El copyright y la Marca Registrada del nombre del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como símbolos y elementos relacionados, son propiedad de Warner Bros., 2000. A excepción de sucesos no relacionados con lo antes mencionado.


ENTRE SERPIENTES Y LEONES

~*Una docena de Weasleys *~

Antes que todo te voy a contar mi historia. No quiero fastidiarte con detalles largos y extensos acerca de mi descripción física lo cual asumo que debe ser molesto leer páginas y páginas sobre el color exacto de mis ojos o cabello; si soy alta, baja; o delgada, rechoncha; lo veo estúpido. Esta es mi historia, la escribo porque quiero que sepas como es que pienso y actúo, como fue que cometí el error más grande y estúpido de toda mi vida. Nunca fui una chica sin cerebro, todo lo planificaba y amaba leer continuamente. No pienses que era una rata de biblioteca porque a decir verdad no lo era, simplemente me gustaba usar mi astucia, inteligencia para mi beneficencia. No malinterpretes lo que hice porque lo hice para mí.

Mi madre y yo fuimos a pasar las Navidades a Londres junto con mi tía Fleur Delacour, suesposo Bill Weasley —un tipo demasiado jovial para su edad, que usaba el pelo largo tomado en una coleta, y se dejaba usualmente una barba; casi parecido a un motociclista Muggle o un cantante de Rock—, y sus tres hijos Victoire, Dominique, Louis. Todos eran pelirrojos excepto Victoire. Curiosamente siempre había pensado que era una clase de maldición —La maldición Weasley como prefería llamarlo— que los envolvía y los atormentaría el resto de sus vidas y futuras generaciones.

Perdóname, me desvié de la temática. Como hermanas se recibieron tan agraciadas, como si la última vez que se vieron fuera hace 10 años. Se besaron amabas mejillas y se abrazaron al mismo tiempo que chillaban cosas como: "¡Por Merlín, te vez fabulosa!" "¡Que te has hecho!", después saludamos a Bill Weasley y a mis primos. Yo de verdad estaba harta, no quería estar ahí, me molestaba tener que pasar las navidades con familiares, no me fastidia ir un fin de semana con ellos porque es como si fuera cualquier día común y corriente pero las Navidades eran irritantes. No pienses que no me gustan, me encantan, pero se me hace totalmente innecesario tener que ir con cada miembro a besarle ambas mejillas como saludo y despedida… odio las muestras constantes de afecto.

Tía Fleur podía ser irritante con cualquier persona, además de llamar tanto la atención con su belleza. El ser Veela hacía que embelesara muchas miradas de magos las cuales ella se daba el lujo de ignorar o verlo como algo rutinario. Una Veela jamás le podría atención a cualquier hombre a menos que haya algo que les llame la atención, por lo que asumo que el cabello pelirrojo de Bill fue lo que la cautivó.

Pero mi madre y ella sólo tenían un ligero porcetaje de Veela...

Victoire era la imagen viva de Fleur con una poco de rasgos de Bill. Era hermosa por supuesto. Me agradaba pasar tiempo con ella, tener largas charlas y por ser la mayor de mis primas eso la hacía ser madura e interesante. Podía darme consejos, todos ellos muy buenos de los cuales he aprendido y me han protegido de la gente frente una máscara de indiferencia. Ella me dijo que es mejor mostrar este tipo de expresiones porque así la gente no se da cuenta de tus debilidades por lo mismo que no hablas de ellas con gestos y mucho menos con palabras.

Luego estaban los pelirrojos aquellos, Dominique y Louis. La primera es dos años mayor que yo, sin embargo no me gusta para nada entablar ninguna palabra ni oración con ella, es totalmente lo contrario a su hermana y más parecida a su padre respecto a la personalidad, posee un aire de rebeldía con un espíritu despreocupado, y en plena etapa de adultez… en mejor no acercársele mucho. Louis es un niñato que apenas está cursando su primer año en Hogwarts, bastante ocurrente y escurridizo.

La conversación había girado de halagos y presentaciones a una decepcionante cita cancelada con la familia de Bill. Fleur mencionaba que todos los años pasaban la cena de Navidad y Año Nuevo con ellos, aunque tenía entendido que no se llevaba muy bien con la Sra. Weasley y mucho menos con Ginny. Mi madre, Gabrielle, se sentía un poco apenada e insistía que no nos molestaría en acompañarlos para al menos desearles felices fiestas.

La cena concluyó lo que para mí opinión fue de lo más aburrido, claro no podía faltar aquella narración de lo que fue la batalla de Hogwarts ¿Por qué? Porque Louis siendo el menor no había escuchado mucho de aquel acontecimiento que marcó a todo el mundo mágico y futuras generaciones, ¡Un hurra por Harry Potter! Y hablando de Harry Potter… según me había dicho mi madre estuvo enamorada un largo periodo de él hasta que descubrió que el andaba saliendo con una "pelirroja" de nombre Ginevra Weasley, además que era bastante menor como para que él se fijara en ella, qué trágico. Después hablaron de la familia; y por último, para mi más amargo, desagradable trago de la noche: el trabajo.

Mi madre volvió a mencionar lo de su nuevo empleo en el Ministerio de Magia en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional y lo increíble que era y acerca de trasladación de mi padre al Departamento de Deportes y Juegos Mágicos en Londres —el cual no había podido asistir puesto que estaba arreglando nuestro traslado de forma oficial y permanente por desgracia.

Después de tres inminentes horas de aburrimiento, y esta vez todos concordamos que estábamos muy aburridos, Fleur aceptó ir a casa de los Weasley para, por lo menos, desearles felices fiestas. Yo fruncía el ceño, no quería ir a visitar a un motón de pelirrojos y mucho menos presentarme antes ellos. Victoire me miraba de hito en hito, según ella mi expresión era como la de un hipogrifo en celo. Reí ante el comentario. Me habló de lo divertidos que eran y que lo último que podía hacer era morir de aburrimiento, que tal vez terminara colérica pero no pasaría a mayores, me acostumbraría después de un tiempo y quien sabe —según sus palabras textuales— podrías llevarte muy bien con ellos y ser alguien más de la familia… como si necesitaran a otro miembro, eran demasiados.

Disculpa mi forma de referirme a ellos, como ya te había dicho, no soy de lo más agradable.

Tomamos un puñado de polvos flu. Bill fue el primero el cual se introdujo en la chimenea con el fuego ardiente en verde. Miro hacia el frente totalmente erguido y con voz clara exclamó: La Madriguera. ¿Qué? ¿Acaso íbamos a una cueva? ¿Qué clase de nombre era ese? Victoire soltó una risa nerviosa, seguro vio mi gran ceño fruncido. Mi madre palmeó mi espalda al mismo tiempo que decía que me tranquilizara.

Y así fuimos pasando, uno por uno hasta llegar a lo que era La madriguera. Una casa tan rústica, tan pequeña, tan granjera, y para mi sorprender había más gente de la que tenía contemplada, eran como veinte personas o más dentro de una casa pequeña y de varios pisos.

Una mujer rechoncha con rastros de que una vez fue pelirroja se acercó hacia Bill dándole un gran y pronunciado abrazo; miró a Fleur quien la recibió con dos besos en cada mejilla y un ligero abrazo. Después nos miró a nosotras, Bill le explicó todo y por lo visto la señora Weasley tenía una cierta familiaridad con mi madre pues no dudó en recibirla igual que su hermana. Después me miró a mí, me sonrió tan maternalmente que me atrevería a decir que aquella mujer fue de mi complacencia, me alagó como toda abuela suele hacer a sus nietos aunque yo no tuviera ninguna relevancia de sangre con ella, y me abrazó mientras me decía cosas como: Deja que te presente a los otros, cariño; seguro les agradarás —su voz era tan empalagosa, eso creía hasta un día la oí gritar… pobre de los que fueron sus hijos en su infancia—.

Y ahí estaba yo, parada frente a más de una docena de niños de todas las edades, había más grandes que yo, más pequeños y de mi misma edad… y por supuesto la mayoría pelirrojos. Vi un moreno que no dejaba de mirarme, ¿Quién se creía que era el muy estúpido? Y ese chico era como dos años mayor que yo.

Si preguntan sí sonreí, la respuesta es: No, sólo fueron testigos de una mirada totalmente indiferente. Suspiré con desgane sentándome en un sillón algo apartado, todos los aludidos me miraron con curiosidad. La señora Weasley me preguntó mi nombre de manera cariñosa, como si me hubiera tratado de años. Me sentí un poco incomoda y traté de contestarle con educación.

Había una chica, la cual me miraba de la misma forma que yo lo hacía ellos. Debo añadir que me sorprendió. Jamás había recibido ese tipo de miradas frías, al menos no de esa forma. La pelirroja no sea veía mucho mayor que yo ni mucho menos menor. Diría que era de mi edad.

Victoire llegó sonriente tomada de la mano de aquel chico que tanto detestaba… bueno detestar era una palabra muy fuerte, tal vez simplemente no de mi gusto… mitad metamorfomago por lo que me había comentado y era bastante curioso pensar que mi prima terminaría con un chico totalmente opuesto a sus refinados gustos... a Teddy Lupin siempre lo verías vestido con ropa informal de bandas muggles, y su cabello cambiaba de color lo que le daba un toque algo rockero.

Se acercó a sus primos para volverme a introducir ante ellos. Y así cada uno me dijo su nombre. Aquél chico moreno de ojos castaños era James Potter hijo del memorable y heroico personaje que sobrevivió dos veces a la maldición asecina y mató Al-Quién-No-De-Ser-Nombrado. Y esa chica pelirroja de ojos azules era nada más y nada menos que Rose Weasley, otra hija de los heroicos protagonistas de la Gran Batalla.

Y seguía en silencio mirando aquel aparato de televisor Muggle que por alguna estúpida razón tenían. Victoire me murmuró que su abuelo era fan de los artefactos Muggles y por lo tanto aquel televisor era tan sangrado que un simple rasguño haría que le diera un infarto al corazón. No te preocupes, no estaba planeando nada y ni lo haría.

—Estoy segura que ustedes dos se agradarán al instante —decía Victoire a Rose Weasley y a mí. Yo la miré fijamente como quien mira al enemigo, claro sólo fue un atisbo de indiferencia nada de ceños fruncidos, esos los guardaba para otro momento…

La pelirroja me examinó con la mirada al igual que yo le veía el semblante lleno de pecas… maldición Weasley. Victoire se removió incomoda, soltó otra risilla nerviosa y carraspeó con ligera diversión.

—… porque son de la misma edad y se verán en Hogwarts —La pelirroja fue la primera en romper el contacto visual para mirar totalmente desconcertada a Victoire—. Sí, Rose. Asistirá a Hogwarts en unos días. Así que esperaba que de verdad pudieran llevarse bien ¿No hay problema en ello, cierto? —Sonrió un poco nerviosa.

Yo devolví mi mirada de ella a Rose. Lo primero que pensé fue: llevarme con esta chica no sería tan malo. Podía observar a simple vista que era tipo de personas con quien podrías hablar temas interesantes que de trivialidades y conocían un buen libro, además quedaba en claro que poseía un carácter fuerte, de las que saca la varita al primer insulto. Eso me agradaba.

Había muchas cosas que había visto en Rose Weasley esa noche y todas ellas merecían mi más grande y rotundo respeto. Chicas como ella ya no había y el factor de que su madre fuera la misma Hermione Granger una Gryffindor sabelotodo que no tenía miedo decir lo que pensaba y mucho menos de blandir su varita.

—Por supuesto que no —escruté de lo más cortés mientras una sonrisa cínica surcaba mi rostro. La pelirroja me miró como si lo que hubiera dicho fuera un insulto. Esa era una de las razones por la cual me había agradado. Desconfiaba de todo y eso era bueno. Nadie en este mundo es lo suficientemente caritativo como para no mentir, por eso nunca bajé la guardia.

—Sí, no te preocupes Vic... —La aludida asintió totalmente satisfecha para pasar a retirarse con los adultos a hablar cosas de adultos, lo cual no nos concernían ni tampoco interesaban.

No sabía de qué hablarle tampoco quería hacer preguntas estúpidas como: ¿Así que estudias en Hogwarts? ¿Vas en quinto?

—He escuchado que Hogwarts sortea a sus estudiantes en cuatro diferentes casas —comencé casual (con una pregunta estúpida). Según me había dicho mi madre cuando visitó el colegio para el campeonato de los tres magos, los estudiantes vestían diferente de acuerdo a la casa en las que estaban sorteados.

—Sí. Son Gryffindor, Ravenclaw, Hufflepuff y Slytherin —¿Se han dado cuenta que siempre dejan Slytherin al último cuándo el que los menciona no pertenece a esta casa? Eso es lo que me había fijado en mi estadía en ese colegio.

—Debo suponer que estás en Gryffindor —ella asintió con orgullo— al igual que todos ¿No es así? —alcé las cejas sorprendida, tenía entendido que quienes pertenecían a esa casa eran distinguidos por ser valientes y osados, los cuales eran atributos muy buenos.

—Albus es Slytherin —dijo secamente—. Los gemelos, Lorcan y Lysander, son Ravenclaw —miré aquel par de cabeza rubias peleándose por lo que sería un control remoto Muggle—, Teddy Lupin fue Hufflepuff y… Molly y Lucy también son Ravenclaw —había dos niñas pelirrojas de 13 y 14 años respectivamente con cabello muy chino, pecosas y un poco rellenitas, que estaban apartadas del resto y leían, a simple vista podía asumir que eran perfeccionistas y responsables a pesar de su corta edad.

—Noto una gran indiferencia de parte tuya hacia Slytherin —dije irónicamente, aunque con ponzoña haciendo que ella me frunciera el ceño.

—Ya te darás cuenta tú misma… —rumió.

—Espero que sea una buena expectativa —aclaré mi garganta— ¿Qué tal Gryffindor? ¿Cómo es?

—Es una excelente casa, la mejor en lo que a mí respecta —cualquiera hubiera dicho que la casa en la que pertenece es la mejor de todas—. El emblema es un león. Usamos rojo y dorado la mayoría del tiempo —miró hacia el techo después miró detrás de ella. Seguí su mirada y vi a más de doce pares de ojos clavados sobre nosotras, pero los que más resaltaron fueron los de James Potter.

Le fruncí el ceño, dudaba que fuera tan idiota como para no adivinar lo que le advertía: "Sígueme mirando y te sacaré los ojos".

—¿Y cómo eligen a los estudiantes? —En mi escuela no había tal cosa como casas, preferíamos creer que cada alumno era igual, por lo que no había de hacer distinciones ni juzgamientos.

Me gustaba aquella filosofía, pues no había motivo de inculcarle a un niño de 11 años que ha sido seleccionado en una casa dónde la mayoría de los magos tenebrosos han pertenecido. Adjetivar desde tan temprana edad es cruel, es limitar lo que una persona puede llegar a ser.

—Con un sombrero seleccionador. Lo ponen sobre tu cabeza y éste te dice a qué casa pertenecerás.

—Fascinante —sonreí cínicamente.

Yo quería de verdad tratarla bien, era como mi igual, la clase de chica que jamás había visto. Si algo odiaba era perder el tiempo con idiotas hablando cosas estúpidas, yo prefería temas de interés, si bien no estaba mal darme el lujo de discutir artículos de belleza, pero siempre lo hacía con un punto de vista claro, objetivo y razonante.

En cambio, esa Weasley no hacía el menor intento de seguir sosteniendo la conversación, sino me equivocaba, pensaba que yo era una pérdida de tiempo, una rubia estúpida y hueca más, llena de aire… que decepción para Rose al saber que yo no estaba cerca de serlo.

Si, ella me había dicho que tenía un gran problema de vanidad, arrogancia —no por presumir de lo que tengo, sino por compararme intelectualmente con las personas—; también esa forma en la que hablaba, tan seca, tan fría como rasposa, con un molesto aire de jactancia y presunción; criticó la forma en la que caminaba como si todos —nuevamente— estuvieran debajo de mis pies; y que solía burlarme de las cosas sin importar que el otro se ofendiera.

Y si más le dije directamente—: Rose Weasley, me agradas —esto la sorprendió seguramente porque no compartíamos la misma opinión de una a la otra. Ella me detestaba en esos momentos, sin embargo no pudo evitar sentir un cierto gusto hacia mí, tal vez era por la seguridad con las que decía las cosas, porque jamás mostré un balbuceo ni siquiera en los momentos donde me sentía atrapada o nerviosa.

—Gracias —contestó secamente. La verdad no me molestaba el tono seco que usaba hacia mí, de hecho lo veía como una forma de valor.

Rose Weasley y yo comenzamos una charla. Le pregunté sobre sus gustos, los cuales en verdad no estaba interesada, pero quería mantener una conversación. Siempre que me contestaba venía un incómodo silencio. Ella echaba miradas hacia sus primos y yo trataba de idearme otro estúpido tema.

Me confesó tener una gran admiración por los Muggles como sus artefactos electrónicos y por supuesto la literatura. Le causaba gracia que escribieran sobre mundo donde la magia existía, la gente podía volar, mover objetos con su mente, ver el futuro; cosas de ese tipo, pero sus favoritos eran la literatura clásica.

Y aquí es donde les confieso que a mí también me fascina la literatura Muggle, encuentro fascinante ver la manera en la que ven el mundo, sobre todo en la historia.

También me habló acerca de su pasión por el Quidditch. A mí no me interesa mucho aquel deporte, sinceramente porque nunca fui buena, las alturas me ponen nerviosa, además me parece algo injusto que toda la gloria la obtenga el buscador. Claro que Rose Weasley me diría que todos los jugadores son importantes y que ha habido partidos en los que atraparon la Snitch no ganaron.

De hecho, una vez me habló de aquel partido entre Bulgaría e Irlanda durante la final del mundial de la Copa de Quidditch de1994, en el cual Bulgaria no tuvo otra alternativa que atrapar la Snitch aunque su equipo perdiera 160 contra 170 en lugar de 320 puntos.

Me preguntó sobre mí. Al principio dudé en contarle sobre mi vida, no quería hacerlo de verdad, pero como yo ya había metido los dedos en el fuego ahora tenía que decirle. Le dije que estudiaba en Beauxbatons cosa que ya sabía, le comenté de mis gustos, intereses, aficiones e increíblemente congeniamos en muchas cosas.

Esa noche Rose Weasley hizo una nueva amiga más… si es que podía llamarme su amiga. Hoy en día lo dudaba. Ella descubrió muchas cosas que yo ocultaba, cosas que no había mencionado y otras que surgieron por el pasar de los años.

Después de unas horas nos retiramos de "La madriguera". A través de polvos flu me aparecí junto con mi madre en Francia para empacar todo lo que necesitaría para mi ingreso a Hogwarts. Llené mi baúl con todos los libros que me habían pedido, plumas, pergaminos, frascos de tintas, alguna otra tontería que no tenía nada que ver con el material, mi uniforme, pijamas, ropa normal, etc. Una vez que aquel baúl quedó lleno lo cerré y lo dejé inerte hasta el día de mi partida. Me recosté en mi cama, quise sentir por última vez la comodidad de esta. Todo en mi cuarto estaba en cajas. Debo decir que en verdad extrañé mi cuarto, tenía una asombrosa ventana en el techo donde podía apreciar la luna cada noche hasta caer vencida en los brazos de Morfeo. Mi actual habitación no tenía tal ventana.

N/A: Siento si este capitulo de parece mucha narración. Cómo te darás cuenta se está narrando las cosas que ella vivió, lo que siente, etc. Creo que este fic será largo. Muchas gracias por agregarme a sus favoritos. Estoy inspirada pero no sé que hacer con: Cuando Luna sonríe. ¿Alguna idea?

Como te habrás dado cuenta, mi personaje está narrando lo que le sudeció, es como sí lo hubiera escrito en un pedaso de papel o algo así.

*** EDIT: ESTOY EDITANDO LOS CAPÍTULOS EN BUSCA DE CUALQUIER ERROR ORTOGRAFICO O DETALLES SIN COHERENCIA.