TORN APART
Lore-chan
Capitulo tres: Tres no siempre son multitud.
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Mimi Tachikawa cumplía ya una semana sin aparecer. Su madre llamó a todas las personas que conocía preguntando por su paradero. Había perdido la cuenta de cuentas veces marcó el número de Hiroaki y de Yamato Ishida preguntando por ella, pero ninguno tenía la menor idea de donde podría estar.
Al tercer día fue a estampar una constancia por presunta desgracia en la estación de policía más cercana. Los dos primeros días creyó que simplemente estaba tan enojada con ella que se había quedado un par de noches en casa de su amigo Yamato o en algún otro lugar, más al tercero, y después de llamar al chico rubio, supo que no se había aparecido por allá.
Pasó noches sin dormir y pidió adelantar sus vacaciones en el trabajo. No lograba concentrarse en nada sabiendo que su hija estaba desaparecida.
Dio vueltas alrededor del salón sosteniendo su teléfono contra el pecho, aguantando las lágrimas… por su mente habían pasado los peores escenarios y eso era lo que más la estaba angustiando a medida que pasaban los minutos.
-No conseguirás nada haciendo eso, siéntate.
Satoe giró su rostro hacia Keisuke Tachikawa que la miraba con el ceño fruncido sentado en una de las sillas del comedor.
Su ex marido había llegado hace un par de horas desde Estados Unidos, ella misma lo había llamado días atrás explicándole la situación por la que estaba atravesando. Le contó las una y mil veces en que Mimi se fugó del internado, su cambio de color de cabello, sus piercing, su rebeldía, su arribos al hogar totalmente ebria y en ocasiones drogada y el hombre fue tajante diciéndole que partiría lo antes posible y se la llevaría con él.
Su mujer no tenía carácter para controlar a su hija.
Él sí.
En cuanto tocó suelo japonés llamó a su ex esposa y le pidió de inmediato que preparara las maletas de Mimi. Partirían de vuelta en dos días más al país americano. Sabía que su hija estaba desaparecida, pero él no estaba tan preocupado… algo en su interior le decía que trataba de llamar la atención y lamentablemente lo estaba consiguiendo con su madre.
-¿Cómo puedes estar tan impávido? – reprochó la mujer – Mimi lleva…
-7 días fuera – interrumpió – lo sé… no has parado de repetirlo una y otra vez desde que llegué.
Satoe se cruzó de brazos lanzándole una mirada de odio.
-Todo esto es tu culpa – le escupió dolida.
-Eso también lo sé. Es por ello que me la voy a llevar conmigo.
-Arruinaste todo, destrozaste nuestro hogar…
-No vine a discutir contigo Satoe, vine por nuestra hija.
Keisuke se levantó para caminar en dirección al baño, conocía esa casa como la palma de su mano, habia vivido en ella durante muchos años antes de que su trabajo le ofreciera la oportunidad de ir a Estados Unidos a seguir desarrollándose dentro su empresa.
Se fue con la idea de mejorar su vida y la de su familia, pero en el camino se cruzó cierta mujer que puso su mundo de cabeza, se volvió a enamorar y tras saber que aquella mujer estaba embarazada de él, decidió finalizar su matrimonio para irse con ella.
De eso ya pasaban 3 años.
-Mientras tú te quedas aquí esperando como idiota… yo saldré a buscarla nuevamente.
Satoe fue en busca de sus llaves y de su bolso, pero Keisuke la detuvo a medio camino.
-Yo iré – le dijo resoplando cansado.
-Ni siquiera sabes por donde comenzar…
-¿No dices que tiene un amigo que la acompañaba en todas sus locuras? Dame la dirección, empezaré por ahí, quizás ese chico a mí sí me diga la verdad…
-¿Por qué no me la habría dicho a mí? – cuestionó molesta.
Él sonrió de medio lado.
-Entre hombres nos entenderemos.
Taichi Yagami era un muchacho que desde pequeño fue muy curioso. Se metía en problemas debido a eso, ya a los trece años quería saber cómo se veían las mujeres desnudas – ya no se conformaba con verlas a través de la televisión ni mucho menos a través de la pantalla del computador después de visitar una infinidad de páginas que siempre le preguntaban si era mayor de edad para entrar – se escondía en los vestuarios de sus compañeras y las observaba desvestirse antes y después de tomar una ducha. Comenzó a tocarse en su casa durante las tardes después de recordar sus cuerpos aún infantiles. Su curiosidad también lo sorprendió mirando a sus propios compañeros en los vestidores y también se tocaba imaginándoselos mientras los acariciaba en el mismo lugar donde él lo hacía.
Al pasar los años, solo mirar ya no le era suficiente… y comenzó a tocar.
Sora Takenouchi, una amiga de su infancia, fue la primera chica que sació su necesidad de sentir a una mujer, una necesidad enfermiza de meter su miembro tal y como lo veía en esos cortos videos. Sus manos se movían con impaciencia cada vez que quedaba solo con ella en su casa y desde que logró su objetivo sexual por primera vez, no pudo detener más su curiosidad… quería tocar más, quería entrar en más lugares, quería experimentar con otras… y con otros.
Fue allí donde entró en escena Yamato Ishida, descubrió al rubio mirando, en más de una ocasión, su entrepierna con descaro mientras se duchaba después de las clases de deporte y eso lo excitaba. Comenzó a retrasar sus baños a tal punto de saber que quedaría solo en el camerino… y sin decir ninguna palabra Yamato comprendió aquello y de igual forma se quedaba de los últimos.
Fue un día cualquiera en el que decidió meterse en la ducha del rubio. Su curiosidad lo estaba matando. Sin mediar conversación alguna fue directo a su sexo a tocarlo, y gimió de placer al notar que era una sensación fantástica. Allí mismo, con el agua cayéndoles encima se arrodilló frente a él y se llevó su miembro a la boca para comenzar a saborearlo.
Tocar a otro hombre, era tanto o más excitante que entrar y salir de una mujer. Y aun así no lograba preferir una sobre la otra, porque ambas le entregaban el mismo placer.
Jugó con el sexo del Ishida por tantos minutos que perdió la noción del tiempo, sólo volvió a la realidad cuando sintió su líquido tibio llenar su boca y de ahí en adelante comenzó a descubrirlo.
Saciaba su curiosidad con él y con Sora.
Él no era de nadie, aun cuando Yamato trataba de ponerle la soga al cuello y decir que era su novio, pero él no era novio de nadie. Él era simplemente la curiosidad en libertad.
Turnaba su cama entre el rubio y la pelirroja. Lo hizo por todo el tiempo que pudo hasta que finalmente Sora se aburrió de su curiosidad y decidió ser parte de una relación seria con otra persona.
¡Qué más daba ya encontraría a alguien que ocupara su lugar!
Y ese alguien llegó una tarde de la mano del mismo Yamato.
Para Taichi, Mimi Tachikawa era una chica que lo mataba por dentro. Su cabellos rosas, su piercing en el ombligo, ese tatuaje de flor de loto acompañada de una rebeldía que lo calentaba, alimentaba su curiosidad por saberla desnuda, por saber cómo era su sabor y a pesar de que Yamato le decía una y otra vez que se olvidara de agregarla a su lista de curiosidades, Taichi Yagami ya había puesto sus ojos en ella.
Muchas veces habían quedado totalmente ebrios en alguno de los tres departamentos, o peligrosamente drogados. Y eran en esos momentos en que su erección le pedía a gritos llevarla a algún cuarto y hacerla suspirar mientras decía su nombre, pero ahí aparecía el rubio… cuidándola, alejándola.
Yamato se había vuelto celoso y posesivo.
-Te falta probar a una mujer para que sepas que ellas pueden hacer esto tan placentero como yo – susurró una tarde haciendo una pausa a su felación.
-Me gustas tú – respondió entre jadeos.
-No sabes si lo otro te puede gustar también si no lo has intentado.
Y desde ese día supo que Yamato comenzó a besarse con Mimi. Le dijo que no sentía nada, pero algo en la mirada del rubio le hacía creer a Taichi que le mentía y que, en realidad, no tenía clara su tendencia sexual y que disfrutaba besándola y tocándola. Y eso le producía una envidia terrible al moreno que lo único que deseaba era hacer lo mismo.
-Anoche en mi cuarto estuvimos a punto de hacerlo – confesó Yamato arqueándose sintiendo como Taichi embestía en él.
Tenían una extraña costumbre de hablar mientras mantenían relaciones.
-¿Por qué no lo hiciste?
-Porque estoy contigo…
-No somos nada, Yamato. Acuéstate con ella – y entró con violencia provocando que su amigo ahogara un grito.
Las semanas pasaban y Taichi comenzaba a sentir la necesidad de tener a una mujer. Yamato no le era suficiente.
Y su curiosidad aumentaba cada vez que el rubio le contaba que la besaba, que se tocaban ardientemente sobre la ropa y que, para su sorpresa, su miembro comenzaba a reaccionar como nunca lo había hecho antes con ninguna mujer.
-Me besó de una forma tal que me excité, tuve que llevarla al puto cisne para tocarle sus senos… le dije que estaba probando, pero en realidad quería hacérselo ahí mismo… pero me mandaste el mensaje de que estarías solo durante esta semana.
-Yamato, llámala…. y…hagamos… algo los… tres – jadeó mientras sentía la mano de su amigo cerrarse sobre su miembro para luego bajar y subir.
-Ella dijo lo mismo – sonrió el rubio – pero… no quiero compartirte – lo acercó de la nuca y lo besó con descontrol.
Esa noche Yamato, prefirió no seguir tocando el tema. Quería al moreno solo para él. Además su amiga debía estarse acostando con su padre – ese era un tema exclusivo entre el Ishida y la Tachikawa, ella se lo había confesado después de darle el bajo a dos botellas de vodka y le hizo jurar que no le contaría a nadie – y, antes de caer en un profundo sueño pegado al cuerpo desnudo de Taichi, pensó que quizás no era tan mala idea después de todo.
Luego de su encuentro con su amiga en el parque, no la volvió a ver en el lugar de siempre donde se juntaban a fumar marihuana después de clases. La llamo por teléfono pero estaba apagado.
La volvió a llamar cuando llegó en la noche donde Taichi, la llamó cuando acabó su encuentro sexual, y la volvió a llamar sin cesar hasta quedarse dormido.
Al día siguiente ya estaba preocupado, Mimi nunca apagaba su celular ni desaparecía sin decir dónde estaría. Eso sólo lo hacia Yamato.
-Yamato, ¿Dónde está Tachikawa? – la voz de su padre a través del teléfono sonaba angustiada. Ya se cumplía el tercer día de su desaparición.
-No lo sé…
-Yamato, esto es serio… Dime donde está.
El rubio escuchó el llanto de una mujer al otro lado de la línea y pensó lo peor.
-Papá te juro que no lo sé, yo también he estado tratando de ubicarla… la he llamado, pero me bota al buzón de voz.
-Vuelve en este instante al departamento. Su madre irá a la policía a colocar una constancia…
-¿Qué le hiciste? – preguntó de pronto Yamato. La última vez que la vio fue cuando la dejó en la entrada de su edificio. Iba a ver a su propio padre. Algo debió haberle hecho o algo sucedió ese día para que ella desapareciera.
Hubo un silencio demasiado extenso.
-Vuelve ahora – insistió.
-No – dijo molesto – la voy a buscar por mi cuenta.
Y cortó.
-¿Aun no aparece? – preguntó Taichi acercándose al rubio que estaba sentado al borde de la cama del moreno.
Él negó.
Tomó su teléfono celular para marcar a una amiga de Mimi, quizás estaba con ella. Estaba a punto de marcarle cuando el nombre de la pelirosada apareció en la pantalla.
No demoró más de un microsegundo en tomar la llamada.
-¡¿Dónde demonios has estado?!
-¿Hablo con Yamato Ishida? – inquirió una voz masculina al otro lado provocando preocupación en el rubio.
-¿Quién eres?, ¿Por qué tienes el teléfono de mi amiga? – preguntó enojado levantándose de un golpe.
-Mi nombre es Koushirou Izumi, vamos en la misma preparatoria y …
-¡¿Qué mierda haces con el teléfono de mi amiga?! – volvió a preguntar ya enfurecido.
-¡Déjalo hablar, Yamato! – reclamó Taichi.
-…bueno, Soy Koushirou Izumi – repitió, al parecer había oído al moreno – Mimi se ha estado quedando en mi casa, pero… en estos momentos no está bien, ella… ella está al lado mío en estos momentos pero no me permitió llamar a sus padres, sólo a ti y…
-¿Dónde están?
En cuanto Izumi le dijo el lugar en donde estaban, Yamato y Taichi se vistieron en un santiamén y salieron a buscarla. Estaban a escasas cuadras del departamento del Yagami. Por lo que el muchacho le dijo, Mimi no quería ir a buscarlo a su casa – el rubio supo que era debido a su padre - y creyó que estaría allí, con el moreno, pero en su estado no recordaba muy bien la dirección.
Cuando llegaron al parque, lo primero que atisbaron fue a un muchacho pelirrojo de ojos oscuros. Yamato lo recordaba porque iba en el mismo salón de su amiga y en algunas ocasiones los vio conversando. Lo segundo que vieron fue a Mimi sentada en una banca doblada hacia adelante haciendo arcadas. Se notaba a la distancia que estaba completamente ebria y cuando se acercaron también olieron el típico olor de la marihuana que muy bien reconocían.
-Llegó así a mi casa hoy… - dijo Koushirou cuando llegaron a su lado – me pidió que te llamara.
Yamato se arrodilló al lado de su amiga colocándole tras su oreja unos mechones rebeldes que no le permitían ver su rostro.
-Mimi, ¡por un demonio!... me tenías preocupado.
Ella contestó, se volvió a arquear hacia adelante y vomitó. Yamato tuvo que levantarse y retroceder para que no terminara vomitado.
-Llevémosla al departamento, mis padres no llegaran sino hasta el domingo – recomendó Taichi acercándose. El moreno se sacó la chaqueta que traía puesta y se la pasó a la chica para que se limpiara – Gracias – dijo luego mirando al pelirrojo.
-Por favor no llamen a mi madre… - pidió Mimi antes de colocarse la chaqueta de Taichi en la boca esperando con ello quitarse las náuseas.
-No pienso hacerlo – Yamato la tranquilizó - ¿Cuánto bebiste… cuanto fumaste? – preguntó mientras la levantaba sujetándola de la cintura.
-No lo suficiente…
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Taichi y Yamato estaban sentados el uno al lado del otro en la cama con la mirada fija en la puerta cerrada del baño. Mimi había pedido darse una ducha y pudo hacerlo después de vomitar por casi una hora.
-¿Qué crees que le haya pasado? – susurró el moreno.
-Creo saber… pero no sé si quiera contarme. Al menos no ahora.
Minutos después Mimi salía vistiendo una camiseta del equipo de football favorito de Taichi Yagami, aún estaba pálida y, por su caminar, aún estaba bajo los efectos de la marihuana y quizás aún un poco ebria.
-¿Me van a mirar toda la noche así? – y rió.
Sí definitivamente aún estaba en las nubes.
Se acercó a ellos y se dejó caer sobre la cama sin importarle mostrar más de la cuenta. No llevaba ropa interior y ambos se dieron cuenta de ese pequeño gran detalle.
Mimi estiró su mano para alcanzar su teléfono y la camiseta se le subió hasta el ombligo, ambos muchachos por más que trataron de controlar a sus amigos en la entrepierna, éstos tenían vida propia y no les hicieron ni el más mínimo caso.
-Apagado – dijo para sí y volteó a verlos –…hombres… - sonrió al notar sus miradas.
La curiosidad de Taichi se disparó y las dudas de Yamato sobre su sexualidad crecían.
Ahí estaba Mimi, la causa y solución de esos dos hombres.
Y ella en esos momentos estaba tan destrozada, tan borracha, tan drogada que iba a hacer y dejarse hacer lo que ellos quisieran.
-¿Quieres hablar? – preguntó Yamato tratando de sonar calmado.
Ella volvió a reír y tanto el rubio como el moreno dieron un respingo. Esa risa era una risa coqueta y musical.
-¿Hablar?…bah - dijo y comenzó a gatear por la cama al encuentro de los dos.
-Yo creo que no quiere hablar – se apresuró Taichi en decir, su respiración comenzó a agitarse al ver que en el hueco de la abertura de su camiseta podía ver los senos de la chica danzar mientras se acercaba como si fuera un gato en busca de su juguete favorito.
-Taichi… yo creo que… - Yamato no supo que más decir. Quería decirle que no tenía intenciones de compartirlo, que se lo había dejado en claro días atrás, pero ahora dudaba una y otra vez.
Definitivamente le pasaban cosas con las mujeres, su miembro comenzó a endurecerse con el solo hecho de ver a Mimi aproximándose mientras se mordía el labio inferior.
-No sé ustedes pero tengo ganas de hacer algo entretenido…
-Yo también, no tienes idea de cuánto – Taichi volteó completamente quedando frente a ella.
El moreno iba a tocarla, pero Yamato se lo impidió. El Yagami iba a reclamar, pero por el rostro que tenía el rubio en esos momentos guardó silencio.
-Mimi, ¿Estás segura?
Él podía estar hirviendo de deseo por dentro, pero primero que todo era su amiga… y en esos momentos no estaba 100% en sus cinco sentidos.
-¿Segura de querer follar con los dos al mismo tiempo? – sonrió.
Los dos tragaron con dificultad al escuchar aquella frase tan directa.
Mimi no les dio tiempo de decir nada más se abalanzó sobre Yamato, lo eligió primero a él porque ya lo había besado y tocado con anterioridad y quería ir soltándose con algo conocido. Se pegó a él besándolo con prisa y con sus manos libres tomó la de Taichi y las metió debajo de la camiseta y las cerró alrededor de sus senos.
El moreno no perdió segundos y como ella ya estaba pegada de frente a Yamato, él se pegó a su espalda, acariciando sus cumbres como tantas veces quiso hacerlo. La pelirosada gimió gustosa al sentir en su trasero la erección de Taichi y con apremio bajo su mano hacia el pantalón de su amigo.
Estuvo tres días ida, tres días pensando, tres días odiando… tres días esperando que el mundo estuviera ardiendo en su ausencia. Quería con todas sus fuerzas que su madre estuviese sufriendo, llorando mientras ella estaba desaparecida… quería destrozarla por haber probado lo que ella sentía y reclamaba como suyo: Hiroaki.
Pero, al mismo tiempo ya no quería estar enclaustrada.
Koushirou había sido una especie de suerte en su camino, rara vez hablaban en clases, pero la mañana que salió disparada de la casa de Hiroaki se lo encontró saliendo de una tienda de electrónica. No supo como pero le convenció de dejarle quedar en su casa con la excusa de que su madre era una maldita tirana que la golpeaba, aprovechó de mostrarle los leves moretones en su espalda – que en realidad se los había hecho contra la pared del departamento del padre de Yamato – y éste convencido la dejo quedarse. Ya al tercer día, necesitaba a su amigo, pero no quería contarle lo ocurrido.
Estaba en una disyuntiva.
Y esa confusión la llevó a ir donde unos conocidos que eran los que le facilitaban marihuana, se quedó con ellos… bebió hasta que su cuerpo no dio más y cuando uno de ellos comenzó a insinuársele, se acordó de que Yamato estaba con Taichi… y ella quería vengarse en silencio de Hiroaki, cual niña caprichosa. Si él se había acostado con su madre, pues ella lo haría con su hijo… y con el novio de él también.
Tomó sus cosas para ir al departamento de Yagami y fue allí cuando se dio cuenta que su estado era en extremo deplorable. Casi ni podía caminar. Llamó a Koushirou… para que éste llamara a Yamato. Tenía miedo de que si ella llamaba podría contestar su madre o Hiroaki.
Después fue todo muy rápido o al menos eso le hizo creer su cabeza, me encontró bajo el agua de la regadera tocándose, tocándose una y otra vez… pero no llegaba. Su solución estaba afuera del baño, era lo que quería… lo que iba a hacer.
Iba a cumplir a sus 17 años una fantasía que personas que la doblaban en edad quizás nunca harían.
Eso pensó… eso pensaba mientras su boca se cerraba alrededor del sexo de su amigo y eso seguía pensando mientras a sus espaldas Taichi entraba y salía furioso, la tenía tomada de las caderas con tanta fuerza que creyó que iba a tener sus dedos marcados por semanas. Pero no le importaba a ella le gustaba así…
-Más rápido… más fuerte – pido entre gemidos y volvió a realizarle sexo oral al rubio que la apremiaba con sus dos manos empujándola hacia el fondo. Las manos de Yamato estaban enredadas en sus rosados cabellos.
Ishida jadeaba, gemía y supo que Taichi tenía razón, era tanto o más placentero que cuando Taichi se lo hacía.
Mimi se separó de ambos y en un brusco movimiento colocó a Yamato contra el colchón, se sentó sobre él y se acomodó para que ahora fuera él quien entrara en ella.
-Tu primera vez… con una mujer… – le dijo despacio en tono de broma y el rubio no puso evitar sonreír.
Yamato aguantó la respiración cuando comenzó a introducirse y era la sensación más hija de puta que jamás había sentido. Ella de un solo golpe se terminó de sentar y su amigo se arqueó de placer… era definitivo… no era 100% gay.
La tomó de la cintura y con violencia la hizo subir y bajar. Una y otra vez…
Taichi los observaba sin parar de tocarse y su maldita curiosidad atacó de nuevo. Iba a intentarlo… si ella decía que no, al menos no se iba a quedar con la duda.
Se colocó detrás de ella y la empujó hacia adelante mientras observaba en primera fila como el miembro de su amigo entraba y salía. Eso lo calentó aún más… se acomodó y comenzó a tantear terreno…
Miró a Mimi y ella le devolvió una mirada traviesa por sobre el hombro. Sabia de sus intenciones…
-Aquí vamos… - dijo y se acomodó en la segunda entrada.
Respiró nervioso, comenzó a entrar y aunque Mimi comenzó a quejarse y ahogó hasta un pequeño grito de dolor cuando Taichi entró por completo…. no le dijo que parara ni que saliera.
-Oh, mierda – gimió ella al sentir que los tenía a los dos adentro.
Cerró sus ojos, se dejó llevar… era lejos lo mejor, era… no encontraba las palabras. Corría el calor por cada centímetro de su cuerpo.
Yamato sentía que debió haber hecho esto hace mucho, Taichi después de esto no sabía qué otro tipo de curiosidad podría llegar a tener y Mimi… Mimi había olvidado todo.
Pasaron los minutos, todo en el lugar era sudor, calor… sexo.
Yamato fue el primero en llegar… le siguió Taichi y finalmente la Tachikawa. Los tres… agitados, cansados, extasiados.
¿Quién dijo que tres es multitud? A veces tres en igual a uno.
Los días pasaron y los padres de Taichi iban a llegar esa misma tarde, ella ya no tenía donde quedarse sin ser descubierta.
Hiroaki llamaba constantemente a Yamato, preguntando por la chica… hasta la propia madre de su amiga lo llamaba, pero se había cerrado alrededor de ella y contestaba que no sabía dónde estaba.
Mimi aún no le contaba qué había pasado, y con tanto sexo desenfrenado durante esos días no era ni tema de conversación.
-¿A dónde vas a ir? – preguntó Yamato abrazado a su cuerpo desnudo. Se había acostumbrado en tan solo un par de días a pasar pegado a ella.
-Creo que a enfrentar mi realidad… ya han pasado 7 días…
-Puedes venir cuando quieras a escaparte de ella acá – dijo Taichi que trepaba sus manos por su estómago. Terminó acariciando sus senos.
-¿A qué hora llegan tus padres? – el rubio estiró su mano para acariciar los alocados cabellos del moreno.
-Como en unas 4.. 5 horas más.
Mimi los miró divertida.
-Podríamos hacer algo parecido a un "hasta luego"
Y ellos no pudieron estar más de acuerdo.
Primero Taichi se besó con Yamato… luego se turnaron para besar a la pelirosa y cuando estaban comenzando a acomodarse para empezar un nuevo acto. El timbre del departamento sonó con insistencia.
-¡¿No dijiste que iban a llegar en 4 – 5 horas?! – exclamó el rubio levantándose asustado.
-¡Eso me dijeron!
Taichi se levantó de un salto vistiéndose con lo primero que encontró.
Salió casi corriendo hacia la puerta, la persona afuera estaba siendo muy insistente.
El moreno se peinó como pudo, cosa muy difícil para su peculiar cabello y abrió la puerta.
-Mierda – se dijo a sí mismo al ver a dos hombres frente a él.
A uno lo conocía perfectamente, pero al otro… el otro se parecía a…
-¿Yamato está acá? – Preguntó Hiroaki furioso.
-Señor Ishida… este... – echó una mirada sobre el hombro.
-Permiso… - Dijo haciéndolo a un lado.
El otro hombre también pasó pero se quedó cerca de la puerta… miró el departamento inspeccionándolo por todos los rincones y fue cuando sus ojos se posaron en una prenda femenina que parecía estar atorada en la pata de una de las sillas del comedor.
-Es de mi hermana – se apresuró Taichi a explicar al ver lo que ese hombre miraba.
Por su parte, Hiroaki caminó dando zancadas por el pasillo que daba a los dormitorios. Abrió la primera puerta encontrándola vacía, era un dormitorio muy femenino. Avanzó un par de pasos más y allí los encontró.
Yamato estaba terminando de abrocharse el pantalón… estaba a torso desnudo y Mimi solo tenía puesta sus pantaletas. En cuanto vio a Hiroaki se tapó los senos, cosa extraña ya que el padre de su amigo la había visto demasiadas veces desnuda.
Ishida padre se llevó una de sus manos a la boca para tapar su sorpresa, sus ojos se abrieron de manera inconmensurable… ¿Este era su castigo? Él se equivocaba acostándose una vez, solo una maldita vez, con la madre de la chica y ella lo hace con su hijo y … ¡Demonios! … Mimi estaba con su hijo y con el amigo de su hijo… el cual por la vestimenta con que los recibió perfectamente estuvo desnudo segundos atrás.
Sentía que le clavaban una estaca en el corazón y sólo ahí se dio cuenta que sentía algo muy fuerte por esa niña.
Mimi lo había destrozado.
-Hiroaki, ¿Está mi hija acá?
La pelirosada sintió un escalofrío recorrerle toda la columna vertebral… esa voz…
¡¿Qué hacia su padre de Japón?!
No tuvo tiempo de reaccionar y en menos de lo esperado su padre, alto, de cabellos azabaches aparecía en el umbral de la puerta.
CHAN!
Que va a pasar?... les gusto, no les gusto? En serio que trato que me salga el lemon… así que piedaaaaad! :(
Queda menos…
Os quiero, os adoro!
Nos leemos ;)
