TORN APART
Lore-chan
Capitulo dos: Niña Caprichosa
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La primera vez que Hiroaki Ishida vio a Mimi Tachikawa fue cuando ésta salió corriendo por el pasillo tras salir del despacho del director de la preparatoria, iba acompañado de su hijo mayor que había sido llamado, al igual que la muchacha, a hablar con el director ya que acumulaba más de 10 detenciones en apenas dos meses. La madre de la castaña estaba parada a pocos metros de él y esa fue también la primera vez que conoció a Satoe Tachikawa.
La mujer de cabellos claros se agarraba la blusa a la altura del pecho conteniendo lo que parecían ser lágrimas de frustración.
Cruzaron miradas y se dieron una leve reverencia compartiendo en silencio un sentimiento de fracaso para con sus respectivos hijos. Ambos rebeldes, ambos casi imposibles de controlar.
Se volvieron a encontrar en varias citas en el establecimiento, más de las que ambos quisiesen.
-Es difícil cuando estás sola… cuando estás divorciada. Todo parece irse a negro con demasiada frecuencia – le comentó Satoe una tarde en que Hiroaki la invitó a tomar un café. Ya iba siendo la vez número 9 en que se encontraban – a veces creo que debería haberle dejado la custodia a mi ex marido.
El hombre la miró torciendo una triste sonrisa de consuelo.
Comenzaron a reunirse más seguido de lo que tenía planificado.
Podría hasta decir que el compartir con Satoe las mismas circunstancias los estaban uniendo. Hasta llegó un punto en que esperaba a que Yamato fuese llamado una vez más por el director para topársela… tanto su hijo como Mimi se las arreglaban para siempre ser llamados al mismo tiempo. Como si lo planearan maquiavélicamente en sus mentes.
Quizás ella era la solución a su soledad.
Pero se equivocó… la solución no vino desde ella, sino que específicamente desde su hija.
Mimi tocó su puerta un día viernes en la tarde ya comenzando a oscurecer, enfundada en un juvenil vestido negro tan corto que por un segundo pensó que se trataba de una camiseta. Su cabello rosa se ondeaba ante el viento y era lo que más le había llamado la atención desde el momento que la vio por primera vez.
-¿Está Yamato? – preguntó con mirada altiva y voz caprichosa.
No era la primera vez que la tenía en el umbral de su puerta preguntando por su hijo, como tampoco era la primera vez que tenía que decirle que Yamato no se encontraba y que llevaba varios días sin llegar a casa.
Mimi chasqueó la lengua molesta, su amigo había apagado su celular y ella necesitaba con urgencia desahogarse, decirle que su padre llamó esa tarde para decirle que iría a Japón para las próximas vacaciones con su nueva familia para presentarle a su nuevo hermano, situación que la tenía con los nervios crispados y la angustia atorada en su garganta.
Keisuke Tachikawa había sido todo para ella, era la imagen de padre perfecto… ese padre que te cuidaba, que te regalaba para navidad aquello que más deseabas, el que te abrazaba con cariño después de que el protagonista de la película no se quedaba con la mujer que amaba y ella lloraba de tristeza, el que le regaló su primer par de aretes en forma de estrella bañados en fino oro - los cuales terminaron en poder de su madre porque Mimi no quiso saber nada más de ellos - el que la tomaba de la mano cuando patinaban sobre el hielo en pleno invierno cerca del Central Park. Era todo y de ser todo… pasó a ser nada.
Y lo odió, volcó su ira hacia ese hombre que mintió… que cuando la abrazaba diciéndole que la amaba con todas sus fuerzas viajaba un par de kilómetros y hacia lo mismo con su medio hermano. Ese hombre que destruyó su familia. Ya no existirían más navidades alegres y villancicos que él celebraría encantado con la dulce voz con que su hija cantaba. No más cumpleaños llenos de amor… no más familia…
Todo estaba destrozado. Ella estaba destrozada.
Y no se daba cuenta que su destrucción se estaba llevando consigo a todo aquel que se acercase, no le importaba tener a su madre en vigilia esperando por ella mientras bebía en algún parque en compañía de Yamato, no le importaba llegar bajo los efectos dela marihuana de madrugada y escuchar a Satoe diciéndole que nuevamente estaría castigada. Nada importaba.
Ella fácilmente se escapaba. Ningún internado pudo con ella, ningún severo castigo la hacía salir de su odio interno.
Excepto…
-No sé dónde está – respondió el señor Ishida mirándola preocupado.
Mimi dio media vuelta cruzándose de brazos. Quizás llamaría donde otros amigos a fumarse algún porro o quizás jalar alguna línea que la borrase por varios minutos de la realidad.
Trataría otro día de buscar consuelo en brazos de su amigo.
-Es muy tarde – comentó el padre de Yamato saliendo al pasillo - ¿No crees que es peligroso que andes por la calle a estas horas?
Quiso decirle que su vestimenta podría atraer a personas con muy malas intenciones también, pero las omitió.
Preocupación, eso sintió Mimi desde el señor Ishida y ese sentimiento no la golpeaba desde antes del divorcio de su padres.
Giró sobre sus talones a medida que sus ojos se llenaban de lágrimas. Eso quería… eso necesitaba. Que alguien se preocupara por ella, pero no como lo hacía su madre… sino como lo estaba haciendo ese hombre en ese preciso instante.
-Te voy a acompañar a tu casa, tu madre debe estar preocupada.
Y entró a su departamento lo más probable a buscar alguna chaqueta o algo por el estilo, después de todo la noche estaba helando.
Mimi lo siguió y, sin pedir permiso, entró.
Había estado innumerables veces en ese piso bebiendo y fumando con Yamato cuando sabían que Hiroaki Ishida no llegaría de su trabajo. De hecho, allí mismo se lanzó a los brazos de su amigo después de confesarle que le gustaba, lo trató de besar pero él se alejó de inmediato… eso hizo sentir a Mimi aun peor.
Destrozada y rechazada.
Yamato le tuvo que confesar que en realidad era gay y que el moreno con el que siempre andaba en la preparatoria y con el cual se escondía en los baños por largos minutos era su novio. Hicieron ese mismo día un acuerdo tácito de que cuando su amiga estuviese triste o muy borracha podían besarse y quizás tocarse… la chica de cabellos rosados se conformaba con ello, después de todo encontraba endemoniadamente atractivo a su amigo y aunque lo pudiera tener a media, le era suficiente.
Hombres no le faltaban a Mimi tampoco, pero el hecho de que aún fuera virgen – tenía la intención de perderla con Yamato, pero se dio cuenta que era imposible – la hacía ser un poco esquiva con los muchachos. Quería tener al menos algo de experiencia y no mostrarse como una chica caprichosa cruda.
Caminó hasta el sillón sintiendo como el padre de su amigo revolvía un par de cosas en su habitación y se sentó con la mirada pérdida en la televisión apagada.
-Encontré las llaves – dijo Hiroaki acercándose a ella – Vamos, te llevo.
Mimi negó con la cabeza, no quería ir donde su madre. Habían discutido una vez más y como en tantas discusiones anteriores había sido muy cruel con las palabras que utilizó para defenderse de los argumentos que Satoe le daba.
La muchacha tomó aire y sin más preámbulo, preguntó.
-Señor Ishida, ¿Puedo quedarme hoy en su departamento? – el hombre iba a protestar, pero Mimi se adelantó – no voy a molestarlo. Puedo dormir en el cuarto de Yamato o acá en el sofá. Me iré mañana temprano, lo prometo.
-Satoe debe estar preocupada.
Ella dio un respingo al escuchar de sus labios llamar a su madre por su nombre. Sabía que su madre y Hiroaki conversaban seguido, en especial cuando se topaban en la preparatoria, pero no creía que la confianza era tal.
Sintió celos.
Se levantó molesta y sin siquiera dirigirle una palabra al hombre caminó hasta la puerta principal. Ya vería donde dormiría esa noche… si es que dormía.
Hiroaki notó las intenciones de la amiga de su hijo y la atajó tomándola desde su delgado brazo. En cuanto lo hizo un escalofrío lo sacudió… era una niña que aparentaba ser caprichosa y rebelde, pero en realidad era tan frágil que podría romperse en cualquier instante.
-Si Yamato llega lo haré dormir en sillón… puedes dormir en su habitación – dijo resoplando cansado.
Y esa oración provocó que Mimi comenzara a llorar, a llorar amargamente. Por un momento se vio durmiendo dentro del juego con apariencia de cisne que había en un parque cercano.
Hiroaki se desesperó, él tenía dos hijos hombres… no sabía cómo reaccionar ante una niña que lloraba con una intensidad tal que creía que en cualquier instante desfallecería. La última vez que vio a una mujer llorar así, fue cuando le pidió el divorcio a su ex mujer. Quizás, independiente dela edad, todas las mujeres tenían la habilidad de llorar así.
La llevó desde el brazo hasta dejarla sentada nuevamente en el sillón y fue hasta la cocina para devolverse con un vaso de agua. ¿Dónde estaba Yamato en esos momentos?
-Gracias – hipeó recibiendo el vaso.
Hiroaki se quedó de pie a su lado sin saber qué hacer, Mimi se bebió el agua de una sola vez y dudó si tenía que traerle otro.
-Deja avisarle, al menos, a tu madre que estás acá.
La chica lo miró arrugando en entrecejo, ¿Tenía el número de su madre?
-¿Está saliendo con mi madre? – preguntó molesta.
-¿Por qué dices eso? – aquella pregunta lo dejó descolocado.
-Lo he visto en algunas oportunidades con ella en la cafetería que está cerca de la preparatoria.
-Sólo hablamos de ustedes – explicó incómodo.
-¿Le contó que mi papá tiene otra familia y que quiere venir a presentarme a mi medio hermano? – inquirió volviendo a llorar.
De aquello Hiroaki no tenía la menor idea, Satoe no era de contar su divorcio tan detalladamente. Lo que Mimi le contaba lo había sorprendido.
-¿Usted también engañó a su ex esposa?
El Ishida terminó por sentarse a su lado... Mimi lloraba con tal desconsuelo que entendió su rebeldía y el hecho que quisiera demostrarle al mundo lo enojada que estaba.
-No – contestó sin decir nada más.
La Tachikawa se tapó la cara con ambas manos y se dobló hacia adelante hasta apoyarse en sus piernas. No lograba parar su llanto.
Al verla en ese estado, atinó a posar su mano sobre la espalda de la muchacha en una actitud de protección. Nuevamente sintió un escalofrío y aunque pensó en retirar su mano no lo hizo por lo que comenzó a acariciarla esperando con ello menguar en algo su dolor.
La caricia a Mimi le supo a tranquilidad y no supo cómo, pero dejó caer su cabeza en las piernas del padre de su amigo que sorprendido ante aquella acción dejó de tocarla. Se sentía extraño, no sentía que la chica que tenía apoyada en sus piernas tuviera tan solo 17 años.
El corazón comenzó a bombearle con fuerza.
Mimi continuó llorando por varios minutos más, y en un arrebato Hiroaki la tomó de los hombros para enderezarla.
-Voy a traerte otro vaso de agua.
Hizo un ademán de levantarse, pero la mano de Mimi se cerró alrededor del cuello de su camisa jalándolo hacia ella. Quedó demasiado cerca de su rostro, tan cerca que su respiración comenzó a agitarse y pudo notar que la de ella también.
-Estás saliendo con mi hijo… - fue lo único que atinó a decir y no supo por qué.
Ella le entregó una sonrisa de medio lado.
Hiroaki tenía que admitir que muchas oportunidades la había quedado mirando más de lo que correspondía. La chica tenía una figura muy pronunciada, curvilínea y madura para su edad.
-Yamato es mi amigo, nunca hemos salido – quiso hasta decirle que Yamato era gay pero no era de su incumbencia revelar el secreto de su amigo.
Hiroaki tragó complicado, trató una vez más de separarse pero Mimi no se lo permitió.
-¿Le parezco bonita?
-¿Por qué lo preguntas? – los latidos del hombre iban a mil por hora.
-Señor Ishida, ¿Le parezco bonita? – insistió.
Él suspiró acongojado.
-Sí, lo eres.
Más miradas.
Recorrieron sus rostros respectivamente quedándose perdidos por más del tiempo que debiesen en sus bocas.
Hiroaki tenía una especie de tormenta en su interior, la amiga de su hijo tenía solo 17 años, por lo tanto, era menor de edad. No debía intentar nada, pero…
-Usted me parece muy atractivo – dijo Mimi tan bajo que si el departamento no estuviese en un silencio casi sepulcral no se hubiese oído.
La Tachikawa apretó aún más la camisa del hombre. Lo miró por última vez y supo que lo que ella estaba pensando en esos momentos no era correcto tampoco, pero…
Mimi comenzó a alejarse, el padre de Yamato jamás se iba fijar en alguien como ella.
Se estaba comportando como una niña caprichosa.
Lo estaba soltando lentamente, pero la mano de Hiroaki la detuvo cerrándose sobre la de ella.
-Me voy a arrepentir de esto – murmuró.
Ella sonrió entendiendo a lo que se refería.
-Algo me dice que no lo harás…
Y sin más se acercó a sus labios, demasiado lento para el gusto de Mimi, pero eso entregaba al momento exactamente lo que ella quería. Sintió el primer roce y algo dentro de ella se encendió, ni quiera los besos apasionados que se daba con Yamato le producían el calor que ese débil primer roce estaba provocando en ella.
La chica de rosados cabellos había besado a muchos chicos, tantos que había perdido la cuenta, pero podría jurar que el beso que estaba recibiendo en esos momentos parecía que fuese el primero. Hiroaki se movía en su boca con una habilidad que le asombraba y que le producía punzadas en su vientre. Abrió sus labios y dejó entrar su lengua… sus besos sabían a tabaco y a menta. Un sabor muy parecido a los de Yamato, pero al mismo totalmente diferente.
Se acercó más a él, tirando de su camisa ahora con sus dos manos. Jalándolo a su cuerpo. Ladeó su cabeza para acomodarse mejor, los movimientos experimentados del hombre la estaban embriagando y aunque le costaba seguirle el ritmo a aquel beso que tenía tintes tantos de pasión como de infinita ternura, Mimi no se dejó estar y mordió su labio inferior arrancando un gemido del Ishida que la estremeció de pies a cabeza.
Lo volvió a acercar con más ímpetu y lentamente fue cayendo de espaldas al sofá. Se devoraron en un beso que parecía no tener fin. Jamás la habían besado de aquella forma, Hiroaki se comió sus labios con la seguridad y expertiz que los años le entregaban.
Terminó sobre ella y antes de pensarlo sus grandes manos comenzaron a caminar por el contorno de su figura, provocando que ahora fuera Mimi quien suspirara. Ella le paso los brazos por el cuello apretándolo tanto que, sumado a su intermitente respiración, Hiroaki creyó que quedaría sin aire.
-Soy el padre de Yamato – susurró separándose un poco de ella. Se lo dijo de una forma para que la chica entendiera que lo que estaban haciendo estaba más que mal – Podría ser el tuyo también…
-Pero no lo eres – contestó ella en mismo tono de voz.
Mimi regó pequeño besos en el cuello del hombre que cerró los ojos dejándose llevar por aquellas caricias. Su cabeza le decía una y otra vez que debía parar, que en cualquier parte de Japón se lo llevarían preso por querer hacer con esa chica todo lo que cruzaba por sus pensamientos.
-No… - le dijo con la intención de levantarse, pero Mimi tomó su rostro con ambas manos y volvió a besarlo y al parecer aprendía rápido porque aquel beso que le estaba dando era exactamente al que Hiroaki le entregó minutos atrás.
-Sí… - respondió pegando su cadera a la cadera del hombre y él se avergonzó internamente por estar totalmente excitado y con una erección que ya comenzaba a escocerle dentro del pantalón.
Haberla mirado antes con pensamientos impropios era muy distinto a tenerla bajo su cuerpo. Ella era tan delgada comparada con él… su figura le recordó de inmediato a Natsuko Takaishi, fue a esa misma edad que él ya hizo suya y de eso habían pasado muchos años, muchas situaciones, un matrimonio, dos hijos… un divorcio.
Cerró los ojos con fuerza perdiéndose en el momento, sus dos manos se posaron en la parte alta de sus muslos de la amiga de su hijo casi a la altura de sus caderas y comenzó a subir su vestido con impaciencia, quería verla con menos ropa, deslizó la prenda pasando por su estómago y Mimi se levantó un poco para que pasara por sus pechos y saliera finalmente por su cabeza.
Entreabrió la mirada y casi como un dejavú de su adolescencia vio a la Tachikawa con unas pantaletas oscuras de algodón muy pequeñas y un sostén del mismo tono que envolvían unos senos que él creyó que eran muy grandes para la edad que tenía. Llevó sus manos temblorosas a su pecho tocando sobre la tela sus cumbres y su erección de endureció más de lo que alguna vez recordó.
-Por favor no pares… - pidió ella al ver dejos de duda en las pupilas oscuras de Hiroaki.
-Puedo irme preso por esto… eres menor de edad.
-Pensemos por hoy que no lo soy – rio traviesa y al Ishida le parecía una persona totalmente distinta a la que minutos atrás lloraba con amargura.
Tenía sus manos pegadas a los senos abultados de la pelirosada pero algo detenía su continuar.
-¿Has hecho esto antes?
-Eso es irrelevante.
-Mimi… ¿has hecho esto antes? – volvió a preguntar ahora con un tono de molestia.
-Con un hombre de tu edad… nunca.
-¿Eso es un sí o un no? No seas caprichosa.
-Sí – mintió. Los besos furtivos con su hijo y las tocaciones ardientes sobre la ropa no contaban para nada, pero creía que debía acercarse bastante a tener algo entrando y saliendo entre sus piernas.
-¿Con Yamato? – preguntó. Había escuchado sonidos alguna que otra vez entre su hijo mayor y la muchacha tras la puerta.
-¿Nos vamos a ir de pregunta en pregunta o vas a hacérmelo de una vez?
Mimi estaba perdiendo la paciencia por lo que se volvió a levantar un poco y se desató su sujetador. Tomó las grandes manos de Hiroaki y las colocó sobre sus senos ya desnudos haciendo que él los masajeara.
-Esto no lo puede saber nadie… - dijo pegándose a su cuerpo casi desnudo - … sabes que esto puede traerme consecuencias.
-Yo no diré nada – aseguró sonriendo.
Mimi fue a los botones de su camisa y comenzó a desabrocharlos uno a uno con torpeza, sus dedos temblaban por más que trataba de mantener la calma. Hiroaki se acercó a su boca y con impaciencia volvió a besarla, devoró sus labios delgados por minutos que le parecieron eternos, bajó a su cuello y ella echó la cabeza hacia atrás apoyándose en brazo del sillón para que el padre de su amigo pudiera acariciarla en toda su extensión.
Sintió cosquillas en la parte baja de su estómago cuando sintió la lengua de Ishida jugar con sus pezones.
-Así… - gimió tensándose y más pronto que tarde HIroaki estaba succionado sus senos hábilmente
Gimió sin control y envuelta en un frenesí de sensaciones le arrebató sin cuidado la camisa tirándola al piso del salón. Acarició toda su espalda y para su sorpresa ese hombre se mantenía en perfecto estado físico, por su mente pasó la imagen de Yamato y, si cuando éste fuera mayor y fuese igual a su padre, iba a ser un adulto extremadamente atractivo… tanto como ya lo era. Se preguntó si Hiroaki a los 18 años también había sido tan guapo y ardiente como lo estaba siendo con ella.
Volvió a gemir, ahora más fuerte cuando sintió la boca de él boca bajar desde sus pechos hasta su estómago y luego llegó al borde de su pantaleta. Hiroaki, ayudado con sus dos manos, deslizó la última prenda bajándola por las piernas de la muchacha que aún tenía la cabeza inclinada hacia atrás, podría observar su pecho subiendo y bajando azorado.
Mimi se llevó la palma de su mano a su rostro. Estaba avergonzada, jamás había estado desnuda frente a alguien.
Ishida se arrodilló frente a ella para contemplarla en todo su esplendor y ahogó un suspiro que supo a una mezcla de preocupación y deseo. Aún podía detenerse, aun podía parar esa locura… pero a medida que lo pensaba iba desabrochándose el cinturón de su pantalón.
El aire en la habitación se tornaba más y más pesado y quizás era por ello que ambos respiraban con tanta dificultad aun no habiendo consumado nada.
Mimi sintió que los segundos que Hiroaki estuvo separado de ella fueron demasiado largos y, sacándose la mano del rostro, se acomodó en el sillón con la ayuda de uno de sus codos… ahí estaba él, con el pantalón a medio sacar, nervioso, dudoso.
¿En qué estupidez estaba pensando cuando besó a esa niña?... ¿Qué estupidez cruzaba por su mente en esos momentos para creerse con el derecho de hacer suya a una menor de edad que, además, era amiga de su hijo?
La chica de cabellos rosados, nuevamente lo vio titubear y sentándose rápidamente se acercó a él y de un tirón bajó tanto sus pantalones como su ropa interior. Abrió la boca sorprendida al ver frente a ella el miembro del hombre a escasos centímetros – sólo había visto aquello en videos de alto contenido sexual en internet – se quedó quieta era más grande de lo que había imaginado y pensó cuánto dolería cuando entrara en ella.
Lo jaló a su cuerpo y Hiroaki cayó pesadamente sobre ella y su sexo chocó contra de el de ella provocándole una corriente eléctrica desde la nuca hasta la punta de los pies.
Era su fin, no podía controlarse más.
Tendría que pensar más tarde en las consecuencias.
Volvió a besarla mientras Mimi separaba sus piernas dejándole el espacio necesario para que él entrara. La tomó de las caderas y comenzó a entrar con cuidado, su respiración se agitó más y más al notar que la entrada estaba demasiado estrecha… tanto que le costaba introducirlo con facilidad. Mimi se arqueó dejando caer su cabeza hacia atrás, con una de sus manos apretó el respaldo del sillón y con la otra estrujó la parte baja del sofá.
Aguantó la respiración al sentir ya la mitad dentro de ella y cerró los ojos con fuerza esperando el resto.
Ahogó un grito cuando Hiroaki hubo entrado completamente, le había dolido… pero no tanto como pensó, era soportable y, si no lo hubiese sido, se habría tenido que aguantar porque había dicho que no era virgen y un chillido de dolor habría alertado al hombre.
Pero…
-Mentiste… - dijo Ishida a su oído con reproche - ¡¿Por qué demonios mentiste?!
Mimi no respondió y comenzó a mover sus caderas obviando la dolencia.
Hiroaki iba a salir definitivamente, estaba enojado ya que supo reconocer esa pared que le produjo dificultad a su penetración, pero Mimi apretó sus piernas con ímpetu impidiéndoselo.
-Si te lo decía… - jadeó – te habrías detenido.
Tomó su rostro entre sus manos y se lo devoró en un beso. Volvió al ataque y ella misma comenzó un vaivén, uno que le sabía a gloria… era una sensación exquisita.
No supo cómo, pero Hiroaki también inició su movimiento, enojado… deseoso, molesto pero ardiendo.
Pasaron los minutos y todo se salió de control… si bien al inicio lo hizo con lentitud y cuidado, pronto embestía con una rudeza que no lograba detener y el escuchar que la chica se lo pedía "más fuerte y más rápido" lo incitaba a aumentar la velocidad olvidando que era la primera vez para ella.
El sillón donde estaban se había movido ya más de medio metro y si seguían así pronto llegaría a chocar contra la pared.
-Más… más… - pedía Mimi sintiendo su boca seca.
Estaba completamente sudada y Hiroaki sobre ella igual. No quería que se detuviera, el dolor se había ido, ahora solo quedaban las ganas, ganas de sentirlo más adentro y con más violencia. Dijo el nombre del padre de Yamato tantas veces que creyó que podría llegar a gastarlo y gimió, gritó de placer tanto que pensó que quedaría sin voz y no lograría a hablar nunca más.
Llegó al orgasmo luego de que un remolino de cosquillas que nació en su pecho y que caminó por su estómago se prendió en su vientre. Se retorció como si su entrepierna estuviera quemándose y apretó sus piernas contra la cintura de Hiroaki tanto que terminaron acalambradas.
El hombre creyó que son eso sería suficiente, él aún no terminaba, pero al menos ella si había acabado y él después podría llegar al orgasmo por su cuenta. Después de todo, había aguantado más de treinta minutos sus salvajes embestidas. De hecho, estaba asombrado que para ser su primera vez hubiese resistido tanto.
Salió de su interior con el pecho subiendo y bajando descontroladamente.
Mimi lo miró extrañada, tanto o más cansada que él y no entendió por qué se alejaba. ¿Había llegado y ella no lo sintió? Amigas que ya tenían experiencia en el tema decían que se sentía cuando eyaculaban.
-¿Tu… no…? - no supo cómo preguntar.
-Estás cansada… y…
-¡No! – interrumpió – tú también.
Y en un movimiento atrevido, que ni ella misma esperó, giró colocándose de cara al sillón, levantó su cola y se afirmó con ambas manos del mismo. Frotó su trasero contra el miembro aún erecto del hombre y sin decir nada más lo llevó de vuelta a su interior.
Ahora fue el turno de Hiroaki de gemir al tenerla en esa posición, no esperó más y agarrándola de las caderas ahondó la penetración con brusquedad que en esa posición en específico era más fácil de llegar hasta el fondo. Entró y salió una y otra vez hasta que ya no pudo aguantar más y se dejó ir.
Mimi recordó cada detalle de la primera vez con Hiroaki y entre más la pensaba más sabía que iba ser imposible borrarla de su cabeza. Lo que hacía con Yamato no eran más que un juego de niños comparado a lo que ese hombre podía hacer con ella en la cama.
Rodó por la cama del hombre vacía, él estaba en esos momentos en el baño dándose una ducha. Lo habían vuelto a hacer en la mañana tanto o más violentamente que la noche anterior, de hecho, aún tenía una que otra molestia en la espalda de tantas veces que se azotó contra la pared, pero no le importaba… había descubierto que disfrutaba el sexo salvaje.
Sacó su teléfono de debajo del almohadón encontrándose con más de 20 llamadas perdidas de su madre. Chasqueó la lengua molesta y tiró el celular a la otra esquina de la cama.
Se acomodó para bajar de la cama y en cuanto puso el primer pie en el piso algo filoso se enterró en su planta.
¡Ouch!
Miro hacia abajo y notó que algo dorado brillaba.
Era un arete dorado en forma de estrella. Mimi aguantó la respiración… era exactamente a… una profunda ira se apoderó de ella.
Le había mentido, desde el primer día ¡Hiroaki le había mentido!
En ese preciso instante el hombre salía del baño tapado de la cintura hacia abajo con una blanca toalla. Ni siquiera miró a la chica y se fue directo a su armario para elegir la ropa del día.
-Deberías llamar a tu madre y decirle que estás bien – dijo sin voltear.
La chica de rosados cabellos no aguantó más su furia.
-Eres un mentiroso – siseó Mimi desde el otro lado de la cama apretando en su mano el arete encontrado.
Él volteó mirándola sin entender.
-¿A quién te gusta hacérselo más? – preguntó y sus ojos se llenaron de lágrimas.
-¿De qué estás hablando?
-¿A quién te gusta hacérselo más? – Repitió – ¿A mi… o a mi madre?
Hiroaki abrió los ojos sorprendido.
-¡Mentiroso! – y arrojó el arete sobre la cama.
Ese mismo arete se lo había regalado su padre años atrás y cuando supo de la infidelidad se lo entregó a su madre diciéndole que no le interesaba tener nada de su padre. Y aunque Satoe también estuvo dolida, por alguna extraña razón, siempre los usaba.
-¡Eres igual a mi padre!... – sollozó a medida que tomaba sus pertenencias – pero eres peor… eres un maldito pedófilo.
Salió disparada, casi corriendo a la salida y el Ishida fue tras ella asustado. Tenía un terror indescriptible recorriéndole cada célula de su cuerpo.
Iba a abrir la puerta pero las manos de Hiroaki la detuvieron.
-Vamos a hablar, Mimi.
-¡¿Por eso ayer me pedías que me fuera a casa?! Querías llamar a mi madre y follartela a ella… no a mí.
-¡Eres una niña, Mimi!... y una muy caprichosa, a decir verdad… pero
-¡¿Pero qué?!... es mejor haberme mentido durante casi 5 meses, acostarte conmigo…y… ¡Te odio! – gritó empujándolo con todas sus fuerzas pero él apenas se movió – ¡¿Te acuestas con mi mama…?!
-Yo…
-¡Respóndeme!
-Vino hace un par de semanas a buscarte… habías desaparecido con Yamato no sé a dónde…
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Mi papá no trabaja hoy… deberías ir a visitarlo. La última vez que te acostaste con él, estuvo tan contento que obvió que llegara gateando al departamento de lo borracho que estaba. Hasta estuve a punto de contarle que era gay.
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Las palabras de Yamato calaron hondo en ella. La última vez que su amigo había estado tan borracho fue semanas atrás cuando ambos estuvieron bebiendo hasta casi perder la conciencia. Mimi llegó al departamento esperando ser regañada por su madre, pero ella no estaba. Llegó horas después… y ahora entendía por qué.
Hiroaki no había estado "tan contento" por haber estado con ella… sino que con su propia madre.
-Tu… mi padre… son todos iguales… Tienes razón, necesito alguien de mi edad.
Volvió a empujarlo para así poder abrir la puerta.
-Mimi, entiende que tú eres demasiado joven y yo… demasiado adulto para ti.
Ella rio con ironía.
-¿Cómo te llamo ahora? … ¿pedófilo de mierda o padrastro?
-Cuidado con tu lenguaje… - advirtió.
-Ja! Eso es lo que eres… se ha estado acostando con una menor de edad, señor Ishida. Eso cae dentro de la categoría de pedófilo.
El hombre tragó duro.
-Mimi… hablemos como adultos.
-Hay un solo problema en su oración… yo no soy adulta. Yo soy solo una niña caprichosa.
No esperó respuesta y salió del departamento dando un fuerte golpe con la puerta.
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Tan mal estuvo?..
Sniffff… espero que les haya gustado.
Este no será un ff largo, solo un par de caps mas
:)
Os quiero, os adoro
Nos leemos!
