Esto que subo hoy, no corresponde a todo el capitulo, pero creí mejor publicar algo a no publicar y dejar que sigan esperando. No es mucho pero con algo se empieza, ojala les guste.

Lo iré corrigiendo a medida que estén listas mas paginas. Gracias por entender.

Capitulo 19

Silencio parte 1.

Al norte de la gran ruptura, reposando sobre los restos movibles de lo que fue un gran risco, cerraba los ojos ante la presencia de ciertos rayos de sol que se colaban entre la inmensa nube toxica que cubría el valle.

Tendido de espalda, de vez en vez; extendía su vaporosa mano frente a la luz, intentado solidificar la forma de su cuerpo, un ejercicio inútil, si lo que pretendía era mantener en secreto su existencia.

—Mata a la sacerdotisa—repitió ante la mudes y paralización de su sirviente.

Una ráfaga de viento disolvió la vaporosa esencia de su traslucida mano, cuando la brisa paso; su extremidad volvió a tomar la volátil forma, omitió su fragilidad, ese era un simple y menor detalle frente a la grandeza que le deparaba su nuevo tiempo; su nueva vida.

Byakuya se mantenía en silencio y quietud, ¿Matar a Kagome? Él no deseaba mancharse una vez más las manos con sangre inocente, debía encontrar una salida rápida a ese dilema.

— ¿No prefiere amo; ver como Shishinki se encarga de ellos?—pregunto jugando despreocupado con una de sus rosas blancas —la putrefacción de los muertos me está enfermando, preferiría no volver ahí.

Guardo silencio nuevamente, esperando que su amo meditara su opción. De reojo vio como aquel ser cerraba los ojos ante un rayo casual que deseaba sorprenderlo.

—Byakuya—llamó en medio de un aletargado suspiro— así que prefieres verla morir en manos de ese monstruo…que ser tan curioso eres…

Una punzada en su interior lo descolocó, esa incomodidad que se incrusto cerca de su pecho era nueva, ¿podía ser compasión? No, la marioneta lo sabía, Naraku lo había creado sin un ápice de emoción. —Byakuya—Llamo nuevamente el amo, esta vez abriendo los ojos y sentándose para verlo de frente—, no creas que quedaras libre tan fácil, tengo otra tarea para ti.

Recibiendo la orden en un susurro, la marioneta comprendió de inmediato y desapareció, aquel ser; satisfecho con la disposición de su sirviente, adorno su oscuro y nefasto rostro con una mueca macabra, resaltando el placer de ver sus planes concretarse, retomó la posición inicial para luego esconder bajo uno de sus brazos la vista, aun con sus ojos cerrados sus sentidos se mantenían alerta; jamás quedaba desprotegido, no, sus otros sentidos abarcaban el valle del fuego en su totalidad, sabía todo lo que sucedía en cualquier lugar, su omnipresencia era absoluta y ante ese hecho, sonrió de nuevo.

«Mi voluntad es suprema…»

Todo salía a la perfección, sus planes avanzaban sin contratiempos. Fríamente calculado, cada personaje colocado en su tablero de shōgi① cumplía con su rol al pie de la letra, eso lo lleno de satisfacción, solo un detalle robaba fugazmente su atención. Levantó la vista sintiendo la presencia del demonio destructor a una distancia prudente de él, tal vez no muy segura, sin embargo no lo preocupaba, poco tiempo le quedaba a ese estúpido de Shishinki, suspiro con desgano; verlo destruir lo que sería su nuevo imperio, le provocaban ganas de "llorar como un bebe", sonrió ante la idea, Su imperio aun no nacía, sus tierras serian tan jóvenes como él y fértiles como al principio, grandes cosas deparaba su futuro, nada podía detener lo inevitable… ¿o sí?

No estaba demás ser precavido.

Volvió a enderezar su postura y con su omnipresencia abarcó nuevamente el valle, detallando así cada movimiento de los guerreros. Encontrándose él al norte, enfoco sus sentidos hacia el Este, bajo la destruida falda de las rocosas montañas; se encontraba la ruptura de donde todo pútrido ser había podido escapar del inframundo, frente a la ruptura, al Oeste; se encontraban los ejércitos de los vivos, conteniendo a los muertos en la lucha sin tregua, y al Sur, al Sur había dejado de percibir a la joven hembra del demonio perro, portadora de la espada de la conquista y pieza fundamental de su estrategia.

No había sido esa la orden, pero sabía que la marioneta no lo resistiría, Byakuya mientras cumplía con lo ordenado, buscaría la forma de encontrar a la mujer y saber si seguía viva, información clave para su estrategia, de otro modo todo su plan se vería modificado. Pero la marioneta no tenía porque saberlo.

Los gritos, el aroma a sangre y la desolación llamaron nuevamente su atención, afilando su vista como un halcón, con atención y tranquilidad detalló cada paso dado por shishinki, bufó ante la cantidad de muertos que caían a los pies del demonio. Era grotesco incluso para él, la voracidad de maldad del demonio aniquilador.

Manteniéndose como un pasivo espectador, advirtió tras él un pequeño riachuelo de agua viva.

«La última línea…»

Viendo sobre su hombro, a la lejanía, la dama del agua, mantenía fuera del territorio del fuego, todo vivo gracias a su control sobre el liquido elemento mediante una pared acuosa, pero manejar el agua y mantenerla contenida como lo hacia ella no era cosa fácil, y el desgaste de su poder se comenzaba a notar en la Deidad, cada vez que su poder disminuía; la cantidad de agua también, sin embargo, se mantenía siempre atenta a cualquier movimiento, de seguro ella podía percibir su oscura presencia, aunque no podría reconocerlo, y al no ser ella un rival o estorbo en sus planes; la omitió. Cerró los ojos y a su forma; respiro profundo, que se mataran entre ellos era maravilloso, que no quedara soldado de pie en ninguno de los dos bandos era un alivio, ya tendría tiempo de formar su ejército, su futuro padre lo proveería de uno propio; sin saber para qué.

***Trazando Destinos***

—Busca el sello del portal, lo necesitaran pronto…— Esa había sido la orden y ahora el debía cumplir.

Byakuya al no pensarlo antes detuvo su vuelo de golpe.

« ¿Un sello para el portal?»

¿Cómo demonios sabría él como es y donde esta?

¿Iba a cerrar el inframundo con shishinki destruyendo todo a su paso, dejaría a InuYasha y Sesshōmaru encerrados y todo terminaría por morir?

Desde su ave de Origami, y corroborando que no hubiese peligro, Byakuya decidió bajar y caminar. Se tapó la nariz al sentir el aroma putrefacto inundar el ambiente, no entendía cómo podían los guerreros aguantar la peste que los rodeaba, suspiro derrotado, ¿qué acaso él no contaba con algo más que sarcasmo? ¿Dónde se había quedado la poca empatía que le correspondía al ser creado? ¿No podía interesarle un poco quizás el hecho de que todos estaban peleando por la vida? ¿Por sus vidas? ¿y él?, él simplemente se dedicaba a servir sin vacilar, al igual que con Naraku hasta el final, fue el único que le fue fiel en todo momento, y ahora lo pagaría, al saber que también por sus manos corría todo esa sangre derramada.

Se rascó la cabeza y volvió a montar su ave…

« ¿Dónde diablos encontraría el sello?»

«Un minuto… ¡¿un sello?! »

Golpeo con su puño la palma abierta. ¿Había esperanza después de todo?

Desde la altura en que se encontraba, vislumbró pequeños destellos color rosa, al poner atención y descender un poco, distinguió el brillo de la purificación de Kagome, la curiosidad lo invadió descendiendo nuevamente y camuflándose entre los árboles.

Estaba emocionado y algo ansioso, sumado que la sacerdotisa estaba viva, luchando y de seguro con ella podría buscar el sello.

¡Dos cabezas piensan mejor que una!

Pero… si al estar cerca de ella, ¿su amo nuevamente lo mandaba a matarla?

Se detuvo.

No supo qué hacer; más que observar la batalla, agradeció el no tener que matar a la sacerdotisa, la idea de manchar nuevamente sus manos lo descomponía más que el nauseabundo olor de la muerte.

Si pedía su ayuda podría ponerla en peligro o peor, morir ambos.

A metros de él y con desmedido coraje la mujer de otra época defendía su vida y la de su gente con envidiable valor.

Bajo la mirada avergonzado, él no tenía coraje o valor, él obedecía sin cuestionar.

Dio media vuelta y sin pensarlo dos veces siguió solo su camino, cada uno estaba en el lugar que le correspondía.

Y ella, desde ese lugar, tenía más opciones de seguir viva que a su lado.

Byakuya no quiso arriesgar más la vida de la mujer, dio media vuelta y de sus ropas saco una nueva ave de origami.

«Resiste valiente guerrera, resiste…»

De reojo vio a la sacerdotisa y decidió no volver a mirar atrás.

«Busca el sello del portal…»

***Trazando Destinos***

Un majestuoso destello rosa, mantenía la esperanza de los guerreros que aun se mantenían en batalla. Kagome; de pie sobre una gran roca se había convertido en la impenetrable gran línea, defendía y revivía con fervor el muerto valle; deteniendo el avance del enemigo con el poder curativo de sus flechas, sin embargo la ardua batalla que enfrentaba tanto física como espiritualmente; la estaba agotando, respiraba con esfuerzo frente a una cruda realidad, su cuerpo humano se debilitaba ante el uso de toda su energía espiritual, sin embargo; con cada gramo de esperanza que guardaba su ser, lanzaba y lanzaba sus flechas con ilusión, pasión y decisión, precediendo el maravilloso resultado, estaban equilibrando la batalla y por primera vez; los muertos retrocedían.

Una rodilla tocó el suelo y Shippou corrió en su ayuda, con otro soldado; tomaron a la mujer e intentaron alejarla de la línea que tan férreamente defendía, mas de los que ella imaginó tomaron su lugar, orgullo y frustración; lo que fuera aquella emoción que la invadió, la obligo a retomar su puesto, no podían perder.

***Trazando Destinos***

La brisa que lo elevo hasta las densas nubes; le recordó a Rin, la paz que le transmitía, su rostro y extraña alegría, jugándole una mala pasada, otra incomodidad nacía en su interior.

¿Que debía hacer?, ¿buscarla?

Una ráfaga lo tomo desprevenido casi botándolo del origami, elevándose nuevamente considero que el primer lugar donde buscar cualquier cosa o respuesta serian las ruinas del portal, si tenía suerte, también Rin se encontraría ahí.

Levantó la vista en busca de la omnipresencia de su amo, ya que gracias al campo visual que manejaba su gran señor, este ya conocería el rumbo que el sirviente estaba tomando.

Alejándose de la sacerdotisa y en busca de algo desconocido, Byakuya llego a la conclusión que siempre habían sido esos los planes de aquel extraño ser, la serie de sucesos tal cual estaba resultando, solo podían ser manipulados por alguien tan antiguo y poderoso como él, no podía traicionarlo a ese punto ni a ninguno, después de todo, él era una marioneta, un muñeco sin sentimientos o voluntad.

Así había nacido y así moriría. Era nada y la nada lo devoraría.

Tomo rumbo este hasta las ruinas, sin imaginar lo que ahí estaba por suceder.

***Trazando Destinos***

Su vista se nublo y un tiro que parecía certero, se perdió a los pies de la nada, el cansancio de sus ojos, el dolor de sus muñecas y la poca energía en su interior daban como resultado una sola cosa, un inminente desmayo.

Jadeó en busca de un último tiro, cuando sus piernas cedieron irremediablemente, sin embargo algo blando y peludo no la dejó tocar tierra.

—…Ishira…—agradeció el apoyo—, debo descansar un poco.

El felino no necesito mas, agachándose para facilitar que la mujer lo montara, en cuanto la tuvo sobre su lomo, tomo altura alejándola de la línea de batalla.

Kagome vio con tristeza que poco a poco lo que a ella le había costado defender, desaparecía bajo la putrefacción de los esbirros que aun luchaban.

«No puede ser el fin…»

Con tal impotencia, hundió su rostro en el lomo del animal, intentando callar un grito desesperado, sin embargo en ese mismo momento, el tigre tensó su lomo y dirigió su vista al Oeste en busca de una señal, algo presentía, el aroma de su ama y dueña se desvanecía; en la cálida brisa que lo acariciaba.

— ¿Ishira? —pregunto al ver que el animal descendía.

—No deberías exigirte tanto, tu bebe es más importante…. —shippou llego a su lado con la intención de ayudarla a bajar, el estado frágil de su amiga lo mantenía preocupado, aumentado al ver lo pálida que se encontraba la mujer.

—Si no hago esto, no habrá lugar seguro para que él nazca; shippou, debemos seguir —Intentaba ponerse de pie una vez más.

— ¡Shippou tiene razón! —La voz de Kohaku resonó arriba de sus cabezas y segundos después estaba de pie frente a ellos, Ah-Un estaba de mal humor y dejando caer a su jinete, partió en busca de nuevas víctimas que destruir.

—Esta así desde que dejamos a Rin —Comentó sobre la reacción del dragón de dos cabezas

Kagome observo a Ishira y supo que ambos seres percibían algo relacionado con Rin.

—Quizás Rin los necesita…—y ambos animales pusieron atención.

Ella sonrió.

—Después de todo, ¿no fue Sesshōmaru quien los entreno?

Ambos jóvenes se miraron y coincidieron con ella.

El demonio, de ser un monstruo sin sentimientos y sin consideración, había sido equilibrado por una pequeña e insignificante humana, que; sin proponérselo, había doblegado su orgullo y enseñado a su corazón.

La supremacía que tanto buscaba estaba en ella, en ella y lo que representaba su unión.

—Sesshōmaru les transmitió a ellos el amor que siente por Rin y de esa forma, protegerla aun cuando no está presente.

Shippou y Kohaku sintieron un extraño pero placentero calor en su interior.

La sacerdotisa también lo sintió, y llevando ambas manos a su pecho, tomo nuevamente

Sus flechas.

— ¡No hay tiempo que perder! —hizo una pausa en donde cerró los ojos y los abrió con fuerza

— ¡Por el amor!

Y todos siguieron su ejemplo, la batalla no terminaba, y ellos debían ser los vencedores.

Con nuevas energías, Kagome intento conservarlas y aprovecharlas mejor.

—Por cierto Kohaku—pregunto la mujer volviendo al lado de los jóvenes— ¿Traes noticias de InuYasha? —estaba ansiosa por conocer el paradero de su pareja.

—Sí y no —no sabía cómo explicarlo, cuando un temblor bajo sus pies lo colocó en posición de ataque, pero a la sacerdotisa y al joven zorro los tiro al suelo.

— ¡¿Qué es eso?! —frio y oscuridad inundo el pecho de todos los guerreros y termino por paralizar la lucha.

El silencio cayó sobre ellos deteniendo el tiempo, cegando sus vistas y dejándolos indefensos.

Entonces fue Kagome quien lo entendió, sintiendo como se desgarraba su corazón, su alma dolía y mil agujas atravesaban su cuerpo.

—El Final… ha llegado…—Vaticinó antes de desmayarse.

***Trazando Destinos***

…«Respóndeme Tenseiga, ¿acaso no hay salvación?»…

Su cuerpo inerte y su inexistente respiración, demostraban que el tiempo para él; estaba muerto, su reacción parecía incierta. Lejos estaba la imagen de demonio frio y calculador, aquel demonio enfocado nada más que la supremacía.

Frente al Hanyou estaba un demonio-hombre, más hombre que demonio, un ser que amaba algo más que la batalla.

InuYasha no pudo mover más que su cabeza y observar en silencio, mayormente por miedo al demonio inmóvil frente a él. Por primera vez guardo calma y silencio respetando a su hermano, omitiendo sus diferencias, conocía a la perfección el dolor de perder a un ser amado, ella lo había cambiado todo, no podía dejarlo ahora, ella era su brújula, Sesshōmaru perdia sentido sin su humana.

Los segundos avanzaban e Inuyasha no podía seguir en silencio, de reojo observó al mayor esperando algún tipo de orden; no podían permanecer más tiempo expectantes, la batalla no se detenía por una muerte, aunque fuera una importante, sin embargo no se movía, ¿y si hubiera sido Kagome? Gritaba su corazón apretándose y quitándole la respiración.

De reojo vio a su medio hermano una vez más, su grácil flequillo escondía la sutil mirada y por lo tanto, el único reflejo de su verdadero sentir.

—Deberías ir por ella— expreso Inuyasha dándole la espalda, en un extraño acto de valentía y consuelo—, ¿o crees que no puedo arreglármelas sin ti? —El sonido de la espada cayendo y enterrándose en la tierra, dejó mudo al medio demonio, ¿Sesshōmaru se había rendido? — ¡¿La dejaras sola, cuando más te necesita?! —Sesshōmaru no podía rendirse, no, no lo había hecho cuando lo intento absorber Magatsuhi, no lo haría en ese momento②

—…Silencio…— Su rostro no mostraba reacción, sin embargo poco a poco su aura comenzó a imponerse desde el fondo de su ser, un aullido de impotencia y frustración ganaba voz en su persona. Su alma rogó por primera vez salvación... No podía terminar así —...InuYasha…—Habló el mayor con fuerza contenida y el menor acató.

Era malo, pocas veces lo llamaba por su nombre y siempre era porque estaba enojado con él.

El demonio llevo su mano al pecho, y entre sus ropas busco algo que guardaba con recelo, un listón delgado vio de reojo InuYasha, uno que ato a Tenseiga y retomando a Bakusaiga partió.

InuYasha no entendió la acción, ¿era tal vez una forma de llevar su duelo o acaso una forma de encontrarla?

…«Respóndeme Tenseiga, ¿acaso no hay salvación?»…

Elevando su mentón hacia el mundo de los vivos, Sesshōmaru alzo la mirada, su cabello comenzó a hondear a su alrededor y su estola a cubrir sutilmente sus pies, la imagen era hipnotizante, la gracia y belleza con la que contaba el demonio comenzaba a asquear al Hanyou cuando de pronto se dio cuenta, Sesshōmaru se iba sin él.

« ¡Bastardo!»

Mirando a todos lados el medio demonio no sabía cómo salir de ahí, el terreno estaba demasiado blando para escapar por sus propios medios; el derrumbe completo era cosa de minutos y la vergüenza de quedar encerrado y no ser útil en la pelea, seria eterna.

Por fuera, Inuyasha chasqueó la lengua con burla y provocación, él podía salir de eso sin ayuda del demonio, de eso y mucho más, por dentro, la preocupación de quedar en vergüenza lo carcomía. Comenzó a saltar con fuerza y correr hacia la elevada entrada pero con cada salto, por mas alto y lejano que fuera uno del otro; removía escombros dificultándole la salida, se detuvo en una roca en busca de otra solución, cansado y concentrado en sus movimientos guardo a Tessaiga en su funda, decidido a no dejarse vencer, bajo la guardia quedando a merced de una serpiente blanca y peluda que sin cuidado o piedad, lo tomo del pie y lo lanzó fuera del averno.

Una destellante claridad por segundos lo encegueció y después; cuando su vista se acostumbró, Inuyasha creyó preferir que se quedara borrosa, el panorama frente a él era desgarrador, muertos por todas partes, sangre y podredumbre rodeaban la zona que él pisaba, como era de esperarse, Sesshōmaru se mantenía suspendido en el aire a unos metros de distancia, sus pies no se impregnarían de tanta repugnancia.

—Sabes lo que tienes que hacer…—Habló el demonio olfateando su alrededor y dirigiendo su vista hacia un punto que Inuyasha no distinguió.

—Bastardo, no tienes que decírmelo…—con una mano en la funda y la otra en Tessaiga, libero la espada; dejándola caer sobre sus hombros, con la mano libre en su cintura y dándole la espalda al mayor, una sonrisa forzada adorno sus labios auto transmitiéndose fuerzas y entusiasmo, era hora de terminar la batalla y volver con la mujer que amaba —Sesshōmaru—llamó al mayor sin darle la cara—Rin también es preciada para mí.

—…—Sesshōmaru bufó antes de partir.

Con esa despedida cada uno siguió su camino en sentido contrario, convencidos de que en la última lucha; se enfrentarían una vez más, la promesa estaba implícita dentro de los miles de insultos que en sus largas vidas habían cruzado, nadie podía vencer a uno; salvo el otro.

«…Hijos del comandante perro, su hora ha llegado…»

①Shogi: juego de mesa conocido como ajedrez Japonés.

②capitulo 17 Kanketsu-hen donde Magatsuji intenta absorber a Sesshōmaru.