, aquel lejano sonido resonó como una voz conocida, sus sentidos volvieron poco a poco a agudizarse; creyendo que "él" se había presentado a su encuentro, sin embargo, era el demonio equivocado, el portador de Souunga estaba de pie frente a ella y aunque con bastante reticencia; apelaba a su razón, confundiéndola solo por el tono un tanto preocupado de su voz.

—Si sigues por este camino serás devorada nuevamente por la oscuridad, y tu vida se extinguirá para siempre, ¿acaso ese es el rumbo que deseas tomar? —Se enojo al ver que Rin no le ponía atención a sus palabras— Si pones un pie en el infierno tu alma por fin será reclamada y jamás podrás volver a salir de ahí, tampoco reencarnar, ¿acaso es el final que buscas?

—Si mi compañero se encuentra batallando en ese marchito campo, es mi deber seguirlo.

—No seas tonta, Sesshomaru no necesita tu ayuda…

—No hablaba de él…—El demonio de la espada se impresiono, ¿la humana estaba dispuesta a sacrificarse por él? Tal fue su desconcierto que casi no nota como la mujer; colocándose de pie, se preparaba para dar el paso final.

— ¡¿Qué demonios crees que haces?! —Gritó Yusei afirmándola del brazo y evitando su caída.

—Vengo a reclamar mi espada, a luchar por lo que creo —Lo miró de frente demostrando su seguridad, para ella no existía la marcha atrás.

— ¡Tonta, no te das cuenta que si entras morirás!

— ¡Debiste pensar en eso antes de traicionarme!

—Eres débil y sentimental, ¿crees que Souunga hubiera liberado su poder con alguien como tú, si yo no se lo hubiera ordenado? Yo te elegí, te he manipulado todo este tiempo, ¡vete, no estorbes!

La mujer giro la cabeza en señal de rechazo ante sus palabras, por mas que supiera que diría lo que fuere con tal de liberarse de ella, de igual modo sus palabras dolían en su corazón. Sin embargo, en el fondo del abismo, pudo ver como Sesshomaru e Inuyasha peleaban contra Shishinki, respiro profundo y conociendo las consecuencias estiro el pie para traspasar los dominios.

— ¡Que necia eres! —con el agarre del brazo de la mujer la lanzo hacia el lado contrario del abismo colocándose él en el borde. —No lo permitiré…—dijo apretando los dientes y empuñando con fuerza la espada

Rin al ver su reacción decidió no provocarlo mas, debía hacerlo entender de otra forma.

—Porque insistes…— dijo Yusey con cansancio— No te entregare la espada, jamás la podrías dominar como yo…

—Porque yo soy tu portadora…

—Eres una humana, sin mí no podías hacerlo, no mereces portar a Souunga.

— ¡Tú eres Souunga idiota! —Yusei abrió los ojos al ver la mirada cristalina de la joven—Yo jamás intente dominar la espada, siempre quise luchar a tu lado—el demonio retrocedió dos pasos en un momento de confusión— hicimos una promesa…, no te dejaré solo en batalla, contaras conmigo quieras o no.

—Que tonta, no necesito tu compasión

—No es compasión es amistad —Yusei se elevó hasta quedar sobre la cabeza de Rin, sus ojos resplandecían, sembrando la confusión en el demonio.

También fui traicionada por mi especie, se lo que es ocultarse en el silencio y más aún se lo que es cuando una persona muy distinta a ti, es la única capaz de darte una mano, una oportunidad… Sesshomaru está peleando por su honor y la vida, yo deseo hacerlo por el perdón de tu alma…

***Trazando Destinos***

La fuerte presencia de ella lo distraía demasiado, con solo saber que estaba ahí, sus estocadas con la espada habían perdido precisión.

«Tonta»

Sesshomaru estaba desconcentrado y molesto, su madre debía retenerla a toda costa en el palacio de la luna, ese había sido el acuerdo, ¿ni siquiera podía confiar en ella? ¿Qué tan difícil podía ser retener a Rin en un solo lugar? Bien, conociéndola; considero absurda la pregunta.

Siguió atacando a Shishinki intermitentemente con Inuyasha, así podía estar atento a cualquier movimiento de la joven, más si ella conseguía entrar al campo de batalla, el demonio confirmo entonces que no podía perder, ni la guerra, ni a ella.

***Trazando Destinos***

— ¿Porque te empeñas en una batalla que no te corresponde?, son demonios los que pelean en el inframundo por si no lo has notado, seres poderosos, no como tú. —recrimino con cansancio el demonio, harto de la actitud de la mujer.

—Yo puedo, sé que puedo ser útil.

—No eres mas útil que la espada sin filo de Sesshomaru, ¿de verdad crees que puedes ganar y de paso, salvar mi alma?

De pronto la joven se torno seria, sus facciones se endurecieron, dando paso a la mujer decidida que era, en sus ojos afloró la determinación que la caracterizaba, y transmitía una verdad que él no comprendía, él había vivido casi dos mil años y jamás pensó en sacrificarse por alguien más ¿como alguien que no contaba ni con 20 años de vida podía llegar a tal decisión?

—Creí que éramos uno… —la sorpresa ante las palabras de la joven, no dieron cabida en su expresión, Rin esperaba gritos y recriminaciones pero la palpable desilusión, jamás.

—…— Yusey apretó los dientes por frustración ¿que podía decirle?

« ¿Lo lamento…?»

« ¿Me equivoque…?»

« ¿Llegaste muy tarde…?»

—No me importa lo que has hecho y lo que quizás harás después, pero entre ambos podemos cambiar la situación, trabajemos juntos y resolvamos de una vez por todas las diferencias que nos causan dolor…

— ¿Qué causan dolor? Esto va más allá del dolor…

—Podemos juntos ahora y siempre… —con cada palabra estaba un paso más cerca del abismo. —Deja que te libere, apoyándome una última vez.

«Como hubiera deseado conocerte antes pequeña…»

***Trazando Destinos***

Shishinki se estaba desesperando, los ataques de sus enemigos cada vez le hacían mas daño, el poder de su meido Zangetsuha estaba perdiendo fuerza, él mismo se estaba agotando, la batalla se estaba alargando innecesariamente. Miro hacia arriba con la esperanza de encontrar una forma de escapar; cuando esta se presentó, en la cima del abismo notó la silueta de el espíritu de la espada en compañía de la humana pareja de Sesshomaru.

«Eres débil Sesshomaru, débil como lo fue tu padre»

Sin pensarlo dos veces, y en un descuido de los dos hombres, reunió la suficiente fuerza para un colosal ataque, Sesshomaru e Inuyasha tomaron posiciones defensivas listos para recibir todo ese poder, pero el ataque no llego, este, tomo una dirección confusa, subió y subió hasta que frente a los ojos de los hermanos, se estrello contra la cima del abismo. Aquel donde Sesshomaru percibió a Rin…

— ¡La victoria es mía! Jajajaja —Grito y rio al momento de alzar el vuelo

Hacia la grieta se dirigió evadiendo las rocas que caían al precipicio, la destrucción del risco fue casi completa, con la tierra en el aire; poco pudieron distinguir Sesshomaru e Inuyasha, pero el mayor si sabía lo más importante, la humana no pudo sobrevivir.

Inuyasha sintió el metal enterrarse en la tierra y aunque lo evito cuanto pudo; decidió mirar a Sesshomaru, este observaba imperturbable como se disipaba lentamente el polvo suspendido, después de que cayera el ultimo trozo de roca desprendida. Para él, el tiempo se había detenido.

El demonio guardaba tal silencio que el Hanyou se tensó, poco comprendía de la situación pero podía imaginar una cosa, si Rin estaba parada ahí, sin dudas estaba…

—Sesshomaru, ¿Rin esta…? —No pudo decir la palabra y el demonio no la necesito. Mantuvo el silencio por un par de segundos más.

Inuyasha no sabía que decirle, menos como reaccionar o peor como reaccionaria él. Con la muerte de Rin, ¿qué motivo tenia Sesshomaru para seguir peleando?

«…No de nuevo…»

Era lo único que daba vueltas en la cabeza del demonio, cuando dejó caer a Bakusaiga lo hizo con una intención, que Tenseiga brillara y él pudiera ir al rescate de su compañera, como cuando era niña, como cuando su alma había sido reclamada en otras ocasiones.

«Respóndeme Tenseiga, ¿acaso no hay salvación?»

***Trazando Destinos***

Atravesando los escombros la nube de polvo y los torbellinos de energías oscuras, sus pies tocaron la tierra de los vivos, sintió inmediatamente como su poder y energía se incrementaba sin limites, el mundo de los muertos devoraba el de los vivos, y eso lo fortalecía, sin embargo, en su sed de conquista y venganza, poco le importo que al terminar la batalla ya nada quedaría para reinar, el demonio Shishinki entonces perdió la voluntad y la razón transformándose así en el demonio de la muerte.

***Trazando Destinos***

Byakuya; quien era espectador obligado de la destrucción del mundo, retrocedió varios pasos al ver a Shishinki abandonar el inframundo, vio como el demonio perdió por completo la voluntad, sus ojos se tornaron negros por completo, sus colmillos crecieron y su cuerpo absorbió toda la energía oscura que pudo, aquella energía dominaba su ser llevándolo a la destrucción con solo posar sus pies sobre la tierra, estaba fuera de control devorando con su técnica especial todo a su paso. El sirviente dio media vuelta y corrió hasta encontrar a su señor, este parecía tranquilo e incluso creyó, algo risueño, su pasividad atemorizo a Byakuya, si tenía un plan; debía ponerlo en practica pronto, de no ser asi, todos, incluso ellos, serian absorbidos…

Desde una lejana distancia, una oscura presencia observaba como los pocos esbirros que iban quedando de pie, caían sin opción en una tumba acuática, una extraña mujer, sin dudas poderosa sobre aquel elemento, los sumergía y hacía desaparecer, ¿eso afectaba sus planes? Claro que no. Lo que verdaderamente le estorbaba, ella aquella mujer sacerdotisa, que con su toque, purificaba las almas perdidas.

—No todos merecen perdón —susurro con una sonrisa, mientras apuntaba con su largo y esquelético dedo a la mujer—Byakuya —Llamó a su sirviente.

— ¿Si amo? —sumiso espero la orden, dependiendo de esta, iría al campo de batalla y eso le permitiría espiar a Rin.

—Mata a la sacerdotisa.

(1) Recuerden Que en esta historia, Rin no vivió en la aldea de la anciana Kaede, en el primer capítulo cambie eso y Sesshomaru se llevo a Rin a su palacio desde el principio.

(2) Es la frase con la que Sesshomaru propone a Rin ser su compañera.

Véanlo así: si no me dejan un review (en el idioma que quieran) me demoro otro año para el siguiente capítulo Muajajajajaja. ¡Las quiero! Besos, Yuki