TORN APART

Lore-chan


Capitulo cuatro: Sabor a despedida.

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Mimi entró al departamento de su madre siendo arrastrada violentamente desde el brazo. Keisuke Tachikawa sólo la soltó cuando hubo cerrado la puerta tras de él de un golpe.

Satoe, la miró con los ojos llenos de lágrimas y en cuanto la vio corrió a abrazarla, pero ésta no se dejó. Mimi retrocedió los pasos necesarios para que su madre no la tocara y al hacerlo chocó contra el pecho de Keisuke.

-A tu cuarto – siseó su padre tratando de no perder la paciencia y la compostura – saldrás de allí solo para tomar un avión.

Se había controlado de una manera que le pareció inaudita cuando vio a su hija semidesnuda en compañía del hijo de Hiroaki Ishida.

-¿Dónde estaba? – preguntó su ex mujer acongojada y totalmente retraída ante el rechazo de su hija.

-¡¿con quién más, Satoe?! – gritó él observando como Mimi desaparecía tras la puerta de su dormitorio – Estaba con el hijo de ese tipo, eres tan ingenua…

-Pero si…

-¡Te mintió! – interrumpió molesto. Giró sobre su talones aguantando su furia.


El padre de la chica, después de pedirle la dirección del aparente mejor amigo y compañero de rebeldía de su hija mayor, se vio tocando el timbre impaciente del hogar del muchacho.

Hiroaki no demoró casi nada en ir a abrir la puerta creyendo que podía ser su hijo, que al igual que la pelirosada no se dignaba a aparecer – al menos Yamato le dijo que se estaba quedando donde un amigo- y en el corto trayecto hacia la puerta quiso pensar que tras ella estaría esa niña/mujer que lo volvía loco, que había vuelto a él… el Ishida solo quería explicarle que lo que había pasado con su madre no se comparaba en nada con lo que Mimi provocaba en él. Que aquella noche Satoe se sintió tan sola, desamparada y angustiada que se lanzó a los brazos de ese hombre que la invitaba casi siempre a un café y que la escuchaba cuando nadie más parecía hacerlo.

No había punto de comparación entre ambas y era simplemente porque Mimi ya se había metido en su maltrecho corazón.

Tenía que admitir también que encontraba muy atractiva a la madre de la chica y que tras tantas conversaciones a su lado sentía un tipo de atracción hacia ella… después de todo ambos estaban divorciados, solos y con unos hijos del terror. Pero todo quedó, aparentemente, en nada cuando se acostó con la hija de Satoe.

A la madre de la muchacha la siguió viendo debido a que Yamato y Mimi continuaban con su mala conducta y los llamaban una y otra vez a hablar con el director, el cual amenazó con que un solo acto de rebeldía más y se vería en la obligación de expulsarlos a ambos.

Por supuesto que a ninguno de los dos adolescentes les importó y esa misma tarde desaparecieron.

Satoe apareció en su departamento preguntando por su hija, Mimi le había contestado sólo una vez el teléfono y fue solo para insultarla en inglés… su estado de ebriedad atravesó la llamada.

-Sólo pensé que podría estar aquí… la última vez estuvieron bebiendo en mi piso – dijo la mujer recibiendo una taza de café desde las manos de Hiroaki – cuando llegué del trabajo habían botellas de licor regadas por todo el piso…

-Cuando Yamato desaparece apaga su teléfono… no sabría decirte si están o no juntos, pero es lo más probable.

-No sé qué hacer, Hiroaki – suspiró ella – si la expulsan será el segundo año que pierda.

-Y el primero para Yamato – comentó el hombre sentándose en el sillón de un cuerpo continuo a donde Satoe estaba sentada bebiendo su café. No supo por qué pero sintió que debía guardar distancia de la madre de Mimi - ¿Qué vas a hacer?

-Llamar a Keisuke, le daré la custodia – el Ishida dio un respingo desde su posición. Eso significaba que Mimi se iría a Estados Unidos. No le gustaba la idea – Pero… pero aún no lo decido. Quiero creer que con este ultimátum ella va a cambiar.

-Yo también – Y Hiroaki no se refería a Yamato con ello. No quería que la pelirosada se alejara de él.

Continuaron conversando, Ishida se fumó un par de cigarrillos y Satoe ya iba por la tercera taza de café.

Ella no quería irse, desde el primer momento que vio al padre de Yamato que sintió una punzada en el estómago, ese tipo de punzada que no creyó volver a experimentar desde que había conocido a Keisuke. Mas ella no era de las mujeres que tomaban la iniciativa, necesitaba que fuera él quien se acercara y por más que pasaban los minutos y las horas no pareciese haber interés.

¿Y si actuaba por primera vez en su vida?...

Quizás fueron parte de su alocada imaginación esas miradas que se dieron en sus primeros encuentros en la cafetería, hasta casi se besaron en un ocasión cuando Hiroaki la fue a dejar a su departamento. ¿Había visto señales equivocadas? Porque de un momento a otro el hombre comenzó a evitarla.

Creyó que él podía la solución a su soledad y al dolor de haberse visto engañada con su ex marido.

-Ya es muy tarde – dijo al fin la mujer levantándose.

Hiroaki también se levantó, estaba nervioso, la conversación había comenzado relacionada ciento por ciento a Yamato y Mimi, luego pasó a sus encuentros en el café, más tarde le preguntó si esa tarde en su auto él en verdad había tratado de besarla o simplemente fue que al despedirse sus rostros se acercaron demasiado.

Y quizás si su hija no estuviese en la ecuación, sí la hubiese besado esa tarde.

La acompañó a la puerta, pero no tuvo tiempo ni siquiera de acercar su mano al pomo de la misma. Satoe, en un movimiento que se lo imaginó, pero que no la creyó capaz de hacer, le pasó los brazos por sobre los hombros y lo atrajo a ella. Sintió sus labios contra los suyos y supo de inmediato de dónde Mimi había heredado los suyos. Eran exactamente los mismos y se dejó llevar imaginando por largos segundos que besaba a la hija y no a la madre.

La apretó contra la puerta, devorándosela en un beso a medida que ella enterraba sus dedos dentro de los cabellos de Hiroaki. Suspiró en su boca y en la desesperación y pasión del momento le sacó la camisa desde dentro del pantalón para tocarlo.

Ishida sintió un escalofrío… al parecer Mimi no solo los labios había heredado de Satoe sino también sus suaves manos. Su entrepierna, no diferenció lo que él sí podía distinguir – madre de hija - … y no pudo controlarse. Mimi no tocaba su puerta hace varios días y él había pasado noches tocándose pensando en ella mientras que, lo más probable era que la pequeña Tachikawa, estuviese con su propio hijo rebelde quizás dónde.

La tomó en sus brazos… nuevamente diciéndose que más tarde pensaría en las consecuencias, y la llevó hasta su cuarto dejándola caer sobre el edredón.

Lo que siguió fue una mezcla de dudas a sus acciones, si bien, sabía que Satoe y él eran casi de la misma edad la trató con mucha más delicadeza que a Mimi en su primer encuentro, extrañó a la hija de la misma durante todo el encuentro. Extrañaba su rostro travieso pidiéndole más… pidiéndole que se lo hiciera con más fuerza, que lo introdujera hasta el fondo, que no parara. En cambio Satoe era mucho más pasiva, gemía despacio y aun sabiendo que estaba disfrutando el acto, él quería que, al igual que Mimi, gritase su nombre al oído, le rasguñara la espalda y le mordiera el hombro provocándole corrientes eléctricas en todo su cuerpo.

Haberlo hecho con Satoe Tachikawa le recordó a todos sus encuentros con Natsuko Takaishi ya estando casados.

Se preguntó que si seguía con Mimi, ¿después de muchos años el sexo con ella se transformaría en un sexo casi matrimonial?

Después de aquella vez, evitó ver a la madre de la chica todas las veces que pudo y esperó que la chica de cabellos rosas jamás se enterase.

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¿A quién te gusta hacérselo más? ¿A mi… o a mi madre?

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La pregunta de Mimi cuando descubrió el arete que debió habérsele caído a Satoe cuando se acostaron, lo aterrorizó. Se escudó en respuestas estúpidas que no lograba procesar con inteligencia, no quería perder a la muchacha. Quiso decirle que se estaba comportando como una niña caprichosa, una que adoraba hacer suya, pero que él era demasiado adulto y ella muy joven y que no sabía muchas veces cómo comportarse, como tratarla… pero nada de eso salía correctamente explicado de su boca.

Lo peor, fue oírle llamarlo pedófilo de mierda, en el fondo sabía que, de hecho, lo era… ella era menor de edad.

Mimi se fue… y no volvió a saber de ella en días. Perdió la cuenta de cuantas veces llamó a su hijo preguntando por ella.

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¿Qué le hiciste?

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Eso le había cuestionado Yamato una de las tantas veces que marcó su número y por el tono que ocupó, supo de inmediato que su hijo lo sabía todo.

Se encerraba en su departamento después de llegar del trabajo, caminando como león enjaulado… preguntándose una y mil veces donde podría estar Mimi.

Satoe lo llamaba casi todos los días, necesitaba saber si Yamato la había contactado, pero el hijo de Hiroaki siempre respondía lo mismo: no lo sé, no la he visto.

Todo era su culpa. Ella había confiado en él y él hizo lo mismo que Keisuke Tachikawa hizo con su madre.

Y era precisamente ese hombre, Keisuke Tachikawa, quien estaba en esos momentos tras su puerta, pero él obviamente no lo supo de inmediato ya que no lo conocía en persona, el padre de Mimi era solo una imagen difusa rodeada de odio y decepción.

-¿Señor Hiroaki Ishida? – preguntó con seriedad.

-Sí, soy yo.

-Keisuke Tachikawa – se presentó estirando su mano para saludarlo.

El padre de Yamato estrechó la mano del hombre con cautela, tratando de respirar con calma. Su presencia significaba dos cosas: la primera era que Satoe ya había tomado la decisión de cederla la custodia de Mimi a su ex marido y la segunda era que la amiga de su hijo se iría de Japón.

Lo hizo pasar y a pesar de que lo invitó a sentarse al salón, Keisuke prefirió conversar en el mismo pasillo.

-Disculpe que me presente de esta forma, pero debe saber que mi hija lleva ya 7 días desaparecida y su hijo, por lo que tengo entendido, es su mejor amigo – se explicó.

-Lo es señor Tachikawa, pero lamento decirle que Yamato hace días que no llega al departamento tampoco.

-¿Le ha preguntado por Mimi?

-Lo he hecho.

-¿Y le ha creído? – preguntó enarcando una de su cejas con incredulidad.

Se miraron en lo que parecía ser un duelo de miradas… quien aguantaba más en silencio sin decir algo, cuál de los dos le reprochaba al otro con más ahínco ser una mierda de padre.

-Yo creo que su hijo sabe perfectamente donde está la mía – habló el de cabello azabache, al fin, después de minutos – y necesito que me ayude a encontrarla lo antes posible porque pasado mañana sale su vuelo a Estados Unidos.

Hiroaki trató de mostrarse lo más impávido que pudo, pero por dentro quería gritar.

-¿A Estados Unidos? – repitió como si no hubiera escuchado bien.

-Me la llevo… - dijo acariciándose la sien con impaciencia – Sabes, Hiroaki… ¿Puedo llamarte por tu nombre? Encuentro una tontera esto de la extrema formalidad, en USA no se usa tanto – el padre de Yamato asintió sin decir nada – Quiero hacer las cosas bien con mi hija, ya me equivoqué demasiado. Sé que esta con tu hijo… lo sé porque la conozco, podré haber estado 3 años lejos de ella, pero Mimi siempre busca refugio en quien la acompaña en sus locuras y en quien la protege. Tenía un amigo en Nueva York, Michael, a los once años se escondía en la casa del árbol de la casa del muchacho porque sabía que la castigaríamos por mentirnos. Íbamos donde Michael y él decía una y otra vez que no sabía dónde estaba Mimi…

-¿Estás tratando de decir que Yamato es una especie de copia del amigo de infancia norteamericano de tu hija?

-No estoy tratando… te estoy diciendo que tu hijo miente – Keisuke torció su boca molesto - ¿Dónde se está quedando tu hijo?

-No lo sé…

El padre de Mimi soltó un bufido esbozando una sonrisa.

-Creo que me equivoqué… no es Yamato la copia de Michael en esta situación – quedó mirando a Hiroaki con los ojos entrecerrados, inspeccionando su rostro, buscando una señal - ¿Estás escondiendo a mi hija?

-Keisuke… puedo llamarte por su nombre también, supongo – preguntó el hombre de cabellos marrones – No estoy escondiéndola, simplemente no sé dónde está. Ni siquiera sé dónde el mío está.

-Un padre que no sabe dónde está su hijo… - comentó divertido – no estás haciendo muy bien tu tarea al parecer.

-¿Me lo dice el padre que dejó a su esposa e hija para irse con otra que dejó embarazada? – preguntó molesto ante el comentario anterior.

Keisuke retrocedió un paso, tragando con dificultad.

Él sabía, él conocía a Satoe como la palma de su mano y ella jamás sería capaz de contar detalles privados de su vida. Era una mujer muy reservada en todo aspecto de su existencia.

Silencio. Un maldito e incómodo silencio hasta que las piezas encajaron y fue como un balde de agua fría para Tachikawa.

-¿Sabes que mi hija tiene solo 17 años y que podría secarte en la cárcel si es que llegaste a poner un solo dedo encima de ella? – la voz del padre de Mimi se había ensombrecido.

A diferencia del otro hombre Hiroaki no retrocedió, eso sería auto inculparse de inmediato, en cambio se quedó donde mismo y haciendo uso de una mirada propia de Yamato – de hecho el rubio la había heredado de él – ladeó la cabeza a medida que levantaba una ceja.

-Señor Tachikawa viene a mi casa a pedirme ayuda y… ¿termina ofendiéndome?

-¡¿Dónde está mi hija?! – gritó ya exasperado – ¡si el tuyo lleva desaparecido la misma cantidad de días, es porque están juntos! Soy capaz de llamar a la policía en este instante. Si tú niegas tener algo con ella entonces tu hijo sí lo tiene y él es mayor de edad… y eso señor Ishida, es estupro y está penalizado.

Hiroaki abrió los ojos sorprendido. Estuvo demasiado tiempo pensando en zafarse él de la acusación que olvidó a Yamato. Se llevó las manos al cabello peinándolo con desesperación, ya no tenía intenciones de disimular que se encontraba totalmente preocupado.

Pensó, pensó, pensó… ¿Dónde demonios podría estar Yamato?

Él no hablaba mucho de sus amigos, tampoco era de traerlos al departamento cuando él estaba, de hecho Mimi era la única "amiga" que le conocía de nombre y apellido y era porque ambos se topaban en la dirección de la preparatoria y de no ser por eso tampoco la habría conocido. A sus compañeros de la banda ni qué decir.

Por Kamisama, no conocía a su hijo en lo más mínimo. No se preocupaba de él, se había vuelto a su trabajo con tanto ahínco que olvidó a Yamato. Quizás esta maldita rebeldía era su forma de llamar su atención, de expulsar su odio… tal cual lo hacia Mimi.

Él tenía la culpa de que su hijo fuera así.

Dio media vuelta dejando a Keisuke solo en el pasillo y entró al dormitorio de su hijo. Estaba totalmente hecho un caos, su cama deshecha, ropa en el suelo, su bajo en una esquina. Ignoró todo y caminó hasta el escritorio… comenzó a abrir y cerrar cajones, revolviendo papeles, arrojando cuadernos al piso. Nada.

Prendió la computadora de Yamato mientras iba a buscar en su mesita de noche. Se sorprendió al encontrar varias cajas de condones vacíos y por su mente pasó la imagen de la pelirosa sobre la cama de su hijo haciendo con él, todo lo que Hiroaki hacía con ella. Quizás sí había perdido su virginidad con él, pero nada le impedía seguir practicando con otro.

Todo se revolvió dentro de él.

Desvió la mirada hacia la computadora, pero ésta tenía clave de inicio de sesión. Maldijo por lo bajo. Se sentó en la cama de Yamato buscando en el desorden… buscó… buscó hasta que dio con su bolsón, estiró la mano agarrando la correa del mismo y atrayéndolo. Se topó con lápices, cuadernos, un par de libros… y con una hoja rosada en el fondo.

Al desdoblarla notó que era una conversación muy corta entre Yamato y Mimi. Lo más probable era que se hablaran de esa forma cuando estaban en detención. Ella le preguntaba a donde irían a beber esa noche, estaba harta de su madre y no quería verla. Quería borrarse por un par de horas. Su hijo le dijo que podrían ir donde un tal Taichi, pero Mimi no sabía dónde quedaba. Y un poco más abajo una dirección.

Salió victorioso al pasillo, Keisuke no se había movido ni un centímetro desde que Hiroaki se metió al dormitorio.

-Sé dónde están.

Cuando llegaron a la puerta de la dirección que Yamato había escrito en aquella hoja de papel, pidió a todos los kamisamas habidos y por haber que Mimi estuviese allí.

Apoyó una mano sobre la madera y sin poder controlarlo comenzó a tocar el timbre una y otra vez. A los pocos minutos un chico de la misma edad de su hijo le abría la puerta, y en cuanto lo vio, supo que estaba en el lugar correcto… ese moreno de cabellos alocados había llevado una vez a Yamato hasta el departamento la primera vez que su hijo se habia emborrachado. No cruzaron palabras, pero ahora al tenerlo en frente lo recordaba perfectamente.

No fue muy educado, tampoco la situación lo ameritaba, y lo hizo a un lado para entrar. Keisuke también entró pero se quedó cerca de la puerta.

-¿Conoces a mi hija, eres amigo de ella? – preguntó Keisuke a Taichi que se abrazó nervioso.

Y fue entonces que Taichi reconoció de inmediato las facciones de Mimi en ese hombre, en un principio le pareció parecido a alguien y ahora sabía a quién.

¿Sería de muy mala educación si le decía que más que conocerla y ser amigo íntimo de ella, se la había follado entre él y su mejor amigo durante varios días?

-¿a Mimi? – preguntó mirando sobre el hombro notando que el padre de Yamato abría la puerta del dormitorio de su hermana menor.

-¿Está acá? – Ahora había ansiedad en el tono de voz del hombre, pero de un momento a otro arrugó el ceño mostrándose molesto - ¿Qué edad tienes?

Taichi sintió sobre su cuerpo la mirada analizadora del hombre, hace minutos atrás había estado a punto de comenzar a tener relaciones en su habitación con la hija del tipo. El timbre lo pilló tan desprevenido que se puso con rapidez el pantalón de algodón que ocupaba para dormir y una camiseta que resultó ser una de su hermana pequeña… ni idea como había llegado esa camiseta con un par de conejos dibujados al suelo de su dormitorio.

-¿Qué edad tengo…? – preguntó más que nervioso de vuelta y tratando de dilatar la respuesta. Dos chicos mayores de edad… con una de 17… no se veía bien por ningún lado.

Keisuke volvió a mirarlo con molestia y sin intenciones de preguntar una vez más salió tras el Ishida.

-Hiroaki, ¿Está mi hija acá?

Vio al hombre parado en el umbral de una de las puertas del departamento tapándose la boca y eso lo alertó de inmediato.

Se acercó a él y al girar la vista hacia el interior del dormitorio vio a Mimi semidesnuda, llevaba una par de pequeñas pantaletas y se tapaba los senos con sus manos, fue un golpe para él verla así porque aparentaba más edad, ¿Dónde se fue su pequeña niña que dio paso a esa mujer?. Notó de inmediato algunas de las modificaciones que Satoe le contó esa mañana, su cabello rosado y el arete en su ombligo.

-¿Papá?

Y el escucharse desde su boca lo hizo reaccionar, miró a su lado y ahí estaba el que identificó de inmediato como el hijo de Hiroaki Ishida, el muchacho ni siquiera tenía el pantalón abrochado y estaba de torso desnudo. No tuvo que ser un genio para saber qué había estado pasando allí.

-Vístete, ¡ahora! – exclamó furioso dirigiéndose a ella.

-¡NO! – Respondió Mimi para su sorpresa – No me voy a ir contigo…

-No te lo voy a volver a repetir Mimi. ¡Vístete!

-¡dije que NO! – repitió con más fuerza.

Keisuke perdió la paciencia y entró al cuarto. Yamato tuvo que hacerse a un lado cuando el hombre tomó a Mimi del brazo y comenzó a jalar de ella. La pelirosa con una mano se tapaba sus pechos y con la otra trataba de liberarse de su agarre.

-¡Entonces desnuda, pero te vienes conmigo...!

-¡¿Por qué estás acá?! … ¡Vete a Estados Unidos! ¡Vete con tu familia! – reclamó ella comenzando a llorar.

A Hiroaki se le partió el corazón verla así, pero no podía hacer nada.

-¡Me voy a ir a Estados Unidos, pero contigo… tu avión sale en dos días!

-¡¿Cómo?! – Yamato que había tomado del suelo el vestido negro de su amiga salió tras ellos.

-¡No me voy a ir contigo! – Mimi miró al padre de Yamato pidiendo ayuda – No dejes que me lleve…

Keisuke se detuvo a medio metro de la puerta de entrada, se devolvió sobre sus pasos y le arrebató el vestido de su hija de las manos del rubio, ahora se dirigió al comedor del lugar y sacó de entre las patas de una silla un sujetador color azul.

-¿De tu hermana, no? – dijo el señor Tachikawa mirando furioso a Taichi Yagami. El moreno palideció.

Se acercó nuevamente a su hija que lloraba amargamente y de forma poco cuidadosa le colocó las prendas en sus manos.

-Si no te vistes, te juro que soy capaz de llevarte arrastrando desnuda por la calle. ¡No más niña caprichosa, Mimi Tachikawa!

Y ella ya no tuvo más opción se visitó en silencio, mientras Taichi miraba nervioso el piso de su hogar, mientras Yamato terminaba de colocarse su camisa y mientras Hiroaki no te quitaba los ojos de encima… esa podía ser la última vez que la vería y por ello trató de memorizar cada centímetro de ella.

-¿Dónde está el resto? – pregunto Keisuke al verla con una camiseta negra.

-Es todo, es un vestido – respondió su hija entre dientes a medida que sus lágrimas seguían cayendo.

-No tienes idea de cuánto van a cambiar las cosas Mimi – la tomó del brazo y abrió la puerta, pero antes de salir definitivamente del lugar giró a Hiroaki – No quiero ver a tu hijo merodear mi casa durante estos dos días o voy a llamar a la policía.

Al oír eso Mimi explotó en llanto y cuando aún podía verlo, le dijo:

-Te quiero… ahora lo sé… te quiero.

Y a él le supo cómo a un adiós… ¿nunca más la iba a volver a ver?

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Ya, eso pasó :)

No sé si el prox capítulo lo suba taaan veloz como estos últimos dos, he podido escribir harto porque estoy con la pata mala y me duele al caminar así que he estado acostada, dejando volar la imaginación.

¿Se va o no se va? ¿a quién le dijo que lo quería?

Recordar que desde antes de estar con Hiroaki ella ya sentía algo por Yamato… pero también Hiroaki fue el primero y estuvieron 5 meses 1313 y juntos… pero igual se daba besos locos con Yama'… huuuu

He disfrutado ene esta historia, quizás por eso no he podido parar de escribirla.

Tengo que ser sincera y las otras las dejé botadas, merezco las penas del infierno… lo se! T_T

Pero pronto me pongo de lleno con ellas.

Os quiero, Os adoro

Nos leemos :)